Conspiración en Pémex

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miércoles, 16 de mayo de 2012

Día del maestro 2012

El pasado martes 15 compartí con algunos el siguiente pensamiento:


Ser maestro en estos tiempos de ISO, certificaciones y evaluaciones externas, es un reto a la racionalidad y la paciencia, a la vocación de enseñar e investigar. Es luchar contra la burocratización y la mercantilización del conocimiento, contra la simulación absurda de los "cuerpos académicos", del llenado de informes y la participación forzada en comisiones, encuentros, coloquios, seminarios y congresos, dedicados todos ellos a la cosecha de puntos convertibles en dinero adicional a la quincena.


Ser maestro es enfrentar a la administración desde la trinchera de la academia, en una lucha desigual y sin cuartel, donde no hay tregua y es a muerte, y donde lo que se juega es la libertad y el disfrute del conocimiento contra la oscura pesadilla de la simulación institucionalizada.


Ser maestro es ponerse del lado del estudiante en su búsqueda de la explicación de fenómenos complejos y variables, es acompañarlo en el camino sin fin de la definición profesional y la conformación de su identidad disciplinaria.


Ser maestro es saber navegar contra la corriente sin escandalizar al principiante y servirle de guía en su propia navegación hacia lo que considera auténtico y verdadero.

Felicidades a los que caminan por la ruta del anonimato institucional y, sin embargo, son capaces de dejar huellas luminosas que sirvan de guía a los que vienen detrás.


Por la tarde de ese día, como usted seguramente sabe, se reunieron maestros, estudiantes, egresados, familiares y simples mirones, para participar en una concentración que tuvo por objeto “darle un abrazo a la UNISON” como homenaje y muestra de amor a la institución. La convocatoria fue exitosa y quedó claro el sentimiento que une a muchos de apego, respeto y orgullo. La Universidad de Sonora es, desde 1942, promesa cumplida que se renueva cada año, en beneficio de los sonorenses.

Quizá para usted sea fácilmente entendible ese amor. Quizá lo comparta. Pero es indiscutible que hay quienes permanecen ajenos a la nobleza de los sentimientos de solidaridad y pertenencia hacia la Máxima Casa de estudios de Sonora. Puedo citar al gobierno del Estado y a la propia administración universitaria.

El primero porque ha puesto en su punto más bajo la eficacia administrativa y el manejo político de los asuntos públicos, al no contar todavía la entidad con el presupuesto de este año, lo cual ha ocasionado graves problemas de solvencia y operación de muchas entidades públicas y privadas que tiene relación con los recursos estatales. Lo anterior se debe al absurdo empecinamiento del gobernador por la creación de más impuestos “o no hay aprobación del presupuesto” y que el grupo legislativo panista ha tomado como consigna.

El segundo, porque en vez de defender los intereses de los universitarios ha defendido los del gobierno estatal y federal, en una lamentable tergiversación de lealtades.

Llama la atención que la presunción de seriedad y responsabilidad sirva, en realidad, como maquillaje para confundir a la opinión pública a la hora de explicar las negociaciones entre la administración y el sindicato. Asombra la opacidad en el manejo presupuestal y la falta de acceso a la información financiera universitaria para el sindicato. Maravilla la falta de probidad en el manejo de la información y el sesgo pernicioso que se le da en los medios informativos, siempre a favor de la parte patronal y con un tono de injustificado menosprecio hacia los trabajadores académicos.

Resulta incomprensible que, al mismo tiempo que se declaran los méritos de la Universidad y el prestigio que tiene reconocimiento nacional e internacional de sus académicos, se ataque y condene a su sindicato cuando simplemente cumple con su obligación de defender los intereses de sus agremiados en los períodos de revisión contractual o salarial.

Es absurdo y pavoroso que los profesores sean amenazados con la declaratoria de ilegalidad de la huelga, promovida por la propia administración universitaria, cuando el sindicato cumplió estrictamente con lo que prescribe la ley y cuando se cuentan con todas las evidencias de su cumplimiento. Es indignante que se pretenda privar a los maestros de los salarios que dejaron de percibir en el período de huelga, siendo legal y legítimo que los reciban. Ninguna autoridad puede negar lícitamente ese derecho y menos su ejercicio. Sin embargo, la rectoría usó torpemente el argumento del no pago de salarios caídos como mecanismo de presión para el levantamiento de la huelga, en una oscura transposición de la legalidad que nos remonta a los tiempos del porfiriato.

Por otra parte, ha quedado más que claro el respeto y confianza que muchos estudiantes sienten por sus maestros, y el apoyo y la solidaridad que les brindaron en los momentos álgidos de la huelga. Quizá se pueda hablar de una reconfiguración de la identidad comunitaria en la Universidad, del rescate del sentimiento de pertenencia e identidad, del respeto a la labor docente, de la claridad en la distinción entre lo que es academia y lo que es administración. En la huelga, se pudieron manifestar formas alternativas de hacer docencia, esta vez en valores cívicos, morales, institucionales en el marco de la defensa de los derechos laborales. Queda clara la idea de que la institución son todos, profesores, estudiantes, personal manual y de apoyo, y no sólo la administración. Se ha reafirmado la noción y la certeza de que la administración debe estar al servicio de la academia y no al contrario.

Este 15 de mayo los profesores y estudiantes universitarios “abrazaron a su universidad”. Abrazaron sus afinidades y coincidencias en ese espacio de reflexión y de acción informada donde los seres humanos se comunican con el lenguaje de la ciencia y la tecnología, en el marco del saber disciplinar, con el propósito de trascender los límites del campus e incidir en la transformación de la sociedad. Algo se logró, y no fue poco.

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