Conspiración en Pémex

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miércoles, 21 de diciembre de 2011

Una palabrita por el amor de dios

Se habrá fijado, agudo lector, que el título de este comentario contiene la palabra dios escrita con minúscula. Asumiendo que el dato es intrigante y ha despertado la curiosidad de usted, más una cierta indignación por el hecho de haber regateado la mayúscula correspondiente al nombre de la divinidad, paso de inmediato a presentarle el informe que da cuenta del por qué de mi omisión.


Como se sabe, multitudes toman las plazas de las principales ciudades del mundo, reclamando justicia y el cese de las medidas restrictivas que tienen acojonada a la economía familiar y que generan desempleo sin freno, por aquello de defender la economía de los capitalistas. La austeridad aprieta las de por sí flacas carnes de las cinturas proletarias, procurando una esbeltez discretamente famélica bajo el abrigo de la cultura política fotoshopada, entre eufemismos de crisis superables y de sacrificios fiscales que excluyen a los señores del dinero. Las “medicinas amargas pero necesarias” son de prescripción exclusiva para los asalariados que en régimen forzoso adelgazan carnes y marchan deportivamente por las calles del mundo.


Relax...
 El aligeramiento de la carga por pago de nómina y servicios sociales permite a los empresarios seguir vacacionando en Las Vegas, Aspen, Bahamas, Cozumel, entre otros lugares en los que la clase propietaria acostumbra relajarse y meditar sobre las ventajas de no pagar impuestos ligados a sus ingresos, a diferencia del asalariado que, en calidad de causante cautivo, funciona excelentemente como fruta bajo el exprimidor fiscal.

Las ventajas de tener dinero y no contribuir al fisco suponen un privilegio que paga más de lo que quita, por lo que la economía recibe los impactos del jolgorio empresarial a través del endeudamiento crónico y en aumento con la banca internacional y nacional, en una rara política distributiva que estrangula los activos nacionales y los privatiza como si el país no fuera nuestro.

La hic...onomía está a toda ma..dre
 Cada tanto aparecen declaraciones sobre el buen ánimo de los gobernantes ante el éxito de la gestión económica, en contraste con las mayorías asalariadas que hacen el contrapunto de una sinfonía nacional que está en el último movimiento. La pobreza es, al parecer, una opción que se elige por la mayoría de los habitantes del país, por lo que sirve de ejemplo luminoso del buen gobierno que tenemos y de la preocupación democrática que lo anima.

En consecuencia, si el país vota mayoritariamente por la pobreza, ¿qué se puede esperar de la clase gobernante y los empresarios comprometidos con los intereses de las trasnacionales que usan y abusan del suelo patrio? Desde luego que congruencia. Eso explica la patriótica labor de gobernar para que las cosas sigan igual o que se profundice la pobreza y que los empresarios se empeñen en despedir personal y promover el congelamiento salarial que el gobierno decreta con el apoyo indispensable de los organismos financieros internacionales.

En virtud de todo esto, Dios ha decidido guiar a su rebaño por las anchurosas tierras del sacrificio dando el ejemplo supremo: la divinidad y omnipotencia se quedan como están, aunque se concede la diminución de la letra inicial del nombre: “dios”. Se parte del principio jurídico de “quien puede lo más, puede lo menos”.

Así las cosas, tenemos el equilibrio necesario para una comunidad armoniosa y sin contrastes perniciosos: Un pueblo navegando en la pobreza, un empresariado rico y codicioso, un gobierno mezquino y pro-empresarial, un dios que brilla en su majestad en los hogares humildes y que derrama sus bendiciones en las mansiones de los ricos, pero que siempre nos inspira a seguir el ejemplo de su hijo: ser un niño precoz, un adulto combativo y revolucionario que termina embroncado con la autoridad y que pasa a la historia como un desempleado que sólo pudo escapar a su miseria a través de la muerte, y que resucita de entre los muertos en la memoria de las mayorías creyentes cada día desde hace más de dos mil años. La humildad de su cuna y su destino trágico nos deben persuadir de que la pobreza es ejemplar y consustancial al hombre bueno, por lo que los ricos son los facilitadores de nuestra fe y destino. Benditos sean los ricos.

En este sentido, vale decir que los ricos son necesarios para los pobres, como lo es el látigo a la herida en el lomo del esclavo, y que Dios es “Dios” para unos y “dios” para otros. La esperanza de salvación y trascendencia está en esas mayorías que empiezan a levantarse y que reclaman en todo el mundo trabajo, ingreso, justicia, respeto, dignidad y el derecho de ser hijos de Dios, de ese que opta por los pobres y los desamparados. Por amor a Él, la palabrita que debemos pronunciar es: ¡Basta!

1 comentario:

Adam dijo...

Buena entrada, felicidades.