Notas Sueltas es un espacio de opinión sobre diversos problemas de carácter social, económico y político de interés general. Los comentarios pueden enviarse a: jdarredondo@gmail.com

lunes, 23 de abril de 2018

Pero ¿hubo debate?


"- ¿Cuantos trabajadores irán a la huelga? - Toda la fábrica. Unos 3000. - Que los fusilen a todos. No quiero que haya obreros insatisfechos” (Charles Chaplin en El Gran Dictador).


Usted seguramente dejó una importante actividad fuera de su agenda por dedicar el tiempo a presenciar el “debate” entre los cinco candidatos a la silla presidencial. Canceló citas, pospuso reuniones, reagendó buena parte de su domingo familiar o de ameno cotorreo entre algunos amigochos y vecinos cercanos del tercer tipo. La vida le puso en la nuca la pistola de la curiosidad y, por qué no, de la más legítima expresión del morbo político y, ante esa oferta suculenta, aunque predecible, se desparramó a dos nalgas en cómodo sillón y se dejó llevar por los medios que dieron cobertura al show estelar de la noche.

Tenemos el curioso caso de una organización preñada de parcialidad y de periodismo faccioso, donde la solemnidad del trato simulatorio de oquedades morales e intereses chayoteros lució sus mejores galas, aunque sin disimular un ápice la andanada concertada de preguntas insidiosas que sirvió de marco a la parodia chabacana que representaron Meade, la Zabala, el Bronco y Anaya. Frente a ellos estaba AMLO, capoteando un temporal sin novedades, que fue de aguante y carrera de resistencia durante una hora de aburrimiento y cansancio para quienes esperaban un pronunciamiento particularmente propositivo. Pero fue historia sabida, cuento reciclado, anécdota vieja que se repite hasta el bostezo y la náusea. Tuvimos un domingo marchito, síntesis de los desaires del sistema a la democracia como aspiración no lograda.

Le confieso que me receté el debate completo por pura disciplina, por hacer un ejercicio de voluntad capaz de vencer el impulso poderoso de cambiar de canal y disfrutar de una buena película de terror, como divertimento paliativo de la tragedia nacional representada por el gusano panteonero del PRIAN (Meade, el Bronco, la Zabala y Anaya) y montada por un instituto que no garantiza absolutamente nada. Lo más triste es que ni siquiera logré enojarme lo suficiente como para desahogarme con mexicana alegría: las mentadas de madre las dejo para mejor oportunidad, los comentarios sarcásticos apenas resultan expresiones coloquiales y la ironía nace, crece, se reproduce y muere en el ciclo de las intervenciones bajo el estricto guion del ataque a AMLO. Tras el esfuerzo realizado sólo me queda cargar energías para cuando se de el inevitable fraude electoral. Usted como yo, empiece a juntar piedras.

En otros asuntos, llama la atención, aunque ya no tanto, la oscura propensión que tiene el gobierno de regatear el derecho a huelga que tiene los trabajadores en los términos de la Ley Federal del Trabajo. La reciente huelga del STEUS revela la facilidad con la que las autoridades del trabajo interpretan torcidamente la norma jurídica para declarar la inexistencia y amenazar con despidos a los trabajadores que ejercen ese derecho. Desde luego que esta situación no es, ni mucho menos, producto de la casualidad o de la torpe perversión de tal o cual funcionario venal. La declaratoria de inexistencia obedece a la necesidad de dar cumplimiento a una política ridícula: “Cero huelgas”, para garantizar la paz laboral y atraer inversionistas a Sonora, aunque seamos un estado sin agua y se acojan inversiones mineras, cerveceras y demás que impactan severamente la calidad del ambiente y la disponibilidad de agua para uso doméstico.

Según el juicio profesional de un grupo de abogados independientes que accedieron a participar en un “conversatorio jurídico” organizado por los dos sindicatos universitarios, le quedó claro a la audiencia integrada por trabajadores y estudiantes, que se había cometido una ilegalidad al dar por archivado el expediente relativo a la revisión contractual 2018 del STEUS con la Universidad de Sonora. La verdad jurídica es que el sindicato actuó de acuerdo con la norma legal vigente, y que fue una clara violación a su derecho la decisión de la Junta Local de Conciliación y Arbitraje, la Secretaría del Trabajo del Gobierno del Estado sobre archivar el expediente y la del juez que rechazó el amparo. En Sonora no existe vigencia del derecho laboral salvo en beneficio del patrón que, en este caso, se apresuró a alinearse con el gobierno al considerar improcedente la acción emprendida por los trabajadores.

En este movimiento, quedó claro que la parte patronal representada por el rector de la UNISON sigue el guion anti laboral del gobierno y se pliega a intereses y compromisos que nada tienen que ver con las altas responsabilidades formativas de la Universidad, sino más bien todo lo contrario. La huelga existió, fue legal, aunque les produzca urticaria a los enemigos de los trabajadores y sus luchas.

En México y en Sonora urgen los cambios políticos, sociales y legales que permitan al país y al estado reencauzar su rumbo hacia una sociedad democrática, incluyente y justa para todos. La oportunidad se presenta el día 1 de julio. Aprovechémosla.


domingo, 15 de abril de 2018

Huelga se escribe con H


“Después de la lucha por la vida, la única batalla que se debe librar es contra la ignorancia” (Anónimo).

Como suele ocurrir cuando las organizaciones de los trabajadores debidamente registradas ante la autoridad competente se apegan a la ley para defender sus derechos, no falta quién diga que se trata de un acto que atenta contra los fundamentos mismos del sistema y que afecta enormemente la paz social y los derechos de terceros. Como el sagaz lector habrá captado, me refiero al ejercicio del derecho a huelga.

Los patrones o representantes legales de las instituciones “afectadas” chillan como marranos atorados en sus respectivos esquemas de condescendencia con las políticas recaudatorias, regresivas y lesivas a los intereses de los trabajadores, parte activa en las funciones institucionales y pasiva en el disfrute de reconocimientos, derechos y prestaciones derivadas de su esfuerzo productivo. Sus lamentos se escuchan a kilómetros de distancia y no se sabe si son producto de una seria convicción o simplemente una emanación de la descomposición del sistema al que pertenecen y al que terminan sirviendo por obra y gracia de la limitación presupuestal impuesta por el criterio mercantil que domina la cosa pública.

Por desgracia, los estudiantes de las instituciones en conflicto se alinean con el trivial criterio patronal y terminan actuando como “clientes” que, aunque reciben educación en espacios públicos, no entienden que al concluir su proceso formativo pasarán a formar en las filas de los desempleados, subempleados y trabajadores sin derechos gracias al esquema del outsourcing, a la tercerización de la economía y al carácter cada vez más acentuado del trabajador como producto desechable. Aquí, la dignidad humana y los derechos del trabajador pasan a ser una consideración molesta y contraria a la lógica mercantilista que se imbuye en las mentes de los futuros explotados. Los futuros profesionista asumen actitudes de patrón y exigen su “derecho a la educación” en un acto de legitimación de su futura desgracia por la vía de la marginación económica y la exclusión social. Son, lamentablemente, idiotas útiles del sistema en vez de ser factor de transformación de sus instituciones y, sobre todo, de la mejora de las condiciones de vida y futuro de los trabajadores. En el aquí y ahora de quienes niegan la fatalidad natural de envejecer, de ser simples trabajadores y no gerentes de empresa, o desempleados con títulos y constancias, el futuro es color de rosa y la realidad es un caso especial con el que no tienen ni tendrán que ver en sus vidas… hasta que el destino los alcanza.       

Como usted sabrá, los académicos de diversas universidades y centros de investigación y estudios superiores se han manifestado por un mayor presupuesto para la ciencia, ninguneada por las extrañas prioridades de una serie de gobiernos donde la apariencia puede más que los hechos concretos en el ejercicio de sus deberes y obligaciones constitucionales. Es público y notorio que las instituciones educativas de todos los niveles sufren de una carencia crónica de recursos, de donde la labor científica y la docencia de alto nivel simplemente no pueden desplegar sus beneficios y terminan cayendo en la categoría de changarros vendedores de chatarra que dejan las funciones esenciales en manos de consorcios extranjeros o, de plano, tiene que confesar que el carácter de nuestra ciencia y educación es simplemente decorativo dado que el peso mayor lo llevan los productos extranjeros que importamos en ciencia y tecnología como buen  país de maquila ligado al mercado extranjero, particularmente gringo. El elemento clave del discurso oficial que menciona a cada rato la palabra “excelencia”, es el cinismo. La autocomplacencia es su complemento infaltable.

En este contexto se dan las revisiones salariales y contractuales de las instituciones de educación superior e investigación, lo que da la pauta de qué clase de futuro puede tener un país que no invierte en sus propios recursos humanos, como no lo hace en salud, seguridad social y empleo decente.

Recuerde que la huelga es un recurso legal y legítimo de los trabajadores, logrado por generaciones que lucharon para que usted como asalariado, y sus hijos, tengan mejores condiciones de progreso y bienestar. Nadie busca por frivolidad o capricho la suspensión de actividades en un centro de trabajo y sólo se acude a ella cuando la cerrazón de las autoridades obliga a la defensa del bienestar familiar y lo que, en estricto derecho, corresponde a los trabajadores.

La lucha de los universitarios es la de las clases trabajadoras, del futuro de nuestros hijos, y es, en suma, la del país. ¿Qué razones válidas podría haber para que no apoyemos esta causa y actuemos en legítima defensa? Corrijamos, entre todos, los errores ortográficos y conceptuales del sistema.

domingo, 8 de abril de 2018

Es el sistema


«La probabilidad de perder en la lucha no debe disuadirnos de apoyar una causa que creemos que es justa» (Abraham Lincoln,1808-1865).


Apenas nos estamos reponiendo de la escandalosa revelación de que Salinas y otros connotados parásitos del régimen neoliberal ahora son petroleros gracias a la liquidación de la industria petrolera nacional representada por Pemex y ahora por las empresas transnacionales que expulsó del país el gobierno de Lázaro Cárdenas. Cosa parecida se puede decir de la nacionalización de la industria eléctrica, otrora con eje en la CFE y ahora devuelta a las empresas extranjeras mediante las figuras de cogeneración y demás engendros cuyo único fin es la privatización de los recursos energéticos, cuestión que se plasma en la reforma de Peña en la que la “empresa productiva” mexicana va a la cola en relación con las extranjeras. Al parecer la modernidad se entiende como la capacidad legal del Estado mexicano para dejar de ser, en una negación que huele a recolonización por otros medios.

Así como hay un agandalle claro en materia de recursos estratégicos comercializables, también lo hay en cuestiones de privilegios y canonjías. La clase político-empresarial mexicana busca ventajas económicas a costa de lo que se les ponga enfrente, así, por ejemplo, son notables los casos de los beneficios económicos y políticos de los expresidentes, los ministros de la SCJN, los miembros del Poder Legislativo, entre otros funcionarios públicos, más los empresarios privados que reciben descuentos en sus impuestos y devoluciones multimillonarias como si el Estado fuera tributario de ellos y sus funciones estuvieran más ligadas al beneficio empresarial que al social.

En nuestra realidad política cotidiana abunda el desperdicio de recursos con fines de promoción personal, de autoelogio, de erección de monumentos y altares a quienes ocupan tal o cual posición en el aparato de gobierno vía boletines, notas a modo, desplegados y apoyos mercenarios, y dispendiosas prebendas que van desde la renta de celulares hasta comilonas y viajes locales, nacionales e internacionales, pago de asesores, guardaespaldas, choferes, personal de apoyo y otros a cargo del erario. Mientras el funcionario vive la vida loca, los recursos destinados a las obras y servicios públicos presentan una baja, merma, insuficiencia que sugiere la búsqueda de opciones tales como la concesión o subrogación, formas eufemísticas del avance de la privatización de los bienes y servicios públicos y de la reducción del Estado en favor del Mercado. Asimismo, la insuficiencia de recursos financieros se vuelve crónica y el endeudamiento obliga a buscar dinero privado, con compromisos que terminan resultandos fatales para el funcionamiento de la administración pública que termina en calidad de cliente deudor.
  
En este marco de relaciones donde la irracionalidad es la tónica, se prefiere reformar las leyes antes que poner orden en las finanzas y el gobierno de la nación, el estado o el municipio. La cadena de errores y el dispendio con el que se pretende apuntalar el edificio gubernamental dan por resultado la invención de las asociaciones público-privadas para inversión en obra pública (sic). Es decir, privatizar funciones y abrir las puertas para que la cuestión pública se convierta en un negocio redituable con cargo a las presentes y futuras generaciones de ciudadanos que pagan impuestos y que son causantes cautivos. Vea usted el caso del alumbrado público y la posible privatización del servicio de recolección de basura en Hermosillo. Es el pobre quien termina financiando al rico, mientras que el Estado se reduce y evade responsabilidades y deberes no sólo legales sino sociales e históricos.

Este desbarajuste producto de un modelo perverso de relaciones económicas y políticas tiene graves impactos en la vida ciudadana, porque ha invertido el sentido de las relaciones sociales y, por tanto, prioriza el interés privado sobre el social. Así pues, tenemos una sociedad excluyente para quienes producen la riqueza social, con derechos laborales, sociales y políticos disminuidos y condicionados ilegítimamente. La privatización de la educación, la salud y la seguridad social, entre otras garantías sociales internacionalmente reconocidas y protegidas por los gobiernos suscriptores de acuerdos y tratados internacionales, tanto como la relativización y disminución de las garantías laborales en términos de estabilidad en el empleo, reconocimiento de antigüedad, derechos jubilatorios, salario digno, afectan seriamente la economía familiar y alientan la anarquía social y la inseguridad pública.

Una prueba irrefutable del carácter depredador del sistema es el saqueo de los fondos pensionarios en el nivel local y nacional donde el desvío de fondos y el robo descarado lo   encontramos respecto los fondos de derechohabientes del IMSS, ISSSTE en manos de administradoras privadas. Asimismo, en el caso del ISSSTESON, con un hueco de 6 mil 41 millones de pesos producto de la corrupción y malos manejos del propio gobierno y aun sin ningún resultado en cuanto su recuperación.

Cabe recordar que una “solución” al problema del desfondo autoinfligido de ISSSTESON es la de vender propiedades del Estado, que son propiedades públicas, por tanto, patrimonio de los mismos ciudadanos sonorenses defraudados. Al parecer, la lógica del sistema es cargar las deudas y despojos al ciudadano, que para eso está. Los pillos, defraudadores, delincuentes de cuello blanco, amigochos, parientes, compadres, cuates de partido o cofradía, respiran tranquilos porque es el pueblo quien paga lo que le fue robado. Claro, dirán quienes confían en la desmemoria y la lentitud del aparato legal diseñado para que el pillo salga bajo la presunción de inocencia: “es que es el sistema… confiemos en él”.

domingo, 1 de abril de 2018

Semana Santa y contando


“¡Oh, no eres tú mi cantar! / ¡No puedo cantar, ni quiero / a ese Jesús del madero, / sino al que anduvo en el mar!” (fragmento de La Saeta, de Antonio Machado).

Muchos han salido por piernas, otros por llantas y algunos en alas de ilusiones propulsadas por dinero en efectivo y rectángulos de plástico que dan fe de la capacidad de endeudamiento del usuario. La circulación de personas, productos y dinero ve sus momentos más fotogénicos en esta semana de inicio de la primavera de 2018, con flujo constante y empaque de bonanza transitoria pateada al futuro inmediato con la alegría del que respira para luego sumergirse en la anodina cotidianidad del causante cautivo o furtivo.

La ciudad luce como debiera después de una resaca colectiva: tranquila, somnolienta y reposada, dejando una huella de carbono más débil que de costumbre y menos tensa en las interrelaciones con otros residentes que optaron por el sedentarismo económico: “me quedo porque no tengo para ir a ningún lugar, porque si me voy no tengo para regresar”.

Las calles semivacías y las casas solas son parque de diversiones para los depredadores urbanos que no conocen mucho de reglas de urbanidad: el robo en poblado moviliza a las fuerzas uniformadas y la ley y el orden dejan de ser uniformes y armamento para convertirse en necesidad ciudadana. Hay barrios y colonias cuya fama trasciende la comodona modorra de las burocracias y la seguridad pública pasa a primer plano en el discurso vacacional.

Los días de recogimiento religioso y las tablas de la ley se aplican en la cerrada atmósfera de los templos, con incensarios al vuelo y vestimentas que simbolizan la sangre derramada y por derramarse por una sociedad ambivalente y contradictoria, víctima de una especie de esquizofrenia que condena el pecado ajeno y justifica o disimula el propio. Preferimos no darnos por aludidos cuando el gobierno aprueba leyes que nulifican derechos y libertades moralmente defendibles y éticamente indispensables, salvo que directamente afecten algún interés particular. ¿Cada cual sus broncas y ahí se la echan?

Es semana de no pensar en la deuda pública, en el robo de los fondos pensionarios, o su manoseo por parte de las afores en el financiamiento de los ricos con el ahorro de los pobres, en el alza de las gasolinas y su forzosa importación, en la impotencia de una economía que se prostituyó e hizo dependiente de las drogas financieras de occidente: ¿para qué la autosuficiencia científica, tecnológica, alimenticia, farmacológica, informática, financiera, entre otras, si podemos ser súbditos acríticos del FMI y clientes cautivos de las empresas transnacionales, de las grandes cadenas y del discurso productivista-extractivista, mercantil y económico de los gringos y asociados europeos?

Los días y las horas de la Semana Santa son los últimos de un clima relativamente fresco en Sonora, coyuntura favorable para noticias como la obtención del subsidio cíclico al consumo eléctrico, pero ahora acreditado a voz en cuello a la gobernadora que gestiona y logra. La emoción hace que broten un par de lágrimas furtivas y la gratitud inducida por la prensa siempre atenta al palerismo mercenario nos persuade que en este estado hay gobierno. De no ser así. ¿quién paliaría los achaques de la cuenta corriente de los medios? La clave es la distribución de los favores.

Tenemos la experiencia de que las acciones del gobierno deben ser difundidas, aplaudidas y recordadas, y no sólo ser acreditadas como el estricto cumplimiento de deberes y obligaciones legalmente establecidos. Como el cumplimiento del deber es excepción, resulta natural que se magnifique su acatamiento.

Pero ¿qué haríamos sin una reinterpretación del Jesús que perdona y eleva a santo ipso facto a Dimas, el buen ladrón? ¿De dónde se agarraría el sistema de justicia como cómplice del saqueo de los fondos pensionarios de Sonora y el resto del país? ¿Tendría sentido moral el perdón anticipado de los panistas y priistas a los atracos de sus correligionarios en el poder nacional y local? ¿Sería prudente recordar el mega desastre ambiental ocasionado por Grupo México en el Río Sonora, el nepotismo y saqueo inmobiliario o la muerte por negligencia criminal de los niños de la guardería ABC?

Pero (siempre hay un pero) cada vez somos más los que pensamos que el sistema es inmoral, inhumano, esencialmente genocida y que debemos cambiarlo con urgencia, por motivos de legítima defensa. Iremos, como los gitanos del poema de Machado, siempre en busca de escaleras para subir a la cruz. Desclavemos al Cristo que redime y transforma la pasividad humana en impulso revolucionario. Siendo así las cosas, ¿quién podría legítimamente negarse al cambio este 1 de julio?

domingo, 25 de marzo de 2018

Agua que no has de beber


"Olvidamos que el ciclo del agua y el ciclo de la vida son uno mismo" (Jacques Y. Cousteau).

Los reportes internacionales revelan una situación inimaginable desde el punto de vista humano: grandes regiones de nuestro planeta sufren de sequía grave y extrema, y otras más afortunadas están en riesgo de cambiar su estatus gracias a la sobreexplotación de los recursos hídricos. El agua no es un recurso tan renovable si consideramos la creciente contaminación ambiental y el deterioro de las cuencas hidrológicas donde la agricultura comercial cargada de substancias químicas y la expansión de las ciudades que privilegian el cemento, antes que las áreas verdes, sofoca y envenena la recarga de los mantos acuíferos y desertifica la mancha urbana.

La temperatura ambiente se eleva como lo hacen los consumos de electricidad y la necesidad de aire fresco y de líquidos que beber repercuten en las economías domésticas y replantean la calidad de vida de los trabajadores y sus familias. Giramos como locos en una descontrolada vorágine de causas y consecuencias que termina en los presupuestos públicos y los estados contables de las empresas. Aquí nadie se salva, ni teniendo dinero para gastar en aire acondicionado, cubitos de hielo y vacaciones de verano. El clima puede más que los asientos VIP en las terminales aéreas porque el aterrizaje en la realidad cotidiana llega, no cuando uno lo espera, sino cuando debe llegar.

En las alturas del vuelo, abajo se dibuja un horizonte cargado de azul; tenemos agua en cantidades navegables, el mar es infinito, pero limitado. Uno de sus limites es la superficie donde vivimos, que descubrimos como la fuente principal de contaminación porque hemos desarrollado una enorme capacidad para lanzar venenos al aire, al agua y a la propia tierra. Leemos con modorra que hay una enorme masa de plástico flotando en el mar, casi del tamaño de México, que revela hasta dónde llega nuestra extraña compulsión por el desperdicio, y pensamos en la economía, en la política de desarrollo de las naciones y en las recetas del Fondo Monetario Internacional, con sus “cartas de intención”, las políticas de ajuste, los criterios de inversión, las leyes que permiten el suicidio colectivo a nombre del progreso y la generación de empleos.

Nos dicen que el Noroeste de México es una zona crítica en materia de disponibilidad de agua, pero nos revelan que el futuro, tanto de Sonora como de Baja California y Chihuahua es promisorio gracias a las inversiones millonarias que planean hacer empresas cerveceras beneméritas como Constellation Brand o Heineken, poniendo en el mapa a lugares como Mexicali, Obregón y Meoqui, como polos futuristas de la pujante industria cervecera conde habrá empleo e ingreso, aunque a costa de una drástica diminución del agua disponible para consumo humano. ¿Nos tendremos que bañar con cerveza calidad exportación en el mediano plazo? ¿La ebriedad de unos competirá con la hidratación de otros y las crudas sólo serán efectos de una deshidratación por ingesta forzosa de líquidos?

Nos enteramos de que en Mexicali dijeron no a la cervecera y defendieron su agua, a despecho del gobierno que había anunciado la buena nueva como un logro de su siempre avispada gestión. Pero los caminos del capital son infinitos y sus designios inescrutables: no se puede en Mexicali, pero ¿qué tal en Obregón Sonora, donde también hay un río que derrama sus dones y hay gente progresista y amiga de los negocios?

Las fuerzas vivas cajemenses en su lucha contra el “Acueducto Independencia” de Padrés, en su momento manifestaron su férrea oposición dispuestos a defender el agua del Yaqui, patrimonio líquido de una región reputada como agrícola donde tradicionalmente las consideraciones federales han privilegiado a sus productores, aunque parece que el actual gobierno, con clara vocación transnacional, quiere seguir con su compulsión internacional al abrir el espacio económico a inversiones de nueve cifras que van a “generar empleos”, a cambio de chupar miles de millones de metros cúbicos que habrán de ser descontados de las expectativas de consumo de los productores agrícolas y ciudadanos lugareños. ¿Ahora dirán también que rechazan el proyecto de inversión de Constellation Brands, bendecido por la gobernadora Pavlovich, o de repente aceptarán lo que en otro sexenio y con otra envoltura combatieron? ¿Querrán cambiar agua por cerveza?

El reloj de la catástrofe hidrológica suena cada vez más fuerte, su “tic-tac” es imposible de ignorar, pese al canto de las sirenas del empleo e ingreso para los trabajadores de la entidad… El agua es el factor de vida universal, y el futuro, tanto de Baja California, Chihuahua y Sonora es una materia que necesita de líquido vital para cristalizarse. Sin agua potable, disponible y accesible, no hay inversión que valga. ¿Lo entenderá la gobernadora, o no es “tema” para su gobierno?

lunes, 19 de marzo de 2018

La expropiación


“Si nadie te garantiza el mañana, el hoy se vuelve inmenso” (Carlos Monsiváis Escritor y cronista mexicano, 1938-2010).

Un hecho que colocó a México en el primer nivel de la industria petrolera mundial fue la fundación de Petróleos Mexicanos, empresa estatal al servicio de la nación, poco tiempo después de la expropiación petrolera llevada a cabo por el gobierno del general Lázaro Cárdenas del Río en 1938. La industria nacional tuvo un repunte y la consolidación económica del proyecto nacionalista de la Revolución se vio al alcance de la mano.

El aliento cardenista llevó al país a ser una potencia petrolera y se sentaron las bases para la generación de los técnicos y profesionistas que el desarrollo necesitaba. Se funda el Instituto Politécnico Nacional (IPN) que responde fielmente a su lema: “La técnica al servicio de la Patria”, haciendo posible que México figure entre los países con personal especializado altamente capacitado en diversas ramas científicas y tecnológicas que, en el caso específico, figura actualmente en las plantillas de los diversos países petroleros.

Por desgracia, la tendencia positiva de la curva de nuestro desarrollo se frustró en los años aciagos del gobierno de Salinas de Gortari, revirtiéndose los avances logrados. Aquí inicia un período de desincorporación de bienes nacionales y de concesión del espacio público, hasta llegar a ceder de nueva cuenta los recursos energéticos de la nación al extranjero con el actual gobierno. Electricidad y petróleo de nueva cuenta en manos de trasnacionales. Ahora compramos electricidad, petróleo y gasolinas, así como alimentos que antes producíamos y exportábamos.

Quienes insisten en afirmar que los recursos económicos deben estar en manos del sector privado por ser más eficiente en su administración, es necesario recordarles la experiencia del Fobaproa y el Ipab, así como los megafraudes en empresas y las cadenas de corrupción y tráfico de influencias en el ramo de la construcción, entre otros giros industriales y comerciales, aunque cabe resaltar por su importancia y trascendencia social la cesión de los ahorros de los trabajadores a administradoras privadas de fondos de retiro, en el IMSS y el ISSSTE, y sus réplicas en los sistemas de seguridad social estatales: desviación de fondos, robo descarado, licitaciones a modo y todo un montaje de enriquecimiento privado a la sombra del poder público. El saqueo y los moches saturan el clima del sector público.

Vivimos una larga etapa presidida por las recetas del Fondo Monetario Internacional donde se precariza al sector público y se enriquece, estimula, solapa y financia al sector privado, a costa del interés nacional; donde campea la contención salarial, la inseguridad y baja calidad del empleo y la transfiguración del derecho de los trabajadores en simple expectativa o presunción de derecho. Antes que hablar de integración y planeación regional, se habla de mega-regiones, subrayando la desnacionalización, no sólo de la economía sino de la política. Con 53 millones de pobres, el empleo decente, el ingreso digno y una vida decorosa son sueños imposibles.

Si el panorama económico es estremecedor, con mayor razón lo es el político. Somos una cleptocracia hipócrita y simuladora, que une al discurso demagógico la represión a maestros, estudiantes, campesinos, obreros, empleados públicos y privados, sindicalistas, luchadores sociales, religiosos promotores y defensores de los derechos humanos y periodistas. México es un país que oculta el crimen y la rapiña de Estado con el pretexto y escudo de la delincuencia organizada.

La mayoría de los mexicanos opta por trivializar su situación con el argumento de que en otros países están peor, que aquí tenemos libertades que no debemos perder, que nuestros logros pueden esfumarse si llega un gobierno populista, de izquierda, feo y vicioso que no hemos conocido ni queremos conocer. Así, al estancamiento económico sigue el político y cultural: “¿para qué andar experimentando? Vale más malo por conocido que bueno por conocer”, lo que se acentúa con la idea de la incapacidad nacional para resolver problemas complejos y la natural destreza del extranjero para hacerlo. Así, con la certeza de nuestra discapacidad e ineptitud arraigada en la conciencia, dejamos que los extranjeros de “primer mundo” opinen, califiquen, intervengan y resuelvan nuestros problemas.

Al manoseo externo se añade un conservadurismo ñoño que compite con un progresismo vulgar e inconsistente, capaz de hacer pasar por “de avanzada” ideas y costumbres ajenas a nuestros valores e identidad nacional pero que contribuyen a la colonización de la conciencia y a dar por propias conductas que no lo son.

Estas son algunas de las características del nudo gordiano nacional que deberá resolverse, o no, el próximo 1 de julio. ¿Seguiremos con nuestra conciencia nacional expropiada o diremos sí a su recuperación? Usted dirá.  


domingo, 11 de marzo de 2018

Bostezos democráticos


“Vale más hacer y arrepentirse, que no hacer y arrepentirse” (Nicolás Maquiavelo).

Las declaraciones de los aspirantes a conservar el poder neoliberal bajo las siglas del PRI y el PAN, más la fauna de acompañamiento que la coyuntura nos presenta uncida a las siglas principales, despierta en el simple ciudadano más motivos para la depresión que la misma situación económica que hace de la pobreza endémica el estado natural de la nación. Esto es claro porque no es lo mismo estar jodido económicamente que anímicamente, aunque una y otra cosa suele estar íntimamente relacionada.

Según se ve, el enemigo a vencer es Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y nadie más. Los dos frentes político-electorales son solamente caras de la misma moneda colonizada y extractivista que bebe en las cloacas de las trasnacionales y los organismos internacionales de control económico y político como el FMI y el Banco Mundial; espantajos políticos que jalan la carreta del prianismo zombi que aún gobierna.

Aunque muchos se han dado cuenta de la inutilidad de conservar en el poder a partidos fanáticamente defensores del mercado y de su enorme carga negativa, no sólo para la paz pública, sino que también para la estabilidad y progreso de las instituciones nacionales y las familias, padecemos de una apatía cívica que nos convierte en víctimas de manipulaciones y engaños que pasan por ciertos porque no hay el ánimo de oponerse de manera expresa y dinámica. Muchos sufren los estragos de una política económica equivocada y nefasta, pero pocos se sienten y declaran estar dispuestos a actuar en defensa de sus intereses.

Padecemos una anemia política que nos permite actuar como si los problemas fueran ajenos, aunque los compartimos todos los días y en todos los ámbitos. Sufrimos de la decepción constante de ser marginados y pertenecer a esa ominosa mayoría que lucha por sobrevivir con sueldos y salarios entre la indigencia y la precariedad, sin embargo, vemos con impaciencia a quienes buscan nuestra solidaridad, apoyo o mínimamente comprensión en sus luchas ciudadanas. Pensamos que estamos mejor así porque ¿para qué arriesgar nuestro futuro en aventuras transformadoras? Somos como esclavos que temen perder las cadenas que los sujetan.

Nuestra esclavitud e invalidez voluntaria genera, tarde o temprano, una sensación de náusea, de asco personal que no se puede disimular con las justificaciones facilonas de ser una ciudadanía disminuida, degradada, atrofiada por el temor a la represión, al entredicho social, al dedo acusador del Estado que quiere cómplices antes que ciudadanos en pleno ejercicio de sus derechos.

La reducción al absurdo de las fuerzas sociales capaces de generar el cambio permite que las demandas progresistas terminen siendo banderas acaparables por personas que se la toman como si fueran propietarios del movimiento y administradores de la protesta, hasta que la fuerza de la negociación con el poder obra el milagro de diluir las diferencias. No hay continuidad ni consistencia, sino mercancías políticas sujetas a las leyes de la oferta y la demanda. La acción social tiene precio y sus actores cotizan en el mercado.

En medio de este paisaje deprimente, en el que el pueblo cada tanto sólo atina a dar bostezos democráticos, hay quienes se resisten a cambiar porque el temor a lo diferente les paraliza. Prefieren seguir comiendo las sobras de la comida de los ricos, y proclaman su suerte de ser cautivos en su civilidad como lo son en su economía: “¿para qué arriesgarse a perder lo que tenemos?” Aquí, la puerta de cambio, de rescate de la república, de recuperar la dignidad y el poder ciudadano suena a provocación del demonio, a blasfemia terrible, a pasaporte directo al infierno. Por eso algunos insisten en llamar peligro a López Obrador.  

AMLO presenta una propuesta que no debe despreciarse: dejar de caminar de rodillas y recuperar la legalidad en un país plagado de corruptelas. Es evidente que lo que propone no es un cambio revolucionario, sino un horizonte reformista con sentido humano. Dado el deterioro de las condiciones económicas, sociales y políticas nacionales, ese tipo de ofrecimiento programático supone un respiro a las fuerzas progresistas, un espacio y un tiempo para restablecer el tejido social y la confianza en las instituciones de la república puestas al servicio de los intereses nacionales. ¿Por qué no intentarlo?