Conspiración en Pémex

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miércoles, 22 de diciembre de 2010

El silencio de los indecentes

Queda documentada para la posteridad la conveniencia de que el silencio es la clave de las relaciones que se dan al interior de los gobiernos, entre gobiernos y entre éstos y los pueblos que por razones circunstanciales están involucrados en el devenir histórico de las formas de simulación, sabiamente administradas por agencias internacionales que le dicen a usted qué debe pensar y sentir en cada momento de su existencia, de cara a los supuestos de la modernidad y las buenas maneras.


El dúo dinámico
En una sociedad secuestrada, las noticias de corte criminal resultan ser algo así como una redundancia que trasciende la medida de lo razonable y lo lógico para pasar a la dimensión de la fe y la esperanza en un mundo mejor, pero sin esfuerzos materializados en políticas públicas que supongan alguna intención real de mejora. Las condiciones de la economía y las finanzas, bien pueden contrastar fuertemente con las de carácter sociopolítico y cultural, y aun así merecer las menores de las atenciones posibles por parte del gobierno en turno que mira con ojos amorosos al colonizador financiero que termina dándole línea a seguir en los asuntos domésticos. Tal cosa se observa en España y el resto de Europa, donde Estados Unidos insinúa, presiona y obtiene apoyos para su desarrollo empresarial aunque dé al traste con las expectativas de los nativos del continente. El tema de los transgénicos es un ejemplo y otro es lo de las pensiones, donde el imperialismo a través de la OCDE, desangra al trabajo en aras de engordar al capital.

Narcogobierno mundial
A propósito de lo anterior, pero en México, se tiene el dato de las constantes declaraciones del embajador de Estados Unidos, Carlos Pascual, sobre el combate del gobierno al narcotráfico, dando detalles que revelan que su presencia e intereses no son solamente diplomáticos sino cercanos en proporciones escamantes a los asuntos internos de la nación anfitriona. Se ha dado a la tarea de tener reuniones con algunos gobernadores fronterizos para ver asuntos de seguridad nacional y desarrollo económico que bien pudieran tratarse en el seno del pacto federal, pero que se antoja perverso el establecimiento de condiciones que suponen ceder autoridad para intervenir y opinar en los asuntos internos de una nación soberana.

En medio de la confusión declarativa del gobierno “del cambio”, la criminalidad se vuelve cosa cotidiana ante el azoro de los ciudadanos y el cinismo de autoridades que hacen gala de incompetencia y representantes, casi, de los grupos que dicen combatir. Lo anterior va por el escandaloso caso de la fuga multitudinaria en un penal de Tamaulipas que parece coronar la historia de fugas con niveles de impunidad que, por lo menos, mueven a sospechar sobre las verdaderas intenciones de las autoridades. En este contexto, la expresión del jefe del Ejecutivo federal de “yo los capturo y ellos los sueltan”, colma de imprecisión al sistema judicial mexicano al no ser la presidencia de la república autoridad persecutoria ni ejecutora de sentencias, salvo en el reduccionismo calderonícola que se padece.

En un arrebato kafkiano, aparece Diego Fernández de Ceballos disfrazado de Papá Noel en vacaciones, dando un mensaje de amor y paz que suena a trompetilla belicosa contra el cartucho quemado que responde al nombre de Felipe Calderón y ofrece una versión oligofrénica del Cid Campeador que habrá de enfrentar a los adversarios políticos en el 2012. El secuestrado que permaneció en segundo plano durante siete meses se convierte ahora en la nota principal de la morbosidad política nacional, con seductor influjo mediático diseñado para colmar las expectativas de una teleaudiencia asqueada por la historia de impunidad que rodea al asesinato de la señora Marisela Escobedo, donde la justicia mexicana favoreció al asesino confeso de su hija Rubí, gracias a fallas técnicas en los esperpénticos juicios orales que se perpetran en Chihuahua.

El secuestro de Fernández de Ceballos y su entrada dramática bajo los reflectores de Televisa huelen a huevo podrido, a pedorreta ejecutada con vicioso oportunismo, a conspiración tan ridícula y efectista como el famoso montaje del rescate de la mujer soldado en Iraq, en un acto de teatralidad que pretendió dar visos de heroicidad a la vulgar e injustificada invasión por parte de Estados Unidos a una nación soberana.

El conocido traficante de influencias Fernández de Ceballos daría, al parecer, la nota optimista en un PAN carente de personalidades que puedan ocupar con cierta credibilidad la inminente candidatura presidencial de ese partido. Pero las aguas nacionales no sólo se componen de las emanadas de las cañerías del sistema político que manipula a la par que desprecia Estados Unidos. Lo prioritario será fortalecer o, de plano, construir alguna alternativa nacionalista que resista los embates de la estupidez hecha gobierno. ¿Usted se apunta?

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