Conspiración en Pémex

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miércoles, 6 de abril de 2011

Chicos malos

Cancún se ha vestido de gala antidroga presidida por los mayores impulsores del narcotráfico como estrategia de combate ideológico y político. La señora Michele Leonhart, administradora de la agencia antidroga de Estados Unidos (DEA), pontificó acerca del horror mexicano en suelo estadounidense: los cárteles de la droga que controlan el negocio en EE.UU., son mexicanos y “no hay cárteles específicos en Estados Unidos”.


Al declarar puros y limpios a los criminales oriundos de su país, la bronca es para México, por lo que reitera que “los países no solamente deben compartir información, sino también capacitación y formación de funcionarios que combaten a los grupos criminales. En ese contexto explicó que en el último año el gobierno estadunidense ha capacitado a más de 17 mil servidores públicos de diversas naciones en acciones como prevención del tráfico precursores químicos y drogas”) La Jornada, 5.04.2011).

Aunque parezca una broma estudiantil, la señora Leonhart llamó a Genaro García Luna, el “mayor combatiente contra el narcotráfico en México” (La Jornada, 5.04.2011). Lo anterior contradice de raíz la investigación y los señalamientos de Anabel Hernández en su libro Los señores el narco (Random House, Mondadori, 2010), donde documenta cómo, en su momento, el narcotráfico mexicano prospera a la sombra del combate ideológico de Estado Unidos contra el avance del comunismo en el mundo, donde se ofrecen ejemplos como aquella operación de la CIA que se recuerda como “Irán−Contras”. Asimismo, da detalles de la institucionalización de la protección maternal que el propio gobierno federal ha proporcionado al narco, donde tiene un papel destacado el funcionario elogiado por la DEA, Genaro García Luna.

Lo que parece ser el juego internacional del Tío Lolo, tiene como escenario precisamente a México y se elogia al hado protector de una de las fracciones poderosas del narco cuya cabeza visible es el “Chapo” Guzmán, por parte de representantes de la potencia que ha llenado de armas y droga a muchos países para después intervenir en sus asuntos internos y dirigir o controlar el famoso combate a las drogas. Aquí es necesario reconocer que las drogas son un arma del imperio gringo y que México le sirve de patiño en la burla internacional que se perpetra con saña contra los pobladores de la periferia del sistema.

La escasa vergüenza manifestada por la diplomacia gringa permiten suponer también que las formas de relación entre México y Estados Unidos son parecidas a las que guarda una prostituta con su proxeneta, y los intentos por guardar las formas del trato entre naciones sobernas se traducen en espectáculos como el de Cancún, donde el rímel corrido y las ojeras a juego con ciertos aromas trasnochados, se califican como “fuertes lazos” y actos de cooperación en decisiones trascendentales para darnos mayor seguridad en la frontera común, como si se tratara de acordar una posición copiada del Kama Sutra diplomático.

Los chicos malos de la película son, las más de las veces, los exitosos emprendedores de negocios que constituyen el nervio de la economía subterránea y que alimentan generosas nóminas donde figuran muchos de los distinguidos combatientes del narcotráfico. Pero, ¿qué se puede esperar en un modelo económico donde es correcta la compra−venta de valores, principios y conciencias?

Modelo a segur
La ridícula manía de imitar o acatar las ocurrencias gringas ha dado al traste con nuestra defectuosa pero perfectible administración de justicia, lo que llega al colmo de la babosada con la farsa de las “certificaciones” policiacas (y el futuro reality show de los juicios orales). Está comprobada su ineficacia al registrarse casos de personas certificadas, incuso por la DEA, y que después resultan culpables de lo mismo que se les consideraba “inmunes”. En esta lógica va la idea de la policía única estatal, tan urgente a los ojos de los gobiernos panistas, porque así se simplifica la cadena de corrupción y control al centralizarse.

¿A qué juega el gobierno federal? Si no bastan los cerca de 40 mil muertos y la tranquilidad de muchos millones de ciudadanos, ¿cuántos más les hacen falta? ¿A qué modelo de eliminación de la población exige el gobierno de Washington que su gerencia mexicana se apegue de manera tan estricta? Los horrores de una “buena relación bilateral” sólo son comparables con los que sufren los países petroleros del medio oriente, víctimas de un plan siniestro de intervención militar y aniquilación masiva dirigido por el gobierno del actual Premio Nobel de la Paz, Barak Obama.

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