
De Navojoa a Mazocahui la atención se centra en las carreteras y los que en ella circulan, con bandera de viajeros con negocios particulares así como aquellos que tienen que viajar por encargo de la empresa en que laboran. Los matones dan en disparar a vehículos y viandantes y no escatiman esfuerzos en dedicar su tiempo al despojo, por lo que el supuesto de un Sonora seguro cae por tierra una vez más y, en esta ocasión, demuestra lo riesgoso que es viajar por los caminos de la entidad.

La idea siniestra del gobierno fallido llega a las goteras de la ciudad de Hermosillo, como llega a las principales ciudades de la entidad, cargada de añoranzas de aquel futuro pletórico de bienaventuranzas que nos regala el discurso triunfalista del inicio de cualquier gobierno: lo federal, estatal y municipal tienen el mismo tono azulado que adquieren los cuerpos a bajas temperaturas, producto de las largas estancias en casas y oficinas refrigeradas, al margen de la realidad que, en nuestro caso, promete deshidrataciones e insolaciones al simple ciudadano de a pie. Así las cosas, el problema del agua es el problema de una irrealidad estructural que no toma en cuenta las condiciones geográficas de la entidad, que insiste en llamar a inversionistas cuando el agua es un bien escaso y debe privilegiarse al ser humano en el criterio de distribución del líquido.

Antes de volver al asunto de la criminalidad en carretera, le propongo pensar en la solución de problema del agua potable en Hermosillo, desde estas coordenadas: si se privilegiara el consumo domiciliario familiar, el agua que va a las empresas asentadas en el parque industrial y otros sectores concentradores de actividad comercial, pudiera provenir de fuentes distintas a las tradicionales, por ejemplo, de plantas tratadoras e incluso desaladoras, bajo el supuesto de que las empresas tiene mayor capacidad de pago que las familias y pudieran pagar los costos del fluido producido con la tecnología aplicada. Así se dejaría a las familias el disfrute del líquido proveniente de las fuentes sin aplicaciones tecnológicas que encarecerían el consumo.
En segundo lugar, el gobierno pudiera emprender una campaña sistemática de ahorro y prevención de fugas, aplicando no sólo acciones de monitoreo y reparación de daños, sino sustitución de materiales y mejoramiento técnico del servicio. A lo anterior se agregaría una campaña permanente de información y convencimiento ciudadano sobre el cuidado del agua y la responsabilidad de cuidar su consumo y de contribuir al mejoramiento del servicio, lo que incluye el pago del estado de cuenta del consumo. La amenaza del corte del servicio, atenta contra los derechos humanos, agrede al ciudadano en situación de precariedad económica y compromete seriamente su salud. Violenta la vida comunitaria y margina a quienes no tienen capacidad de pago de un servicio que es absolutamente indispensable. Cortarle el agua a una familia es criminal.

Le recuerdo la huelga general planteada por el SME, la impunidad que existe en el caso de la guardería ABC, la amenaza que se cierne sobre los mineros de Cananea y el derecho que tenemos a disentir y optar, cuando es necesario, por la desobediencia civil.
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