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domingo, 11 de octubre de 2026

VIOLENCIA EN LAS ESCUELAS

 “Educar la mente sin educar el corazón no es educar en absoluto” (Aristóteles).

 

Ya ve usted que ocurren asaltos armados en escuelas de nuestro nivel básico, que generan justificada preocupación a familias y trabajadores de la educación, y que apuntan hacia un asunto muy serio: la ruptura del tejido social a partir de la del tejido familiar.

El problema es que se reacciona y analizan las consecuencias y no las causas del desmadre social que estamos viendo y padeciendo. El desempleo y la insolvencia económica genera frustraciones, malestar emocional y conduce a la violencia verbal y física en el seno familiar y llega al entorno social. Los fenómenos de transculturación (sobre todo la que viene del norte) confunden y debilitan la identidad y las costumbres, alterando principios y valores.

La disfuncionalidad resultante aparece pintada de los colores de ocasión y se desata la búsqueda y señalamiento de culpables donde con frecuencia el candidato designado es el hombre de la casa. La violencia termina siendo atribuida a esa nociva compulsión que hace de la pareja y su entorno una cárcel dominada por relaciones de dominación-subordinación donde la víctima por defecto es la mujer… y los hijos.

La tan obvia simplificación produce actitudes que también se interpretan de manera simplista, con un determinismo digno de un terraplanista metido a científico de la conducta. En este juego interpretativo y punitivo por lo general queda fuera el contexto socio-económico y cultural de la familia. Se hacen generalizaciones antes que aproximarse a la particularidad.

No se toman en cuenta detalles como la depauperación sistémica que sufre la clase trabajadora en un contexto en el que la abundancia de unos cuantos afortunados obra como recriminación clasista a la vez que como señuelo que fija los parámetros de una posición envidiable y perseguible, a costa de sacrificar la propia humanidad.

Así, mientras que el gobierno compra vacunas contra el Covid-19 a laboratorios extranjeros un hombre roba pañales en una farmacia (https://shre.ink/hJ6P). Lo primero habla muy bien de la salud preventiva que protege los negocios trasnacionales y el fraude biológico, mientras que lo segundo pasa por alto el nivel de abandono que sufren muchos ciudadanos frente a una economía que privilegia al capital sobre el trabajo. En el mismo sentido, se procura desarrollar la inteligencia artificial dejando de lado la inteligencia natural, el costo energético, ecológico y la soberanía nacional.

Se dice que los pobretones sufren porque quieren, porque son flojos, dejados, feos y antihigiénicos, incultos y codos prietos. Los ricos son blancos, simpáticos, exitosos y seductores, sudan perfume gringo o europeo, mean agua bendita y merecen un crédito que no necesitan pedir porque está concedido de antemano.

Se considera que la familia proletaria es promiscua, conflictiva y machista, mientras que la rica es decente, armoniosa y ejemplar. Entre ambas discurre un río cuyo caudal está lleno de lugares comunes, sabiduría de manual, de sótano sociológico de universidad anglosajona que lo explica todo sin profundizar nada, porque su función más que académica es ideológica y propagandística.

Las ideas progresistas y reivindicatorias de derechos humanos se esparcen a través del embudo sistémico que impone y reproduce una narrativa acorde a las necesidades del imperialismo anglosajón y sionista, para aborregamiento de la periferia ansiosa de pautas con que alimentar y justificar su subordinación.

Las ideas sobre sexo, familia y sociedad alinean y homogeneizan creencias, actitudes y conductas que, del grupo, pasan a formar parte del capital doctrinario de la masa y, por ende, socialmente exigibles, so pena de excomunión cívica. No es de extrañar que el proceso de adoctrinamiento y transculturización termine formalizándose en política de gobierno y precepto legal de observancia obligatoria.

La violencia escolar refleja la ruptura de un modelo de relación y la expresión de otro que convierte la relación social-escolar en una aventura de videojuego, en un espectáculo onírico cuya ejecución es fuente de desahogo personal instantáneo y efímero, e imitación de un sistema que aún sin saberlo admiramos y deseamos. La violencia resulta en una forma de validación personal frente a un sistema basado en la exclusión y carente de valores.

La escuela sigue funcionando con sus virtudes y defectos, pero la administración educativa queda enlazada a los órganos de vigilancia policial, a la promoción de leyes particulares alineadas al discurso de la protección y prevención, de la vigilancia y el control. Se restringe la libertad, a cambio de la promesa de seguridad.

En una sociedad distorsionada por la sustitución de los valores propios por ajenos, la violencia surge por necesidad, y la demagogia explicativa también.

No estaría mal que el gobierno asumiera su papel de acuerdo a nuestras leyes y costumbres, corrigiendo los errores y revalorando lo que es esencialmente propio de nuestra identidad nacional. Para empezar, recuperemos nuestro idioma y el significado preciso de los conceptos. Aún es tiempo.



 

1 comentario:

armandoor dijo...

Excelente tema del cual analizastes con profundidad y responsabilidad en todos sus niveles