Conspiración en Pémex

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viernes, 18 de diciembre de 2009

En el sótano mental


Se acaba el año y se acaban las posibilidades de recuperación de una economía personal menguada por los brillantes cuanto inútiles planes de recuperación que ha emprendido el supremo gobierno de la república. Los ciudadanos pueden contar con la certeza de que la cifra recientemente anunciada por el Coneval, de que 80 por ciento de los mexicanos viven en pobreza, es casi un eufemismo. Especialistas en la medición de la pobreza afirman que la metodología empleada favorece la disminución de la cantidad de pobres en algo así como 3 millones, sin que la realidad se modifique más que para efectos paliativos gracias a la constante repetición de que “ahí la llevamos” como país.

La prensa también nos aclara que el famoso “navío de gran calado” hace agua por doquier, ya que el desempeño económico nacional está por debajo de ¡Haití!, el país más pobre de esta parte del mundo, y que los empeños de don Felipe Calderón y maravilloso equipo lograron lo que parecía imposible: superar el mal desempeño de la economía haitiana.

Curiosamente se ha dado manga ancha a la vocación depredadora de la iniciativa privada de guarache, o sea, el tipo de empresario que prefiere la comodidad de ser presta nombre o, de plano, empleado de alguna corporación extranjera, aunque siga conservando el status de “empresario” útil para los medios publicitarios y las páginas de “sociales”.

A la ignorancia supina del sector económico oficial, se añade la falta de compromiso y patriotismo de los iniciativos privados, quienes olímpicamente buscan servir de mascotas a los extranjeros a cambio de propinas jugosas que obran como mecanismo de elevación de la autoestima que el trabajo no puede lograr, en un país donde el ocio mental se confunde con la disminución del sentimiento de pertenencia y nacionalidad.

Las instituciones (todas) no escapan a este tipo de conducta, incluso afecta a las de la salud privada, en las que se ve con total tranquilidad la apatía y negligencia del personal. Le pongo por ejemplo lo que ocurre en el sanatorio Licona, de Hermosillo. Hubo necesidad de transfundir a una paciente de la tercera edad por tener un sangrado que le bajó las plaquetas y la hemoglobina. El donador se presentó el sábado 12, le hicieron las pruebas comunes para demostrar si era apto y, en vez de proceder a la extracción de la sangre, la ausencia de los químicos hizo que no fuera posible realizar la donación. Los del turno de noche no llegaban y los del vespertino ya se iban. El donante se quedó esperando, desde las 7 a las 9 de la noche sin que nadie lo atendiera y optó por retirarse a cumplir con sus obligaciones laborales. Los químicos llegaron a las 11:30, pero eso sí, del laboratorio hablaron a la otra clínica donde se iba a hacer la transfusión y acusaron al donador de no estar presente en el laboratorio en el momento debido.

Pero volviendo al asunto de las mentes brillantes del gobierno, se puede encontrar una razón que explique por qué la gente no se siente en obligación de cumplir con sus labores cotidianas de la manera en que lo pudo haber hecho. Bastaría con saber que para Calderón y compañía el mejor trabajador es aquel que no cuenta con ninguna prestación; que los mínimos legales deben escatimarse a fin de que las empresas sean rentables y que el ahorro debe hacerse en salarios y prestaciones sociales, sin tocar las ganancias de los empresarios ni con el pétalo de los impuestos de ley.

Lo anterior permite explicar por qué, desde los tiempos de Fox, el ataque sistemático y la lucha por la destrucción de las estructuras sindicales ha sido un deber casi religioso para el neo-panismo que forma facciosamente en las filas del neoliberalismo de guarache. El sindicalismo es, para ellos, un enemigo a vencer, porque supone derechos que las empresas extranjeras no entienden y menos comparten, asunto en el que coinciden las mascotitas empresariales que tienen al frente de sus sucursales en territorio nacional, y que no puede ser de otra manera porque el proceso de colonización mental en el que se encuentran inmersos determina sus prioridades y establece sus pautas de acción. En suma, la iniciativa privada mexicana, salvo excepciones, es una simple comparsa de las corporaciones extranjeras, que carece de voluntad y de iniciativa propia para impulsar el mercado y hacer posible la oportuna provisión de bienes y servicios a los consumidores, sin abandonar el sentido de la pertinencia.

El modelo adoptado por el panismo solamente refuerza los lazos de la dependencia y mantiene el atraso, a la par que profundiza las asimetrías que existen en nuestra sociedad. No presenta soluciones sino que las retrasa. Lo anterior permite la expresión cada vez más airada de las inconformidades y lo que se obtiene del gobierno es represión, por la incapacidad patológica que exhibe para poner fin a regímenes de privilegios y estructuras de manipulación y marginación ciudadana.

Queda claro que la desaparición de la compañía Luz y Fuerza del Centro y el ataque contra el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), obedece a la concepción político-laboral antes señalada. El neoliberalismo panista cree que los trabajadores son potencialmente enemigos y que su organización debe ser destruida cuando no se pueda controlar mediante la corrupción y la complicidad política. La represión a las ideas sindicales de avanzada, a la voluntad de organizarse en defensa de los derechos laborales, a solidarizarse con otras organizaciones y luchar por un mejor nivel de vida, es la tarea que el estado de derecha hace, porque responde a sus patrones extranjeros, porque desdeña el nacionalismo, el deber social para con los trabajadores y sus familias. Los trabajadores y sus formas de organización son, para el Estado neoliberal, los enemigos a vencer.

En este marco de relaciones, los ciudadanos deben tener claro que la lucha político-sindical nos involucra a todos, afecta a las familias y determina el futuro de su bienestar. El SME propone una huelga general para principios del año 2010, lo que representa una forma de lucha legal que debe convocarnos en un acto de legítima defensa. El deterioro creciente de nuestra capacidad adquisitiva, el alza de impuestos y la falta de oportunidades, hacen insoslayable la acción ciudadana, frente a la sórdida política económica del gobierno de Calderón.

La misma realidad del sistema y sus impactos en la economía familiar hacen imposible no tomar partido en esta lucha por la defensa de los derechos de los trabajadores, y en este caso, lo invito a reflexionar acerca de las implicaciones de una actitud apática o conformista, o de otra que sí responda a la agresión sistemática que sufren los ciudadanos y las familias. Usted decida cuál es el camino que desea recorrer y a dónde quiere llegar.

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