Conspiración en Pémex

Notas Sueltas es un espacio de opinión sobre diversos problemas de carácter social, económico y político de interés general. Los comentarios pueden enviarse a: dalmx@yahoo.com

lunes, 31 de mayo de 2010

Mas si osare...

Como usted sabe, la fábrica de sueños emanada de los delirios del neoliberalismo panista, ha encontrado una forma peculiar y políticamente correcta de competir con los anhelos nacionales de autoafirmación y trascendencia: frente al futbol está el culto a los héroes de la independencia.

Las declaraciones contrastan a veces y aportan confusión en el imaginario político de un país sin cabeza, que divaga en los callejones de la esperanza y la veracidad histórica, en los senderos de la mercadotecnia hecha gobierno y que, así como se arguye que los restos de los héroes de la independencia Miguel Hidalgo, José María Morelos, Ignacio Allende, Leona Vicario, Juan Aldama, Mariano Matamoros, Mariano Jiménez, Javier Mina, Vicente Guerrero, Andrés Quintana Roo, Nicolás Bravo y Guadalupe Victoria, requieren de ser sometidos a una inspección forense por aquello de que, en las idas y venidas de la Catedral al Ángel de la Independencia, algún revoltijo haya sucedido con las osamentas, además de la posible pérdida de algunas piezas, otros opinan acerca de la inutilidad del traslado, la inspección y las labores de mantenimiento, restauración, clasificación y demás, que con abrumadora necrofilia de utilería emprende Felipe Calderón.

Las urnas que contienen los restos óseos serán, desde luego, sustituidas por otras, quizá por carecer de valor histórico y estar coronadas por el águila republicana, de poderes innegables en eso de generar agruras a más de un personaje conspicuo del calderonismo-salinismo trasnacional.

A los festejos y ceremonias del bicentenario se añaden, entonces, las labores de exhumación y transporte de restos humanos decimonónicos, en condiciones de ser simplemente venerados como reliquia histórica sin que ello implique compromiso de las actuales generaciones de mexicanos de defender la independencia y la libertad nacionales, ahora atadas fuertemente a la anuencia de Estados Unidos en materia económica, política, legal y cultural, gracias a los procesos de transculturación que en muchos casos se impulsan desde el centro político nacional, así tenemos la injerencia legalizada de agencias de inteligencia y policiacas del vecino país del norte bajo la cobertura de la llamada Iniciativa Mérida, y la futura presencia de contingentes militares de países que en el siglo XIX y XX se dieron el lujo de invadirnos, como usted recordará. Así Estados Unidos en 1846-48 nos invadió y saqueó, logrando hacerse del 55 por ciento del territorio nacional, y en las primeras dos décadas del siglo XX nuevamente incursionó militarmente en suelo mexicano. Por su parte, Francia nos invadió y apoyó militarmente el imperio de Maximiliano. Desde luego que en ambos episodios no faltaron los traidores, los vende patrias, los empleados del extranjero, los colonizados política y culturalmente.

Llama la atención que la selección de los países que desfilarán junto con nuestros soldados el 16 de septiembre, excluye los miembros del ALBA. Así, no está Argentina, Venezuela, Ecuador, Bolivia, entre los más significativos, y tampoco figuran los países caribeños, como es el caso de Cuba. La selección incluye, en cambio, a los países que están dentro de la órbita de influencia de Estados Unidos, significándose algunos por su excesiva disposición de servir de instrumentos a la política estadounidense de militarización de América Latina.

Con lo anterior se tienen las pistas de que las festividades del bicentenario son, en realidad, las de la cobertura onomástica de la sujeción de México y América Latina a los designios militaristas de Estados Unidos, a la cancelación de la libertad e independencia por la que murieron los héroes del siglo XIX, a la traición si no al maquillaje extremo de las ideas del liberalismo mexicano en su vertiente nacionalista, a los esfuerzos políticos y económicos de gobiernos como el de Lázaro Cárdenas, al ninguneo olímpico de la memoria de los muertos en defensa de nuestra soberanía. Felipe Calderón, en cambio, nos ilustra sobre los hilos de la dependencia, al rendir sentido y solemne homenaje a los soldados de las muchas batallas que ha librado Estados Unidos en calidad de país invasor y ofensor: su reciente visita al Cementerio Nacional de Arlington no significa otra cosa.

Así, mientras el imperialismo avanza gracias a la colaboración de quintacolumnistas, de nuevos miramones y mejías, de santaannas redivivos, el gobierno nos ofrece un acto protocolario que tendría sentido en otras circunstancias, pero que ahora suena falso y equívoco y, quizá, sea el más absurdo y costoso de los distractores. Sin embargo, se advierte una sustancial pérdida de soberanía, a favor de los organismos financieros internacionales que nos dicen qué y cuánto cobrar de impuestos, cómo educar a las nuevas generaciones, qué cosas producir y con quiénes negociar, cómo regular las relaciones entre capital y trabajo, cómo organizar nuestra seguridad social, cómo financiar y planear nuestra cobertura en salud pública, cómo disponer de nuestros recursos naturales, cómo administrar justicia, cómo perseguir la delincuencia… De esta suerte, somos un país que no cuenta con órganos de poder soberanos, lo que nos coloca en una especie de protectorado, en la franja de ser colonia bajo los dictados de otra soberanía, de otros intereses, de otros designios políticos y económicos. Hablar de independencia y libertad es, en el mejor de los casos, un ejercicio retórico que consagra nuestro masoquismo como perversión políticamente correcta.

domingo, 30 de mayo de 2010

Hermosillo Flash

El titular de SIDUR, dependencia gubernamental que se dedica a la infraestructura urbana y asuntos conexos, José Inés Palafox, declaró ufano (según reportan medios periodísticos) que estaba que se las pelaba por tirar al icono hermosillense Hermosillo Flash, empresa de comunicación electrónica que fundó Alfonso Gómez Torres, periodista de profundas raíces en el imaginario deportivo sonorense y, hace 30 años, vanguardista en medios de comunicación. Curiosa urgencia de parte de un funcionario público cuya misión no es la de hacer declaraciones que permitan suponer un interés personal en las acciones de demolición de edificios o estructuras, sino de cumplir con la ley de la materia sin distingos ni disimulos.

Queda claro que pizarra electrónica de Gómez Torres (que fue un monumento ubicado en la confluencia de los bulevares Rodríguez y Luis Encinas, visible para todos cuantos cruzaban ese espacio entre el Museo y Biblioteca, la Universidad de Sonora, el periódico Expreso, el monumento al caballero De Anza y los añadidos que la memoria de usted guste agregar), formaba parte del Hermosillo que todos, propios y extraños, recuerdan y añoran. Con la demolición de este medio de comunicación electrónica, caen también muchos recuerdos, anécdotas, pero sobre todo, cae la confianza en las negociaciones que se emprenden entre particulares y el gobierno estatal y municipal.

Si Gómez Torres había negociado la reubicación de su pizarra, ¿por qué de noche y por sorpresa se demuele? El jueves 27 iniciaron los trabajos de picota y maquinaria pesada, lo que permite sospechar que se trata de un golpe de mano gubernamental ante la incomodidad de negociar con un particular que se sabía amparado por el derecho de concesión por 90 años. Hoy sábado, sólo quedan algunas leves huellas de lo que fue. Así las cosas, se puede suponer que tras la demolición y el gusto manifestado por José Inés Palafox por efectuarla, se encuentra un acto arbitrario.

Estas dudas o supuestos inquietantes para los ciudadanos deben aclararse a plena satisfacción, porque no se puede gobernar dictatorialmente, con medidas que sean cuestionables, con la sombra de la ilegalidad o, de plano, la prepotente arbitrariedad de un gobierno que no reconoce derechos adquiridos y que, de un plumazo, declara nulos los acuerdos tomados por otras administraciones.

Lo anterior constituye una mancha en la gestión del presidente municipal y, desde luego, de la dependencia estatal ejecutora de un atentado contra la libertad de expresión, hasta que no se demuestre lo contrario.

Muchos universitarios recuerdan cómo el Hermosillo Flash les resolvía el problema de la hora, de la temperatura ambiente, de las últimas noticias locales, nacionales e internacionales, de las ofertas de bienes y servicios, de los obituarios, de muchas de las pequeñas y grandes cosas que daban sentido y dirección al acontecer de nuestra comunidad. La pizarra electrónica cercana a la Universidad de Sonora, registraba puntual y cotidianamente el latido del corazón hermosillense, enlazando las múltiples dimensiones de nuestra vida cotidiana.

La comunidad hermosillense debe sentirse extrañada y ofendida ante lo que puede constituir un acto de autoridad irreflexivo y, a todas luces, evitable. Cabe reconocer que el progreso implica cambios, pero esos cambios deben ser consensuados, concertados entre particulares y gobierno en aras del bien común, de la armonía social que debe reinar al amparo del derecho y la justicia. Ningún acto de autoridad se justifica cuando afecta el derecho de particulares que ejercen alguna ocupación u oficio de manera legal y legítima, y es por eso que el municipio y el propio gobierno del Estado deben aclarar, explicar y justificar plenamente el acto presumiblemente vandálico cuando no arbitrario que perpetraron contra el Hermosillo Flash y los intereses de su propietario y administrador Eduardo Gómez Torres.

viernes, 28 de mayo de 2010

Por la esperanza

Pues vino López Obrador. Un auditorio expectante lo recibió en el Centro de las Artes de la Unison, donde se encontraban viejos militantes de la izquierda organizada y ciudadanos que sin siglas partidistas formaban en las filas de los que aun creen en el cambio tan deseado. El orador principal fue sencillo en sus planteamientos, preciso en sus reclamos y contundente en las soluciones ofrecidas. El neoliberalismo es la razón y el fundamento de la ruina nacional, de su entrega al extranjero, de su pérdida de autoestima, de su desgarradora necesidad de recuperar no sólo identidad sino dignidad de país.

López Obrador señaló los nombres y las instituciones del amafiamiento, de la podredumbre inédita que se sufre en todos y cada uno de los ámbitos de la vida pública nacional. Televisa y Salinas de Gortari son los dos polos de fuerza de un sistema que excluye a muchos y favorece a unos cuantos. En un país donde predomina la ignorancia, la marginación y el desempleo, el que lleva las de perder es el trabajador y su organización, así pues, el sindicalismo resulta el enemigo a vencer por los dueños del capital y su instrumento estatal funciona como funcionó en la desaparición de Luz y Fuerza del Centro y, la complicada situación del SME, no es otra cosa que la cancelación por decreto de los derechos históricamente conquistados por los trabajadores de México.

La feroz compulsión anti-laboral del gobierno neoliberal de Felipe Calderón es simplemente la continuación de las medidas tomadas por el foxismo contra los trabajadores, que tienen su expresión en la disminución de los derechos laborales y la seguridad social, como queda demostrado con las reformas a la ley del IMSS y el ISSSTE, y las intentonas de reforma a la Ley del Trabajo. Aunado a esto, la criminal concesión a particulares del servicio de guarderías infantiles, con lo que se lucra con el tiempo y la necesidad de las familias y de cuyas consecuencias tenemos por muestra las 49 víctimas de la Guardería ABC.

Los conflictos laborales como el de Cananea, la UTH, entre otros, han hecho de Sonora el escenario de medidas neoliberales contra los trabajadores y de la evidente complicidad del gobierno con la clase patronal, pulverizando el sentido de la justicia, el respeto a la legalidad y las expectativas de progreso y bienestar de la población trabajadora y las familias.

López Obrador vino, vio y habló con el conocimiento de quien ha recorrido la república y trabaja para lograr su recuperación, a través de la organización ciudadana, de la información que va de mano en mano en forma del periódico Regeneración, pero sobre todo, de la visión compartida de que nosotros, el pueblo, somos los actores principales de este proceso de cambio democrático, pacífico, integrador de talentos y conciencias que se resisten a la corrupción, a la compra-venta de principios y valores, a la podredumbre neoliberal que convierte en mercancía la irrenunciable dignidad y libertad nacional.

Muchos salieron convencidos de que, si se quiere, se puede, y el principio de un largo camino hacia el cambio democrático es la organización en el barrio, la colonia, el sector, hasta lograr cubrir el territorio de Hermosillo y de Sonora con las banderas y compromisos de un proyecto nacional de todos y para todos, que nos de identidad política y que se haga política ciudadana.

Desde luego que López Obrador es un ser humano que tiene virtudes y defectos, y no es un semi-dios que bajó del Olimpo de la política mexicana fabricada en el centro del país, sino un hombre, un político que lucha por lo que otros han despreciado o dejado de lado por conveniencias cortoplacistas y coyunturales, esto es, el ideal cívico popular de lograr un gobierno basado en las necesidades del pueblo, en el que todos quepan y en el que nadie sobre, teniendo como horizonte la grandeza de la patria, el bienestar nacional y la justicia para todos.
Andrés Manuel vino y convenció. Convocó al trabajo honesto y generoso por la recuperación del país, por la reparación de los daños causados por un sistema económico y político injusto, inhumano y depredador. Lo razonable es ponerse el overol y trabajar, en la medida de las posibilidades de cada quien. Sin poses heroicas, sin protagonismos estériles, con la constancia del que sabe lo importante y valioso de su misión. Enhorabuena.

martes, 25 de mayo de 2010

Gabriel Vargas (1915-2010)


Hoy falleció, a los 95 años, el genial historietista don Gabriel Vargas. La Familia Burrón lo llora, así como el resto de los mexicanos genialmente retratados por él, a quien se consideró uno de los más grandes dibujantes de México, cuya vocación sociológica nos deja, a través de la caricatura, muestras de extraordinaria riqueza conceptual.

Apoyo al SME


Buscando turistas



No lo podía creer. Me parecía imposible que en serio fuera una campaña del gobierno, considerando que la indignación no sólo sonorense sino nacional e internacional va en aumento por la ley racista SB1070 de Arizona, estado que además condena el multiculturalismo que se expresa en las escuelas y que se había estado asumiendo como una realidad en este estado de inmigrantes que en el siglo XIX fue parte de México, con lo que se pretende borrar burocráticamente la cultura de origen de los estudiantes y sus familias.

El gobernador Padrés, al parecer, está metido en un problema de disonancia cognitiva, donde es una la realidad que reconoce y otra la que expresa mediante dichos y hechos, como se evidencia en el llamado a turistas arizonenses a pesar de que los gringos vecinos aporrean el orgullo nacional y meten el dedo pecoso de su desprecio en la herida de nuestro regionalismo.

La costumbre de ir al otro lado no significa lo mismo si se ve desde la perspectiva de los sobrinos del tío Sam, sabedores de que pueden pisar el suelo mexicano sin más requisito que las ganas y el dinero que abre los ojos de nuestras carencias, para poner la alfombre roja de la hospitalidad agachona y las precariedades de una oferta de bienes y servicios que ya se está incrementando al incorporar el gobierno la salud como mercancía al alcance del extranjero.

En cambio, nosotros somos candidatos a la cárcel por ser, en primero lugar, morenos y hablar ese idioma que sugiere complicidades narcóticas y precariedades sin límite. A pesar de que Arizona recibe una importante aportación económica del comercio fronterizo, puede más el desprecio paranoide del racismo, de donde surge la paradoja típica del esquizoide gringo: “bienvenido su dinero pero los cafecitos que se vayan al demonio”.

En este evidente problema de dignidad nacional, llama la atención que el señor gobernador tiemble y se apachurre ante la sola idea de encabezar un boicot a Arizona, así que ni tardo ni perezoso preside la exhibición de equívocos carteles publicitarios que promueven el turismo arizonense, con tanto éxito que ya el sheriff
Arpaio ha declarado que la mejor respuesta es un ¡boicot a Sonora! Arpaio reacciona ante la supuesta amenaza a la seguridad de los ciudadanos de Arizona por parte de ese horrible enemigo y amenaza alienígena que representa Sonora.

Pero, mientras siga siendo tomada por política de buena vecindad la genuflexión, la proclividad a agacharse para recibir piquetes de buena vecindad, seguiremos abonando en la cuenta de la prepotencia de los vecinos del norte.

Sonora debe contemplar seriamente el boicot al comercio gringo. No es argumento sostenible el alegar los bajos costos, cuando está en juego nuestra autoestima y respeto como nación. También es necesario dejar de lado nuestra dependencia y buscar en el mediano o largo plazo implementar una política que permita la sustitución de importaciones, el necesario impulso a la industrialización, al desarrollo de tecnología propia, así como una revaloración del potencial de nuestras instituciones educativas oficiales y autónomas y, por fin, convertirlas en una palanca de progreso científico y económico al servicio del desarrollo regional y nacional.

Lamentablemente, en la actualidad el gobierno da mucho juego a la educación superior privada, se le otorgan posiciones de asesoría en materia de desarrollo económico, de planeación pública, de impulsores de proyectos productivos, de alianzas estratégicas internacionales, con lo que la inteligencia sustentada en el nacionalismo es prácticamente ignorada, con los altos costos que representa para la vida económica y política del país. Pero, cabe señalar que lo hasta ahora emprendido por los privados metidos a públicos, ha fracasado estrepitosamente. No saben cómo hacerlo.

Es urgente que el gobierno se vaya enterando de lo que es y que la administración esté en manos de profesionales, no de apellidos y circunstancias personales que hacen daño y empobrecen al estado.

Para terminar, la búsqueda de turistas y la solapada o abierta promoción de inversiones arizonenses, revela pobreza de miras, una chambona gestión y una impresionante falta de sensibilidad. ¿Habrá alguien pensante en el gobierno que atine a presentar propuestas pertinentes y de mayor alcance?

sábado, 22 de mayo de 2010

Arlington

Lugar emblemático cerca del Pentágono, en el centro neurálgico del poderío militar estadounidense, el cementerio de Arlington recibe la brisa nostálgica del río Potomac, de los estertores del ejército confederado, de las acciones militares que Estados Unidos llevó a cabo en todas partes del mundo, siendo relevantes en los campos europeos y asiáticos durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial, durante Corea, Vietnam, durante los episodios recurrentes en América Latina y el Caribe, durante la Guerra del Golfo, durante la invasión a Afganistán, a Irak… Durante la inacabable agresión de las fuerzas armadas estadounidenses a todos en cualquier época. Allí, en Arlington, están los muertos conocidos y desconocidos de la Guerra Civil, y los que se agregaron en los escenarios internacionales lejos de las fronteras de Estados Unidos pero a su nombre bajo la excusa de la defensa de la democracia y las libertades que sistemáticamente se niegan al interior y a través gobiernos peleles en todo el mundo.

Ha sido la amenaza del fascismo, del comunismo, los obstáculos al avance de los monopolios, la imposición del libre mercado como síntesis de lo política y económicamente correcto, también ha sido el tráfico de drogas, el de armas, sin olvidar la imposición de personas e intereses al frente de los gobiernos de la periferia. La razón de fuerza se transformó rápidamente en argumento político y humanitario: había que intervenir contra la voluntad de pueblos ajenos en los asuntos internos de los demás, en contra de la soberanía nacional y el derecho internacional. Los pretextos, las razones, los argumentos han sido varios, pero la constante en este discurso de auto exculpación ha sido la defensa de ideales que, en abstracto, cualquiera de alguna manera puede compartir. La ubicuidad y ambigüedad de las excusas para intervenir en los asuntos ajenos va revelando una mentalidad esquizoide, una doble moral que intenta a cada paso legitimar la agresión, la destrucción de bienes y seres humanos, el sometimiento de pueblos enteros a la voluntad de las armas y el interés económico privado que basa su éxito en la depredación de los recursos ajenos.

Arlington representa el lugar más venerado de un país invasor por excelencia, de un tirano hipócrita que se conduele de la libertad de los demás y fabrica cárceles y cadenas para repartir en el mundo, a la par que compromete la soberanía nacional de los otros mediante la cooperación y colaboración que ofrece en materia de seguridad, armamento, financiamiento y asistencia política y militar, sin olvidar las bombas de tiempo económicas que siembra en forma de tratados o acuerdos de libre comercio y otras formas de compromiso para los que no pueden resistirse a sus ofertas e invitaciones. Arlington es, para el militarismo gringo y su cauda enorme de intereses financieros, un lugar altamente venerado, porque representa una parte de los costos de su hegemonía internacional encubiertos en forma de un heroísmo instrumental, es decir, convierte en victimarios a los que son, en realidad, víctimas de la manipulación ideológica y política que los convierte en agresores de pueblos ajenos, y que en el empeño invasor han tenido la desgracia de morir. Los muertos de Arlington, en su enorme mayoría, son instrumentos averiados de un gobierno criminal, del más grande genocida internacional que ha conocido la historia.

La mayoría de los muertos de Arlington son, en los 2.53 kilómetros cuadrados del cementerio, una pequeña parte del inmenso conjunto de los muertos que son clasificados por el alto mando estadounidense como “daños colaterales”, aquellos muertos que lo son por estar donde no debían, y que lograron recibir una bala, un pedazo de metralla, la onda expansiva que los convirtió en pedacero humano que se desperdiga en el suelo y queda en la memoria del soldado, del infante de marina gringo como parte del anecdotario que lleva a casa y a sus pesadillas, a sus razones para consumir alcohol y drogas fumadas o untadas, aspiradas o inyectadas, como medida terapéutica contra los horrores de su propia deshumanización. Arlington es, también, un monumento a la ferocidad de un sistema que destruye a sus propios instrumentos.

Pues resulta que, en ese lugar de oprobio humanitario y de heroísmo instrumental, Felipe Calderón Hinojosa, presidente formal de México, rindió homenaje al imperialismo. El representante de una nación que ha sufrido en carne propia las agresiones sistemáticas de Estados Unidos desde el siglo XIX, besó la bota del invasor, el látigo del tirano, la espada del verdugo, la cadena y los grilletes que aprisionan al mundo unipolar que sufrimos, y que afectan sustancialmente las posibilidades de crecimiento y desarrollo de América Latina. Allí, los colores nacionales se cubrieron de mierda, de vergüenza indecible, de una docilidad vacuna, de la sustancia babosa de la indignidad más gratuita.

Con este tipo de actos de sumisión y vasallaje, sin duda alguna Calderón ha demostrado su falta de integridad como mexicano y como gobernante. Debe renunciar de inmediato, como asunto de dignidad nacional. Así sea.

martes, 18 de mayo de 2010

Preocupaciones

En lo que va de mayo, hay ocurrido algunos sucesos preocupantes, según el decir de algunos sonorenses que opinan sobre las febriles oquedades de los micrófonos y las porosas páginas de los periódicos. Así, tenemos que, tras el desangelado 10 de mayo, se nos atravesó entre ceja y oreja el no menos gris día del maestro, menguado y tristón por las paradojas del sistema educativo nacional, que busca niveles de excelencia, de calidad basada no en las verdaderas capacidades de los maestros y los estudiantes sino en las recetas que emiten cada tanto las agencias económicas internacionales: FMI, Banco Mundial, OCDE, por decir algunas claramente identificadas con los esquemas obligatorios de depredación internacional. La figura destacada fue el profesor Othoniel Ramírez quien habló claro y llamó rata, ladrón o algo parecido al dirigente sindical del gordillismo que formaba al lado del risueño titular panista de la SEC, profesor Ochoa Patrón, en el acto de entrega oficial de papelitos conmemorativos.

Quizá lo que más llamó la atención y obligó a la clase política a opinar fue la vuelta a escena de Diego Fernández de Ceballos, que reingresa por la puerta grande a las páginas periodísticas tras la noticia de su desaparición, que se supone forzada, es decir, involuntaria, según se ha especulado hasta la náusea. Que encontraron su lujosa camioneta cerca del no menos lujoso rancho, que encontraron rastros de sangre que corresponden al tipo del desaparecido, que la familia llama a negociar, que el abogado Fernández de Ceballos en una ocasión declaró no temer a la muerte, que el santo inquisidor F de C llamó a quemar en la hoguera las pruebas del fraude electoral del 88, que defendía clientes dudosos, que litigaba valido del tráfico de influencias contra el propio gobierno nacional siendo representante de uno de los poderes de la Unión, que… En fin, que el gobernador panista del estado de Sonora, Guillermo Padrés Elías se declara preocupado por el asunto del ex-senador que no aparece ni por veredas ni rincones.

Desde luego que la presunta desaparición de un personaje político ligado a algunos de los acontecimientos más vergonzosos de la historia contemporánea nacional, no puede ignorarse. Pero la preocupación que expresan algunos actores políticos da para pergeñar algunas suposiciones.

Al revisar algunas páginas electrónicas con espacios donde se recogen opiniones de los lectores, se encuentran muestras de una opinión pública bastante adversa a los políticos del panismo que navega con la bandera neoliberal. Así, por ejemplo, alguien sentencia que eso pasa por meterse con la esposa del Chapo Guzmán; otros sugieren que la búsqueda contemple la cama del político desaparecido, recordando el extraño giro que dio el caso de la niña Paulette. Algunos otros señalan que eso pasa por ser defensor de narcos, otros simplemente dicen que “algo haría”, sin faltar los que afirman que el que la hace, la paga. Por otro lado, menudean los chistoretes que afirman que los secuestradores han enviado una nota pidiendo que ya se junte el rescate porque no lo aguantan; otros ironizan cuando ven el presunto secuestro como una muestra del nerviosismo del crimen organizado ante los avances de la justicia calderoniana, mientras que, opinantes más convencionales, se unen al coro que reclama mayor seguridad para los políticos, sin que falten otros que afirman la ausencia de necesidad de medidas extraordinarias.

Pero, “haiga sido como haiga sido”, Calderón recibe muestras de solidaridad en su gira por España, en la que nuevamente pintó un México color de rosa, pivote de la recuperación internacional y esperanza de las trasnacionales que actúan como actuaban los viejos corsarios ingleses al servicio de su graciosa majestad Isabel I: asaltando a quienes se atraviesan y afincando el poderío de Europa, en la actualidad con el fuerte impulso de Estados Unidos, en una nueva conquista de los espacios económicos de América, pidiendo como lo hicieron, más flexibilidad en materia de infraestructura, energía y telecomunicaciones, las tres razones poderosas del acercamiento del primer mundo con América Latina y el Caribe.

Así las cosas, mientras que el gobernador de Sonora se preocupa por la desaparición del político queretano, el mundo es escenario de una nueva oleada neoliberal, México se prepara a ser un nuevo escenario de depredación trasnacional y Sonora lo hace al aportar su cuota de depredación al tronar empresas pequeñas y medianas so pretexto de concesionar la hechura de los nuevos uniformes escolares, que bien pudieran haber sido elaborados con la concurrencia de todos los negocios tradicionalmente participantes y tan solo con la emisión de vales canjeables, a disposición de los padres de familia. Y claro, también es preocupante la declaratoria de que el agua del Yaqui puede desperdiciarse sin problemas, así como dedicarse a segundos cultivos aunque sean económicamente inviables.

Sin que diga que el plan Sonora SI es lo último ni lo único, resulta más que clara la necesidad de una mejor distribución de los recursos, un uso más racional de los mismos y la desaparición de cotos de poder regional sobre los recursos naturales de que el estado dispone.

viernes, 7 de mayo de 2010

Día de las madres

El día de las madres aparece en la memoria de cualquiera como un día especial, fecha en la que se sacan las monedas guardadas en el calcetín, monedero, bote de café, tarro de mermelada o de mayonesa y el sinfín de recipientes, escondrijos, oquedades continentes de lo que se pudo haber gastado y no lo fue. El santoral familiar contempla a la santa madre de cada cual como el centro de las veneraciones familiares y el refugio de unidad cuando todo lo demás falla y se desvanece.

Como madre solo hay una, su recuerdo estruja el alma y las lágrimas bien pueden encontrar algún cauce libre de embovedamientos, canalizaciones y obras de infraestructura hidráulica, para dar rienda suelta a una discreta propensión edípica o, simplemente, al sentimiento de orfandad que sufrimos cuando no tenemos madre a quien endilgar nuestras frustraciones. Cuando la tenemos, estamos en condiciones de ignorarla salvo para la preparación del manjar cotidiano y el destape de los etílicos a su salud, en la rueda de la fortuna familiar que gira en la medida en que tenemos el pivote materno que la sustente.

El 10 de mayo es la fecha en que las diferencias se concilian y se viven los instantes de la concordia que escatimamos el resto de los meses, salvo diciembre por el fervor navideño. Pero, también es la fecha de la fetichización de la maternidad como símbolo del dispendio en su honor y a la salud estacional del comercio organizado, el que paga anuncios espectaculares y planas de publicidad en los medios impresos, el que lo acatarra en internet y le convoca a hacer uso de sus prerrogativas como cliente consentido.

Pero el día de las madres también tiene otras connotaciones. En el caso de los mexicanos, sabedores de que somos una sociedad donde el 30 por ciento sufre de insomnio, la madre es consuelo, refugio y añoranza, de cara al despiporre nacional y en medio de las amenazas externas que se vuelven internas merced a la capacidad transformadora de la globalización. A ella ─a la madre─, acudimos contritos a lamer heridas y raspones menores, matizando los verdaderamente graves y dando una cara sonriente a quien ve con ojos amorosos al posible espantajo económico, político y social en que devienen los hijos en tiempos de la exclusión que propician y dirigen nuestros gobiernos trasnacionales.

Así las cosas, cuando vemos al gobernante declarar ufano que la parte dura de la crisis ya pasó, el recuerdo de la progenitora ─la suya─ flota en el aire y se materializa en una estentórea mentada de madre cargada de alusiones escatológicas que recupera y lubrica nuestro sentido de la crítica, la autoestima golpeada, la beligerancia propia del ciudadano que exige, conmina y actúa en defensa de lo que a su derecho conviene.

La madre (o su concepto) contribuye así al equilibrio emocional, a la descarga de adrenalina que fortalece y vivifica una dignidad ciudadana ofendida. En este sentido, no sólo representa la paz y la armonía familiar idealizada sino la realización de la misma por vías de hecho, o más bien de dicho. La expresión contundente en forma de exabrupto, no sólo es reivindicación profunda de la integridad sino que alcanza niveles de expresión social, de coincidencia de alcance universal en el conjunto de los ciudadanos que comparten una situación y son parte de los muchos seres victimizados por la injusticia de un sistema económico y político degradante. La madre es así catarsis y consigna política.


La escasez o la carencia de ella, en forma figurativa, revela la entraña cuestionable del sujeto en referencia, su maldad, su naturaleza inhumana o injusta, sus escasas dotes morales, su baja estofa. La poca madre de algunos y la carencia de otros, describe la naturaleza criticable de gobernantes, de autoridades en general, de ciudadanos réprobos, de todos aquellos individuos que no quisiéramos tener que tratar. Sin embargo, tal carencia o ausencia encuentra hoy más que nunca en el espacio público su lugar natural, su referente espacial obligado, de ahí que las mentadas y las alusiones cuantitativas a la madre tengan un domicilio sobradamente conocido.
Lo anterior se fortalece cuando la madre y su día se convienen en argumento de venta político: así, nos encontramos con las noticias de que tal o cual partido va a celebrar a las madres. Como si el reparto de chucherías y la organización de comidas pudiera sustituir la generación y la calidad en el empleo, la equidad en el ingreso, la seguridad social para las familias, la seguridad pública que garantice el patrimonio y la integridad física de los ciudadanos. La visita a hospicios, asilos, dispensarios, barrios y colonias no sustituye la labor diaria que debe el gobierno realizar en beneficio de las madres y sus familias. El gobierno no debe hacer caridad onomástica, sino trabajar todos los días por el mejoramiento de la calidad de vida.

El día de las madres 2010, en forma figurativa, tiene dedicatorias relevantes: el gobierno neoliberal de Calderón, la política exterior de Estados Unidos, el gobierno de Arizona, y los mexicanos apátridas que insisten en no darse por aludidos con la política racista de Arizona y siguen comprando en ese estado. Por lo pronto, le propongo no ir a Arizona al menos durante el 14 y 15 de mayo. Ellos al parecer no, pero ¿nosotros sí tenemos madre?

martes, 4 de mayo de 2010

Una cheve, plis

Seguramente usted sabrá que los adultos sonorenses tienen una cierta predisposición socio-genética a la reunión de parla y charla amistosa, en torno a una parrilla y un cartón o barril de cerveza. Las bondades de la convivencia van acompañadas del intercambio noticioso, ilustrando páginas de la chismografía local, nacional e internacional que ponen muy en alto nuestras capacidades interactivas que se despliegan con lúdica brillantez en los escenarios de la cantina, el patio familiar o la anchurosa playa.

Los sonorenses son gentes de tarro en mano, que no se arriesgan a pasar el río de la abstención a lomos de una mula legal que, hechiza como lo es, perturba nuestro sentido de la justicia y, lo más grave, del sentido común. Tengo noticias de que ahora, con los gobiernos emanados del panismo organizado, se ha impuesto la ridícula disposición de la Dirección de Alcoholes de pedir la credencial de elector a cualquiera que solicite cerveza o alguna otra bebida con alto o bajo contenido alcohólico, sea en restaurantes, tiendas de conveniencia y demás. La evidente mala factura de dicha postura legaloide no tiene parangón, salvo como una tímida aproximación a la prohibición de los años 20.

Si usted en uso de sus facultades ciudadanas y del poder del consumidor depositado en su billetera, sabedor de que es mayor de edad va a un comercio y pretende comprar cerveza, seguramente le va a parecer raro y hasta estúpido que el muchas veces imberbe empleado que lo atienda le pida la credencial de elector a pesar de que usted ostente canas, arrugas y el mapa de todas las peleas libradas en la familia, el trabajo y la relación social que trae a cuestas. La autoridad que da la edad de repente queda suprimida de un solo lenguazo y usted, señor o señora, queda declarado menor de edad hasta que se demuestre lo contrario.

El gerente de un restaurante, según se me reporta, dio en declarar que era disposición de la Dirección de Alcoholes la vacilada de pedir credencial que demuestre la adultez del hasta ahora tranquilo consumidor. Lo curioso del caso es que en ninguna parte dice que los comercios están autorizados u obligados a solicitar este documento personal e intransferible, toda vez que el cliente puede consumir lo que legalmente expenda el comercio dentro del horario establecido. Si no existe base legal para exigir este documento como requisito para el expendio de bebidas alcohólicas, entonces, ¿en qué se fundamenta la medida?

Una hipótesis provisional pudiera ser la siguiente: el gobierno panista, ilustrado en la televisión gringa, pensó en moralizar la sociedad sonorense mediante la revisión exhaustiva de series televisivas policiacas, de manera que la costumbre de solicitar credencial que demuestre la edad del aspirante a borracho se fijó en la mente moralista de los neo-inquisidores panistas y dijeron: “aquí está una medida que podemos implementar basados en la legalidad gringa y, como somos vecinos y amantes de Arizona, nadie notará que está fuera de lugar, de marco legal, de país y hasta de razón”. Así que contentos y jubilosos emprendieron una cruzada por las buenas costumbres y, a falta de prohibir las minifaldas y los escotes en lugares públicos, como en Jalisco, optaron por reprimir al ciudadano en curso de festejos y celebraciones o, simplemente, como una forma de estar en amena convivencia con familiares y amigos.

La mano de la moralina panista se cierne sobre las gargantas de los sonorenses con rencorosa porfía, desde luego dejando de lado que las buenas conciencias empresariales albiazules no ponen reparos en dedicarse con ahínco a los llamados giros negros, los hoteles de paso y algunas otras fuentes de ingreso parecidas, evidenciando una especie de disonancia cognitiva que se traduce en cuadros de asombrosa hipocresía. La ridícula medida es ilegal, insostenible y bastante ñoña.

Ante la evidente falta de sentido común de la disposición, cabe esperar una aclaración pública que nos ilustre sobre si en efecto es oficial, pertinente y sustentada en el derecho mexicano. En todo caso, usted, ciudadano consumidor, bien puede mandarlos por un tubo mediante algún procedimiento que proteja su calidad ciudadana, y el derecho que le asiste como consumidor capaz de demostrar en el mercado sus gustos y preferencias.

Mientras tanto, cabría recordar que, aun en la Arizona fascista de la señora Brewer, a ningún adulto se le pide la credencial de identificación para el expendio de bebidas alcohólicas, sino solamente a personas que evidencian por su aspecto minoría de edad y como un medio de comprobación de ese supuesto. Aquí en Sonora parece que las apariencias pueden ser tan engañosas que primero es el documento legal y luego la realidad de la persona. ¿Habremos enloquecido? ¿La santa inquisición panista de veras creerá que con disposiciones ilegales va a abatir la inseguridad de las calles y el índice de accidentes? Señores panistas que juegan a gobernar: más seriedad.

domingo, 2 de mayo de 2010

Convocatoria


Al otro lado

El gobernador de Sonora aparenta ser el moderador que nadie necesita en estos tiempos de repunte fascista que vivimos, porque el estado requiere de un representante de los intereses nacionales y no un amable componedor que sustituya el trabajo diplomático hecho, por otro que aparente anodinez políticamente correcta, según los parámetros de la dependencia. Dicho de otra manera, si Padrés hace como que la virgen le habla y se pone la gorra del “dejar hacer, dejar pasar” en las manifestaciones de repudio que hubiera, sin una posición enérgica y definida, se puede pensar que al señor le tiemblan las piernas al poner cara ante la obscena insolencia de Arizona. Por el contrario, Felipe Calderón saca la cabeza para endilgarnos una recomendación que, traducida al español de la calle, dice que no se debe viajar al país donde lo mandan a uno al carajo.

Si bien es cierto que Calderón es repudiado hasta en Alemania, por las atrocidades cometidas contra civiles inocentes, repentinamente criminalizados por la lengua rapidísima del ejército y demás cuerpos policiales, lleva algo de razón en eso de pintar raya con los arizonenses, metidos en el uniforme de las SS nazis y adornados con los gorros puntiagudos del KKK. Nada tenemos que hacer en Arizona y la costumbre tan patéticamente sonorense de ir a la primera provocación al “otro lado”, debe revisarse detenidamente: nos debe quedar claro que no somos arizoneneses honorarios, sino simples mexicanos de un estado fronterizo que hasta la primera mitad del siglo XIX fue parte de México, y nos fue robado, tranzado, quitado, con las artes tradicionales de nuestros güeros vecinos: el viejo truco de aparentar un conflicto o profundizar alguno previo y sacar provecho de la fuerza militar y del dinero que ablanda conciencias y borra memorias.

En este sentido, las visitas de compras a Arizona deben ser sustituidas por paseos comerciales domésticos o, en su defecto, al centro y sur del país. Claro que la idea de comprar en el país puede resultar sorprendente para ciertos estratos económicos sonorenses, pero los costos de ser mexicanos son, o deben ser, pagados por todos los que se ostenten legalmente nacionales, más si su aspecto revela clara o vagamente matices cobrizos, nariz gorda y chata, pelambre lacia e hirsuta, vientre abultado y estatura más bien chaparra.

La propensión al maquillaje extremo que da el dinero o la apariencia de tenerlo, afecta la percepción de la propia identidad, convierte a un sapo cervecero en un adonis anglosajón; transforma el color cucaracha en bronceado adquirido en Malibu, Hawaii, o cualquier playa gringa constituida escaparate de las gentes bonitas, portadoras de T-Shirts y shorts floreados, lentes para el sol Ray-Ban y accesorios de ajotolonada novedad. La crema bronceadora encubre los horrores de la genética y la ficción queda completada con un chapurreado spanglish como medio para expresar la pedantería tercermundista de acomplejados viajeros de fin de semana. Pero, al final los rigores de la historia personal terminan por imponerse y la racista gobernadora republicana Jan Brewer nos vuelve a la realidad: el color de la piel y los rasgos faciales son la primera causa de sospecha de extranjería, la palanca de impulso a la represión racista, la justificación del odio que se le tiene al extranjero tercermundista, aunque se encuentre apachurrado en el fondo, el aprecio con que cuenta el dinero que derrama Sonora sobre el comercio arizonense gracias a la ilusión momentánea de no ser lo que somos.

Mientras que Arizona toma medidas contra la inmigración ilegal, aquí en Sonora, como en el resto del país, se manifestaron el 1º de mayo algunas de las contradicciones esenciales del discurso calderoniano, porque las miles de gentes que desfilaron llevaban en su morral una cantidad enorme de resentimiento, de frustración, de desencanto por haber sido engañados con la cháchara oportunista de la presidencia del empleo. En Sonora y el resto del país el desempleo, la falta de oportunidades y la carestía son la realidad que golpea con fuerza la puerta de la desobediencia civil, de la rabia apenas controlada por la prudencia, por el respeto a las instituciones, por temor a las represalias, pero que sin embargo se mueve, articula palabras y dibuja puentes de unión entre las demás víctimas de la depredación nacional.

México y Sonora se convierten en zonas de ilegalidad y de expulsión de la población por motivos de pobreza, mientras que Arizona hace ejercicios de contención sin considerar la relación bilateral, e ignorar pragmáticamente la profundidad de los impactos del problema económico y de seguridad pública que genera la dependencia económica y política entre dos estados de dos países con lógicas distintas, y que inútilmente se ha tratado, desde hace más de 50 años, de disimular con la absurda cobertura de una comisión bilateral que simplemente no se justifica, dadas las asimetrías que existen entre nosotros.

Hablar de integración económica y de sociedad comercial equitativa es una broma pesada que solamente maquilla las verdaderas dimensiones de la dependencia, de la anexión silenciosa que sufrimos, de la ridícula pretensión de hacer convivir tiburones con sardinas.

En suma, la relación Sonora-Arizona alcanza ahora su verdadera cara. Reconozcámoslo de una vez: más nos vale dedicarnos a defender lo nuestro, impulsar nuestra economía, generar y defender el empleo y, sobre todo, entender de una vez que somos mexicanos y que, además, debemos serlo de pleno derecho, actores políticos y económicos que, una vez descubierto que la luna no es de queso, la responsabilidad de nuestro estado depende solamente de nosotros. ¡A la porra Arizona, viva Sonora!