Conspiración en Pémex

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domingo, 30 de mayo de 2010

Hermosillo Flash

El titular de SIDUR, dependencia gubernamental que se dedica a la infraestructura urbana y asuntos conexos, José Inés Palafox, declaró ufano (según reportan medios periodísticos) que estaba que se las pelaba por tirar al icono hermosillense Hermosillo Flash, empresa de comunicación electrónica que fundó Alfonso Gómez Torres, periodista de profundas raíces en el imaginario deportivo sonorense y, hace 30 años, vanguardista en medios de comunicación. Curiosa urgencia de parte de un funcionario público cuya misión no es la de hacer declaraciones que permitan suponer un interés personal en las acciones de demolición de edificios o estructuras, sino de cumplir con la ley de la materia sin distingos ni disimulos.

Queda claro que pizarra electrónica de Gómez Torres (que fue un monumento ubicado en la confluencia de los bulevares Rodríguez y Luis Encinas, visible para todos cuantos cruzaban ese espacio entre el Museo y Biblioteca, la Universidad de Sonora, el periódico Expreso, el monumento al caballero De Anza y los añadidos que la memoria de usted guste agregar), formaba parte del Hermosillo que todos, propios y extraños, recuerdan y añoran. Con la demolición de este medio de comunicación electrónica, caen también muchos recuerdos, anécdotas, pero sobre todo, cae la confianza en las negociaciones que se emprenden entre particulares y el gobierno estatal y municipal.

Si Gómez Torres había negociado la reubicación de su pizarra, ¿por qué de noche y por sorpresa se demuele? El jueves 27 iniciaron los trabajos de picota y maquinaria pesada, lo que permite sospechar que se trata de un golpe de mano gubernamental ante la incomodidad de negociar con un particular que se sabía amparado por el derecho de concesión por 90 años. Hoy sábado, sólo quedan algunas leves huellas de lo que fue. Así las cosas, se puede suponer que tras la demolición y el gusto manifestado por José Inés Palafox por efectuarla, se encuentra un acto arbitrario.

Estas dudas o supuestos inquietantes para los ciudadanos deben aclararse a plena satisfacción, porque no se puede gobernar dictatorialmente, con medidas que sean cuestionables, con la sombra de la ilegalidad o, de plano, la prepotente arbitrariedad de un gobierno que no reconoce derechos adquiridos y que, de un plumazo, declara nulos los acuerdos tomados por otras administraciones.

Lo anterior constituye una mancha en la gestión del presidente municipal y, desde luego, de la dependencia estatal ejecutora de un atentado contra la libertad de expresión, hasta que no se demuestre lo contrario.

Muchos universitarios recuerdan cómo el Hermosillo Flash les resolvía el problema de la hora, de la temperatura ambiente, de las últimas noticias locales, nacionales e internacionales, de las ofertas de bienes y servicios, de los obituarios, de muchas de las pequeñas y grandes cosas que daban sentido y dirección al acontecer de nuestra comunidad. La pizarra electrónica cercana a la Universidad de Sonora, registraba puntual y cotidianamente el latido del corazón hermosillense, enlazando las múltiples dimensiones de nuestra vida cotidiana.

La comunidad hermosillense debe sentirse extrañada y ofendida ante lo que puede constituir un acto de autoridad irreflexivo y, a todas luces, evitable. Cabe reconocer que el progreso implica cambios, pero esos cambios deben ser consensuados, concertados entre particulares y gobierno en aras del bien común, de la armonía social que debe reinar al amparo del derecho y la justicia. Ningún acto de autoridad se justifica cuando afecta el derecho de particulares que ejercen alguna ocupación u oficio de manera legal y legítima, y es por eso que el municipio y el propio gobierno del Estado deben aclarar, explicar y justificar plenamente el acto presumiblemente vandálico cuando no arbitrario que perpetraron contra el Hermosillo Flash y los intereses de su propietario y administrador Eduardo Gómez Torres.

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