Conspiración en Pémex

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domingo, 6 de noviembre de 2016

Holograma nacional

                                       “Incluso quienes la cometen odian la injusticia” (Publilio Siro).

Como se sabe, el presupuesto para 2017 viene chiquito, reducido, pasado por la tijera, rasurado… tan jodido que parece el despertar de alguien con ganas de “mover a México” sin aclarar hacia dónde o por qué. El jaloneo real o virtual de los recursos pasa por el arco del triunfo de alguna seria y poderosa comisión que conduce seguramente al pozo de los logros económicos nacionales. La suerte, como núcleo de cualquier apuesta, está echada.

Las universidades ven el tiempo de publicar declaraciones y hacer solicitudes a quienes deciden el tamaño de los presupuestos, con aclaraciones y puntualizaciones anexas acerca de cómo va a impactar el encogimiento de las expectativas institucionales en eso de cumplir con los fines a los que formalmente se consagran. Caras largas y lenguas debidamente humedecidas se ponen en acción en las manos y caras de las esfinges del poder legislativo. El ambiente oficial huele a flatulencia y chamusquina de promesas… y en las oficinas de los consejos académicos está el crujir de huesos y el rechinar de dientes.

Las posibilidades reales de aterrizaje de los programas sociales y las mejoras paliativas en la calidad de vida de la macilenta ciudadanía se evaporan en los pasillos del poder, lo que no impide que los legisladores, ministros y funcionarios logren sus aspiraciones hedonistas y aseguren un futuro envidiable, aunque desproporcionado, surrealista, faraónico y, gracias a la política de transparencia, aun discretamente inalcanzable para el ojo público, salvo las excepciones que permite el propio sistema.

Por decir algo, Anaya, el pequeño y ridículo presidente de la pitufada nacional, representa los ideales y forma de vida de muchos políticos y funcionarios que, sin distinción de siglas y colores le aúllan a la luna sexenal desde la comodidad de la loma de proyección pública donde son útiles. Desde luego que hay que proteger a la familia de la violencia y cochambre del propio sistema al que sirven. Claro que vivir en Atlanta representa una isla de glamur que cualquier padre responsable quisiera dar como oportunidad para sus hijos, mientras México es movido por las fuerzas cómplices del “Pacto por México” al estercolero de la historia política neoliberal. Cae por tierra el disfraz de opositor para revelar lo que es: un cómplice inconsecuente del desastre nacional.

Tanto el exgobernador panista de Sonora, Padrés, como el priista de Veracruz, Duarte, sirven como muestra de la distancia entre el discurso y la promesa respecto al cumplimiento del deber constitucional. Sólo son dos casos recientes, dos gotas que escapan del sanitario político nacional dejando una estela de podredumbre que emana del partido y se instala en la dirección de las instituciones de la federación mexicana. La pestilencia institucional no se quita con los aromatizantes del apoyo y la vista de funcionarios gringos o europeos, sino que se confirma su extranjerismo apátrida y al servicio de qué soberanía están.

En este contexto, no extraña que los reconocimientos internacionales y nacionales, otrora honrosos, representen vergüenza y sumisión, porque ¿quién creerá en el premio Nobel de la Paz después de Obama, o en la medalla Belisario Domínguez después de Bailleres? La pestilencia penetra, se apodera y crece en la ambigua estulticia del poder, en las corruptibles clientelas partidistas y en las redes familiares que parasitan la economía y la política, y que promueven las formas obtusas de la corrección política.

Sin embargo, en un mundo plagado de obscena cursilería y bajunos ejemplos de oportunismo mediático, aún hay voces y rostros que recuerdan la dignidad perdida, la autoestima labrada con inteligencia y trabajo, y el horizonte luminoso de la inteligencia comprometida social y políticamente: Don Pablo González Casanova, ex-rector de la UNAM, ha rechazado su nominación a la medalla Belisario Domínguez. Así, la fiesta escatológica puede seguir sin contrapunto.

Por otra parte, cuando se privilegia la forma sobre el contenido, es fácil emprender la hechura de un sistema anticorrupción mientras los cargos de ministro acaban siendo una manera de acceder a sueldos y prerrogativas para la mayoría inimaginables, y en el mismo sentido, tenemos a los miembros del poder legislativo que reciben generosos estímulos a cambio de votar por la afirmativa las iniciativas del Ejecutivo. Abajo, en las instancias operativas de la procuración de justicia y la seguridad pública, el “informe policial homologado” y las extrañas relaciones que se dan para borrar, en los hechos, la frontera de la legalidad, permiten suponer que las instalaciones y la tecnología serán un homenaje más a la apariencia.

En la vida real, los ciudadanos son víctimas de la venalidad judicial, del abuso de funcionarios públicos para quienes un incremento de 35 por ciento en la tarifa de agua potable puede no significar mucho, pero que hace la diferencia entre la participación fiscal y la evasión ciudadana, entre la paz social y la franca oposición al abuso.

Los ciudadanos de Hermosillo tendrán que afinar sus mecanismos de defensa, ya que la promoción del amparo contra los aumentos a la tarifa del agua no los exime de recibir el incremento en sus recibos del servicio, según se ha dicho. Si tras el amparo concedido hay que ir a reclamar este beneficio a las oficinas de Agua de Hermosillo y esperar la buena voluntad de una burocracia hecha para resistir a la razón ciudadana, habría que pensar en generar un frente amplio de oposición que eche por tierra el incremento, por ser notoriamente abusivo. ¿Hermosillo estará dispuesto a un paro general de usuarios? ¿Tendrá el valor de oponerse enérgicamente al abuso?

No hay duda que los esfuerzos ciudadanos han sido valerosos y dignos, pero hace falta la contundencia de la acción popular que reclama lo que le corresponde en justicia.


No es raro tener la idea de que estamos siendo gobernados por una entidad holográfica, programada y operada desde alguna televisora o alguna embajada extranjera. ¿Por qué no recuperar la realidad?

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