Conspiración en Pémex

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domingo, 15 de noviembre de 2009

Nuevo latido para Sonora




Mientras que el Estado como categoría política se desdibuja a la par que lo hace la idea de sus responsabilidades y atribuciones, la subjetividad hecha gobierno alcanza el rango de factor de cambio y progreso de la comunidad de causantes cautivos y otros alienados del goce de las garantías individuales que consagra la Constitución. El texto constitucional y las leyes que de él emanan son asunto menor ante la avanzada estrepitosa y triunfante de los consorcios televisivos, de las mega-empresas que dictan al propio gobierno constitucional el monto de los impuestos que deben cobrarles y las exenciones que deben hacerles, así como los trabajos sucios que deben emprender las secretarías de estado que proveen las coartadas legales necesarias para la expansión del poder televisivo.

La maquinaria de alienación de las multitudes precaristas en el aspecto intelectual, tiene un respaldo inmenso en el gobierno de la república y de nuestra entidad federativa, al dejar entrar como Pedro por su casa, a la batería pesada de la caridad hecha comercial pagado como propaganda política a cargo del consumidor de beneficencia espuria, de solidaridad ligth, de alimento chatarra para espíritus comprometidos con la apariencia, con la posibilidad de ser nuevos tributarios de la casta feudal televisiva que empobrece a México.

El decir "sí" al teletón, abre las puertas de la mendacidad y la inopia cívica, porque transfiere obligaciones del Estado a manos de particulares. Porque entrega la salud y rehabilitación de los niños inválidos al sector de entretenimiento y espectáculos, a la fábrica de sueños en un mundo y un país que más que otra cosa requiere de realidades, de soluciones concretas y, sobre todo, legales. Si nos conformamos con la manipulación ripiosa de televisa y nuestros sentimientos como comunidad navegan en las cenagosas aguas de la cursilería producida y vomitada por las pantallas de la televisión, entonces, además de nuestro proverbial subdesarrollo económico, científico y tecnológico, padeceremos el atinente a nuestra visión de la legalidad, al desarrollo de la inteligencia, a la exigencia de derechos y a una visión de la realidad que exige objetividad y no subterfugios pedestres en el cumplimiento de las obligaciones fiscales de los grandes consorcios comerciales.

Resulta increíble que el Estado se comprometa de esta manera con una empresa que sólo evade obligaciones y, cómodamente, simula su cumplimiento por el fácil expediente de la caridad intencionada y manipuladora, centrada en la relación costo-beneficio de Azcárraga el pequeño. Tanto el poder ejecutivo como el legislativo sonorenses debieran dimensionar los alcances de esta transferencia insólita. En todo caso, canalizar recursos hacia las áreas de salud que tiene el gobierno de Sonora ya instaladas y funcionando, a fin de proporcionar a los usuarios del servicio una atención de calidad, oportuna y eficaz.

Se entiende que un gobierno que inicia suponga que las novedades van a impactar al ciudadano votante, pero debieran pensar que lo que necesita Sonora es justamente en cumplimiento de las obligaciones constitucionales por parte del ejecutivo y el legislativo estatales. El llegar con la baba colgando a cambiar cosas que no se entienden es, por decir lo menos, irreflexivo, torpe y costoso socialmente. Debieran de tomarse su tiempo para estudiar mínimamente la Carta Magna sonorense, la legislación que enmarca las obligaciones y deberes del estado, y la normativa específica de las dependencias oficiales.

Debieran tomar en cuenta lo que hay y qué de esto se puede y debe mejorar, no pensar en cambios a tontas y a locas. Lo sensato es tomar como punto de partida las estructuras y los recursos existentes, antes que inventar oficinas de “innovación” gubernamental aderezadas del boato y la pompa que imitan con ridícula precisión los pujos mayestáticos de la oligarquía del porfiriato, dejando a la par al pueblo y a la realidad al margen de sus consideraciones y decisiones “de estado”.

Se espera y exige al nuevo gobierno de sonora un mínimo de sensatez, de humildad auténtica, no de lengua para afuera; no de poses franciscanas que disimulan sólo un instante la pesada carga de una mentalidad patéticamente burguesa en tiempos de procesos de proletarización acelerada de las clases medias y de hundimiento de los ciudadanos de uno a cinco salarios mínimos.

El nuevo latido para Sonora no se consigue cambiando el diseño y los colores de logotipos oficiales, no se logra con remodelaciones de oficinas, con renovación de vehículos, con recortes y ajustes de personal y nuevas contrataciones a modo con el perfil político partidista que la auto-complacencia requiere. Tampoco con la vieja rutina de las promesas de cambio y los trucos cosméticos de un gatopardismo muy a la mexicana.

El nuevo Sonora debiera ser de cumplimiento de compromisos, de respeto y estricta observancia de las leyes, de pluralidad y tolerancia ante el adversario, de transparencia auténtica ante el ciudadano y, sobre todo, de una firme voluntad de rescatar las atribuciones del gobierno en la gestión del desarrollo integral del estado, tendiendo lazos de colaboración con otros sectores económicos y sociales pero sin renunciar a lo que le corresponde legalmente. La atención y procuración de la salud y la educación entre ellos.

El “nuevo latido” no debe ser cosa de prendidas de foco, de entregar obligaciones estatales en manos de la iniciativa privada, de improvisaciones con carga mediática, de diferir responsabilidades o de simular sistemáticamente que se actúa cuando en realidad simplemente se reacciona a impulsos ajenos y lejanos al quehacer público. Del slogan al hecho, hay mucho trecho; pero, en todo caso, se le pide al gobierno más seriedad.

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