Notas Sueltas es un espacio de opinión sobre diversos problemas de carácter social, económico y político de interés general. Los comentarios pueden enviarse a: jdarredondo@gmail.com

sábado, 15 de octubre de 2022

Primer informe y vida cotidiana

Pues, de repente, tenemos que hace un año asumió la gubernatura el C. Alfonso Durazo Montaño e inicia la cuesta arriba de un gobierno cuya situación financiera es, por decir lo menos, crítica, digamos que, al borde de un ataque de inanición, según trascendió al inicio del mandato.

La receta a aplicar ha sido, según se ha dicho, la reducción del gasto innecesario, vigilancia de los centavos que entran y los pesos que salen, promoción de inversiones y apoyo a emprendedores, entre otras acciones necesarias y urgentes.

Seguro que los esfuerzos por enderezar el barco nacional son cosa de todos los días, y que la necesaria austeridad es parte de la vida cotidiana que se eleva como propósito salvador en medio de la crisis ocasionada por el saqueo de las arcas pública y los gobiernos mediáticos buenos para los regalos, las concesiones y las prebendas, tanto como los actos de nepotismo y los negocios privados a la sombra del poder.

Sin embargo, hay cosas que no se entienden del todo, a la luz del discurso soberanista de la 4T y las acciones tendientes a recuperar el espacio económico nacional.

Sin duda alguna la conexión renovada entre Guaymas y Chihuahua es un avance notable desde el punto de vista económico y social, habida cuenta la enorme diversidad de recursos que ofrece el noroeste de México, cuyas posibilidades de integración productiva se amplían con la carretera.

No hay duda que la integración deseable para nuestro país es, en primer lugar, entre las regiones geoeconómicas que lo conforman y, yendo más allá, entre nuestra nación y el resto de Latinoamérica y el Caribe.

La experiencia histórica demuestra que la integración con el norte solamente reafirma las relaciones de dominación-subordinación existentes entre áreas con diferente desarrollo, de manera que la más desarrollada se sirve de los recursos e, incluso, llega a dominar políticamente a la menos desarrollada, porque influye sesgadamente en sus decisiones, a pesar del supuesto formal de la soberanía e independencia nacional.

Cabe recordar que desde la década de los 80, siendo gobernador de Arizona Fife Symington y de Sonora Manlio Fabio Beltrones, ya se hablaba de integrar económicamente estos estados, entre otras cosas mediante la modernización del puerto de Guaymas que, en su momento se consideró como el “puerto de salida de Arizona”.

De hecho, en el plan de desarrollo del gobernador Symington se hacían cuentas alegres sobre Guaymas, como parte de los recursos estratégicos ¡de Arizona!

Quizá sea tiempo de replantear nuestra reacción con el norte y generar propuestas de desarrollo que sean compatibles con los propósitos de recuperación del espacio económico nacional y local, donde chocarían los planes de avance y explotación gringos con aquellos que apunten hacia nuestro desarrollo soberano.

En este contexto, cabe mencionar la construcción del parque solar que proveería de energía al norte de Sonora, con salida para venta al país vecino, y la instalación de una planta para licuar gas en Puerto Libertad, que serviría para apuntalar las exportaciones de EEUU a Asia.

En ambos proyectos, parece que la idea recurrente es beneficiar al vecino, sirviendo de estación de servicio de otra soberanía y, desde luego, colocándonos en el radar geoestratégico de los intereses económicos y militares de EEUU. Al respecto, en Latinoamérica hay muy buenos ejemplos de anexión silenciosa so pretexto de la cooperación internacional y las alianzas estratégicas.

No hay duda que el comercio internacional es muy importante, pero lo es más la salvaguarda de la independencia y soberanía nacionales, tanto como establecer relaciones de intercambio justas entre países, pero no a cambio de aparecer como un protectorado de una potencia militar beligerante, como es el caso del vecino.

Nuestro país y, por consecuencia, la entidad federativa, debe defender el escaso margen de maniobra que le dejaron los gobiernos apátridas del Prian, y no comprometerlo ni acortarlo.         

Se ha cumplido un año, y aún quedan muchas cosas por hacer y deshacer, en el marco del derecho y el interés nacional y local.

En otro asunto llama la atención el anuncio de que se piensa exigir la constancia de supervivencia en el ISSSTESON, siendo que lo más fácil es conectar su sistema al del Registro Civil, y verificar si los beneficiarios de una pensión viven o no; sin embargo, otras instituciones (ISSSTE, IMSS) lo hacen sin problema, incluso la Universidad de Sonora ha dejado de pedir el acta de nacimiento gracias al enlace de su sistema de registro.

¿Qué pasa en el ISSSTESON? ¿No cuentan con un sistema que valga la pena para evitar pagos indebidos? ¿No hay personal que verifique las actualizaciones del Registro Civil? ¿No hay capacidad para coordinarse informáticamente al interior del gobierno y cotejar información? Independientemente de que no hay duda de que se hacen esfuerzos importantes en beneficio de los derechohabientes, se necesitan respuestas operativas y soluciones prácticas.

De nueva cuenta: ¿Se va a rehabilitar la Escuela Leona Vicario y regresar el plantel a sus alumnos? ¿Habrá justicia para los jubilados y pensionados del Ayuntamiento de Hermosillo? ¿Tendrán los derechohabientes del ISSSTESON los servicios que establece la ley y habrá castigo a los culpables del desfondo pensionario?

 

sábado, 8 de octubre de 2022

Cuando parece que huele a gas

 

“Una nación que gasta más en armamento militar que en programas sociales se acerca a la muerte espiritual” (Martin Luther King).

 

Hay días así. De repente uno despierta con la extraña sensación de valer gorro; o si se quiere, de que la tan sobada frase de “no somos nada” renueva su significado y se globaliza, como una edición corregida y aumentado de la fatalidad humana personalizada.

Valer gorro en Europa no es lo mismo que en América, como tampoco lo es en Inglaterra que en Alemania… aunque siendo parte de Europa y de la activa y beligerante OTAN, apoyadoras de las sanciones que Norteamérica dicta con tono irrefutable a la pérfida Rusia y su desquiciante discurso contrahegemónico y soberanista, la cosa promete que irá peor sin muchos matices.

Para el ciudadano común de México, la lejanía del conflicto armado en que devino el choque económico de trenes acorazados que tripulan el despistado Biden y el sagaz Putin, respectivamente, puede ser tranquilizante porque “ojos que no ven, corazón que no siente”, además de estar emocionalmente ocupados en la cotidianidad de los bloqueos y desbloqueos de carreteras, los brotes aislados de dengue, los decomisos de “armas de uso exclusivo del ejército”, entre otras menudencias existenciales.

Aquí, por fortuna, los baches y fugas de agua encienden coloridos recuerdos maternos a las administraciones correspondientes, tal como lo hacen las altas tarifas y el incremento de precios, la inseguridad pública y el desabasto de medicamentos.

Sin caer en comparaciones facilonas, nos parecemos en algo a Europa: el cuello de Latinoamérica está torcido por el peso de los testículos del imperio de las barras y las estrellas, y la irritación anal que sufren no pocos gobiernos de la región tiene por causa la costumbre diplomática de ofrecer el trasero al extranjero, animados por el espíritu de la “cooperación y la amistad” con el Norte continental… y global.

De hecho, la buena relación entre corruptores y corruptibles ofrece una amplia gama de opciones para el aprovechamiento de los recursos naturales, vistos como moneda de cambio para la paz y tranquilidad de los países que aceptan sin más su papel de exportadores de materias primas, e importadores de productos industriales y de alta tecnología, bajo el supuesto neoliberal-periférico de que es mejor comprar que producir.

En este orden de ideas, ¿para qué querría Europa ser autosuficiente en materia de energía si la puede comprar a EEUU? ¿Por qué tener relaciones de intercambio comercial y tecnológico con la cercana Rusia si del otro lado del Atlántico pueden llegar los combustibles necesarios para echar a funcionar la industria y asegurar la comodidad de los hogares, en una política costosa, pero “US-Friendly”, sin choques que ocasionen bloqueos y sabotajes?  

En todo caso, ¿para qué tener el problema de que Rusia crezca económicamente si se le puede aislar y desintegrar, tal como ocurrió con la URSS? Si la OTAN surgió como una barrera para contener el posible avance de la URSS sobre el área de interés de EEUU en Europa, ¿por qué no puede servir ahora para estrangular a Rusia, eliminar la molesta competencia y enviar un mensaje “contundente” a China?

Por último, ¿para qué querer un mundo multipolar, equilibrado, plural y democrático sin se puede tener otro unipolar, centralizado y excluyente, gobernado por Big Brother?

Como se puede ver, el “valer gorro” es una expresión gráfica que encaja en varios escenarios. Aquí interesa subrayar cómo un país, incluso un continente entero, puede sacrificar su soberanía a cambio de vivir con la tranquilidad de quien ha pagado “derecho de piso” al mafioso del rumbo. Algunos le llaman tratado o acuerdo comercial, Cumbre de las Américas, acuerdo de cooperación internacional, alianza estratégica y poco más.

En otro orden de ideas, la plaga de dengue que azota al país nos sensibiliza sobre los males que puede sufrir la población objetivo del ataque de un insecto portador de un germen patógeno. Aquí el enemigo es muy pequeño, como un dron que lleva una carga viral en su interior.

En el mundo real los drones pueden ser aéreos o submarinos, pero lo mismo pueden hacer explotar a una persona que un gasoducto. Depende de la ocasión.

 

 

domingo, 2 de octubre de 2022

La reforma universitaria

 

“La universidad, en el fondo, es tremendamente conservadora, aunque dentro de ellas todos nos consideramos muy progresistas” (Clara Eugenia Núñez).

 

En los últimos tiempos ha sido recurrente el tema de la reforma a la Ley 4, orgánica de la Universidad de Sonora, conocida como Ley Beltrones y vigente desde los años 90.

Dicha ley se ha caracterizado por hacer posible el crecimiento de un enorme aparato administrativo y múltiples instancias de gobierno que reducen a polvo la idea que privaba antes de su promulgación sobre un tipo de gobierno universitario paritario que permitía la participación de maestros, estudiantes y empleados en la toma de decisiones importantes, entre ellas la elección de rector, en el seno del Consejo Universitario, donde estaban representados los sectores antes aludidos.

El problema que vio la clase política fue que la vieja ley prácticamente permitía que la universidad se mandara sola, lo que dificultaba el deseo de imponer rectores a modo y creaba un ambiente demasiado politizado como para ser tolerado por el poder reacio a la idea de la “autonomía universitaria”.

La Ley Beltrones borró la participación paritaria y, a cambio de la supuesta politización nos dio una buena dosis de burocratización, con una relativa bonanza presupuestal por el lado administrativo en comparación con el académico propiamente dicho.

Así, plazas que debieron ser académicas pudieron pasar olímpicamente a la administración, y decisiones que pudieron haber sido tomadas en los órganos paritarios pasaron a alimentar un aparato obeso y reumático cuya esencia centralista no se justifica.

Sin embargo, tampoco resulta un argumento aceptable la antigüedad de la ley para cambiarla, sino los efectos que tiene en el crecimiento y desarrollo de las funciones universitarias que, como está dicho, pudieron haber tenido mejor fortuna.

Existen varias iniciativas de reforma que bien debieran analizarse y debatirse, en caso de que la discusión de algo tan importante merezca distraer la atención de las diversas fuerza e intereses dentro y fuera de la Institución universitaria.

En mi opinión, la lucha por una reforma con la premisa de “democratizar” la institución nos aleja del objetivo de una reforma universitaria que pueda ser relevante para el progreso de Sonora.

Para empezar, la universidad es y ha sido una institución organizada jerárquicamente: antes que el poder burocrático debiera estar el poder académico, es decir, del conocimiento y la autoridad del título.

Siendo una comunidad del conocimiento organizado en estructuras que hacen posible su difusión, sea en escuelas, departamentos o institutos, la vigencia del que sabe más como guía del que sabe menos hace necesario separar los aspectos sustantivos (docencia, investigación y extensión) del andamiaje administrativo, que debe estar al servicio de aquellos.  

En ese sentido, la democracia debe funcionar de manera que no haya sesgos hacia los aspectos puramente aritméticos de la población. Lo anterior sugiere que la paridad debe obedecer a criterios de equidad; es decir, de ponderación y proporcionalidad.

Me parece que la vieja Ley 103 resolvía de buena manera este problema de la representatividad, y que hubiera sido afortunado simplemente actualizar algunos aspectos de la administración en respuesta a las nuevas realidades académicas, determinadas por el contexto local y nacional.

En cualquier caso, una reforma universitaria debe responder a la intención de dotar a la institución de una estructura orgánica que responda a sus objetivos y propósitos sustantivos ligados al progreso social de la entidad federativa y la región, que facilite las transformaciones y que garantice el progreso institucional.

Lo anterior carecería de sentido si no se partiera del análisis crítico del actual modelo de universidad, y definiera con claridad qué tipo de universidad queremos, es decir, qué modelo de universidad responde a las necesidades del Estado de Sonora y la región, en materia de desarrollo científico, técnico, económico, social y político.

Así pues, sin modelo transformador no puede haber ley que valga la pena, porque la ley simplemente sirve para formalizar y hacer operativo el modelo.

Primero debe estar definido el modelo y, una vez logrado, se debe proceder a la formulación de la estructura normativa que lo haga posible, es decir, la ley. Lo demás es fantasía, y mucho me temo que solamente se ha visto una parte accesoria del problema, porque la universidad no es una isla, un partido político o un club de iluminados, sino que debiera ser la parte pensante y propositiva de la sociedad, y proveedora de las herramientas técnicas y científicas para su progreso. Esperemos que las propuestas de cambio tengan que ver con la realidad que debemos modificar, por el bien de todos.

  


domingo, 25 de septiembre de 2022

Todo es cuestión de apariencias

 

“La manipulación mediática hace más daño que la bomba atómica, porque destruye los cerebros” (Noam Chomsky).

 

Estamos en una sociedad en la que la autopromoción suple el reconocimiento ajeno, de manera que basta hacer campaña en redes sociales, en los medios digitales de consumo masivo para construir de la nada un nombre y un prestigio.

Cualquier pelmazo con iniciativa puede lanzarse a la tarea de convertirse en “influencer”, mediante el fácil expediente de la sobreexposición mediática, estar jodiendo tode el santo día ventilando babosadas en YouTube, Instagram y lo que resulte, con la mirada fija en cosechar seguidores y proyectar una imagen deseable cuando no se tiene una propia.

Si el hecho se reduce a las trapacerías adolescentes de chicos con afán de lucimiento social, pues bueno; el problema empieza y se profundiza cuando personas no tan jóvenes encaramados en algún ladrillo público (gobierno, empresa, medios) buscan afanosamente que el mundo sepa que están ahí.

En lo personal me importa un rábano que se tomen por asalto los medios, porque parto del supuesto que la sociedad tiene las pantallas que merece, y que es el pueblo informado quien debe oponerles la razón y la objetividad para desenmascararlos.

Cualquiera sabe que la publicidad y la propaganda tienen la misión de manipular la voluntad de la gente, sea para comprar, vender, convencer, adoctrinar, encabronar, disuadir, confundir, atemorizar, predisponer y cualquier otra operación de manipulación de la emotividad humana.

No es raro que repentinamente surjan personalidades poco antes desconocidas, currículo repentinamente espolvoreado con polvos mágicos que lo engordan prestigiosamente; o, por el otro lado, figuras anodinas, pero con apellido conocido que aparecen colocadas en una posición prestigiosa en el arranque de su currículo laboral, como diciendo que aquí mis chicharrones, o los de papi, truenan.

Los “alguien” y los trepadores de ocasión se enzarzan en una lucha por el reconocimiento social que de comedia pasa a tragedia cuando los minutos u horas nalga del espectador se transforman en decisiones que pueden mover los engranajes de la maquinaria social.

Así, la figura antes desconocida pasa a ser el cuate de todos, el hijo del vecino, el amigo de la infancia, el compañero de estudios o de militancia partidista, en un reacomodo de piezas que resuelven el tránsito de la inexistencia social al podio de los ganadores del trienio o del sexenio.

En este sentido, cuántos oscuros burócratas de partido buscan sus minutos de gloria en las plataformas de medios más populares, en el periodismo de gacetilla, de inserción pagada que ser resuelve públicamente como noticia que busca “informar a usted de la actualidad local y nacional”.

Cuántos funcionarios encaramados en algún puesto de elección popular cacarean sin pudor los “logros” de su primer año, o segundo, o tercero…  con ánimo de milagrosa solución a los problemas añejos que los políticos de su propio partido provocaron, como si el pasado se borrara con saliva y sobreexposición mediática.

Cuántos negocios se ocultan tras la fachada de “mejoras en el servicio”, “ahorro de recursos”, “modernización del equipo”, “actualización de tarifas”, entre otras medidas posibles.  

Le confieso que estoy hasta el gorro de ver y oír a un sujeto aparecer en YouTube y declarar: ¡Soy Toño Astiazarán…! Me enferma la repetición machacona de lo mismo, de pedir el aplauso antes de que la obra termine, anticipando el éxito de lo que se espera aterrice en el resto del trienio y que la población juzgará con objetividad al constatar la utilidad de la obra pública y de las mejoras administrativas.

El discurso de autopromoción suena bofo, tanto como las explicaciones o pretextos del desprecio a los trabajadores que se disfraza de “beneficios”, aún por parte de su propio sindicato.

Se habla mucho sobre la protección que merecen los pobres y marginados, la seguridad de las familias, el reconocimiento a los derechos adquiridos y, sin embargo, en el aquí y ahora tenemos grupos de jubilados y pensionados que luchan contra la arbitraria cancelación de sus derechos, y el ejemplo más claro es el de los extrabajadores del Ayuntamiento de Hermosillo que gozaban de ciertas prestaciones importantes para su calidad de vida y ahora no las tienen, gracias a una dirigencia sindical cuestionable y a un gobierno que prefiere buscar ahorros antes que cumplir con sus obligaciones.

Si el gobierno golpea a los trabajadores mediática y jurídicamente, lanzándolos a un litigio que puede durar años, está pateando el bote sin pudor alguno, y esto es engañar y manipular la opinión pública mediante la distorsión o el ocultamente de hechos, que los propios jubilados se encargan de restregar en la cara al indolente gobierno municipal, mediante manifestaciones ruidosas frente al edificio que lo alberga.

Se requiere un gobierno del pueblo y para el pueblo, sin disimulos ni exhibicionismos baratos. Ojalá lo veamos en el trecho que queda por recorrer.

 

sábado, 17 de septiembre de 2022

La importancia de las normas

 

“Al margen de la ley, nada; por encima de la ley, nadie” (AMLO).

 

Según la enciclopedia en línea Concepto, “las normas jurídicas son los mandatos, reglas o prescripciones emanadas de una autoridad legal o judicial. Asignan deberes, confieren derechos o imponen sanciones a los individuos que viven en una sociedad, otorgándoles un marco común por el cual juzgar sus acciones, o sea, por el cual ejercer la justicia.”

La misma fuente nos dice que las normas tienen tres características. Son heterónomas, porque es la comunidad quien las impone al individuo; son coercibles, porque es el estado quien vigila su cumplimiento, y son bilaterales, porque involucran a dos partes, el individuo sujeto a la norma y la autoridad que vigila su cumplimiento.

Habiendo normas se inhiben las conductas arbitrarias y caprichosas, permitiendo el desarrollo del todo de manera armónica y discernible, donde los individuos puedan desarrollar sus capacidades en un ambiente que los proteja y estimule su desarrollo sin lesionar a otros.

La idea anterior se rescata con precisión y contundencia en la frase “Al margen de la ley, nada: por encima de la ley, nadie”.

En este sentido, pensar que las normas o reglas afectan el “libre desarrollo de la personalidad” es tan absurdo como tratar de volver a los tiempos idílicos de la comunidad primitiva, cuyas diferencias, prioridades y valores estaban basadas únicamente en el sexo, la fortaleza física y ciertas habilidades benéficas para la sobrevivencia del grupo.

Seguramente los defensores del “libre desarrollo de la personalidad”, siendo congruentes, verían con buenos ojos que alguien ajeno llegara a su casa y les birlara lo que se le antojara; o que, en plena calle alguien se pusiera a aliviar los intestinos sin importar lo desagradable de la exhibición, o que las futuras generaciones fueran depredadoras o autodestructivas, sin respeto ni empatía por los demás.

La explicación de “tuve ganas” o “necesitaba hacerlo” no encaja en los supuestos de una conducta que atienda la importancia de respetar el derecho ajeno porque, simplemente, ignora ese derecho en aras de cumplimentar el deseo personal.

Es importante subrayar la diferencia entre el hedonismo y el “libre desarrollo de la personalidad”, habida cuenta que, para lograr tal desarrollo, el individuo debe aprender a conducirse socialmente, valorar el código moral y ético de la sociedad donde vive, entender y aceptar la importancia de las reglas en la formación de su personalidad.

Actualmente, el “libre desarrollo de la personalidad” sirve de argumento estelar para dar legitimidad y legalidad al capricho, a la simple percepción personal, echando por tierra aquello que se le oponga, es decir, las normas, reglas o disposiciones que emanen de la autoridad, sea gubernamental, escolar o familiar; como si en ausencia de reglas la gente fuera más libre y menos responsable de sus actos. Lamentablemente, en la sociedad humana eso no es posible.

Pretender que una sociedad moderna, producto y a su vez creadora de instituciones, carezca de reglas de comportamiento, sin una guía que oriente la conducta personal en el entorno social es, por lo menos, absurdo porque priva de autoridad a las instituciones y traslada el poder de decisión al individuo.

Pero, ni siquiera en los tiempos idílicos del Jardín del Edén, sus habitantes pudieron violar la regla sin castigo. La sociedad y la sociabilidad contemporánea nacen de reglas de conducta, de pactos sociales, de la ubicación del individuo en un contexto histórico y cultural determinado que, si bien es cierto que es cambiante, en ningún caso es errático o anárquico. En sentido estricto, la sociedad no cambia ni por capricho ni por azar.

En conclusión, el argumento del “libre desarrollo de la personalidad” que no toma en cuenta los elementos sociales y culturales que la conforman, queda en una caricatura conductual del progresismo infantil que niega sin entender las leyes del desarrollo social.

Ignorar el papel socializador y formativo de las normas o reglas sociales no pasa de ser una patética manifestación del esnobismo más vulgar que, por su contenido, no tiene nada que ver con ninguna posición política que sea creíble como de izquierda.

De hecho, las posiciones de la pequeña burguesía posibilista y del activismo aldeano y voluntarista coinciden bastante bien con la agenda “transformadora” del neoliberalismo globalista. Un canto de sirenas más en la larga trayectoria del sistema que enajena y mediatiza a la sociedad.

En otros asuntos, seguimos esperando justicia para los jubilados del Ayuntamiento de Hermosillo, y recuperación de las instalaciones de la escuela Leona Vicario por parte de sus alumnos.

Celebramos que no hubo pirotecnia en la ceremonia del grito, en beneficio de la paz y seguridad de los habitantes humanos, caninos y felinos.

Para concluir, le recomiendo la película “El gran reinicio” cuya liga va a continuación:  https://odysee.com/@thebigreset:1/20220831_TBR_ESP:1  Da para pensar y juzgar de manera libre e informada sobre la actualidad mundial. Usted dirá.

 

 

lunes, 12 de septiembre de 2022

Muere la reina

 “El derecho a cambiar el gobierno por las urnas y no por el cañón de una pistola; quizá la mejor definición de una democracia” (Isabel II).

 

El jueves 8 de nuestro mes patrio se recibió la noticia del fallecimiento de la reina Isabel II, a los 96 años. Su deceso abre la puerta a nuevas inquietudes en el contexto de crisis que sufre el Reino Unido y Europa en su conjunto.

En Europa el posible cierre de plantas acereras por problemas en el abasto de energía, subidas extraordinarias del precio de la electricidad, el gas y las gasolinas, además de las consecuentes alzas en el precio de los productos de consumo familiar e industrial que, por decirlo en breve, afectan al conjunto de la geografía mundial.

Planeta convulso que se retuerce con ésta y muchas otras muertes por causas y efectos variados y muchas de ellas evitables, salvo que se trate de bajar las cifras de población por aquello de la mezquindad económica y política que mueve a ciertas naciones a producir y exportar armas de cualquier calibre y potencia imaginable, entre ellos Inglaterra.

Seguramente el nuevo rey Carlos III y la primera ministra, Liz Truss, tendrán que afinar bien su sentido de la geopolítica y tratar de atemperar la estridencia antirrusa que Estados Unidos y socios europeos han emprendido usando a Ucrania como pretexto para ampliar la capacidad de la OTAN, brazo armado de nuestros vecinos en Europa y, según se ve, fuera de ella.

Hasta la fecha, las sanciones aplicadas a Rusia por parte de EEUU y aliados europeos han dado por resultado que la inflación que iba en ascenso alcance pronósticos catastróficos, que la carencia de insumos y alimentos sea una realidad que cambiará los patrones de consumo y la idea de bienestar, muy en contra de la estabilidad económica y política de los autores y promotores de las sanciones.

Por el lado mexicano, el embajador de EEUU, Ken Salazar, presiona para cerrar las puertas a las inversiones de origen euroasiático, haciéndole el fuchi a los chinos y asegurando que el bienestar viene de América y sólo de América. Aquí la pregunta obligada es ¿y qué pasa con el libre comercio y el derecho soberano de los pueblos de comerciar con quién se les antoje? ¿Qué puede no explicar sino justificar la injerencia del embajador en nuestros asuntos? 

A pesar de los discursos de igualdad, trato justo y amistad, la realidad sigue demostrando que México y Latinoamérica se toman como el patio trasero de nuestros vecinos, y por eso el embajador viene a decirnos con quién no debemos hacer tratos.

En ese sentido, me parece que no es despreciable la idea de defender el espacio económica y políticos de México y reorientarlo hacia una política nacionalista, de fomento a la capacidad productiva nacional, de adoptar patrones de consumo ligados a la fortaleza nacional en materia alimentaria, es decir, desligarse de la exigencia mediática de consumir lo que el extranjero produce y distribuye.

Lamentablemente, la producción de alimentos como el maíz se dejó en manos de las empresas extranjeras, fortalecimos la dependencia y las prácticas agrícolas tradicionales o basadas en la investigación e iniciativa nacional se cambiaron por el consumo extensivo de agroquímicos que ahora sabemos que son tóxicos, que deterioran la tierra y envenenan el agua y el aire. México se puso en venta, en una liquidación neoliberal que debe terminar por razones de legítima defesa nacional.

Ahora el entramado de concesiones mineras, hidrológicas, energéticas y los avances de la transculturación pintan un panorama complicado para sustentar la independencia nacional en prácticas con efectos reales en nuestro país. Pero así nos dejaron.

La actual coyuntura pudiera aprovecharse para explorar nuevos mercados y fortalecer relaciones multilaterales que en el mediano o largo plazo sean útiles y ventajosas. La idea de la unipolaridad no sólo es obsoleta sino contraria al progreso que apunta hacia la multilateralidad.

Por ello no parece muy afortunada la idea de que Sonora deba integrarse económicamente con el país vecino instalando plantas solares para vender energía a California, o instalar una planta para licuar gas de Estados Unidos en Puerto Libertad, con destino al mercado asiático. Suena raro el plan de que parte del territorio sonorense se convierta en extensión del país vecino.

Con estos proyectos, más la generosa oferta de que los estados gringos vecinos a nuestra frontera puedan pasar a surtirse de gasolina barata, me parece que nuestra precaria economía está haciendo el papel de subsidiaria de un país rico.

Es claro que la soberanía y el dominio de la nación sobre sus recursos naturales se compromete cuando se fortalece la relación con una economía depredadora y armamentista, que busca convertir en dependientes a las naciones que coopta y parasita.

Si bien es cierto que, tras la debacle neoliberal, el margen de maniobra de nuestro país es reducido, es de elemental prudencia no ampliar los niveles de dependencia económica y política con los vecinos. Queda claro que la relación ha sido históricamente tóxica y no estamos para seguir con lo mismo, sino para guardar, en lo posible, la sana distancia.

Pero como le decía, la reina Isabel II ha muerto y con ella termina un largo capítulo de la historia política británica. Que descanse en paz, mientras el mundo sigue su marcha.


sábado, 3 de septiembre de 2022

Cuestión de preferencias

 

“No te calientes granizo” (AMLO).

 

En la reciente visita de la jefa de Gobierno de CDMX a Sonora, por aquello de un convenio de colaboración informática establecido entre ambos gobiernos, el titular del Ejecutivo estatal quemó incienso en el altar de Claudia Sheinbaum, al expresar que México está “listo” para tener una presidenta.

La entusiasta declaración de Alfonso Durazo recuerda, guardando las proporciones, aquella afirmación que se convirtió en recurrente sobre que Sonora estaba “listo” para ser gobernado por una mujer.

Se pudiera pensar que tales expresiones tienen que ver con el nivel de madurez política alcanzado por la ciudadanía que sabe hacer cumplir el principio de la igualdad legal y política entre hombres y mujeres, y que entiende con claridad suficiente el mensaje y las propuestas de los aspirantes a los puestos de elección popular.

En este caso, tenemos un problema resuelto en materia de democracia, de participación política de los ciudadanos, en términos de la igualdad de oportunidades y el ejercicio de derechos y obligaciones.

Pero, si así están las cosas y somos un ejemplo de madurez y democracia participativa, ¿para qué se establecen las cuotas de género? ¿Por qué se juega con la estadística al establecer fórmulas paritarias cuya existencia revela la necesidad de un mecanismo selectivo y excluyente en la participación?

Me parece que la representatividad no tiene por qué ser cuantitativa sino cualitativa, es decir, que independientemente del sexo de la persona, se valore su experiencia, propuestas, cualidades y disposición de cumplir y hacer cumplir con las obligaciones del cargo, y se vote en consecuencia. En otras palabras, que se de el valor que merece la persona como actor político, independientemente de si es hombre o mujer.

De acuerdo con lo anterior, una buena situación electoral sería aquella en la que quienes estuvieran en capacidad de participar, lo hicieran con absoluta libertad y seguridad de que el partido postulante y el electorado responderán con imparcialidad y objetividad a las propuestas o, en otro sentido, con lealtad a sus convicciones políticas.

En lo personal me importa muy poco que el postulante sea de uno u otro sexo, habida cuenta de que esto no es necesariamente determinante para un buen desempeño en el cargo público, y la experiencia histórica nos da bastante información al respecto.

Por lo anterior, me parece primitivo y ajeno a la voluntad popular el establecimiento de cuotas y fórmulas paritarias. Para mí que participe quien quiera, y que el partido que postula y el pueblo que elige decida libre e informadamente.

En el caso de la elección presidencial, cabe considerar que quien releve a López Obrador debería ser afín a los principios del nacionalismo frente a los intereses extranjeros representados por las grandes transnacionales y sus agentes locales, además de los apetitos colonialistas e imperiales de potencias como los vecinos del norte, siempre dispuestos a servirse de los recursos ajenos.

Aquí cabría la pregunta de si Claudia Sheinbaum, Marcelo Ebrard, o Adán Augusto López encajan en el perfil, aunque tengo la impresión de que los dos primeros tienen una fuerte inclinación globalista y apegada a la Agenda 2030. Usted podrá estar de acuerdo o no, porque en estos asuntos lo que cuenta es su opinión.

Lo que sí parece estar claro es que, más allá de las cargadas y las expresiones de los eyaculadores precoces electorales, en el actual contexto político-electoral la opción más definidamente nacionalista es Morena, de suerte que mi voto será para su candidato, tal como lo fue en la elección estatal, partiendo de la idea de que lo importante es el proyecto, no tanto la persona.  

En la actualidad, lo impensable sería votar por la corrupción hecha gobierno bajo las siglas del PRI-PAN-PRD-MC.  

Queda un buen trecho por recorrer, por analizar, por recuperar el sentido de la participación ciudadana, más allá de los ejercicios de mercadotecnia electoral, de la perversidad de las campañas de inducción mediática, de las tareas de los asesores de imagen, de la manipulación que crea prestigios, perfiles atractivos y virtudes mágicas, que se esfuman en contacto con la realidad.

La nueva utopía política es dejar de lado la mercadotecnia para dar paso a la honestidad. Volver a la verdad, a la realidad del candidato, a la persona como es, sin el maquillaje distractor que producen los asesores de imagen y los expertos en manipulación masiva de las preferencias electorales. Seamos congruentes.

En otros asuntos: que haya justicia para los trabajadores jubilados del Ayuntamiento de Hermosillo, justicia para los afectados por el derrame tóxico de Grupo México que afectó al Río Sonora, y que los padres de familia de la Escuela Leona Vicario recuperen para sus hijos el histórico plantel.

Por último, que en México y Sonora se privilegien los méritos ciudadanos, no los apellidos y redes familiares.