Notas Sueltas es un espacio de opinión sobre diversos problemas de carácter social, económico y político de interés general. Los comentarios pueden enviarse a: jdarredondo@gmail.com

lunes, 11 de enero de 2016

Las viejas y nuevas batallas por librar


“Desmemoria. Don que Dios concede a los deudores, para ayudarlos por su falta de conciencia” (Ambrose Bierce).

En medio de un alarmante descenso del precio del petróleo y del peso frente al dólar, así como un aumento grosero del gas, el agua y, en general el costo de la vida tanto en México como en Sonora, se anuncia, especula y comenta una y mil veces la reciente recaptura del narcotraficante conocido como “Chapo” Guzmán, presentada como una prueba de la “fortaleza de las instituciones” por Enrique Peña Nieto.

Pareciera que somos una ciudadanía propensa a reaccionar de acuerdo al estímulo mediático en turno, capaz de creer, a las primeras, que el doctor Mireles, vocero de autodefensas ciudadanas y preso político enfermo y amilanado, “pide perdón” al gobierno que lo hizo levantarse en defensa de la paz y tranquilidad de las familias michoacanas frente al poder del crimen organizado y la cómplice apatía de las autoridades locales y federales.

¿Podemos creer en la fortaleza de las instituciones cuando en la conciencia colectiva arde la llama viva de los 43 de Ayotzinapa, junto con las pequeñas víctimas de la guardería ABC, ejemplo de un régimen de concesiones del gobierno a particulares que convierte la seguridad social en negocio privado? ¿No es signo de decadente corrupción la evaporación de los ahorros gracias al sistema de cuentas individuales que son materia de especulación privada gracias a los negocios de las Afore? ¿Acaso no pesa en la memoria de la justicia mexicana los hechos de Aguas Blancas, Atenco y las desapariciones forzadas y asesinatos pasados y presentes que tiñen de rojo al país, entre otros eventos?

¿Se puede estar tranquilo sabiendo que tanto la salud como la educación se privatizan, y que la carga para las familias aumenta día con día? ¿Es lícito transferir a los ciudadanos los costos de obras privadas contratadas por el gobierno, para beneficio de un sector productivo privado y no para las familias que tendrán que pagarlas? ¿Por qué deberíamos tener confianza en las instituciones que malbaratan el patrimonio energético de todos y lo privatizan para la satisfacción de empresas trasnacionales? ¿Es una buena noticia que el campo deje de producir alimentos saludables para verse invadido por semillas transgénicas y alto consumo de productos químicos que envenenan el ambiente y acaban con la biodiversidad y las economías regionales?

¿Debemos permanecer indiferentes ante el despojo de terrenos públicos, por ejemplo, los del vaso de la presa A.L. Rodríguez, y sonreír ante la abundancia de agua para unos cuantos apellidos notables mientras que la ciudad carece de ella? ¿Se pueden hacer obras hidráulicas de uso privado y dejar en la indefensión a las familias vecinas sin que haya problema? ¿Pueden desaparecer sin dejar rastro los recursos del fondo de pensiones y jubilaciones del Isssteson? ¿Los niños a cargo del DIF son mercancías? 

¿Los empleos que genera la maquila automotriz y las embotelladoras y la minería trasnacional, compensan la contaminación y el daño ecológico que sufren las regiones donde se establecen? ¿Todo se justifica con eso de atraer inversionistas que generen empleos? ¿Es ésta una propuesta económica válida para la entidad?

¿Será posible que las fuerzas armadas acepten servir de mascota tercermundista a la ONU y al Comando Norte, es decir, al gobierno de una potencia extranjera? ¿No hay problema con que las autoridades anuncien la participación de militares mexicanos en actividades de entrenamiento y posteriores misiones “de paz”? ¿No hay nada raro que la Marina parezca servir de patiño nacional a los intereses de la DEA, entre otras agencias gringas? ¿Bastó para que el llamado fuera con fines de extradición para que las armas mexicanas se cubrieran de gloria al recapturar a un capo de la droga con aficiones mediáticas? En serio, ¿hay gobierno, ejército y armada dignos de llamarse nacionales?

¿Nuestras instituciones académicas autónomas realmente lo son? ¿Los profesores e investigadores universitarios trabajan para enriquecer el saber colectivo, o simplemente parasitan las instituciones mientras maquilan proyectos para entidades públicas sin rumbo ni legitimidad a cambio de algún estipendio? ¿Un doctorado es como una patente de corso para los negocios privados desde la comodidad de las instituciones educativas? ¿La universidad sirve para avalar “académicamente” las acciones del gobierno, o para trabajar por el bienestar y el progreso social?, ¿a qué hora dejó de ser la conciencia crítica de la sociedad para convertirse en cómplice de la corrupción y la ineptitud oficial?

En medio de este desbarajuste, aún permanece de pie la voluntad de cambio de hombres y mujeres conscientes, capaces de exigir el cumplimiento de los deberes y obligaciones de los gobernantes. En Sonora se tienen buenos ejemplos de civilidad y permanencia en las luchas por la justicia y la legalidad, por el respeto a la dignidad ciudadana, violada cuando no ignorada por autoridades venales. El año 2016 inicia con una larga cadena de asuntos pendientes de resolver y su correcta solución dependerá de la capacidad que tenga el pueblo para organizarse y perseverar en los objetivos transformadores que decida. El sindicalismo independiente y las organizaciones ciudadanas tienen una gran tarea por realizar. Podremos escribir un nuevo capítulo en Sonora, o repetir obsesivamente las mismas líneas, con los mismos errores y los mismos resultados. ¿Cuál va a ser el sentido de la acción? Usted, nosotros, tenemos la palabra.


martes, 22 de diciembre de 2015

Los buenos deseos

                                                                  “Una mentira lleva a otra” (Terencio).

Soplan los vientos de invierno y las cobijas y ropa abrigadora se convierten en el tema obligado de nuestros afanes cotidianos. Si durante el año logramos acumular una buena cantidad de insatisfacciones y reclamos, ahora en la temporada decembrina los problemas parecen dejarse embeber de jarabe para la tos y cierta dosis de tolerancia edulcorada. Los villancicos, el glamur de las reuniones etílicas, los tamales, el champurro y los churros se convierten en imperativo categórico de una sociabilidad aletargada por la jodidez ambiente que despierta y bosteza ante las buenas nuevas oficiales: que Sonora “tiene plan y rumbo” arranca sonrisas y motiva a chascarillos sarcásticos, a ataques de risa por el despropósito declarativo, producto de un lameculismo mercenario y deleznable.

Somos los mismos que Grupo México desposeyó de un río con una larga cauda de vida, sembrando veneno y desolación, pero seguimos en las mismas. Seguimos colgados de la brocha de los discursos, las declaraciones triunfalistas, los periodicazos cotidianos, los tacos de legua y el jolgorio etílico que aletargan la conciencia, pero los aires festivos parecen tener un efecto lubricante que atenúa el escozor de la burla y el ultraje.

Estamos en la temporada donde reinan los frentes fríos, los nublados y los pretextos de reunión social que incitan a ver con otros ojos los esfuerzos de las ficheras académicas vestidas de “asesor” que no sólo aplauden el bodrio sexenal, sino que aprovechan la inopia intelectual y técnica del gobierno para ordeñar las generosas ubres de las dádivas y canonjías de coyuntura con la oferta de espejitos y cuentas de colores para el pueblo, y contemplamos el penoso espectáculo de una oferta de rumbo y soluciones que no parten del análisis sereno de la realidad estatal. La ignorancia es buen negocio, después de todo.

Por los rumbos del sector comercial citadino se ve otras caras y otras voces, llenas de expectativas que no ocultan sus afanes de sobrevivencia: comerciantes del centro y sur del país nos venden, entre otras cosas, piezas de una gastronomía vagabunda, alegre y memoriosa, representante plenipotenciario del otro México que nos complacemos en ignorar cuando se trata de las protestas de los maestros y de los muchos otros agraviados por las “reformas” neoliberales y los crímenes de lesa humanidad con que el sistema nos persuade y convoca a la desmemoria y la indolencia.

En Hermosillo, las calles del centro se ven abarrotadas y el contacto humano involuntario adquiere proporciones épicas. La multitud de humanidades en colisión constante son un espectáculo dantesco, que permite apreciar el valor de la individualidad en lucha con otras por el mismo espacio en el mismo tiempo. Por desgracia, el arte sutil del robo por contacto ha caído en desuso, ya que desde que se descubrió que cualquier imbécil armado y amenazante podía hacerse de las pertenencias de otros, las habilidades manuales de los cacos no fueron necesarias y sí cualquier arrogante, burda y desprolija manifestación de violencia. Otros tiempos, menos cultos y más inmediatistas.

En días normales, la inseguridad corre por cuenta de las corporaciones policiacas en sinergia con la delincuencia organizada o silvestre, dando un toque urbano a las interrelaciones ciudadanas, que se ven incentivadas por el riesgo percibido al salir a la calle, circular en horas inapropiadas o meterse en lugares donde, sin duda, acechan peligros y riesgos que nos colocan en la ola del crecimiento urbano. En este escenario, la civilidad se cubre el rostro y asume una identidad desconocida, no vaya a ser que se le confunda y agreda por practicantes de la cultura del abuso y agandalle.

En la época navideña, el consumismo nos envalentona y, al sonar de las monedas y el crujir de los billetes, nos lanzamos a la aventura cíclica de la liquidación del aguinaldo. Nos armamos del valor inyectado por la hipodérmica del poder comercial televisado, impreso y difundido por radio, en una cacofonía que termina por ablandar el último bastión de sensatez y precipitar la caída de la prudencia y la austeridad para hacernos decir alegremente: “¡lo compro!” Cierto es que mañana será otro día y que sólo se vive una vez, pero ¿por qué acabar de una vez pa’ todo el año?

Mientras que la ciudad se conmociona al son de las campanas de Belén y beben y beben los peces en el río, los habitantes de Sonora padecemos por anticipado el síndrome de abstinencia a que obligarán las alzas en la tarifa del agua, la mentada de madre municipal avalada por el Congreso que finalmente nos demuestra que no nos representa y sí a los mismos depredadores que “ya se fueron”. El agua está siendo convertida en una mercancía y su acceso quedará limitado por la capacidad de compra de los “clientes”, en un mercado cautivo y aborregado que lame sus heridas y toma, por la temporada, chupitos de alcohol azucarado. ¿Será posible que la actitud “modosita”, “prudente” y “madura” finalmente se llame por su nombre: ¿méndiga cobardía, deshuevamiento colectivo, apatía pestilente y complicidad con los abusones y rateros?

Son tiempos de generosidad y desprendimiento, de compartir las bienaventuranzas y dones logrados en el año, pero ¿tiene que ser unilateral la acción de compartir? ¿Solamente el pueblo debe aportar su tolerancia, apoyo y beneplácito a la acción o inacción gubernamental? ¿Debemos perdonar a Grupo México y reconocer que su poder corruptor es tan amplio que lo mismo influye en investigadores académicos que en funcionarios públicos? ¿El olvido de agravios y daños está bien por la temporada?

¿Debemos creer que es una buena noticia la instalación de empresas industriales que seguramente requerirán de agua en cantidades que hacen falta para consumo humano? ¿Quiénes en realidad pagarán el precio de tener más maquiladoras en Sonora? ¿Cuándo se pensará en la conveniencia de desarrollar iniciativas industriales propias y ecológicamente viables? ¿Hasta cuándo la creación de “500 empleos directos” puede dejar de ser argumento y decidirnos a empezar a planear nuestro desarrollo de acuerdo a la realidad de los recursos naturales, técnicos y humanos disponibles? ¿Cuándo regresaremos a la planeación pública basada en rigurosos diagnósticos sectoriales y al desarrollo de programas congruentes con nuestros recursos y las expectativas de mejora y bienestar?


Seguramente todos estamos animados de buenos deseos, de sueños y esperanzas por un mejor estado, ciudad y país. Debemos felicitarnos por las intenciones de salud y bienestar, pero también por el conocimiento de la realidad que debemos modificar. ¿Por qué no hacerlo?

domingo, 13 de diciembre de 2015

Diputados autistas

                         “Los traidores son mal vistos incluso por aquéllos a quienes sirven” (Tácito).

Como ha quedado demostrado, la opinión, necesidades y circunstancias de los ciudadanos, cuyos intereses son formalmente representados en el Congreso del Estado por los diputados, no cuentan para nada ni influyen ni orientan el voto de los legisladores. El Poder Legislativo del Estado Libre y Soberano de Sonora padece de autismo.

Al parecer, son más apegados a los impulsos digestivos y a la disciplina impuesta por sus respectivas formaciones políticas, sin negar que algunos actúan y deciden el rumbo del interés colectivo “a título personal”. En el submundo de la politiquería aldeana y patrimonialista, el trabajo legislativo es bien visto y se valora de acuerdo a la obediencia de consignas y la “línea” del pastor político, de suerte que la elección al cargo es el momento único en el que el ciudadano tiene que ver con la suerte del diputado. Lo demás corre por rumbos ajenos y lejanos del pueblo elector.

¿Para qué otras cosas sirven las votaciones si no para elevar políticamente a alguien de quien se ignora casi todo? ¿Qué responsabilidad tienen los diputados con “gente que ni conocen” y cuyas demandas no asumen como propias? ¿Qué problema puede haber con decir en la campaña una cosa y, ya en el cargo, hacer otra? ¿El diputado representa a los ciudadanos de su distrito o al partido por el que se postula? ¿Quién determina sus prioridades?, ¿la gente común, su dirigencia o los intereses personales que se evidencian en la coyuntura? Lo anterior viene a propósito de la votación que hizo posible el aumento en la tarifa del agua en Hermosillo a sufrir empezando el nuevo año.

Nos preguntamos, ¿qué hicimos mal los habitantes de Hermosillo, además de votar por los mismos?, y de inmediato salta la respuesta: hemos acostumbrado a los políticos a hacer lo que se les viene en gana, actuando de manera “modosita”, con demasiada prudencia como para ser tomados en serio. Usted dirá con razón que se organizan marchas, que hay mítines, que se publican pronunciamientos en las redes sociales. En efecto, hay constancia suficiente de la inconformidad ciudadana, pero aun así los diputados siguen ignorando a los electores ya que no afectan o impiden las acciones que se critican.

¿Cómo hacer que la voz y voluntad ciudadanas estén presentes en los votos de quienes legalmente son sus representantes? Evidentemente hay que cambiar de estrategia para hacer valer los derechos que la Constitución consagra.

Los ciudadanos verdaderamente “empoderados” buscarían organizar asambleas donde se convoque a los representantes en el congreso y el cabildo para pedir explicaciones sobre los asuntos públicos en los que intervienen y manifestar su voluntad con claridad y contundencia; lo anterior supondría una organización de barrio, colonia o sector que funcionaría de manera horizontal y transparente, convocada por un comité vecinal rotativo que se encargaría de los aspectos organizativos y logísticos. Los diputados y regidores tendrían que sujetarse a los acuerdos de los vecinos de su distrito, so pena de ser señalados como indignos de su representación.

Al parecer, aun no se entiende que un representante, llámese diputado o regidor, no es autoridad por sí, en tanto que sólo posee las facultades que el pueblo elector le delega en los términos de las leyes vigentes. El diputado no se manda solo, sino que debe honrar en todo momento y lugar la representación que se le confirió mediante el voto.

Si el pueblo ve que los supuestos representantes traicionan su confianza y trabajan para satisfacer otros intereses, está en pleno derecho de retirarles la confianza y, por obviedad, promover que les sea retirada la responsabilidad que no han sabido cumplir.

Es necesario que a las marchas y mítines se agreguen medidas como plantones frente al Congreso, módulos de información permanentes en plazas y lugares de reunión popular, formas organizadas de difusión en redes sociales, visitas domiciliarias informativas, movilización periódica de vecinos, sindicatos independientes y solidarios y contacto permanente con los medios de información locales y regionales. De ser necesario, plantones frente a las oficinas y domicilios de los diputados y otros funcionarios involucrados. Los ciudadanos podrán participar de acuerdo a sus posibilidades en un esquema incluyente y equitativo regido por la solidaridad y la búsqueda del bien común.

Por otra parte, nuestra entidad es víctima de la irresponsabilidad ecocida del empresario Larrea quien con su actividad extractiva ha envenenado el Río Sonora, pero tal crimen de lesa humanidad no sería posible si no fuera por una comunidad que prefiere el desahogo verbal y los paliativos a las decisiones firmes y contundentes. ¿Qué fideicomiso puede pagar el daño sufrido por Sonora, en lo ambiental, lo productivo y en la salud de ésta y las futuras generaciones? ¿De qué manera se obliga a los representantes populares en el Congreso a garantizar el remedio y las medidas legislativas para evitar que se siga dañando el agua y la tierra de los sonorenses?

Por el lado de la llamada sociedad civil, ¿dónde están las acciones permanentes y continuas en favor de los afectados? ¿Cuáles organizaciones sindicales y ONG participan decididamente contra los abusos y complicidades de los delincuentes ambientales? ¿Qué instituciones de salud y qué profesionales independientes están interviniendo con sus recursos científicos, técnicos y materiales? ¿Qué hacen las cámaras empresariales en favor de la comunidad? ¿La cúpula empresarial solamente se pronuncia en apoyo a quienes ostentan el poder sexenal, o son capaces de participar en acciones por el bien común?

En este sentido, es ejemplar la labor científica y humanitaria que desarrollan académicos universitarios como Reina Castro Longoria y Antonio Romo Paz, entre otros agremiados del STAUS, en favor de hacer explícita la verdad sobre las consecuencias del derrame tóxico minero de agosto de 2014, y de la salud de las comunidades afectadas, entre las que se cuenta Hermosillo.

Si durante el período del panista Javier Gándara se contrató a una empresa española para construir y operar una planta tratadora de aguas, en beneficio de productores agrícolas y ganaderos, ¿por qué los consumidores domésticos del líquido deben pagar por algo que no les corresponde? ¿Cuál es la razón válida que obliga al ciudadano común a subsidiar a una empresa privada extranjera?


  Si la calidad del agua es, por decir lo menos, cuestionable, y además se deberá pagar un aumento en la tarifa no sólo desproporcionado sino evidentemente injusto, que huele a encubrimiento de raterías y favoritismo empresarial, Sonora merece replantear la respuesta ciudadana en favor de su propio bienestar y progreso, lo que implica abandonar la comodidad de la inercia, el conformismo y la pasividad, y aceptar una verdad inquietante: “sólo el pueblo puede salvar al pueblo”.

lunes, 7 de diciembre de 2015

La amenaza del cambio

      “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie” (Giuseppe Tomasi di Lampedusa, 1896-1957).

Como sabe, la derecha ligada a los intereses de EE.UU. se encuentra de plácemes por la victoria en la Asamblea Nacional de Venezuela, al alcanzar una mayoría significativa. De inmediato Mariano Rajoy de España y John Kerry de EE.UU., se pronunciaron entusiasmados por el resultado electoral: “Ganó la libertad”, dijo Rajoy, mientras que Kerry ofrecía el “apoyo” de su país en favor del cambio venezolano.

Recientemente, en Argentina, la derecha obtuvo la presidencia de la república venciendo al kirchenismo, en una votación que, se dijo, cambiaría la correlación de fuerzas en América Latina en favor del conservadurismo formateado de acuerdo a los intereses del FMI y el capital internacional ligado a los intereses del Norte.

Mientras que en América Latina se observa un avance de la derecha, en Francia Marianne Le Pen también celebra con entusiasmo el avance legislativo de la derecha ultraconservadora que representa el Frente Nacional, y en Oriente Medio los intereses petroleros de Occidente prosperan a costa de la estabilidad política de la región y del respeto a los derechos humanos. El terrorismo más absurdo castiga a la población civil de Palestina, Irak y Siria, mientras que EE.UU., Francia, Alemania e Israel dicen combatir a dichas fuerzas homicidas, al mismo tiempo que las financian, protegen y arman. Israel es comprador seguro vía Turquía del petróleo que saquea el “Estado Islámico”, con lo que forma parte de la red de complicidades que ha tejido Washington en esta sufrida región del planeta.

En México, una población decepcionada del PRI votó hace 15 años por el PAN, para volver a llevar a la presidencia nuevamente al PRI en 2012, en la persona de Enrique Peña Nieto, quien profundiza la aplicación del recetario neoliberal en perjuicio del bienestar nacional. En Sonora se votó hace seis años por el PAN, para ahora hacerlo nuevamente por el PRI, con Claudia Pavlovich. En Hermosillo ha ocurrido una transición similar. A estas alturas, es difícil negar la fatalidad de la teoría del péndulo bajo la premisa de un bipartidismo de facto que opera en la decisión del voto ciudadano.

Tanto el PRI como el PAN han basado su discurso y éxito electoral en los defectos y vicios del otro, haciendo frente común contra quienes se presentan como de oposición al sistema. El bipartidismo tiende a eliminar la competencia, que no encaja en el esquema de corruptelas y complicidades, para el buen funcionamiento tanto del gobierno como de su maquinaria electoral y clientelar. El cambio, desde una verdadera oposición es una amenaza.

En un sistema basado en la corrupción, la política cede su espacio a los negocios, de suerte que los partidos dejan de obedecer a una determinada ideología para abrazar con entusiasmo la posibilidad de hacer alianzas y suscribir pactos no sólo ajenos sino lesivos para sus electores. La opacidad y la manipulación informativa son esenciales para la buena marcha de las estructuras clientelares que ven oportunidades de mercado en la traición y el engaño. La identidad ideológica y el proyecto de país terminan estorbando al impulso empresarial privado, con lo que la función social del quehacer político queda reducida al espacio de los discursos y las explicaciones o justificaciones de la traición a la voluntad ciudadana. En este sentido, resulta fácil criticar el alza de impuestos cuando se es “oposición” pero justificarla cuando se es gobierno. Tal es el caso de la tarifa del agua en Hermosillo y del incremento de la deuda para efectos de financiamiento.

Tanto panistas como priistas acuden al crédito que se traduce en deuda, así como al alza de las tarifas de los servicios públicos, en un círculo vicioso donde la ineficiencia administrativa favorece los negocios y enriquecimientos privados, la corrupción, el desfalco al erario y, de nuevo, más deuda y más alzas en impuestos y tarifas de servicios.

Si es claro que el sistema es corrupto y corruptor, ¿por qué las organizaciones que dicen defender los derechos ciudadanos aceptan el alza en los pagos “si son escalonados”? ¿Cómo justificar un aumento (el que sea, como sea) en las obligaciones ciudadanas si no existen indicios de justicia y equidad en los cobros? ¿Por qué no hay respuestas colectivas enérgicas contra el abuso y el fraude? ¿Qué espera la sociedad para sentirse aludida y ofendida? ¿Cuándo entenderemos que lo que pasa en el mundo, México y Sonora es parte del arsenal de problemas y abusos del sistema económico global dominante? Es claro que el sistema da zarpazos desesperados y sus efectos son temibles, pero también lo es que la enajenación capitalista ha llegado a niveles extremos. 

Las experiencias históricas sugieren la imperiosa necesidad de una reacción ciudadana masiva ante la absurda manipulación y demagogia del sistema, así como formas alternativas de acción política que recuperen la autoestima y el poder del pueblo. La necesidad de un partido de oposición de izquierda revolucionaria parece ser cada vez más apremiante. El sistema no va a caer con reformas, remiendos y parches, sino por la acción decidida de un pueblo cansado de lo mismo, harto de un solo sistema con varias caretas.


¿Ha pensado apoyar a un partido de oposición en las próximas elecciones? Ya es tiempo que lo haga, y que tenga el valor de asumir la parte que le corresponde en el cambio. Por lo pronto, haga camino al andar y marche con la frente en alto en las filas de los opositores al abuso. Diga NO al alza de tarifas.

lunes, 30 de noviembre de 2015

Asalto en curso: el agua.

   “El verdadero gobierno es aquel que no se atemoriza por el engrandecimiento del pueblo” (Víctor Hugo).
 

En el municipio de Hermosillo las cosas parecen empeorar. Ahora el Ayuntamiento se pone en el plan de cobrar un aumento de tarifa en el servicio de agua potable sin que tenga justificación alguna: los beneficios de la planta tratadora de aguas proyectada no serán para los usuarios domésticos sino para productores rurales. ¿Por qué deben pagar por el servicio los hermosillenses que usan el líquido en sus casas? ¿No resulta ridículo que los más deban cargar sobre sus hombros lo que sólo beneficia a unos cuantos?

Los hermosillenses han tenido que soportar gobiernos que endeudaron al municipio, saquearon sus arcas y comerciaron con sus recursos territoriales, haciendo posible que bienes públicos pasaran mediante argucias a manos privadas; en ellos se usaron las instituciones públicas como cajas chicas que vinieron a engrosar fortunas personales.

Se olvidó lo que era el servicio público y la responsabilidad de administrar el patrimonio territorial y social de los ciudadanos. La ciudad capital sufrió el deterioro creciente de sus calles y avenidas, y sus vialidades revelaron la mala calidad de los materiales empleados en su eventual reparación y los baches y fugas de agua demostraron que el gobierno había dejado de serlo para convertirse en un parásito insaciable. La suciedad y malos olores se han convertido en referentes obligados.

No sólo en las áreas de la periferia citadina campea la inseguridad y los efectos perniciosos de la delincuencia. Ahora un asalto o una agresión pueden ocurrir en cualquier parte, aunque cabe reconocer que existen y se mantienen sectores particularmente conflictivos desde el punto de vista de la seguridad pública.

A pesar de que las fuerzas de la policía se han diversificado en varias corporaciones, la confianza ciudadana en los uniformados es baja. Se puede decir que la relación uniformado-delincuente es alta, de acuerdo a la percepción general de los ciudadanos. El abuso de autoridad, el trato grosero y prepotente, el abuso y la eventualidad complicidad con los delincuentes más la falta de probidad profesional son abonados a la cuenta de las corporaciones que se ven como un riesgo más en la vida cotidiana. Es justo decir que por unos corruptos la pagan todos, ya que hay elementos que con su trabajo diario dignifican su uniforme.

A estas alturas, los ciudadanos están cansados de abusos y ninguneadas, de burlas costosas para la economía familiar, de engaños y trapacerías orquestadas desde el poder. En este sentido, la decisión de un aumento en la tarifa del agua es no sólo injusta sino indignante. Pone a prueba la paciencia y la confianza en las instancias que, por ley, debieran proteger el interés ciudadano.

La decisión tomada por la mayoría priista de aumentar la tarifa “porque no hay de otra”, revela una increíble falta de responsabilidad y tacto político. En la esfera de las relaciones políticas y administrativas siempre “hay de otra”. La ley sirve para normar las conductas y  no para aplastar iniciativas y soluciones transformadoras.

Las organizaciones ciudadanas y personas interesadas en nuestro acontecer social han tomado la iniciativa como un abusivo arrebato de torpeza y falta de respeto por los derechos de los hermosillenses. Como una medida bajuna y agresiva contra la economía de las familias trabajadoras, que hacen posible que la ciudad viva y progrese, a pesar de las malas administraciones sufridas.


El llamado es a la resistencia civil, por la protesta enérgica contra el abuso, por la movilización ciudadana en defensa de su legítimo derecho a un gobierno responsable, justo y promotor de la equidad. La ciudad y el municipio merecen respeto, servicio profesional y absoluta transparencia administrativa, pero sobre todo, una gestión pública que proteja, con imaginación y entrega, los intereses y derechos colectivos de los ciudadanos. 

domingo, 22 de noviembre de 2015

La evaluación magisterial y otras chapuzas

                               “El que educa es más padre que el que engendra” (Frase latina).

Ha acaparado la atención el aparato policíaco montado para efecto de “proteger” a los maestros que acudan a la evaluación decretada por el supremo gobierno con fines hasta ahora identificados como laborales más que educativos. La insondable perfidia tras estos despliegues de autoridad pudiera ser ignorada por muchos, salvo por quienes han decidido su vida mediante la preparación y el ejercicio de la profesión docente.

Podrá suponerse que los maestros deben someterse a la evaluación porque ésta garantiza una mejor forma de constatar los conocimientos adquiridos y que se traducirían en mejor desempeño laboral pero, por desgracia, la realidad no es lineal. La actividad docente tiene muchos “asegunes”.

En este punto, cabe recordar que el gobierno ha descuidado sistemáticamente no sólo infraestructura sino cobertura educativa, remuneraciones y garantías para los maestros “de a pie” que trabajan en condiciones fácilmente imaginables en contextos como el África subsahariana, las comunidades rurales de zonas económicamente deprimidas y lejanas de los beneficios de la vida civilizada y el decoro humanitario.

Se pueden encontrar planteles que sólo cuentan con un aula y sin el equipamiento necesario para la enseñanza, en paupérrimas condiciones y olvidados del Internet y la administración escolar. Existen porque hay un maestro que siente empatía por sus alumnos y siente su profesión no tanto como un apostolado sino como un puesto privilegiado en la lucha contra la ignorancia y la marginación, aunque sin la esperanza de mejora de las condiciones materiales y muchas veces a pesar de la intervención de las autoridades.

Hay maestros comprometidos con su profesión y con la comunidad donde trabajan, sin que dejen de existir verdaderos parásitos que medran en las cañerías de un sistema corporativo y decadente que envilece, prostituye y desprestigia a los docentes como gremio, pero, frente a los operadores de la corrupción institucionalizada están los esforzados y honestos, dando la batalla en el aula, la cancha deportiva, el taller y la calle.

La reforma educativa tiene más que ver con la laboral que con un programa nacional que fortalezca e impulse nuestras capacidades como nación en terrenos como los de la ciencia y la tecnología, y que refuerce las posibilidades de avanzar en investigación y desarrollo a partir de lograr generaciones de jóvenes mejor formados académicamente, más inclinados a la investigación y al análisis objetivo de la realidad mundial, nacional y regional, más dispuestos a aplicar y experimentar, y más cultos y dispuestos a entender la pluralidad y riqueza cultural que ha logrado nuestra sociedad en su aventura por la historia.

Lamentablemente, el gobierno cegado por el dogmatismo neoliberal emplea su poder en labores de represión y amedrentamiento del magisterio nacional, valiéndose de la fuerza pública para tan ridículas y antidemocráticas tareas, llegando incluso al acarreo aéreo de los profesores, según reporta la prensa. El abuso y la falta de visión histórica son evidentes, como también lo es la decidida oposición y resistencia pacífica de los maestros disidentes.

Así pues, mientras los trabajadores luchan y se oponen a las reformas apátridas, los legisladores del sistema ponen piedras en el camino al desarrollo independiente y soberano del país.


Según se ve, no puede estar lejano el día en que los ciudadanos decidan, por conveniencia propia, romper las cadenas de la inercia y la apatía comodona y empiecen a sumarse a las demandas de las fuerzas progresistas de cada comunidad nacional. Por lo pronto, el apoyo a la lucha de los maestros por una educación pública, gratuita y de calidad es necesaria y categórica, porque va de por medio el futuro de todos.

lunes, 16 de noviembre de 2015

Las fechas borrosas

“Desconocer lo que ocurrió antes de que tú nacieras es ser siempre un niño” (Cicerón).

No hay duda de que la memoria de los pueblos forma parte de su patrimonio intangible, de sustento del orgullo nacional y prontuario de la identidad que se construye a golpes de tiempo y decisiones. La historia nacional con su rico y variado contenido se cuelga del aparador de la realidad con los ganchos del calendario, así la fecha representa la forma en que se hace presente el hecho o suceso contenido en la memoria colectiva. Si la historia en su apariencia más elemental es aprendida por los escolares mediante la relación de fechas, nombres, hechos y lugares geográficos, el civismo supone la conmemoración colectiva consagrada a la comprensión y encomio de la obra de quienes aportaron su palada de arena, vertieron la cal, acarrearon el agua y pusieron los ladrillos del edificio institucional del país.

La conservación ordenada y pulcra de los capítulos que integran la epopeya nacional y su difusión y estudio corresponde a la educación pública primordialmente, debiendo el gobierno no sólo proveer su marco normativo sino organizar apropiadamente el calendario conmemorativo de sus hechos relevantes. Las fiestas y conmemoraciones patrias, los hitos y sucesos del pasado unen a los mexicanos del presente con sus antepasados más remotos, y sientan las bases para el México por venir. Somos un pueblo con historia, tradiciones y costumbres propias, que se van modificando y enriqueciendo a la luz de lo que fuimos, somos y podemos ser.

La explotación y conocimiento de las profundas raíces del árbol nacional permite analizar causas y estudiar y comprender efectos, de suerte que las causas, el contexto de las situaciones pasadas, su desarrollo y consecuencias pueden arrojar luz sobre las complejidades del desarrollo nacional, y servir de experiencia para abordar los problemas del presente, basados en una concepción dinámica de la sociedad.

Si la memoria puede guiar la inteligencia hacia las mejores soluciones a los problemas que nos competen como sociedad, el olvido puede, en cambio, conducirnos por un camino de errores e improvisaciones cuando no de decisiones forzadas por intereses que no son los nuestros. Es por ello que la conciencia del pasado orienta nuestro futuro como nación independiente y soberana. 

Por desgracia, nuestro gobierno ha renunciado a la historia nacional mediante la adopción de mecanismos de amnesia institucionalizada que vacían de contenido las fechas importantes de nuestro calendario cívico. Desde la llegada de los gobiernos neoliberales la historia patria ha venido a menos, las ceremonias conmemorativas devienen en pasarelas huecas y ridículas y los desfiles del 16 de septiembre y el 20 de noviembre se realizan en cualquier otra fecha bajo el argumento de que en el país se deben eliminar los “puentes” en aras de la productividad y el mejor desempeño laboral, además de servir como medio para inducir una nueva cultura laboral.

Ahora se ve como correcto desfilar el lunes 16 en vez del viernes 20 de noviembre. ¿Qué día laboral se gana perdiendo un lunes en vez de un viernes? ¿En qué influyó en la productividad este cambio si de cualquier forma se contará con tres días inhábiles en el sector oficial?

México es un país que destaca entre los miembros de la OCDE porque sus trabajadores tienen jornadas de trabajo más largas y reciben pagas más reducidas. Nadie puede decir con verdad que el trabajador mexicano sea un flojo bien pagado, o que sea privilegiado desde el punto de vista de la legislación laboral. De hecho, se ha retrocedido sustancialmente en esta materia a partir de la reforma laboral, así como por las reformas a la legislación federal en materia de seguridad social, como es el caso del IMSS e ISSSTE, donde el cambio en el sistema pensionario repercute directamente en beneficio de agentes financieros privados y en contra del bienestar y seguridad patrimonial de los propios trabajadores. 

En la medida en que la historia sea una materia escolar en vías de desaparición, las nuevas generaciones dejarán de encontrar significado a las fechas conmemorativas, a las ceremonias de aniversario y al costo en vidas y esfuerzos que ha tenido la construcción de nuestras instituciones, la seguridad de nuestro patrimonio, el dominio de nuestros recursos y la majestad de la Constitución, ahora administrada como mercancía en liquidación por magistrados venales y funcionarios apátridas.


El aniversario de la Revolución, el de la expropiación petrolera, el de la nacionalización de la industria eléctrica, como el de la independencia nacional, terminan siendo cascarones huecos por la podredumbre neoliberal. Es tarea patriótica de urgente realización recuperar nuestra historia, el significado de las fechas, el contenido de los hechos y situaciones que nos han moldeado como país independiente y digno de un mejor futuro. Recuperemos la República, ya.