Conspiración en Pémex

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jueves, 6 de enero de 2011

En el trapecio

Mural de Economía-UNISON
Las instituciones educativas sufren de problemas digestivos cuando la dieta a la que están acostumbradas cambia y se convierte en una masa indigesta de medidas presupuestales que cobran distancia respecto a sus fines esenciales. La neoliberalización de la educación pasa por la imposición de formatos, controles de egresos y priorización de construcciones y equipamiento sobre la labor de cada maestro: la docencia resulta ser una actividad que, pese a su cotidianeidad, figura al final de una cada vez más larga cadena de operaciones y procedimientos administrativos que insisten en retroalimentarse con informes, evaluaciones y juntas de trabajo con finalidades oscuramente ligadas a la elaboración de nuevos formatos y controles. Hablar del proceso de enseñanza-aprendizaje es fácil, siempre y cuando el expositor se apoye en el nuevo formato o plataforma que sugiere la modernidad periférica en boga. El profesor en activo no tiene mucho margen de maniobra y el aula se convierte en el escenario del drama educativo donde se lucha por la sobrevivencia de la inteligencia y contra las medidas burocráticas que la dificultan.


En el plano gubernamental, la noticia de que Jorge Luis Ibarra Mendivil ha sido nombrado Secretario de Educación y Cultura del gobierno panista de Sonora, contribuye a reforzar la idea de que la visión neoliberal en educación se fortalece.

Este era un gato con los piés de trapo...
Ibarra, antiguo simpatizante juvenil trotskista, se sumó al carro del priismo por conveniencia en el despegue de su carrera, de la mano de Bulmaro Pacheco y de Manlio Fabio Beltrones, según las conveniencias del caso. Llegó a la rectoría del Colegio de Sonora y de ahí saltó a la rectoría de la Universidad de Sonora, con la misión de instrumentar la Ley Beltrones, orgánica de la institución. La Ley 4 instauró un régimen burocrático a tono con la corriente neoliberal imperante en el país, que se fortaleció una vez que el PAN llegó al poder. Con los cambios de siglas del PRI al PAN, Ibarra se pintó de azul y dedicó sus esfuerzos a la meritocracia partidista de derecha donde ha desempeñado diversas posiciones.

No se puede negar la capacidad de adaptación de Ibarra a los tiempos políticos, por lo que dibujarlo como un trapecista con olfato coyuntural es justo. Pudiera decirse que su travestismo político ha sido la expresión de su inteligencia oportunista, sin negar las cualidades y talento para vestir los nuevos disfraces que sus aspiraciones requieren para permanecer vigente. Sin duda es un buen elemento, en los tiempos en los que las convicciones políticas e ideológicas resultan ser un peso muerto en la acción concreta de las personas, ahora impelidas a cambiar de careta de acuerdo al guión subsistencial en turno.

La inteligencia hedonista de Ibarra seguramente contribuirá a reforzar la confusión estructural del panismo hecho gobierno en Sonora, ahora caracterizado por una ignorancia digna de encomio y fanfarrias acerca de los rudimentos de la administración pública. Por lo que se ha visto a la fecha, el gobierno de Padrés Elías no atina a dilucidar los misterios del gobierno en acción, los vericuetos de la información para la toma de decisiones, los intríngulis de la planeación del desarrollo y las complejidades del manejo presupuestal. Pero en su descargo, se puede decir que ha demostrado talento para los negocios y que los apellidos de siempre han logrado no pocas ventajas con el “Nuevo Sonora”.

¿Hasta cuando?
Por supuesto que la esperanza muere a lo último y que la tendencia a conceder el beneficio de la duda a quien llega a un cargo público, se fundamenta en la premisa de que habiendo ganas, todo resulta al final. Suponemos que todo cambio implica progreso, aunque la realidad indica que no se trata de acreditar cualquier cambio como benéfico. Al respecto, recuerde usted el “cambio” ofrecido por Fox, y el desastre continuista de Calderón; ambos desastres nacionales signados por la expectativa del cambio, adobados con el argumento de lo nuevo, inédito, nunca-visto, lo histórico y otros sinónimos que dan la impresión de que nos movemos en la línea del progreso, sin que necesariamente la ruta seguida nos lleve a puerto seguro ni mucho menos con progreso y bienestar, han cambiado los parámetros de la legalidad y la decencia, la idea de logro y las expectativas de millones de mexicanos.

La naturaleza de los cambios, no el cambio como simple mutación de la apariencia, se habrá de revelar más temprano que tarde, aunque el pesimismo (objetivo y memorioso) recomienda sonreír ante la algarabía de lo “nuevo” y de la “experiencia” que avala a los actuales y futuros funcionarios. Al final, encontramos que el neoliberalismo es una caca envuelta en celofán.

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