En la actualidad, tenemos que, por ejemplo, el Tecnológico de Monterrey se coló hasta la cocina en el diseño de políticas gubernamentales, en la creación, en las supresiones o fusiones de dependencias y en su forma de operar. Sean proyectos de desarrollo industrial o medidas de innovación gubernamental, la iniciativa privada se hace presente con la ramplonería típica del empresariado “administrando” los asuntos públicos.
Llama la atención la sospechosa tendencia a ceder al sector privado espacios que requieren alta tecnología como es la industria aero-espacial, con el consiguiente andamiaje de relaciones internacionales entre gobiernos y empresas que debe establecerse; pero más llamativo resulta la insistencia en convertirlo en protagonista de reformas político-administrativas del gobierno. Tal es el caso del diseño de la policía única, que desde Los Pinos se promueve entre los gobernadores y que los diputados del PAN, se empeñan en favorecer dedicando tiempo para el insistente cabildeo entre presidentes municipales y otros actores involucrados.

El truco de asegurar la disminución de la corrupción si se centraliza el mando policiaco, parece no tomar en cuenta que la policía única solamente centralizaría la corrupción en cada estado de la república, reforzaría el burocratismo y permitiría un alejamiento entre ese mamotreto oficial y el ciudadano que, como cualquier vecino municipal, vería lejana y temible la nueva cara de la privatización hecha gobierno.
Mejor idea sería hablar de coordinación, de mecanismos de comunicación modernos que faciliten el intercambio de información entre las diversas policías de la entidad y la república. No se necesita para nada que desaparezcan las policías municipales, toda vez que hay institutos o academias que forman policías y que bien pudieran, en todo caso, mejorar dicha formación, atendiendo las diferentes especialidades de la fuerza pública y las necesidades de los municipios donde irían a prestar sus servicios. La palabra clave no es centralización sino educación y coordinación.


La consigna panista de la policía única es tan poco afortunada que resulta inconcebible que ponga en manos de instituciones privadas (dedicadas a la formación de un empresariado perdedor y parasitario) el diseño de la seguridad pública estatal y nacional, con total desparpajo, con la irresponsabilidad propia del ignorante en el poder.

El desbarajuste gubernamental es compensado con la publicidad comercial, con la apariencia de honestidad, de eficiencia, de compromiso, mientras que surgen como hongos empresas privadas ligadas a tal o cual programa de la actual administración. Si hablamos de negocios privados a la sombra del cargo público, ¿dónde está la novedad? Probablemente en el cínico desparpajo con que lo hacen.
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