Conspiración en Pémex

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sábado, 4 de diciembre de 2010

La mano que (no) mueve la cuna

Seguramente usted habrá oído o leído la frase “That never happen” (Eso nunca ocurrió), o “You never was here” (Usted nunca estuvo aquí) o “He never was here” (Él nunca estuvo aquí), cuando el agente gringo se dirige a otra persona y zanja la discusión con la desaparición de la realidad que resulta incómoda para el gobierno que, como nos han hechos saber, vigila al mundo para que sea un lugar “seguro”. La orden de borrar recuerdos y los hechos relacionados, supone una visión narcótica que justifica la atrocidad cometida a nombre de la “democracia” y que permite negar firmemente el asesinato, la manipulación, el fraude, la concesión criminal o la desinformación ciudadana, aunque la sangre chorree y pringue el escenario del suceso negado.


La televisión y el cine gringo nos han ilustrado acerca de las maravillas de la negación selectiva para los fines de la “libertad y la democracia”, pero la corroboración de que lo que aparece en pantalla no es cosa de la imaginación calenturienta del libretista, sino que resulta un retrato de la realidad y se nos ofrece a la vista y el entendimiento mediante los cables que revelan ahora los medios informativos, gracias a la acción insólita de Wikileaks, el portal de Julian Assange, acusado convenientemente de algún delito sexual de resbalosa comprobación.

Mientras que el mundo diplomático sufre de agruras, en el gobierno de Estados Unidos la expresión “The thing is not as it seems” (la cosa no es lo que parece) emerge del catálogo de las explicaciones oficiales como elemento retórico imprescindible para conservar el clima dramático necesario en la trama de “la protección del país y del mundo”, emprendida por Estados Unidos. En el guión de la novela costumbrista “uno contra los enemigos de la democracia”, la cornuda Secretaria de Estado, Hilary Clinton insiste en que las filtraciones de Wikileaks ponen en peligro la diplomacia internacional, los esfuerzos y las vidas de los que trabajan por la seguridad del mundo, aunque quizá sea esta una forma eufemística de decir que se le cayeron los pantalones al gobierno de Washington ante el azoro de una comunidad cada vez más manipulable.


Encuerado
 Las vergüenzas del emperador quedaron expuestas ante el pueblo parcialmente alienado y se requiere de una dosis mediática y diplomática que refuerce el argumento de “that never happen” o, en última instancia, el de “the thing is not as it seems”, de ahí que la señora Clinton se da a la tarea de tapar el sol con un dedo, moviendo los resortes lacayunos de los países que están en la órbita militarista y de la lucha contra el “terrorismo internacional”.

En el elenco de los gobiernos con problemas de solvencia moral y autoestima figura Francia, que busca eliminar el hospedaje de Wikileaks de sus servidores, en un acto que huele a hoguera inquisitorial cuando no de Fahrenheit 451. Si esto es una muestra de respeto a la libertad de expresión, entonces Barak Obama resulta digno poseedor del premio Nobel de la Paz según las normas del fascismo internacional. México, por su parte, se pone en plan de defender al gobierno de Washington señalando que las revelaciones “no representan” la opinión de Barak Obama, criticando la “ilegalidad” del acceso a la información.

La enajenación como sistema de relaciones nacionales e internacionales, supone la pérdida de la conciencia crítica, de la autoestima y, lo más grave, de la noción de identidad nacional. El truco funciona en la medida en que los países aceptan que la bota gringa oprima sus conciencias, su forma de gobierno y sus expectativas, con lo que Wikileaks pudiera resultar el medio de contraste que descubra la grave descomposición de la diplomacia internacional que la pone como sinónimo de prostitución internacional. El sistema de engaños y vejaciones que se administra desde Washington, permite que naciones “soberanas” renuncien a sus derechos y aplaudan, cuando no defiendan, las ofensas recibidas y al ofensor, negándose a hablar siquiera del asunto.

Así las cosas, Suecia, Francia, España, Argentina y México, entre otros, siguen a su manera el juego alienado de Estados Unidos, negando el contenido ofensivo de los comunicados diplomáticos gringos, o sirviéndoles de tapadera política mediante justificaciones lamentables en boca de los altos funcionarios nacionales, así como mediante acciones policiales tendientes a eliminar al incómodo medio por ser “ilegal” la forma en que obtuvo la información, independientemente de que su veracidad e importancia explicativa no sea cuestionada y sí pálidamente descalificada por estar “fuera de contexto”. Se da el caso en pleno siglo XXI de no escuchar al hereje, de negarse a oír siquiera la voz del apóstata en aras de la pureza del sistema de economía-mundo, que destruye las instituciones nacionales, empobrece y margina a los pueblos y envilece e ilegitima a sus gobiernos.

Lo que nunca pasó más lo que nunca se dijo, parecen ser la materia esencial de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos. Los dichos y los hechos que se reconocen debieron haber pasado por el tamiz de las agencias encargadas de certificar la realidad, la que se comunica a los gobiernos como el nuestro, que pide ayuda a los gringos para atarse las agujetas de los zapatos y todavía defiende el derecho de éstos de proporcionarla. El asunto del narcotráfico y las acciones del gobierno de la república son tema de los comunicados filtrados: nuestro gobierno se declara rebasado por el crimen organizado y lloriquea diplomáticamente para que el matón del barrio acuda en su auxilio, ignorando la evidente actividad gringa en la venta armamento y logística a las bandas criminales, que con sus acciones justifican la presencia militar e inducen en la mente del ciudadano las bondades de una intervención extranjera, para “poner orden” en el inseguro mundo de la autonomía municipal y la soberanía estatal y nacional.

La eventual tipificación del delito de “narcoterrorismo” encaja en las expectativas intervencionistas de Washington, y la vecindad de México proporciona la justificación geográfica para tenerla. También resulta una excelente oportunidad para resucitar el delito de “disolución social” y criminalizar la protesta popular y convertir a México en un protectorado gringo bajo mecanismos de control inquisitorial de corte fascista. Lo dicho: el neoliberalismo autoriza las auscultaciones proctológicas a los gobiernos periféricos, por parte del facultativo designado por Washington. De todos modos, a usted le explicarán que es por la defensa de las libertades y la democracia o, complementariamente, que “the thing is not as it seems”, o que “that never happen”. ¿Enterados?

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