En el barrio de El Mariachi, fuertes toques cimbraron las puertas de los hogares cercanos al lugar donde se instalaría el espectáculo del cierre de campaña. Algunas señoras amas de casa recibieron la instrucción de que debían asistir al suceso como testigos numéricos que darían cuenta del despliegue de mesas, manteles, carpas, recipientes rebosantes de platillos regionales en número y volumen capaz de dar de beber al sediento y de comer al hambriento.
Según la opinión de una de las vecinas, la insistencia fue tal que tocaron en su casa hasta por ocho ocasiones, en las que se negaba a abrir la puerta hasta la última, ya que tenía que salir a trabajar y estaba preparándose para ello. El panista designado para aporrear su puerta con insistencia de merolico protestante le recomendó: “no vaya a trabajar, señora, hay comida para todos”. La prudente trabajadora le respondió que si asistía al mitin hoy sí podría comer, pero que tal mañana, o pasado, entonces ¿quién le iba a dar?
Ayer por la tarde (21 de marzo) en el cruce de Rosales y Bulevar Rodríguez, al igual que en Luis Encinas y Pino Suárez, en las inmediaciones del Museo y Biblioteca de la UNISON, se formó una pequeña turba de panistas con matracas, aparatos de sonido, banderolas y camisetas con el logo de uno de los aspirantes a puesto de elección popular. Los panistas animados de un furor electorero ondeaban banderolas y aprovechaban los altos para zarandear el cuerpo al son de una música estridente que acompañaban con el reclamo de “¡A bailar, que se vea la alegría!”
El matraquismo ha llenado la imaginación del panismo en un afán de contagiar al ciudadano común con el volumen de los aparatos de sonido, música pegajosa y cursilería callejera, en una confesión irrefutable de que el populismo de derecha puede ser más escandaloso que el otrora desplegado por el PRI, antes de caer en garras del neoliberalismo que hoy comparte con el PAN.
Las manifestaciones de alegría programadas y dirigidas desde el micrófono, las instrucciones de faltar al trabajo y compartir tamales, tacos de cabeza y otros lugares comunes en la gastronomía de banqueta, pudieran ser recursos de una campaña electoral sin dimensión ciudadana, guiada por el pragmatismo asistencialista y clientelar de que va para que le den algo, pero no podemos hablar de una campaña política que pretenda llegar al ciudadano y situarse dentro de su esfera de preocupaciones, para ofrecer soluciones encarnadas en un plan de trabajo y en compromisos mañana o pasado exigibles.
Las matracas, banderolas, pancartas, camisetas con logos impresos, la alegría por encargo, los esfuerzos de personas que dejan de lado sus inhibiciones y sacuden el esqueleto en público en algún crucero de la ciudad, no alientan a pensar que exista madurez política, información suficiente de programas, propósitos y compromisos, sino los signos y síntomas del acarreo, la manipulación de la voluntad de algunos y, desde luego, el dispendio de recursos que sería interesante establecer su origen.
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Unidos por la ideología neoliberal |
La Universidad de Sonora está al borde de una huelga por dos razones: la falta de recursos para cumplir con los compromisos contractuales debido a la ausencia del presupuesto 2012, y por la falta de seriedad y arrogancia de la administración en su trato con los sindicatos. Lo anterior nos lleva a pensar que no hay ni talento ni compromiso con la comunidad en la administración estatal panista o en la universitaria.
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