Conspiración en Pémex

Notas Sueltas es un espacio de opinión sobre diversos problemas de carácter social, económico y político de interés general. Los comentarios pueden enviarse a: dalmx@yahoo.com

miércoles, 16 de mayo de 2012

Día del maestro 2012

El pasado martes 15 compartí con algunos el siguiente pensamiento:


Ser maestro en estos tiempos de ISO, certificaciones y evaluaciones externas, es un reto a la racionalidad y la paciencia, a la vocación de enseñar e investigar. Es luchar contra la burocratización y la mercantilización del conocimiento, contra la simulación absurda de los "cuerpos académicos", del llenado de informes y la participación forzada en comisiones, encuentros, coloquios, seminarios y congresos, dedicados todos ellos a la cosecha de puntos convertibles en dinero adicional a la quincena.


Ser maestro es enfrentar a la administración desde la trinchera de la academia, en una lucha desigual y sin cuartel, donde no hay tregua y es a muerte, y donde lo que se juega es la libertad y el disfrute del conocimiento contra la oscura pesadilla de la simulación institucionalizada.


Ser maestro es ponerse del lado del estudiante en su búsqueda de la explicación de fenómenos complejos y variables, es acompañarlo en el camino sin fin de la definición profesional y la conformación de su identidad disciplinaria.


Ser maestro es saber navegar contra la corriente sin escandalizar al principiante y servirle de guía en su propia navegación hacia lo que considera auténtico y verdadero.

Felicidades a los que caminan por la ruta del anonimato institucional y, sin embargo, son capaces de dejar huellas luminosas que sirvan de guía a los que vienen detrás.


Por la tarde de ese día, como usted seguramente sabe, se reunieron maestros, estudiantes, egresados, familiares y simples mirones, para participar en una concentración que tuvo por objeto “darle un abrazo a la UNISON” como homenaje y muestra de amor a la institución. La convocatoria fue exitosa y quedó claro el sentimiento que une a muchos de apego, respeto y orgullo. La Universidad de Sonora es, desde 1942, promesa cumplida que se renueva cada año, en beneficio de los sonorenses.

Quizá para usted sea fácilmente entendible ese amor. Quizá lo comparta. Pero es indiscutible que hay quienes permanecen ajenos a la nobleza de los sentimientos de solidaridad y pertenencia hacia la Máxima Casa de estudios de Sonora. Puedo citar al gobierno del Estado y a la propia administración universitaria.

El primero porque ha puesto en su punto más bajo la eficacia administrativa y el manejo político de los asuntos públicos, al no contar todavía la entidad con el presupuesto de este año, lo cual ha ocasionado graves problemas de solvencia y operación de muchas entidades públicas y privadas que tiene relación con los recursos estatales. Lo anterior se debe al absurdo empecinamiento del gobernador por la creación de más impuestos “o no hay aprobación del presupuesto” y que el grupo legislativo panista ha tomado como consigna.

El segundo, porque en vez de defender los intereses de los universitarios ha defendido los del gobierno estatal y federal, en una lamentable tergiversación de lealtades.

Llama la atención que la presunción de seriedad y responsabilidad sirva, en realidad, como maquillaje para confundir a la opinión pública a la hora de explicar las negociaciones entre la administración y el sindicato. Asombra la opacidad en el manejo presupuestal y la falta de acceso a la información financiera universitaria para el sindicato. Maravilla la falta de probidad en el manejo de la información y el sesgo pernicioso que se le da en los medios informativos, siempre a favor de la parte patronal y con un tono de injustificado menosprecio hacia los trabajadores académicos.

Resulta incomprensible que, al mismo tiempo que se declaran los méritos de la Universidad y el prestigio que tiene reconocimiento nacional e internacional de sus académicos, se ataque y condene a su sindicato cuando simplemente cumple con su obligación de defender los intereses de sus agremiados en los períodos de revisión contractual o salarial.

Es absurdo y pavoroso que los profesores sean amenazados con la declaratoria de ilegalidad de la huelga, promovida por la propia administración universitaria, cuando el sindicato cumplió estrictamente con lo que prescribe la ley y cuando se cuentan con todas las evidencias de su cumplimiento. Es indignante que se pretenda privar a los maestros de los salarios que dejaron de percibir en el período de huelga, siendo legal y legítimo que los reciban. Ninguna autoridad puede negar lícitamente ese derecho y menos su ejercicio. Sin embargo, la rectoría usó torpemente el argumento del no pago de salarios caídos como mecanismo de presión para el levantamiento de la huelga, en una oscura transposición de la legalidad que nos remonta a los tiempos del porfiriato.

Por otra parte, ha quedado más que claro el respeto y confianza que muchos estudiantes sienten por sus maestros, y el apoyo y la solidaridad que les brindaron en los momentos álgidos de la huelga. Quizá se pueda hablar de una reconfiguración de la identidad comunitaria en la Universidad, del rescate del sentimiento de pertenencia e identidad, del respeto a la labor docente, de la claridad en la distinción entre lo que es academia y lo que es administración. En la huelga, se pudieron manifestar formas alternativas de hacer docencia, esta vez en valores cívicos, morales, institucionales en el marco de la defensa de los derechos laborales. Queda clara la idea de que la institución son todos, profesores, estudiantes, personal manual y de apoyo, y no sólo la administración. Se ha reafirmado la noción y la certeza de que la administración debe estar al servicio de la academia y no al contrario.

Este 15 de mayo los profesores y estudiantes universitarios “abrazaron a su universidad”. Abrazaron sus afinidades y coincidencias en ese espacio de reflexión y de acción informada donde los seres humanos se comunican con el lenguaje de la ciencia y la tecnología, en el marco del saber disciplinar, con el propósito de trascender los límites del campus e incidir en la transformación de la sociedad. Algo se logró, y no fue poco.

lunes, 14 de mayo de 2012

La ilegalidad institucional y los académicos en lucha


En el oficio de fecha 13 de mayo, en respuesta a la propuesta unificada producto de la asamblea general del STAUS del viernes 11, la administración universitaria representada por el Heriberto Grijalva, contestó al sindicato académico sobre el pago de los salarios caídos como condición del levantamiento de huelga (páginas 2 y 3):

"La Secretaría de Educación Pública (SEP) –de quien dependemos presupuestalmente− le envió a la Universidad de Sonora el oficio No. 219-2/12, en el cual se le informa que la política de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, así como de la SEP, es no otorgar recursos asignados para el pago de los salarios caídos.

"Por lo anterior la Universidad de Sonora no puede comprometerse de antemano al pago de los salarios caídos, pues se requiere gestión ante las instancias mencionadas para que exente por esta ocasión a la Institución de cumplir dicha política.

"La posición institucional es hacer lo que se requiera para que se paguen los salarios caídos, siempre y cuando la huelga se levante en los próximos días. En ese contexto le reitero que consideramos que prolongar el período de huelga pone en riesgo el pago de los salarios de los días no laborados. "


Llama la atención la enajenada forma de abordar este asunto por parte de la máxima representación institucional. Si el rector es el representante legal de la Universidad, ¿por qué manda al cesto de la basura la muy elemental obligación de representar los intereses de la institución ante las instancias de gobierno? ¿Por qué no puede comprometerse “la Universidad de Sonora” a cumplir con un trámite que en mucho depende del estricto cumplimiento de la legislación laboral vigente? ¿Por qué antes trató de ilegalizar la huelga rebuscando alguna falla procesal imputable a los sindicalistas?

¿Por qué las acciones tendientes a proveer lo necesario para la buena marcha de la institución y el trato armonioso entre los miembros de la comunidad universitaria, deben condicionarse a la humillación y negación de una de las partes, al acceder al levantamiento de una huelga legal y legítima, para que sólo entonces el rector se comprometa a hacer el trámite del pago de salarios caídos?

¿Por qué la amenaza de no mover un solo dedo a favor de los trabajadores académicos en una gestión que, por otra parte, es obligatoria para la representación institucional, como condición previa al levantamiento de huelga, según lo dice claramente el artículo 469 de la Ley Federal del Trabajo: “La huelga terminará: (…) II. Si el patrón se allana, en cualquier tiempo, a las peticiones contenidas en el escrito de emplazamiento de huelga y cubre los salarios que hubiesen dejado de percibir los trabajadores”.

¿Desde cuándo la Secretaría de Hacienda o la de Educación, tienen facultades para conculcar un derecho? ¿Cuándo dejó la Universidad de Sonora de tener capacidad para resolver y proveer a la solución de los conflictos laborales entre sus integrantes?

¿Por qué el actual rector actúa como empleado de alguna dependencia de gobierno (a veces parece que estatal, otras aparenta ser federal) y no asume cabalmente las responsabilidades propias de su cargo? ¿Cuándo dejó la Universidad de Sonora de ser una institución autónoma sostenida por el subsidio federal y estatal, para convertirse en parte del sector paraestatal federal, pasando sus trabajadores del apartado “A” al “B” de la Ley Federal del Trabajo? ¿Cuándo se declaró nula la protección laboral de los trabajadores universitarios en materia de salarios caídos? ¿Cuándo se reformó la Ley Federal del Trabajo, cancelando las conquistas históricas de los trabajadores mexicanos?

¿Por qué y con qué facultades el actual rector de la Universidad de Sonora, condiciona el derecho de los trabajadores académicos a recibir los salarios caídos, y lo utiliza como un medio de presión para acelerar el levantamiento de huelga, sin ninguna garantía de cumplimiento a favor de los sindicalistas actualmente en huelga?

La respuesta del actual rector de la Universidad es, por decir lo menos, lamentable. Revela la claudicación de un mandato de solidaridad, de compromiso con la Institución, de respeto a la historia laboral de la UNISON, de pertenencia a una comunidad recia y combativa, justa y democrática y así respetuosa del derecho pero amante de la justicia.

Su respuesta es de muy pequeña densidad humana, universitaria, ciudadana. Es una no-respuesta a un reclamo elemental que es condición legalmente aceptada para el levantamiento de la huelga. Responder así es no responder, es defraudar y traicionar la investidura porque confunde la forma con el contenido de la institucionalidad.

En una institución reconocida y premiada por ser “de excelencia” a alguien se le debe ocurrir pensar que el logro no se debe a la cantidad de edificios con que cuenta, o avisos de rutas de evacuación, o el establecimiento de cámaras de vigilancia, sino al valor, saber y entrega de sus académicos. No luchar por salvaguardar el bienestar de la academia y privilegiar la administración y sus estrecheces es no saber lo que es la Universidad, ni sus funciones, ni sus logros.

La lucha de profesores y estudiantes por la defensa de su universidad continúa, a pesar de ser una institución donde queda claramente demostrada la ausencia de una administración responsable y eficiente.

La huelga y los salarios caídos

Estudiantes y profesores en lucha.
La Ley Federal del Trabajo (LFT) señala en su artículo 469 que la huelga terminará:

"II. Si el patrón se allana, en cualquier tiempo, a las peticiones contenidas en el escrito de emplazamiento a huelga y cubre los salarios que hubiesen dejado de percibir los trabajadores".

Lo anterior deja en claro que la amenaza del rector de la Universidad de Sonora de no pagar salarios caídos, o condicionar su trámite al levantamiento de huelga, es una verdadera babosada. La actual administración de la UNISON, así como su contraparte en el gobierno del Estado de Sonora, han revelado una estatura demasiado corta como para ser aceptable. Su chaparra y torpe visión institucional da motivos de alarma tanto a la comunidad universitaria como a los ciudadanos sonorenses.

Si es cierto que su afirmación tiene como base un oficio de la Secretaría de Hacienda, entonces mal hace en anunciarlo como correcto sin antes investigar la fuente del error, ya que claramente viola la LFT. En todo caso, debió reservarse el comentario y asumir la responsabilidad que tiene para con los trabajadores universitarios y proveer al cumplimiento del pliego de peticiones sindicales y la propia legislación laboral vigente.

La administración universitaria se ha equivocado de palmo a palmo en el tratamiento del actual conflicto laboral, ya que no se ha visto una comprensión real y menos una defensa de los derechos de los académicos en huelga. Se ha puesto oficiosamente del lado de las políticas neoliberales de ataque y calumnia al sindicalismo con la absurda pretensión de desacreditarlo ante la opinión pública, sin lograr más resultado que la revelación de su propia incompetencia.

Los salarios caídos no son una generosa dadiva sino un derecho de los trabajadores, reconocido en la propia ley. La administración universitaria sólo tiene un camino y es el de cumplir con sus obligaciones legales en este conflicto. ¿Qué espera para hacerlo? ¿Por qué quiere prolongar la huelga?



sábado, 12 de mayo de 2012

Salarios caídos

Ahora con la novedad de que la administración de la Universidad de Sonora fustiga a los sindicalistas del STAUS con el petate del muerto salarial. Esgrime que las directrices de la Secretaría de Hacienda son las de no pagar salarios caídos y que, en todo caso, se debe levantar la huelga para hacer las gestiones correspondientes al pago.



Por la víspera se saca el día.
 En su momento el Secretario de Hacienda, Alejandro López Caballero y el Secretario de Gobierno, Romero, declararon que el presupuesto de Sonora iba a ser aprobado quizá en la siguiente legislatura cuando el PAN tenga mayoría legislativa. Para aclarar el punto: “aprueben el presupuesto tal como va o nos esperamos hasta que pasen las elecciones”. También en su momento, el rector de la Universidad y la Secretaria Administrativa de la misma, declararon que los sindicalistas deberían revalorar los ofrecimientos de la institución porque eran serios y finales. Ahora se agrega el no pago de salarios caídos a los argumentos en favor del levantamiento de huelga. Cualquier parecido con la coincidencia es la pura realidad.

De ambos casos surgen las preguntas, ¿por qué tan similares? ¿Por qué tanta inflexibilidad apoyada en decisiones cuya fatídica coincidencia apunta hacia una política de estado contra los trabajadores? ¿Qué intereses más allá de lo electoral animan las acciones del gobierno de Padrés? ¿A quién realmente representa el rector Grijalva? ¿Qué se espera de la Universidad y los universitarios? ¿Por qué se agrede al sindicalismo, no solamente universitario, en el estado de Sonora y en el país?

Se supone que la institución universitaria tiene un programa de gastos donde el pago de salarios está contemplado y no es producto de la generosidad del empleador. Para eso existe la tesorería, los criterios contables, la labor de nómina, de contraloría y todo el aparato que llena sobradamente el enorme edificio que alberga la administración. Son pagos programados de acuerdo a la nómina vigente y que se deben de pagar mientras no exista una causa legal que lo impida.

Durante el período de huelga se entiende que las funciones están paralizadas, pero una vez que se restablecen se debe de cumplir con la obligación de efectuar los pagos programados y no ejercidos hasta la fecha, ya que los recursos no le pertenecen a la institución sino a los trabajadores en nómina. En este sentido, la amenaza de no pagar los salarios retenidos durante el período de huelga es suponer que el movimiento huelguístico es ilegal y, por lo tanto, se descuenta a los trabajadores el monto correspondiente a los días no trabajados. Esto es claramente una sanción patronal contra los académicos que se lanzaron a huelga ejerciendo un derecho consagrado en la legislación laboral vigente.

La suspensión de labores que implica la huelga es legal, ya que se reconoce el derecho de los trabajadores de dejar de hacer las actividades objeto de su contrato precisamente para mejorar las condiciones de trabajo mediante un nuevo acuerdo entre la institución y el sindicato titular del contrato colectivo. Negar este derecho es un verdadero retroceso en las relaciones laborales universitarias y que no se puede interpretar más que como una agresión de parte de la administración hacia el sindicalismo.

Si la Secretaría de Hacienda decreta semejante absurdo, es claro que el gobierno neoliberal panista ha llegado a límites insufribles de intolerancia, de franco asalto a las instituciones de la república y de absoluta negación de las conquistas sociales de la Revolución, de la que siempre han sido enemigos. Lo que asombra en este caso, es la comodona actitud del rector Grijalva, puesto como tapete para que pase la ignominia laboral panista y afecte las relaciones internas de la Universidad.

Queda claro que el actual rector está muy lejos de emprender una defensa digna y sostenida de la autonomía universitaria y del respeto que merecen tanto la institución como sus trabajadores académicos, como en su momento lo hicieran los señores rectores Manuel Rivera Zamudio y Manuel Balcázar Meza, verdaderos impulsores de la vida académica y democrática de la institución y los dos últimos grandes rectores del siglo XX.

Se habla de que la huelga está en un callejón sin salida. Lo cierto es que el movimiento se dio en condiciones desfavorables si se ve desde el empecinamiento de gobierno en salirse con la suya respecto al presupuesto estatal incrementado con nuevos impuestos, lesivos para la economía familiar; también hay declaraciones de legisladores que muestran el rostro necio y antisocial de la diputación panista, no dispuesta a conciliar ni transigir, pero que de alguna manera la situación se puede considerar socialmente favorable debido a que la gente está cobrando conciencia de quiénes son los verdaderos enemigos del pueblo.

La huelga del STAUS ha permitido una relación de respeto y colaboración entre los universitarios y otras organizaciones, y entre profesores y estudiantes que convergen en actividades propias de la lucha social en favor de los derechos laborales y del restablecimiento de la legalidad en Sonora. Mientras que el tejido universitario se reunifica, la relación entre academia y administración se distancia y resquebraja, tal como sucede entre el ciudadano que lucha por su bienestar y quienes representan la ineptitud hecha gobierno.

Lo dramático de la amenaza de no pagar salarios caídos trasciende el daño laboral y pasa al desencanto y la pérdida de confianza hacia una administración que, arrastrada por los supuestos neoliberales, perdió su esencia universitaria. Una dura lección de la que seguramente los universitarios saldrán fortalecidos.

jueves, 10 de mayo de 2012

¡Oh Julia!

Como para cualquier espectador, la tele resulta un lugar común y obligado por los apetitos lúdicos de los consumidores de imagen y sonido comerciales, debidamente empaquetados y ofrecidos por las compañías de primeros auxilios analógicos o digitales, que se convierte en refugio de corazones solitarios, de cerebros al borde de un ataque de conocimientos, de ocupaciones ilusorias y del dolce far niente. El domingo 6 de mayo no fue la excepción.

Normalmente la programación del fin de semana es plana, aburrida, repetitiva, hartante, soporífera, vacua y con un fuerte olor a déjà vu. Las limitadas opciones permiten a las neuronas descansar del trajín cotidiano, mientras que el espíritu tiende a marchitarse y se “achora”, se pone pachucho, tristón, languidece por falta de alimento y cae víctima de feas convulsiones donde la razón juega con los dados cargados de la imaginación. El espectáculo estelar era el “debate” entre los aspirantes a la presidencia de la república y el formato insinuaba una pasarela estática de tipo pavloviano, donde por cada pregunta vendría una respuesta que sería calificada por los medios de comunicación y cuyo testigo de calidad sería el auditorio sentado y expectante.

Con morbosa curiosidad muchos se acodaron en las mesas del comedor, cocina, o simplemente se desparramaron en el sofá, sillones, sillas, cojines o simples adiposidades corporales, con el fin de ver el primer asalto de un encuentro de máscara contra cabellera, donde podría haber insultos, recriminaciones, trapitos ventilados frente a cámaras como en cualquier reality show que se respete. La familia mexicana, llena de emoción y con los colores de su equipo en cuerpo, rostro y corazón, armada de frituras, tacos o comida rápida frente al televisor.

El espectáculo comienza con las palabras introductorias de una moderadora que informa acerca de los misterios del formato, la complejidad del juego de urnas y el orden de participación que en seguida resultó ser más aleatorio de lo que nadie se hubiera imaginado, los detalles del tiempo disponible y la presentación de los temas y subtemas. La introducción pasó rápido como si fuera sensible a su carácter de irrelevante y apareció una monada de mujer, sublime en su porte y con actitud de “hagamos como que no estoy en el escenario pero a que no pueden dejar de verme”: Julia Orayen.

Las miradas siguieron su altivo y sinuoso paso que llenó el escenario donde el telón de fondo eran cuatro personajes divididos en una opción nacionalista y una trilogía neoliberal, que develó al público los misterios del aprendizaje rápido de los lugares comunes, que suelen ser socorridos por la modorra cursilona del teleadicto promedio mexicano. López Obrador proyectó su malestar hacia el modelo neoliberal y la mafia que controla los mecanismos del poder en México; los otros, simplemente fueron variaciones de lo mismo: amenazas privatizadoras y continuismo apátrida.

Pero, no nos distraigamos. La bella actuó como catalizador de la misoginia imperante, de la absurda moralidad que niega lo que se ve y ofrece disculpas por hacerla evidente. La modelo hizo su trabajo y es imposible sostener la acusación de que trivializó lo que es, esencialmente, mediático. Julia, imponente, mostró lo que es la belleza latinoamericana, las maravillas de una juventud que luce lo que tiene, sin diseñadores de imagen, sin discursos acartonados, sin la disonancia entre lo que se es y lo que se quiere ser, sin argüir ser “diferente”, sin arrojar lodo al político desde la política, sin tareas cumplidas de teleprompter. Lució lo que es, a paso firme y con gracia.

Los berridos moralizantes de la parafernalia electoral oficial y los aspavientos del acartonamiento libresco que a veces da en llamarse “progresista”, lograron poner los reflectores de la enorme masa ciudadana en un detalle que bien pudo pasar inadvertido, o ser simple anécdota curiosa en la sobremesa de cualquier hogar mexicano, en el ameno cotorreo de cantina o en la antesala de cualquier dentista: la guapérrima edecán se llama Julia Orayen y es argentina, procede de una familia de exilados políticos y ha trabajado como playmate en la conocida revista del conejito.

El horror de tener contacto con un aspecto del mundo laboral nacional y ese submundo visual que nos divierte a solas, pero que no puede ser reconocido públicamente y menos en ese espectáculo de pornografía política llamado “debate”, llena las gargantas y concita afanes inquisitoriales. La hipocresía en su manual de lo políticamente correcto señala como falta grave a las buenas maneras la insinuación de un pecho femenino bien dotado. Ni qué decir de un vestido que marca el vértigo de las curvas rotundas de una feminidad en pleno uso de sus facultades. Entonces, en el México pitufo, ¿por qué no usan las mujeres en público alguna versión mexicana del burka (o burqa) islámica?

Los alaridos de moralidad onanista hacen pública la negación de la figura femenina, el esplendor de la belleza, la naturalidad de ser lo que se es, a contrapelo con la política basada en las apariencias, los gastos de asesoría de imagen, de diseño, de imposturas en la forma y en el fondo aunque, paradójicamente, los políticos que se disfrazan de progresistas a veces recurren a la defensa de lo que comercialmente se entiende por diversidad sexual, pero no resisten el peso de lo obviamente natural al verlo lucir espléndidamente en un escenario televisivo como fue el debate.

Los comentarios lacrimógenos y pueblerinamente críticos sobre la apariencia de la modelo, contribuyeron a magnificar algo marginal, será porque la sustancia del debate era muy pobre, o irrelevante, o puramente decorativa en una democracia que se muere por no ser, por estar sumida en la apariencia, en el hartazgo, en la modorra del ciudadano que dice no votar porque se ha dado por vencido, apaleado por un sistema que no tiene por qué durar más allá de este sexenio.

Lo natural sería hablar claro, mirar de frente y actuar de acuerdo a nuestras convicciones, a la necesidad de progreso y bienestar nacional. Votemos, entonces, por el cambio.

martes, 8 de mayo de 2012

Debate

El debate es un medio para que los que están impedidos para leer y analizar tengan una idea encapsulada de las opiniones de los candidatos a puestos públicos. También sirve para alimentar el morbo y de manera ligera educar a la gente en el noble deporte de las apariencias conceptuales, el vestuario, las actitudes y el maquillaje. Da la impresión de que se contrastan posiciones políticas respecto a temas torales para la nación bajo la forma de concurso de preguntas y respuestas donde los participantes le “atinan al precio”, aunque sin las pantallas que registran la calificación de su desempeño.


En una democracia patrocinada por empresas vendedoras de frituras, refrescos dietéticos y aparatos electrodomésticos, la imagen de los candidatos funciona como producto que busca posicionarse en los gustos del consumidor, para lo cual se monta el reality show electoral de la temporada. En este esfuerzo concurre el aparato publicitario de cada marca electoral, grupos de asesores, maquillistas y funcionarios de las diversas dependencias que abierta o discretamente tienen que ver con el asunto, así como agencias de edecanes y el aparato de seguridad cuyas dimensiones son inversamente proporcionales a la trascendencia de los pronunciamientos afanosamente ensayados en los días y horas previos. Muchos millones de pesos entran en juego.

En casa, cómodamente instalados en la sala o en la cocina, la familia mexicana promedio alucina frente al televisor, en un sueño democrático sin cortes comerciales pero que en la intimidad del hogar puede estar salpicado de botanas, bebidas ambarinas y emoción futbolera. Las referencias están claras y la atención puesta en el discurso del oponente a la caza del gazapo, del temblor de manos, de ojos, de voz, de ideas. Somos escrutadores de una asamblea deliberativa virtualizada que no concluye tras las dos horas programadas, porque siempre buscamos un “plus”, un espacio de comentarios de gentes con nombre y figura que podrán actuar como criterio sustituto del nuestro, como extensión de nuestra conciencia y como facilitadores de ese punto de vista que todo ciudadano cree necesitar en estos casos porque, ¿qué seríamos si no los tuviéramos para que piensen por nosotros?

En el debate del domingo 6 de mayo, las opciones eran ideológicamente dos: tres candidatos de la derecha encaramada en las ideas y recetas del neoliberalismo de hace 30 años que repuntaron en los años 90 y 2000, para alcanzar su descrédito en los últimos seis años, y la posibilidad de cambio, de rescate nacional, lo que no disuadió a muchos de estar pegados al televisor para atestiguar el acto donde estarían en el mismo tiempo y lugar los cuatro representantes de esas dos tendencias, de esos dos proyectos nacionales: la continuidad y el cambio. En el primer nicho estaba Peña, Vázquez y Quadri, mientras que en el segundo, López Obrador.

Los espectadores pudieron decir que tal o cual candidato destacó, quedó mejor, se vio más seguro, contestó mejor, es el bueno, lo cual garantiza que seguirán el desenlace el próximo día 10 de junio, fecha del segundo encuentro entre la liga de los Transformers y el Retador tabasqueño. El problema que se le presenta al respetable telespectador es decidir cuál es el más cercano a su umbral de tolerancia política, quién le late, por quién va a apostar su derecho al voto en un juego que le da solamente una oportunidad sexenal de participar. Su boleta es el pase a la civilidad ejercida, a la dimensión electoral de su indignación cotidiana, su oportunidad de ser importante para los que diariamente lo desprecian, ignoran y explotan. Su pase a la sala VIP en el campeonato por el destino nacional. Si usted se queda con las poses y manda a la basura el contenido, quizá vote por Peña Nieto, Josefina o, incluso, Quadri; pero si va por el contenido y el cambio en el futuro de México tendrá que optar por AMLO.

El debate real, el verdadero, se ha estado escenificando en el seno de cada familia desde hace muchos años, cuando su sueldo no le alcanza, cuando las cuentas se vuelven impagables, cuando no hay seguridad en el empleo y el retiro, cuando la oportunidades para los jóvenes se esfuman o surgen en el lado oscuro de las relaciones económicas. Ningún partido neoliberal ha podido dar más que la misma bazofia demagógica de hace casi 30 años. Ni el PRI, ni el PAN ni los partidos satélites del neoliberalismo de guarache podrán ofrecerle y cumplirle algo que difiera de lo que a usted lo ha arruinado, enfermado, amenazado hasta la fecha. Pero usted ciudadano televidente, tiene la palabra en el “vota y gana” de la temporada. ¿A quién le fue?

viernes, 4 de mayo de 2012

Politizar la política

Los deditos acusadores de la derecha pitufa se agitan con frenesí inquisitorial y señalan al sindicalismo universitario, en alianza con el PRI, como el culpable de que el pueblo sepa que es la fracción parlamentaria del PAN la que está saboteando los intentos de sacar adelante el presupuesto de Sonora 2012 y, por ende, los recursos necesarios para levantar la huelga en la UNISON.


Según la nota de Expreso (4/05/2012, pág. 3A), el coordinador de la camada pitufa en el Congreso del Estado, David Secundino Galván, denunció que el PRI y el sindicato de académicos universitarios en huelga “se pusieron de acuerdo para perjudicar la imagen de la fracción parlamentaria del PAN y utilizan la huelga de la UNISON como ‘bandera’ política”, y expresó quejumbroso, “me preocupa que el PRI esté metiendo las manos en el conflicto, que traten de generar una desestabilización en Sonora, es una evidencia clara de que el PRI y el Staus están tratando de que no haya solución en el conflicto de la Universidad.”

La pintoresca declaración de don Secundino no parece estar conectada con la realidad que ha vivido el Congreso y el pueblo de Sonora, cuando por excesos en la obediencia política que sienten deberle al señor gobernador Padrés, los diputados panistas han dejado de asistir a las sesiones del órgano legislativo y se han negado tercamente en tocar el punto del presupuesto en el orden del día de las sesiones.

Perece ignorar don Secundino que, a estas alturas, todo mundo sabe que el señor Padrés se emberrinchó porque su propuesta de presupuesto que contenía alzas en los impuestos no fue aceptada por el resto de las fracciones parlamentarias, y que solamente su partido, el PAN, estuvo a favor de aumentar la carga impositiva de las familias sonorenses. Pretende ignorar que el Secretario de Hacienda de ese momento, Alejandro López Caballero (actual candidato pitufo a la alcaldía hermosillense) fue quien les escupió en la cara a los diputados opositores, “pues háganle como quieran”, y el diálogo entre gobierno y diputados se dio por terminado e inició una guerra de desgaste entre los panistas y el resto del Congreso.

Don Secundino acusa al STAUS de “ponerse de acuerdo” con el PRI, siendo que el sindicato académico varias veces invitó a los diputados de las distintas fracciones parlamentarias a reunirse y discutir de frente el tema del presupuesto, y que en las reuniones, debidamente publicitadas, solamente se tuvo la asistencia y disposición al diálogo por parte de dos integrantes de la bancada de ese partido, y en congruencia con el tema convocado, se discutió con ellos, de cara a un auditorio en el que estuvieron profesores, estudiantes y Dossier, el único medio informativo que se dignó asistir.

Siendo como fueron las reuniones abiertas y con acceso a la prensa, no se puede hablar lícita y cuerdamente de un “complot” entre la fracción priista y el sindicato STAUS. Sin embargo, don Secundino hace este señalamiento con furor de ratita rabiosa, que lo mismo miente que calumnia. Para su desgracia, la democracia en las participaciones y lo directo de los argumentos y respuestas vertidos en estas reuniones públicas, están documentados y forman parte de la experiencia de los universitarios en su trato con una autoridad universitaria negada al diálogo y un gobierno que excluye, nulifica y difama a las instituciones pilares de nuestra sociedad, como es la soberanía del Congreso del Estado y la propia institución universitaria, en este caso representada dignamente por sus profesores y estudiantes en lucha.

Lo anterior da claras señales del tamaño de la confusión política que les genera a los panistas toparse con la realidad de un pueblo que exige justamente lo que le corresponde: la aprobación sin dilaciones del presupuesto del Estado de Sonora, actualmente detenido precisamente por la fracción panista, que ahora se llama víctima de un “complot”.

La cínica y viciosa manifestación de incongruencia política es verdaderamente apabullante. Aquí el único complot ha sido el del gobernador Padrés con los diputados del PAN, para impedir la aprobación del presupuesto en tanto no considere los impuestos que el propio Alejandro López Caballero y Padrés en su momento proyectaron.

Es lamentable que un representante popular no lo sea tanto, y que con tanta ligereza acuse a quienes en todo caso son víctimas de su falta de seriedad y respeto republicano. Los académicos de la Universidad de Sonora siguen con su lucha honrando el lema institucional “el saber de mis hijos hará mi grandeza”, porque el maestro luchando también está enseñando. En virtud de los hechos y las palabras: ni un solo voto al PAN.

martes, 1 de mayo de 2012

Sonora y el 1o de mayo de 2012

En Europa, Estados Unidos y buena parte del mundo hispanoamericano, el 1º de mayo es una fecha altamente significativa no sólo por el recuerdo de los mártires de Chicago, no nada más por el hito histórico de la defensa de los derechos de los trabajadores, sino porque ahora el sistema capitalista ha llegado a mostrar su verdadera cara: el mundo convertido en un coto de caza para el capital donde los trabajadores son desechables e irrelevantes para el discurso motivacional que rige las mentes de los gobernantes.


Por poner un ejemplo, en España las organizaciones de trabajadores llenan las calles en protestas que, prometen, durarán hasta que cambie la situación. El gobierno neo-franquista de Mariano Rajoy ha profundizado las diferencias que contribuyó a ampliar el socialismo menguante y traicionero de Rodríguez Zapatero. Sin duda los españoles ejemplifican las consecuencias de votar por la derecha: mayor desempleo, menor capacidad de compra, acceso al crédito, a la educación, a la vivienda, a la seguridad social. Mayor ruina y desesperanza para el pueblo trabajador y sus familias.

En México, las condiciones de precariedad compiten con las de otros países que ahora se dan cuenta de que son periferia de los centros de control financiero internacionales. Como se ve, el desastre económico y humanitario llega a todos los estratos, directa e indirectamente.

En el caso de Sonora, la propaganda oficial llena los medios informativos y nos tratan de convencer de las maravillas de los gobiernos panistas, de los logros presentes y futuros de “los buenos gobiernos del PAN”. La realidad desmiente estas palabras y las coloca en el cesto de la basura electorera. La verdad es que se nos ha mentido sistemáticamente. Las cifras oficiales, por más que se maquillen, no logran ocultar la dimensión del desastre nacional, en materia de empleo de calidad, de ingreso, de cobertura y atención de salud, vivienda, alimentación y educación. Se puede afirmar que estamos ante una nueva década perdida gracias a la incompetencia autocomplaciente de “los buenos gobiernos del PAN”. Una burla sangrienta que ya resulta imperdonable.

Lo más triste es que los derechos laborales conquistados por generaciones de mexicanos y que han ensangrentado en más de una ocasión al país, ahora se ven seriamente comprometidos por el ataque permanente a las organizaciones de trabajadores por parte del gobierno y los medios de comunicación. Un ejemplo claro y reciente lo tenemos en el caso del Sindicato de Trabajadores Académicos de la Universidad de Sonora (STAUS).

El gobierno no sólo ha sido uno de los principales causantes de la huelga sino que ahora trata de ilegitimarla. Todo empezó con la negativa panista de aprobar el Presupuesto del Estado sin los aumentos de impuestos propuestos por el gobernador Padrés, situación que aun padecemos, y en segundo lugar la falta de capacidad y talento político del rector Grijalva, quien se sumó blandamente, por omisión o comisión, a la política de linchamiento sindical del panismo en el poder. Ante el grave escenario generado, sería deseable una si quiera tardía rectificación del representante institucional, aunque para esto se requiere verdadera conciencia e identidad universitaria y, sobre todo, valor civil.

El sindicalismo y los estudiantes democráticos que apoyan a sus maestros, están entrando en una etapa en donde las convergencias políticas sólo pueden ser favorables al movimiento. La lucha emprendida por los universitarios es la de los trabajadores del país, y del mundo. Algo tiene, por tanto, de universal el reclamo que el sindicato hace al gobernador Padrés: cumpla con su deber constitucional y respete los derechos laborales de los universitarios.

Sin embargo, los diputados panistas y el Ejecutivo estatal declaran que trabajan en una ley que permita “eliminar de una vez el problema de las huelgas universitarias”. El único ordenamiento legal que puede dar ese resultado es el que la Universidad recupere el impuesto especial que hace poco más de tres décadas era la base de su financiamiento, y que sea la educación realmente una prioridad en el desarrollo del Estado. No es posible pensar en que un gobierno que golpea los derechos laborales sea un “buen gobierno” y, consecuentemente, no podrá haber una ley justa si ésta pasa por encima de los derechos adquiridos en la historia laboral de México y Sonora que, por cierto, son universales.

La lucha continúa, con el apoyo cada vez más evidente de otros sindicatos y organizaciones laborales y sociales. Sin duda este 1º de mayo se verá reflejado en la conciencia de los trabajadores del mundo, y los sindicalistas universitarios de Sonora ya dijeron “¡Presente!” en la lista de los constructores internacionales de una nueva sociedad, más justa e incluyente; humana, profundamente humana.