Notas Sueltas es un espacio de opinión sobre diversos problemas de carácter social, económico y político de interés general. Los comentarios pueden enviarse a: jdarredondo@gmail.com

domingo, 14 de marzo de 2010

Los apodos de Calderón


Comparto el siguiente material que circula por la red:


1-¿Por qué le dicen a Calderón, el Misión Imposible?

R.: Porque cada vez que da un mensaje, se autodestruye.

2--¿Por qué le dicen a Calderón, el Redentor?

R.: Porque tiene a 8 millones de arrepentidos.

3--¿Por qué a los Panistas les dicen las focas?

R.: Porque el agua les llega al cuello, pero siguen aplaudiendo.

4--¿Por qué le dicen a Calderón, el Chavo del 80?

R.: Porque es 10 veces más bruto que el Chavo del Ocho.

5--¿Por qué le dicen a Calderón, el embrague?

R.: Porque primero mete la pata, y luego hace los cambios.

6--¿Por qué le dicen a Calderón, la cebra?

R.: Por burro, pero se rayó con el puesto.

7--¿En qué se parece y en qué se diferencia Calderón de Tarzán?

R.: En que los dos están rodeados de animales, con la diferencia de que a Tarzán sí le hacen caso. 8--¿Por qué le dieron a Calderón, dos medallas?

R.: Una por torpe y la otra por si la pierde.

sábado, 6 de marzo de 2010

Sergio Hoyos Ruiz

Ayer por la noche falleció Sergio Hoyos Ruiz, colega, compadre y amigo. Sergio sucumbió a la diabetes que lo aquejaba desde hacía años, a la que no prestó mucha atención. La enfermedad ganó la apuesta y se llevó a nuestro compañero, quien está siendo velado en la funeraria León, donde habrá misa a las 3:30, para ser sepultado a las 4:00 de la tarde de hoy.
Sergio fue un economista cumplido, muy apreciado en su vida profesional en el sector público federal y municipal donde se desempeñó. Como docente universitario tuvo las mejores calificaciones y seguramente las generaciones que tuvieron la fortuna de conocerlo no olvidarán su dedicación, profesionalismo y deseos de servir.
Los años noventa marcan un punto de quiebre en la vida de Sergio, ahora ensombrecida por una problemática familiar que no pudo superar y que lo arrastró al declive de su calidad de vida, su autoestima y su futuro.
Sergio fue un buen hombre víctima de sus circunstancias. Lo recordaremos como el compañero y amigo que fue, siempre generoso, entusiasta y solidario, un buen profesional, pero sobre todo, uno de los grandes nombres de la generación 73-78 de la Escuela de Economía. Descanse en paz.

viernes, 5 de marzo de 2010

De gira






Parece que la criminalidad está de gira por el estado de Sonora, recorriendo las carreteras de sur a norte en un esfuerzo turístico que abre posibilidades infinitas al discurso sobre seguridad pública y que justifica la presencia de soldados, agentes federales y otros cuerpos avezados en el negocio de la represión de tendencias socialmente disruptivas.

De Navojoa a Mazocahui la atención se centra en las carreteras y los que en ella circulan, con bandera de viajeros con negocios particulares así como aquellos que tienen que viajar por encargo de la empresa en que laboran. Los matones dan en disparar a vehículos y viandantes y no escatiman esfuerzos en dedicar su tiempo al despojo, por lo que el supuesto de un Sonora seguro cae por tierra una vez más y, en esta ocasión, demuestra lo riesgoso que es viajar por los caminos de la entidad.

Habrá, desde luego, quienes reclamen seguridad para los viajantes; que decidan que Sonora estaría mejor en una especie de estado de sitio producto del terror que genera la presencia de armas de grueso calibre en manos de facinerosos; se puede afirmar que un orificio de bala en el cuerpo no mejora el optimismo de vivir en un “nuevo Sonora”, cargado de miserias acumuladas en el ciclo neoliberal que produce lo mismo muertes de niños en guardería como siembras de transgénicos aparejadas a la eliminación sistemática de la agricultura comunitaria y la producción eventual de empleo chatarra. Al contrario, la sanguinolenta amenaza que lanza el crimen carretero se suma a la del crimen urbano, a la depauperación que se pasea por las calles y plazas de la ciudad capital, a la indefensión ciudadana ante el cobro desmesurado de bienes y servicios, ante la creciente certidumbre de que el sueldo es de una magnitud más psicológica que económica que sus efectos paliativos duran sólo el instante en que lo recibimos, para evaporarse en medio de la realidad de cuentas por pagar, carencias objetivadas en la cada vez más grande diferencia entre lo que recibimos y lo que necesitamos.

La idea siniestra del gobierno fallido llega a las goteras de la ciudad de Hermosillo, como llega a las principales ciudades de la entidad, cargada de añoranzas de aquel futuro pletórico de bienaventuranzas que nos regala el discurso triunfalista del inicio de cualquier gobierno: lo federal, estatal y municipal tienen el mismo tono azulado que adquieren los cuerpos a bajas temperaturas, producto de las largas estancias en casas y oficinas refrigeradas, al margen de la realidad que, en nuestro caso, promete deshidrataciones e insolaciones al simple ciudadano de a pie. Así las cosas, el problema del agua es el problema de una irrealidad estructural que no toma en cuenta las condiciones geográficas de la entidad, que insiste en llamar a inversionistas cuando el agua es un bien escaso y debe privilegiarse al ser humano en el criterio de distribución del líquido.

Desde luego que el mantra neoclásico de considerar mercancía a cualquier cosa que exista con utilidad reconocida por la demanda en la lógica del mercado, se lleva entre las patas al agua, líquido vital que en cualquier país civilizado debiera considerar su acceso como un derecho. De ahí que el consejo ciudadano que se apareja a Agua de Hermosillo, insista con ramplonería simplista de que se cobre con rigor fenicio al consumidor, como si el consumo del agua potable se hiciera con el mismo criterio hedonista que un whisky con soda o un six-pack de ambarinas. Tal supuesto recuerda con claridad aquella anécdota en donde la emperatriz recomienda que el pueblo, que no tiene pan para comer, en todo caso consuma pasteles. Sin embargo, los señores consejeros integrantes de la iniciativa privada, no objetan el uso que las empresas nacionales y trasnacionales hacen del bien, que siendo escaso, debiera consumirse con discreción a la par que con equidad y sentido de humana solidaridad.

Antes de volver al asunto de la criminalidad en carretera, le propongo pensar en la solución de problema del agua potable en Hermosillo, desde estas coordenadas: si se privilegiara el consumo domiciliario familiar, el agua que va a las empresas asentadas en el parque industrial y otros sectores concentradores de actividad comercial, pudiera provenir de fuentes distintas a las tradicionales, por ejemplo, de plantas tratadoras e incluso desaladoras, bajo el supuesto de que las empresas tiene mayor capacidad de pago que las familias y pudieran pagar los costos del fluido producido con la tecnología aplicada. Así se dejaría a las familias el disfrute del líquido proveniente de las fuentes sin aplicaciones tecnológicas que encarecerían el consumo.

En segundo lugar, el gobierno pudiera emprender una campaña sistemática de ahorro y prevención de fugas, aplicando no sólo acciones de monitoreo y reparación de daños, sino sustitución de materiales y mejoramiento técnico del servicio. A lo anterior se agregaría una campaña permanente de información y convencimiento ciudadano sobre el cuidado del agua y la responsabilidad de cuidar su consumo y de contribuir al mejoramiento del servicio, lo que incluye el pago del estado de cuenta del consumo. La amenaza del corte del servicio, atenta contra los derechos humanos, agrede al ciudadano en situación de precariedad económica y compromete seriamente su salud. Violenta la vida comunitaria y margina a quienes no tienen capacidad de pago de un servicio que es absolutamente indispensable. Cortarle el agua a una familia es criminal.

Pero, volviendo a las carreteras sonorenses, los atracos que se perpetran no deben ser motivo más que de una mayor actividad de las policías, de un mayor cuidado y vigilancia en las vías de comunicación, nunca un pretexto para recrudecer y justificar los mecanismos de represión de que puede ser capaz un gobierno desesperadamente incompetente. Conviene recordar que el auge de la criminalidad responde a la caída de la economía familiar, al desempleo, al atraso y la marginación. La bola sigue estando del lado de la cancha gubernamental. ¿Qué medidas para la recuperación del empleo y el ingreso se están implementando? Y ahora, ¿cortar el agua? Ni hablar.

Le recuerdo la huelga general planteada por el SME, la impunidad que existe en el caso de la guardería ABC, la amenaza que se cierne sobre los mineros de Cananea y el derecho que tenemos a disentir y optar, cuando es necesario, por la desobediencia civil.

lunes, 1 de marzo de 2010

Carlos Montemayor


La madrugada del domingo 28 de febrero cerró el tiempo en la tierra del hombre que puso sus empeños en la defensa de los derechos de los indígenas, en la difusión de la cultura y en las luchas sociales contra la depredación neoliberal y la creciente indiferencia del pueblo ante la recolonización trasnacional. La narrativa, la poesía, el ensayo, el canto, fueron algunas de las dimensiones en las que Carlos Montemayor, chihuahuense nacido en Parral, trabajó con incansable afán.

Su muerte llega en el momento en que llegan las noticias de los cientos de muertes en Chile, el estado de sitio afincado en la indefensión de Haití, la gira de Hillary Clinton, secretaria de estado de Obama, que visita la América Latina para paliar los efectos de la toma de conciencia expresada en Cancún, Quintana Roo, y que amenaza emprender una nueva forma de organización internacional que rescate identidad, recursos e intereses de los nativos de estas tierras, dejando fuera la presencia de Estados Unidos y Canadá. La nueva organización de estados latinoamericanos dejaría claramente sentado que nosotros somos uno y muchos y que nuestros derechos se pueden reivindicar con la unidad y la solidaridad, hasta ahora influida y distorsionada por el imperio que la señora Clinton representa.

Carlos Montemayor fue un decidido defensor de los derechos indígenas y vio con ojos esperanzados la organización surgida en la selva de Chiapas, estuvo en apoyo de los campesinos de Guerrero, así como también fue solidario defensor de los vascos prisioneros en el Reclusorio Norte del DF en 2004, abogado siempre de las causas libertarias y del rescate de la dignidad de los humildes. Navegó contra la corriente dominante y supo hacerlo con la frente en alto, sin oportunismos coyunturales, con honestidad ejemplar.

La patria, como ya lo han expresado acertadamente algunos medios, recogiendo las expresiones de intelectuales, luchadores sociales, familiares y amigos, pierde a un hombre cabal, en este momento indispensable.

Hasta siempre, don Carlos Montemayor. Se lleva la gratitud de muchos, dejando un ejemplo que une y vivifica.

sábado, 27 de febrero de 2010

Que renuncie



Como se sabe, cada vez son más los mexicanos que piden a grito en cuello que renuncie Calderón. Por más que los gobiernos estatales y municipales panistas se dan a la tarea de ocultar o eliminar mantas, cartulinas, pintas, letreros y otras manifestaciones del arte alternativo de decir lo que se piensa, la ciudadanía se empeña en que el país deje de simular que confía en las facultades políticas y mentales del hombrecillo de los Pinos, para conducir lo que queda del México que amamos.

La pertinaz acción desmanteladora de la nación iniciada en los 80 por el neoliberalismo y recrudecido por el salinato en los trágicos 90, cobra dimensiones épicas en lo que va del siglo XXI. Los restos de la sobriedad republicana lanzan sus penas al viento en boca de una población cada vez más depauperada, precarista e indigente, cada vez más harta de promesas simplonas dichas con el desgano de una mente sin anclaje en la nacionalidad y sus misterios, pero con los ojos puestos en los deseos y expectativas de Norteamérica.

La feroz embestida contra el sindicalismo independiente, contra las empresas nacionales, contra las reservas de la biósfera, contra la propiedad soberana del pueblo mexicano de las aguas y los recursos naturales, contra la soberanía nacional respecto a las prácticas y decisiones judiciales, militares, legislativas y administrativas, a favor de la creación e influencia de los lobbies empresariales y su cauda de exacciones legaloides, justifican más allá de toda duda la exigencia de la renuncia del espurio titular del Ejecutivo Federal.

El pueblo mexicano, sea del partido que sea, no puede ignorar la realidad que le golpea el bolsillo y la seguridad: la economía, la administración, la política y la justicia están hechas un asco; son un remedo de lo que alguna vez fueron y eso duele. En consecuencia, el reclamo de mejoras sustanciales en estos renglones no puede ni debe tomarse como actos desproporcionados y maliciosos, sino como elementales pasos hacia la recuperación de la dignidad nacional, como punto de partida para el verdadero cambio a favor de todos.

Ante el colapso nacional, ¡que renuncie Calderón!

sábado, 20 de febrero de 2010

Calderonícola






El habitante del México contemporáneo nace, crece, se reproduce y muere en medio del basural histórico de una nación frustrada en sus intentos de aparentar una existencia libre e independiente. La salinidad neoliberal recorre las entrañas nacionales y contamina la savia vital del desarrollo y deforma y pervierte tanto el discurso como la práctica cotidiana del vivir y del actuar: somos, los mexicanos, una caricatura concebida por una mente trasnacional y plasmada en papel higiénico, para consumo y deleite del inodoro en que se ha convertido el futuro nacional, merced a los pujos expansionistas de Gringolandia en el paroxismo de una hegemonía megalómana que cuenta con corifeos de este lado del alambre, y (lo más grave) la creciente insensibilidad generacional hacia los imperativos de la patria y el buen gobierno nacional.

Los sucesos de Juárez y los que ocurren en Oaxaca, en aparente inconexión por sus manifestaciones externas, sin embargo tienen en común la desconexión entre el discurso y la práctica real y concreta de darle vuelta al calcetín nacional para aparentar el cambio tan deseado y ahora como ayer tan temido por el neoliberalismo de huarache: las masas, el pueblo llano, deben estar a prudente distancia de los que toman decisiones de trascendencia interplanetaria, de importancia francamente por encima de la compresión media del mexicano enanizado tras cinco gobiernos cooperadores con la expoliación nacional emprendida con fervor puritano por el Tío Sam y los representantes de la nueva conquista mexicana encarnada en las empresas bancarias y energéticas, más las que presumen de saber cómo manejar el agua y sus charquitos. México es, hablando claro, el campo de exterminio de la inteligencia, habida cuenta la cancelación de la política y la economía como manifestaciones racionales de una humanidad dispuesta y capaz de sobrevivir y mejorar sus condiciones de vida.

En un país donde el reloj del progreso se detuvo, la cháchara futbolera relata el sentimiento de invalidez que se comparte a regañadientes, que plantea la fuga de talentos como experiencia salvadora y que entierra la bandera ante la incapacidad de enarbolarla con orgullo legítimo. El ejército sustituye a las policías y la masculinidad que otrora se exageraba en la caricatura conductual del machismo, ahora navega por las enervantes aguas de un afeminamiento cosmético sin ser ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario. El hombre y la mujer cabales requieren un país cabal para desarrollarse y prosperar. En tiempos de crisis los sucedáneos son los que marcan la pauta ante la pérdida de autenticidad, ante la carencia de rumbo y propósitos trascendentes, ante la claudicación como conducta políticamente correcta. México es hoy el terreno más fértil para las farsas y los farsantes, pero no por ello se vale el abandono comodón y la diatriba facilona e inconsecuente que tira la piedra y pone distancia. Sí, tenemos un problema y el reto es resolverlo.

Como usted sabe, nuevamente es Cananea el escenario donde se confronta la ignominia disfrazada de iniciativa privada y gobierno cómplice. La lucha sigue siendo por la dignidad, por el respeto a los derechos históricos de los trabajadores, de cara a los abusos del empresariado apátrida que usa y abusa de las instituciones de la república en la etapa del empanizamiento neoliberal. Si cien años son la medida de las frustraciones revolucionarias, de lo que pudo haber sido y no fue, doscientos son un universo en el marco de la dependencia y el atraso. Ayer, Cananea resistió el babeante extranjerismo porfiriano y el abuso del poder, dando ideólogos, mártires y ejemplo nacional de lucha reivindicatoria de derechos conculcados; ahora, resiste nuevamente la agresión neoliberal de un gobierno que renunció, desde la década de los ochenta, pero sobre todo desde los años noventa, a cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes que de ella emanen.

Los trabajadores mineros, electricistas, docentes, campesinos, empleados públicos y privados, pequeños y medianos empresarios e independientes, son la otra cara de la moneda nacional, la que permanece oculta tras el telón de fondo de una farsa perpetrada contra el trabajo por parte del capital trasnacional y trasnacionalizante; la que soporta el peso de la crisis, de las depresiones económicas, de los períodos recesivos, y es la que paga con sus impuestos el funcionamiento del aparato que la oprime y sangra con terquedad sistémica. En consecuencia, el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), convoca a una huelga general en marzo, a una gran e indudable manifestación de desobediencia civil, para llamar la atención sobre el desmantelamiento y entrega del sector energético a manos de extranjeros, sobre la agresión constante que sufre el sindicalismo nacional y sobre la amenaza que pende sobre las cabezas de los trabajadores mineros de Cananea, al permanecer la ciudad y mineral en estado de sitio por parte del espuriato calderonista.

México y Sonora tienen una oportunidad de recomponer las cosas, de restablecer el tejido social y fomentar realmente el desarrollo nacional, como lo señala el artículo 25 constitucional. Pero para ello se necesita gobierno, y no hay. Solamente deambula por Los Pinos y las páginas de la prensa internacional, en medio de fuerte aparato de seguridad, esa minúscula entidad calderonícola, de esencia microbiana, perdida en el discurso y en los márgenes espirituosos de una realidad tan embotellada como los mensajes que se lanzan al mar como tributo al azar, a la eventualidad de que alguien, en algún lugar, en algún momento, explore su contenido sin crítica, sin importarle, sin nada que agregar.

Apoyemos a Cananea, cuna de la revolución social y política del México moderno, e iniciemos la recuperación de nuestra dignidad nacional.

sábado, 13 de febrero de 2010

Una de vaqueros

La aburrida temporada de asesinatos sanguinolentos, decapitaciones, asaltos a mano armada, mentadas de madre y exhibiciones impúdicas de lengua y dedo medio de una u otra mano, se ven complementadas de una nueva forma de agresión, esta vez terrible, siniestra y desconcertante: la vacunación masiva contra la gripe AH1N1.

Las autoridades y los merolicos radiofónicos insisten en la urgencia de que la gente preste su extremidad superior de su preferencia para que algún autorizado miembro del personal de salud se lo pinche, con la promesa de que no caerá en medio de espumarajos y presa de horribles convulsiones, cuando no víctima de un deterioro creciente e irreversible de su sistema nervioso que lo llevará a la muerte por estupidez sistémica.

La urgencia de las autoridades de salud orbita en torno a la fecha de caducidad de la entelequia farmacéutica, que cae en 15 de febrero, aunque algunas fuentes aclaran que es más delante. El grito desesperado de los picadores profesionales se escucha con matices de añoranza por el paraíso perdido de la salud a cuenta de los monopolios internacionales que medran gracias a que usted y yo somos, humanos al fin, susceptibles de contagiarnos de un mal que se puede inducir mediante la manipulación mediática.

El alarmante escenario de la pandemia que resultó no serlo, señala con dedo flamígero a los laboratorios, a las cadenas comercializadoras y a las autoridades de salud en el más alto nivel, de suerte que la Organización Mundial de la Salud resultó una seria competencia con la correspondiente al comercio mundial. La vocación fenicia de los médicos se revela un peligro para México (perdón), habida cuenta el daño real y potencial que se puede infligir a la población que babea por la vacuna siendo que no es segura y, lo más curioso, no es necesaria, salvo para el enriquecimiento de personajes cercanos a los intereses políticos y comerciales de la clase política de los Estados Unidos. Aquí la herencia Bush de depredación mundial sale a flote como respuesta a las urgencias comercializadoras de los buenos funcionarios de salud en el tercer mundo.

Las pruebas de la inutilidad de las vacunas y la constante manipulación de sustancias orgánicas e inorgánicas cuyo contenido nada tiene que ver con la salud, trasciende las barreras de la secrecía de los laboratorios y gobiernos venales para llegar a la calle y de ahí a la sobremesa de cualquier hogar que resista los embates de la publicidad televisiva y radiofónica, pasando por los exabruptos periodísticos que toman por función el desinformar cada día a un público que, por fortuna poco a poco despierta.

Lo natural es resistir a las babosadas del sector público y privado de la salud y dejar que la gripe pase por la poco favorable ruta del escepticismo ciudadano bajo las medidas de higiene que debieran ser normales y cotidianas, en un entorno en que el agua escasea por razones no del todo consensadas entre el gran público ni menos aceptadas por los expertos en materia de recursos acuíferos.

Así, en Sonora tenemos dos de vaqueros: la escasez del agua y la vacuna contra la gripe, cuyas soluciones más viables aún esperan una definición o explicación que sea, a ojos vistos, racional, honesta y satisfactoria, pero sobre todo oportuna cuando no inmediata.

Si usted tiene la tentación de ver qué se siente contraer una enfermedad inducida por la desinformación y la manipulación, entonces vacúnese y sea parte del maravilloso equipo de conejillos de laboratorio en el nuevo Sonora, abierto a la inversión extranjera y a las novedades del imperio. Al cabo, puede que la suerte le ayude y no le toque la lotería de la enfermedad, con lo que podrá hablar a algún programa de radio y declarar que llegó, lo pincharon, y salió por su propio pie a dar la buena nueva de la mayor operación mercantil de los últimos tiempos.