
Sergio fue un economista cumplido, muy apreciado en su vida profesional en el sector público federal y municipal donde se desempeñó. Como docente universitario tuvo las mejores calificaciones y seguramente las generaciones que tuvieron la fortuna de conocerlo no olvidarán su dedicación, profesionalismo y deseos de servir.
Los años noventa marcan un punto de quiebre en la vida de Sergio, ahora ensombrecida por una problemática familiar que no pudo superar y que lo arrastró al declive de su calidad de vida, su autoestima y su futuro.
Sergio fue un buen hombre víctima de sus circunstancias. Lo recordaremos como el compañero y amigo que fue, siempre generoso, entusiasta y solidario, un buen profesional, pero sobre todo, uno de los grandes nombres de la generación 73-78 de la Escuela de Economía. Descanse en paz.
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