Notas Sueltas es un espacio de opinión sobre diversos problemas de carácter social, económico y político de interés general. Los comentarios pueden enviarse a: jdarredondo@gmail.com

domingo, 26 de enero de 2014

Reforma sindical universitaria: los pensionados y jubilados.


El Sindicato de Trabajadores Académicos de la Universidad de Sonora (STAUS) lanza una convocatoria para un plebiscito, en el que los agremiados podrán votar tres propuestas fundamentales de reforma al estatuto que los rige, el día miércoles 29 del presente mes. Se plantea la creación de una delegación de pensionados y jubilados, la limitación de las relecciones de delegados, subdelegados y miembros del comité ejecutivo, así como la creación de un congreso general resolutivo.

Quizá el aspecto más ligado a la justicia laboral, y al que me voy a referir en este artículo, es el de la nueva delegación que se propone, ya que los académicos pensionados y jubilados dejaron en las aulas, laboratorios y pasillos universitarios una buena parte de su vida útil y, en cambio, atesoran no sólo conocimientos y experiencias en sus especialidades, sino que conservan la memoria del ayer y el hoy de sus respectivas unidades académicas.

El jubilado o pensionado cuenta con un valioso acervo de experiencias, conocimientos prácticos y teóricos sobre el difícil arte de comunicar conocimientos de manera organizada y sistemática, de suerte que la formación de las nuevas generaciones de profesionistas se debe no tanto a las mejoras en infraestructura, en sistemas informáticos, en trámites en línea, sino a la responsable y  paciente entrega diaria del docente y el investigador de tiempo y esfuerzo. Los planes y programas no serían más que meros catálogos de intenciones si no fuera por quien los hace posible, les da sentido en la práctica, adapta a la realidad y con el juicio que da el conocimiento de las complejidades de la enseñanza, las hace discernibles y útiles.

Las tradiciones académicas no son producto de las administraciones sino de quien las cultiva y enriquece en su ejercicio cotidiano, aportando calor y conciencia crítica a las responsabilidades institucionales. En este sentido, la antigüedad y experiencia académica lleva sobre sus hombros el progreso real y sin maquillaje de la universidad y, ahora, el STAUS se propone hacer justicia a sus miembros más experimentados.

La creación de la delegación de pensionados y jubilados supone una adecuación al marco normativo interno del sindicato, y es precisamente esta reforma el mecanismo democrático que lo hará posible.  

La reforma contempla lo relativo al padrón de agremiados del STAUS, que ahora deberá contemplar tres categorías de miembros: a) activo, que es el trabajador académico con los derechos vigentes y que mantiene una relación laboral con la universidad; b) Inactivo, que es el trabajador que tiene sus derechos suspendidos por ejercer alguna posición de autoridad, y c) pensionado o jubilado, que es el académico que siendo miembro del STAUS se le otorgó alguna de las modalidades de pensión contempladas en la legislación vigente.

En la parte relativa a los derechos de los miembros jubilados o pensionados, señala que tendrán los mismos derechos y obligaciones sindicales de los demás trabajadores, excepto que no podrán ocupar un puesto en el comité ejecutivo y comisiones estatutarias, y no podrán votar tanto para para el estallamiento como para el levantamiento de huelga.  

Considerando los aspectos nucleares de esta propuesta de reforma, no cabe duda de que rescata el sentido de solidaridad generacional que debe existir entre los trabajadores, que tiende lazos firmes y justos entre las nuevas y viejas generaciones de académicos, que vigoriza y consolida la teoría y práctica de la justicia social y laboral al devolver a los que pasaron a retiro un espacio de participación que les había sido negado, así como el elemental reconocimiento a la experiencia y entrega a la institución.

Lo anterior significa cambios obligados en los contratos colectivos por venir, dada la inclusión de los pensionados y jubilados en el catálogo de derechos de que gozan los miembros activos. Con esto, el STAUS se pone al día en cuanto a logros y reivindicaciones en beneficio de sus integrantes. Seguramente la institución saldrá favorecida con el aporte de los académicos en retiro y, desde luego, el sindicalismo universitario vestirá sus mejores galas. Enhorabuena.


viernes, 17 de enero de 2014

Temporada de viejos

Los tiempos en que el respeto a los viejos era inculcado en los hogares y que cada familia se sentía obligada y, en muchas maneras, agradecida con sus mayores, parecen estar no sólo lejos sino prácticamente borrados de la conciencia colectiva educada en la caducidad de personas, animales y cosas. El concepto ingenieril de “obsolescencia programada” abarca también a los seres humanos merced a los impulsos del mercado que, de la calle pasa a los hogares y los transforma en arenas de combate entre generaciones que luchan por el espacio vital que se reduce en la medida en que lo hace el ingreso familiar y las oportunidades de empleo de sus miembros.

Los viejos, como los cadáveres, tienden a apestar, a ser engorroso y complicado su mantenimiento y almacenamiento. La casa es pequeña y se reduce en la medida en que los hijos crecen ocupando más espacio a la par que la corporeidad de los padres y abuelos parece estar en un proceso de reducción que termina por exigir su desaparición formal, sea por muerte o por destierro en alguna casa de acogida para ancianos. Lo que era tema de las películas gringas ahora parece estar presente en los guiones de las vivencias nacionales. La crisis que se convierte en destino y forma de relación vital trastoca el sentido de la solidaridad intergeneracional y rompe los lazos de la sangre, la memoria y la moral: nos convertimos en animales de sangre fría, como los gringos, y expulsamos a los que nos dieron vida, apellido, tiempo y destino.

Lo anterior viene a cuento por causas accidentales, de esas que ocurren cuando oímos conversaciones ajenas por mera casualidad: “Lo dejamos en el asilo de ancianos. Es que no lo podíamos atender por la chamba. Ahí tiene quien lo cuide”. La mujer tras el mostrador de un puesto callejero de comida chatarra sonríe a su interlocutor, un cliente de aspecto proletario, mientras recibe un arrugado y mugriento billete de veinte pesos. Los viejos están mejor en donde tengan quién los cuide, porque la sangre no llama tan fuerte como lo hace el pragmatismo descarnado de cumplir con “la chamba”, como si una y la otra cosa fuera opuestas y excluyentes, como si la atención a la familia y la actividad económica fueran irreconciliables, como si no fuera posible conciliar el tiempo y el espacio del hogar y del trabajo.

Lo que vemos en la tele de repente es protagonizado por personas de carne y hueso, de hablar familiar, próximo por razones de afinidad regional, por una especie de reconocimiento identitario que como los billetes de veinte pesos se arruga y ensucia al frote de la mezclilla y de las mucha manos que lo guardan, sacan e intercambian una y mil veces a lo largo de las semanas y los meses del ciclo vital del billete de banco, sin perder ese valor que el Banco de México reconoce y respalda, al contrario de lo que ocurre con el cariño y el respeto que se le profesa a los viejos de la casa, que al desgastarse convierte a las personas en cosas, en cachivaches que estorban y que hay que almacenar en los asilos, en esos basureros sociales que recogen las sobras familiares.

La curva de la vida es más amplia en la medida en que la ciencia y la tecnología permiten que la esperanza de vida llegue hasta los 70 años y más, pero este hecho que demuestra el nivel de progreso alcanzado por la sociedad no es celebrado como un logro, sino que se nos persuade de lo contrario mediante el rechazo social, el descrédito y la marginación de los viejos. En las empresas e instituciones educativas es cada vez más común que se hable despectivamente de “los viejos”, en oposición de “los jóvenes” que esperan la muerte de don Fulano o de la señorita Fulana, para ocupar la ansiada plaza que está acaparada por ese vejestorio molesto que actúa como tapón que obstruye el suave flujo de las aspiraciones laborales de varios “jóvenes” que esperan el puesto con ansias criminales.

Recuerdo en una asamblea sindical de maestros universitarios que una abogada,  profesora de asignatura, confesó a los asistentes que le daban ganas de arrojar del tercer piso de un edificio escolar a un académico viejo, para que desocupara la plaza de una vez por todas y así abrirse para ella la oportunidad deseada. El canibalismo manifiesto por alguien educada en el derecho y, por ende, en la legalidad, sólo da cuenta de la dislocación entre la formación académica y la carencia absoluta de calidad moral inculcada y cimentada en el hogar y los valores que la familia reconoce, transmite y practica. ¿La necesidad de empleo inhibe la moral y el sentido común? ¿La carencia personal de seguridad laboral justifica la agresión y aniquilación imaginaria de otro ser humano? ¿Por qué atacar al compañero como fuente del problema y no a la administración que no abre nuevos espacios laborales?

La lucha por el espacio vital laboral es una lamentable expresión de la falta de oportunidades del sistema dominante pero también de la carencia de conciencia de clase y necesaria solidaridad entre los trabajadores para impulsar soluciones justas, coherentes y socialmente constructivas de un futuro mejor. La torpe ignorancia y el egoísmo más pueril dominan la mente y la voluntad del proletariado, nulificando su poder trasformador de la sociedad. En estas condiciones de pobreza moral y política, seguramente seguirá triunfando el bando de los capitalistas y su sistema criminal que excluye y degrada a la clase trabajadora. Por eso estamos como estamos.

miércoles, 8 de enero de 2014

Con el futuro embargado

Pues resulta que en el sistema económico actual las cosas tienen precio y son sujetas a embargo. La idea de que hay valores que trascienden los pesos y centavos pertenece a la arqueología moral pues lo de hoy es la compra, venta y cambalache de todo, sin el “casi” que usualmente le ponemos al concepto para denotar algún hueco que albergue lo no  negociable. La vida es un mercado sujeto a las leyes de la oferta y la demanda en el discurso pero que en realidad ofrece las características de la competencia monopólica y la venalidad de quienes tiene  alguna responsabilidad pública.

En el estado de Sonora la población afiliada al Isssteson deambula entre la incredulidad y el enojo al enterarse de que algunos bienes inmuebles del gobierno pasarían a este instituto a fin de cubrir adeudos con los pensionados, bajo la premisa de que “los derechohabienes verán lo que hacen con ellos”, lo que quiere decir que la política de seguridad social de Sonora es de “ahí te la hechas”, en el más puro estilo de los papalotes sin cola neoliberales en materia de administración pública.

En este tenor, la interpretación de que el gobierno pitufo se sirvió de más de mil millones de pesos para fines aún no aclarados y menos justificados legalmente, pudiera llevarnos a suponer que se realizó una especie de privatización  de los fondos y que ahora las propiedades públicas servirán de tapadera parcial del boquete financiero del instituto, con el agravante de que, según dice el gobernador, “los propios trabajadores sabrán que hacer” con estos recursos no líquidos aunque tangibles. De ahí que, sin advertencia alguna, el instituto se convierte en agente inmobiliario de los trabajadores con la misión de ver quién se anima a comprar o rentar los bienes inmuebles destinados. La moneda está en el aire cada vez más viciado de la insolvencia por causas no declaradas. El futuro es incierto no por su improbable arribo, sino por lo ignoto de su contenido.

Lo cierto es que si los trabajadores han pagado puntualmente sus cuotas, descontadas religiosamente de sus haberes, resulta más que molesto enterarse de que el dinero se esfumó de las arcas del instituto y que nadie haya atinado siquiera a emitir una mentira piadosa acerca de su destino. Por más que las mentes panistas sean creativas en eso de torcer las cosas, hasta el momento el Departamento de Éxitos Virtuales no ha dado de sí, quedando la sensación de que los ciudadanos fuimos víctimas de un asalto en despoblado.

Por el rumbo de Agua de Hermosillo declaran que ahora se debe de presentar el recibo y que ya no funcionará la opción de marcar el número telefónico como identificación del usuario. El engorro y la pérdida de tiempo parecen ser las características de esta administración que busca complicar los trámites y alcanzar nuevas cuotas de ineficiencia. Antes, era de lo más fácil llegar aun sin el recibo y cubrir el adeudo del mes, lo que ahora es imposible porque, según dice la empleada de ventanilla,  “hay que adaptarse a los cambios”. El argumento que trata de justificar las burradas cae por su propio peso, ya que el ciudadano sí se adapta a los cambios, a lo que no se adapta es a la estupidez convertida en norma.

En materia fiscal, otra medida que huele a populismo de coyuntura es la referida a exentar del pago del predial a policías y bomberos, ya que si se trata de completar el ingreso del trabajador por medio de estas medidas, también cabrían los profesores de todos los niveles educativos, el personal de salud, los pensionados y jubilados y las personas con ingresos inferiores a cinco salarios mínimos. La decisión parece un intento de congraciarse con un sector que, en caso de desastres y graves disturbios ciudadanos siempre está presente del lado de la autoridad.

La exención puede ser un mecanismo compensatorio del ingreso sin dejar de considerar el monto monetario que requiere una familia para vivir decorosamente, lo que debiera llevar a revisar la política salarial no solamente de un sector de servidores públicos sino de todos los trabajadores en condiciones similares de ingreso. Debe haber criterios ligados a la equidad y la justicia y no a situaciones de oportunismo clientelar, pero los alcances administrativos y la audacia política de la derecha no tienen el suficiente aliento como para generar cambios que incidan realmente en mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.


Parece que la cuesta de enero será más empinada que otros años, de los que se extrañará un ambiente política y administrativamente jodido, pero aun sin las reformas que finalmente  acabarán de hundir al “navío de gran calado” que es el estado mexicano. Las traicioneras aguas de la codicia transnacional garantizan un naufragio de primer mundo, más si se encuentran saboteadores suicidas en la misma tripulación, ¿o no? 

martes, 31 de diciembre de 2013

Sin arreglo aparente

Todo parece indicar que la izquierda oficial ha sufrido un percance mayor. No se sabe si el producto era de mala calidad o si se trata de una descompostura por problemas de manejo, lo cierto es que el cachivache político y franquicia electoral un día se atora y el otro no avanza. Para muestra está la adhesión al mamotreto neoliberal llamado Pacto por México, inexplicable chapuza que cancela en los hechos la división y soberanía de los poderes de la república, el supuesto de la representatividad legislativa y la búsqueda del bien común. ¡Cuál lejos están los días en que los partidos tenían y sustentaban una ideología propia y distintiva que les daba teoría y práctica diferenciada y que lograba materializarse en un programa coherente, de cara al pueblo! ¿Acaso, se cambiaron principios por intereses clientelares y prebendas político-electorales? Parece que sí.

La triste y ridícula realidad es que los partidos políticos que integran nuestro sistema están viciados, si no de origen, si durante el trayecto histórico que crea y transforma las estructuras que representan nuestra actualidad. La parafernalia político-electoral es una muestra más que evidente de la inutilidad de la voluntad popular frente a los intereses de los grandes medios de comunicación.

En este contexto, la izquierda electoral navega con ambigüedad ejemplar y sus acciones son más bien reacciones debidamente retrasadas de las medidas que toma la derecha en el control del escenario económico y político nacional para bien de los saqueadores extranjeros para los que trabaja. Hace mucho que no se sabe de una respuesta inmediata, fuerte y oportuna de la izquierda en su conjunto, aunque haya manifestaciones de entereza y dignidad política, donde destaca por su posición coherente el PT y el MC, en defensa del interés general en las materias objeto de las últimas reformas constitucionales.

El fin del año 2013 sugiere recuento puntual, análisis y síntesis de lo ocurrido y de las causas y razones que impulsaron las decisiones tomadas. Mientras esto ocurre, se puede adelantar que el país perdió frente a las grandes corporaciones internacionales de la energía, minería, comunicaciones, alimentación, finanzas y educación, entre otras. Lo anterior es evidente si se analiza e contenido de las “reformas estructurales” que celebra el gobierno de Peña. Cada cesión de derechos implica una cesión de soberanía frente a corporaciones que buscan beneficios con un mínimo de costos. En particular, desde los años 90, el gobierno ha empleado casi el mismo argumento para disminuir el dominio de la nación sobre sus recursos, y la soberanía ha corrido la misma suerte al abrir espacios de intervención extranjera en los otrora asuntos reservados de manera exclusiva a la nación. Tenemos un gobierno que reduce su ámbito de competencia y trabaja para aumentar el del extranjero, lo que en tiempos de cordura y dignidad nacional hubiera supuesto traición a la patria.

Mientras que el cinismo adorna el discursos de los gobernantes, la hipocresía condimenta sus juicios sobre los males nacionales, lo que se traduce en una nación que ha desarrollado una enfermedad autoinmune que afecta la memoria histórica, la coherencia del marco normativo y la visión de futuro, porque no es lo mismo ser un país independiente y soberano que una colonia de explotación de recursos. La idea de modernidad atada al impulso extranjero parece sacada del anecdotario porfiriano, donde el gobernante despreciaba el color de su piel y menospreciaba la capacidad propia frente a la extranjera. La inferioridad corresponde a la mexicanidad siempre anhelante de ejemplos que imitar, de tonos de piel más claros, de costumbres más modernas, de referentes más deseables. Somos un pueblo sujeto al arbitrio del poder extranjero por nuestra propia incapacidad de sentir orgullo nacional. La ignorancia es culpable y nos lleva a buscar la aprobación externa antes que la construcción de referentes propios.

Pongo por caso a Sonora, que ante la ofensiva ley migratoria en Arizona los connacionales no dejaron de ir de compras a Tucson, por lo que el boicot no llegó a ser una verdadera amenaza para el comercio de aquella entidad. La idea de solidaridad y compromiso con los migrantes fue menos fuerte que la del cortoplacismo mercantil, la moda o los supuestos ahorros personales que en los hechos contribuyen a la bonanza de una economía que no es la nuestra.

Pero, volviendo a la izquierda, parece necesario que los ciudadanos rescaten la bandera de la defensa de las mayorías nacionales de cara al capital local o foráneo, y que analicen las propuestas y las acciones de los partidos políticos y, en todo caso, apoyen con su voto al que mejor interprete las necesidades locales y nacionales. Aquí queda claro que las fórmulas tradicionales y actualmente mayoritarias no califican en la confianza de los ciudadanos.  En este contexto, Morena parece ofrecer una esperanza de cambio con sentido nacionalista. Se vale probar.

También se vale hacer un ejercicio de optimismo y desear a usted y a su familia un feliz año nuevo.


lunes, 23 de diciembre de 2013

¿Feliz Navidad?

Después del “guadalupanazo” en forma de “reforma energética” propinado a los mexicanos por el gobierno a nombre de las trasnacionales, difícilmente la idea de una Navidad feliz puede pasar por la mente de las mayorías nacionales. Quizá el pequeño sector extranjerizante con anclaje en la política oficial pueda sentir algo así como un logro, una cierta satisfacción por lo realizado y tener la expectativa de progreso que, bien visto, quedaría reducido al ámbito personal y familiar. Los aires decembrinos no son menos fríos que en años anteriores, pero ahora el olor que los distingue es un feo toque de chamusquina que invade el ambiente, y las temibles emanaciones del azufre neoliberal barren con el aroma del pino, los empaques de regalo y los dulces  a granel.

Los villancicos que templan el entorno citadino y le añaden toques de nostalgia internacional suenan como a broma pesada, como a farsa piadosa y pitorreo en los oídos del ciudadano de a pie. La sensación de invalidez política de una mayoría de votantes cruza por los vericuetos del lema “sufragio efectivo, no reelección”, para llegar casi de narices a la convicción de que ni la democracia ni el patriotismo son como antes. Como se sabe, los señores legisladores ven con buenos ojos eliminar el principio electoral anti-reeleccionista consagrado por la experiencia histórica nacional para saltar a la piscina de la modernidad mediante el expediente de la reelección.

Al mismo tiempo que se derriban los fundamentos de la transición electoral, lo hacen con los antes sólidos e impenetrables cimientos del dominio de la nación sobre sus recursos: el petróleo y las variadas formas de energía que se asocian a él quedan sujetas a las leyes del mercado, donde el drama de los tiburones y las sardinas se podrá ver con los colores nacionales diluyéndose en proporciones homeopáticas bajo el lente de los organismos financieros internacionales.

La risa del presidente y el jolgorio de sus correligionarios nos transmiten la ufanía del estudiante recién graduado, oloroso a diploma que, aunque enfundado en el traje ceremonial del cargo supremo de la administración pública federal, mantiene en alto la ignorancia supina del primerizo en materia de cesión de soberanía al extranjero. ¿Qué horrores nos deparará el destino? ¿Qué nuevas sonrisas veremos en los maquillados rostros de nuestros próceres cuasi-holográficos?  ¿Qué nuevas concesiones recibirán los gringos y cuáles serán las condiciones que deberán acatarse?

Como se ve, la vida cotidiana del mexicano medio no puede ser rutinaria ni exenta de la emoción del descubrimiento. Cada tanto el gobierno nos proporciona temas de conversación que de lo extraordinario e inédito pasan a ser piezas que se acomodan sin entusiasmo en el tablero de la rutina y la costumbre; las coordenadas de la vida cotidiana en un país con tendencia a ser recolonizado pueden ser la apatía y el conformismo, cuando no la cínica complicidad y el menosprecio a la identidad nacional. ¿Sería comparable la emoción sacralizante del fútbol con la prosaica defensa de la memoria histórica del país ante la desnacionlización pactada con el extranjero? ¿La idea de traición a la patria es una figura únicamente válida en la literatura decimonónica? ¿Qué tanta vigencia tiene el sentimiento patrio frente a las bondades de la comida rápida y las ideas cortas; el lenguaje abreviado y la vulgarización de lo políticamente correcto en una sociedad cada vez menos informada, culta y politizada? Como se ve, los cambios que mueven a México oscilan y trepidan con fuerza similar a la del terremoto del 85, pero sin brigadas y perros de rescate que palien y reparen lo inevitable en un país petrolero sin proyecto nacionalista que evite o aminore las ambiciones  extranjeras.

La navidad de 2013, promete ser una fecha simbólica esencial transformada por el consumismo en argumento de venta; tanto como lo es el dominio y la soberanía nacional frente a la obsolescencia programada del sector energético que dudosamente justifica la apertura al capital privado extranjero, ahora sin candados que aminoren sus impulsos depredadores.


A pesar de lo que se ha perdido, vale celebrar el rescate de la memoria, del significado de la expropiación petrolera, de la nacionalización eléctrica, de los esfuerzos por industrializar al país, de los programas para garantizar la soberanía alimentaria, de la educación pública gratuita, de la salud, de la defensa de los derechos laborales, de la lucha campesina por la tierra, de los derechos de los pueblos indígenas, de la patria que nos une e inspira para seguir luchando, ahora a contracorriente de las fuerzas dominantes del mercado, pero en el sentido en que lo han hecho los pueblos desde el principio de los tiempos históricos. Hoy pensar en una revolución pacífica, en una democracia revolucionaria, es un asidero a la razón y a la esencia nacional. Celebremos la posibilidad, la utopía transformadora que nos hará libres y dueños de un país soberano, frente a los apátridas trasnochados que trabajan por el neoliberalismo en México. Con esas ideas en mente, ¡feliz Navidad! ¡El petróleo, el gas y la electricidad son y deben ser nuestros! ¡Venceremos!