Conspiración en Pémex

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martes, 13 de enero de 2015

Mal inicio de año

Con el inicio del año los problemas acumulados se incrementan y adquieren tintes dramáticos en la geografía local, nacional e internacional. Desde luego que para los lectores informados de manera cotidiana gracias a la consulta de los diversos medios de información, este aspecto no es nuevo ni causa asombro, en cambio, para quienes suponen  que las noticias son peores que las series policiacas gringas o las películas de terror orientales quizá la afirmación inicial revista cierto interés y novedad.

El ciudadano que comparte su tiempo y neuronas en los ejercicios diarios de manipulación de su Smartphone, Tablet o computadora personal dedicado a “navegar” por las ondas que cruzan nuestro espacio electromagnético gracias al prodigio de la digitalización, y centra su atención en las páginas de pornografía lúdica como son los portales de chismes, música y series anodinas de espectáculos y deportes, quizá no sienta el pasmoso vacío que se genera en las conciencias cuando son víctimas de la sádica acción de la manipulación y su hermana teibolera que es la desinformación. Pero, como todo vacío que se respete, muy pronto es llenado con algo que se retuerce en la conciencia, perfora la moral y tiraniza las costumbres. La colonización de las conciencias es dulce al principio pero pronto se transforma en coma diabético conceptual, en aneurisma cognitivo y, llegado a extremos, en apatía política y desgano electoral. Supongo que usted habrá sabido de una suerte de campaña por la anulación del voto o, entrado en gastos, por el abstencionismo dinámico de los electores.   

Cabe reconocer que la iniciativa es atractiva, porque proporciona al actor la sensación de que está haciendo algo por cambiar las cosas que le son lesivas como ciudadano de pleno derecho. ¿Por qué votar por un corrupto? ¿Por qué ir a las urnas siendo que de todos modos ya está arreglada la votación? ¿Por qué votar por partidos y personajes que no me representan? La propuesta parte del supuesto de que existe una base moral que guía las acciones de la política institucional, y que si casi nadie vota por los candidatos registrados y se nulifica el voto, los corruptos van a entender que son rechazados y la pena de saberlo va a tener efectos demoledores en sus conciencias y eventualmente decidirán cambiar, caminar hacia la luz y ser buenos de ahí en adelante. La sociedad habrá cambiado y un futuro de bienaventuranzas se abrirá para todos.

La idea del imperativo moral en el mediano o largo plazo es más atractiva para el planchado del pantalón de la democracia que los afanes de votar y meterse en el brete de defender el voto con el sofoco de las movilizaciones, los jaloneos judiciales y las mentadas de madre en los espacios y tiempos que procedan.

Desde luego que cada cual está en su derecho de decidir si va a votar o no, si lo va hacer por los de siempre o si va a animarse a experimentar e “invertir” su voto en una aventura que como puede que resulte satisfactoria puede que no. Es perfectamente lícito que alguien decida anular el voto, animado por una especie de fe religiosa, algo así como una reivindicación moral que dispara balas de salva contra la inequidad y la inicua perversión de los políticos, contra sus argucias y engaños, contra sus gestos de generosidad y precios bajos, demagogia y ganas de joder y seguirlo haciendo, pero, de acuerdo al diccionario, “nulo” significa “que carece de validez legal”, “incapaz”, “inepto”, “ninguno”. En este caso, las buenas conciencias de los que anulen se verán custodiadas por la guardia pretoriana de la inexistencia jurídica.

Por otra parte, el ciudadano puede abstenerse de votar por diversas razones, todas ellas dentro del ámbito de las decisiones personales, de las que es dueño y único responsable. Lo mismo vale no estar de acuerdo con ninguna de las opciones, no tener interés en participar, preferir atender otros compromisos, o simplemente disfrutar de un día haciendo lo que le dé la gana. La abstención es un acto tan voluntario como nulificar el voto, aunque tanto uno como el otro significan renunciar  a un derecho político positivo, es decir, que tiene efectos en la realidad electoral.

Lo cierto es que la inercia electoral ha logrado caracterizar a Sonora, y en particular a Hermosillo, como una entidad conservadora, cargada a la derecha, donde la mayoría electoral hace posible que el poder se reparta entre dos opciones mayoritarias: PRI y PAN, aunque de un tiempo acá el PRD figura como fuerza electoral significativa. Si consideramos que estos tres institutos son suscriptores del famoso Pacto por México que Peña Nieto impulsó al inicio de su mandato, es probable que lleguemos a concluir que son las tres caras de una misma realidad clientelar neoliberal, y que, por exclusión, habría que considerar otras opciones no declaradas como tributarias de esta matriz ideológica. Si han fallado las opciones de derecha y centro izquierda negociable, entonces va siendo hora de probar con las opciones progresistas cargadas hacia la izquierda del espectro político-electoral, como por ejemplo el PT o el recién llegado Morena.


Aunque los pronósticos económicos y socio-políticos hacen de este un mal año, no deja de resultar interesante la oportunidad de romper con la inercia y votar en un sentido distinto, nuevo, que tenga los elementos esenciales para que la ciudadanía recupere los espacios perdidos: rumbo ideológico definido, credibilidad, congruencia y transparencia. ¿Usted se animaría a votar por otra opción, distinta a las tradicionales? ¿Romper la inercia y dejar de guiarse por la costumbre? El pueblo en acción puede hacer la diferencia, en cuyo caso no sería tan mal año. 

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