Conspiración en Pémex

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lunes, 29 de marzo de 2010

Sueños privados

Sí, cuando se trata de proyectar un negocio se sueña y a veces los sueños son en grande. La magnitud depende de la posición en que esté el sujeto, sus circunstancias, las posibilidades reales de incidir en la realidad para ajustarla a eso que se desea fervorosamente y, como todo en esta vida, debe mediar el acuerdo o concertación con otros actores que pueden impedir o facilitar el logro de los objetivos planteados. Cuando se sueña en palacio nacional, las cosas pueden ir mucho mejor que si se hace en alguna casa de barriada en la periferia urbana.

Calderón sueña ─se sabe─ en la futura anexión de México a Estados Unidos, merced al proyecto que nos habrá de ubicar en la posición de ser barrera de contención contra ataques “terroristas”, como un cinturón de seguridad o una muralla de nopal en torno a las tierras imperiales. Los hechos demuestran la viabilidad del proyecto: pasamos desde hace relativamente poco, de una nación sin problemas de terrorismo a otra que sí los tiene. Los ataques contra instalaciones policiacas, evasiones masivas en cárceles, secuestros exprés, levantones y decapitaciones, narco-mantas intimidatorias y asesinatos de personajes de la procuración de justicia, los negocios o las relaciones diplomáticas, hacen el caldo gordo de la inseguridad, de la desconfianza en la propia capacidad para poner orden en el territorio nacional.

Los discursos, bravatas, omisiones y contradicciones que componen la respuesta oficial al desorden, posee el componente de la autoflagelación y la puesta en ridículo de instituciones otrora respetadas: el ejército primero y luego la marina, sustituyen la presencia y la acción policiaca; la duda se convierte en genérico intercambiable en el mercado terapéutico de las inconformidades ciudadanas, mientas que los productos de importación inundan la nación en forma de cuerpos policiacos gringos que concretan la asistencia y colaboración internacional. Lo que queda cada vez más claro es el proceso de penetración de los agentes, políticas, estructuras y mecanismos de control extranjero en asuntos de exclusiva competencia nacional, prácticamente desde el inicio de la gestión federal de Calderón, en forma de acuerdos y promesas en el marco de la Iniciativa Mérida y la Alianza para Seguridad y Prosperidad en América del Norte (ASPAN), ahora “justificados” gracias a las matanzas disuasorias que sufre la nación.

Las tácticas porriles y del gangsterismo gringo, que hicieron de la dinamita y la ametralladora Thompson sus instrumentos predilectos durante el siglo XX, logaron la expansión de los monopolios, la delimitación territorial de los mercados lícitos e ilícitos, como se documenta en la saga de Al Capone y congéneres, sin dejar de lado a los prohombres de Wall Street y las aristocracias de Boston, Chicago, entre otros escenarios comerciales. La pasmosa utilidad del atentado ablandó no pocas estructuras económicas y políticas, logrando la penetración de capitales e ideas en regiones antes inexpugnables y ahora “modernizadas” gracias al poder emprendedor de los sobrinos del Tío Sam. América Latina es ─sigue siendo─ el espacio donde se han escenificado en niveles extremos las batallas de la coacción y el terrorismo capitalista contra la protección constitucional de las naciones de la periferia.
En su momento, Cuba, Nicaragua, Panamá, México, por poner algunos ejemplos, sufrieron la ocupación militar gringa para hacer valer su ambición de control de sus recursos naturales y estratégicos, sin respeto al derecho internacional, sólo la fuerza de las armas y la presión sobre los gobiernos de la región. Pero los tiempos cambian y ahora se imponen los tratados comerciales, los acuerdos o alianzas por la seguridad y la prosperidad, los contratos de préstamos, la asistencia militar o policial y la cooperación o colaboración en áreas estratégicas para los países periféricos. Claro que la añoranza por los viejos tiempos aun nos trae episodios como los no tan lejanos del secuestro de Noriega, el frustrado golpe de estado contra Chávez, la campaña contra Correa, contra Evo Morales y los innumerables esfuerzos por desestabilizar a Cuba y la región latinoamericana que hoy vemos como parte de nuestra relación de “cooperación” con Estados Unidos.

Pero las acciones de convencimiento por la fuerza o la amenaza no pudieran estar completas sin considerar la cooperación o, si se quiere, el trabajo interno que realizan algunos gobiernos, como el de Colombia, Panamá, entre otros donde cabe incluir a México, para lograr el sueño de hegemonía económica, ideológica, política y cultural de nuestros vecinos del norte, al pretender sabotear frontalmente o con disimulo, la iniciativa de integración latinoamericana excluyendo a Estados Unidos y Canadá.

En este sentido, vale mencionar el nombre del plan de la traición a la patria mexicana, pergeñado por el panismo organizado en manos del capo visible Felipe Calderón: Proyecto México 2030, la ruta crítica de la anexión de México al imperio, pasando por el desmantelamiento del sindicalismo, la privatización de nuestras conciencias cívicas, de la educación, la salud y la seguridad social.

Sí, en estos tiempos los sueños privados pueden pasar por públicos, gracias al cínico desparpajo con que se declara la modernidad privatizante en el traspatio del imperio. Pero de la ruta nacionalista hacia el progreso, nada. Nadita de nada. Soñar no cuesta nada, pero actuar en esa dirección, representa el más alto costo para la nación: dejar de serlo.

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