Conspiración en Pémex

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lunes, 24 de marzo de 2014

El problema de fondo

En el portal de la Universidad de Sonora aparece el 19 de marzo la nota informativa donde el rector explica las causas de la huelga, y en ella destacan los siguientes dos párrafos:

El problema de fondo, añadió el rector Grijalva Monteverde, es que esta Rectoría no está de acuerdo con la práctica recurrente de ambos sindicatos de cerrar la Universidad y suspender actividades como método normal de presión ante cualquier diferendo con las autoridades, y de tener cada año a la institución contra la pared.

El negociar bajo este esquema de presión ante la toma de instalaciones o la inminencia de una huelga, ha llevado a la Universidad a ser rehén de sus sindicatos. Contrario a lo que se esperaría, la experiencia nos señala que aun cuando la institución, a través de los años, ha cedido a las peticiones y demandas, las dirigencias sindicales siguen promoviendo la huelga como su primer opción de negociación
(http://www.uson.mx/noticias/default.php?id=16600).

De acuerdo a lo anterior, puede interpretarse que no es posible que la huelga vaya a terminar en el corto plazo ya que para el representante legal de la institución la negativa al diálogo con los sindicatos obedece más bien a una especie de correctivo disciplinario. En otras palabras, el rector les está dando una lección a los sindicalistas para que en lo sucesivo se lo piensen dos veces antes de osar ejercer los medios de lucha y presión que la propia legislación laboral permite. 

Así las cosas, el rector, en un esfuerzo didáctico, parece empeñado en dejar un legado imperecedero a la institución que por segundo período representa: la administración puede valerse de la suspensión de actividades para demostrar que los sindicatos son los únicos incapacitados para hacerlo, y que sólo corresponde a la autoridad decidir el tiempo y las causas de la suspensión. En cuanto a los estudiantes, solamente serán tomados en cuenta para usarlos en apoyo a la administración contra los intereses y acciones de los trabajadores.

La masa ciudadana no es problema, ya que por atavismos propios de su condición de televidentes de Televisa y TV Azteca, bien pueden pasarla con la idea de que la autoridad siempre tiene la razón y que los trabajadores son flojos, conflictivos y antihigiénicos, a los cuales hay que disciplinar mediante el fácil y cómodo expediente de no verlos ni oírlos, ignorando intentos de comunicación oral y escrita, asambleas, marchas, reclamos de diálogo, y solicitudes de retomar la vía de la negociación. Los ciudadanos por defecto siempre le darán la razón y todo argumento carecerá de peso ante la demoledora revelación de que ellos son los que siempre “recurren a la huelga como primera opción”. 

¿Se ha puesto usted a pensar en qué haría en caso de que el patrón se sirva ignorar sus reclamos? ¿Le bastaría con saber que es un simple empleado y que nada puede contra su jefe? ¿Temería protestar y tomar las instalaciones temporalmente para llamar la atención de la autoridad que lo ignora y se pitorrea de usted por sistema? ¿Vería mal que la autoridad no acceda a dialogar con los trabajadores a fin de llegar a un acuerdo y evitar que la cosa llegue a mayores? ¿Estaría de acuerdo en que la prudencia y el respeto son claves para llegar a acuerdos favorables para las partes? ¿Usted cree que las huelgas son evitables si hay comunicación entre patrones y trabajadores?

Mientras que los trabajadores tratan de hacer valer sus derechos y explican a la comunidad sonorense sus razones y las incidencias de la huelga, y tratan de informar a los estudiantes sobre estos aspectos, el señor rector no cede, porque, según insiste: “no negociamos bajo presión”.

Al parecer, la realidad democrática y de respeto a los derechos humanos que preocupa al grueso de los actores políticos en el nivel nacional e internacional, no ha llegado a convencer al señor rector, quien sigue encerrado en su burbuja de autoritarismo trasnochado y patético. La sociedad sonorense reclama capacidad de negociación, inteligencia y tino para llegar a soluciones que armonicen lo posible con lo deseable.

¿El “problema de fondo” del actual conflicto realmente puede ser solucionado con la misma dosis de torpe intolerancia que atribuye al sindicalismo universitario? ¿Habrá alguien en su círculo inmediato que sepa de historia universitaria y de derecho social y laboral? ¿Tendrá idea del penoso y triste papel que está representando?

A pesar del malhadado manejo del asunto, cabe la esperanza de que el señor rector nos de otro tipo de lección: la de amor a su institución y responsabilidad en el ejercicio de esa pequeña porción de poder de que gozan quienes ocupan el cargo que actualmente ostenta. Su autoridad y pertinencia dependen de lo que decida de aquí en adelante y, sin duda alguna, el camino del berrinche y la cerrazón no son las mejores vías para que una administración se califique como afortunada. El tiempo apremia.


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