Notas Sueltas es un espacio de opinión sobre diversos problemas de carácter social, económico y político de interés general. Los comentarios pueden enviarse a: jdarredondo@gmail.com

sábado, 25 de enero de 2020

Hermosillo y el agua



“Cuando el pozo está seco sabemos el valor del agua” (Benjamin Franklin).

Nos enteramos por los medios informativos que el agua de Hermosillo está contaminada por arsénico y que en algunos sectores como el norte, que abarca a más de 200 colonias, se registran 22 microgramos por litro, tres puntos por debajo del límite que establece la complaciente y laxa norma mexicana, siendo que la norma establecida por la Organización Mundial de la Salud pone como límite 10 microgramos por litro (Expreso, 23.01.2020).

Algunos funcionarios han tratado de minimizar o simplemente desacreditar la llamada de alerta diciendo que ellos en su casa toman agua de la llave y “están muy sanos” (Proyecto Puente, 23.01.2020), siguiendo la clásica actitud del empleado que trata de tapar la realidad para que nadie la vea, como si la negación le hiciera un favor a sus jefes y a los ciudadanos que dependen de los servicios públicos.

Si bien es cierto que la ciudad no necesita de alarmismos también lo es que requiere de funcionarios informados y honestos que llamen a las cosas por su nombre y provean lo necesario para el bienestar general. Si hay problemas ya deben estar planteándose las soluciones, y no dejar correr el tiempo esperando que las cosas se compongan solas.

Cabe recordar que la investigadora universitaria Reina Castro Longoria ha señalado la gravedad del problema a partir del derrame tóxico de Buenavista del Cobre, empresa minera de Grupo México, que afecta a los asentamientos humanos ribereños del Río Sonora, en los que se incluye Hermosillo, sin que a la fecha se vean resultados tangibles respecto a la remediación del río y al resarcimiento de los daños y perjuicios causados a los habitantes de la región.  

En el mismo sentido, recientemente Mercedes Meza Montiel, investigadora del ITSON, señaló que existe presencia de arsénico en el polvo que respiramos en la ciudad, aunque no existe una norma que indique el límite permitido (Expreso, 23.01.2020).

De las advertencias sobre la situación ambiental de Hermosillo, se desprende que el agua y el aire deben ser monitoreados de manera permanente, dividiendo la ciudad en sectores ya que la presencia del arsénico no es homogénea, siendo el sur la parte más segura dado que no presenta este problema.

Para documentar el peligro potencial que representa, la Organización Mundial de la Salud (OMS, Arsénico, 18 de febrero de 2018)) advierte que los síntomas de la exposición prolongada al arsénico a través de la ingesta de agua y alimentos contaminados, se observan en la piel e incluyen cambios de pigmentación, lesiones cutáneas y durezas y callosidades en las palmas de las manos y las plantas de los pies (hiperqueratosis), y pueden ser precursores de cáncer de piel, de vejiga y pulmón.

Refiere también que el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (CIIC) ha clasificado el arsénico y los compuestos de arsénico como cancerígenos para los seres humanos; el arsénico presente en el agua para beber también ha sido incluido en esa categoría por el CIIC.

Señala que entre otros efectos perjudiciales para la salud asociados a la ingesta prolongada de arsénico destacan los problemas relacionados con el desarrollo, neurotoxicidad, diabetes y enfermedades pulmonares y cardiovasculares.

Y alerta sobre los infartos de miocardio, que pueden ser inducidos por el arsénico y suponen una importante causa de aumento de la mortalidad, asociándose también a desenlaces adversos del embarazo y mortalidad infantil, pudiendo tener una influencia negativa en el desarrollo cognitivo.
Cabe recordar que los metales pesados como el Arsénico, Cadmio, Cobalto, Cromo, Cobre, Mercurio, Níquel, Plomo, Estaño y Cinc son muy nocivos para la salud de la mayoría de las formas de vida, entre las que destaca la humana, y pueden permanecer en el ambiente cientos de años, de suerte que se debe tener un control estricto de su emisión al ambiente por parte de las autoridades, siendo la minería una actividad que genera grandes cantidades de contaminantes, lo que nos remite a la laxitud de las normas aplicables y la gravedad de los incidentes como el del derrame tóxico de Grupo México que afectó el Río Sonora y el ocurrido en la zona portuaria de Guaymas, entre otros.

El desestimar e incluso desacreditar las voces de alerta sobre este tipo de problemas es no sólo irresponsable sino criminal, habida cuenta el efecto de bioacumulación que tienen los metales pesados en el organismo. Las condiciones ambientales que se crean a partir de la actividad minera o industrial sin control representan un verdadero peligro para la vida y no hay dinero que justifique tal situación. Así pues, urge que las autoridades federales revisen detenidamente las concesiones de explotación minera y de uso del agua, así como el marco legal correspondiente, en favor de la vida y salud de los sonorenses.

¿A usted le suena lógico que la norma mexicana permita 25 microgramos de arsénico mientras que la OMS establece solamente 10?, ¿Le parece correcto que la Ley Minera esté por encima de nuestro derecho a la salud y nuestro patrimonio? ¿Puede más la presencia depredadora de las transnacionales y la generación de empleos precarios que el futuro sustentable y ecológicamente equilibrado de la entidad? Para usted ¿cuánto vale su salud?

     



sábado, 18 de enero de 2020

Cuidado con los estornudos



“La buena salud y el buen juicio son dos de las mayores bendiciones de la vida” (Publilio Siro).

Enero y el desviejadero, como nos dice la vieja conseja popular que en tiempos de crisis en los sistemas de seguridad social resuena con mayor intensidad. La sola posibilidad de enfermar nos produce náuseas, constipaciones, sudores fríos y una sensación de invalidez social que apabulla. Aquí no somos nada… o casi.

Las instituciones de salud y, desde luego, los sistemas de seguridad social se revuelcan en medio de estertores presupuestales y muchos actores políticos señalan la necesidad de cambios radicales en su funcionamiento. “Que alguien nos diga cómo hacerlo”, reclamarán algunos, mientras que otros buscarán la figura paterna apropiada para sentirse a salvo del escrutinio público: “estamos instalando mesa de seguimiento de las recomendaciones de la OCDE para mejorar nuestro funcionamiento”, con lo que debemos entender que están “trabajando en beneficio de las y los sonorenses”.

Mientras que usted estornuda y los maestros jubilados de la sección 54 marchan y entregan reclamos escritos en favor de que se cumpla el artículo 59 de la ley 38 que les garantiza el incremento de la pensión en la misma proporción que el aumento salarial anual, el gobierno se agarra de las barbas de Ángel Gurría, apodado en sus buenos tiempos de funcionario salinista como el “ángel de la dependencia”.

Ahora resulta que el ISSSTESON ha evitado el pago de “pensiones millonarias” y que en materia administrativa, en el rubro de “contrataciones”, cuenta con la recomendación de la OCDE en una insólita cuanto inútil relación que intenta maquillar lo que el sol revela como una farsa perversa: mucha saliva cada tanto tiempo y de resultados nada, ya que los culpables del desfondo pensionario y el daño patrimonial al instituto siguen sin castigo y los fondos sin aparecer.

Resulta curioso que la señora gobernadora presuma de un criterio emitido por la sala segunda de la SCJN en tiempos de Medina Mora (el ministro actualmente en retiro famoso por su corruptibilidad), para dar palo a las justas, legales y legítimas demandas de los jubilados de obtener una pensión digna, en los términos de la propia ley 38 antes de la reforma de 2005, mismas que se reconocieron procedentes antes de que el gobierno del Estado y el ministro de marras le torcieran el cuello a la propia ley, borrando de un solo plumazo más de 200 demandas ganadas por los trabajadores jubilados inconformes recién iniciado el gobierno de Pavlovich.

Pero digamos que estas cosas son agua pasada, y que ahora la directiva del ISSSTESON actúa como el gato que, tras hacer sus necesidades fisiológicas, simplemente las oculta mediante el expediente de echarles tierra, en este caso con la figura del neoliberal salinista Gurría y la patética OCDE. Con esto se sigue derramando saliva sin llegar al fondo del asunto: el modelo neoliberal de la seguridad social como negocio ha fracasado, como también la concepción de que las instituciones como el ISSSTESON deben funcionar como caja chica del gobierno en turno, con la pasividad de los trabajadores afectados.

Como usted recordará, el viernes 17 pasado hubo una marcha y manifestación magisterial de protesta frente al ISSSTESON, con el fin de lograr que se les otorgue a los trabajadores pensionados y jubilados una pensión que refleje el incremento decretado al salario mínimo general para este año 2020, basados en que así lo establece la propia ley del ISSSTESON en su artículo 59.

Es de esperar que el gobierno del Estado, a través del ISSSTESON, cumpla con su obligación legal y que pague retroactivamente el 12 por ciento que debe del incremento del año pasado que fue de 16 por ciento y del que solamente aportó el 4 por ciento, más el aumento concedido este año a los trabajadores  que es del 20 por ciento.

En este contexto, el gobierno del Estado, el ISSSTESON e incluso la OCDE, sólo podrán seguir estornudando con tranquilidad si se aplican la vacuna de la anticorrupción reforzada con una buena dosis de transparencia, que los podría salvar de la influenza del descrédito y la acción penal y social por fraudulentos.

Los trabajadores de la educación jubilados y pensionados que se levantaron a protestar y hacer valer su incuestionable derecho a una pensión digna deben ser apoyados por todas las organizaciones sociales y sindicales, de manera efectiva, sin demagogia ni simulaciones, porque el derecho de ellos es el derecho de todos.





  

   
  

sábado, 11 de enero de 2020

Bang, bang... estás muerto.



“Un hogar será fuerte cuando esté sostenido por estas cuatro columnas: padre valiente, madre prudente, hijo obediente, hermano complaciente” (Confucio).

El viernes 10 amanecimos con la noticia de que un chico de 12 años (algunos dicen que de ocho, otros que 11) y alumno de sexto año de primaria asesinó a su maestra, hirió a varios (cinco compañeros y un maestro) y se suicidó. Uno pudiera pensar que los gringos son proclives al asesinato truculento y escandaloso, que en las tierras del Tío Sam la sangre fluye con tanta facilidad como lo hace el vómito que se sienten obligados culturalmente a emitir cada vez que se asustan, se enojan o se impactan ante la visión de algo extraño o, simplemente, de otro igual que ellos. Las emociones anglosajonas tienen relación directa con el contenido estomacal, sin duda.

Al seguir leyendo la nota por razones de estricta morbosidad, nos enteramos de que el asesinato y suicidio fue en una escuela privada de Torreón, Coahuila, en mero territorio nacional. Aquí fue cuando exclamamos “OMG!”, para seguir leyendo sobre el horror escolar que padecieron los alumnos y personal del Colegio Cervantes. 

Las fuerzas de la ley y el orden desde luego llegaron y acordonaron el área, en medio de la parafernalia propia del caso. Ha trascendido que el menor era atendido por su abuela dado que los padres no lo hacían; sin embargo, en la escuela nunca se detectó algún comportamiento anormal previo.  

Antes de que las autoridades tengan el cuadro completo de este inusual suceso ya hay una organización que señala con dedo flamígero que el culpable de la tragedia es… AMLO. Representantes de la “Red por los Derechos de la Infancia en México” (Redim), declaran que en este gobierno los menores están “más desprotegidos que en los dos sexenios anteriores”, así que, según ellos, los homicidios y suicidios son debidos al ninguneo presidencial (Uniradio Noticias, 10.01.2020).

Para Redim el abandono familiar, el ambiente social en el que interactuaba el menor, la influencia de las series de televisión gringas, la exposición a influencias e ideas potencialmente peligrosas y todo aquello que favorezca el “libre desarrollo de la personalidad” son lo de menos. Lo importante y definitivo es el factor AMLO; sin embargo, este es el segundo tiroteo que se registra en una institución educativa del país.
El primero ocurrió en Monterrey en enero del 2017 en el Colegio Americano del Noreste y  “en aquella ocasión, un jovencito de secundaria llevó un arma oculta en su mochila y ya en el salón de clases disparó en contra de la maestra, varios de sus compañeros y se suicidó” (Excelsior 10.01.2020).
 Para algunos llevados por ese infaltable sentido de las comparaciones históricas, resulta evidente que la causa de los males que azotaron a la familia del menor agresor que llevó dos armas a la escuela, no fue que nos estemos “convirtiendo en Venezuela” sino en los Estados Unidos, famoso por sus masacres en centros comerciales y educativos.

Lo anterior viene al caso dado que la vestimenta del chico suicida del Colegio Cervantes “recuerda completamente a Eric Harris, quien junto a Dylan Klebold asesinaron a 12 estudiantes y a un profesor antes de dispararse a ellos mismos el 20 de abril de 1999 en la escuela de Columbine, en Colorado, Estados Unidos” (pantalones negros, tirantes y una camiseta color blanco con la leyenda “Natural Selection” al parecer escrita por él mismo), según reporta El Sol de La Laguna (10.01.2020).

Al parecer, el guion es sencillo: chico abandonado en forma real o virtual, probablemente acompañado de videojuegos violentos, celular, computadora, monitor de televisión y abuela permisiva, con acceso a armamento y cargado de frustraciones ligadas a la autoestima, es regañado por la maestra que representa la autoridad institucional. El chico no lo resiste y echando mano a la pistola, así como lo vio en la tele, jala el gatillo una, dos, tres, cuatro, cinco, seis veces, para quedar suspendido en una fría realidad que lo apabulla: “chin, me van a regañar…” y se suicida.

La tragedia familiar cuyo sustrato pudiera ser el de las emociones encontradas en una mente preadolescente, no se busca esclarecer mediante la revisión puntual de las capacidades de la escuela para detectar y prevenir tragedias como ésta, como tampoco mediante el análisis de la situación familiar del menor y sus potenciales o reales peligros para él y los demás, o el estado mental del sujeto víctima y victimario en este drama. Aquí se trata de culpabilizar al actual gobierno que, según esto, ha abandonado a los menores al declararlos “invisibles”: la tragedia se convierte en arma política que dispara balas de insidia y desinformación.

Quizá la tragedia sirva para poner en la consideración de todos la importancia de la familia, los valores como el respeto, la responsabilidad de los padres hacia los hijos y los deberes de éstos respecto a aquéllos, así como el seboso oportunismo de la derecha borolista.

No puede ser posible que la desarticulación y el desapego que se ve en la cultura anglosajona, preñada de pragmático individualismo, siga siendo alentada por las familias mexicanas en las que no es rara la coexistencia, no de una sino dos o más generaciones, en un mismo entorno doméstico. No estaría de más revitalizar nuestros valores y tradiciones de cara a un futuro en el que cabemos todos. Tampoco lo estaría el fortalecer nuestras convicciones nacionalistas frente a la influencia cultural del extranjero y celebrar la voluntad democrática de los mexicanos por el cambio político. Creo que la familia mexicana, nacionalista y unida por el cariño y el respeto a nuestras tradiciones y valores, jamás será vencida.

     

   

domingo, 29 de diciembre de 2019

Una por México



“Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz” (Benito Juárez, 15 de julio de 1867).

Pues tenemos ahora un “terrible enemigo” en la parte sur del traspatio gringo: Bolivia ungida como garrote nopalero se lanza, como perro Chihuahua frente a un PitBull, contra el presidente López Obrador por el feo delito de hacer valer la política exterior y las tradiciones diplomáticas de nuestro país. El derecho de asilo es una institución reconocida por el mundo civilizado y México la ha honrado de manera ejemplar y, en este contexto, recibió a Evo Morales y albergó en su sede diplomática de La Paz a un grupo de seis personas que así lo solicitaron.

Aún flotan en el aire farandulezco de las operetas diplomáticas orquestadas por el golpismo de guarache la diatriba anti-AMLO de un expresidente boliviano afecto al fascismo llamado Jorge Quiroga, quien lo llamó “cobarde matoncito”, en medio del aplauso fervoroso de… él mismo, el golpismo y los infaltables “mexicanos” de derecha onanista que pululan tristemente en las redes y dan lástima en las marchas y las declaraciones de los partidos pitufos.

¿El hecho de que México haya recuperado el respeto por sus tradiciones diplomáticas y mejores prácticas en el ejercicio de la función pública altera el pulso de la corrupción? Parece que sí.

¿El feo caso de tener un gobierno que defiende la soberanía y que puede negociar sin perder los calzones ante los gringos de manera tan fácil como los anteriores, supone un peligro para el narcisismo de la decadente potencia militar del Norte? Parece que sí.

¿La política social y económica del actual gobierno arruina los planes de expansión de las fortunas logradas por tráfico de influencias, corrupción y complicidad con las transnacionales anglosajonas, le produce agruras y constipaciones a la Casa Blanca, entre otras casas de citas del capitalismo salvaje? Parece que sí.

¿El hecho de que se esté rescatando la producción petrolera y de gasolinas, y que tengamos Litio cerca de la frontera con Arizona le produce taquicardias al empresariado ligado a los “moches” y a las migajas del extranjero? Parece que sí.

¿La posible bonanza energética mexicana les retuerce el hígado a los vecinos, como para armar un tango militar so pretexto del incidente poco claro de la familia LeBarón o algún otro similar? Parece que sí.

Partiendo del hecho de que estamos en una “jaula geopolítica” por nuestras condiciones históricas y vecindad con los gringos, valdría la pena rescatar en serio una perspectiva nacionalista respecto a nuestras relaciones con el exterior.

Si bien es cierto que la vía diplomática es la mejor para enfrentar los retos, amenazas y peligros que presenta un mundo caracterizado por el afán depredador de los recursos naturales de la periferia económica, de la que Latinoamérica forma parte tanto como África, es prudente reforzarla mediante el sano ejercicio de la memoria y la defensa de la identidad nacional.

Tenemos con Bolivia, Venezuela, Colombia o Perú, como en los otros países de América Latina y el Caribe lazos de hermandad indisolubles y una relación histórica que está siendo alterada gracias al entreguismo lameculista de las derechas autóctonas financiadas por los gringos que trabajan desde sus embajadas y organismos de “ayuda y cooperación”, actitud prostibularia que tiene su mejor expresión  en la actual directiva de la Organización de Estados Americanos, OEA, que ha sido capaz de olvidar el origen y destino común que nos hace grandes, haciéndose cómplice del golpismo apátrida que padece Bolivia.

El gobierno mexicano ha sido consecuente con la visión bolivariana y, por ende, no acepta al gobierno golpista y reclama legalidad y transparencia por las vías que el derecho internacional dispone.

El asedio a la embajada mexicana en Bolivia es una muestra patética de la falta de respeto a las normas más elementales de coexistencia pacifica entre las naciones, y nos debe convocar a apoyar nuestra política exterior y defender el derecho de asilo, porque es una decisión soberana y un ejemplo de respeto a los derechos humanos y a la legalidad de la que debemos sentirnos más que orgullosos.

¿Nuestra país merece una porra? Creemos que sí. Digamos una por México.



   

      

lunes, 23 de diciembre de 2019

Viene la Navidad



“La Navidad no es un momento ni una estación, sino un estado de la mente. Valorar la paz y la generosidad es comprender el verdadero significado de Navidad.”

Los pocos días que nos azota el viento helado y la temperatura baja significativamente nos hacen saber que el invierno, siempre evasivo y discreto en nuestra tierra, toca la puerta de nuestras conciencias y sondea los bolsillos con ánimo especulativo: ¿alcanzará el aguinaldo para pagar la cena de Navidad y año nuevo? ¿Tendremos para los regalitos que estamos obligados a entregar por la tradición representada por el hombre gordo, rubicundo, vestido de rojo que ríe con un “¡jo-jo-jo!” tan artificial como entrañable?

Mientras estamos entretenidos en ejercicios mentales de sumas y restas de nuestros haberes contra las obligaciones sociales a cumplir, la imagen de la Navidad se transforma, distorsiona y replantea bajo nuevas premisas: “tanto tengo, tanto valgo, luego entonces mi amistad, amorosa relación y apego familiar depende de los pesos y centavos de que pueda disponer en el presente o en el futuro, si considero el crédito que me permiten las tarjetas bancarias y comerciales disponibles”.

La Navidad es propicia para reflexionar sobre lo que pudo haber sido y no fue, sobre lo que tenemos y lo que perdimos, sobre la ropa que ya no podemos usar y sobre el arsenal de recuerdos que habremos de procesar de esta fecha en adelante, hasta despertar en el nuevo año que deseamos pero que nos preocupa.

¿La solidaridad con nuestros semejantes es motor de acciones positivas y producto de una conciencia despierta por influjo del amor al prójimo y la hermandad que nos han dicho que existe entre los seres humanos, gracias a la religión, la que esta sea? ¿Obramos debido a nuestra conciencia y posibilidades de mejorar nuestras vidas y las de los demás? ¿Amamos al prójimo como a nosotros mismos?

¿Somos empáticos y dispuestos a dar antes que recibir movidos por el amor al prójimo o reservamos nuestra afectividad sólo en estas fechas y únicamente para los más cercanos? ¿Nos declaramos sensibles al dolor ajeno o sólo tenemos ojos para ver nuestras carencias y deseos?

Sea cual sea la respuesta a la cuestión anterior, subyace en las motivaciones navideñas la imagen del hombre gordo vestido de rojo y envuelto en una nube de frío, nieve y regalos para repartir en cada hogar, lo que nosotros estimamos como una venturosa ocasión de ir a los centros comerciales y reventar el crédito disponible gracias a la intervención bancaria en nuestras vidas y destinos.

La música navideña, ahora reducida a cancioncillas plagadas de lugares comunes y cursilería, en inglés, sustituyen con éxito a los viejos villancicos nacionales, las pastorelas, el arte poético de nuestras ancestros y la herencia española que llenó de música y símbolos que convertimos, gracias al tiempo y la constancia, en parte de una herencia que compartimos y que ahora nos confiere la nacionalidad mexicana y latinoamericana que debemos defender frente a las amenazas económicas y culturales, sobre todo, del extranjero anglosajón.

Pues sí, viene la Navidad con su cauda de consumo frenético es aras de una cordialidad etiquetada con precios de rebaja, de oportunidades de temporada, de consumos repetitivos y sin identidad propia, de despojos culturales mal masticados y mínimamente digeridos: nos desnacionalizamos y transculturizamos gracias al consumo y al motor de impulso del gasto superfluo, de suerte que la Navidad es obra milagrosa del comercio organizado y no de una fe que se diluye entre música estridente que pretende llamar la atención del posible cliente, de amor a granel y etiquetado como oferta de ocasión, de consumo sin más razón que la mercantilización de las fechas y la manipulación de las conciencias: “consumo, luego existo”.

Al salir de compras es fácil ver a uno, dos o más indigentes, agrupados a veces en zonas oscuras de la ciudad y en otras ocasiones en las plazas públicas o a las afueras de los comercios, bancos y escuelas…, la pobreza asalta a la Navidad sin que casi nadie entienda el mensaje que contiene la imagen encorvada, envilecida de un ser humano que se consume en medio de mugre y abandono. ¿No te merece compasión, solidaridad, apoyo el que nada tiene? ¿Sólo hay que sacarle la vuelta al indigente, porque molesta su apariencia y apesta a mierda y degradación?

Ante la imagen que rechazamos por razones de higiene y precaución, ¿no sería bueno replantear nuestra idea de la Navidad y de aquí en delante hacerla posible para nuestra familia y para todos, no como un festejo anual sino como compromiso personal de carácter permanente?

La Navidad viene, y me parece que deberíamos hacer posible que recuperara el sentido original de su mensaje: la hermandad humana se alimenta de nuestra disposición a ser hermanos, a reconocer en el semejante la propia imagen, el propio interés vital y, por ende, el propio destino.

Estando así las cosas, ¿tenemos conciencia de lo que es y vale el amor al prójimo o solamente es un objeto envuelto y etiquetado en el comercio local que se compra de ocasión?



     


        

martes, 17 de diciembre de 2019

Una nueva minería


Una nueva minería
José Darío Arredondo López

«El mundo es un lugar peligroso, no a causa de los que hacen el mal sino por aquellos que no hacen nada para evitarlo» (Albert Einstein).

Como se sabe, la minería ha sido una de las actividades tradicionales de México. Desde los tiempos de la Colonia ha sido la palanca de impulso de la exploración, conquista y colonización de nuevas tierras. La minería hizo posible los fenómenos de poblamiento de territorios que de otra manera no hubieran merecido la atención o la codicia de los conquistadores de ayer y de hoy.

El oro y la plata fueron un gancho poderoso que ancló la civilización occidental en tierras que, como la nuestra, fueron objeto del interés europeo. En torno a las explotaciones mineras surgieron pueblos y ciudades, riquezas extraordinarias y nuevos desarrollos comerciales e industriales. A los metales preciosos siguieron otros demandados por la naciente industria y, así, la modernidad tecnológica puso en primerísimo plano al cobre.

El mundo se plegó a los imperativos de la industria eléctrica y la tecnología dio nuevas alternativas a una sociedad seducida por lo nuevo: de la electricidad y el conocimiento de la propiedades de nuevos metales surgió la electrónica abriendo nuevos horizontes para la ciencia y la tecnología en los más diversos rumbos del conocimiento humano.

Desde luego que los procesos productivos cambiaron merced al avance de la técnica y la tecnología que tanto facilita la vida en las ciudades y en el campo como incide en nuestra forma de entender el mundo y las relaciones con la naturaleza.

Pero… si los recursos naturales son vistos como una bendición que se recibe sin condiciones ni responsabilidades, tarde o temprano surge un problema de carácter ambiental y humano.

Para aclarar un poco el punto anterior cito el caso de la minería mexicana (que funciona por las mismas motivaciones y tiene las mismas consecuencias que en el resto de Latinoamérica) donde un ejemplo importante es Grupo México (GM): Actúa sin ninguna responsabilidad por los costos ambientales que producen sus operaciones y se guía por una visión pragmática donde el objetivo principal es la obtención de ganancias.

Se puede decir que GM ejemplifica al empresariado agresivo, influyente y sin escrúpulos que caracterizó el despegue del capitalismo extractivista a escala global que heredó los impulsos mercantiles de los tiempos de la época colonial: México fue una colonia de explotación del Imperio Español donde el afán de obtener riquezas sin compensación alguna para el ambiente y los seres humanos fue la regla. La etapa histórica de la conquista y la colonización dan cuenta de ello y hoy, a quinientos años de la dominación europea, se escribe la historia de manera bastante parecida.

Si bien es cierto que el mundo cambió y que en el discurso de la modernidad se incorporan otros elementos significativos como son la innovación, el emprendimiento, los derechos humanos, el estado de derecho y determinados valores éticos y morales, también lo es que el sistema capitalista conserva sus elementos esenciales de maximización de la ganancia y reducción de costos: se debe producir al menor costo y en el menor tiempo posible, lo cual supone la adecuación del marco jurídico de las sociedades y nuevos mecanismos de control del territorio, la opinión pública y la posible acción adversa del gobierno en turno.

Dicho en otras palabras, la empresa (ahora de magnitud transnacional) debe librar batallas donde la corrupción es un aliado poderoso para hacer prevalecer el interés privado sobre el público y, desde luego, el social. Y GM sigue siendo el mejor ejemplo en el nivel nacional como el local. ¿Le suenan de algo Pasta de Conchos y Buenavista del Cobre?

 En Sonora se tienen muestras claras de lo que significa la depredación del territorio y el ambiente, bajo el pretexto de “generar empleos” y propiciar el crecimiento económico de la región, poniendo en alto a nuestra entidad en el ranking de la explotación minera; pero a cambio de la afectación de la economía y la salud de los pobladores de siete municipios.

A pesar de las evidencias, el peor desastre ambiental sufrido en nuestra historia es referido por las autoridades estales, la propia empresa y los infaltables académicos alcahuetes, como una situación superada: nos dicen que el agua no está contaminada y las actividades se han normalizado gracias a los beneficios de la “zona económica especial” creada para dicho fin. Desapareció el fideicomiso creado por GM porque el problema dejó de ser problema.

Sin embargo, en la reciente visita de funcionarios federales enviados por el presidente de la república para atender lo del Río Sonora, se encuentra que no hubo un solo derrame sino un segundo del que nadie dijo nada; ahora se revela la existencia de muchos casos no reportados de enfermos a consecuencia de la contaminación por metales pesados. Todo indica que alguien trató de echar por debajo de la alfombra la suciedad de los derrames y la complicidad de las autoridades.

Como anécdota, nos comentan que las instalaciones de salud que había permanecido prácticamente abandonadas de repente se vieron poblada de médicos y enfermeras, gracias a la visita de los funcionarios federales. No hay duda que en el gobierno local la magia se realiza cuando hay que dar la apariencia de que se cumple con las responsabilidades por las que el pueblo paga.

Tras la visita federal ninguna autoridad estatal podrá negar que el daño ambiental fue y es terrible y hasta la fecha impune. Lo que sigue es que se haga justicia, y se emprendan acciones legales que, entre otras cosas, reformen la Ley Minera vigente y hagan posible el establecimiento de una nueva minería, con responsabilidad y con sentido humano, al servicio de la sociedad presente y futura.


sábado, 7 de diciembre de 2019

La economía necesita orden



“La tierra provee lo suficiente para satisfacer las necesidades de cada hombre, pero no la avaricia de cada hombre” (M. Gandhi).

Muchos piensan que la economía está bien, siempre y cuando les proporcione recursos a las empresas, por aquello de que “generan fuentes de empleo”, sin reparar en el hecho de que los costos de los empleos son infinitamente menores que el daño ambiental que se produce.

Tampoco parece ser relevante que el empleo que se crea sea precario, sin respaldo en salud, pensiones y jubilaciones y sin garantías para los dependientes del trabajador. La lógica es la de que se emplea a alguien, se le paga lo establecido en las condiciones y duración del contrato y ¡listo!

El trabajador está condenado a ser permanentemente un eventual, alguien de paso que llegado un punto puede ser fácilmente sustituido por otro, y por otro, y por otro… sin responsabilidad para la empresa.

El llamado outsourcing bendecido por la clase empresarial por resultar barato, pertinente y eventual colma las estadísticas de empleo y llena la boca de quienes presumen de los logros de una política laboral centrada en los intereses del capital. Total, tenemos gente trabajando, con capacidad de consumo y sin representar una carga para las finanzas de la empresa, es decir, un trabajador equiparable a un pañal desechable: se usa y se tira, sin ningún remordimiento para el usuario porque una vez usado supone una carga inútil.

La tercerización del empleo representa una forma “legal” de reducir los derechos del trabajador en aras de cubrir las espaldas fiscales del empresario: “ese trabajador no es mi empleado, sino de otra compañía que a su vez no cuenta con una planta laboral permanente sino eventual”, por lo tanto, el empleo no es fuente de obligaciones reciprocas sino una posibilidad sujeta a las leyes del mercado que, siendo cambiante, requiere de flexibilidad y concesiones porque “genera empleos”.

Como se ve, el trabajo pesa muy poco en la balanza de los factores de la producción, de suerte que las normas legales tienden a proteger, en todo caso, al capital. En un sistema así, la lucha por los derechos laborales y sociales de los trabajadores camina cuesta arriba.

Pero, más allá de la acción o inacción de ciertos sindicatos, es importante centrar la atención en un aspecto crucial: el sistema legal que protege, o deja de hacerlo, a los trabajadores.

Si la legislación laboral se instituye para la protección del factor trabajo y evitar o moderar los excesos del capital, habría que ver que desde algún tiempo éste adquirió especificidad para convertirse en transnacional. El marco legal nacional resulta estar hecho a la medida de los intereses del capital transnacional, en detrimento del interés nacional. Respecto a lo anterior, le pongo por ejemplo la legislación minera “nacional”.

Al daño ambiental que la actividad minera ha producido, se le añade las vidas humanas que se han perdido por causa de la voracidad criminal de los empresarios, predominantemente extranjeros, que dejan de lado las previsiones de seguridad e higiene que son norma obligada en sus países de origen, pero que en México pueden ignorar tranquilamente.

Nuestro país es tierra de nadie en materia de racionalidad en el aprovechamiento de los recursos y de protección al trabajador o, mejor, tierra donde los recursos naturales no renovables estratégicos para el desarrollo del país están destinados al goce y disfrute del capital transnacional “porque genera empleos”.

La actual ley minera hace caso omiso del derecho a la propiedad privada de campesinos y productores rurales al otorgar prioridad a la explotación minera y energética, pudiendo expropiar cualquier terreno susceptible de explotación. Lo anterior resulta relevante si consideramos que Sonora tiene Litio, objeto del deseo de las transnacionales sobre todo gringas y canadienses. Curiosamente se tiene ese recurso en la región fronteriza entre Sonora y Chihuahua, lo que recuerda al reciente episodio de la familia mormona LeBarón, asunto en el que el gobierno de Trump ha manifestado su interés en intervenir.

Para ilustrar el asunto, reproduzco los dos primeros párrafos del artículo 6º. de la Ley Minera:

La exploración, explotación y beneficio de los minerales o sustancias a que se refiere esta Ley son de utilidad pública, serán preferentes sobre cualquier otro uso o aprovechamiento del terreno, con sujeción a las condiciones que establece la misma, y únicamente por ley de carácter federal podrán establecerse contribuciones que graven estas actividades.

El carácter preferente de las actividades a que se refiere el párrafo anterior, no tendrá efectos frente a las actividades de exploración y extracción del petróleo y de los demás hidrocarburos, así como frente al servicio público de transmisión y distribución de energía eléctrica.  

 Con tamaños privilegios, queda claro que el actual marco legal minero y energético representa un peligro para México, habida cuenta el carácter predominantemente extranjero que ha adquirido la explotación de los recursos estratégicos de la nación, ahora en manos del capital transnacional.

En este punto, es importante subrayar la lucha patriótica que ha emprendido el senador Napoleón Gómez Urrutia en defensa de los recursos nacionales (ver Dossier Político, 06/12/2019), con lo que debe quedar claro que es necesario poner orden en nuestra economía y asumir una actitud responsable, en beneficio de ésta y las futuras generaciones de mexicanos.