Notas Sueltas es un espacio de opinión sobre diversos problemas de carácter social, económico y político de interés general. Los comentarios pueden enviarse a: jdarredondo@gmail.com

domingo, 23 de enero de 2022

¿Todo es cuestión de fe?

 

“No valoramos la salud hasta que llega la enfermedad” (Thomas Fuller).

 

No es lo mismo pensar que creer y, según se ve, la sociedad ha decidido creer antes que pensar, dejarse guiar antes que tomar el control de su destino, ser parte de un rebaño antes que un conjunto de individuos conscientes de sus acciones y unidos por un propósito común.

La epidemia ha estrechado los límites de las actividades sociales en más de un aspecto, empezando por el laboral y siguiendo con lo personal. Las empresas imponen nuevas pautas de comportamiento y las familias también, teniendo como común denominador el distanciamiento, los compartimientos y la virtualidad en las interacciones.

En este contexto, ¿para qué queremos reunirnos en un determinado lugar si tenemos salas de chat, videoconferencias y teletrabajo? ¿Hay necesidad de interactuar con otros seres humanos sospechosos reales o potenciales de estar infectados por la bestia microscópica que atosiga al mundo?

Tenemos miedo y en conjunto somos una sociedad miedosa, amiga de pretextos y simulaciones y buscamos soluciones facilonas, sin mucho esfuerzo. Por ejemplo, es más fácil culpar a López-Gatell que reducir el consumo de grasas, excesos de sal y azúcares, hacer ejercicio y controlar lo que comemos y bebemos.

A nadie le importa el deterioro del ambiente producto de la sobreexplotación de la tierra y el agua, la contaminación diaria que producen nuestras actividades tanto productivas como improductivas, y nos vale gorro la higiene personal y ambiental, como si no estuvieran estrechamente ligadas a la salud.

Desparramamos basura de diversa procedencia y nos atenemos a que los del ayuntamiento se arreglen como puedan, que por eso pagamos impuestos; gastamos energía eléctrica por la comodidad de dejar la luz prendida por aquello de llegar a entrar de nuevo en la habitación, o el ventilador, o el mini Split, de la misma forma en que dejamos correr el agua porque vamos a lavar o bañarnos en cualquier momento.

Sabemos que cuando hay condiciones favorables en el ambiente surgen tanto virus como bacterias potencialmente riesgosas para el organismo humano, pero seguimos con la rutina de las reuniones, juntadas, jolgorios, chupe del fin de semana, sin perder el ritmo. Nos reunimos para celebrar que celebramos.

El desmadre social y personal se justifica por ser nuestro, pero si enfermamos la culpa no es de nosotros sino del vecino, de los cuates, de las autoridades de salud, de López-Gatell en última instancia.

Los prianistas insisten en que el Subsecretario López-Gatell es culpable de descuido, de negligencia y de las muertes de las víctimas de la pandemia en México. En este punto nos preguntamos ¿qué entenderán por pandemia, por la carencia de una vacuna que inmunice, por la falta de información clara, precisa o crítica sobre el microbio que podemos compartir cuando decimos “salud” en medio de la fiesta, reunión o coincidencia alcohólica grupal o masiva?

Pero, sin embargo, le tenemos fe al efecto placebo de una substancia que inyectada no nos inmuniza pero, según nos dicen, hace que la enfermedad no sea tan severa y no morimos. Le tenemos fe al cubrebocas, al gel-alcohol, a los tapetes sanitizantes, pero seguimos defendiendo la rutina social, las interacciones frecuentes y cercanas, porque la fiesta sigue, como el virus que flota en la saliva que expulsamos al hablar, estornudar o toser. La sana distancia se observa pero no todo el tiempo.

La política de prevención y combate a la enfermedad en México ha tenido un serio obstáculo debido a la carencia por décadas de la infraestructura y los recursos personales y materiales de salud, agravada por enfermedades en grado de epidemia como son la obesidad, sobrepeso, hipertensión, enfermedades coronarias, tabaquismo, entre otras que bajan la defensas del organismo y lo hacen vulnerable a cualquier bicho. Y por eso estamos como estamos.

La lucha sanitaria se ha convertido, desde el principio, en lucha política contra el actual gobierno, contra el presidente y sus colaboradores, contra el sentido de los cambios que ha impulsado, como la lucha contra la corrupción y el derroche de recursos públicos, donde el sector salud ha sido uno de los más afectados y que ahora se nota con claridad.

A nadie en su sano juicio se le puede ocurrir que con cierres de fronteras, con aislamiento de ciudades se pueda evitar la proliferación de un virus, sin embargo algunos países y regiones han dado en restringir el tránsito en sus fronteras, en determinados sectores de la ciudad o la región, hasta el punto de exigir un comprobante de vacunación que no inmuniza, que no impide los contagios ni la enfermedad. Un virus respiratorio podrá estar donde haya alguien que respire.

Hemos desarrollado una especie de pensamiento mágico, de creencia mística en torno a la pandemia, sin reparar que en la naturaleza la única certidumbre viene del conocimiento basado en el estudio y la experiencia. Pero no lo entendemos, porque tenemos fe en la prensa, en la declaración de “expertos”, en los rumores de pasillo, de redes sociales, de sicarios informativos o legales que por la vía de la demanda suponen que el problema, que es esencialmente de salud y ecológico, se va a resolver.

El chivo expiatorio de la oposición prianista puede ser López-Gatell, pero el problema es que un virus es inmune a las demandas penales y a las acusaciones por negligencia. Como que ya va siendo hora de razonar y replantear el problema con seriedad y dejarnos de mamadas.


viernes, 14 de enero de 2022

Todo es cuestión de apariencia

 

“Más vale ser vencido diciendo la verdad, que triunfar por la mentira” (Mahatma Gandhi).

 A veces pienso que estamos en un mundo agresivo poblado por una sociedad de plastilina, algo sin forma y propósitos definidos sujeto al humor del día, anclado en arenas movedizas que sólo obedecen a la tendencia del día y el consumo de pánico viral.

Caemos por el propio peso de nuestras compulsiones, caprichos, arrebatos autodestructivos y, como se puede suponer, sensibilidad a tope, autoestima que depende de la opinión o actitudes externas atrapadas en lo que se supone políticamente correcto, algo así como un barco de papel en medio del torbellino envolvente del desagüe del sanitario.

En este caso, parece que la gente tiene la consistencia del mazapán, hechos para mirarse de lejos, vulnerables ante cualquier presión o frustración y siempre al borde de terminar hechos polvo por culpa “de los demás”. Aquí cualquier opinión en contra o simplemente distinta a la propia es razón suficiente y necesaria para sentirse ofendido y atacado, la verdad es ofensiva cuando no peligrosa y la realidad es suplantada por la apariencia.

Se aspira a una sociedad libre, democrática en lo que cabe, incluyente y libre de prejuicios y ataduras que afecten “el libre desarrollo de la personalidad”, entendido como el triunfo del poder soberano de la subjetividad sobre las limitaciones de la objetividad, porque ¿para qué sirve el “es” cuando tenemos el “quiero”.

En este punto, podemos ser capaces de enfrentarnos a la realidad y rechazarla por no encajar en nuestros deseos y expectativas, ya que negar la naturaleza de las cosas puede ser eventualmente placentero, gratificante para el individuo, pero la realidad no es terreno de chantajes, amenazas o sobornos.

Pero usted se preguntará a qué viene este rollo, y le comento un caso curioso.  Recientemente la creadora de Harry Potter, J. K. Rowling, fue duramente criticada por haber manifestado que una mujer transgénero no era realmente una mujer, y la censura llegó al grado de que los chicos del elenco de su famosa saga la criticaron por su opinión, así que optó por no asistir al publicitado reencuentro de los protagonistas.

Parece que la Santa Inquisición resucita por razones de sexo (la narrativa oficialmente sostenida por el mundo anglosajón prefiere la palabra “género”) y está fuertemente inclinada a desacreditar y quemar con leña verde a los herejes, a los críticos de la nueva moralidad basada en la emotividad e inclinaciones de los sujetos y que ahora se ha convertido en precepto legal en varias naciones de Occidente.

Sin duda, cualquier ser humano merece respeto, pero la idea de sí mismo no necesariamente debe influir en el criterio del resto de la humanidad; pero, siguiendo con el caso referido, la afirmación de la señora Rowling se basa en la evidencia biológica de que una mujer es anatómica y fisiológicamente distinta a un hombre y segrega hormonas que le aportan características distintas y propias de su sexo.

Ahora, si algún hombre se percibe como mujer y recurre a la terapia hormonal, a la cirugía plástica que le quita aquí y le pone allá, no por eso biológicamente es una mujer. ¿Una mujer transexual puede menstruar y embarazarse? Hasta el momento, la ciencia médica no ha llegado al punto de corregirle la plana a la naturaleza.

El hecho de que la sociedad establezca o modifique normas legales en favor de los derechos de las minorías no modifica en absoluto la realidad objetiva de que el nacimiento de un hombre o una mujer sigue siendo un asunto biológico, y no necesariamente legal.

Por otra parte, los derechos humanos son de carácter general y no producto de subjetividades, caprichos o situaciones personales, sino sociales e históricas, y deben sustentarse y responder a las necesidades de los seres humanos en un contexto social determinado, como lo son, por ejemplo, los derechos de la infancia, de la mujer, de la tercera edad, o de los discapacitados.

El atacar a alguien por la expresión de sus ideas y convicciones es contrario a la pluralidad, el respeto y la tolerancia conque se deben recibir las opiniones que difieren de las nuestras; de otra manera nos encontraríamos en una sociedad autocomplaciente, sectaria, excluyente y represiva, La tolerancia debiera ser de doble vía, tanto para quienes defienden como para los que cuestionan a los hombres que se sienten y asumen como mujeres.

J. K. Rowling expresó libremente su opinión y fue acusada de “transfobia”, ganando la eliminación de su nombre en uno de los edificios de la escuela Boswells de Chelmsford donde estudió, además del repudio de los actores principales de Harry Potter, lo cual constituye una falta de respeto y un ataque a su libertad de expresión (El Universo/entretenimiento, 7-01-2022).

En este punto, es necesario preguntarse si estamos en una sociedad donde va a predominar una especie de imperialismo sexual, de ideología basada en una concepción rara y opresiva de lo que son los derechos humanos, apuntalados en lo que se ha dado en llamar el “libre desarrollo de la personalidad”, pero que no acepta opiniones distintas y excluye a los que disienten.

¿La imposición de ideas basadas en la conveniencia, aspiración o percepción de los individuos debe considerarse como algo generalizable y defendible como valor y necesidad social? ¿Las diferencias físicas entre hombres y mujeres, digamos el hardware humano de nacimiento, se debe cambiar a voluntad, someterse a asambleas o definir en los juzgados? Parece que la esfera de lo personal e íntimo se sobrepone a lo biológico, lo público y social. Veremos en qué termina este asunto, sin olvidar que la regla de oro en las relaciones humanas debe ser el respeto a las personas y la tolerancia a las diferencias.

 


martes, 11 de enero de 2022

La enfermedad y las ojeras del pescado

 

“Hay mucho que decir a favor del periodismo moderno. Al darnos las opiniones de los ignorantes, nos mantiene en contacto con la ignorancia de la comunidad” (Oscar Wilde).

 

 Nadie sabe a ciencia cierta (la ciencia, por cierto, está de vacaciones y en su lugar están los boletines de las farmacéuticas y los buenos oficios de la prensa asalariada) qué pasa con las variantes del virus que actualmente anda en boca de los sufridos ciudadanos que buscan protegerse del mal que se respira en el contacto con vecinos, amigos o colegas.

Resulta que las vacunas disponibles no inmunizan, pero se nos aclara que simplemente actúan como amortiguamiento de los efectos severos de la enfermedad ocasionada por el bicho de todos tan temido. Algunos hablan de la inmunidad de rebaño, concepto venerable que a veces es desestimado por voceros autorizados, por aquello de que la epidemia es cosa seria, más allá de las explicaciones de los biólogos e inmunólogos y ahora en manos y boca de los epidemiólogos con capa y chistera y en horario estelar.

Tenemos una batería de vacunas (sic) que no inmunizan, que requieren nuevas dosis de refuerzo, que sus efectos duran seis o tres meses, que el sistema inmunológico humano parece estar también de vacaciones y se requiere con urgencia un agente externo producto de laboratorio para que las defensas naturales puedan proteger la integridad física y emocional de la población.

Al inicio de la contingencia sanitaria se tomaron medidas extremas de confinamiento, de limitaciones fuertes de la movilidad, de suspensión de actividades educativas, de labores con carácter “no esencial” y se estableció un semáforo epidemiológico al que la sociedad tenía que obedecer, so pena de una multa en salud y libertad; se reactivaron parcialmente las actividades comerciales, espectáculos y lugares públicos.

Poco después se dio la buena nueva de las vacunas e iniciaron las campañas masivas de vacunación, con lugares, horarios y edades establecidos según un plan nacional. Pronto se convirtió en exigencia la comprobación del pinchazo en esquema “completo”, para dar paso a los refuerzos, y a la paranoia internacional del “pasaporte verde”.

Pero a pesar de los esfuerzos oficiales la epidemia sigue tan campante, cosechando éxitos y aplausos por parte de las compañías farmacéuticas, de sus distribuidores, de la medicina privada y los laboratorios de pruebas para detectar al bicho que produce la enfermedad, y con ello la exigencia en algunos lugares del respectivo comprobante.

No ha faltado el médico que declare solemnemente sobre la calavera de Hipócrates o Galeno que el resfriado o la alergia estacional debe ser considerado Covid hasta que se demuestre lo contrario. ¿Primero matas y después viriguas?

Las cifras de los contagios y las muertes por la pandemia arrasan en el Hit Parade de la atención mediática, dejando para más tarde las correspondientes a los recuperados, los muertos por otras causas consideradas normales de la temporada o el ciclo anual. Ocultos quedan los decesos por cáncer, infartos, diabetes, accidentes diversos, violencia intra y extrafamiliar, crimen organizado o desorganizado, y el etcétera que usted guste y que consta en las estadísticas anuales de cualquier país.

Primero se nos dice que la infancia está libre o casi libre de contraer la enfermedad por contar los pequeños con un buen sistema inmunológico, luego aparecen reportes del número creciente de los contagios que afectan a población infantil, por lo que se recomienda vacunar a la primera provocación.

Se cierran las escuelas y ahora se nos convoca a acudir a los planteles, con la misma lógica de cierre de los comercios y su posterior apertura, porque todo es cosa de tomar las precauciones de rigor y, desde luego, aplicarse la vacuna.

En medio de este, digamos, reseteo económico global, emerge como solución el teletrabajo, la vida virtual, el uso de las redes, con música y aplausos para los proveedores de cachivaches electrónicos y del gigante informático propiedad de Bill Gates, ahora metido a dar consejos y pronosticar el curso de la epidemia.

Lo que tarda en aparecer es una explicación lógica, coherente del curso de la pandemia, si lo es o no lo es, de acuerdo con el rigor científico y de acuerdo con sus características y desarrollo, sin el sesgo que puede producir la injerencia e intereses de las grandes compañías transnacionales del negocio farmacéutico y la bolsa de valores.

¿Será que el manejo mediático del coronavirus que salió de algún recóndito lugar en 2019 nos ha estado haciendo verle las ojeras al pescado y no hemos tenido ni el tiempo ni la calma para analizar de cerca y con ojo crítico el problema?

¿No es tiempo de analizar las cosas y hacernos la pregunta que normalmente es obligada en cualquier investigación donde hay intereses comerciales y políticos de por medio: a quién beneficia este desmadre? ¿Quién o qué posee los medios y el poder para generar el caos a nivel internacional?

En cualquier caso, no se trata de negar el problema sino de plantearlo de manera correcta y precisa, si es que lo queremos resolver. En este punto, vale decir que el miedo y la ignorancia no ayudan para nada. Veamos las cosas como son.

    

viernes, 31 de diciembre de 2021

La pobreza de todos tan temida

 “No podemos estar en modo de supervivencia. Tenemos que estar en modo de crecimiento (Jeff Bezos).

 

Según especialistas, la pobreza azota Sonora, lo hace como si el estado se hubiera portado mal y, nalgas al aire, estuviera recibiendo el castigo merecido por haber tenido un gobierno no sólo adicto al dinero del pueblo sino a los gastos suntuarios y al goce de privilegios y complicidades con emprendedores de apellido conocido, o por conocer.

Los gobiernos neoliberales dejaron una cauda de riquillos sebosos con aires de intocabilidad que da asco, como si tuvieran en la frente la etiqueta de “no tocar” y, en todo caso “manéjese con cuidado”, con dedicatoria expresa a las autoridades jurisdiccionales y a la prensa que nos informa de lo que debemos saber, cuando y cuanto conviene que se sepa.

Los pobres han aumentado como aumentan los bienes terrenales de quien se acoge al erario sin muchos remilgos ni escrúpulos de conciencia, de suerte que se puede establecer una liga entre la abundancia y la inmoralidad.

El panorama de la pobreza asusta a muchos y preocupa a los que tienen alguna posición de autoridad, sobre todo cuando el éxito de la oferta política depende de la capacidad que se demuestre para reconocer y resolver problemas.

La prensa reporta los informes de especialistas que afirman que la pobreza crece en Hermosillo, que el estado cuenta con un considerable número de pobres, con acento en algunas zonas geográficas donde es más crítica la situación; también se reconoce que ciertos sectores sociales sufren con mayor intensidad problemas de insuficiencia o carencia de recursos para subsistir, como es el caso de los adultos mayores.

Se reconoce que la pandemia afectó seriamente al comercio y al empleo formal, que tuvieron que cerrar miles de pequeños comercios y que el desempleo subió por la contingencia, pero que han surgido nuevas formas en la oferta de bienes y servicios.

Por otra parte, la epidemia ha hecho que ciertos países reduzcan la movilidad interna y externa mediante prohibiciones expresas o los llamados pasaportes verdes; algunos vuelven a exigir el uso del cubrebocas en espacios abiertos, y la aplicación de tres o cuatro dosis de la vacuna, aunque se reconoce que la eficacia disminuye a los pocos meses.

Sin embargo, la necesidad de seguir figurado en el mapa del comercio, ha impulsado a los negocios a buscar espacios abiertos así que, por ejemplo, en España menudean las terrazas aledañas a los establecimientos tradicionales, y los franceses han decidido tomarse un día libre de cubrebocas los domingos, como si el virus funcionara solamente en días hábiles.

En el estira y afloja internacional, nuestro país navega con aceptable flotabilidad, a pesar de los malos augurios de expertos en cuestiones de dinero que anuncian que EUA y el mundo deben prepararse para una caída a niveles de recesión, con la consideración de que ya no será tan fácil manejar la macroeconomía como antes de que se cayera en cuenta de que el sistema había legado a niveles críticos nunca vistos.

Al parecer, a alguien se le ocurrió que lo que se necesitaba era una especie de purga de caballo, algo que removiera la porquería acumulada durante al menos cuatro décadas de intenso saqueo mundial de recursos naturales, de reacomodo del mapa de las naciones, de subidas y caídas de gobiernos y de secuestro de pueblos merced al terror y la coacción. Una purga que actuaría como reseteo económico en respuesta al desmadre capitalista global.

Un habilidoso manejo de la pobreza como medio de control social reforzado con la inseguridad y la zozobra sirven de maravilla para reconfigurar el mapa mundial de la subordinación de las naciones al gran capital, así como la trivialización de la vida y dignidad humanas a niveles de caricatura, de parodia o farsa, según como se vea.

Thomas Robert Malthus decía en 1798 que el crecimiento de la población superaba por mucho el crecimiento de la economía, de suerte que llegaríamos a un punto en que ya no se podrían satisfacer las necesidades de una población en aumento.

La reducción de la población como “purga de caballo” social de emergencia tuvo en tiempos de Malthus la salida de las guerras, las hambrunas y las enfermedades, pero los años acumulados de paz y progreso, el descubrimiento de nuevos medicamentos y el aumento en la esperanza de vida, hacen que una variante de la idea de la purga surja en las más reputadas voces contemporáneas, como por ejemplo Bill Gates.

Así pues, Mr. Gates anunció en la Conferencia TED de 2015 que la próxima amenaza mundial no sería nuclear sino epidémica; el mundo estaría en peligro y morirían millones de personas debido a los contagios de un virus cuyo comportamiento sería parecido al de la influenza porque se desparramaría en el aire con gran velocidad, saltando de un país a otro; asimismo cabe recordar que en 2010 había señalado la sobrepoblación como un problema global.

Curiosamente el magnate informático tiene fuertes inversiones en medicamentos basados en ARN mensajero desde 2014, marcando la pauta internacional con la que ahora se enfrenta al coronavirus.

Parece que el nuevo campo de inversión (sin duda humanitario) es el de las vacunas, cuestión que ya se veía desde antes de que apareciera la epidemia de Covid. Pero bueno, ¿se puede pensar que la epidemia será la llave del reseteo mundial o simplemente suponer que es algo aparte de los negocios? De todos modos, ¡feliz año 2022!


sábado, 25 de diciembre de 2021

Que alguien haga algo

“El dinero no es la vida, es tan solo vanidad” (Luis Alcaraz).

 

Se siente en el aire el aroma de la Navidad, del despilfarro largamente temido y, sin embargo, deseado como se desea un seis o 12 de cervezas o una botella de licor, a sabiendas de que al día siguiente las cosas probablemente no van a lucir tan placenteras.

Basta oír en las calles los reclamos de los vendedores, la música ambiental navideña que mete en nuestro cráneo las letras y sonidos de importación que, en un idioma tan comercial como es el inglés, nos hablan de amor, paz, nieve, frío y calor de hogar.

Al mismo tiempo el comercio organizado e informal se prepara para dar el salto del tigre decembrino y ya se empiezan a dar cifras alentadoras que apuntan a una recuperación cercana al 80 por ciento.   

El aguinaldo, tantas veces deseado y reclamado en las gestiones privadas e incluso en la lucha por los derechos laborales y la seguridad social, ve su realización instantánea en las tiendas de conveniencia, en los supermercados y cadenas comerciales, en los comercios del centro de la ciudad, en las infinitas ofertas en línea, en los reclamos familiares, y en las exigencias de los acreedores. La bonanza decembrina es efímera e intensa, como un abrazo helado al abrir el refrigerador.

Para el entusiasmo alcohólico se cuenta con el antídoto de los filtros recaudatorios que pasan por ser medidas preventivas de accidentes eventualmente fatales, y seguramente el tránsito nocturno por la ciudad será una especie de deporte de alto riesgo.

En este contexto celebratorio, de reuniones familiares o de amigos, se cierne la sombra del virus, del microbio aguafiestas que le pone sabor al caldo de las precauciones ciudadanas desde hace casi dos años.

El comercio reclama la presencia de los clientes, las calles son el caldo de cultivo de los negocios pequeños, de las oportunidades ambulantes, pero al mismo tiempo la red de la araña que espera victimas que exprimir hasta la médula; en este ambiente todo el que tenga nariz, boca y respire es candidato para contagiarse o contagiar.

El optimismo sanitario cuenta los días de la paradoja con aires de broma estudiantil: tienes que vacunarte pero una dosis no basta, deben ser dos y luego un refuerzo; además, hay que considerar que la vacuna pierde efectividad a los seis meses.

Cuando casi todo mundo tiene su pinchazo resuelto, viene don Bill Gates, el dueño de Microsoft que marca la línea epidemiológica, a decirnos que la variable Ómicron llegará a cada uno de los hogares, como una versión microscópica de Santa Claus que dispersa su mensaje viral donde el amor y la paz están ausentes, como está presente la sospecha del control demográfico y la disposición de “cambiar libertades por seguridad”. Lo que esto quiera significar.

El “sospechosismo” apunta hacia una dictadura sanitaria que se alimenta del miedo y la desinformación, de las verdades a medias y de la manipulación mediática, el juego de emociones con aliento y frustración en calculada sucesión que penetra en la mente y configura una nueva sociedad-rebaño colgada del hilo de la industria farmacéutica.

A casi dos años de la voz de alarma mundial por la pandemia y la aplicación de medidas que debieran evaluarse con seriedad, no se sabe a ciencia cierta el origen del bicho, tampoco se ha establecido con claridad la curva de su desarrollo y menos un remedio oficialmente reconocido como de uso seguro y efectivo.

Sin embargo, la industria farmacéutica reporta ganancias extraordinarias, los gobiernos optan por tomar medidas restrictivas de la movilidad ciudadana, en países como EEUU se vuelve exigencia “patriótica” la vacunación sin reparar en el hecho de que las actuales no inmunizan, es decir, no impiden los contagios y porque se sigue propagando el mal.

A pesar de la evidencia de la poca capacidad de la vacuna para evitar la transmisión del virus, incluso se exige el llamado pasaporte sanitario; se cierran fronteras total o parcialmente mientras el mundo rebota en el bache de la realidad que nos empeñamos en negar.

Casi llegamos al fin de año, y el festejo debiera llamarnos a repasar críticamente lo que hemos vivido, y a los científicos a enseriarse respecto al problema con el que lidiamos como humanidad más allá de los fines e intereses de las multinacionales, por lo que así como nos felicitamos por las navidades esperamos hacerlo cuando alguien haga algo por encontrar respuestas útiles y restablecer la paz y la tranquilidad en este mundo, no a costa de las libertades sino justamente por ellas.

 

 

 

  

domingo, 19 de diciembre de 2021

Hablemos de corrupción

 “Si no peleas para acabar con la corrupción y la podredumbre, acabarás formando parte de ella” (Joan Báez).

 

Según el Diccionario Panhispánico del Español Jurídico, corrupción es el “comportamiento consistente en el soborno, ofrecimiento o promesa a otra persona que ostenta cargos públicos, o a personas privadas, a los efectos de obtener ventajas o beneficios contrarios a la legalidad o que sean de naturaleza defraudatoria”.

Últimamente el tema se ha abordado de acuerdo con diferentes ópticas e intereses donde los opinantes denuncian y atacan, mientras que otros disimulan, matizan y hasta justifican los actos y consecuencias de la corrupción, según sean, o no, sus beneficiarios.

Sin embargo, son pocas las expresiones autocríticas que ponen de relieve la corrupción en la sociedad como totalidad interactuante; la conducta se describe en el otro, en el ajeno y distante pero que puede mancillar la propia integridad. Gozamos de la ficción de que la corrupción es de otros, siempre de otros.

En la mayoría de los casos la asociamos a la esfera pública y, recientemente, la figura del fideicomiso se reveló como la bolsa que arropa intereses privados, individuales o de grupo; también la encontramos en las subrogaciones de servicios, en la tercerización del trabajo, en el tortuguismo burocrático que se agiliza a cambio de un estímulo, y en el proceso electoral donde se comercia con el voto.

En el ámbito educativo tenemos los estímulos, los bonos y premios con dedicatoria especial para las clientelas que se generan gracias a los recursos que alimentan la influencia de camarillas académicas y sindicales.

Tenemos que los programas institucionales de tortibecas o tortipuntos son una forma meritocrática que termina concediendo puntos a la simulación a costa de evadir la responsabilidad salarial y la probidad profesional, lo que dificulta la transparencia del ingreso al factor trabajo y la posibilidad de fiscalización y gravamen, además de transformar un derecho en un logro individual condicionado a ciertos requisitos.

Las cuentas de la transparencia salen tan cortas como larga es la red de complicidades y dependencia que se crea en torno al estímulo monetario.

Así pues, tanto en la administración pública como en los sindicatos ciertas prerrogativas pueden ser fuente de ganancias privadas. Un sindicato que gestiona y administra recursos pronto termina generando clientelas que, antes que luchar por la independencia y objetivos de su organización, lo hacen por la camarilla que controla los recursos y favores.

Las instituciones, públicas, sociales o privadas donde el disfrute de su bonanza patrimonial se pone a disposición de particulares a cambio del silencio e incondicionalidad de los favorecidos son esencialmente corruptas.

En este caso, la corrupción es parte activa y esencial de la prostitución institucional en cuanto a que se persiguen fines ajenos a su propósito legal. Se puede decir que en la corrupción triunfa el Mercado sobre el Estado.

Lo anterior ocurre cuando las entidades públicas, que representan la acción gubernamental encaminada hacia el bien común, dirigen subrepticiamente sus objetivos hacia el bien privado, así que se corrompen porque se privatizan.

La corrupción supone un cambio ilegítimo en la misión y metas de las instituciones, es decir, una alteración negativa de su deber ser.

Concluimos que la privatización de lo público es, necesariamente, un acto de corrupción, y en eso justamente hemos caído como país, como queda claro en materia de comunicaciones, banca, energéticos, minería, salud, biodiversidad, trabajo, migración y el dominio del capital privado extranjero en actividades estratégicas de la nación, incluso en la toma de decisiones y la impartición de la justicia.

En el ámbito político-electoral, los partidos que no trabajan en la línea de un programa al servicio de la nación y que se dedican a buscar posiciones y empleos, prerrogativas y beneficios económicos son un buen ejemplo de corrupción en el que venció el mercado sobre la función y la responsabilidad pública.

Asimismo, los legisladores que apoyan normas que permiten la explotación de recursos en beneficio del capital privado afectando el patrimonio y la soberanía económica nacional, son corruptos.

En este contexto, se puede decir que si tal es el contenido de la lucha y denuncias de López obrador, debemos apoyar sus esfuerzos.


domingo, 12 de diciembre de 2021

Malas comparaciones

 “Las ilusiones no son una política pública sólida” (Bjorn Lomborg).

 

Estamos viendo que algunas actividades del Ayuntamiento de Hermosillo parecen apuntar en la dirección correcta. Son pequeñas acciones que resuelven sin mucha estridencia viejos problemas y dan esperanza a la ciudad y el municipio.


Abrir una vialidad cerrada “por las pistolas” de algunos vecinos es un acto de recuperación de una calle, y revisar la plantilla de personal y congelar algunas plazas genera ciertas resistencias que pueden y deben ser vencidas con el concurso del sindicato del Ayuntamiento, quien tiene un papel y una voz relevante en estas y otras acciones que afecten los derechos de los trabajadores municipales.

Las ideas que contribuyan al ahorro en el servicio de luz eléctrica mediante la instalación de paneles solares abren una ventana al futuro y, desde luego, a tener un gobierno menos costoso; sin embargo, ahorrar a costa de los trabajadores revela, o sigue haciéndolo, la cara sin maquillaje del neoliberalismo que nos tiene jodidos como país, estado y municipio.

Las expectativas de un ayuntamiento que funcione y que lo haga en el terreno de lo real y no sólo en las páginas de los periódicos son sentimientos recurrentes, porque las experiencias con otros emanados del PRI o el PAN han sido tremendas, de relumbrón, de mucho ruido y pocas nueces que, generalmente, son repartidas entre los ganones con apellido conocido o por conocer.

Gracias al cansancio y a la confianza que genera la figura de López Obrador se pudo trepar a la alcaldía la padresista Célida López, por lo que en la práctica padecimos un trienio panista con maquillaje de Morena, partido que aún no conocemos en el gobierno municipal, sólo la versión patito que vimos.

Quizá gracias a la fea impresión recibida, la ciudadanía decidió votar por el mamotreto político que postuló al ciudadano Antonio Astiazarán, y que hizo posible la vuelta electoral del Prian.

En apariencia, se está trabajando en algunos aspectos de acuerdo con lo que se espera de un ayuntamiento, pero la experiencia indica que no es recomendable confiarnos. En la medida en que los ciudadanos vigilen el ejercicio de las funciones públicas las cosas pueden ir bien o, al menos, no empeorar.

Ciertamente las comparaciones son malas, pero parecen inevitables e incluso necesarias para el bienestar de una población acostumbrada a que la engañen, roben, insulten, ninguneen y manipulen, pero que está aprendiendo a valorar su voto y hacer la diferencia.


El municipio es el espacio donde se ve en vivo y a todo color la verdadera dimensión de la democracia y el buen gobierno. Es el lugar privilegiado de la vida comunitaria, del ejercicio de la ciudadanía que toma parte activa en la lucha por el bien común.

En un país con estructura federal, el municipio ocupa el lugar más cercano a la gente, porque es justamente donde se originan los problemas y se deben ofrecer las soluciones. Es claro que al municipio se le gobierna mediante la buena administración de los recursos y la oferta oportuna y suficiente de los servicios públicos.

El Estado es más próspero en la medida en que sus municipios sean fuertes, autosuficientes y capaces de proporcionar los mínimos de bienestar a su población, porque el sentido de pertenencia y la identidad regional y nacional se genera en el municipio.

Esperemos que este gobierno ponga algo de orden en el desbarajuste acumulado que padecemos, y que al menos no aumente el de por sí grave estado de las finanzas públicas, la inseguridad y la pobreza que azotan la ciudad y el espacio rural que debe ser fuente de riqueza y progreso en el corto o mediano plazo.

Hermosillo cuenta con un área rural y turística que debe conservarse y aprovecharse cabalmente; la zona costera es fuente potencial de energías suaves, sea por la fuerza del movimiento de las olas, el viento o la luz solar, aprovechables de cara al futuro que, al parecer, ya nos alcanzó.

En ese sentido, el municipio merece contar con una administración pública con sentido común, honesta y progresista, cuestión que aún se espera de Morena tomando en cuenta la triste historia de la pasada administración que pudo haber sido y no fue.

Pues sí, sabemos que las comparaciones son malas, pero la ciudadanía está por comparar y decidir. Ese es el juego de la democracia.