Conspiración en Pémex

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viernes, 2 de agosto de 2013

Lugares comunes

El problema del bloqueo carretero alcanza la trascendencia de ir como tema al poder legislativo federal y una diputada panista propone poner fin a este asunto. Desde luego que la iniciativa panista tiene el respaldo de un nutrido sector empresarial que se declara afectado por la suspensión intermitente del tránsito en el sur del estado. Seguramente la exigencia de hacer cumplir la ley irá acompañada de las consideraciones sociales y políticas del caso, de otra forma se supondría un acto de represión a una manifestación conjunta de los yaquis y los agroempresarios de Cajeme, donde los segundos se atrincheran tras la fracción yaqui beligerante.

Aquí se ven dos vertientes igualmente espinosas del asunto: por un lado, el derecho que reclaman los indígenas otorgado por el Presidente Cárdenas y por otro, los intereses de los agricultores que siembran más del 90 por ciento de la superficie cultivable. Quizá valdría la pena revisar primero qué proporción reciben los yaquis de los beneficios de la agricultura del Yaqui y dilucidar las causas de su pobreza, ignorancia y marginación, y atacarlas con verdadero sentido justiciero, antes que lanzarse contra obras que pudieran tener una utilidad pública aun no del todo valorada con objetividad. Lo anterior viene al caso por las recientes revelaciones del fracaso de las desaladoras en España, así que bien se pudiera estudiar en serio la viabilidad de tal o cual solución, más allá de los intereses de los empresarios del norte o del sur. En todo caso, es la sociedad sonorense, yaquis incluidos, el sujeto prioritario de la acción gubernamental, y no personajes o grupos que huelen a tráfico de influencias, impunidad y una falta de respeto a la ley como pocas veces se ha visto.

En otro género de asuntos, el asesinato de una joven por parte de un extranjero oriundo de la India, ha despertado una especie de afán clasificatorio donde la especificidad sexual parece avasallar la gravedad de la privación de la vida de todo ser humano. Es decir, ahora se insiste en legislar para codificar el delito de feminicidio, siendo que ya está normado el asesinato y perseguido por la ley. ¿Para qué especificar el delito por sexo? ¿Qué no basta que la ley persiga y castigue a quien quita la vida de otro, sea el que sea su sexo? Aquí deben considerarse ciertos agravantes, como son la brutalidad del acto, la ferocidad, la alevosía, entre otros, o los atenuantes: que si fue accidental, producto de la obnubilación mental, etcétera. Si está demostrado que el asesinato fue viciosamente cruel, con premeditación, alevosía y ventaja, con inusual ferocidad, entonces bastaría con que el juez a cargo dictara la sentencia que corresponde en justicia. De esta suerte, el dolor y el horror familiar no cesarían, pero tendría el consuelo de una pronta respuesta legal y el castigo que la norma vigente permite.

Lamentablemente, el aparato judicial mexicano lejos de aplicar la ley se conforma con guardar las debidas apariencias para tarde o temprano legitimar la acción delictiva, sea por falta de evidencias, por errores procesales que terminan beneficiando al delincuente, dejando en los afectados y sus familias una inacabable sensación de burla.

¿Qué caso tiene inventar nuevas categorizaciones penales o  civiles cuando no se está en disposición de acatar y aplicar la ley tal cual es? ¿Para qué legislar si en la práctica cada nueva ley solamente sirve para evadir el problema de fondo, que es la falta de voluntad política y administrativa para cumplir la ley? Guardando las proporciones, pero lo mismo ocurre en los asuntos nacionales de carácter político: ¿Para qué se firman pactos si cada uno de los actores bien pudiera sujetarse a las normas de relación política formalmente establecidas en el país y el mundo? ¿Qué no basta con que cada cual cumpla estrictamente lo que es su obligación cívica, política y legal? Sin embargo, el gobierno y los actores político-electorales  se empeñan en convocar a actos protocolarios de fuerte sabor mediático, que únicamente fortalecen la idea popular de que la ley como tal o la justicia como tal no bastan para garantizar la coexistencia armónica entre personas o grupos. ¿Será que al letra de la ley es demasiado pequeña como para ser vista y acatada? ¿Padece el sistema judicial y administrativo de la nación alguna enfermedad auditiva o visual? ¿Se requiere la estridencia para que la verdad o la justicia sean audibles?

Por desgracia, el producto neto de estos excesos es la disminución del valor real de la ley para cualquier efecto práctico y, como consecuencia, el deterioro de la imagen pública de legisladores y funcionarios, con lo que se termina por establecer la desconfianza como clima de las relaciones y, por tanto, el cinismo pasa por sinceridad y la hipocresía se viste de galas solidarias y subsidiarias con la delincuencia organizada: la leperada triunfa en el sector público y la corrupción campea en el privado.

Los despropósitos, las ridiculeces, la fraseología vacua y francamente estúpida de los políticos emanados de los partidos neoliberales sólo compite con la que se produce en las  filas de la izquierda electoral sobre todo cuando se trata de justificar alianzas con supuestos enemigos ideológicos, por ejemplo entre el PRD y el PAN. ¿Qué caso bien fingir tener posiciones políticas diferenciadas si en el debate político termina apoyando medidas que antagonizan con las libertades y derechos sociales y económicos de los ciudadanos? ¿Cómo se explica usted la firma conjunta del Pacto por México entre PRI, PAN y PRD? ¿Dónde está el proyecto de nación que caracteriza o debiera caracterizar a  cada opción política? ¿De plano, han desaparecido las diferencias ideológicas en aras de obtener posiciones electorales? ¿La corrupción y las complicidades apátridas son el estilo de hacer política en México? Si el sistema es corrupto y corruptor, ¿qué resultados se esperan si se sigue actuando dentro de los límites del sistema?


Como vemos, estos son algunos de los lugares comunes que el cansancio ciudadano termina por dejar de lado en las consideraciones de su práctica política. Sucede que el agotamiento trabaja a favor de la apatía, el desinterés, la decepción y el abandono, apoyado en la manipulación informativa, la deshonestidad de las dirigencias, la ignorancia y abulia de las bases, la flojera y el desgano en la participación social. Como que es tiempo de replantear lo que queremos y debemos hacer, medir tiempos y plantear objetivos alcanzables, sin histeria, pero con amplitud de miras. Pensemos cómo queremos que nos encuentre el futuro y aceptemos que debemos trabajar en los aspectos operativos de la utopía y tender puentes entre lo que tenemos y lo que necesitamos. 

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