Notas Sueltas es un espacio de opinión sobre diversos problemas de carácter social, económico y político de interés general. Los comentarios pueden enviarse a: jdarredondo@gmail.com

lunes, 29 de junio de 2009

Sin berrinches


Sí, la democracia se demuestra andando, a veces entre lodazales, entre caminos de terracería, entre arbustos espinosos, entre alimañas, por donde sólo se hace camino al andar. Si queremos el camino despejado, sin abrojos, recién barrido y trapeado, ¿no será que nuestras pretensiones son más que cualquier otra cosa, proyecciones de una conciencia atrapada en ropajes pequeñoburgueses?
El día 5 de julio hay que votar, votar por los partidos que integran las opciones que luchan por la defensa del petróleo, y el rescate de la dignidad nacional. Votemos por México.

sábado, 27 de junio de 2009

La guardería


El caso de la guardería ABC es cosa de la justicia federal, por estar subrogada la bodega que se incendió. La culpa es, en última instancia, de la política neoliberal de privatizar los servicios de la seguridad social mexicana. Esta forma de privatización del Estado es, como se ha demostrado, criminal.
La responsabilidad de los funcionarios al frente de la bodega estatal contigua podrá ser establecida, si los peritajes arrojan esta conclusión, pero de ninguna manera puede ser creible que los dueños de apellidos ligados a la familia de Los Pinos y los relacionados con familias de posición acomodada en Sonora, hayan salido con toda tranquilidad de estado y probablemente del país, sin que autoridad alguna haga algo por que respondan, de acuerdo a la ley.
Los chivos expiatorios son, como se sabe, una maniobra distractora, inútil desde el punto de vista de una sociedad ofendida e indignada, que empieza a distinguir los escenarios de la manipulación mediática, tanto por parte del gobierno del estado, como del Federal.
Pero hay razón al señalar que el IMSS es el primer responsable por su criminal disposición a convertir en negocio lo que debe ser público. La política de subrogaciones es federal, aunque haya sonorenses que se aprovecharon de esto, tan cómodamente.

sábado, 20 de junio de 2009

La imagen del travesti


La calle Matamoros de Hermosillo conserva su atractivo a pesar de la desaparición de Librolandia, joya de lo que fue el emporio librero de la familia Castellanos, cuyo edificio ahora alberga diversos giros comerciales de ignota fortuna. La calle ofrece los servicios de un hotel y en la esquina sur hay farmacia y expendio de tacos, situado éste en un conjunto comercial que da en llamarse “plaza” y que no la aparenta por ningún lado.

Hacia el Bulevar Luis Encinas, aparecen en apretada proximidad locales que proclaman las bondades de tal o cual candidato a tal o cual puesto de elección, por el expediente de exhibir su rostro sonriente que permite ver una dentadura protegida por la odontología personalizada y el cepillado diario. La geografía de caras y proclamas cuenta con su representación en ese céntrico sector citadino, que a duras penas mantiene la atención del viandante gracias a la presencia de tacos de cabeza, barbacoa y chicharrón, por un lado, y por otro, la siempre bienvenida oferta de café con leche y huevos revueltos, además de emparedados de jamón.

Entre botas y cintos, la trama de la cocina casera convertida en comercial, ayuda en algo a matizar la impresión de ver una cara que aparece en un edificio a la vuelta, luciendo retadora en una manta monumental: es Javier Gándara, que extrañamente supone llegar “con la fuerza de los hermosillenses” al palacio municipal. La cafeína expendida con generosidad en Caffenio ayuda al aturdido mirón a pasar de largo y sin tropiezos por ese horrible espectáculo preelectoral, toda vez que la gente recuerda que Gándara es un señor con mucho dinero y pocas luces políticas, que siendo priista buscó ser candidato a la alcaldía y viendo frustradas sus aspiraciones, cambió de bando y declaró sin rubor que “siempre” fue panista.

Gándara descubrió, según parece, que era un panista atrapado en el cuerpo de un priista y, en un arrebato de codicia electoral, decidió salir del closet político en el que se encontraba, destapando un corazón inflamado de sueños húmedos edilicios, sofocos nocturnos y pasiones soterradas, magnificadas por el deseo de añadir a su colección de logros familiares la presidencia municipal de Hermosillo.

El rostro sonriente revela la dentadura del hombre de presa, del que busca el hueso que ha de morder con codiciosa lujuria cueste lo que cueste, aunque haya que comprar mantas, publicistas, espacios mediáticos, discursos y partido. El dinero es para eso, para que un hombre pueda demostrarle al espejo que está hecho de algo más que frustraciones e indefiniciones político-existenciales. La alcaldía es, pudiera ser, una sublimación de otras ausencias, un apoyo psicológico comprable con dinero, con promesas, con futuros disimulos, con el boato de palacio, con el glamur de una corte de opereta al servicio de la flatulenta pedantería de la filantropía fotogénica, huésped frecuente de las páginas de sociales.

El juguete codiciado de la alcaldía hermosillense debe formar parte de sus tesoros, de lo almacenado en el sótano de sus vivencias, de ese oscuro hueco de frustraciones superadas con el bálsamo de la opinión familiar, con el chipileo de los empleados, con la obsequiosa mirada de la servidumbre a sueldo que trabaja para el jefe metido a político panista, porque no hubo otro lugar más adecuado para el lustre del conservadurismo populista de campaña.

Gándara, representa la embestida de los junior post-fechados en el escenario de la política, el ascenso al tubo del poder donde giran los cuerpos de los travestidos políticos, en medio del alarido babeante de un público ávido de emociones bajas en carbohidratos en el table dance de la política de plan o de pre-pago que impulsa el PAN, bajo la lógica del mercado.

Desde luego que si a usted le gustan los espectáculos inmunodepresores, ahí tiene una buena opción para vomitar de emoción las convicciones políticas, los idearios de partido, la identidad ideológica que, pasada de moda, busca su cauce en algún resumidero de moda. La candidatura de Gándara bien pudiera representar la claudicación de todo principio con tal de lograr ciertos fines, lo cual no es, necesariamente, un buen ejemplo a seguir.

¿No le parece a usted que es mejor tener enfrente a un candidato que, por lo menos, se le reconoce fidelidad a sus principios políticos? Podrá usted estar a favor o en contra, pero al menos lo respetará por su seriedad y compromiso. Pero, ¿un travesti político-electoral? ¡Por favor!

viernes, 19 de junio de 2009

Síndrome del avestruz


La humilde familia llegó con paso lento, como imaginando ser parte de un ritual sagrado, con la sencillez de quien es auténtico y no se fija en la aprobación o reprobación de los demás para hacer lo que cree correcto. Los pasos seguros reflejaban una respetuosa determinación que matizaba el dolor solidario que sentían por los muchos niños que murieron en la guardería ABC de Hermosillo, por las muchas familias que fueron despojadas del hijo, el sobrino, el nieto, el hermano o la hermana ahora sepultados bajo la frialdad del gobierno, bajo los reflectores distractores y las abundantes explicaciones, recriminaciones, declaraciones, evasiones y dilaciones al ejercicio de la ley, por las respuestas no dadas al reclamo simple de justicia.

Los ojos atentos y humedecidos por una pena largamente instalada y sin reposo, permitían asomar un destello de furia, de indignación ciudadana, de rechazo a la podredumbre oficial que protege culpables y que busca chivos expiatorios, dejando sin castigo a la negligencia hoy de todos conocida, a la codicia llevada a extremos criminales que depreda, manipula, finge y pretende engañar a todos pero que, en realidad, no convence a nadie. El gobierno neoliberal de Calderón y de Bours son reos de negligencia criminal y de voracidad sin límites.

La familia se paró frente al improvisado altar que la buena voluntad erigió en la Plaza Zubeldía, y atrás se dejaba ver un monumento hecho de cilindros y de memoria luctuosa, rodeado de muchos pares de zapatitos, botitas, chancletas, entre otros ejemplares de calzado que jamás otro niño volverá a usar, como jamás se verán en ellos otros raspones ni serán manchados de polvo o lodo en juegos infantiles que se fueron para siempre y que ahora son despojos memoriosos de otros juegos, de otras circunstancias, de pequeñas vidas que fueron promesa, posibilidad, esperanza y orgullo paterno.

Cruzando la calle, las escalinatas del museo de la Universidad sirven de asiento de muchas veladoras que son encendidas por visitantes que llegan cuando cae la noche, cuando los recuerdos adquieren una dimensión fantasmagórica, cuando la memoria repasa los acontecimientos del día y la tristeza ejerce las funciones de ser el puente, el lazo que une a muchas gentes y crea un espacio común de silencio en el tráfago citadino, en la furiosa carrera hacia el semáforo, en la neurosis de cruzar la calle, de huir hacia los espacios más abiertos de otra memoria y otros muertos.

El espacio luctuoso entre el Museo y Biblioteca y el Campus de la Universidad de Sonora, es lugar de visita de hermosillenses de los estratos socioeconómicos más variados, aunque quizá sea más preciso decir que se trata de personas de condición modesta, cercana al dolor de la pérdida de un menor a cargo de una guardería instalada en cualquier bodega, con funciones de almacenaje de infantes mientras los padres trabajan para algún patrón con cuotas al corriente en el Seguro Social, en una puesta en escena que sirve para demostrar estadísticamente que los trabajadores y sus familias gozan de la protección de un Estado que subroga sus obligaciones bajo el amparo de las leyes del mercado.

Los humildes trabajadores que dejaron a sus hijos ese día 5 de junio para ir a trabajar, salieron confiados de que los volverían a ver al final de la jornada, que ese día sería igual al anterior, que nada alteraría la dinámica familiar y que su pobreza y desprotección simulada por la política de privatizaciones neoliberales, sería igual que siempre. Pero nada les garantizaba que esa monótona mañana no sería alterada; que los pendones de propaganda política llamando a votar por el PAN o por el PRI se sacudirían por otros vientos, que el discurso de los candidatos dejaría de tener las cualidades enervantes que magnifica el dinero y los espacios privilegiados, que su contenido sería otro, alterado por la realidad, por ese aterrizaje violento, abrupto, terrible que se define por la tragedia de muchos, gracias a la voracidad criminal de algunos.

En la plaza Zubeldía, la visita concluye. La familia proletaria regresa a su hogar, con la memoria dolida y el alma exhausta. Al alejarse, resuena el reclamo que el pueblo lanzó con gritos y pancartas frente a palacio de gobierno: ¡Asesinos, asesinos, asesinos…! La razón exige lo que el derecho parece evadir en estas circunstancias: La renuncia inmediata del gobernador, del presidente municipal, de los funcionarios federales y locales que son, salvo prueba en contrario, cómplices del asesinato de los niños, por la negligente voracidad de un gobierno y un sistema que debe terminar.

La noche cae en Hermosillo, pero la paz no llega ni el recuerdo deja de atenazar el corazón de los ciudadanos, altamente ofendidos, arteramente traicionados por el gobierno de Calderón, de Bours, de Gándara, de los ricos y súper-ricos a la sombra del poder público. La convicción de que deben renunciar a sus cargos es, por ahora, la expresión de lo menos que pueden hacer por el pueblo. ¿Pudieran regalarnos esta noticia hoy, o mañana temprano, por favor?

martes, 16 de junio de 2009

En un rincón del Alma


En un rincón del Alma Mater descansa el poster autoencomiástico que la administración 2001-2009, ofreció a la comunidad universitaria, tras el último informe rectoral y en el tiempo en que la figura principal debió ser el sucesor, en donde gráficamente muestra al encandilado lector accidental lo bien que lo hicieron y lo necesitados que están de reconocimiento y, si se puede, gratitud.
Las costosas cartulinas primorosamente editadas a todo color, demuestran que el gasto en propaganda no siempre sirve de maquillaje para las arrugas de una administración reciclable, tan agotada como el modelo que la hace posible.
El cesto de la basura, que no sabe discriminar y es ejemplo de democracia, pasa a ser el destino obligado del aventurerismo arribista que, sin recato, expone los beneficios de hacer las cosas en familia y tomar de rehenes a las instituciones.
Pero, sus aparentes bondades terminan revelando su verdadera esencia y van, junto con el dinero gastado en manipulaciones gráficas, al basurero. El contenido, finalmente, se revela tras la forma. La apariencia del cambio no basta para ocultar la voluntad de seguir igual. Eso, para fortuna de los seres que buscan la objetividad, se demuestra con hechos.

sábado, 13 de junio de 2009

Sin fecha de caducidad



Mientras que el cinismo hecho gobierno pretende minimizar la tragedia del 5 de junio, la sociedad civil se manifiesta, marcha y reclama justicia. El número de niños muertos es de 46, y la pena se multiplica cada día en la sensibilidad herida de las familias, vecinos y comunidad en general.


La noticia que ha recorrido el mundo, del incendio ocurrido en una guardería infantil donde descansaban más de cien infantes, nos muestra el desaseo gubernamental reiterado cada día en forma de declaraciones oficiales que huelen a impunidad, y al mismo tiempo, el hartazgo ciudadano contra un gobierno que ha convertido la seguridad social en área de oportunidades comerciales, puerta de entrada a ingresos ilegales, dolosos y éticamente reprobables.


La ciudad de Hermosillo está de luto, el duelo no tiene fecha de conclusión. Priva la desconfianza, el azoro por ver propiciada la rapiña desde el gobierno, desde las instituciones que debieran garantizar seguridad, justicia y paz social. La indignación crece, como una marea que agita y conmueve hasta las más íntimas fibras de la conciencia.

domingo, 7 de junio de 2009

Los propietarios de la trampa

El Imparcial, en su edición electrónica del 7/06/2009, informa que: “El Registro Público de la Propiedad de la Secretaría de Hacienda del Gobierno del Estado confirmó ayer que la Guardería ABC, subrogada al IMSS, está registrada en los archivos bajo la razón social ABC, S. C. y los propietarios son, Gildardo Francisco Urquídez Serrano, Sandra Lucía Téllez Nieves y Marcia Matilde Altagracia Gómez del Campo Tonella”.

Amplía la información señalando que, “en conferencia de prensa, el director general del Instituto Mexicano del Seguro Social, Daniel Káram Toumeh, confirmó que la guardería ABC, subrogada al IMSS, está concesionada desde el 2001 y el contrato está vigente hasta el último día de este 2009”.

Hasta el momento, se han confirmado 41 niños muertos.

La trampa mortal había pasado en mayo una inspección, lo cual le permitió seguir operando legalmente, lo que sugiere algunas preguntas que, dadas las circunstancias, son inevitables. ¿Quién realizó la inspección y cuáles fueron los criterios empleados? ¿Quién decide que una bodega cuenta con las especificaciones que la hacen apta para ser guardería infantil? ¿Por qué no había salida de emergencia y dónde estaba el equipo de seguridad de las instalaciones? ¿Quién consideró seguro el uso de materiales inflamables en los techos? ¿Dónde están las ventanas que hacen posible la ventilación del lugar? ¿Qué tan pertinente es el sistema de subrogaciones de guarderías o estancias infantiles del IMSS? ¿Quién decide priorizar la baratura de los costos de operación sobre la seguridad e higiene del servicio? ¿Cualquier nave industrial puede ser apta para guardería? ¿Qué importancia le concede el gobierno federal a la atención de los infantes? ¿Tragedias como esta, serán la constante en la vida de las familias donde las madres también trabajan? ¿En el criterio del gobierno federal, vale más terminar el año con subejercicio, que aplicar el gasto tal como lo aprueba el Poder Legislativo? ¿Qué tanto se moderniza la economía al reducir cada vez más el gasto social? ¿La presencia de Calderón en Sonora, sirve para algo más que la de un zopilote rondando cadáveres? ¿Se fincarán responsabilidades solamente a los directamente responsables de la tragedia, o se llegará hasta los autores intelectuales? ¿Pagarán las consecuencias de sus actos, los diseñadores de la política de subrogaciones y ahorros en nóminas y otros rubros del gasto corriente? ¿Seguirá usted votando por el PAN y otros agentes del neoliberalismo? ¿Le gusta a usted que el gobierno “ahorre”, aunque haya muertes infantiles, en número y condiciones verdaderamente desgarradoras? ¿Cree que fue accidente o una prueba de que las cosas no funcionan como están? ¿Qué es lo que sigue?