Conspiración en Pémex

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domingo, 11 de julio de 2010

Cuestión de apariencia

Al parecer no será raro, de ahora en adelante, que si usted es un trabajador indocumentado podrá ser notificado de despido fulminante, toda vez que el gobierno encabezado por el nobel de la paz B. Obama, se ha propuesto hacer un ejercicio de transparencia y auditará sistemáticamente a las empresas otrora empleadoras de ilegales, a fin de que eliminen esa fea mancha café de sus nóminas y puedan respirar tranquilas por haber cumplido el patriótico deber de desemplear, que no expulsar ilegales.

El giro humanitario que evita el trauma de la deportación y la separación de padres e hijos, se ve favorecido por la opinión republicana, toda vez que la defensa de la ley SB1070 devino choque, confrontación o ríspida diferencia de matiz entre el demócrata Obama y la republicana Brewer. Al final de cuentas, venció la razón fundada en la discriminación o, si se quiere, el racismo, matizada con la blancura de guante del señor presidente Obama. La ilegalidad se elimina de los campos agrícolas, de las labores artesanales, de los empleos que requieren de cantidades masivas de fuerza de trabajo, aquellos empleos que los nativos no están dispuestos a ocupar.

Las bondades de la medida derivan del hecho de que la conciliación de los intereses republicanos y demócratas crea las condiciones para el establecimiento de acuerdos de mayor alcance. Como recordará, la republicana Brewer recibió con encono la decisión de Washington de impugnar la ley local anti-inmigrante bajo el supuesto de que las medidas racistas y discriminatorias deben provenir del gobierno federal. Arizona se salió aparentemente del huacal al adelantarse legislativamente a Washington, impulsando una medida racista que las buenas conciencias anglosajonas consideraron demasiado cruda como para tragarla. Ahora la cordura ha imperado en Washington y la iniciativa de fiscalizar a las empresas empleadoras evita el enojoso asunto de la publicidad que reciben las redadas.

El problema, que algunos ya señalan, es que los empleos en la cosecha agrícola se ligan a los del empaque, y no habiendo ilegales que realicen la primera fase, sufre la segunda. La medida administrativa, sigilosa, casi a hurtadillas de Obama, tendrá efectos que seguramente serán ampliamente referidos en la prensa: el impacto de la medida anti-inmigrante golpeará a las empresas y, por ende, a la economía agrícola de Estados Unidos.

El truco de las auditorías en las empresas con el fin de eliminar a los trabajadores ilegales, es la nueva amenaza que pesa sobre la economía regional de zonas agrícolas que dependen de la fuerza de trabajo de los jornaleros latinos y asiáticos. Con esta medida Obama se empeña en demostrar que su apariencia bonachona, simpática, de negrito alivianado, es una fachada que se cae a pedazos.

El asiduo manejo de la apariencia de que hacen gala los gringos, alcanza su dimensión más dramática cuando se meten con la posibilidad de juntar el alma con el espinazo de los trabajadores inmigrantes, que no salen de sus tierras por deporte, vagancia, aventura o simple turismo, como se empeña en explicar el neoliberalismo demográfico, sino porque detrás de cada mexicano inmigrante tenemos una historia de adversidad, donde el hambre, la falta de oportunidades y razones para quedarse terminan por ser el combustible que quema sus naves.

Mientras que los gringos le buscan pleito a Irán, sigue la refriega en Afganistán e Iraq, como también persiste en diversas formas en Paquistán, África y en América Latina. Los pretextos son muchos, pero la constante es la expansión militar de Estados Unidos, con su cauda de armamentismo, tráfico de drogas, lavado de dinero, corrupción gubernamental y perversión de valores y costumbres locales.

El nobel de la paz, Barak Obama, demuestra que el color y los antecedentes familiares no son obstáculo para actuar de manera perversa, con la crueldad típica de los gobiernos gringos. Republicanos y demócratas tienen finalmente grandes coincidencias y solamente difieren en los detalles, en la apariencia, en los matices del discurso con que pretende justificar su reiterado ataque contra los derechos humanos, la paz y la vida civilizada del planeta, en beneficios de los negocios del odio y la discriminación.

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