Notas Sueltas es un espacio de opinión sobre diversos problemas de carácter social, económico y político de interés general. Los comentarios pueden enviarse a: jdarredondo@gmail.com

domingo, 21 de junio de 2026

HABLANDO DE SOBERANÍA.

 “Cuando despertó el dinosaurio todavía estaba allí” (Augusto Monterroso).

 

Ya ve usted que por cada golpe mediático, político y económico que recibe el país se responde enarbolando la bandera de la soberanía, exaltación emocional que, junto con el patriotismo, actúa en el exorcismo de los males que vienen de fuera, contra “masiosare, el extraño enemigo” que nos pela los dientes y a quien goleamos metafóricamente en discursos y reyertas de cantina.

Sabemos que tenemos un país soberano e independiente, tras los acontecimientos de la independencia nacional y la firma del documento correspondiente, algo así como un acta de nacimiento o un certificado de nacionalidad que, aún hoy, resulta indiscernible emocionalmente para los herederos políticos de Miramón y Mejía.

Nos hemos batido en pugnas internas, en luchas entre liberales y conservadores, entre derechas e izquierdas, entre progresistas y reaccionarios, entre hombres y mujeres, entre la curiosa mezcla de identidades que abona a la confusión y a la ausencia de definiciones en un país que requiere de ellas.

Los impulsos mediáticos y políticos que vienen del norte global rearman fetiches y repintan blasones despintados por el tiempo, la orina de gato y otros signos de pertenencia, que se actualizan en la medida en que las antiguas fachadas se deterioran ante los ojos de la moda, las tendencias o la simple y babosa imitación de lo nuevo y externo.

Sucede que pronto el discurso soberanista y patriótico queda, como la caca, flotando en el excusado de las eyecciones políticas producto de ser un país muy comprometido con las variadas formas que impone el imperio. A un nuevo tirón de la palanca, el cambio estructural y el arcoíris coyuntural hace posible que los progresismos se renueven en forma de otros más progresistas, humanistas y a tono con los aires globales. Somos globalistas pero muy nacionalistas, en una serie de maromas verbales que, a cada paso, se alejan del significado preciso de los conceptos.

Actualmente el discurso políticamente dominante es de “izquierda”, y hoy resuenan las voces progresistas en un coro que acalla, o pretende hacerlo, las razones y los hechos que acompañan a la crítica y la autocritica nacional. La voluntad popular de cambio cuenta con un comité administrador que determina el tono, los temas y los acentos mediáticos, los recursos verbales y la idea de inclusión que debe observarse so pena de ser democrática y progresistamente excluido.

La nueva imaginería popular es patriotera, soberanista en la epidermis, emocional y acrítica. Se pude decir que la fe cubre todos los aspectos que antes eran cosa de la razón, el análisis y el compromiso con la verdad. ¿Será que estamos tan jodidos que sólo el eufemismo, la complicidad y la claudicación nos pueden compensar la pérdida de rumbo y valores?

Por otra parte, la derecha aceda arracimada en el Prian, MC y otros prostíbulos electorales controlados por las barras y las estrellas (incluyendo la de David), no hace otra cosa más que demostrar su abyecta naturaleza apátrida y culera. No hay oposición con propuesta, aunque sí con respuesta condicionada a la traición y al engaño.

En este contexto de circo, maroma y teatro, el rumbo del progreso económico está atado a la servidumbre logística y operativa del capital trasnacional y los intereses extractivistas del norte global. Por eso se insiste en seguir atados a Norteamérica, hacerle el fuchi a Oriente, adecuar el espacio nacional al tránsito estratégico del capital gringo y pasarse por el arco del triunfo las disposiciones de protección ambiental donde corresponda: Plantas de licuefacción de gas, plantas productoras de metano, de amoniaco y lo que se acumule.

Vaya, ni siquiera la solidaridad con Cuba fue como antes: en vez de petróleo se enviaron algunos artículos de subsistencia, aunque el discurso fue humanitario. Secuestran al presidente legalmente electo en Venezuela y… los mariachis callaron. Despanzurran a los palestinos y queda claro que Gaza es un campo de exterminio y… "cuán lamentable… nosotros estamos por la paz". Avanza el sionismo en México, la CIA actúa como en su casa y … "somos un país soberano que se le respeta".

 Estamos de acuerdo en que México no es piñata de nadie, pero resulta chocante de que sea el patio de recreo de las transnacionales, las agencias de inteligencia gringas y el patio de maniobras del imperialismo con pecas en las nalgas.

 

Ahora, ¿qué tan soberano puede ser un país que depende de las importaciones de gas, de las exportaciones agrícolas y automotrices, del capital extranjero en la industria, el comercio y la banca? Un país sin industria nacional da en qué pensar… pero no en soberanía e independencia.

 ¿Por qué no revertir el proceso de dependencia y emprender la ruta de la industrialización de manera independiente? Un golpe de timón es atemorizante y las consecuencias seguro que serán de consideración, pero estaremos luchando por recuperar la Patria.

 Si no se toca el T-MEC, el sistema de Afores, la aplicación de las UMA, la precarización de la educación y la salud pública, no podemos hablar con honestidad del combate al neoliberalismo, por más que a la inacción, la pasividad y al engaño se les adorne discursivamente de progreso, bienestar y soberanía.

 El problema no es la 4T, sino la poca capacidad para cumplir las promesas de su oferta política, la diferencia entre el decir y el actuar, la poca definición sobre temas cruciales como son la multipolaridad, el libre comercio, la lucha contra el anglosionismo genocida y la necesidad de un cambio radical de sistema económico, en beneficio de la clase trabajadora mundial, son claras.  Ojalá que la 4T sea, finalmente, un paso hacia una sociedad más justa e incluyente, pero el tiempo pasa… y las promesas siguen en el aire.



viernes, 12 de junio de 2026

PARCHES PROGRESISTAS

 “El mundo es un lugar peligroso, no a causa de los que hacen el mal sino por aquellos que no hacen nada por evitarlo” (Albert Einstein).

 

Parece que la solución a los problemas no consiste tanto en atacar sus causas profundas como en echar generosas cantidades de saliva sobre las heridas que causan la queja social. La saliva, o la narrativa que se construye en torno a tal o cual situación, permite el despegue de la realidad y el aterrizaje en un plano donde las variables se mueven al compás de la lengua que las emite y determina.


Ahí tiene usted el drama social, económico y de salud que resulta de un pavoroso e inédito derrame de sustancias tóxicas mineras en el río Sonora y Bacanuchi. La indiscutible negligencia extractivista de Grupo México resiste los cambios de gobierno y camina hacia el logro de nuevas concesiones mediante el dominio de la narrativa construida exprofeso.

El gobierno se dedica a reciclar parodias de remediación, de resarcimiento de los daños a la salud y la economía de los pobladores de las comunidades ribereñas afectadas, y se dan a la tarea de dar por buenas las promesas de la empresa ecocida y toman parte de la responsabilidad de enderezar lo que enchuecó la codicia y mendacidad minera. ¿Si comparten responsabilidades, comparten propósitos?

Además del terrible crimen ambiental, se suma a la cadena de infortunios del río Sonora el empeño de construir tres presas que taponarán el flujo del escaso caudal que a veces discurre hacia las comunidades de la región y más al sur. El gobierno impulsa la desertificación al mismo tiempo que procura surtir de agua a la industria extractiva, sin dejar de lado la mentira de una suspensión que se ve desmentida por la presencia de maquinaria, equipo y extrañas perforaciones que plantea un oscuro panorama para los pobladores, donde es claro que las obras “suspendidas” siguen a nivel hormiga su lucha por taponar el flujo del agua.


Por el lado del golfo de California, se pretende instalar plantas de licuefacción de gas, en Puerto Libertad y Guaymas, a fin de que los gringos exporten desde Sonora el gas que se extrae en Texas mediante el método de fractura hidráulica, o fracking, que ha dejado del asco a tierras, agua y aire con serios costos en la salud de los habitantes en las áreas rurales cercanas a los campos de explotación petrolera y gasera.

Para colmo se contempla la posibilidad de dar reversa a la prohibición del método de explotación de fractura hidráulica en México, según ha manifestado la titular del Ejecutivo federal, provocando una reacción adversa en académicos de áreas como economía, ecología, geología, recursos hídricos y los grupos ambientalistas que toman en serio su actividad, y la simpatía de tiburones empresariales de la energía que cotizan (entre otras) en la bolsa de Nueva York y Londres.

A la mala explotación de los recursos hídricos se añade la idea de instalar centros de datos, lo que supone una mayor demanda de agua para fines ajenos y lejanos a las necesidades de vida humana y animal, que les importa muy poco a los emprendedores de Silicon Valley metidos a colonizadores de nuevos territorios y comprometidos con una futura sociedad de robots.

Imposible dejar de lado el proyecto "avanzado" de la planta de amoniaco en la bahía de Ohuira, que afectaría Topolobampo y, en general, el municipio de Ahome, Sinaloa.

Se trata de un proyecto relacionado con la producción de gases y residuos que darían la extremaunción a la actividad pesquera, ambiental, turística y comercial de la región, y que destruiría los recursos biológicos de manera irreversible, además de ser violatoria a la protección internacional que tienen los sitios Ramsar (humedales, manglares, lagunas y arrecifes de coral).

Al parecer, la nueva andanada neoliberal tiene querencia en el golfo de California, considerado como el acuario del planeta. Lugar codiciado por los gringos por sus características geográficas, biológicas, ambientales, y estratégicas.

La salida por el golfo ahorra tiempo y costos a las exportaciones de energéticos, ahora que se las están viendo duras con el conflicto en Asia occidental y, por supuesto, la guerra entre Rusia y la OTAN-EUA.

El golfo de California es la joya de la corona exportadora imperialista y parte integrante de los recursos geográficos de que dispone México, por ser la península de baja california parte integrante de nuestro territorio y el mar de Cortés o Bermejo es un mar interior mexicano. Si hablamos de defender la soberanía debemos empezar por proteger y valorar la importancia de nuestros recursos geográficos, biológicos y ambientales.

Hay proyectos extractivistas en marcha y eso no debe permitirse por razones de estricta supervivencia regional y nacional. La instauración de una narrativa plagada de parches progresistas, pero esencialmente colonialista, extractivista e imperial no debe pasar, porque nuestro territorio, la vida, el agua y el ambiente ¡no se tocan!




domingo, 7 de junio de 2026

SEAMOS REALISTAS

 “Seamos realistas, pidamos lo imposible” (mayo francés, Herbert Marcuse).

 

Al momento de redactar esta nota, el sindicato STAUS citaba a una asamblea extraordinaria en la que se revisaría la situación de sus demandas y los ofrecimientos de la administración universitaria.

Como antecedente inmediato, tenemos un exhorto por parte de una corriente sindical que pide, palabras más o menos, valorar los impactos de la huelga en la sociedad y la propia institución universitaria, cuestión que ha sido interpretada por algunos como esquirolaje.

Sin el ánimo de lanzar críticas facilonas a la postura claudicante de cierto sector universitario, cabe considerar que las luchas más trascendentes de la sociedad han sido cuesta arriba, en medio de los obstáculos que interpone el sistema a cualquier iniciativa de cambio, a cualquier intento de cambiar las condiciones de vida y pensamiento de los trabajadores, convertidos en actores sociales y políticos en lucha.

El choque entre quien representa el capital frente al trabajo siempre ha sido duro, peligroso y arriesgado, y la clase explotada no puede ni debe dejar de lado la evidencia de que la base tecnológica de la sociedad es un elemento condicionante de la acción humana, es decir, un elemento mediatizador de la voluntad de cambio que se convierte, paradójicamente, en obstáculo del progreso social y el crecimiento político frente a las tendencias disruptivas en el sistema.

En otras palabras, las expectativas de cambio siempre van a estar condicionadas a la capacidad de respuesta de los trabajadores y su resistencia a los embates de la reacción institucional-sistémica.

Así pues, pretender ser un movimiento sindical defensor de los derechos de los trabajadores que al mismo tiempo esté dispuesto a ceder ante los imperativos de la parte patronal por razones de imagen, es una contradicción no sólo profunda sino una negación de la razón que asiste a los trabajadores y. por ende, de la razón existencial e histórica de los sindicatos.

Siendo realistas, y siguiendo las pautas históricas y contextuales de las luchas obreras, las transformaciones legales e institucionales se dan justamente por proteger la producción y la imagen institucional y axiológica del sistema. El sistema tiende a adecuarse a las nuevas condiciones y genera reformas legales que marcan los nuevos límites de la acción. Las leyes laborales se reforman, los usos y costumbres de adecuan a los cambios, el lenguaje cambia porque las nuevas conceptualizaciones cambian. Y no hay cambio sin acción humana organizada, sin horizonte programático, sin orientación ideológica y política.  

El hecho de echarse a temblar porque la universidad se ve mal ante la sociedad consumidora de imágenes idílicas de lo que es esencialmente móvil y contradictorio, paradójico y transformador es absurdo. También lo es la claudicación como respuesta a las amenazas reales o virtuales del sistema representado por el gobierno en turno.

La lucha de los trabajadores sindicalistas es por sí misma un acto emancipador, si se sostiene por la necesidad de progreso y bienestar para sus agremiados y, por ende, de la clase trabajadora en su conjunto.

Abandonar la lucha por aquello de la imagen, es una acción no solo cobarde sino sepulturera del sindicalismo democrático e independiente. Pero así estamos… La moneda caerá del lado en que la clase trabajadora consciente de su destino y misión transformadora decida. O deje de hacerlo.