Notas Sueltas es un espacio de opinión sobre diversos problemas de carácter social, económico y político de interés general. Los comentarios pueden enviarse a: jdarredondo@gmail.com

jueves, 31 de marzo de 2011

La huelga que ves

Como usted sabe, la Universidad de Sonora luce banderas rojinegras porque se ha declarado en huelga el sindicato de académicos. Desde luego, las manifestaciones de horror de los columnistas bien portados se empiezan a leer, poniendo el acento en el daño que se le ocasiona al estudiantado con la suspensión de labores. El gobierno del estado y la administración universitaria declaran su preocupación y no falta el uso de la palabra “responsabilidad” cuando se refieren a la búsqueda de alguna solución.


Tampoco han faltado grupos estudiantiles que en un ejercicio de incomprensión se niegan a reconocer un derecho fundamental de los trabajadores: la huelga. Al parecer este es el caso de algunos estudiantes de Letras y Lingüística apoderados de las instalaciones de su escuela para impedir que pasen a custodia del sindicato STAUS. Otras fracciones minoritarias estudiantiles han declarado que romperán la huelga, en un rapto onírico que supone que la institución son las autoridades y las instalaciones, ignorando inopinadamente a los profesores que mayoritariamente decidieron suspender actividades hasta encontrar una respuesta aceptable de parte de la administración universitaria y estatal.


El neoliberalismo atrofia el cerebro
 Desde luego que no faltan ciudadanos despistados por la mercadotecnia eficientista del capital contra el trabajo que declaran, casi sin respiro, que la UNISON siempre está en huelga, que los académicos ganan mucho, que trabajan poco, que debieran ponerse a trabajar, que los sindicatos son una vergüenza, que qué pasará con los pobres estudiantes ociosos por fuerza mientras se resuelve el conflicto, entre otras muestras de ideologización patronal.

Los anteriores ejemplos pueden servir para ilustrar una concepción del valor del trabajo intelectual como algo no necesariamente digno de tomarse en cuenta a la hora de reconocer la necesidad de mejoras en la calidad de vida de quienes lo ejercen. Por consecuencia, los sindicatos que protegen a los trabajadores académicos son “una vergüenza” y su inexistencia sería como la varita mágica que resolvería la calidad de la educación superior y la investigación universitaria, al librarla de distracciones y exigencias que debieran ser ajenas y lejanas a la academia, tan necesaria en un país como el nuestro.


Estudia niño, que en el futuro...
 En estos razonamientos, no se toma en cuenta algún pequeño detalle como por ejemplo, que el trabajo académico exige a sus ejecutantes no sólo una carrera universitaria concluida, sino en la mayoría de los casos otros estudios avanzados como maestría y doctorado. Cabe hacer el recuento del tiempo promedio requerido para al final tener un profesor e investigador universitario, como los que cuenta la Universidad de Sonora: Tras los 12 años de estudios en el nivel básico y medio superior, se agregan 4.5 de la licenciatura, dos de la maestría y tres del doctorado, lo que significa 9.5 años más de estudios, que totalizan 21.5 años de estudios. Esta cantidad es casi una vida dedicada a aprender en las aulas, talleres y laboratorios lo que será la base de la práctica profesional en educación superior. Pero parece que el esfuerzo y la preparación, y la dedicación a la formación de nuevos profesionistas no vale una huelga si se trata de luchar por mejores condiciones económicas y laborales.

El curioso caso que se nos presenta cuando vemos reacciones condenatorias hacia los profesores universitarios por parte de algunos estudiantes, ciudadanos o simples mirones, es rebasado por mucho cuando nos enteramos de que el gobierno del estado es capaz de hablar de su preocupación por el futuro de nuestros hijos y, al mismo tiempo, cierra el paso a marchas pacíficas que van por las inmediaciones del Palacio de Gobierno, mediante el uso de la fuerza pública; decide elevar el volumen del sonido instalado frente a la sede del ejecutivo estatal, a fin de obstaculizar el mensaje de los manifestantes, haciendo del Palacio de Gobierno un antro al aire libre donde domina la voz de José Alfredo Jiménez, porque “sigue siendo el rey”.

Las manifestaciones ciudadanas pacíficas, respetuosas, legales, son correspondidas con actos de patanería política que ilustran cuán “responsable” puede ser el gobierno que los perpetra. La idea panista de democracia, justicia social y aquello de una patria “ordenada y generosa”, cae por tierra en medio de los estertores del discurso que agoniza frente a la fuerza creciente de la realidad sobre la apariencia, sobre la simulación de un bienestar que solamente disfrutan los parientes, los amigos y correligionarios de quienes ostentan el poder, tanto en el estado como en la propia institución universitaria.

La agresión no es sólo al universitario sindicalizado, sino al ciudadano que confía en la seriedad y cumplimiento del gobierno en turno. La simulación y la manipulación afecta, aquí sí, a los estudiantes, debido a que se genera en ellos una imagen de minusvalía del esfuerzo de quien estudia, de la incorrección política de quien reclama el respeto a sus derechos, de quien manifiesta inconformidades y eleva peticiones y solicitudes. Los convierte en candidatos a explotados sin conciencia de su propio valer; en alienados que creen que el salario es un favor y no un derecho. Por eso se extrañan que los trabajadores marchen y ejerzan su derecho a la organización y, ante la falta de soluciones, la huelga.

En la Universidad de Sonora se debate, aun sin proponérselo, el modelo de relaciones entre el capital y el trabajo, que se puede traducir en una nueva legislación laboral que elimine el derecho a la organización de los trabajadores, a la huelga, a la responsabilidad de empleadores y gobierno de garantizar el derecho a la seguridad social. De triunfar la perspectiva neoliberal en la legislación, el futuro puesto de trabajo será sin responsabilidad para el patrón, sin derecho de antigüedad, con contrataciones outsourcing, lo que significa que a la par que el contrato se firmará la renuncia, o que nadie tendrá el derecho a la jubilación o pensión, ante la inexistencia de plantillas de personal que impliquen responsabilidad patronal.


¿Cómo quieres vivir?
 Si los estudiantes actuales pensaran que muy pronto ellos saldrán a la calle a buscar empleo, ¿qué tipo de condiciones de trabajo les gustarían? Empleos seguros, justamente remunerados, derecho a la seguridad social, con reconocimiento a la antigüedad, o trabajos donde el mañana no existe y el presente depende de otros con los que hay que “quedar bien”.

La huelga no es un capricho ni puede ser una costumbre. Es un derecho que se ejerce responsablemente, de cara a la sociedad y al futuro propio y de los trabajadores que vendrán.

viernes, 25 de marzo de 2011

El golpecito de Estado

Usamos los diminutivos como una forma de expresar el tamaño reducido de personas, animales y cosas pero su uso implica con frecuencia una dimensión emocional que puede ser afectiva o despectiva respecto al objeto aludido. Decir “carrito” puede referirse a un coche compacto o a uno que por sus buenos servicios lo apreciamos, aunque puede significar una birria sobre ruedas si lo comparamos con un auto más potente, elegante o moderno, al que llamamos “carrazo”. En ese orden de ideas, podríamos decir que en nuestro país ha ocurrido un golpecito de Estado.


La dimensión enana de la política económica, exterior, social, y la atinente al régimen en general y al gobierno en particular, permiten invocar la connotación subversiva del término “golpecito”.

Digo lo anterior porque la asunción de un gobierno más de signo neoliberal da por supuestas las medidas privatizadoras y, en consecuencia, de desmantelamiento del aparato productivo nacional en aras del interés del capital extranjero, ya que el nacional no se caracteriza por arriesgar montos importantes en aventuras que en otras latitudes se toman por hazañas empresariales que abren cauces y generan ganancias. Nuestro capital nativo es timorato, poco arrojado, terriblemente conservador y anclado ideológicamente en las cenagosas aguas del porfiriato. Cabe recordar que en aquéllos tiempos decimonónicos la clase terrateniente era dominante respecto a otras fracciones burguesas como los comerciantes e industriales, constituyendo una oligarquía en el mejor de los casos agroexportadora.

En el noroeste se va gestando una oligarquía que responde a ese nivel de atraso, de la que quedan vestigios que se encarga de actualizar el nulo impulso económico de la región y la cancelación de los avances que se lograron en la década de los años 30. El pasado se convierte en presente gracias a la vestimenta que le proporciona el discurso modernizante de los apátridas de siempre, eternos beneficiarios de los fondos públicos bajo en supuesto de apoyar a la producción y la generación de empleo. La farsa neoliberal llega a niveles paroxísticos en el vuelo en picada que inaugura Fox y acelera Calderón. El primero con la sensibilidad y congruencia de un ranchero impotente enamorado y el segundo con la atrofia conductual del que llegó por la trastienda de un sistema político sospechoso de estar diseñado y al servicio del enemigo.

El supuesto porfiriano de que somos los mexicanos genéticamente incompetentes y necesitados del auxilio del extranjero de piel y ojos claros, se ve puntualmente cumplido con la actitud de arrobación lacayuna que permite la violación sistemática de la Carta Magna en materia de dominio de la nación sobre el subsuelo, espacio aéreo, mar patrimonial y recursos naturales, además de los aspectos jurisdiccionales que afectan a la soberanía. Y no sólo eso. Nuestra imagen en el exterior se parece más a la del falderillo que tras las piernas de su amo ladra envalentonado que a la de un país respetuoso del derecho ajeno y amigo de la resolución pacífica de los conflictos. Lo anterior se ve claro con la reciente declaración de Calderón pidiendo a Libia que cese la violencia, como parte del coro internacional que clama en favor de los derechos humanos como una justificación para su violación por parte de Estados Unidos, Francia, Inglaterra y demás fauna oportunista, en una poco disimulada invasión a una nación soberana.

Pero si México realiza una “defensita” de los derechos humanos en Libia, en el espacio de las reivindicaciones nacionales parece existir un vacío que se llena con violencia. El trabajo gubernamental se focaliza en el manejo de medios periodísticos y la información se convierte en el objeto de los afanes de la parte oficial y la oficiosa: se pacta el manejo informativo de nuestra realidad cotidiana que chorrea sangre y vergüenza por todos los poros de la conciencia colectiva. En apariencia la limitación del sensacionalismo es sana, lo que resulta perverso es el ocultamiento de los hechos y la desinformación; la posible opacidad en la que estaremos condenados a vivir, siempre tendrá la posibilidad de ser revertida mediante la acción de las redes sociales, del uso de twitter, Facebook, el correo electrónico y la voz de alarma que suena y sonará en pasillos, mesas de café, corrillos y sobremesas familiares.

El desencanto nacional también se expresa por el impulso de políticas aperturistas en rubros de la exclusiva competencia nacional: ahora las policías gringas intervienen en la investigación de delitos del fuero federal y local, hay agentes armados en las calles de México y se experimenta con acciones de talante “rápido y furioso”, además del espionaje telefónico e informático, satelital y ahora aéreo. La cesión de soberanía se equipara a la de la virginidad y la oferta de cirugías reconstructivas patrocinadas por la Iniciativa Mérida no logra compensar la certidumbre de una prostitución anunciada.

Heil Obama
Se puede resumir diciendo que la derecha neoliberal panista logró dar el golpecito de Estado que el imperialismo gringo quería, afecto como es a los eufemismos, a la hipocresía de una democracia enunciativa y unilateral que actúa como garrote internacional en manos de un loco furioso. La nación que fuimos, otrora ejemplo en materia de diplomacia y derechos sociales, pasa a ser alcahueta a sueldo del rufián del vecindario con lo que también se nos descompuso la imagen internacional hasta el nivel de “nacioncita” bananera, de corifeos del imperio.

domingo, 20 de marzo de 2011

Exceso de corriente

Las declaraciones el triunfalismo oficial revelan que la cosa pública va que va. Los significados comunes quedan relevados de toda responsabilidad con la realidad dado que, entre otras cosas, la idea de lo que son ha cambiado radicalmente. El recurso de la ambigüedad resuelve las más complejas situaciones y la verdad puede quedarse a dormir en su casa una siesta interminable o, cuando breve, alcanzar proporciones similares a un coma inducido por lo políticamente correcto en la conducta del que posee información que merece saberse.

Las lecciones de una crisis que aparenta ser ventana de oportunidades, marcan la pauta a seguir en materia de engaño masivo, como anunciando la futilidad de la verdad y la cercanía del logro por medios fraudulentos. La mentira establecida como columna vertebral del discurso permite la creatividad, pero también exhibe su carencia y la escasez de recursos intelectuales de quien la practica. Ser mentiroso no es cosa fácil, porque requiere memoria, creatividad, consistencia y sangre fría, además de dotes histriónicos de cierto calibre. Sin ello, el mentiroso no pasa de ser una muestra de la vileza humana en un mundo donde el asesinato, el asalto, el secuestro y la mutilación compiten por lograr el sitio de honor.

La irreductible oquedad mental del ocupante de Los Pinos suele festejarse por los corrillos de la izquierda petista, mientras las modosidades de los perredistas ponen algo de distancia con esa especie de izquierda respondona que enarbola banderas que descomponen el cuadro de la civilidad que dibuja con trazos gruesos el chuchismo y, desde luego, el panismo organizado. La valiente y claridosa toma de tribuna protagonizada por los señores Noroña, Cárdenas y Di Constanzo, y sus secuelas en la opinión ciudadana, ponen la nota independiente en los avatares de la Cámara de Diputados, recuperando el carácter popular de esa representación y una no muy común congruencia con sus ideales políticos.

Mientras tanto, los amantes de la cortesía versallesca tiemblan de indignación ante el espectáculo de la verdad, chillan con atoramientos porcinos y gimotean amenazas reglamentarias en un mundo donde el estado de derecho se ha convertido en un cacharro para descargar esfínteres y ocultar defecciones y chapuzas legislativas. El rebaño azul babea la furiosa exigencia del respeto al Presidente aunque los bebedores ocasionales de cerveza especulen acerca de las bondades de la moderación etílica, sabedores de que el alcohol y la política deben ir por separado.


Una gracejada más
 Mientras en México se debate la conveniencia de renunciar a la soberanía en aras de la seguridad imperial, en mundo conoce una más de las exhibiciones de poder y corrupción manipulativa de Estados Unidos, ahora encabezando la invasión a Libia por pretextos humanitarios. Desde luego que no escapa a la atención internacional el vasallaje francés como operativo en la apertura de fuego contra los objetivos militares y las tropas de Gadafi, en un afán que no puede negar su esencia intervencionista cuando no de claro atraco en pos del petróleo libio. Si bien es cierto que la permanencia de Gadafi ha generado distorsiones patrimoniales en los asuntos del gobierno libio, no se puede negar que esos asuntos corresponden a la soberana decisión de ese país y no a los gustos y disgustos del gobierno de Washington. Sin embargo, la diplomacia guerrera gringa ha decretado la urgencia de la salida de Gadafi, para dejar el espacio libre que permita la imposición de un gobierno subordinado a los intereses de Estados Unidos. El papel de las Naciones Unidas no puede ser más triste por su obediencia lacayuna a los apetitos del cáncer mundial actualmente representado por Obama.

La idea de democracia como práctica exclusivamente moderada y sancionada por los Estados Unidos suena a tiranía mundial sostenida por la fuerza de las armas y la presión económica, como lo demuestra el caso de Egipto, que permitió que los gringos prácticamente manejaran su ejército, lo armaran, entrenaran y supervisaran su funcionamiento, gracias a los préstamos para comprar armas, asesoría y entrenamiento a los propios Estados Unidos. Este caso patético bastante recuerda cómo se perdió la soberanía de Colombia a través del apoyo económico y la venta de armas por parte de Estados Unidos, asunto que ahora se maneja en México como una forma de cooperación entre vecinos que comparten una frontera y una problemática. El sobrevuelo de naves estadounidenses desde 2009, es una clara violación del espacio aéreo mexicano, aunque el gobierno de Calderón asegure que no es así.


Cooperación
  La ridícula actitud de Patricia Espinoza, Secretaria de Relaciones Exteriores, manifiesta una especie de autismo político que sólo demuestra cuán alejados están los gobiernos neoliberales de las obligaciones constitucionales y el cumplimiento de las leyes que nos rigen. Dar por buena la intervención extranjera y matizar la violación del espacio aéreo mexicano como una forma benéfica para ambas naciones por la “inteligencia” que genera, es una actitud entreguista que no merece una pena menor a la aplicada por los patriotas mexicanos del siglo XIX a los traidores Miramón y Mejía.

Pero en el México del ridículo hecho gobierno, la dignidad nacional y el espíritu nacionalista pasan por ser expresiones de atraso pre−moderno, aunque sean justamente las manifestaciones que la nación requiere con urgencia. Así las cosas, no estaría sobredimensionado el calificativo de traidor a Calderón, quien actúa como simple gerente de Washington. La nación requiere de un gobierno que sea nacionalista, patriótico, inteligente como para saber a diferencia entre “cooperación” y subordinación.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Cuestiones improbables

La última salida de Calderón a las tierras de Obama fue con propósitos de shopping, aunque algunos sospechan que la descolgada del jefe de las instituciones nacionales obedeció al tronido de dedos del negrito cucurumbé angloparlante domiciliado en la Casa Blanca, lo que hizo que el viaje de placer fuera la versión albiceleste de aquella canción de entrañable esencia porfiriana: “Borrachita me voy hasta la capital, pa´ servir al patrón que me mandó llamar…” Los sufrimientos producto de la subida y bajada de colores ante el imperio, seguramente obraron como laxante en la humanidad calderoniana y el tema de la seguridad de los agentes gringos pudo abordarse con las dificultades propias del caso: la ilegalidad de la presencia de fuerzas extranjeras en territorio nacional puede magnificarse si el gobierno invadido accede al imperativo de permitir que jueguen a los policías y ladrones a contrapelo con el estado de derecho que, en teoría, subsiste en México. Al final, salió una declaración facilona y dudosa, del tipo de que Obama no pidió a Calderón que se permitiera el uso de armamento para sus agentes, lo que se traduce en un respiro para el señor presidente que de tan permisible parece otra cosa que la educación impide pronunciar.


De cualquier manera, los gringos apuraron las cosas y tenemos el anuncio de que van a duplicar el números de la agencia de inmigración (ICE) en territorio mexicano, lo que supone que los mecanismos de procuración de justicia nacionales no pasaron por la certificación gringa o simplemente fueron ignorados. Esto nos pone en el brete de lidiar con el estigma de ser, aparte de blanditos, incapaces para hacer prevalecer el estado de derecho. Por lo visto, las instituciones nacionales se pliegan al extranjero con una facilidad que puede ser propia de las damas y caballeros que, apostados en una esquina hacen su trabajo nocturno en el negocio de la compra-venta de favores corporales. La vida loca del México neoliberal carece del indispensable saca-borrachos y la entrada al congal nacional aparenta una apertura que no requiere de tapetes de bienvenida.

Actualmente, hablar de soberanía nacional resulta pasado de moda. Las maravillas de la integración económica, de la vigencia del TLC, de las ventajas y bondades del intercambio comercial y cultural, de formar parte de la modernidad galopante en lomos de la primera potencia mundial obra un efecto casi orgásmico en los funcionarios locales y federales, que integran el coro de panegiristas de la intervención extranjera en la intimidad nacional. Los pedidos de apoyo y cooperación internacional para resolver asunto estrictamente mexicanos anticipan la flojera de ser independientes, de donde la idea de soberanía puede ser contradictoria con la práctica corriente del gobierno federal. El tema del asesinato de un agente extranjero ha quedado reducido a la maldad del narco que atenta contra un gringo en funciones oficiales permitidas por el gobierno, pero que casi ningún ciudadano tiene la información que le permite establecer con claridad cuál es la finalidad y legalidad de su presencia y actividades.

Lo curioso del caso es que el arma que mató al gringo de ascendencia hispana fue traída a territorio nacional por mercaderes de armas gringos y en beneficio de la economía armamentista de Estados Unidos. Claro que la reacción fue inmediata y el rechazo, la indignación y la pena por el horripilante crimen subieron de tono para toparse con la novedad de que “rápida y furiosa” la propia agencia federal que vigila el asunto de las armas, coló a territorio nacional cientos de armas que fueron a parar, como se sabe, en manos de los narcos o miembros del crimen organizado. Los gringos escupieron para arriba y se declaran azorados por recibir su propio proyectil. Cosas de la superior inteligencia anglosajona.


Polvos de otros lodos
 Parece altamente improbable que los gringos dejen pasar la oportunidad de jeringar al país pasándole mil y una veces la factura del agente muerto, así como también lo parece la peregrina defensa del territorio nacional por el propio gobierno federal y la exigencia de respeto a la soberanía nacional y a las leyes que nos rigen. En este caso, quizá sea pertinente pensar en una estrategia que nos permita librarnos de los molestos depredadores extranjeros y fortalecer nuestra identidad nacional. Algunos piensan que la educación es una buena medida, pero otros ven con sospecha la calidad de la misma. Sectores más optimistas suponen que la enseñanza de las matemáticas resolverá nuestro atraso y dependencia, mientras que otros postulan que conviene impulsar un proyecto de nación independiente. Quizá la mayor coincidencia radique en la necesidad de recuperar no sólo autoestima sino identidad, y a partir de ahí construir un país donde todos nos sintamos incluidos; pero esto implicaría caminar por nuestro propio pié, correr el riesgo de nuestra propia capacidad y escribir nuestra propia historia. Quizá este capítulo se pueda empezar a escribir, por decir una fecha, en 2012. ¿Lo cree probable?

domingo, 27 de febrero de 2011

Gobierno de novedad

Opción múltiple
A pesar de los horrores de la realidad, el gobierno del cambio se propone ganar la apuesta de construir, sobre los sólidos cimientos de la imaginación, un México y un Sonora moderno, competitivo y exitoso. Los jugadores son, al parecer, los chicos malos de la delincuencia organizada, el desempleo, la inflación, el alza de los precios, el complejo de inferioridad de los empresarios nacionales y locales, la voracidad de propios y extraños, la complicidad de los propios con los extraños depredadores de los recursos nacionales y locales, la falta de oportunidades, la contracción del empleo, los salarios, la calidad de vida, la marginación y la corrupción en todas las esferas de la vida social. Por la otra parte, están las buenas intenciones y la fe inquebrantable en que Calderón nos lleva por el camino correcto.

Como el quehacer gubernamental ahora es cosa de buena fe, de creencias impolutas e inalterables, de enjundias y prestigios familiares, resulta que el enemigo principal es, ni más ni menos, la cruda realidad, la espantosa situación de los millones de habitantes que en el país y en el estado vivimos, y la precepción de que las cosas no van bien y que no habrán de mejorar, de que el desempleo no se revierte gracias a la derrama de saliva, de jaculatorias y de fervorines que con entusiasmo albiceleste se sirven pronunciar los gobernantes del partido del populismo de derecha mejor conocido como PAN.

Que ya se está viendo luz al final del túnel legal dedicado al acueducto Independencia, es una buena noticia. Que sigue a la baja el empleo y que las broncas del transporte urbano consagran como víctimas a las clases de a pié, es una mala noticia; que las heladas no fueron cervezas sino eventos climáticos que afectaron las cosechas, malas nuevas; que la dependencia gubernamental dedicada a proteger a las clases socialmente vulnerables predique con el ejemplo de la caridad en vez del empleo y el ingreso popular, mal negocio. Que la salud sea un bien con dedicatoria a la clase turística internacional, mala cosa. Que la urbanización de Hermosillo no tome en cuenta a los peatones y privilegie al automóvil, peor situación.


¿Lo nuevo?
 Pero todos los males de la modernidad, la competitividad, el crecimiento urbano, la demanda creciente sobre los servicios públicos, la insolvencia de los clientes cautivos de los bancos, la voracidad de los acaparadores de bienes de consumo familiar, el alza incontrolable de los precios en gasolinas y electricidad, la amenaza de privatizar servicios e incrementar la tarifa del agua y la incertidumbre de su disponibilidad y distribución en las tomas domiciliarias, son exorcizados mediante el conjuro de la buena voluntad, del aguante ciudadano ante la realidad de una administración chambona y manipuladora, de la eliminación de la palabra fracaso en el diccionario del gobierno, pero sobre todo, por el mantra de lo “nuevo”, “histórico”, “inédito”, que capitaliza, promueve y monopoliza la administración azul en turno.

El prurito de la novedad inaugurado por Vicente Fox como expresión oral, escrita y mímica del cambio y el venturoso destino de la nación bajo el imperio de la imaginación instalada en las nebulosas alturas del Prozac, parece tener vigencia transexenal y aterrizar desde la nube del gobierno federal como gota destilada de espirituoso optimismo en el gobierno del estado. Las maravillas de la evasión pronto colmarán las expectativas de los ciudadanos ansiosos del narcótico efecto del “ahora sí”, del “sí se puede”, del “gobierno del cambio”, del “nuevo Sonora” de la porra, la matraca y la serpentina anticipada de los bienes terrenales del hombre logrados mediante promesas y exhortos que alimentan sin colesterol ni molestas cargas digestivas a los famélicos entusiastas de la demagogia.

Lo que está siendo documentado por los acuciosos cronistas de la realidad -estadísticos, periodistas, analistas, académicos- no se parece al escenario que pintan con saliva las huestes del entusiasmo prefabricado, porque las cosas no son como se platican y el hecho de estar en un país y una entidad donde las intromisiones extranjeras, las balaceras, los asaltos, los muertos y heridos son parte de la cotidianidad y se integran al paquete de problemas con que carga el ciudadano común. Urge la fórmula que resuelva el dilema entre la demagogia, el engaño y la ignorancia supina, y el insoslayable fracaso de las políticas neoliberales en sus versiones y matices prianistas (aun considerando que pudiera caber la distinción entre la vagancia priista y la voracidad y el mal gusto panista). Lo que queda en el ciudadano es la expectativa del cambio, su necesidad y urgencia, pero sobre todo, su congruencia y autenticidad.

sábado, 19 de febrero de 2011

Ejemplo de civilidad

Mientras que el centro de la capital de Sonora se convierte en el escenario frecuente de protestas y manifestaciones ciudadanas otros rumbos sirven para armar el teatro de una economía exitosa que va por más en la ruta del mercado sobre el estado.



¡Justicia!
 Las marchas sindicales o de agrupamientos civiles animados por algún afán reivindicativo toman las calles y el centro se convierte en un lugar punto menos que intransitable o, dicho de otra manera, caótico. Las calles aledañas al Congreso del Estado, al ISSSTESON, al palacio estatal, cobran vida ciudadana entre bocinazos y mentadas de madre, rechiflas y consignas que huelen y saben a pueblo en movimiento. Hermosillo es, a final de cuentas, el ombligo político del estado, aunque Ciudad Obregón repunta como centro burocrático donde la salud y la agricultura tienen un asiento en la primera fila de los temas oficiales.

Aquí, los mineros y otros participantes solidarios cruzan rumbo a Palacio, de la mano de los protestantes por la amenaza del alza en el transporte público y su contraparte de transportistas que la solicitan argumentando deudas insolutas. La plaza, flanqueada por las dos instituciones emblemáticas del mundo hispano: iglesia y cabildo, da cabida al pueblo llano, al asalariado y al comerciante, en busca del paraíso perdido, de la utopía libertaria, de la solución paliativa a la crisis económica que es negada con sabiduría cosmética por los rumbos de Álamos, en su papel de caricatura tercermundista de la aristocrática Davos, tan suiza como el chocolate, la relojería de precisión y los bancos alcahuetes internacionales del lavado y engrasado de la economía capitalista.


América Latina, una y libre
 El ejercicio de la libertad de expresión de los economistas y funcionarios reunidos en Álamos (Alliance 2011) les permite declarar que la posición de nuestro país es única, que ya puede temblar de miedo la economía china por nuestras inmejorables condiciones en materia de fuerza de trabajo y costos de transporte, tan baratos que ni siquiera los hijos de oriente pueden llegar a cumplir tales cuotas de explotación. El paraíso económico que se llama México, ofrece su versión latinoamericana del outsourcing y grandes ventajas por la cantidad abrumadora de acuerdos comerciales suscritos que, a tiro por viaje, benefician a nuestros “socios” quienes éstos sean y donde quiera que estén.

Sin embargo, la oportunidad de recibir visitantes extranjeros y servirles de alfombra a través de esa tan particular cortesía nuestra, logra llenar de beneficios por concepto de servicios de hospedaje y alimentación a los propietarios de la infraestructura turística, que no importa que hablen en inglés siempre y cuando reciban los beneficios en estas tierras del señor. Los estados contables son otro departamento.

Por cierto, hasta la fecha no ha trascendido ningún nombre de economista sonorense que esté participando en ese encuentro empresarial cómicamente aplaudido por los funcionarios correspondientes de la administración local.


El maestro luchando también está enseñando
 Mientras que Hermosillo adquiere características de ciudad con habitantes capaces de mandar a la porra lo políticamente correcto y no aguantarse las ganas de protestar en defensa de su derecho, así se trate de generar “caos vial” y arriesgarse a molestar a las buenas gentes que se pertrechan en un conservadurismo decimonónico, nos enteramos de que hay otras protestas que teniendo por escenario la ciudad de México, contrastan con las siempre vigorosas de los universitarios y los sindicalistas del SME y otros de carácter independiente. Tal es el caso de la huelga de hambre que mantiene una joven de nombre Estíbaliz Chávez Guzmán, quien lucha por ser invitada a la boda del príncipe Guillermo de Inglaterra y Kate Middeleton (http://www.milenio.com/node/649906).


Libertad de expresión
 La mexicana Chávez arguye que así, Inglaterra, lavaría un poco la afrenta a los colores patrios con eso de decir lo que piensan sobre nosotros los conductores del programa Top Gear. Los laxos límites del ridículo y el más pedestre intento de chantaje sentimental nos ponen al día y a la vanguardia en eso de los despropósitos internacionales. Y pensar que creíamos haberlo visto todo con las lacayunas muestras de subordinación del “presidente del empleo” respecto al departamento de Estado de los gringos, por aquello de la guerrita mercadotécnica que ocupa el tiempo de Calderón a favor del intervencionismo gringo en los asuntos internos del país.

Claro que la violencia inducida en un país como el nuestro, así como hace dos décadas ocurrió en Colombia, genera daños colaterales que, según el “México Business Forum”, afectan la atracción de nuevas inversiones y atrasan el proceso de colonización financiera del país, a pesar de los esfuerzos privatizadores de Calderón y sus antecesores neoliberales. Desde luego que las guerras suponen bajas y gastos en armamento y medidas coercitivas hacia los medios de comunicación (¿Aristegui?), restricción general de libertades y control de la vida democrática por el simple argumento de la “razón de estado”, producto de la inseguridad que se pudiera traducir en problemas de gobernabilidad tan serios que solamente el estado de excepción supondría la recuperación de algo del control perdido.

Como quiera que sea, Hermosillo ya está en el mapa de la acción cívica cuya vitalidad se demuestra marchando, manifestando el apoyo o rechazo a medidas que nos afectan de una u otra manera. En esto no vale guardar las formas de una civilidad acartonada, trasnochada o simplemente ficticia. Los ciudadanos al tomar las calles, lo hacen por el mejoramiento de las condiciones de vida y el respeto a sus libertades, por alcanzar el futuro que se construye mediante la acción colectiva. Bien por ello.

jueves, 17 de febrero de 2011

Qué hombre tan sin embargo

Los comentarios a favor o en contra de la revelación vía manta legislativa reunieron lo mismo el encono faccioso como la chunga popular. El dedo en la llaga presidencial no reparó en las pruebas del alcoholímetro porque no iba en automóvil, simplemente se dejó llevar por la fea impresión de vivir en un espuriato, si no por causas electorales (que las hay), sí por razones de lesa humanidad: las cosas van de mal en peor, y la definición de peor resulta ser una materia actualmente en exploración que revela un fondo inimaginable de profundo. El vértigo a las bajuras genera no sólo inquietudes sino certidumbres anticipadas tan incuestionables como la caída libre de los cuerpos y la evaporación del agua a 100 grados centígrados en condiciones normales.



¡hiiic!
 Desde luego que hay voces que afirman que la manta fue un exabrupto colindante con payasada por parte de los diputados petistas, que debieron guardarse las formas de civilidad y cortesía en el seno del recinto legislativo, que hay niveles…, que nada justifica que los representantes populares expresen lo que el pueblo grita en las calles, comenta en las cantinas, desliza en los cafés, masculla y refunfuña en casas, transporte colectivo y oficinas y demás centros de trabajo. Aquí, la vox populi no es la voz de Dios, porque algún plumífero arreolino dice que él inventó el infundio que –sin embargo- los propios panistas comentan con preocupación, según revela Julio Scherer en su libro Secuestrados y que reprodujo Proceso la parte conducente. Otros opinantes señalan que la manifestación de los diputados es simple ejercicio de la libertad de expresión en la propia casa de los diputados, asunto que ya tiene su historia en México y que, no hace mucho, se sirvió de boletas electorales a modo de orejas salinistas en el cráneo del entonces diputado Vicente Fox.


Estrategia y táctica
 Las manifestaciones de oposición o rechazo por parte de legisladores escriben su historia en la ola ascendente del neoliberalismo periférico mexicano, lo que permite acuñar y popularizar el término “interpelación”. Las interpelaciones cambiaron el tono y el ritmo de las actividades legislativas cuando el tema central era la quema de incienso de otro poder, el Ejecutivo, en la casa del Legislativo. La loa y el ditirambo hacia la figura del Presidente ponía en un plano de subordinación a los miembros del congreso y la única palabra que se escuchaba era la del personaje que reúne en su persona la jefatura de estado y de gobierno de la república mexicana. La interrupción lúdica, recriminatoria, lapidaria, sustituyó al silencio por decreto, a la mansedumbre lanar exigida a los representantes de las entidades federativas y del pueblo que en ellas habita, lo que permitió rescatar el sentido del parlamento, la existencia de la oposición militante, de la ciudadanía representada convertida en un poder en acción. La palabra del diputado se pone frente a la del presidente, y los argumentos de esa soberanía se confrontan con las del poder que informa las acciones y los resultados de la gestión. Así, la relación de subordinación se rompe y se recupera el equilibrio republicano perdido en aras de una parodia mayestática.

La nación creció en civilidad al tenor de un legislativo revitalizado, crítico, distinto a aquél acartonado y lacayuno, subordinado al poder presidencial y callado escucha de los informes de gobierno. De aplaudidor contumaz del discurso presidencial pasó a ser representante crítico del pueblo que trabaja y hace posible en bienestar nacional, con lo que se pone de manifiesto la falta de capacidad en la conducción de la cosa pública, la entrega de la nación a intereses extraños, la desnacionalización de los bienes públicos y la liquidación del patrimonio de la nación.


Del dominio público
 La grave crisis de libertades en la nación mexicana pasa también por el recinto legislativo, al coartar, o intentar hacerlo con el derecho de los diputados a expresar sus objeciones, y se trata de instalar un cinturón de castidad oratoria que permita el tránsito impune de funcionarios inútiles o de plano venales que visitan el recinto legislativo para verter engañifas, prepotencia sectaria, ignorancia supina y falta absoluta de amor a la patria. Una manta, un discurso acusador, un reclamo de respeto, una protesta o el recoger un reclamo popular no son, ni lo serán, faltas al respeto de tal o cual investidura. Son bocanadas de oxígeno que da un organismo vivo que se niega a morir en un mar de autocomplacencias y corruptelas, de silencios forzados y de una cortesía prostituida y degradante. Son, ante todo, la voz del pueblo que reclama honestidad, trabajo y entrega a los intereses de la patria, no a los de grupos o personas que ven como negocio privado el interés público.


Gobierno responsable
 Por eso resulta altamente gratificante la acción de diputados como Fernández Noroña, Di Constanzo y Cárdenas. Porque no se pueden guardar las formas nomás porque sí, como no se puede aspirar con deleite el hedor de un sistema en descomposición. La descomposición del sistema colonial tuvo por respuesta la independencia nacional y la pestilencia del porfiriato desencadenó la serie de procesos que conocemos como revolución de 1910. En todo caso, guardar las formas debiera significar no el aguante sin sentido, sino la adecuación de las formas al nuevo contenido. El respeto debe merecerse, es consecuencia de acciones y actitudes, y no significa una dádiva emocional a perpetuidad. Nuestra idea de la realidad debe reflejar lo más fielmente posible la realidad representada. El gobierno y sus funcionarios, para ser respetados, deben actuar conforme sus obligaciones y deberes expresamente señalados por la ley y siempre guiados por el más alto interés nacional.

Una interpretación corta por su literalidad de la famosa manta quizá no alcance a recoger su mensaje: de acuerdo a sus resultados, la conducción de los asuntos nacionales pareciera estar en manos incompetentes, intoxicadas por un hedonismo ramplón y fatuo. ¿Por qué tenemos que seguir tolerando la ruina nacional?