Conspiración en Pémex

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miércoles, 14 de octubre de 2009

Obama de Hamelin



La noticia de que el presidente Obama ganó el Premio Nobel de la Paz cayó como la manzana de Newton en la cabeza de algunos, reveladora de la ley de gravedad internacional y de las muchas y misteriosas rutas del imperialismo neoliberal.

El presidente de la nación más militarizada del mundo, premiado con el Nobel de la Paz, suena como la recompensa que recibe el gato ante la asamblea de ratones que, víctimas de un ataque colectivo de locura, queman incienso y cantan loas a su verdugo. La naturaleza gringa ha demostrado ser, a lo largo de las relaciones internacionales que históricamente USA ha emprendido, bastante parecida a la del gato que juega con el ratón, que persigue y mata a lagartijas, cucarachas y otros seres dotados de insignificancia armamentista y que son víctimas técnicas o financieras de quienes gozan de la simpatía suficiente como para aparentar ser víctimas cuando en realidad son agresores.

El incienso y las loas dedicadas a quien no ha hecho más que demostrar al mundo su obediencia edulcorada al “destino manifiesto” que la leyenda hecha fabuloso negocio de armas y drogas reafirma en el mundo de los países ricos y los países pobres, también da cuenta de lo mal que se encuentra la autoestima mundial, al premiar el sostenimiento de una política altamente agresiva contra las naciones otrora soberanas de Afganistán, Irak, Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia, por citar unas cuantas, que recientemente y por diversas razones, han figurado en los titulares de prensa, sin dejar de considerar al resto de las naciones que han cedido espacios de libertad y autodeterminación ante el peso del endeudamiento, los apoyos militares y la asesoría técnica en renglones que son alentados de una u otra forma por los propios Estados Unidos.

Como usted puede constatar, la presencia y los intereses de Estados Unidos están ligados a los golpes de Estado que han ocurrido en muchos países de nuestro continente. Asimismo, los intentos de golpe, la instigación y patrocinio de revueltas civiles no pueden estar al margen del aparato manipulador de Washington. Los miles de agentes gringos que pululan en todos los países, las instalaciones más o menos secretas o reservadas que se encubren en membretes anodinos donde no falta la palabra “cooperación”, siguen estando al acecho de la democracia y las libertades de los pueblos soberanos de América, manipulando sectores sociales, gobiernos, medios de comunicación y la vida cotidiana de usted y yo, a través de la magia de la televisión, del cine, de la literatura comercial, que entra por los ojos y termina en la conciencia desprevenida del simple consumidor de ideología.

Si hablamos de economía, muchas de las tribulaciones que padecemos se deben a la ciega obediencia de modelos y compromisos que nunca debieron ser nuestros. Actualmente, la necedad de sostener la insostenible carga del TLC, por ejemplo, ha logrado arrasar con la economía de muchas comunidades y sectores productivos que no pudieron con la competencia extranjera, altamente apoyada política y económicamente mientras que aquí se careció de apoyos y condiciones técnicas y financieras para afrontar las condiciones del tratado de “libre” comercio.

Mientras Obama de los Estados Unidos recibe el premio Nobel, el mundo se debate en la peor crisis de los últimos tiempos. Sin embargo, los tambores de guerra suenan en Afganistán, en Irak, se acercan a Irán y no han dejado de estremecer con su estruendo a Palestina, sigue la injerencia gringa en América Latina continental y Cuba sigue sufriendo el bloqueo criminal que fue decretado por el gobierno que proclama su defensa a la libertad y los derechos humanos, mientras invade, secuestra, tortura, mutila y mata a quienes se oponen y defienden su soberanía nacional e independencia.

El flujo de drogas y armas tiene un origen conocido: los Estados Unidos, el gran corruptor de América y el mundo, y sin embargo, los cultos señores del comité del premio Nobel, demuestran una vez más su torva y abyecta propensión al vasallaje al capital y la ideología genocida que representa, de cualquier manera, el habitante de la Casa Blanca.

Cabría felicitar al presidente Obama por el Nobel de la Paz, porque revela lo que hay detrás del mito, de la apariencia de respetabilidad, de la parafernalia pacifista y del logro científico y humanístico del Premio Nobel: un gusano ideológico que se retuerce en su nicho triunfal de hipocresía y autocomplacencia. La flauta del encantador de ratones finalmente se llevó también, pero ahora por simple y pura maldad, a los niños del pueblo que accedió a escucharlo.

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