Notas Sueltas es un espacio de opinión sobre diversos problemas de carácter social, económico y político de interés general. Los comentarios pueden enviarse a: jdarredondo@gmail.com

jueves, 22 de marzo de 2012

Matraquismo hermosillense

Hace pocos días, la prensa daba cuenta del cierre de campaña del panista López Caballero, empeñado en gobernar el municipio de Hermosillo. Las notas eran políticamente correctas y pintaban una visión idílica del candidato y sus actos de campaña. Detrás de las cámaras y micrófonos está, como siempre, el escenario real del que apenas los vecinos se pueden enterar.


En el barrio de El Mariachi, fuertes toques cimbraron las puertas de los hogares cercanos al lugar donde se instalaría el espectáculo del cierre de campaña. Algunas señoras amas de casa recibieron la instrucción de que debían asistir al suceso como testigos numéricos que darían cuenta del despliegue de mesas, manteles, carpas, recipientes rebosantes de platillos regionales en número y volumen capaz de dar de beber al sediento y de comer al hambriento.

Según la opinión de una de las vecinas, la insistencia fue tal que tocaron en su casa hasta por ocho ocasiones, en las que se negaba a abrir la puerta hasta la última, ya que tenía que salir a trabajar y estaba preparándose para ello. El panista designado para aporrear su puerta con insistencia de merolico protestante le recomendó: “no vaya a trabajar, señora, hay comida para todos”. La prudente trabajadora le respondió que si asistía al mitin hoy sí podría comer, pero que tal mañana, o pasado, entonces ¿quién le iba a dar?

Ayer por la tarde (21 de marzo) en el cruce de Rosales y Bulevar Rodríguez, al igual que en Luis Encinas y Pino Suárez, en las inmediaciones del Museo y Biblioteca de la UNISON, se formó una pequeña turba de panistas con matracas, aparatos de sonido, banderolas y camisetas con el logo de uno de los aspirantes a puesto de elección popular. Los panistas animados de un furor electorero ondeaban banderolas y aprovechaban los altos para zarandear el cuerpo al son de una música estridente que acompañaban con el reclamo de “¡A bailar, que se vea la alegría!”

El matraquismo ha llenado la imaginación del panismo en un afán de contagiar al ciudadano común con el volumen de los aparatos de sonido, música pegajosa y cursilería callejera, en una confesión irrefutable de que el populismo de derecha puede ser más escandaloso que el otrora desplegado por el PRI, antes de caer en garras del neoliberalismo que hoy comparte con el PAN.

Las manifestaciones de alegría programadas y dirigidas desde el micrófono, las instrucciones de faltar al trabajo y compartir tamales, tacos de cabeza y otros lugares comunes en la gastronomía de banqueta, pudieran ser recursos de una campaña electoral sin dimensión ciudadana, guiada por el pragmatismo asistencialista y clientelar de que va para que le den algo, pero no podemos hablar de una campaña política que pretenda llegar al ciudadano y situarse dentro de su esfera de preocupaciones, para ofrecer soluciones encarnadas en un plan de trabajo y en compromisos mañana o pasado exigibles.

Las matracas, banderolas, pancartas, camisetas con logos impresos, la alegría por encargo, los esfuerzos de personas que dejan de lado sus inhibiciones y sacuden el esqueleto en público en algún crucero de la ciudad, no alientan a pensar que exista madurez política, información suficiente de programas, propósitos y compromisos, sino los signos y síntomas del acarreo, la manipulación de la voluntad de algunos y, desde luego, el dispendio de recursos que sería interesante establecer su origen.


Unidos por la ideología neoliberal
 Mientras las instituciones del estado se encuentran ante la inminencia de una parálisis por falta de recursos, ya que el presupuesto de Sonora no ha sido aprobado por el Congreso, debido a la falta de voluntad de la fracción panista que se niega a asistir a las sesiones, el PAN lanza su carne al asador electoral con un despliegue de recursos que provoca un cierto escozor. Si en el discurso se presume de transparencia, la realidad resulta particularmente opaca ante la mirada ciudadana.

La Universidad de Sonora está al borde de una huelga por dos razones: la falta de recursos para cumplir con los compromisos contractuales debido a la ausencia del presupuesto 2012, y por la falta de seriedad y arrogancia de la administración en su trato con los sindicatos. Lo anterior nos lleva a pensar que no hay ni talento ni compromiso con la comunidad en la administración estatal panista o en la universitaria.

viernes, 16 de marzo de 2012

Atisbos de una huelga posible

Algunos comentaristas fijan su atención en la amenaza de huelga que pende sobre las cabezas de los universitarios sonorenses. Lo hacen en distintos tonos pero sobresale la incomprensión de los opinantes sobre el ejercicio de un elemental derecho laboral. Se subraya que la huelga “perjudicaría a miles de jóvenes que se quedarían sin estudiar”, y que “si las autoridades ofrecen 3.8 por ciento de aumento, ¿qué ofrecen los docentes?”


Otros analistas señalan en petit comité la peligrosa situación del sindicalismo en un estado gobernado por el neoliberalismo atrasado y enemigo de los trabajadores, donde la mejor estrategia es no caer en la tentación de enfrentar al estado y moderar el ejercicio del derecho a huelga consagrado por la Constitución federal y la legislación particular que de ella emana. Algunos piensan que el panismo vería la oportunidad de acabar con los sindicatos y que movilizaría sus hilos “legales” para un golpe legislativo, con lo que la mejor salida sería renunciar a la lucha por mejores condiciones de vida y plegarse a los antojos del capital.

No falta quien señale que el sindicalismo universitario es vulnerable por sus conflictos internos y la lucha de facciones que se manifiesta en las asambleas gremiales, lo que pone en desventaja a la organización y permite suponer que, en caso de una huelga, predominarían las diferencias antes que la unidad de los grupos en favor del triunfo laboral.

Hay opiniones que expresan su incertidumbre respecto a la posición de los estudiantes, apuntando hacia la posible organización estudiantil en contra del movimiento huelguístico y a favor de las autoridades administrativas, en combinación con el gobierno estatal, lo que metería bastante ruido en la opinión pública local.

Al parecer, aquí se olvida una realidad básica, elemental, que se pasma en el texto constitucional y se detalla y pormenoriza en la Ley Federal del Trabajo. El sindicato titular del contrato colectivo de trabajo tiene obligación de emplazar a huelga e iniciar las negociaciones correspondientes con base en un pliego de peticiones y reparación de cláusulas contractuales violadas o incumplidas. Ambas partes deben actuar en aras del beneficio gremial e institucional y llegar a un acuerdo. En caso de no ser posible, se declara la huelga, con lo que sigue el proceso de negociación en condiciones de suspensión de la actividad laboral. La duración de la huelga depende de los acuerdos a que lleguen las partes.

En virtud de lo anterior, podemos sacar las siguientes conclusiones: la huelga es legal bajo los supuestos de la ley laboral, su duración depende de la voluntad política de las partes y otros actores que pueden y deben proveer para su solución los recursos necesarios para satisfacer las demandas planteadas: el gobierno federal y el estatal. No se entiende como una afrenta directa al capital porque estamos hablando del espacio público que proporciona servicios educativos de nivel superior a la parte de la población estudiantil que opta por estudiar en instituciones públicas.

A diferencia de las instituciones privadas, donde a usted le pueden hacer firmar un contrato y al mismo tiempo la renuncia para evitar el reclamo de derechos, en la Universidad de Sonora no nos referimos a la institución como negocio educativo porque su fin no es el obtener utilidades o ganancias, no tiene un consejo de administración donde hay socios interesados en recuperar su inversión con intereses y no podemos hablar válidamente de rentabilidad ni de competencia comercial. Sus fines son de carácter social, no mercantil. Los trabajadores universitarios tienen obligaciones marcadas en sus contratos pero también tienen derecho a que se les reconozca antigüedad, que cuenten con seguridad social, aguinaldo, capacitación, becas, pensiones y jubilaciones. Tanto la administración como la organización sindical tienen derechos y obligaciones claramente marcados por su marco normativo y, desde luego, los contratos colectivos de trabajo.

En tal virtud, parece un tanto excéntrico pensar que los conflictos laborales son cuestiones de capricho, de buena voluntad, de tolerancia, de conveniencia política, de voluntarismo, de rencores o desavenencias. Ni el sindicato que declara la huelga es enemigo de la institución o de los estudiantes ni la autoridad que gestiona recursos es la Madre Teresa administrativa que generosa y desinteresadamente hace el bien. No es problema de filantropía, vocación de servicio o de humanitarismo. Es asunto exclusivo de cumplimiento de responsabilidades sociales normadas por el derecho laboral, pasando por los fines institucionales y los objetivos de la organización.

Usted debe saber que la decisión de ir a la huelga es la más complicada y difícil que debe tomar una organización sindical. Es desgastante el cierre de las instalaciones porque ello implica su vigilancia y control, supone largas horas de vigilia nocturna, asambleas interminables, esfuerzos organizativos y logísticos extraordinarios al interior del campus y una ardua labor de comunicación con los medios informativos, además de las a veces azarosas deliberaciones con la contraparte administrativa. La vida del maestro en huelga se trastorna por no tener más que lo que queda de su sueldo para el sustento familiar, y la lejanía de la solución es directamente proporcional a su dificultad de cumplir con pagos de servicios, compra de comestibles, abono a cuentas que terminan siendo mayores debido a la incapacidad de pago oportuno. No es un paraíso de holganza, de ameno cotorreo entre cuates, de perder el tiempo con la impunidad del que espera un pago por servicios no prestados. La huelga es desgastante para las organizaciones, porque permite aflorar sus propias contradicciones, su propia inmadurez, sus deficiencias organizativas, la falta de convicción de sus integrantes, la debilidad de los liderazgos, la ausencia de recursos.

La administración universitaria, en cambio, se ve frente a la disyuntiva de trabajar por la institución o por la imagen pública. El rector en turno se empeña en conservar en términos favorables una relación (que debiera ser institucional en el marco de la autonomía) con el gobierno local, actuando como si fuera un representante del gobierno ante los trabajadores debido a que su discurso solamente se limita a repetir las objeciones de la política de contracción salarial decretada en el ámbito federal frente a las demandas de los trabajadores. Sin embargo, la cara pública del rector se ve pronto afectada por el reproche mediático de tener una institución a su cargo que se “salió de control” al osar sus miembros reclamar sus más elementales derechos.

Por su parte, los estudiantes educados en el discurso neoliberal que los ideologiza como empresarios potenciales, al no haber clases a las cuales decidir faltar o asistir exigen la normalización de las actividades, arguyendo su derecho a la educación bajo el supuesto de que “pagan por ella”, en una curiosa aunque preocupante yuxtaposición entre dos conceptos en este caso antagónicos: estudiante y cliente. A diferencia del estudiante, el cliente solamente reclama derechos de consumidor sin preocuparse por la dinámica institucional ni su contexto social, económico o político. Supone que la cuota que paga le da el derecho de reclamar la prestación de un servicio de manera ininterrumpida, ya que él “les paga su sueldo” a los maestros, sin investigar que la nómina se paga de los subsidios federal y estatal que el gobierno asigna a la institución. La cuota estudiantil nada tiene que ver con el pago al personal ni con los derechos laborales. Es un pago de dudosa legitimidad que la administración fija para cualquier otro fin.

El estudiante, en cambio, vive la realidad institucional a través de su relación con la comunidad docente, recibiendo su saber y su ejemplo, mediada por el plan de estudios y los programas de materia, con lo que se forma en la disciplina de su elección pero también en la vida cívica y la participación social a través de su propia militancia política o en movimientos ciudadanos que considera debe apoyar. No está en una burbuja, sino que se preocupa por el acontecer mundial, nacional y local, de manera que aprende a juzgar la validez de las situaciones y la razón que hay detrás de los reclamos del pueblo que, organizado o no toma las calles y se manifiesta públicamente. El estudiante sabe que mañana saldrá al mercado laboral y que su relación con el empleo le exigirá capacidad pero también conciencia de clase. Sabrá de la importancia de contar con una organización gremial que defienda sus intereses como trabajador y por ello apoyará al sindicato y valorará lo que representa.

En el mundo al revés del neoliberalismo, no faltan los que ataquen al sindicato y apoyen a la clase patronal, y al gobierno que no cumple con sus obligaciones de procurar el bienestar ciudadano y el desarrollo integral de la población. Pero también existen los que armados de conciencia cívica apoyan a los trabajadores porque saben que su lucha es la de ellos, por la construcción de un mejor mañana y una vida digna para ellos y sus familias.

Si estalla la huelga en la UNISON, lo natural es apoyarla y defender el derecho de los trabajadores a mejores condiciones laborales. Cuestión de sentido común y visión de futuro.

jueves, 15 de marzo de 2012

Regla ortográfica

El absurdo de incorporar el clientelismo político al idioma hace que se produzcan verdaderos esperpentos. Lamentablemente, los lectores o escuchas de los medios de desinformación masiva repiten como periquito las paparruchas y ridiculeces que los políticos populistas lanzan con el fin de atrapar en sus redes electoreras a los incautos que navegan por la vida sin cultura ni criterio. Así tenemos la ridiculez de utilizar la @ para crear la esperpéntica ilusión de que se es incluyente y ajeno al "machismo en el idioma". Últimamente les ha dado por sustituir la @ por la "x" (quedando el galimatías de esta forma: lxs diputadxs), de suerte que el escrito queda cruzado de ignorancia que lo único que logra es oscurecer el contenido y dar fe de la oquedad cultural del escribiente.
En ese sentido comparto el siguiente artículo:

Regla ortográfica
Vicente Molina.

Licenciado en Castellano y Literatura
(y no en Castellana y Literaturo)

En español, el plural en masculino implica ambos géneros. Así que al dirigirse al público NO es necesario ni correcto decir "mexicanos y mexicanas", "compañeros y compañeras", "hermanos y hermanas", etc., como los verbosos Fox y Calderón pusieron de moda y hoy en día otros ignorantes (tanto políticos, como comunicadores) a nivel nacional por TV continúan con el error.

Decir ambos géneros es correcto, SOLO cuando el masculino y el femenino son palabras diferentes, por ejemplo: "mujeres y hombres", "toros y vacas", "damas y caballeros", etc.

Ahora viene lo bueno: Detallito lingüístico ¿Presidente o Presidenta?

Aprendamos bien el español y de una vez por todas:

NO ESTOY EN CONTRA DEL GÉNERO FEMENINO, SINO DEL MAL USO DEL LENGUAJE. POR FAVOR, DÉJENSE YA DE INCULTURA, DESCONOCIMIENTO U OCURRENCIA: ¿Presidente o Presidenta?

En español existen los participios activos como derivados verbales: Como por ejemplo, el participio activo del verbo atacar, es atacante; el de sufrir, es sufriente; el de cantar, es cantante; el de existir, existente; etc.

¿Cuál es el participio activo del verbo ser?: El participio activo del verbo ser, es "ente". El que es, es el ente. Tiene entidad. Por esta razón, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo, se le agrega la terminación 'ente'.

Por lo tanto, a la persona que preside, se le dice presidente, no presidenta, independientemente de su género.

Se dice capilla ardiente, no ardienta. Se dice estudiante, no estudianta. Se dice adolescente, no adolescenta. Se dice paciente, no pacienta. Se dice comerciante, no comercianta. Se dice cliente, no clienta.

Dilma Rousseff, actual Presidente de Brasil, ha recibido las felicitaciones del Presidente Calderón y su Gobierno, como "Presidenta electa", no por motivos ideológicos, sino por ignorancia de la gramática de la lengua española.

Un mal ejemplo sería: La pacienta era una estudianta adolescenta sufrienta, representanta e integranta independienta de las cantantas y la velaron en la capilla ardienta ahí existenta.

Que mal suena ahora Presidenta, ¿no? Es siempre bueno aprender de qué y cómo estamos hablando.

Pasemos el mensaje a todos nuestros conocidos latinoamericanos, con la esperanza de que llegue a los Pinos, para que esos ignorantes por lo menos hagan buen uso de nuestro hermoso idioma.

viernes, 2 de marzo de 2012

Farol de la calle


Lágrimas de cocodrilo
 No lo podía creer. La vista se me nubló momentáneamente ante el impacto visual de esas letras negras indubitables que me machacaban en la conciencia que México había aumentado su aportación al FMI, ¡para rescatar el euro! Como broma era demasiado, como burla alcanzaba niveles de ofensa sangrienta.


Como sabemos, México es un país tercermundista, subdesarrollado y dependiente en grado patológico de las importaciones extranjeras en alimentación y tecnología, que apenas resuelve su situación de colonia occidental con una apariencia cada vez más desangelada de país soberano, que somos primario-exportadores y que el petróleo es la principal fuente de divisas, pero que se ve cada vez más en propiedad de empresas extranjeras gracias a la permisibilidad lacayuna de sus gobernantes.

Que cerca de 14 mil millones de dólares de la reserva irán a engordar el cepo de la coperacha internacional a cuenta de México y en favor de la economía europea, donde se inventó la civilización occidental, la colonización del resto del mundo y que pudo desarrollar la industria y el comercio en perjuicio de los demás países integrantes de la periferia. Europa, que junto con Estados Unidos ha azotado al planeta en guerras preventivas y actos de depredación internacional, asesinando a millones de seres humanos y convirtiendo el terrorismo en fuente de utilidades privadas.

El Senado de la República periférica de México ha aprobado el rescate de la iniciativa privada europea y a sus corruptos e impopulares gobiernos, plegado a los designios del propio FMI y la OTAN, cuando no ha sido capaz de apoyar el financiamiento del IMSS y el ISSSTE y que ha desmantelado la seguridad social mexicana, en beneficio de las empresas privadas de seguros y los servicios de salud de paga.

De alguna manera, mi mente recorre los eslabones de la época colonial, la independencia y la vida convulsa del México independiente, donde las formalidades constitucionales chocaron con frecuencia contra los rigores de la realidad desigual que vivimos. Somos una república democrática, representativa y popular; un estado federal, libre y soberano y, según reza el texto constitucional, el gobierno debe impulsar el desarrollo integral y se obliga a planearlo, con planes y programas que tendrán como período de vigencia lo que dure el mandato presidencial. Sin embargo, vemos que, desde el período de Salinas, los compromisos son transexenales y ponen en graves problemas la viabilidad del país, fortalecen su dependencia, impiden su progreso y cancelan las vías de su desarrollo independiente.

Lo que tenemos es un país donde la tortilla ha incrementado su precio más de 500 por ciento desde el año 2000, que inaugura la etapa del neoliberalismo panista; donde cada año el precio de las gasolinas es mayor y los costos del consumo eléctrico aumentan, mientras que PEMEX incrementa la presencia de intereses extranjeros en procesos vitales para la industria petrolera nacional, y la CFE es víctima de un proceso de obsolescencia acompañada de dependencia de proveedores privados del fluido eléctrico.

El rescate de la economía europea por parte de la periferia suena a charada, si se considera con seriedad la insistencia en darle vida artificial a un sistema financiero que solamente ha servido para profundizar las asimetrías entre aparatos productivos y empobrecer a las poblaciones. Lo ideal en este caso es propiciar el derrumbe de la zona euro y el sistema financiero internacional inviable bajo las premisas actuales, y revalorar el funcionamiento independiente de las economías que interactúan en Europa y el resto del mundo. Tendría que verse críticamente la absurda existencia de organismos internacionales que solamente han servido para legitimar la explotación codiciosa de los recursos naturales de la periferia aún primario-exportadora. Ahora resulta que las sardinas deber preocuparse por el sustento de los tiburones.

El absurdo resalta cuando vemos que el pueblo griego será aún más cruelmente explotado por el FMI con la participación obediente del gobierno nacional quien se empeña en recortar gastos esenciales e incrementar las cargas tributarias, en una situación donde el desempleo, la inseguridad y el cierre de empresas es cosa de todos los días. México, por su parte, vive una tragedia humanitaria por el incremento de la pobreza y las condiciones climáticas adversas. Grandes fajas de la población padecen desempleo y están condenados a la informalidad y al subempleo precario. En estas condiciones, ¿no es absurdo apoyar economías extranjeras ignorando la gravedad de la situación propia? Si el peso nacional en la toma de decisiones del FMI es insignificante, entonces ¿a qué juegan los señores legisladores?

jueves, 23 de febrero de 2012

Lo que aparenta ser objeto de culto

En la sociedad contemporánea, algunas prácticas nocivas son socialmente toleradas, o incluso ignoradas por sus víctimas, lo que nos remite a la antigua idea de conferir ciertas propiedades mágicas a los objetos, los fluidos corporales o representaciones simbólicas. Muchas costumbres y tradiciones están basadas en estos supuestos, por lo que revisaremos algunas de ellas directamente ancladas en nuestra vida cotidiana.

En algunas culturas del mundo occidental desarrollado, los jóvenes pasan por ritos de iniciación donde se demuestra su virilidad mostrando las nalgas al oponente y olisqueando la mierda del contrario con gesto sarcástico en señal de desprecio y superioridad. Destaca aquél donde las heces fecales de los viejos son exhibidas y coleccionadas como mecanismo de aproximación a los misterios del pasado. Se parte del supuesto de que las evacuaciones contienen las experiencias de los individuos mayores, de suerte que su observación proporciona conocimientos por vía olfativa a quien lo hace. Sin embargo, la orina no merece tanta consideración aunque en este punto existe cierta divergencia de criterio, ya que algunos afirman que ésta tiene tantos méritos como la mierda, con la ventaja de poder ser embotellada para su fácil traslado a los lugares de culto.

Nuevos estudios han presentado pruebas fehacientes de que los fluidos corporales ocuparon un lugar preponderante en ciertas culturas donde la saliva y el semen tienen poderes curativos aunque su uso está restringido a ciertos días de la semana, bajo la estricta observancia de normas rituales establecidas y vigiladas por los sacerdotes; sin embargo, la vida moderna ha incorporado algunas variantes que dan cuenta de la dinámica actual de las sociedades; por ejemplo, se considera adecuado ingerir bebidas alcohólicas en vasos previamente tratados con alguno de estos líquidos los días viernes y sábado por la noche en antros concurridos, donde los clientes reciben sus beneficios de manera subrepticia. Aquí, el lugar de los sacerdotes es ocupado por los diligentes cantineros y meseros creyentes del viejo ritual curativo. Otro caso de actualización de viejas prácticas es el referido a la costumbre que tienen algunos cocineros de proporcionar a ciertos clientes distinguidos el condimento de la saliva e incluso el semen en los platillos ordenados. El regocijo del empleado es potenciado al máximo cuando al presentar la cuenta es premiado con una propina inesperada, tras aparentes desavenencias y trato hosco de un cliente prepotente. La visión mágica que tienen los empleados de restaurantes es similar a la que ostentan las empleadas domésticas, cuando aportan fluidos corporales a las ropas o comidas de sus empleadores.

Por otra parte, las mucosidades y las secreciones de los oídos, reciben trato distinguido por un tipo especial de sacerdocio urbano que hace de la cortesía el medio por el cual prodiga sustancias de origen corporal a sus vecinos y encuentros ocasionales. El oficio mágico de distribuir rastros de ADN propio a conocidos o extraños con cierto grado de proximidad permite la trascendencia y la ubicuidad biológica de los sujetos, lo cual significa la realización de un sueño de carácter ritual que supone estar en varios lugares al mismo tiempo y compartir experiencias independientemente de la conciencia de los sujetos. Su forma de operación es simple: a usted lo saludan de mano como muestra de cortesía y urbanidad, con lo que los residuos de la afanosa tarea de hurgar las fosas nasales de su amable interlocutor pasan a ser compartidas por usted. Su mano ahora posee una carga genética epidérmica distinta a la propia, transferida al estrechar la diestra del amigo o conocido. Lo mismo vale para la palmada ocasional en la espalda, donde se comparte sudor, secreciones nasales y quizá residuos fecales.

Seguramente a usted le consta el esfuerzo que hacen muchos ciudadanos en pulir sus habilidades de motricidad fina al usar como aparato de exploración sus dedos, firmemente instalados en las profundidades de sus fosas nasales, hurgando escrupulosamente en febril exploración y extracción de mocos que serán observados críticamente y luego abandonados discretamente en una mesa, silla, toalla, mano extendida en señal de saludo. La inquietante operación puede ser observada en la calle, el aula, el corredor del edificio, el transporte privado y público, el cine, el restaurante, la cocina y la estancia familiar. A los impulsos exploratorios de los misterios de la nasalidad no escapan hombres con título universitario, mujeres con anatomía superlativa y, desde luego niños y ancianos. El punto de análisis es la cultura, la urbanidad y el respeto a uno mismo y a los demás.

Recientemente me tocó ver a una guapa mujer que conducía un auto que, al igual que ella, era de modelo reciente. La bella distraía su aburrida espera en el semáforo inspeccionando dactilarmente sus mucosas sin ver el estrago que tal operación causaba en la imagen que proyectaba al mirón ocasional. Fue verdaderamente horrible la conversión de una princesa en bruja, el tránsito del enamoramiento al asco en sólo unos segundos. Quizá este sea el método de castración psicológica que las agencias de control de la natalidad estaban esperando para abatir la demanda de bienes sin esforzarse en distribuir mejor la riqueza mundial.

Para los practicantes de estos rituales, la costumbre de lavarse las manos después de visitar los servicios sanitarios significa una profanación, una grave transgresión al deber sagrado de transferir residuos orgánicos al otro. El rito, que en el fondo supone el deseo de trascendencia de los sujetos, exige limitar el aseo a ocasiones esporádicas y absolutamente necesarias.

Si bien es cierto que hasta la fecha no se conocen ONG registradas con la especialidad en trasiego de ADN, ni mucho menos una nueva asociación religiosa que proclame las secreciones como una manifestación de la divinidad, las evidencias son abrumadoras. Corresponde al estudio de la antropología estudiar las causas profundas de estas prácticas de innegable vigencia en nuestra sociedad, quizá en colaboración con investigadores educativos y, desde luego, de salud pública. Muchas cosas se pudieran evitar con programas de prevención y erradicación del traspaso accidental o intencional de residuos orgánicos de un individuo a otro. Quizá la humanidad redescubra las bondades de la higiene personal ya que es, sin duda, un problema social y cultural de primera magnitud. ¿Podremos afrontar el reto de usar papel higiénico y lavar las manos con agua y jabón con escrupulosa asiduidad? ¿Mirará sin sospecha al ajeno y obsequioso sujeto que se acerca con la mano extendida, o a aquél que le palmea la espalda con insidiosa familiaridad?

sábado, 11 de febrero de 2012

Las campañas

El aire se siente viciado por la intensa chamusquina neuronal que se despliega en las agencias de publicidad, ya que a la par que diseñar campañas de venta de jabones milagrosos para la limpieza de esas manchas de semen y sangre, vino y chocolate, se tienen que esforzar por planchar la arrugada imagen de candidatos presidenciales y otros puestos que se ponen en pública subasta en estos tiempos de subdesarrollo electoral. Sucede que los partidos políticos deben deshacerse de los cachivaches a medio uso que suelen pulular en sus oficinas o en las elegantes y bien resguardadas burbujas del poder ejecutivo.

Los artículos de uso corriente podrán, mediante la maquillada de rigor, lucir una lozanía y, sobre todo, la utilidad que la naturaleza les negó pero que la mercadotecnia puede conceder mediante el pago de los generosos estipendios correspondientes. La vanidad personal y el afán de permanecer en las preferencias del público consumidor de propaganda son sus mayores impulsos, además de la masa de intereses de los inversionistas actuales y futuros.

Los partidos se alistan en todos los sentidos, incluso en aquél que más se acerca a la necesidad de la audiencia, porque el que paga manda en eso de llegarle al respetable auditorio con una oferta que no podrán rechazar; es decir, que la maquinaria aceitada por los imperativos de allende el Bravo y de los poderosos caballeros del dinero locales y trasnacionales, exige que el candidato (sea hombre, mujer o pirata), presente una cara convincente aunque no se ajuste a su realidad personal y política, con el fin de seguir dando las consabidas concesiones en materia de contratos de obra pública, infraestructura, excepciones en materia de aplicación estricta de la ley, oportunidades no confesas de negocios y la influencia necesaria para impulsar reformas a la legislación secundaria para los fines antes señalados a los patrocinadores logrados.

Si bien es cierto que las cifras de aumentos a la canasta básica y de pobreza están a la alza, no se puede negar que las explicaciones oportunas convencerán a la población con déficit cultural e informativo de que vamos remontando la crisis y que la economía mexicana está “blindada” contra cualquier amenaza de pesimismo que pretenda inculcar la realidad. Los analistas serios bien se pueden quedar en las universidades y otros centros de investigación, que para eso son las aulas, los seminarios y los talleres. Fuera, en el “mundo real”, las que cuentan son las oportunidades de negocios y si se tiene que lidiar con la verdadera causa de las crisis, entonces se aplican generosas capas de maquillaje y spots adhesivos para enterrar las ideas subversivas de los estudiosos independientes.

También las campañas negras son una buena alternativa contra los efectos perniciosos de la verdad. Así que los profesionales de la creatividad mercenaria son altamente considerados en los despachos ejecutivos que inciden en el negocio de las elecciones. Usted puede sacar del almacén un producto defectuoso y mediante las artes del diseño de imagen tiene un lanzamiento capaz de convencer al menos dispuesto de los clientes. Desde luego que los objetivos de las campañas son ahora, como nunca, los jóvenes y las mujeres, ya que el “empoderamiento” otrora farfullado por la señora Marta Sahagún demostró ser material comestible para las féminas deseosas de algo más que despensas y sesiones gratis de manualidades. Los jóvenes, por otra parte, significan un interesante coto de promesas y expectativas que se evapora con el paso del tiempo, sin dejar más huella que un leve recuerdo plagado de elementos circunstanciales, por lo que atraen a los políticos sabedores de la impunidad de las promesas incumplidas.

El proceso electoral en un gobierno disonante permite que haya cambios en el gabinete y ciertos puestos comprometidos con los intereses extranjeros al incorporar mujeres a la dura brega del trasiego informativo. Las corporaciones policiacas son un excelente escenario para esa transición sexual que aparenta ser incluyente y equitativa aunque solamente signifique un cambio en la proveeduría de cartuchos para las mismas armas del neoliberalismo de guarache.

Los argumentos a favor de la ignorancia literaria de Peña Nieto tienen el contrapeso ideal en la pedestre candidata del PAN, famosa por su frivolidad y ausentismo legislativo, de suerte que resultan ser dos caras de la misma moneda neoliberal cuyo valor facial es equivalente a seis años más de muertes acreditables a la guerra contra el narcotráfico, desempleo y empleo informal, alzas en los bienes de consumo popular, congelamiento y decremento de salarios reales y apertura de más panteones y pabellones de salud mental para la familia mexicana.

Quizá resulte pertinente pensar en la candidatura de López Obrador como un parte-aguas político en un México agotado económica y psicológicamente. Sería una especie de respiro en las agitadas aguas de la lucha por la nación donde concurren los intereses de Estados Unidos, los corporativos internacionales y los grupos de poder regional abiertos o discretos que jalonean la sábana nacional sin importar su ruptura.

AMLO representa una tendencia moderada que pinta más un rostro humanista que radical. No es una amenaza expropiatoria que enfrente los intereses privados en favor de un estatismo bolchevique, ni mucho menos. Su diálogo con el empresariado lo demuestra. Sería más válido pensar en un gobierno de izquierda moderada cuyo propósito se centra en el rescate de la armonía nacional mediante el diseño de políticas de recuperación del empleo y el ingreso que permitan ahorro e inversión productiva. Supondría, como se ve, el inicio de un verdadero período de transición democrática que nos fue negado con Fox y Calderón. Y usted, ¿se anima a cambiar?

sábado, 4 de febrero de 2012

Paseo dominical por el centro

Era domingo. Salí con el fin de comprar un medicamento. La farmacia a la que iba está cerca del Mercado Municipal en la zona centro de Hermosillo. Desde que tomé la calle que va directamente al Mercado las riadas de gente me pusieron en la situación de un salmón urbano que trata de remontar la distancia a su objetivo luchando contra el obstáculo que representa caminar en sentido contrario a la corriente dominante.

La traumática experiencia se vio compensada por el encuentro con un aparente remanso en forma de establecimiento comercial con especialidad en cualquier cosa imaginable. Al caminar por un pasillo tuve que esquivar a un bólido humano con peso suficiente como para hacerme temer por mi integridad física en caso de un encontronazo. Entre resoplidos de elefante en fuga, el individuo, una masa congestionada de carne tumefacta, grasa y fluidos diversos, pasó dejando una densa estela de olor no sólo confusa sino difusa, aunque definitivamente indicativa de la presencia de algo en proceso de descomposición.

Agucé la vista y no detecté la presencia de ningún cadáver, aunque el rastro odorífero apuntaba hacia la mole resoplante que aún se veía atravesar el local con el desenfado que caracteriza a los obesos con pretensiones de vehículo de la División Panzer, aplastando enemigos, pulverizando edificaciones y eliminando obstáculos apoyados en el peso y el volumen que desplazan. El sentido común me rebeló que el súbito enrarecimiento del ambiente era atribuible a la falta de higiene corporal del cafre, lo que me pareció entendible si se toma en cuenta la cantidad de agua que se requiere para lavar adecuadamente su inmensa carrocería. El hecho me sumió en profundas y serias disquisiciones acerca del servicio público de agua potable.

La anti-higiene ciudadana se debe en muy buena medida a la cómoda disposición municipal de no prevenir el desastre humanitario que viene, toda vez que la carencia de agua y lo esporádico de su empleo redunda en fetideces innombrables. No negará usted que el sudor concentrado durante días o quizá semanas de cuidadosa destilación, convierte a la piel y la vestimenta en un verdadero campo minado para cualquier olfato; en un zona desprovista de lo más elemental para albergar algún atisbo de civilidad y convivencia próxima con nuestros semejantes; en un páramo siniestro donde la muerte social campea triunfante, vencedora de cualquier intento de sociabilidad. Sin embargo, el Ayuntamiento se complace en edificar fuentes y vialidades que servirán para ilustrar los folletines de publicidad inmobiliaria, donde resulta fácil suponer que la demanda de agua subirá y que habrá áreas privilegiadas y zonas de pestilencia colectiva.

De regreso a la calle y con una bolsa conteniendo mis adquisiciones, la nueva ola pestífera que ahora identificaba plenamente parecía ser réplica aumentada de la percibida en la casa comercial dejada atrás. El horror y la náusea parecieron ser los sentimientos dominantes que me habrían de atenazar durante el resto de mi periplo. Reparé en la presencia de los seres humanos que me rodeaban y vi, con curiosidad antropológica, que sus características físicas no eran las típicas de los habitantes de estas tierras, otrora alimentadas con proteínas y minerales producto de la región. La desaparición de abarrotes que surtían productos regionales y su relevo en forma de tiendas expendedoras de enlatados, empaquetados y plásticos multicolores, permite la proliferación de demandantes acordes a esa oferta: seres con un cada vez más reducido poder de compra obligados a consumir chatarra masticable en forma de carnes hinchadas de hormonas, antibióticos y conservadores; frutas, verduras y granos generosamente rociados de pesticidas o genéticamente modificados; botanas y refrescos que pasan a ser el plato fuerte de muchas mesas, cuyos efectos inmediatos son el embuchar cantidades industriales de grasas, irritantes del esófago y estómago, saborizantes y colorantes artificiales inopinadamente permitidos para el consumo humano, quedando seriamente comprometida la calidad de la ingesta y los resultados de la asimilación. La nutrición y la salud no son actualmente preocupación del gobierno que regula y autoriza la circulación de sustancias tóxicas en el mercado.

Un espectáculo dantesco se estaba desarrollando en las calles de mi ciudad: hombres, mujeres, niños y lo que sea, parecían estar en el contexto de un extraño ritual que insinuaba el clima propiciatorio de la caída del sistema económico o, en el peor de los casos, la permanencia del mismo a costa de las libertades. Gordos, flacos esmirriados, gente greñuda y de aspecto vulgar fingía algún tipo de interacción humana de muy dudosa factura. Sólo Dios sabe el acopio de fortaleza que fue necesario para soportar tal horror. La fauna urbana estaba debidamente representada por verdaderas jaurías macilentas que hurgaban en los entresijos de las llagas citadinas en busca de algún vestigio de humanidad, de decoro ciudadano. Cabe recordar que la civilidad tiene como premisa esencial el empleo y el ingreso digno. Un ciudadano mal alimentado, con la moral a la altura de una alcantarilla, no ofrecerá necesariamente buenos ejemplos de cortesía y generosidad en sus interacciones sociales, incluso puede desarrollar psicopatías que lo impulsen a ejercer su voto por los causantes de la opresión económica y la marginación social que sufre. Quizá por eso la gente ha votado por la derecha neoliberal.

Agotado de tantas y tan oscuras visiones premonitorias, decidí adquirir la prensa del día e instalarme en la silla del lustrador de calzado (vulgo bolero). El joven limpiabotas se aplicó de inmediato a las labores propias de su oficio tras un breve preámbulo coloquial. Lo que prometía ser un breve receso en la tortuosa aventura dominical, pronto se vio interrumpido por la llegada de un engendro dueño de una vulgaridad desparpajada y sin atisbos de urbanidad, que dio en picar las costillas del joven proveedor callejero de servicios. Un coro estridente y obsceno resonó a mis espaldas, por lo que hube de percatarme de la presencia de un grupo de envejecidos haraganes que se habían posesionado de una de las bancas del amplio espacio aledaño al Mercado. Deduje que eran representantes de la tercera edad destacados en el puesto de vigilancia lúdica que usualmente se ve en plazas y jardines públicos, como heraldos graznantes de lo que espera al ciudadano al llegar a la edad jubilatoria, con lo que a los horrores de una ciudadanía sin cabeza se añadió los correspondientes a una vejez sin más propósito que el de vegetar profundizando los huecos de una formación escolar apenas elemental. El suplicio terminó al son del último trapazo sobre la superficie brillante y tersa de mis zapatos. Una vez pagada la cuenta del servicio, emprendí la retirada con prisa, asiendo mis posesiones con la firme convicción de que estaba rodeado de potenciales depredadores, de oscuros facinerosos dispuestos a arrebatarme la prensa del día y la bolsa de las compras. Miré a mí alrededor sin detenerme y logré llegar a la acera de enfrente, tras sortear la carrera de obstáculos que esto significa. La presencia arracimada de policías uniformados con ropajes oscuros no logró más que aumentar mi nerviosismo y pensar en las aportaciones del crimen organizado a la oferta de empleo de la sociedad.

Uno puede pensar que la profesionalización de la criminalidad merced, a la influencia gringa y su presión por demandar cada vez más armamento e “inteligencia”, tiene su exacta correspondencia en los esquemas de entrenamiento y organización de las fuerzas policiacas, el abasto de armamento, equipo aeronáutico, electrónico, intercambio de información y transnacionalización de la seguridad. Ambas vertientes representan la moneda del gran negocio de la intranquilidad social, el nicho de mercado de las corporaciones extranjeras que generan habilidosamente las condiciones que persuadan a sus clientes potenciales a dar el paso de la dependencia en materia de seguridad pública. Los grupos de policías que vi eran de seis individuos entre los que se encontraba una mujer. La policía que me tocó observar caminaba como lo hacen en los viejos western: piernas arqueadas, panza apenas contenida a fuerza de faja o forzada tensión de abdominales, mirada vaga y gesto de indisposición gástrica. He ahí la feminidad diluida como parte de las tácticas disuasorias que reprimen el encanto de ser una joven mujer que, aunque algo entrada en carnes, alcanza a proyectar lozanía y algo de gracia.

El espectáculo de una ciudadanía devastada por la crisis económica y sus efectos psicosociales fue, por decir lo menos, una lección que merece recibir más pronto que tarde quien se conforma con transitar por la ciudad sin ver lo que le rodea, sin percibir en qué nos estamos convirtiendo, sin sentir en carne propia la miseria y el deterioro de la infraestructura, los edificios, las calles, el drenaje, el servicio de limpia y recolección de basura, la calidad de la relación entre personas, el respeto al otro, a las circunstancias y características del modo de vida del vecino, de su derecho a vivir decorosamente, de su autoestima, del orgullo de ser parte de una comunidad, de la seguridad que merece la persona y sus posesiones, de disfrutar ser, en fin, habitante de la capital de Sonora.

Tras el breve recorrido, reflexiono y me invade la indignación y un sentimiento de identificación y solidaridad con mis conciudadanos convertidos en precaristas cívicos, en parias dentro de su propia tierra. Nadie merece un gobierno que le baja la moral cuando hace estallar las expectativas de una vida decorosa y digna. La triste realidad es que somos una sociedad que se autoengaña, que convierte en gracejada lo que es simplemente lamentable, que acude al chiste ramplón y chabacano como salida lúdica a la impotencia, a la rabia de ser un cero a la izquierda en las decisiones sobre su propio futuro laboral, político, cultural, y que lo que hace el gobierno es una forma de ganar tiempo entre elección y elección, entre procesos electorales cuya redundancia los hace planos, insustanciales y predecibles. Las promesas oficiales de mejora simplemente actúan como distractores que alimentan una civilidad chatarrizada, inválida por tener la conciencia deteriorada gracias a la propaganda triunfalista, a las filtraciones oportunas, los escándalos y argumentos de fotonovela, a la sensación de inseguridad que atenaza las conciencias y la obscenidad de las campañas contra el crimen organizado donde son más los muertos accidentales que la contención de los verdaderos delincuentes.

En mi próxima salida, tendré el cuidado de ver tras la apariencia de indolencia vulgar a una ciudadanía capaz de levantarse y caminar por su propio pié, demandante de respeto y celosa de sus deberes y obligaciones cívicos, pero dispuesta a reclamar valientemente sus derechos históricos. Veré un pueblo digno a punto de erguirse porque no desea permanecer más de rodillas; un pueblo orgulloso de su composición pluriétnica, porque el color de la piel, la estatura y los rasgos faciales son algunas de las variadas formas de la caligrafía cultural que compartimos, que nos hace ser un pueblo más de la grande y maravillosa patria común que es América Latina, en la que México se dispone a ocupar el lugar privilegiado que tuvo y perdió por la torpe obediencia al extranjero de los gobiernos neoliberales. Sé que podemos, pero en lo social y lo político el movimiento se demuestra andando. Tomemos la calle.