Notas Sueltas es un espacio de opinión sobre diversos problemas de carácter social, económico y político de interés general. Los comentarios pueden enviarse a: jdarredondo@gmail.com

domingo, 17 de enero de 2010

Haití



Lo que la prensa internacional ha relatado, en algunos casos con desconcertante crudeza, ha sido impactante. Nos coloca frente a la tragedia de un pueblo a merced de los elementos aunque su historia se ha significado por la depredación constante y los excesos coloniales. De hecho, los desastres atribuibles a la naturaleza, como es el caso del terremoto reciente, permiten asomarse a la cruda realidad económica, política y social de un pueblo que ha profundizado su estado de indefensión en grado sumo.

La cantidad inimaginable de muertos y heridos, de damnificados en más de un sentido por la catástrofe, dan una idea que hace palidecer la de Nueva Orleans cuando sufrió el azote de Catrina. Desde luego que la dimensión del desastre no permite la especulación de qué dolor es más grande, pero no es lo mismo cuando la naturaleza se ensaña con un pueblo pobre, paupérrimo, frente a uno que goza de los beneficios del progreso y la depredación mundial.

Le confieso que estoy verdaderamente impresionado y que una sensación de impotencia se apodera de mí, pero también le digo que la magnitud de la tragedia haitiana sólo se puede entender si consideramos su inopinada pobreza económica y las escasas expectativas que tiene de cara al sistema de economía dominante. El tamaño del impacto es el de la posición de ese país en el sótano de la periferia capitalista.

Ahí, al subdesarrollo económico se le añade el político, permitiendo que a la ignorancia escolar se les incorpore la carga de la correspondiente a los derechos humanos, a la garantía social de acceso a los mínimos de bienestar, a la certidumbre jurídica, a la protección del Estado al ciudadano y las familias. El abandono y la desolación tiene muchas manifestaciones y toda ellas se asocian al despojo y manipulación del mundo industrializado sobre el que no lo es.

Los llamados a la solidaridad se dan en condiciones en las que debiera ser también prioritaria una crítica al sistema capitalista en su fase actual, no sólo salvaje sino presa de un desquiciamiento psicópata, que privilegia la utilidad o ganancia sobre el bienestar de pueblos enteros, como ya está quedando claro en el asunto de la industria farmacéutica respecto a las vacunas y la explotación de la enfermedad, como es el caso de la influenza y, en otro orden menos coyuntural, el SIDA.

Pero estamos como sociedades occidentales, perdidos en las discusiones sobre la manipulación legal de las funciones sexuales, sobre la penalización del aborto, sobre los rescates gubernamentales al fracaso empresarial, sobre las reelecciones de los legisladores y otros puestos de elección popular, sobre la justificación del incremento a los impuestos, sobre la penalización del consumo del agua y su restricción por motivos de escasez, entre otros tópicos que nos ocupan lo suficiente como para no ver el origen de nuestras desgracias, no sólo coyunturales sino estructurales.

Mientras que, por ejemplo, el sindicalismo mexicano es agredido así como la economía familiar, se cuelan puntos en las agendas legislativas que dan bocanadas de oxígeno al gobierno en su incapacidad de resolver y afrontar siquiera los verdaderos problemas nacionales.
La tragedia de Haití es la del mundo periférico, del inframundo que pasó por subdesarrollado y que llegó a la más honda depresión en su historia y la del mundo civilizado. Esto es un verdadero baldón para la humanidad entera, porque pinta de cuerpo entero las diferencias entre ricos y pobres, entre el centro y la periferia. No nos molestamos como pueblos que antes fuimos colonias en hacer un recuento de nuestras potencialidades de ser mejores, no dejamos que la bondad se apodere de nuestras ambiciones, simplemente seguimos con la inercia de la dependencia y el atraso correspondiente. Haití nos recuerda la solidaridad y nos exige ser consecuentes, pero al final del día, debiéramos pensar en el mañana que tenemos por construir para nosotros y nuestros hijos, y empezar a hacerlo posible. Los sentimientos humanitarios y las acciones que les corresponden debieran, en este y cualquier caso, empezar con nosotros mismos, porque en la medida en que nos ayudemos, podremos ayudar a los demás.

jueves, 7 de enero de 2010

Agua que no has de beber...

En la ciudad capital de Sonora se ven cosas raras, sucesos desquiciantes por el alto nivel de absurdo en el que se encaraman con desfachatez olímpica. Nuestra ciudad es una muestra de los horrores que atosigan el alma del subdesarrollo regional del país, gracias a la oblicua pretensión de ser moderna y progresista, siendo que está atrincherada en un conservadurismo aldeano que solamente funciona en períodos de campaña electoral y en festivales artísticos tipo Alfonso Ortiz Tirado. ¿Pruebas? Tenemos las suficientes.

A sabiendas de que estamos en una zona árida, donde no abunda el agua, en un pasado no tan remoto, se emprendieron las obras de irrigación que redundaron en presas como la Abelardo L. Rodríguez, cortando la circulación del otrora caudaloso Río de Sonora, almacenándola y entubándola, con lo que se cambió la fisonomía de la región y se empezaron a ver las arideces del terreno así como la torrencialidad de las lluvias que fueron, por fuerza, distanciando su ocurrencia y menguando su caudal. El progreso ofreció soluciones inmediatas con consecuencias mediatas que ahora estamos disfrutando como enanos deshidratados, al cegarse las acequias, ojos de agua, arroyos y otros flujos de agua que no eran tan raros como lo son ahora.



Recuerdo que todavía en los años 70 había una acequia casi frente al Colegio Lux, en el Centenario, así como un canal que corría frente al viejo manicomio del Estado, entre la Universidad de Sonora y el VH (ahora Súper Santa Fe) y que la casa de mi abuela materna, en el centro de la ciudad, por los años 50 y 60 tenía en el patio una que hubo que rellenar con piedras, para poder aprovechar el terreno. En la ciudad había fuentes que daban un aire pintoresco y agradable al entorno urbano, como la que fluía en el cruce de las calles Oaxaca y Juárez, frente al café que se llamaba precisamente “La Fuente”, y eran comunes las huertas que poblaban porciones importantes en el Centenario y el centro de la ciudad, como es el caso de los terrenos aledaños a la antigua pera del ferrocarril. Hermosillo era la ciudad de los naranjos, y precisamente por eso al equipo beisbolero local se le puso el nombre de “Naranjeros”.



No insinúo que la construcción de presas haya dado al traste con la disponibilidad de agua que teníamos, sino que la desaparición del flujo del Río de Sonora que dividía Villa de Seris de Hermosillo, contribuyó a que se emprendieran otras obras, en este caso edificios tales como la Casa de la Cultura, luego el Centro de Gobierno, recientemente la desaparición del Parque de Villa de Seris y la erección del complejo Musas, así como hoteles y otros giros que ocupan superficies pletóricas de cemento y varilla. Del terreno y las condiciones que propicien la recarga del acuífero, bien gracias. Los planeadores estatales y municipales se olvidaron de que la naturaleza tiene sus determinantes y que la administración debe considerar factores geográficos, climatológicos, orográficos y los recursos naturales disponibles, así como su forma sustentable de aprovechamiento. Hasta aquí, hemos aserrado la rama del árbol en la que estamos parados, por lo que la caída no es accidental, sino una consecuencia de nuestra irracionalidad.



También cabe mencionar los terrenos ejidales destinados a la apertura de parques industriales, con la consiguiente demanda de agua para fines que no son precisamente el consumo doméstico, a modo de incorporarse a la modernidad y a la industrialización, lo que solamente sirvió para el establecimiento de maquiladoras y empresas proveedoras que no necesariamente suponen el logro de objetivos industrializadores, sino todo lo contrario. Si el empleo manufacturero es de 60 por ciento, más de la mitad corresponde a la maquila, lo que de por sí es más que suficiente para reírse a mandíbula batiente cuando alguien dice que Sonora es industrial. Somos un triste estado maquilador, dependiente de los flujos externos, y hemos olvidado la fortaleza de la producción agrícola, pesquera y minera, ahora en manos extranjeras y sujeta a las piruetas y caídas de la economía global, sin protección alguna, frente a competidores fuertemente apoyados por sus gobiernos mediante subsidios y asistencia técnica.



Hermosillo padece de sed, y la carencia es una constante en la vida de los hogares sonorenses. Las causas son varias, pero destaca la falta de organización y racionalidad en su uso, pero sobre todo, la falta de inversión y mantenimiento de las redes. La solución facilona de los tandeos solamente da cuenta de la carencia de imaginación y de decisión por parte de las autoridades, toda vez que de nuevo se cargan los costos de la irracionalidad a las familias consumidoras, mientras que a las empresas se les sigue abriendo la llave del recurso sin chistar, bajo el supuesto de que trabajan para el beneficio económico de Sonora y la ciudad capital, asunto que hasta la fecha no queda debidamente demostrado, salvo en el recetario desigual del neoliberalismo de guarache que padecemos como ideología y práctica dominantes. La declaración de que a los empresarios no se les privaría de agua y sí a las familias, hecha por el alcalde panista Gándara Magaña, demuestra cuál es el tamaño real de este gobierno.



En su momento, Vicente Fox hizo profesión de fe empresarial al decir que su gobierno era de, por y para los empresarios y ahora, a escala municipal tenemos más de lo mismo. El gobierno del municipio requiere de tomar decisiones que favorezcan a las familias, que gestionen soluciones de amplio y claro beneficio colectivo, que enfrenten los retos de la modernidad con una mentalidad moderna, atenta a los aportes de la ciencia y la tecnología, que sean capaces de utilizar las formas de energía suaves, así como los recursos de que actualmente disponemos, como por ejemplo el agua de mar. Hermosillo es un municipio con una amplia zona costera que le permitiría aprovechar formas alternativas de energía, la solar, eólica, marina, en beneficio de todos. Esto y una muy sobria y profesional administración de los recursos financieros harían la diferencia, en vez de dificultar más la vida de las familias hermosillenses. ¿Se podrá?

martes, 5 de enero de 2010

Ausencia total

Raras veces se tiene la certeza de que se está frente a frente con la ausencia total, con el gran hueco de una mente sin recuerdos, vacía de contenido, repleta de formas sin conexión alguna, burlando el sentido común y el saber ilustrado. La ignorancia supina o la total desconsideración hacia los demás seres humanos son raras, patológicas, y ejercen una especie de fascinación que resulta complicado traducir en términos llanos. Lo más común es refugiarse en los improperios, empezar a aplicar adjetivos y desahogar el ánimo beligerante que despierta la total desfachatez. Calderón ha logrado sacar de sus casillas a miles y miles de mexicanos gracias a una simple felicitación de año nuevo.

Los parabienes presidenciales, en los términos del espuriato vigente, ponen su acento en la maravilla de las fechas, en la confluencia onomástica que nos debe llenar de orgullo y satisfacción, de una enervación suplente de empleo, ingreso, ahorro e inversión. Así, la recuperación económica depende de la fe que le tengamos a nuestra ciudadanía mexicana, de donde el acta de nacimiento, la CURP, la cartilla de vacunación y la credencial de elector pueden ser suficientes elementos probatorios de una situación envidiable a escala internacional. Nosotros, el furgón de cola de la economía de Estados Unidos de América, podemos celebrar el bicentenario de la independencia de España, el centenario de la Revolución y solazarnos con la dependencia adquirida a costa de concesiones y claudicaciones de nuestra esencia latinoamericana y nuestra identidad mexicana.

Tras ver consumada una traición más al pueblo mexicano de parte de los representantes populares en las cámaras legislativas, resulta que los incrementos que caen en cascada sobre los menguados bolsillos nacionales no son cosa de preocuparse, que los signos son alentadores gracias a la posible recuperación de la locomotora de nuestra economía que no es la productividad, ni la ciencia o la tecnología, ni la capacidad de ahorro e inversión, ni la calidad del empleo, ni la eficiencia y patriotismo del gobierno, ni la paz social, ni la cobertura que tiene la seguridad social, sino la posible recuperación de una economía extranjera y el bálsamo de patriotismo que nos unta con el dedo el señor Calderón.

En el estado de Sonora, aunque no faltará quien diga que la recuperación de la economía nacional es un hecho, que ya se ve la luz al final del túnel, que ahí la llevamos, lo real es que en la situación económica en la que estamos, considerando el endeudamiento estatal, el incremento a las gasolinas, al diesel, a la electricidad, a los bienes de la canasta básica, al congelamiento del salario y la contracción del empleo, con su cuota de inseguridad pública, demuestran lo contrario. La economía está hecha cisco, y sus efectos en las instituciones y la organización social prometen efectos desintegradores de grandes proporciones. Así las cosas, los factores ligados a la apatía ciudadana y a la comodona aceptación de los incrementos en las tarifas de los bienes y servicios públicos, serán como una chispa en pasto seco. A esto hay que añadir la carencia de agua.

La babeante idea de los tandeos, inaugurada por los gobiernos panistas en Hermosillo, ha dejado de lado otras como la planta desaladora, que desde hace muchos años ha sido planteada como alternativa viable para la ciudad capital y otros núcleos urbanos importantes. Ahora se tiene el proyecto federal de instalar una planta de estas características en Guaymas, lo que ha levantado voces esperanzadas aunque también otras que rechazan el proyecto y ponen como mejor idea la traída de agua de la presa El Molinito. Ambos proyectos no necesariamente se contraponen, lo que sí lo hace es la inoperancia del gobierno municipal y la falta de eficiencia del órgano operador, cuestiones que deben resolverse de alguna manera, sin esperar a que haya cambio de gobierno o que, como en el caso de la economía nacional, llegue la solución de fuera, casi por gravedad.

El dejar la economía al libre juego de las variables del mercado es una necedad que ha salido suficientemente costosa para el país. México y el resto de Latinoamérica deben considerar otras alternativas y una de ellas cercana y posible es la integración regional para efectos de comercio e inversión, sin depender del imperio del dólar y sus perversos efectos micro y macroeconómicos. Un buen ejemplo es el que ofrecen los países de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA). Este 2010 debiera ser el año de la independencia de la región del yugo de la economía estadounidense y socios económicos y militares. Así sea.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Fin de año 2009


Fue un año con caspa, víctima de una dermatitis seborreica, de un colapso en el cráneo que bien pudiera ser la expresión de algo que dentro se mueve espasmódicamente, como en los estertores de una muerte por estupidez fulminante. El calderonato demostró que la extrema derecha puede ser bastante permisible con los valores del mercado por encima de aquellos que dice defender hasta la ignominia de una balconeada pública, de un desaguisado mediático, de una declaración en contra del sentido de las acciones que tan afanosamente impulsa y así niega.
El panismo organizado hizo profesión de fe, y la esperanza recayó en las posiciones de una izquierda fraccionada y confundida en el significado del concepto de “democracia” y “oposición”; así como en el curso que había que tomar el trabajo legislativo y la vigilancia de las garantías que otorga la Constitución.
Año mediático, en el que se nos pasó el tiempo en ver y tratar de discernir las exhibiciones de desaseo político de la derecha y el oportunismo tercermundista de la izquierda, los pujos de objetividad y respeto a la diversidad de los intelectuales que dejaron de lado valores y principios por aquello de asumir posiciones políticamente correctas en un mundo preñado de elementos de mercadotecnia, con sus aplicaciones político-electorales.
Año de divagaciones sobre la recuperación económica con cargo al ingreso de las clases media y baja, y donde sin tocar a los dueños del capital se insiste en castigar al trabajo. Lo anterior demuestra que las prioridades de casi todos los actores políticos están determinadas por una idea del poder que choca con las promesas de cambio y de progreso.
Año de la declaración de guerra contra la familia y su entorno, manipulando el concepto de matrimonio y reduciéndolo a una práctica utilitaria vacía de contenido. Lo anterior da cuenta de cómo nos ha afectado la influencia extranjera y sus efectos colonizantes, en lo económico y en las relaciones superestructurales.
Año del ridículo y de la farsa; de la depredación del patrimonio nacional y del ataque al sindicalismo independiente mexicano. Año de la demagogia hecha gobierno y de la estupidez como rasero educativo.
El año 2009, termina como empezó: en un marco de incertidumbre casi escatológica, en medio de la nada económica y del colapso de la esperanza, cuando no del descrédito de la nostalgia.
Pero, independientemente de los desaires y desfiguros, la nación se apresta a celebrar, con lo que sea, el fin del año y el inicio del otro, con su ya sabida nueva carga de obligaciones fiscales. Pero, “haiga sido como haiga sido”, ¡feliz año nuevo!

lunes, 28 de diciembre de 2009

Día de los inocentes


El desafortunado deceso de 49 niños de la guardería ABC por un incendio del que no se conocen culpables detenidos por las autoridades, subraya un valor fundamental: el de la familia. El Estado parece no ejercer su obligación de velar por el bienestar físico y mental de la institución matrimonial y los hijos, sus productos más preciados, al dejar que pase el tiempo sin resultados que satisfagan un elemental reclamo, que es el de la justicia y el peso de la ley sobre los culpables.
Los defensores de la familia y su bienestar son, en primer lugar, los padres afectados, luego la sociedad hermosillense toda.
Casi medio centenar de niños fueron sacrificados por la irresponsabilidad de alguien, pero ahora la familia enfrenta no sólo la agresión de la pérdida de un hijo, sino el olvido y la mercantilización. Llegados al extremo, algunos gobiernos, como el del DF, apoyan el derecho a la adopción por parte de parejas homosexuales, como si los padres de la guardería ABC no fueran un ejemplo de civilidad y de amor a los hijos, de integridad probada en la más dura de las situaciones imaginables, como si no demostraran suficientemente que el matrimonio es escuela de valores y conductas trascendentes.
Ellos son un ejemplo a seguir por los otros padres que no han sufrido este golpe, por lo que deben agradecer el don de la paternidad y ser consecuentes con esta alta responsabilidad, social y moral.
Esperemos que los culpables verdaderos sean presentados ante la justicia, y que paguen lo que corresponde.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Cosas de la ignorancia



Interesante el artículo de Rafael Cardona sobre las uniones conyugales homosexuales, mal llamadas “matrimonio”. Aclara el autor en cita sobre la etimología y significado de esta figura legal, cultural e histórica, echando por tierra la pretensión de equipararla o confundirla con la unión de un hombre y una mujer con la finalidad de constituir una familia, por parte de los homosexuales interesados y de los políticos clientelares que impulsaron este proyecto y que recientemente lo votaron por mayoría en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal. El artículo, de lectura altamente recomendable se encuentra en la dirección: http://www.contactox.net/index.php?option=com_content&task=view&id=2776&Itemid=1 .
Como aclaré en anterior entrega, no se trata de criminalizar la homosexualidad, por cuanto que, para empezar, en nuestro país no es ilegal. Se trata, simplemente, de no caer en la aceptación y legitimación facilona de un absurdo que cualquiera puede detectar, siempre y cuando no se deje atrapar por la fascinación del discurso que encubre una postura acrítica y cómplice de cualquier iniciativa de ley clientelar, sin medir el impacto social que tendrá en el mundo real en el que vivimos.

Los argumentos de los defensores e interesados en esta reforma al código civil del DF, consisten en la desacreditación de las relaciones entre un hombre y una mujer para fines familiares, porque, según ellos, contienen el germen del engaño, que deviene en disolución del vínculo; alegan que la sociedad permite la unión de criminales “solo porque son heterosexuales” pero impide la de personas del mismo sexo a quienes se pudieran atribuir valiosas prendas morales; suponen que la homosexualidad es sinónimo de estabilidad en las relaciones familiares y que pudiera ser mejor ejemplo para los hijos que adopten que las propias familias de origen de los infantes. En todo caso, se toman como ejemplos los casos indefendibles del fracaso de las relaciones de pareja, como si fuera la pauta general y no el defecto.

El calificativo de ignorante u homofóbico aplicado al que objete los argumentos que esgrimen, hace de los homosexuales un sector de la sociedad que juzga al resto con una cierta dosis de prepotencia, que descalifica las uniones heterosexuales bajo el supuesto de la pronta disolución e inestabilidad, y alegando que la procreación es una “habilidad” y no una consecuencia natural de la unión entre el hombre y la mujer, en condiciones normales.

El calificativo de “ignorante” al objetor de relaciones contra natura, obra más como una forma de contrarrestar o inhibir su punto de vista, en beneficio de la posición beligerante que pretende imponer a la sociedad una muy particular forma de relación como legítima y “natural”. La realidad es que las relaciones homosexuales, si bien es cierto que la humanidad no las asume como novedad, nunca podrán equipararse con las de carácter heterosexual, dado que sus fines son otros. La primera no cuenta con las posibilidades reales de cumplir los objetivos naturales y sociales del matrimonio, sino que solamente podrá satisfacer alguna finalidad de tipo patrimonial, para lo que ya existen las llamadas “sociedades de convivencia”.

El dotar a una pareja del mismo sexo de las mismas prerrogativas que las de un matrimonio, es decir, el derecho de adopción, resulta en una ficción legal que olvida que solo hay matrimonio cuando se unen un hombre y una mujer, porque la palabra “matrimonio” implica la calidad de madre y el estado social y legal propio de ésta. Como queda claro, este es el fundamento de la familia, en sentido estricto. Estamos hablando de una relación de consanguinidad a partir de una pareja integrada por un hombre y una mujer.

Lo anterior no significa en absoluto que se discrimine a las personas por ser homosexuales, sino que debiéramos ubicar a cada cual de acuerdo a su capacidad y posibilidad y, en este caso, una pareja con estas características no tiene la finalidad de procrear, lo que diluye el significado preciso de matrimonio y familia, lo que como es fácil de entender, implica la creación de un vínculo de consanguinidad. En todo caso, para las parejas homosexuales existen instrumentos jurídicos que permiten la protección patrimonial, sin violentar el significado del concepto de matrimonio.

Por otra parte, los conceptos matrimonio y familia no solo tienen connotaciones económicas o patrimoniales, que se dan como consecuencia del vínculo, sino que esencialmente son de carácter moral y espiritual, y negar la carga cultural e histórica de esto es bordar en la ficción, cubrir un expediente formal vacío de contenido. La tutela del estado a las relaciones conyugales, a partir de las leyes de Reforma, ha tenido como fundamento esta realidad histórica y social, de manera que se garantice que los hijos fruto del matrimonio o concubinato y los bienes logrados durante la relación sean protegidos por las leyes. Como se ve, la base de esta acción tutelar sigue siendo la familia, entendida como la relación entre un padre y una madre.

El estar a favor de la medida legal que se comenta, consagra una visión pragmática de la vida, ubicada en un utilitarismo demasiado vulgar para ser plausible, erige en figura jurídica lo que es patrimonio de una conducta que más que ejemplo social es una tragedia en la que no encontramos culpables sino víctimas de una mala pasada del destino. De ahí la tolerancia y el respeto a la intimidad de cada cual. En un régimen respetuoso de las diferencias, debe primar la defensa de la sociedad y los valores que la vertebran, por encima de las conveniencias político-electorales.

Finalmente, si los homosexuales fueran respetuosos de las formas y valores sociales, reservarían sus prácticas sexuales al ámbito de su intimidad, que en todo caso debe ser respetada, pero de ninguna manera hacerlas pasar como ejemplares, menos como equiparables al matrimonio. Lo anterior revela una especie de distorsión mental que se explica por el interés faccioso que la anima, y que engañosamente supone que mediante la reforma al código civil se pueden suplir características y funciones naturales. En este punto, están trágicamente equivocados, e ignorar la realidad no es una forma válida de defender derechos y cumplir obligaciones. Con este comentario agoto, estimado lector, el espacio y el tiempo que me propuse dedicar a este asunto.



martes, 22 de diciembre de 2009

Matrimonios

Sé muy bien que usted y yo tenemos la certidumbre de que el nacimiento de otro ser humano se debe a la unión sexual de un hombre y una mujer; pudiéramos generalizar el asunto comentando que los mamíferos, y una gran cantidad de seres vivos, se reproducen por vía sexual, entre un macho y una hembra. La maternidad y, por consecuencia, la paternidad (responsable o no), es producto de esa forma de reproducción, sin que medie ninguna particularidad cultural, legal o social. El hecho de que estemos sobre la faz de la tierra se explica de esa manera, tan simple, tan natural, tan fatalmente cierta e ineludible.

Ahora nos enteramos de que en el Distrito Federal se aprobó por mayoría PRD-PT la unión de parejas homosexuales en “matrimonio” civil, lo que permite suponer que podrán adoptar hijos. Usted recordará que en esa misma ciudad ya se había aprobado la figura de “sociedad de convivencia”, que permitía a parejas homosexuales unirse para, se dijo, poner a salvo su patrimonio y heredar sus bienes comunes al sobreviviente.

Al parecer, el argumento legal de carácter patrimonial no fue suficiente para la beligerancia homosexual y reclamaron el derecho de ser, sin serlo, una pareja capaz de “tener” hijos, con lo que se acercarían a la imagen de un matrimonio legal y legítimo de carácter “tradicional”, es decir, aquellos en el seno de los cuales fueron engendrados una mayoría de los seres humanos que puebla la tierra.

La mayoría en el seno de la asamblea legislativa del DF, decidió, en un acto de clientelismo político, aprobar una medida que no por ser legal es necesariamente legítima.

Los argumentos a favor de la relación homosexual formalizada por las leyes, parece que cojea de las dos patas, porque no se puede defender los propósitos del matrimonio cuando los sujetos participantes parodian la unión que se establece entre un hombre y una mujer. Dos personas de un mismo sexo solo podrán satisfacer su muy particular forma de relación, pero esta quedará circunscrita en los estrechos márgenes de un acto sexual infructuoso, basado en el hedonismo, sin las complicaciones de una relación entre seres diversos, como son el hombre y la mujer. En este sentido, es una relación esencialmente egoísta porque busca un tipo de satisfacción que resulta, a la luz del fundamento natural del matrimonio, patética.

Si dos personas del mismo sexo deciden tener relaciones, pues es asunto suyo, porque está situado en el terreno de su intimidad. El ámbito privado debe respetarse y ahí no necesariamente tiene por qué intervenir el estado. Una relación privada y consentida, es asunto de la competencia de los que la sostienen, si esto no afecta a terceras personas. Basta recordar que la libertad de uno termina donde comienza la del otro. Lo que considero problema de moral pública es consagrar un tipo de relación que implica un ejemplo para otros, en este caso los menores de edad que estén bajo la tutela de dos hombres o dos mujeres que cohabiten.

Es bien sabido de la importancia de contar con las dos figuras, la paterna y la materna, es importante para la formación y el equilibrio emocional de los hijos. La existencia de dos “padres” o dos “madres” es, por lo menos, una transgresión a la verdad del origen de los infantes. La pregunta que tarde o temprano los hijos harán acerca de su origen, tendrá una respuesta caprichosamente elaborada, tanto como la ocurrencia de formalizar un vínculo que debiera estar reservado a la maternidad y sus derechos sociales y políticos. Pero, aun sin establecer un vínculo previo al nacimiento, como es el caso de las madres solteras, el hombre y la mujer que se unen y engendran una nueva vida, son padre y madre. Lo demás es una simple ficción legal sin correlato en la realidad.

Quienes tan empeñosamente defienden el derecho de los homosexuales de tener los mismos derechos de los que no lo son, debieran haber reflexionado acerca de la paternidad, o si se quiere, la maternidad. Hubieran encontrado imposible que una relación entre individuos de igual sexo resulte en el embarazo de alguna de las partes. Entonces, ¿de qué se trata? Un acto político no necesariamente altera la realidad del origen de la vida, sino que, en todo caso, debiera protegerla y ampararla mediante las leyes. En el caso de las relaciones homosexuales formalizadas, ¿a quién se protege?

Desde luego que las agresiones a homosexuales son condenables, que debe imperar la tolerancia y el respeto tanto como a cualquier ciudadano. La discriminación es indeseable por razones de las inclinaciones sexuales, ya que es un asunto privado que no tiene por qué ser juzgado públicamente, salvo que altere el orden y la paz social. Pero de esto a aceptar como legítima una ficción legal, sin correlato natural y social, es cuestionable y francamente irracional.

Me parece lamentable que el órgano legislativo del Distrito Federal se incline por el aplauso fácil de una parte de la comunidad ciudadana. Aquí se confunde el ámbito de lo público con lo privado, se afecta el entorno familiar y se socaban los fundamentos de la institución matrimonial. Mientras que el PRD y el PT han tenido aciertos significativos en las propuestas económicas y políticas, en el DF acaban de demostrar una ligereza clientelar no solo criticable sino preocupante.