Notas Sueltas es un espacio de opinión sobre diversos problemas de carácter social, económico y político de interés general. Los comentarios pueden enviarse a: jdarredondo@gmail.com

sábado, 11 de febrero de 2012

Las campañas

El aire se siente viciado por la intensa chamusquina neuronal que se despliega en las agencias de publicidad, ya que a la par que diseñar campañas de venta de jabones milagrosos para la limpieza de esas manchas de semen y sangre, vino y chocolate, se tienen que esforzar por planchar la arrugada imagen de candidatos presidenciales y otros puestos que se ponen en pública subasta en estos tiempos de subdesarrollo electoral. Sucede que los partidos políticos deben deshacerse de los cachivaches a medio uso que suelen pulular en sus oficinas o en las elegantes y bien resguardadas burbujas del poder ejecutivo.

Los artículos de uso corriente podrán, mediante la maquillada de rigor, lucir una lozanía y, sobre todo, la utilidad que la naturaleza les negó pero que la mercadotecnia puede conceder mediante el pago de los generosos estipendios correspondientes. La vanidad personal y el afán de permanecer en las preferencias del público consumidor de propaganda son sus mayores impulsos, además de la masa de intereses de los inversionistas actuales y futuros.

Los partidos se alistan en todos los sentidos, incluso en aquél que más se acerca a la necesidad de la audiencia, porque el que paga manda en eso de llegarle al respetable auditorio con una oferta que no podrán rechazar; es decir, que la maquinaria aceitada por los imperativos de allende el Bravo y de los poderosos caballeros del dinero locales y trasnacionales, exige que el candidato (sea hombre, mujer o pirata), presente una cara convincente aunque no se ajuste a su realidad personal y política, con el fin de seguir dando las consabidas concesiones en materia de contratos de obra pública, infraestructura, excepciones en materia de aplicación estricta de la ley, oportunidades no confesas de negocios y la influencia necesaria para impulsar reformas a la legislación secundaria para los fines antes señalados a los patrocinadores logrados.

Si bien es cierto que las cifras de aumentos a la canasta básica y de pobreza están a la alza, no se puede negar que las explicaciones oportunas convencerán a la población con déficit cultural e informativo de que vamos remontando la crisis y que la economía mexicana está “blindada” contra cualquier amenaza de pesimismo que pretenda inculcar la realidad. Los analistas serios bien se pueden quedar en las universidades y otros centros de investigación, que para eso son las aulas, los seminarios y los talleres. Fuera, en el “mundo real”, las que cuentan son las oportunidades de negocios y si se tiene que lidiar con la verdadera causa de las crisis, entonces se aplican generosas capas de maquillaje y spots adhesivos para enterrar las ideas subversivas de los estudiosos independientes.

También las campañas negras son una buena alternativa contra los efectos perniciosos de la verdad. Así que los profesionales de la creatividad mercenaria son altamente considerados en los despachos ejecutivos que inciden en el negocio de las elecciones. Usted puede sacar del almacén un producto defectuoso y mediante las artes del diseño de imagen tiene un lanzamiento capaz de convencer al menos dispuesto de los clientes. Desde luego que los objetivos de las campañas son ahora, como nunca, los jóvenes y las mujeres, ya que el “empoderamiento” otrora farfullado por la señora Marta Sahagún demostró ser material comestible para las féminas deseosas de algo más que despensas y sesiones gratis de manualidades. Los jóvenes, por otra parte, significan un interesante coto de promesas y expectativas que se evapora con el paso del tiempo, sin dejar más huella que un leve recuerdo plagado de elementos circunstanciales, por lo que atraen a los políticos sabedores de la impunidad de las promesas incumplidas.

El proceso electoral en un gobierno disonante permite que haya cambios en el gabinete y ciertos puestos comprometidos con los intereses extranjeros al incorporar mujeres a la dura brega del trasiego informativo. Las corporaciones policiacas son un excelente escenario para esa transición sexual que aparenta ser incluyente y equitativa aunque solamente signifique un cambio en la proveeduría de cartuchos para las mismas armas del neoliberalismo de guarache.

Los argumentos a favor de la ignorancia literaria de Peña Nieto tienen el contrapeso ideal en la pedestre candidata del PAN, famosa por su frivolidad y ausentismo legislativo, de suerte que resultan ser dos caras de la misma moneda neoliberal cuyo valor facial es equivalente a seis años más de muertes acreditables a la guerra contra el narcotráfico, desempleo y empleo informal, alzas en los bienes de consumo popular, congelamiento y decremento de salarios reales y apertura de más panteones y pabellones de salud mental para la familia mexicana.

Quizá resulte pertinente pensar en la candidatura de López Obrador como un parte-aguas político en un México agotado económica y psicológicamente. Sería una especie de respiro en las agitadas aguas de la lucha por la nación donde concurren los intereses de Estados Unidos, los corporativos internacionales y los grupos de poder regional abiertos o discretos que jalonean la sábana nacional sin importar su ruptura.

AMLO representa una tendencia moderada que pinta más un rostro humanista que radical. No es una amenaza expropiatoria que enfrente los intereses privados en favor de un estatismo bolchevique, ni mucho menos. Su diálogo con el empresariado lo demuestra. Sería más válido pensar en un gobierno de izquierda moderada cuyo propósito se centra en el rescate de la armonía nacional mediante el diseño de políticas de recuperación del empleo y el ingreso que permitan ahorro e inversión productiva. Supondría, como se ve, el inicio de un verdadero período de transición democrática que nos fue negado con Fox y Calderón. Y usted, ¿se anima a cambiar?

sábado, 4 de febrero de 2012

Paseo dominical por el centro

Era domingo. Salí con el fin de comprar un medicamento. La farmacia a la que iba está cerca del Mercado Municipal en la zona centro de Hermosillo. Desde que tomé la calle que va directamente al Mercado las riadas de gente me pusieron en la situación de un salmón urbano que trata de remontar la distancia a su objetivo luchando contra el obstáculo que representa caminar en sentido contrario a la corriente dominante.

La traumática experiencia se vio compensada por el encuentro con un aparente remanso en forma de establecimiento comercial con especialidad en cualquier cosa imaginable. Al caminar por un pasillo tuve que esquivar a un bólido humano con peso suficiente como para hacerme temer por mi integridad física en caso de un encontronazo. Entre resoplidos de elefante en fuga, el individuo, una masa congestionada de carne tumefacta, grasa y fluidos diversos, pasó dejando una densa estela de olor no sólo confusa sino difusa, aunque definitivamente indicativa de la presencia de algo en proceso de descomposición.

Agucé la vista y no detecté la presencia de ningún cadáver, aunque el rastro odorífero apuntaba hacia la mole resoplante que aún se veía atravesar el local con el desenfado que caracteriza a los obesos con pretensiones de vehículo de la División Panzer, aplastando enemigos, pulverizando edificaciones y eliminando obstáculos apoyados en el peso y el volumen que desplazan. El sentido común me rebeló que el súbito enrarecimiento del ambiente era atribuible a la falta de higiene corporal del cafre, lo que me pareció entendible si se toma en cuenta la cantidad de agua que se requiere para lavar adecuadamente su inmensa carrocería. El hecho me sumió en profundas y serias disquisiciones acerca del servicio público de agua potable.

La anti-higiene ciudadana se debe en muy buena medida a la cómoda disposición municipal de no prevenir el desastre humanitario que viene, toda vez que la carencia de agua y lo esporádico de su empleo redunda en fetideces innombrables. No negará usted que el sudor concentrado durante días o quizá semanas de cuidadosa destilación, convierte a la piel y la vestimenta en un verdadero campo minado para cualquier olfato; en un zona desprovista de lo más elemental para albergar algún atisbo de civilidad y convivencia próxima con nuestros semejantes; en un páramo siniestro donde la muerte social campea triunfante, vencedora de cualquier intento de sociabilidad. Sin embargo, el Ayuntamiento se complace en edificar fuentes y vialidades que servirán para ilustrar los folletines de publicidad inmobiliaria, donde resulta fácil suponer que la demanda de agua subirá y que habrá áreas privilegiadas y zonas de pestilencia colectiva.

De regreso a la calle y con una bolsa conteniendo mis adquisiciones, la nueva ola pestífera que ahora identificaba plenamente parecía ser réplica aumentada de la percibida en la casa comercial dejada atrás. El horror y la náusea parecieron ser los sentimientos dominantes que me habrían de atenazar durante el resto de mi periplo. Reparé en la presencia de los seres humanos que me rodeaban y vi, con curiosidad antropológica, que sus características físicas no eran las típicas de los habitantes de estas tierras, otrora alimentadas con proteínas y minerales producto de la región. La desaparición de abarrotes que surtían productos regionales y su relevo en forma de tiendas expendedoras de enlatados, empaquetados y plásticos multicolores, permite la proliferación de demandantes acordes a esa oferta: seres con un cada vez más reducido poder de compra obligados a consumir chatarra masticable en forma de carnes hinchadas de hormonas, antibióticos y conservadores; frutas, verduras y granos generosamente rociados de pesticidas o genéticamente modificados; botanas y refrescos que pasan a ser el plato fuerte de muchas mesas, cuyos efectos inmediatos son el embuchar cantidades industriales de grasas, irritantes del esófago y estómago, saborizantes y colorantes artificiales inopinadamente permitidos para el consumo humano, quedando seriamente comprometida la calidad de la ingesta y los resultados de la asimilación. La nutrición y la salud no son actualmente preocupación del gobierno que regula y autoriza la circulación de sustancias tóxicas en el mercado.

Un espectáculo dantesco se estaba desarrollando en las calles de mi ciudad: hombres, mujeres, niños y lo que sea, parecían estar en el contexto de un extraño ritual que insinuaba el clima propiciatorio de la caída del sistema económico o, en el peor de los casos, la permanencia del mismo a costa de las libertades. Gordos, flacos esmirriados, gente greñuda y de aspecto vulgar fingía algún tipo de interacción humana de muy dudosa factura. Sólo Dios sabe el acopio de fortaleza que fue necesario para soportar tal horror. La fauna urbana estaba debidamente representada por verdaderas jaurías macilentas que hurgaban en los entresijos de las llagas citadinas en busca de algún vestigio de humanidad, de decoro ciudadano. Cabe recordar que la civilidad tiene como premisa esencial el empleo y el ingreso digno. Un ciudadano mal alimentado, con la moral a la altura de una alcantarilla, no ofrecerá necesariamente buenos ejemplos de cortesía y generosidad en sus interacciones sociales, incluso puede desarrollar psicopatías que lo impulsen a ejercer su voto por los causantes de la opresión económica y la marginación social que sufre. Quizá por eso la gente ha votado por la derecha neoliberal.

Agotado de tantas y tan oscuras visiones premonitorias, decidí adquirir la prensa del día e instalarme en la silla del lustrador de calzado (vulgo bolero). El joven limpiabotas se aplicó de inmediato a las labores propias de su oficio tras un breve preámbulo coloquial. Lo que prometía ser un breve receso en la tortuosa aventura dominical, pronto se vio interrumpido por la llegada de un engendro dueño de una vulgaridad desparpajada y sin atisbos de urbanidad, que dio en picar las costillas del joven proveedor callejero de servicios. Un coro estridente y obsceno resonó a mis espaldas, por lo que hube de percatarme de la presencia de un grupo de envejecidos haraganes que se habían posesionado de una de las bancas del amplio espacio aledaño al Mercado. Deduje que eran representantes de la tercera edad destacados en el puesto de vigilancia lúdica que usualmente se ve en plazas y jardines públicos, como heraldos graznantes de lo que espera al ciudadano al llegar a la edad jubilatoria, con lo que a los horrores de una ciudadanía sin cabeza se añadió los correspondientes a una vejez sin más propósito que el de vegetar profundizando los huecos de una formación escolar apenas elemental. El suplicio terminó al son del último trapazo sobre la superficie brillante y tersa de mis zapatos. Una vez pagada la cuenta del servicio, emprendí la retirada con prisa, asiendo mis posesiones con la firme convicción de que estaba rodeado de potenciales depredadores, de oscuros facinerosos dispuestos a arrebatarme la prensa del día y la bolsa de las compras. Miré a mí alrededor sin detenerme y logré llegar a la acera de enfrente, tras sortear la carrera de obstáculos que esto significa. La presencia arracimada de policías uniformados con ropajes oscuros no logró más que aumentar mi nerviosismo y pensar en las aportaciones del crimen organizado a la oferta de empleo de la sociedad.

Uno puede pensar que la profesionalización de la criminalidad merced, a la influencia gringa y su presión por demandar cada vez más armamento e “inteligencia”, tiene su exacta correspondencia en los esquemas de entrenamiento y organización de las fuerzas policiacas, el abasto de armamento, equipo aeronáutico, electrónico, intercambio de información y transnacionalización de la seguridad. Ambas vertientes representan la moneda del gran negocio de la intranquilidad social, el nicho de mercado de las corporaciones extranjeras que generan habilidosamente las condiciones que persuadan a sus clientes potenciales a dar el paso de la dependencia en materia de seguridad pública. Los grupos de policías que vi eran de seis individuos entre los que se encontraba una mujer. La policía que me tocó observar caminaba como lo hacen en los viejos western: piernas arqueadas, panza apenas contenida a fuerza de faja o forzada tensión de abdominales, mirada vaga y gesto de indisposición gástrica. He ahí la feminidad diluida como parte de las tácticas disuasorias que reprimen el encanto de ser una joven mujer que, aunque algo entrada en carnes, alcanza a proyectar lozanía y algo de gracia.

El espectáculo de una ciudadanía devastada por la crisis económica y sus efectos psicosociales fue, por decir lo menos, una lección que merece recibir más pronto que tarde quien se conforma con transitar por la ciudad sin ver lo que le rodea, sin percibir en qué nos estamos convirtiendo, sin sentir en carne propia la miseria y el deterioro de la infraestructura, los edificios, las calles, el drenaje, el servicio de limpia y recolección de basura, la calidad de la relación entre personas, el respeto al otro, a las circunstancias y características del modo de vida del vecino, de su derecho a vivir decorosamente, de su autoestima, del orgullo de ser parte de una comunidad, de la seguridad que merece la persona y sus posesiones, de disfrutar ser, en fin, habitante de la capital de Sonora.

Tras el breve recorrido, reflexiono y me invade la indignación y un sentimiento de identificación y solidaridad con mis conciudadanos convertidos en precaristas cívicos, en parias dentro de su propia tierra. Nadie merece un gobierno que le baja la moral cuando hace estallar las expectativas de una vida decorosa y digna. La triste realidad es que somos una sociedad que se autoengaña, que convierte en gracejada lo que es simplemente lamentable, que acude al chiste ramplón y chabacano como salida lúdica a la impotencia, a la rabia de ser un cero a la izquierda en las decisiones sobre su propio futuro laboral, político, cultural, y que lo que hace el gobierno es una forma de ganar tiempo entre elección y elección, entre procesos electorales cuya redundancia los hace planos, insustanciales y predecibles. Las promesas oficiales de mejora simplemente actúan como distractores que alimentan una civilidad chatarrizada, inválida por tener la conciencia deteriorada gracias a la propaganda triunfalista, a las filtraciones oportunas, los escándalos y argumentos de fotonovela, a la sensación de inseguridad que atenaza las conciencias y la obscenidad de las campañas contra el crimen organizado donde son más los muertos accidentales que la contención de los verdaderos delincuentes.

En mi próxima salida, tendré el cuidado de ver tras la apariencia de indolencia vulgar a una ciudadanía capaz de levantarse y caminar por su propio pié, demandante de respeto y celosa de sus deberes y obligaciones cívicos, pero dispuesta a reclamar valientemente sus derechos históricos. Veré un pueblo digno a punto de erguirse porque no desea permanecer más de rodillas; un pueblo orgulloso de su composición pluriétnica, porque el color de la piel, la estatura y los rasgos faciales son algunas de las variadas formas de la caligrafía cultural que compartimos, que nos hace ser un pueblo más de la grande y maravillosa patria común que es América Latina, en la que México se dispone a ocupar el lugar privilegiado que tuvo y perdió por la torpe obediencia al extranjero de los gobiernos neoliberales. Sé que podemos, pero en lo social y lo político el movimiento se demuestra andando. Tomemos la calle.

martes, 24 de enero de 2012

La toma de instalaciones

Las instituciones cuentan con edificios en los que se desarrollan sus funciones, así una escuela tiene aulas y oficinas; el gobierno cuenta con amplios espacios de oficinas llenos de escritorios y archiveros; cualquier burocracia o negocio privado tiene edificios, mobiliario y equipo apropiado para sus actividades.


Pero, las instituciones públicas o privadas, no son solamente edificaciones, mobiliario y equipo. Los recursos humanos tienen un papel estelar, porque representan el elemento dinámico, pensante de la institución. Los trabajadores son los que en la práctica hacen a la institución, la construyen día con día con su actuar en el marco de las reglas y procedimientos que les son propios.

Ninguna institución educativa, por ejemplo, es excelente solamente por su infraestructura. Es buena por la calidad de sus académicos, que en la docencia, la investigación y en la extensión y difusión de la cultura cumplen con los objetivos institucionales.

Los académicos no son robotitos a los que se les insertan monedas cada quince días y que tienen que funcionar eficientemente en cualquier circunstancia. No son objetos desechables ni juguetes de la administración universitaria. En la Universidad de Sonora parece que el concepto de personal académico encaja dentro de las connotaciones de inventario, con costos de mantenimiento, manejo y vida útil calculada en los fondos de depreciaciones de la “empresa” con tasa cada vez menos costosas si consideramos el deterioro de la moneda y el congelamiento del salario en términos reales.

A la pérdida de poder adquisitivo de la comunidad universitaria se le añade el desprecio poco disimulado de la administración, que acude a la ley cuando se trata de no resolver casos evidentemente ligados a la displicencia y desaseo en la aplicación de las normas, las cuales son como aras cargadas en manos amorales. Se pude argüir que se cumplió con la norma, pero lo esencial queda oculto bajo la andanada de elementos legaloides. La honestidad y rectitud en la aplicación del estatuto es lo que queda en entredicho.

Lo que sucede es que se viola la norma fingiendo su cumplimiento. El problema no es el estatuto, sino la corrupción y el sectarismo con que se deciden los resultados.

El problema de fondo es de incumplimiento de las normas, de las complicidades y mafiamientos, de compadrazgos y nepotismo, de cuatismo y manejo discrecional de atribuciones en los puestos directivos, de mercantilización de la educación superior, de zanahorias como el programa de estímulos y la dependencia de la aprobación externa mediante ridículas "certificaciones". La Unison debe recuperar su estatus de autónoma.

El problema central es la Ley orgánica 4, que permite la más absurda verticalidad en la toma de decisiones. Eso es lo que convenientemente no menciona el rector en su crítica-ataque al sindicalismo universitario.

Hoy los sindicalistas universitarios luchan desde sus respectivas trincheras por una mejor universidad. El enemigo a vencer es el neoliberalismo que ideológicamente violenta la vida académica y trastoca la autonomía, vulgarizando la sustantividad de las funciones institucionales en una clara evasión de sus más trascendentes objetivos. Lo deseable es la unión entre estudiantes y profesores, pero si los primeros no entienden lo que está en juego, el académico debe seguir luchando por una mejor universidad y un trato más justo, democrático y transparente.

La verdadera causa de los problemas universitarios es la ignorancia con que las autoridades estatales y las burocracias universitarias pretenden conducir la vida institucional. La palabra clave es “respeto”. La actitud de ataque y descalificación del sindicalismo universitario por parte del rector, da cuenta de esto. La legalidad de la toma de las instalaciones está precisamente en el motivo que la impulsa: la defensa de un derecho.

Las instalaciones que integran la parte física de la institución universitaria son patrimonio del pueblo de Sonora y de los universitarios, no sólo de la burocracia universitaria. La toma de edificios es una expresión del malestar que existe en el seno de la comunidad académica. El rector pretende desviar la atención de ello y, lamentablemente para él, no lo ha logrado. El Departamento de Enfermería merece mejor trato, empezando por el cumplimiento del estatuto y la reposición del concurso por oposición motivo de la inconformidad. Las enfermeras en lucha merecen toda nuestra atención y respeto. Adelante.

domingo, 22 de enero de 2012

Lovecraft

"El pensamiento humano es el espectáculo más entretenido y el más desalentador de la Tierra."
H.P. Lovecraft
(1890-1937)

            

viernes, 20 de enero de 2012

Hablando de acarreos y cacareos

La nota periodística despertaba cierta angustia, una oscura premonición atenazaba el cogote y resecaba la boca. Que Cordero, el del salario fabuloso de los 6 mil pesos que quita los males del mundo subalimentado de las familias mexicanas, visitaría la ciudad capital de Sonora. Desde luego que la nota daba las señas del acontecimiento: el estadio de los Naranjeros de Hermosillo, el Héctor Espino.


Al día siguiente la prensa reportó las vicisitudes del acarreo pitufo, en el que una buena parte de los circunstantes no sabían ni el qué ni el para qué de la convocatoria nopalera en tiempos de inopia cívica. La chaviza rozando la minoría de edad menudeó como lo hacen las parvadas de hijines de papi que ponen la nota chusca en los avatares de la participación inducida en política, así como los ciudadanos que están ahí, sin deberla ni temerla, en espera del pase de lista y el saludo obligado al jefecillo inmediato de esa dependencia gubernamental en donde cobra venturosamente cada quince días.

Los acompañantes del prócer de los 6 mil pesos (y de la confusa sabiduría literaria que pone en el mismo plato a Maquiavelo y Saint-Exupéry en la autoría de obras no necesariamente leídas y comprendidas, pero al alcance de labios candidateables al micrófono presidencial), se instalan en el entusiasmo prefabricado que sus pastores tuvieron a bien proporcionarles, en las manifestaciones de júbilo aprendidas del reciente video y la idea de triunfo que viene enlatada junto con las promesas propias del caso: conservar el empleo, ganar apoyos para mini-micro-changarros, lograr una beca… El caso es que la franquicia llamada democracia requiere de alguien que la administre y obtenga utilidades.

El aburrimiento programado rindió sus frutos y el panismo sonorense hizo gala de prodigalidad encomiástica, de dispendio verbal, de imaginación en pleno furor que lo mismo cura verrugas que deshace entuertos. La república bananera de México revive y se estremece al son que tocan en Los Pinos, en una cacofonía digna de ser ignorada y en un discurso plano, redundante, absolutamente prescindible, pero dicho y actuado como si la democracia dependiera de esto. En el pequeño mundo de la derecha de guarache, la forma es norma y el fondo a la derecha.

Es justo reconocer que tanto el errático Cordero como el zangolotino candidato al senado, Francisco Búrquez, nos han regalado ubérrimas muestras de humor involuntario aunque, francamente, no persuaden a nadie de emitir el eventual voto favorable (hay quiénes aún conservan intactas sus facultades mentales, su sentido cívico y las responsabilidades propias de la democracia). Quizá las espantosas muestras de estulticia electorera que se han perpetrado en Sonora tengan la utilidad de disuadir a los entusiastas del morbo político y se inclinen por quién sí tenga alguna propuesta distinta a las típicas del neoliberalismo de guarache, que sugiera la voluntad del cambio verdadero, que apunte hacia la construcción de un país incluyente y justo.

El acarreo pitufo y la parafernalia electorera serán recordados como muestras de descarrilamiento mental en la carretera de las frustraciones nacionales, como una nube tóxica que pasó haciendo daño y logró que algunos se reconfortaran en el olvido de los daños ocasionados por la muerte del sentido común, fulminado por las armas de diversión masiva del foxismo y apuraran el trago amargo de la anencefalia presidencial (¡por segunda vez consecutiva!) que confunde cooperación internacional con servidumbre en el calderonato.

La gira política de exhibición del personaje aspirante a candidato que cobró fama por suponer que las familias mexicanas sólo necesitan de aire y entusiasmo para vivir, fue, por decir lo menos, el motor de arranque del acarreo por la famélica provincia mexicana que reprodujo con distintos colores pero con afán populachero las tan criticadas jornadas el priismo del siglo pasado, como si la crítica al adversario político pudiera justificar el hecho de hacer lo mismo, pero más ridículo.

Las sonrisas de oreja a oreja y el parloteo chabacano que maquilla al silencio profanado, no logran disimular la grave transgresión a las leyes de la lógica: la multitud acarreada por más que vista de blanco, sigue siendo acarreada. El sapo no necesariamente se transformará en príncipe, por más que el besuqueo insista en dotarlo de identidad prestada, de cualidades cuya desproporción lo hace aparentar suficiencia, en una especie de tragicomedia que sitúa la degradación del sujeto en la política de alcantarilla que fluye de Los Pinos.

Los sapos económicos y las princesas azules desentonan al cantar las buenas nuevas de una república sin cabeza, como si el tono presidencial no se les diera, como si el oído acostumbrado al autoengaño resintiera el bramido de la indignación que, aun sin darle crédito, condicionara los escenarios, el guión y la parafernalia de la farsa sexenal en los tiempos del cólera neoliberal, reduciendo al absurdo tanto la economía como la política, la función pública y la privada, la idea de futuro y las expectativas de millones de víctimas precariamente asalariadas o desempleadas.

Ante la imposibilidad de sonreír, se gesticula, y la mueca amarga de la indefensión económica de los más, acicatea la carrera desbocada de los menos hacia el resumidero de la historia. El 2012 es el año de las grandes definiciones nacionales, del parto de los montes o del surgimiento de una nación que se sienta parte de la América Latina, que pueda hablar con clara decisión a los organismos financieros internacionales y plantar cara a un sistema perverso y putrefacto. La moneda nacional está en el aire…

domingo, 15 de enero de 2012

Universidad pública

El gobierno tiene un plan para financiar estudios en universidades privadas en forma de crédito que pesará sobre el que lo solicite. No es un "instrumento" para todos sino para los que consideren tener la capacidad económica para pagarlo. Son 2,500 millones de pesos que bien pudieran financiar la educación superior pública; en vez de esto, el gobierno financia a la educación privada.



(El Fisgón)


viernes, 6 de enero de 2012

Enfermería y la rosca de reyes.

El Departamento de Enfermería, una de las más antiguas escuelas de la Universidad de Sonora, que transitó del nivel técnico al de licenciatura merced a la puesta en onda decretada por la SEP mediante el influjo de los organismos financieros internacionales que ahora dan en hablar y actuar en educación, ostenta sellos y candados en el acceso a las oficinas.


No es que se trate de la apertura de un ciclo especial de vacaciones, una prórroga al período de descanso oficial ni mucho menos. Tampoco es una forma sui generis de celebrar el día de la enfermera (o de la enfermería, si consideramos la inscripción de varones). El cierre obedece a la necesidad de materializar la protesta del personal académico por lo que se considera una fea manipulación del resultado de un examen por oposición celebrado a fines del semestre pasado, en noviembre, de suerte que los académicos salieron de vacaciones de invierno con una piedra en el zapato.

En dicho procedimiento de ingreso para el personal docente se presentaron serias irregularidades que pueden adjetivarse de manera poco amable. Para los efectos de esta nota, distinguimos dos aspectos: la manipulación de los resultados por la vía de las rectificaciones sucesivas y el autoritarismo de la presidenta del jurado al insistir en hacer ajustes hasta que el resultado le fuera satisfactorio y favorable a una de las concursantes.

En esta dinámica, se llegó al absurdo de insistir en una reconsideración del resultado inicial que fue el siguiente:

CONCURSANTES                                            PRUEBA ORAL PRUEBA ESCRITA PRUEBA DIDACTICA CALIFICACION


MARIA ALEJANDRA FAVELA OCAÑO             17.68                   35.55                                39.72                              92.95


CLAUDIA FIGUEROA IBARRA                         16.14                   36.25                                38.80                               89.44

En la denuncia dirigida al presidente del Consejo Divisional de Ciencias Biológicas y de la Salud, por parte de una de las integrantes del jurado, se relata la plática que sostuvieron sus integrantes y que en su parte medular dice lo siguiente: “iniciando la conversación la suscrita de la siguiente forma: “OK, se ha revisado tres veces y las tres veces ha ganado Alejandra, que quieren, a donde quieren llegar, la presidenta del Jurado respondió, “yo no estoy de acuerdo y aquí nos amanecemos”, por lo que la representante de la dictaminadora y la Junta Universitaria, dijo “si esto es así es un cuete”, agregando ¿Quién más le quiere cambiar calificación?”

En el cuadro anterior se ve que a todas luces ganó el concurso la primera participante, y en el siguiente se ve el fruto de la insistencia de la presidenta del jurado y la dejadez de sus integrantes que no quisieron “amanecerse” defendiendo la calificación inicialmente otorgada a los concursantes:

CONCURSANTES                                         PRUEBA ORAL   PRUEBA ESCRITA   PRUEBA DIDACTICA   CALIFICACION


MARIA ALEJANDRA FAVELA OCAÑO           36.12                            17.6                          34.68                                 88.36


CLAUDIA FIGUEROA IBARRA                       37.8                              18.5                          38.6                                    94.63

Se había consumado lo que los académicos inconformes consideran un dictamen amañado, pero más allá de las consideraciones e implicaciones legales del procedimiento y de la manipulación de voluntades y perpetuación de inercias autoritarias, es grande la herida que se ha abierto en la confianza institucional y en la dignidad de los docentes que luchan lealmente por colocarse laboralmente en la Máxima institución educativa de Sonora.

La instancia de resolución llamada Consejo Divisional solamente avaló la decisión tomada por el jurado designado para el examen por oposición, donde parece que solamente se opusieron quienes confiaron en la observancia de los requisitos de ingreso detallados en el estatuto correspondiente, y los que jugaron a ser autoridad y ejercer las enormes posibilidades de coacción que la Ley 4 ofrece a quienes la utilizan como garrote normativo para tundir las cabezas de sus oponentes. Ganaron los que confunden institucionalidad con abyección, razón con capricho. ¡Tan sencillo que hubiera sido respetar el resultado de las evaluaciones!

Hoy Enfermería está cerrada y las profesoras reciben la solidaridad sindical, las muestras de amistad, el comentario de aliento, la compañía en las guardias, la preocupación sincera por el futuro inmediato y el deseo de que el paso a la luz se dé también entre los docentes.

Enfermería es una escuela ejemplar por su dedicación y disciplina, por la calidad humana y profesional de sus egresadas, por su vocación de hacer más amable la enfermedad al paciente. Quizá esta toma de instalaciones purifique el aire viciado burocráticamente que se respira en la institución y fortalezca las defensas de un humanismo que debe ser el centro de la práctica y la teoría en salud.

Frente a las oficinas tomadas y bajo el abrigo de unas enramadas se partió y compartió la rosca de reyes. Feliz día de Enfermería.