Conspiración en Pémex

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miércoles, 18 de marzo de 2015

18 de marzo

                                                                                             Nescire quid antea quam natus sis acciderit, id est semper ese puerum
                                                                                   (Desconocer lo que ocurrió antes de que tú nacieras es ser siempre un niño).
                                                                                                                                Cicerón



Día 18 de marzo, fecha conmemorativa de la expropiación petrolera. La noticia del despido de Carmen Aristegui ha ocupado la atención de las fuerzas sociales y el 77 aniversario petrolero pasa de noche. A nadie se le ocurrió convertir la fecha en un detonante contra la obscena entrega de nuestros recursos. Los impulsos de la organización social han caído en garras de la eventualidad, así que nuestra historia política y las conquistas del pueblo mexicano tendrán que esperar algún hueco informativo. Al parecer nos ha ganado la reivindicación de un derecho frente a la defensa de la soberanía nacional.

Si bien es cierto que la solidaridad en defensa de un derecho es básica para la coexistencia y sana convivencia social, no significa que los hechos que han afectado a la nación durante la triste etapa neoliberal no deban dimensionarse, poner en perspectiva histórica y en todo caso, ocupar un lugar en las prioridades de las fuerzas sociales.

Las reformas neoliberales de la decena trágica del panismo y ahora los años de tele-gobierno de Peña Nieto, han golpeado la conciencia nacional y han puesto en posición de extrema vulnerabilidad no sólo derechos fundamentales de los ciudadanos en lo laboral y lo político y cultural, sino en nuestra concepción del deber ser social y patrimonial mexicano. 

La entrega de los recursos nacionales entre los que destaca el petróleo y se anticipa el agua, afectan seriamente nuestras expectativas de progreso y bienestar, cuyas consecuencias se presentan en forma de contaminación de la tierra y el agua así como focos de violencia criminal que desencadenan movimientos de expulsión de las zonas rurales,  acabando con la economía campesina y reduciendo sustancialmente la autosuficiencia alimentaria nacional. 

En este contexto, la simulación y desinformación se complementa con la manipulación informativa en aras de controlar la opinión pública y distraer a los luchadores sociales, trivializando la protesta, atomizando la resistencia y desalentando la organización ciudadana. En ese sentido, la labor del periodismo honesto y objetivo es invaluable.

Es justamente en este momento cuando debemos guardar las proporciones entre lo histórico y político y la justicia y legalidad de las acciones del gobierno y los particulares, concediendo a cada cual su lugar en el entramado de derechos y obligaciones que nos hacen y distinguen como sociedad civilizada. Ni el gobierno debe ser omiso en sus obligaciones ni los agentes privados deben asumir que el poder del dinero suple la autoridad de la ley.

En un país donde la ley se viola de manera viciosa y reiterada, la ciudadanía debe ser particularmente vigilante de las formas sin dejar de ver el contenido de cada acción y reacción del poder formal y el fáctico. En tal virtud, la lucha por los derechos ciudadanos debe ser complementada con la más objetiva e informada dimensión histórica de los hechos, a fin de detectar tanto distractores como mecanismos de manipulación, disuasión o provocación. La oposición al neoliberalismo en el poder está obligada, por tanto, a actuar sin dejar flancos a merced de los embates de la derecha extranjerizante y apátrida.

El día de la conmemoración del 77 aniversario de la expropiación petrolera, el país no se incendió, no hubo marchas multitudinarias, no se llamó a la huelga general contra las reformas que destilan traición y entrega al extranjero. No cayó ningún gobierno y no se reescribió la historia de los usos y abusos del poder. Las luchas y reclamos sociales cubrieron su cuota de vigencia en forma atomizada, dispersa, sin pena ni gloria, aunque demostrando su potencial y su indeclinable sentido de solidaridad contra las injusticias cometidas o solapadas por éste y el anterior gobierno.

El problema de la pérdida de las proporciones históricas de los fenómenos permite que la enajenación sea parte de la vida cotidiana de los actores sociales, de suerte que las acciones a favor de una causa tiendan a ocultar cuando no diluir y minimizar agravios de carácter político trascendental. Nos solidarizamos con Carmen Aristegui pero olvidamos la pérdida de nuestros recursos petroleros.

En la medida en que las fuerzas sociales maduren y sean más conocedoras de nuestra historia, adquieran más cultura política y generen dinámicas enfocadas a dar cuenta de nuestros problemas nacionales, más posibilidades habrán de construir verdaderas agencias de cambio y transformación económica, política, social y cultural. Sólo en ese momento, la existencia de los partidos políticos de izquierda tendrá verdadera consistencia teórica y práctica para ser una opción progresista y revolucionaria.

Mientras tanto, la acción social de oposición dará tumbos dentro de los estrechos márgenes que el propio sistema establezca, sea en forma evidente o subrepticia, mediada por la prensa escrita y electrónica a su servicio, por las acciones de hecho que impulse el gobierno y los mecanismos de control civil que violenten el derecho y criminalicen la protesta y la libre manifestación de los opositores al sistema.


Queda claro que la organización social y política transformadora debe contar con sus propios recursos de comunicación y propaganda que informen, orienten y organicen las acciones de los ciudadanos que aspiren a mejores condiciones de vida en el presente y el futuro. En este sentido, el periodismo como instrumento de la transformación social contribuye a la creación de mejores condiciones para el cambio. 

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