Conspiración en Pémex

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viernes, 27 de agosto de 2010

Los atronadores éxitos

Ley de Imhoff:


La organización de cualquier burocracia es muy parecida a una fosa séptica: los pedazos gordos siempre suben.


Mientras trato de lograr una relación armoniosa con la aguda cefalea que sufro, así como el aguangamiento general que insinúa una deshidratación, pienso en los que ya no sufren dolor alguno por la simple razón de que están muertos. La ausencia de dolor se revela como un estado indeseable si opera de manera radical, sin la concesión de alguna leve molestia, algún padecimiento que nos conecte con la vida y sus milagros. La muerte es ausencia, recuerdo, un sueño que preferimos soñar en cabeza ajena.

Mientras nuestra cabeza sufra dolores podemos afirmar que está en su lugar, que sigue conectada al resto de la anatomía y la fisiología funcionalmente, así que los malestares estomacales, los feos retortijones, los mareos y las náuseas o el eventual desvanecimiento, atribuidos a la intensidad de los rayos solares, nos coloca en una posición privilegiada llena de resonancias locales, de elementos que fortalecen el regionalismo, la hermosillez, que nos llena de orgullo y satisfacción capitalina.

No ocurre lo mismo por rumbos de Tamaulipas, donde asesinan al por mayor, como si de matar se tratara en un país agobiado por el subdesarrollo político de autoridades y politicastros trepadores de uno y otro signo partidista. En Tamaulipas la Parca se ensaña con los desprotegidos de siempre, con los migrantes que atinan a pasar por tierras equivocadas en el momento equivocado, como si la oportunidad de morir en despoblado obedeciera a momentos y casualidades. Se reportan 72 muertos, que sin distinción de sexo o edad terminaron en una fosa común, en una situación que en México es cada vez más corriente.

El incidente puso en marcha la máquina de hacer declaraciones y, como era de esperarse, los gringos se apuntaron a “colaborar” con las autoridades en aras de recuperar la paz y la civilidad perdidas, como si nosotros anduviéramos ofreciendo la ayuda policial a Estados Unidos en la captura de criminales que matan del otro lado. En este y otros casos, el embajador Carlos Pascual, de origen gusano (es decir, cubano refugiado en Miami declarado enemigo de la revolución cubana), se ha hecho presente y aprestado a declarar el interés de su país de colaborar en asuntos que son de la exclusiva competencia de las autoridades mexicanas, en una forma poco discreta de plantear los ardientes deseos del tío Sam de convertir a México en un apéndice económico-judicial de ellos, como lo es Colombia, Panamá o Iraq, por poner ejemplos.

A pesar de la seriedad del caso, de inmediato el vice-coordinador de la bancada panista en San Lázaro, dio en declarar que esta matazón inédita se debió a que los grupos de narcotraficantes andan nerviosos, que resienten las acciones del gobierno de Calderón en contra de la criminalidad. Es decir, 72 muertos inocentes y extranjeros por añadidura, victimados por criminales organizados, son expresión del éxito de la lucha calderonista contra el narcotráfico. ¡Cáspita, recórcholis y zambomba! ¡Sic y recontrasic! En esa lógica, los más de 28 mil asesinatos cometidos en lo que va del sexenio, son las pruebas claras del éxito de las acciones para garantizar la vigencia del estado de derecho y la seguridad pública. Menuda forma de acreditar logros.

El despiporre nacional actúa como caldo de cultivo para relaciones de dependencia más oprobiosas que las actuales, ya que los gringos no sólo aportan armas a uno y otro bando, sino que las labores de inteligencia realizadas no se sabe si tienen un solo beneficiario, habida cuenta que el dinero es un poderoso ingrediente en el discurso político y legal de los gringos; por otro lado, no se puede evitar el recuerdo del episodio Irán-contras, entre otras operaciones donde el trasiego de droga fue parte de la estrategia de control y manipulación orquestada por la CIA.

De hecho, la posibilidad de que los Estados Unidos sea el primero en interesarse en el despiporre latinoamericano y obviamente mexicano tiene muchos visos históricos de credibilidad. Sin temor a exagerar, se puede afirmar a la luz de la evidencia histórica que el principal narcotraficante ha sido Estados Unidos, de la misma manera que ha sido el principal gestor de inestabilidad internacional y proveedor de armamento a los bandos en disputa. Seguramente usted sabe que detrás de los golpes de estado o intentos de lo mismo, ha estado la embajada de Estados Unidos, los incontables asesores, las agencias acreditadas en territorio nacional, la misma prensa y los demás disfraces de beneficencia, de organizaciones no gubernamentales que al amparo de la colaboración y buena vecindad han parasitado a éste y otros países.

Quizá México tuviera más posibilidades económicas y políticas en el mediano o largo plazo si se desembarazara de la rémora de su dependencia con los vecinos del norte, y decidiera reivindicar nuestro origen y pertenencia latinoamericanos. Es un buen momento de reconocernos en los otros pueblos del sur, con los que compartimos historia y destino. A los gringos solo les debemos una república mutilada, el saqueo escandaloso de nuestros recursos naturales y un proceso creciente de penetración política que debe ser detenido. Por lo pronto, es escandalosa la depredación y el agandalle de extranjeros, sobre todo gringos, en zonas que debieran estar bajo la protección de las autoridades ambientales, que se dedican a dar concesiones y facilidades para desarrollos turísticos con alto impacto ambiental y la instalación de plantas generadoras de energía que ponen en peligro manglares, humedales y arrecifes naturales, hábitat de diversas especies que, al parecer, al gobierno calderonícola le importan un soberano cacahuate.

Pongo por ejemplo de lo anterior a Baja California, que bajo los gobiernos panistas se ignoran las normas de protección ambiental y viven la vida loca de malbaratar patrimonio con el pretexto de atraer inversiones extrajeras. Si Santa Anna no hubiera muerto… tendría una fuerte competencia.

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