Notas Sueltas es un espacio de opinión sobre diversos problemas de carácter social, económico y político de interés general. Los comentarios pueden enviarse a: jdarredondo@gmail.com

lunes, 23 de marzo de 2026

DESDE LAS ALTURAS

 “En los negocios no existen los amigos: no hay más que clientes (Alejandro Dumas).

 

Al parecer, tenemos una economía que depende de factores externos, de decisiones que vienen desde las alturas, sea FMI, Banco Mundial, fondos financieros internacionales como BlackRock o corporaciones globales como Microsoft, Apple, Pfizer, Bayer-Monsanto, sin olvidar al T-MEC, el Comando Norte de EUA, la DEA, la CIA, la OMS y los infinitos amarres de la dependencia estructural y coyuntural que se aceptan con total soberanía.

Nacemos, crecemos y morimos con la creencia de que la Independencia de México es una condición existencial histórica, política y jurídica que marca los límites del contacto e influencia externa en nuestros asuntos, sean de índole material, espiritual o conductual.

Pretendemos ignorar con todas las fuerzas la realidad que se construye a través de tratados, acuerdos y transferencias de modelos administrativos y académicos, culturales y políticos, sanitarios, tecnológicos y científicos que se asumen sin pizca de análisis crítico. Sin que respondan a una necesidad real del entorno en el que se van a aplicar, sin un análisis previo de su contenido y de sus efectos contextuales.

Nos “modernizamos” a costa de la propia piel, de la identidad, de la pertenencia y sus valores culturales. Imitamos compulsivamente los usos y costumbres de fuera, los consideramos más elevados, de mejor calidad, de absoluta necesidad y pertinencia porque son del Norte Global, porque no hay periferia sin centro, porque nuestra vida responde a la ley de gravedad y las cosas caen de arriba a abajo, del norte al sur cartográfico, de los blancos a los morenos, de los adelantados a los atrasados.

Las alturas, en el contexto nacional, van del gobierno federal al estatal, del estatal al municipal, en un orden jerárquico que va de lo mayor a lo menor en cuanto a su peso, a su importancia y trascendencia. Aquí la teoría del federalismo mexicano vale tanto como papel mojado y resurge ese centralismo que las luchas revolucionarias desde la independencia hasta la gesta de 1910-17 no pudieron vencer y menos relevar.

La preminencia de la metrópoli sobre la colonia, del núcleo político sobre la periferia dependiente y sumisa se refuerza en cada hito tecnológico, financiero y comercial que viene del norte. Quizá por eso fracasó el modelo de sustitución de importaciones y llagamos al modelo maquilador, dejamos la idea de la autosuficiencia alimentaria, el fortalecimiento del mercado interno ligado a la capacidad productiva nacional, para dar paso a la liquidación de los activos productivos nacionales, con la idea de que era mejor comprar que vender, consumir que producir, y echarse en brazos de la dependencia vía TLCAN y ahora el T-MEC.

La década de los 70 termina con una severa crisis del patrón de acumulación de capital y la necesidad de recuperar la tasa de ganancia ofrece una medida de reconfiguración que resulta en el modelo económico que conocemos como “neoliberalismo”, cuyo contenido económico y político trae a la escena la unipolaridad mundial y sus contradicciones.

Los años 80 son el marco temporal de nuevo comercio internacional y local donde predomina el interés privado sobre el social, sin tapujos, sin misericordia y sin escrúpulos, aunque conservando, en general, el lenguaje ambiguo y protocolario usual en las relaciones internacionales. La forma se distancia cada vez más de su contenido.

La llegada de Donald Trump inaugura oficialmente la ruptura con la razón y el lenguaje sólo tiene sentido cuando está al servicio de la estupidez dogmática del anglosionismo. Ahora pasamos de la hipocresía al cinismo y el hilo argumental pasa sin eufemismos al terreno del supremacismo, el racismo y la exclusión, a la amenaza cuando no la agresión que marca el fin de la diplomacia y el derecho internacional.

En el plano interno, la nación se debate entre la realidad de un modelo económico que vino de arriba abajo, como por gravedad, y la idea de la soberanía nacional: la nación soberana, libre e independiente frente al espejismo de la “modernidad” funcional a los intereses del capital extranjero y la hegemonía del norte.

Aquí negamos al neoliberalismo, pero se mantiene el T-MEC y se impulsa la integración económica antes que enderezar el rumbo hacia la soberanía energética, monetaria, industrial y comercial.

Le negamos petróleo a Cuba pero mandamos ayuda en especie (como sobada tras el golpe) que no contravenga la prohibición del imperio; impulsamos la digitalización del gobierno, el control biométrico, los pagos exclusivamente electrónicos en gasolineras y casetas de peaje; se abre legalmente la inversión privada en campos que son competencia del gobierno privatizando el desarrollo nacional, y abrimos espacios de intervención extranjera en puertos y áreas económicas estratégicas (por ejemplo Proyecto Sahuaro, o Amigo GNL), en un ejercicio extraño y pernicioso que contradice en cada paso el supuesto de la soberanía y la oferta de renovación nacional.

En un mundo donde la guerra es el vicio irrefrenable, las apariencias actúan como el maquillaje teatral de las arrugas y cicatrices del imperio, el lenguaje sirve para sofocar disidencias, ocultar rupturas, salidas de control de la inteligencia y arranques morales comprometedores. Es el mundo de Epstein, el Mossad, la CIA, el mesianismo talmúdico incubado en las sinagogas y drenado hacia Washington, Bruselas, o alguna capital latinoamericana.

En este contexto, la guerra viene en oleadas, del centro a la periferia, de las metrópolis a las colonias que, en aras de la colaboración, la complementariedad y la pérdida creciente de autonomía, se niegan a dejar “solito” al hegemón que las desfigura, enajena y abusa.

Por favor, no hablemos de soberanía. En todo caso, sintamos nostalgia del futuro, de lo que pudo haber sido y no fue.



domingo, 22 de marzo de 2026

LA CULPA ES DE LOS OTROS

 “El que mata y tortura sólo conoce una sombra en su victoria: no puede sentirse inocente. Necesita, pues, crear culpabilidad en la víctima” (Albert Camus).

 

En todo error, fracaso, pérdida, desliz, tropezón o simple regada de tepache siempre hay un culpable. El problema surge cuando hay que deslindar responsabilidades, o sea, asignar culpas y anticipar castigos, sanciones o varapalos.

Ahí tiene usted la bronca con Palestina, donde Israel reclama espacios que jamás ha tenido pero que, tras una lectura bíblica comodona y autocomplaciente, decide que la propiedad inmobiliaria perpetua y completa les corresponde por promesa divina.

Lo insólito es que pretende justificar la invasión en oleadas (auspiciada por los barones Rotschild y animada por teóricos del sionismo como Theodor Herzl) de una tierra milenaria donde el mito religioso se mezcla con los pulsos geopolíticos a tono con las expectativas del capital, con alegatos carentes de fundamento.

Lo cierto es que el occidente colectivo, tan orgulloso de las razones científicas y tecnológicas, babea de emoción cuando se les convoca a ser partícipes de la venida del Mesías, la construcción del tercer templo y el fin de los tiempos, lo que demuestra que el mesianismo judaico rebasa por la derecha al razonamiento científico.

En este contexto, ¿qué mejor que convertir un conflicto regional en uno global?, ¿o despanzurrar naciones enteras en aras del desmadre global que avance en la destrucción total de lo actualmente conocido, reescribir la historia y reformatear la vida y nuestro destino?

Al parecer, la nueva edición del mundo proyectada por los sabios talmúdicos calenturientos de geopolítica y delirios farisaicos pasa por la siempre dispuesta atención de Estados Unidos, donde el mito mesiánico se mezcla con el también mandato divino de la excepcionalidad y el “destino manifiesto”.

Aquí, la aberración tiene carácter de revelación divina y mandato celestial. En este caso, la razón, el sentido común, el derecho internacional y las ventajas de una vida saludable y pacífica, carecen de sentido frente a la chatarra ideológica y política del supremacismo.

Cuando el absurdo se convierte en norma de observancia obligatoria, la mente busca el equilibrio frente a las nuevas circunstancias: todos los días se mata gente en Palestina, todos los días se pisotea a la humanidad con ataques “preventivos” o motivados por la sola sospecha de narcotráfico, todos los días se habla de combatir al crimen y luchar por la democracia y las libertades, todos los días se acusa a tal o cual nación de albergar delincuentes y ser un estado fallido. Se nos recomienda “resiliencia”, o sea, hacer como que no pasa nada mientras el anglosionismo nos pica el trasero.

Pero, el que juzga y actúa contra quienes acusa resulta ser el mayor productor y vendedor de armas, en más vicioso consumidor de drogas, el más activo negociante y promotor de estupefacientes, el más perverso desestabilizador político y el más activo impulsor de golpes de estado en el mundo.

Con este escenario, la paz y la estabilidad mundial quedan como una simple utopía, un buen deseo que reconforta el optimismo y permite resistir a los embates de la estupidez armada e informatizada, mientras hablamos de aguante y tolerancia civilizada, porque sigue apostándose al diálogo, a la diplomacia, a los buenos modos frente a los malos tratos. El mundo prefiere dejarse ultrajar antes que enfrentar y romperle el hocico al agresor.

Otra salida es la de la resistencia activa, la organización entre ciudadanos en la misma nación afectada y el buen entendimiento entre vecinos. Una nación que resiste puede ser ejemplo para las otras, debe inspirar la unión, la colaboración y la coordinación de esfuerzos, por el simple impuso de supervivencia y por la legítima defensa.

México, Iberoamérica y el Caribe, por lo pronto y desde luego el Sur global deben enfrentar la grosera agresión anglosionista, sin mamadas, hablando y actuando claro.

En otro asunto, pero relacionado con las tomaduras de pelo y el abuso contra los ciudadanos, tenemos algunos proyectos ridículos en ciernes. Por ejemplo, la planta de licuefacción de gas en Guaymas, al servicio de los gringos, la planta de amoniaco en Ohuira, al servicio de Alemania; la construcción de presas en el cauce del río Sonora, al servicio de las mineras; los tandeos disfrazados en Hermosillo, donde, al parecer, se “esfumó” el dinero para las reparaciones de la red de agua potable y la salida “inteligente” es mandar chorritos intermitentes en vez del caudal normal de agua, al menos para el llenado de los tinacos y otros depósitos domiciliarios.

Sin embargo, las autoridades sonríen frente a la cámara, aplauden las expectativas de un nuevo T-MEC al gusto de Trump, la colaboración soberana (sic) que permite aproximaciones vergonzosas por parte de soldados y agentes extranjeros en suelo y cielo nacional, las inversiones en renglones estratégicos que debieran cuidarse y reservarse, y como no podía faltar, las autoridades locales que promueven obras e inversiones con un cierto olor a corrupción y cinismo.

Mientras tanto, sigamos gozando de la capacidad de distinguir el grano de la paja, y busquemos actuar en consecuencia. Queda claro que, en el reparto de culpas, el perpetrador es quien debe pagar, y que nada justifica el genocidio, el autoritarismo y abuso del poder, el engaño, la corrupción y la ineptitud gubernamental, tanto en el Imperio de Epstein como en su periferia. El pueblo no es culpable, salvo quien se convierte en cómplice del abuso.



sábado, 7 de marzo de 2026

MONTONEROS, FALSOS Y COBARDES.

 “Hechos, no palabras” (frase latina).

 

Occidente se ha convertido en una turba infame, en un montón de imbéciles al servicio de quien creen su amigo y protector frente a las amenazas de la razón y la dignidad. Las viejas potencias coloniales que otrora hicieron de las suyas en América, Asia y África, ahora recurren a una infame cháchara que supura ambigüedad, cobardía y franca estupidez puesta al servicio de justificaciones que no se las cree ni su abuela.

El reciente ataque a la República Islámica de Irán con el pretexto de que está desarrollando armamento nuclear que EUA y el mundo “no puede permitir”, recuerda la mentira de que el Irak de Sadam Husein poseía “armas de destrucción masiva”, y que era una verdadera amenaza a la “paz mundial” que debía de ser destruida… y los gringos fueron y lo hicieron.

Antes como ahora, los intereses de EUA y satélites europeos gira en torno al petróleo, tierras raras y geoestrategia. La máscara humanitaria y pacifista, cae por su propio peso. Ya nada sostiene la mentira de la democracia y el progreso llevada hasta el límite por EUA y su manada europea.

Asoma con descaro la fea cara del imperialismo a través de las palabras y las acciones del gobierno del degenerado Trump, así como sus lacayos en Francia, Alemania y, en general los países arracimados en la OTAN. Primero con Gaza y ahora con Irán, la historia de la infamia se escribe con sangre mártir, con seres humanos masacrados en ofrenda a los muy absurdos y puñeteros delirios de Israel y EUA sobre el dominio de la región y el mundo “por mandato divino”.

Es casi imposible imaginar la existencia de un dios viciosamente agresivo y vengativo que hace promesas sectarias y excluyentes a un pueblo, a una sola tribu, cuyas raíces de pierden en las arenas del mito y las más calenturientas fantasías mesiánicas, a costa de la paz y el patrimonio de los demás.

Es absurdo convertir en derecho un mito religioso que, gracias al interés político y territorial de Inglaterra se convirtió en expectativa nacional. El sionismo obra el milagro de convertir la fe en nacionalidad, sin importar origen racial, historia y razón. Aquí, hablar de pueblo no tiene nada que ver con la historia o la genética sino con una política expansionista y el control estratégico de una región del medio oriente.

Curiosamente, los verdaderos semitas como los palestinos son víctimas de la expansión sionista. Los palestinos, libaneses, iraquíes, sirios, jordanos, yemeníes son semitas de origen, no así los habitantes del ente sionista llamado Israel, que nada tiene que ver con los escenarios bíblicos porque su origen obedece a migraciones europeas y orientales.

Aquí, lo que no escapa a cualquier inteligencia razonablemente sana es el hecho de que tanto los sionistas israelitas como sus satélites gringos trabajan por acelerar “el fin de los tiempos” para propiciar la venida del Mesías y el cumplimiento de las promesas al “pueblo” de Israel (hágame usted el recabrón favor).

EUA e Israel “trabajan” por la destrucción total como requisito del nuevo amanecer bíblico, por eso la absoluta irracionalidad de una guerra que solamente subraya la capacidad mundial de convertir en mierda su propio destino.

Lo que ahora es imperativo es dejar de tragarse la historia de la defensa de Israel contra sus víctimas y vecinos, el absurdo de llamar antisemitas a quienes se oponen y denuncian la barbarie anglosionista y la ridícula y criminal complicidad de EUA en el genocidio que se perpetra a ojos vistas.

México y Latinoamérica deben decir basta a la manipulación informativa y la pasividad política que tolera ultrajes y complicidades imperiales. Europa y el resto del mundo deben reaccionar en legítima defensa.

Lamentablemente, los gobiernos europeos y algunos latinoamericanos están cediendo soberanía y sus objetivos nacionales se subordinan al proyecto de dominación anglosionista, en pos del objetivo de construir el aberrante “gran Israel”, así como, por otra parte, cumplir con el “destino manifiesto” de EUA mediante la coacción, la amenaza y la agresión, como es el caso de Venezuela o Cuba.

El poder de la estupidez armada puede ser abrumador, pero el deber de las víctimas actuales o futuras es defender lo propio y denunciar con todas las letras el atraco mundial que se está llevando a cabo, y unir fuerzas contra el agresor antes que callar en un obsceno acto de complicidad.

La llamada guerra contra los cárteles de la droga por parte del principal consumidor y negociante de enervantes, debe entenderse como lo que es: un mecanismo de chantaje, intervención y dominación política con fines imperialistas cuyo trasfondo es el control regional de petróleo, metales, agua, comercio y otros recursos estratégicos.

En un mundo al revés, debemos conservar la capacidad crítica y llamar a las cosas por su nombre. Defendamos sin dudas ni temores la razón y la justicia, confiados en que la verdad siempre triunfa. No seamos cómplices activos o pasivos del imperialismo trumpiano en su órbita de montoneros, falsos y cobardes. Luchemos porque la dignidad se haga costumbre


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