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miércoles, 19 de agosto de 2026

EL FUTURO EN UNA VISA

 “Ser o no ser, esa es la cuestión” (Hamlet, W. Shakespeare).

 

Bueno, la verdad es que no lo podía creer. ¿Cómo es posible que un adulto supuestamente consciente de su identidad nacional y comprometido con el destino de la nación se ponga a pegar de gritos por el simple y banal hecho de que los gringos decidieron cancelarle la visa?

No sé ni puedo imaginar la magnitud de su adhesión emocional con Disneylandia, los casinos de Las Vegas, las clínicas especializadas en liposucciones, estiramientos faciales o masajes eróticos, o su cercanía con fondos de inversión, corredores de bolsa, o las infinitas opciones de hacer compras inmobiliarias, de ropa, calzado y novedades electrónicas. No lo sé, pero sospecho que por algo parecía haber clamado a gritos por Vaselina.

Recuerdo la vez que acudí a las oficinas del consulado gringo cargado de papeles y paciencia a tramitar la visa, para después pasar por un interrogatorio en inglés que opté por contestar en español, porque estamos en México y los extranjeros debieran expresarse en nuestro idioma, independientemente de que haya quién defienda que el espacio de la embajada o consulado es de la nación que lo instala.

Salí con el documento con 10 años de vigencia, lo mostré a la gente que me había estado insistiendo en que lo obtuviera, llegué a mi casa y lo tiré en un cajón destinado a objetos como llaves, bolígrafos, lápices y tarjetas de presentación personales y comerciales acumuladas por simple desidia. Jamás la usé porque lo que necesito está aquí.

Desde luego que me solidarizo con un nacional mexicano que ve perdido un derecho concedido por una potencia extranjera. Debe ser feo ser viajero internacional y, de repente, bajarse del avión por los fruncimientos políticos de Mr. Trump.

Se acusó a las autoridades gringas de injerencismo, aunque queda claro que conceder o retirar una visa es asunto de otra soberanía y nada tiene que ver con la nuestra. Después de todo, el permiso para entrar en territorio gringo es de la competencia exclusiva de los propios gringos y ellos saben si abren la puerta o la cierran.

Los gritos destemplados en defensa de la patria mancillada por quítame estas visas debiera enfocarse en el uso que se está haciendo del territorio nacional, sobre todo en zonas cuyo cuidado debiera ser prioridad por su ubicación, características y precariedad ambiental e hidrológica, donde tenemos proyectos gaseros, de amoniaco, petroleros, mineros o industriales con alto costo para su entorno natural y social, pero que atraen inversiones extranjeras privadas y alimentan una pueril idea de progreso.

Vemos con paciencia de camello filósofo la proliferación de proyectos cuyo común denominador es la presencia de capital extranjero, la expulsión de población nativa, el agotamiento o destrucción del entorno natural y fuente de alimentación de comunidades pesqueras y agrícolas, la marcha sistemática del asfalto en lugares donde había manglares, fauna y vegetación variopinta. Vemos la cara deforme del progreso medido en inversión extranjera sin efectos visibles en la industria nacional, el empleo bien remunerado y el ahorro familiar.

En este contexto, resulta muy difícil hablar de bienestar ciudadano cuando las variables fundamentales del progreso dependen de factores externos.

Me parece que los reclamos de los habitantes de Ohuira-Topolobampo, la Huasteca Potosina, el Noreste y las costas del golfo de California, entre otros, tienen razón, y que más que defender la tenencia de una visa, deberíamos defender la conservación del territorio, sus recursos naturales, la identidad y modo de vida de sus poblaciones nativas, cosa que hasta ahora no ha ocurrido, sino todo lo contrario.

En ciertos momentos da la impresión de que SEMARNAT, CONAGUA y Economía trabajan para alguna potencia extranjera que alienta claudicaciones y chapuzas a cambio de visas y palmadas en la espalda.

Parece que, en un futuro dominado por las transnacionales energéticas y electrónicas, la población nacional deberá tener a la mano su visa para poder transitar en el otrora territorio nacional. La cesión de soberanía difícilmente aplica como decisión soberana. Despertemos. Digamos NO a los proyectos extractivistas extranjeros y sí a la industria nacional.



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