Conspiración en Pémex

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jueves, 17 de septiembre de 2009

Los logros del señor


Declara ufano el licenciado Calderón que ningún presidente había hecho tanto por el ahorro y la economía nacionales, al reducir los gastos por la vía de la eliminación de tres secretarías y el despido de alrededor de 10 mil burócratas. El desempleo adquiere dimensiones patrióticas y revela una voluntad firme y decidida por cortar por lo sano la fea rémora de trabajadores de pocos salarios mínimos, a cambio de conservar las altas percepciones del resto de la burocracia versallesca que da por sentado su merecimiento y prerrogativas, y es que las costumbres de la clase empresarial sólo pueden satisfacerse a cargo del erario, en estos tiempos de crisis.
El licenciado, previsor, espera que la reducción sea generosamente compensada con el paquetote fiscal 2010 que pretende perpetrar contra la nación, si los diputados asumen como propias las calenturas del muy ajeno personaje de Los Pinos y cortesanos de tripa gorda y cerebro magro. El PRI y fauna de acompañamiento son sospechosos de ablandamiento propanista y el discurso de las medicinas amargas pero necesarias en aras del gran poder recuerdan aquellas pintorescas imágenes de la piedra de los sacrificios y las destrezas sacerdotales en eso de extraer vísceras propiciatorias del equilibrio fiscal.
La disciplina presupuestal como recurso alternativo al fomento de actividades económicas que generen empleo e ingreso, son lugares comunes en una economía manejada según los dogmas del neoliberalismo periférico, lo que también evita una fiscalidad responsable que, de serlo, gravaría a los actuales hijos predilectos de Hacienda en un destete que aunque es obligado, las clases privilegiadas no están dispuestas a asumir.
Las fiestas septembrinas son celebrables desde el balcón presidencial y en la comodidad opulenta de los salones donde corren los vinos y licores consagrados por el refinamiento que da la gratuidad y la holgura de recursos, el desperdicio y el manoteo como sistema de relaciones.
Abajo, el pueblo está condenado a una sobriedad estructural, inherente de la condición de asalariado, de paria cívico, de víctima designada en el ritual neoliberal-panista de distribución de culpas. La borrachera es cosa de gente bien, de los agradecidos miembros del partido y el gobierno que, como el anterior, es de y para los empresarios.

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