Conspiración en Pémex

Notas Sueltas es un espacio de opinión sobre diversos problemas de carácter social, económico y político de interés general. Los comentarios pueden enviarse a: dalmx@yahoo.com

viernes, 25 de junio de 2010

Niños en resistencia



Oscar David Montesinos de 10 años de edad, oriundo de Honduras y con un sentido de la responsabilidad que pudiera ser envidiado por algunos adultos gobernantes, presentó en ese país un libro que tituló Mis lápices en resistencia, en donde da cuenta de sus impresiones e interpretación del golpe de estado contra el legítimo presidente Manuel Zelaya. Lapidario, señala con dedo flamígero que a Micheletti, el nuevo gorila al servicio de Estados Unidos en la manipulación electoral, le falta dignidad.

Como el culto lector recordará, Honduras fue el escenario de una trapacería más del imperialismo gringo, al solapar el golpe de estado en el que fue depuesto el presidente de la república legal y democráticamente electo y sustituido por un mentecato llamado Roberto Micheletti, que fraguó una farsa electoral que llevó al poder a un sujeto de nombre Porfirio Lobo Sosa, bajo la mirada hipócrita de Washington y la escandalera diplomática propia del caso, en la que se puso en evidencia la inoperancia de los organismos internacionales cuando de defender el derecho internacional se trata y su eficacia, en cambio, para disimular las jugadas viciosas de Estados Unidos en la arena Latinoamericana, tendientes a tronar la democracia para sustituirla por gobiernos peleles, caricaturas mal hechas por un oligofrénico embrutecido por el furor del dólar y la grasa de las hamburguesas con papas.

El libro del pequeño Oscar David abre la puerta a una sana esperanza en las nuevas generaciones de escritores, de los noveles cronistas de los acontecimientos traumáticos de su pueblo, de los reporteros y editorialistas que se la juegan en una frase, en una oración que siendo una estructura simbólica, revela una esencia intelectual y política que debe, necesariamente, prosperar como género literario y como práctica política emancipadora.

La resistencia infantil al golpe de estado, a las argucias de Washington que, omnipresente, engaña sistemáticamente a todos con el garlito de la democracia y los derechos humanos, así como en los últimos tiempos, con el combate al terrorismo que deviene para América Latina combate al narcotráfico, aparece en un momento en el que la enajenación futbolera apenas oculta el escandaloso negocio en el que usted y yo somos piezas intercambiables, desechables y sustituibles. La democracia no puede ser considerada una franquicia propiedad de los Estados Unidos y vendida a todo el mundo, bajo la vigilancia y supervisión de su propietario y administrador.

El “yo acuso” del escritor de 10 años de edad, parece la mejor respuesta del futuro a un presente pringado por la chucatosa esencia de la hipocresía gringa. Una proclama de libertad y de independencia que sanea un poco el cargado ambiente de la periferia, la actitud lameculista de los gobernantes de la región que se realizan políticamente sirviendo a los intereses estratégicos de los gringos, a costa de la dignidad de sus gobiernos y de la soberanía de sus naciones.

El libro de Oscar David, promete bastante, quizá no en las formalidades de su factura literaria sino en la intencionalidad valerosa de un pequeño que da ejemplo de patriotismo y de emancipación intelectual. Representa, me parece, un paso hacia la libertad de los pueblos, una golondrina literaria que desde su singularidad ya recoge la opinión y el sentimiento de muchos hondureños y latinoamericanos solidarios y comprometidos con el futuro libre e independiente de nuestra América.

Mientras esto ocurre, el gobierno municipal de Hermosillo presume de los hallazgos en materia de control del tránsito y de aprovisionamiento de agua que resultan de la gira a Irvin, California, por parte del alcalde Gándara y séquito de funcionarios. Según esto, el turismo administrativo beneficiará al ayuntamiento de este municipio mexicano, con dinámica y circunstancias que no necesariamente corresponden a la ciudad californiana que se toma como ejemplo.

Lo anterior no es de extrañar si se parte del hecho de que la mentalidad empresarial tercermundista se acerca por gravedad a la órbita del imperialismo gringo. Es una especie de fatalidad cultural entre las gentes que han crecido bajo los supuestos del neoliberalismo, que considera la dignidad nacional como un estorbo y la inteligencia local como algo inútil. Quizá no llamara tanto la atención el turismo si se hiciera al interior de la república, donde seguramente habrá ayuntamientos que cuentan con experiencias en materia de tránsito y de administración del agua.

Por otra parte, la eliminación gradual de la tenencia se presume inocente del delito de maniobra electorera, si consideramos los problemas de transporte público resueltos, la organización interna del gobierno de Padrés lograda, la seguridad pública garantizada, los proyectos propuestos en vías de ejecución y las desavenencias con la oligarquía vacuna de Ciudad Obregón debidamente subsanada, así como el imperio del derecho y la justicia instaurado en la república, el respeto a los derechos de los trabajadores garantizado, la justicia para las víctimas de la guardería ABC exigida desde el máximo órgano legislativo nacional, y desde luego, el abatimiento del desempleo en términos reales, la recuperación de la capacidad adquisitiva del salario y la seguridad en el empleo y la protección social.

El libro de Oscar David Montesinos, es un llamado a la resistencia, como también lo es el recuerdo de las 49 pequeñas víctimas de la privatización de la seguridad social. No olvidemos.

miércoles, 23 de junio de 2010

La banda presidencial

Mientras suenan trompetillas y pedorretas en la cancha presidencial, Felipe Calderón, el director técnico del equipo neoliberal en Los Pinos, hace esfuerzos denodados por anotar el gol de la victoria, el cañonazo que haría la diferencia entre un juego ganado y uno perdido, porque no es lo mismo empatar que quedar en cero. Los murmullos de la multitud se elevan por los aires y esa mañana el estadio nacional tiembla con las trepidaciones de un terremoto de seis años en la escala de Richter.

Las apuestas recorren una ruta errática, hay incertidumbre, temor, cosquilleos en la parte donde tejen sus nidos las arañas, en esta pieza de relojería que parece enferma de taquicardia. Hay que recordar al amable auditorio que los goles del narcotráfico han ido por media portería sin que la Iniciativa Mérida pueda pagar las aspirinas necesarias para un cuerpo sin cabeza, por lo que se sospecha que los jugadores estadounidenses que alinean con la selección le han apostado al contrario aunque se pinten de verde a la hora de entrar al terreno del juego.

Los escándalos fuera de la cancha son provocados por las noticias que vienen de estadios donde se juegan ligas estatales, al parecer por la elección de los nuevos uniformes con colores intercambiables que confunden a la afición y descontrolan a los árbitros: los azules con los rojos y los amarillos hacen combinaciones que molestan a los más fieles jugadores de los equipos locales, con el natural encabritamiento de los seleccionados, que ya se ven con uniformes de un colorido que haría enfermar a la guardia suiza del Vaticano.

Pero volviendo al técnico nacional, Felipe Calderón planea la gran jugada, el golpe de mano que hará la diferencia entre un país perdedor y uno triunfador. Ha trascendido que las consultas con su secretario Gómez Mont han sido tan frecuentes como discretas, por lo que los más avezados analistas políticos y los más reputados narradores deportivos elevan de sus cabezas un signo de interrogación, que no se sabe bien si es por tener aun sobre sus hombros la caja de los sesos, por no saber de qué se tratan las reuniones de alto nivel o, en todo caso, por ambas situaciones. La prensa especula la ausencia de señales mientras el juego va rumbo a la quiebra nacional, al descrédito internacional y a la nausea ciudadana.

Mientras se acude a consultas de emergencia por los rumbos de Catemaco, los brujos y adivinos locales hacen lo suyo aprovechando la incertidumbre social, acicateada por los asesinatos callejeros, los atracos domiciliarios, los secuestros que pueden ser exprés o americano, en medio de posibilidades de decapitación que suben en competencia con los ametrallamientos y balaceras académicas y familiares. El caldo gordo de la economía se densifica con los ingredientes del desempleo y la subida de las mercancías y ya hasta la televisión produce agruras, en clara competencia con los retenes militares y la esperanzada instalación de carpas con huelguistas de hambre.

A las eventualidades del juego sexenal, se agregan las incidencias de los partidos que se juegan en el circuito de la OCDE, la eurozona, los petroleros y la enorme jugada que se celebra por los rumbos de los estadios de medio oriente, África, América Latina y el Caribe, por parte de la industria militar de Estados Unidos y asociados, sin contar los efectos en la demanda de armamentos que se produce en la liga del crimen organizado bajo los auspicios de contratistas que cobran como civiles en agencias de gobierno allende el Bravo.
El técnico Calderón, finalmente, da luz sobre la nueva estrategia a seguir para sortear la crisis nacional. Ante un estadio expectante, la alineación de los pinos abre fuego y logra colocar un verdadero cañonazo ante el azoro del portero que no lo vio llegar. Se cuela la jugada perfecta en estos momentos de crisis: el ejecutivo ha lanzado el decreto mediante el cual se cambian los colores de la banda presidencial, ahora el color verde de la franja superior, cambia a rojo. La sorpresiva jugada deja a la afición con la boca abierta, sin aliento, en medio de un silencio sepulcral que solo es interrumpido por una vocecilla de enano que anuncia con un chillido ¡gooooooool!

Con la reforma al artículo 34 de la Ley sobre el Escudo, Bandera e Himno Nacional, ─trascendente y necesaria medida─ la patria puede estar a salvo, la inflación controlada, la deuda externa al día, el empleo viento en popa, la criminalidad dominada y a la baja, la justicia y el imperio de la ley en su mejor momento, la soberanía nacional sin mancha alguna y la certidumbre en el futuro, en condiciones que solamente se dan en las telenovelas. Suertudos de nosotros.

Otra vez don Porfirio

El H. Ayuntamiento de la capital de Sonora reparte agua en carros tanque coloquialmente publicitados como “pipas”, en clara alusión a la posibilidad de fumar una paz duradera por la temporada entre los usuarios y las autoridades que, según el artículo 115 constitucional, deben dedicarse a proveer los servicios a cargo del municipio. Pero mientras se fuma la pipa de la paz en forma de agua que llega por medios distintos a la red que la debiera distribuir, los habitantes de la ciudad más populosa del estado, que alberga a más de 95 por ciento de la población municipal, sufre la pena de ser subdesarrolladamente vulnerable y pueblerinamente expectante de una lluvia a la que, seguramente, se elevarán rogativas desde la iglesia catedral y se prometerán mandas, por ejemplo, mediante la caminata de las autoridades municipales en un solo zapato, desde la sala de cabildo hasta las faldas del cerro de la virgen.

Seguramente los esfuerzos por aparentar estar en control de la situación requerirán de mucha concentración que, por el momento, es escamoteada por las eventualidades de un mundial futbolero en el que poco o muy poco tenemos que hacer, salvo el patrocinio de artículos deportivos, bebidas para adelgazar mientras se duerme o pañales desechables para adulto con el logo de la selección y un destino parecido en el basurero de las prioridades ciudadanas. Pero, mientras se finge conocimiento de causa y de los efectos de la crisis de agua que tenemos, la resequedad matiza el entusiasmo político de otras propuestas que son, como la sequía, terremotos que sacuden la estabilidad municipal, pongo por caso, la babeante propuesta de crear una policía única por estado, pasándose por el arco del triunfo la figura de municipio libre y el carácter local y ciudadano de la procuración de la justicia que emana de la convivencia a la par que de la letra de la ley.

Las no-respuestas del gobierno permiten suponer que la ciudadanía pudiera pensar en la inexistencia del mismo, o que las autoridades en un arranque de confianza dejaron que las cosas llegaran a los extremos que debían llegar y que fuera la propia comunidad la que buenamente resolviera los entuertos y chapuzas de los señores ediles. Dicho relevo de funciones y de funcionarios sería una verdadera aportación al arte del gobernar, porque excluiría los tratamientos, los sueldos y las poses declarativas de una capacidad que está ausente y que, según se documenta, prefiere fomentar el turismo “de trabajo” en extravagantes giras de Javier Gándara a Irvine, California, con el séquito de funcionarios que bien debieran estar sentados tras sus escritorios planeando cómo resolver los problemas acuciantes de la ciudad y el municipio. El turismo hacia la “hermana” ciudad de Irvine, California, no puede pasar como búsqueda de soluciones a nuestros problemas, en nuestro contexto técnico, cultural, geopolítico y legal mexicano.

Pero, por si algo faltara en el trabajo de clavar al ciudadano a la cruz de la ineptitud oficial, el señor gobernador del estado (Con Padrés, un nuevo Sonora) hace los buenos oficios de vocero de Grupo México al declarar como una buena oportunidad para los mineros de Cananea, aceptar el ofertón que les hace la empresa que los despide de su empleo, porque, según el señor Padrés, resulta ser muy superior a lo que comúnmente se ofrece a un trabajador corrido. En tiempos de don Porfirio, el gobernador de Sonora aplaudió el ingreso de guardias blancas y rangers para reprimir a los mineros de Cananea en 1906, ahora resulta que el titular del ejecutivo estatal avala el despido, el desalojo, la liquidación y los infundios perversos de la minera contra los trabajadores. La primera década del siglo XX parece tener una nueva versión, corregida y aumentada en el inicio de la segunda década del siglo que corre, gracias al los gobiernos neo porfirianos bajo las siglas del PAN.

En Hermosillo y en Cananea, la pipa de la paz, alimentada con agua sustituta o con dinero manchado de ignominia laboral, no se podrá fumar con justicia hasta que las demandas de la población y de los trabajadores queden debidamente satisfechas.

martes, 22 de junio de 2010

Con ánimo de propietario

La carencia de agua en Hermosillo revela algunas cuestiones antes ocultas a la consideración de los usuarios comunes del vital líquido. El agua es una sustancia que se evapora con facilidad y que puede agotarse sin necesariamente llegar a la fecha de caducidad que marcan los recipientes de plástico en la que se le contiene; asimismo, el líquido puede ser altamente contaminado por descargas que contienen elementos fecales, productos químicos agrícolas o aquellos que se usan con abusiva frecuencia en las labores de limpieza, pintura, lavado y otras actividades que con desparpajo realizamos en el medio urbano.

El líquido en referencia puede ser ignorado olímpicamente cuando en medio de las prisas llegamos a la conclusión de que el baño puede esperar y que nuestro tiempo es demasiado valioso como para distraerlo durante 15 o 30 minutos en labores higiénicas que obligan a levantarse temprano, hacer guardia en la puerta del servicio o, en el mejor de los casos, llegar a la conclusión de que el baño de ayer todavía vale para poder presentarnos en sociedad y coexistir con otros con los que no necesariamente debemos tener contacto físico, más allá de estrechar la mano o besar alguna mejilla con ese beso simbólico que supone cordialidad al acercar el rostro y chasquear la lengua imitando el sonido que se produce cuando la boca succiona aire apoyada en otro rostro.

Nuestra sociabilidad se liga desde luego a la presencia del agua, si consideramos la agresividad de los olores que es capaz de emanar un organismo vivo sin higiene, pero el mejor indicador de esa relación lo tenemos ante la evidencia de que no contamos con ella. Cuando abrimos la llave de la ducha, o la del lavamanos, y obtenemos un sonido que parece emanado de una garganta con laringitis, una aspiración agónica, que se va apagando en la medida en que prospera nuestra certidumbre de que el agua no va a fluir como suele hacerlo cotidianamente, entonces la conciencia de la mugre, la grasa, los olores llega con prontitud a sonar en nuestros oídos la vuvuzela del desastre.

La mega trompetilla del “no hay” hace caer por tierra la prepotente seguridad de ser usuarios de los servicios de agua potable de la ciudad capital del estado de Sonora, al corriente del pago correspondiente, recipiente privilegiado de la información que proviene de la prensa, del gobierno, de los vecinos que claman por un servicio que las autoridades se empeñan a conservar en el subdesarrollo y el anacronismo más insólito. Nuestra idea de la relación con los demás cambia radicalmente de la seguridad del encuentro a la evasión estratégica que nos permite estar lo más lejos posible de la nariz extraña, fuera del alcance del escrutinio olfativo que no sólo nos descalifica sino que nos declara parias en un mundo que proclama que lo políticamente correcto es asumir una neutralidad aromática cuando no se llega a ser portador de los olores de los ricos y famosos.

Agua Potable de Hermosillo podrá seguir prometiendo agua por 12 horas, los usuarios podrán a su vez seguir esperando el cumplimiento de la promesa, pero los olores que vienen del sur del estado, por rumbos de Ciudad Obregón, son los de la oligarquía vacuna que hace palidecer al porfiriato en sus pujos de control de vidas y muertes, al asumirse propietarios de un bien público que opera bajo el régimen de concesión. Si el bien llamado agua es público y regido por las leyes, se entiende que la distribución debe seguir criterios ligados a la utilidad pública y al bienestar social, estando, por lo tanto, sujetos a revisión y replanteamiento en aras de satisfacer una necesidad comunitaria. Nadie podrá negar que la carencia de agua en Hermosillo sea un problema de carácter social y político, tanto por sus impactos como por las soluciones posibles. Pudiera agregarse que es un problema que se puede plantear desde una perspectiva humanitaria.

Desde luego que alguien podrá decir que la carencia de agua en Hermosillo se debe a una mala administración, lo que minimiza y hace parecer ridículo el problema y simple la solución: poner a un administrador que sí pueda. Se puede argüir que se desperdicia el 60 por ciento del agua por fugas y fallas técnicas y que la solución es simple: reparar los desperfectos y dar mantenimiento continuo a la red. Podrá agregarse a lo anterior el no pago de las cuotas del servicio, a lo que sigue la respuesta de aplicar con oportunidad el cobro. La simplificación casi huele tan mal como la negativa de los empresarios agrícolas obregonenses, porque se ven los árboles y no se ve el bosque. A estas alturas, sería razonable que los señores planeadores de los servicios públicos hermosillenses dieran en explorar soluciones integrales, y tuvieran el valor de dejar en el cesto de la basura las ideas de atraer inversiones y la instalación de empresas que consumen el agua que no tenemos y que, en todo caso, debiera ser utilizada en el consumo domiciliario.

La idea de ser un polo comercial e industrial pierde de vista que estamos en una zona desértica, que el agua es un recurso demasiado valioso como para dejar que las aspiraciones comerciales de unos cuantos hagan insufribles las condiciones y la calidad de vida de la mayoría. Otra cosa sería si a cada empresa grande consumidora de agua que está instalada o se piensa instalar en suelo hermosillense, se le exigiera venir con su propio mecanismo provisor de agua; es decir, con un plan y los recursos necesarios para que se aplicaran tecnologías alternativas en la producción de agua que alimentara la empresa y que los excedentes se canalizaran a título gratuito a la red de agua potable de la ciudad. Quizá el aporte tecnológico obtenido como una exigencia del ayuntamiento para el uso del suelo, no sólo ayude en el problema del agua, sino que contribuya a incrementar el nivel de vida de la población.

Las soluciones seguramente vendrán en la medida en que los olores lleguen a palacio de gobierno, al ayuntamiento, a la colonia Pitic, a las gerencias de los bancos y a las de las grandes empresas gastadoras de agua a título gratuito, a las narices investidas de dignidad económica, política, religiosa y académica. Mientras tanto, las lociones, colonias y perfumes, los desodorantes y aromatizantes de ambiente, harán la ilusión de una normalidad que sólo existe en las cuentas alegres de las administraciones que prometen soluciones, arrugan la nariz y siguen prometiendo.

sábado, 19 de junio de 2010

Los muertos de cada día

Ayer viernes 18 murió el gran escritor José Saramago, defensor de los oprimidos y un crítico fuerte y consistente a las políticas imperialistas de Estados Unidos, particularmente durante el demencial período de Bush. Ha recibido las críticas más encendidas del ala conservadora de los opinantes internacionales y destaca la acusación que plantea el Vaticano sobre las pruebas de herejía, que considera suficientes e ilustrativas, al recordarnos que Saramago nos muestra la pérdida de la virginidad de Jesús gracias a María Magdalena, en la obra El evangelio según Jesucristo. Es ocioso señalar al culto lector los horrores que supone el ver a un Jesús de Nazaret envuelto en relaciones amatorias que tienen una connotación genital, envuelta en jadeos, sudoraciones, espasmos y orgasmos que suponen una terrenalidad que humaniza a Jesús y que lo liga en una relación amatoria con María Magdalena. El Jesús hombre no necesariamente va de la mano de la imagen del que es hijo de Dios y parte de la trinidad, porque la divinidad parece desarticulada de la humanidad como la entendemos los simples mortales.

Saramago, en sus andanzas literarias, cultivó, sin aspavientos, una visión de la humanidad sin los remilgos edulcorados de la gazmoñería. Hombre de ideas políticas progresistas, abrazó los ideales de una izquierda humanista y solidaria con los más desfavorecidos del mundo.

El día de hoy, sábado 19, falleció Carlos Monsivais, el cronista non de la ciudad de México, artista de la vida cotidiana como objeto de disfrute narrativo, de ensoñación por un futuro memorioso y un pasado futurista, hecho de imágenes intimistas de un México que vive y muere en el albur cotidiano que se juega con mexicana alegría, con pasión futbolera, con nostálgica esperanza.

Monsivais, amigo de los gatos y habitante de la urbe más grande del mundo, murió tras una vida vivida entre libros, periódicos y retazos de contaminación ambiental, condimentados con un izquierdismo orgánico y luego independiente, debidamente registrado en los medios de comunicación y en las tertulias de artistas e intelectuales. El notable cronista, narrador, conferencista, opinante ilustrado y audaz navegante en las aguas del idioma, es, a partir de hoy, un muerto ilustre y un referente obligado en la exploración cultural mexicana.

En un país donde la muerte se celebra como si fuera cumpleaños o fiesta de quince años, las muertes anónimas sobrepasan las cuotas de fallecimientos permitidos por la prudencia y el sentido común, toda vez que México no participa, que se sepa, en ningún concurso de eliminatorias de población. El azoro popular por cifras que van de 12 a 30 muertes, en un solo evento, ponen a remojar las barbas de una población que acostumbra celebrar onomásticos, ir a la escuela o simplemente pasear por alguna céntrica avenida, o gozar de una tarde soleada en el refugio de alguna plaza, quiosco o refresquería de barriada. La frecuencia y cantidad de las muertes, así como la tensión social que genera, parece ser una especie de curso propedéutico para el correcto entendimiento del concepto “gobierno fallido”, a la par que ilustra acerca del modelo de relaciones que los Estados Unidos propone para América Latina al ofrecer servicios de asesoría y mecanismos de cooperación en materia de “combate a la delincuencia organizada”, poniendo en su portafolio de clientes a Colombia y otros estados donde se ven los frutos de la intervención yanqui mediante empresas privadas que hacen el trabajo sucio de la CIA y otras agencias: Afganistán e Irak ayudan a ilustrar la idea.


Nuestro país empieza a perder la facultad de sentir la muerte violenta o masiva y considerarla como algo evitable, algo que debe ser responsabilidad de alguien y que las autoridades están obligadas a intervenir para investigar, juzgar y castigar a los culpables. La pérdida de sensibilidad se logra mediante el uso combinado de la violencia cruda, la incompetencia de las autoridades, la indolencia de las instancias y el trabajo como soporífero y distractor de los medios de comunicación. Su acción conjunta nos lleva a un estado de enajenación que sirve como terreno abonado para la siembra de ideas conformistas, también para la búsqueda de soluciones que comprometan a la soberanía nacional mediante la intervención de agencias extranjeras en la investigación de los delitos, la elaboración de peritajes y la procuración de la justicia.

Un buen antídoto contra el veneno del conformismo y la enajenación es ejemplificado por la organización que busca justicia para los 49 pequeños muertos y los muchos lesionados de la guardería ABC, que seguirán luchando y acudirán a instancias internacionales de derechos humanos para que el caso no muera en la memoria de la sociedad.

Pero, entre muertos ilustres, otros entrañables y los muchos anónimos, la pasión futbolera se abre paso entre la tradición beisbolera, gracias a los embates de estupidez plana y envolvente de Televisa, oráculo de la ramplonería de que puede ser capaz un país que sufre la pérdida de la memoria colectiva, de la solidaridad, del sentido de pertenencia, del amor a la vida y su necesaria protección y defensa. Descansen en paz, esos, aquellos y los otros.

jueves, 17 de junio de 2010

Goooooooool

Recibo las novedades del mundial en mi teléfono celular, mastico las peripecias de una humanidad civilizada que corre en calzones tras un balón, oigo el vocerío que se proyecta en las pantallas, radios vehiculares, conversaciones, actitudes, ademanes y otros medios de comunicación sin alambres pero con las ataduras de la algarabía convencional, enlatada, etiquetada y programada. La espontaneidad no entra en el dominio de la mercadotecnia salvo por error y, así como el agua tantas veces prometida a los hermosillenses, las expectativas de triunfo se quedan en publicidad.

Hermosillo, pueblo ahora futbolero, sufre las inclemencias de más de 40 grados centígrados de temperatura y no disponer de agua que pueda resolver los problemas de la higiene personal y doméstica en un nivel aceptable, pero en cambio, goza de las maravillas de la virtualidad cuando recibe del gobierno la buena nueva de que tendrá agua no cinco, no ocho, sino 12 horas diarias. Sale cañonazo a la portería de la realidad y el portero de la opinión ciudadana para, sin agitarse, lo que pudo haber sido un gol, y no fue. En las graderías los hinchas del equipo gubernamental redoblan sus esfuerzos con la matraca, cornetas nativas y mentadas de madre para el portero que les arruina la faena, mientras que gritan ¡agua, aguuuua, aaaaguuuuaaaa!, entre los abucheos de las amas de casa, los empleados asalariados y por cuenta propia, en medio de las feroces emanaciones del sudor, la grasa y los diversos aportes de la vida cotidiana.

La estrategia de atacar por sectores el problema del agua resiste solamente la prueba del papel y las diapositivas, mientras que en la cancha hermosillense el marcador permanece 1-0 a favor de la realidad. El gobierno se resiste a levantar el teléfono mientras el número 073 suena y suena. Los usuarios se plantan frente al teléfono y la insistencia se convierte en estrategia defensiva contra la demagogia; asimismo, los plantones frente a Agua de Hermosillo son una opción de participación en un juego que se resuelve en la medida en que la distribución del agua funcione en forma permanente y continua, no a ratos ni con baja presión que no permite el llenado de tinacos.

En este contexto, la memoria de tiempos ajenos a los gobiernos del PAN, se asocia a la disposición de agua las 24 horas, sin tandeos, con una distribución uniforme en la ciudad. La palabra tandeo se pone de moda con doña Lola del Río y la disposición de agua se asocia a las colonias donde viven los funcionarios y donde están asentadas las empresas “que generan empleos y que atraen inversiones”. El arte de “chupar faros” en seco tiene, en cambio, una connotación popular, de ciudadanos de a pie, de simples mortales que pueden pagar impuestos, votar por el PAN, ir a misa los domingos y fiestas de guardar, pero que en la vida real se quedan sin bañarse, sin lavar su ropa, sin asear la casa, sin la garantía de que el servicio público del agua vaya a funcionar en su colonia, barrio, manzana, calle y casa.

Los goles de la realidad caen y el marcador revela el triunfo de la mala planeación urbana, la pésima administración de los servicios públicos, la inoperancia de querer ver el agua como mercancía y no como un derecho universal de todo ser humano. Las graderías se estremecen ante el triunfo de la realidad sobre la demagogia, elevándose el grito de los usuarios que reclaman seriedad, eficiencia y honestidad.

El equipo del gobierno prepara, mientras tanto, una nueva campaña de relaciones públicas con la finalidad de convencer a los ciudadanos de que el calor, la sudoración y el mal olor se deben a una falta de comunicación entre pueblo y gobierno, la cual se puede resolver si la gente confía en que la falta de agua es más bien un error de apreciación, debiendo, en todo caso, esperar a que llueva, a que las nuevas conexiones funcionen, a que la cosa se resuelva sola, a que sobrevenga una reacción alérgica colectiva que impida percibir olores, o que pase la temporada veraniega o que termine el trienio municipal. Pero el marcador del juego sigue 1-0, a favor de la realidad y perdiendo la demagogia.

jueves, 10 de junio de 2010

Aseguramientos

El día sábado 5 de este mes se conmemoró el primer aniversario de la tragedia de la Guardería ABC, se decretó en la víspera día de luto nacional. Ese mismo día, recibimos la noticia de la muerte del gran pensador Bolívar Echeverría, defensor de la identidad latinoamericana y creador de la teoría del barroquismo latinoamericano como mecanismo de defensa contra el imperialismo. También ocurrió que Felipe Calderón, agazapado en la fecha y en la carga emocional que tiene, inició el cerco de la mina de Cananea para tomarla por asalto al día siguiente, de noche y en fin de semana como acostumbra.

La mina fue asegurada y expulsados los trabajadores de guardia. En Pasta de Conchos, se siguieron los mismos procedimientos, desalojando a los familiares de los mineros fallecidos y jamás rescatados de las entrañas de la mina. El ejército y demás cuerpos policiacos insisten en las virtudes del aseguramiento de personas, bienes, armas y hasta localidades de cualquier parte de la república, lo que ocurre en la norteña Monterrey, en Cananea, o en la sureña Copala o en Pasta de Conchos. El resultado es el mismo: el despliegue de la fuerza pública materializa y documenta la existencia de un gobierno fallido, víctima de sus propias contradicciones entre su existencia constitucional y las labores de represión antidemocrática.

Los eventos de violencia legal que presenciamos con azoro, no se justifican por la oleada del narcotráfico, de la inseguridad pública nacida del desempleo y la pulverización del salario, de las maniobras de criminalización de la resistencia civil a las medidas gubernamentales desafortunadas y hasta imbéciles; ni se explican con argumentaciones circulares en cuyo trasfondo siempre están las políticas económicas dictadas por el Fondo Monetario Internacional de la mano con los intereses militaristas de Estados Unidos.

Los recientes acontecimientos de absurda y decadente violencia nos colocan como nación en la misma tesitura que un país en guerra, al convertirse nuestra frontera norte en un escenario en donde las fuerzas de la ley y el orden imperial matan a golpes a nuestros coterráneos o simplemente los eliminan a balazos, disparando de Estados Unidos a México, como queda documentado con las dos recientes muertes en dos puntos distintos de nuestra frontera. Siempre está presente la figura de un grupo gringo armado contra un mexicano desarmado cuyo papel es el de víctima de un crimen que “se investigará”.

En Cananea se escenifica la cargada del panismo en el poder federal y estatal contra los trabajadores mexicanos, cuya finalidad es la misma que la que inspiró a Calderón a liquidar Luz y Fuerza del Centro y perseguir al sindicato de electricistas. La lucha contra el sindicalismo, la criminalización de la resistencia civil, la generación de condiciones de inestabilidad y rispidez que devienen violencia atribuible a las propias fuerzas de la ley y el orden, permiten suponer que las cosas no son espontaneas ni gratuitas: debe existir un plan, una intención de desestabilizar México y justificar la suspensión de facto de las garantías individuales, y establecer las premisas para que tal excepción se implante por razón de estado.

La parafernalia en torno a la reforma a la ley laboral y la iniciativa de crear una policía estatal que sustituya a las municipales, junto con la ridícula algarabía mediática de la llamada Iniciativa México, convierten al país en una caja de la risa en donde la alienación ciudadana compite con la creciente violencia alentada con cierta precisión intencional. No puede ser gratuita la alianza de Televisa con TV-Azteca sino que sugiere un pacto entre los dos grandes consorcios mediáticos incentivados por la concesión de la fibra óptica birlada del sector eléctrico nacional, con la finalidad de hacerse más ricos incrementando las desigualdades de oportunidades entre los jugadores del espectro radioeléctrico, satelital y similares en la puja de la banda ancha y el triple-play comunicativo, además de sellar el fin de las radios y televisoras comunitarias y los medios que expresan opiniones y formas culturales alternativas. Las generosas concesiones del gobierno a particulares sólo pueden tener como fondo un pacto de silencio mediático en torno a la emergencia de un estado dictatorial de extrema derecha.

Este hipotético estado, tiene necesariamente que eliminar a los actores y opinantes independientes mediante la única receta que saben y que es prescrita por las agencias de inteligencia gringas asentadas ya en territorio nacional: violencia sistemática, que se expresa en forma de operaciones soterradas de eliminación selectiva de elementos “no cooperativos”, criminalización de personas e instituciones contrarias al sistema, generación de un clima de terror e inseguridad que persuada a la sociedad de que la suspensión de garantías es necesaria; centralización del mando policiaco y eliminación de corporaciones municipales, con lo que se viola la constitución al privar al municipio de esa responsabilidad. En este escenario, la desestabilización política, la violencia e inseguridad son vertientes que abonan la toma de posiciones desde el poder central.

El gobierno de Calderón tras el surrealismo de Vicente Fox, se debate entre la ilegitimidad de origen y la que se genera al seguir el mismo camino de entrega a los intereses trasnacionales, de cara a una ciudadanía que lucha por encontrar una nueva definición en el contexto de una crisis global que no encuentra oposición en las estructuras económicas y políticas del país. En este contexto, cabe señalar que el aseguramiento policiaco de las conciencias ciudadanas también pasa por ser operativo necesario en la lucha oficial contra el “crimen organizado”. Sí, en una dictadura, el pensamiento independiente es delito que se persigue de oficio.

viernes, 4 de junio de 2010

Aniversario ABC


5 de junio de 2009, incendio de la guardería ABC: 49 niños muertos y 75 afectados por el siniestro.
A un año de distancia, no hay palabras, sólo lágrimas y rabia sin reposo.

miércoles, 2 de junio de 2010

ABC

El tema de la guardería ABC sigue siendo prioritario en las demandas de solución de un problema legal y moral que trasciende los colores partidistas y llega muy al fondo de las conciencias de todos los ciudadanos, sobre todo de Hermosillo. Las implicaciones del incendio en el que perdieron la vida pequeños inocentes y ajenos a la peligrosidad de una iniciativa privada que invade espacios públicos, y de un gobierno que es dadivoso con el capital para que convierta en mercancía los servicios públicos y la indeclinable obligación del gobierno de proveer lo necesario para el bien común, están en la mesa de las discusiones y en la mente de todos. Las revelaciones que han saltado a las páginas de los medios periodísticos son, por decir lo menos, preocupantes cuando no escandalosas: que pesa sobre los hombros de los médicos una responsabilidad ética irrenunciable que parece contraria a los deseos de las autoridades del IMSS, quienes amenazan a los galenos si dan información a los interesados sobre el verdadero estado de salud de los niños sobrevivientes al incendio de la guardería. La lucha moral entre decir la verdad y ser cómplices de la cortina de silencio cuando no de desinformación, es la batalla que libran en la actualidad los integrantes del personal de salud de la institución que debiera ser la salvaguarda de los derechos sociales de los ciudadanos mexicanos y sus familias.

En el ambiente flotan las palabras del representante de Shriners International, quien afirma que existen pruebas sobradas sobre la negligencia de Estado que pesa sobre las decisiones, los dichos y los hechos de las autoridades de salud nacionales respecto a la atención oportuna y eficiente, con calidad y competencia profesional, que merecen y exigen las pequeñas víctimas del siniestro que por fortuna están vivas, pero con secuelas que pueden ser graves y afectar de manera sustancial su calidad de vida.

A un año del incendio que cobró 49 vidas y la confianza en la seguridad social convertida en mercancía, los ciudadanos exigen justicia, el cuidado profesional y sin regateos de los niños afectados y que el gobierno lo sea para todos, comenzando por reasumir obligaciones y compromisos con los ciudadanos, con la sociedad y no solo con los mercaderes que lucran con las necesidades del pueblo en forma de concesiones impensables en una sociedad civilizada gobernada responsablemente.

Mientras esperamos algún atisbo de humanidad en las autoridades competentes, en apoyo a los niños de la guardería ABC, los transportistas hacen pasar tragos amargos a los usuarios urbanos de Hermosillo, y las horas se hacen más largas cuando se trata del esperar con paciencia de camello filósofo que llegue el día en que el agua nuevamente fluya por la red domiciliaria, calmando las resequedades ambientales y personales y ofreciendo una panorámica acorde a los supuestos del desarrollo citadino, ahora secuestrado por una pandilla de villamelones empresariales a quienes el placer de gobernar parece equiparable al que produce un viaje al extranjero en primera clase. Los medios informan que el agua de los agricultores del Yaqui no se tocará ni con el pétalo de las deshidrataciones hermosillenses, a pesar de que el panista Guillermo Padrés Elías prometió que gobernaría para todos. Del dicho al hecho existe el trecho del agua como patrimonio particular, como botín de guerra y como argumento de chantajes y privilegios a los que, al parecer, cede el gobierno en aras de la perpetuación de cotos de poder de fuerte acento porfiriano.

Al respecto, han circulado las noticias del imperio, y en boca del propio Padrés Elías, los ciudadanos nos damos por enterados de que se buscará la solidaridad de los pueblos “de arriba” del mapa sonorense para lograr el sueño de la ciudad capital: beber agua y bañarse con regularidad. El milagro se lograría gracias al acueducto Independencia, cuyo nombre es, en sí, una ironía. Y lo es precisamente porque la independencia de las decisiones gubernativas queda bastante en entredicho, a juzgar por el fuerte rechazo que tuvo el proyecto de acueducto del Novillo a la ciudad capital, so pretexto de que se le quitaría agua a los agricultores del Valle del yaqui (y que por otra parte, se contó con la generosa disposición de ciertos sectores cajemenses, que no dudaron en apoyar a los hermosillenses en apuros hidráulicos) cuestión de dudosa factura y con el agravante del desperdicio que se supone pudiera evitarse mediante las obras hidráulicas propuestas en el Sonora SI.

Sonora es un estado secuestrado por intereses micro-regionales que están asociados a ciertos apellidos como Bours, Castelo, Gómez del Campo y alguno que otro de parecida prosapia, con lo que la hebra de la guardería nos lleva a otros derroteros igualmente oprobiosos para el estado y que ejemplifican bastante bien las implicaciones prácticas que tiene el permitir que el capital privado incursione en sectores y actividades altamente sensibles para el bienestar de la comunidad. Por lo anterior, resulta imperativo devolver al Estado lo que le corresponde y revertir el impulso privatizador que en nada ha contribuido al progreso de nuestra entidad. Como que ya va siendo tiempo que los empresarios vuelvan a intentar serlo realmente y no solamente beneficiarios del tráfico de influencias y parásitos económicos del gobierno.