Conspiración en Pémex

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miércoles, 1 de agosto de 2012

El drenaje hermosillense

Hermosillo, capital de Sonora, padece una administración municipal despreocupada por las inundaciones y otros efectos de la lluvia, porque su pragmática visión de la ciudad sugiere que la precipitación pluvial es rara y escasa. En cambio, se preocupan por mejorar los monumentos, por ejemplo, el “monumento al tubo” Padresista fue mejorado sustancialmente mediante su desaparición del escenario de la Plaza de los Cien Años.


Las plazas, parques y jardines, han atrapado la atención de las autoridades y, mediante la novedosa fórmula de quitar árboles y poner cemento y grava, embellecen nuestro entorno y hacen deseable la permanencia en casa, fuera de los rigores del termómetro que asciende gracias a la desertificación de los espacios y el encementado de las superficies, con lo que se logra “ahorro en agua” y vida hogareña. Afuera, los golpes de calor persuaden a la gente de que la ciudad está pensada para la circulación vehicular y los factores demográficos no encajan en la visión del Hermosillo automotriz del panismo hecho gobierno.

Las recientes lluvias han permitido sacarnos del error de considerar que toda inversión en drenaje es un desperdicio, ya que los accidentes automovilísticos y los destrozos en casas y vialidades son prueba palpable de que aquí también son necesarias las obras de infraestructura que equipen a la ciudad contra la eventualidad de una precipitación pluvial de más allá de un milímetro. Con cacareo gallináceo se ha anunciado el “ya merito” de nuevas alcantarillas que paliarían el efecto nocivo del meteoro en algún sector, pero por ninguna parte se ve el plan, programa o proyecto que insinúe poner a la ciudad a la altura de las circunstancias.

En una ciudad con escasa precipitación, la tala de árboles y eliminación de vegetación en espacios públicos constituyen muestras evidentes de que la administración no está situada en los verdaderos escenarios del drama citadino, sino que está alejada de las características que nos distinguen. Una prueba de lo anterior es la compulsión al “embellecimiento” urbano mediante fuentes donde no pueden beber las aves ni remojarse los humanos, por ser impropias para el uso de cualquier ser viviente. Se ven bien en la foto, pero la salud corre peligro en su proximidad. La infancia en Hermosillo se priva del chapuzón por la contaminación del líquido, atestiguando que la fotogenia se antepone a la funcionalidad.

El síndrome del talador no ha sido novedad en las administraciones locales y aún resuenan en el aire las voces de los defensores del parque de Villa de Seris, que fue eliminado y sustituido por un mamotreto “modernista” que ha logrado graduarse con honores en la categoría de elefante blanco, es decir, construcción costosa e inútil que sirve para justificar gastos y decisiones arbitrarias pero que no sirve para otra cosa. Quizá usted recuerde cuando en los camellones de los bulevares, el Ayuntamiento dio en poner cactus, rellenando de grava los espacios vacíos.

Lo cierto es que el gobierno está contribuyendo como loco a elevar la temperatura ambiente mediante obras públicas solamente escenográficas, sin sustancia, sin verdadera utilidad social, con ánimo dispendioso y fotográfico, irrespetando la salud ciudadana y pasando por alto la protección al ambiente. Tan es así, que lejos de proteger a los árboles éstos han sido retirados de las vialidades y los parques y se han trasplantado para morir en otro lugar; se ha talado so pretexto de enfermedades que solamente están en la mente de quienes adoptan un urbanismo lunar; se han abatido los mantos acuíferos gracias a que las autoridades han desertificado sectores donde el árbol es esencial para la recarga del acuífero. Tenemos sed y quebramos los recipientes de agua.

El sistema de agua potable y drenaje en Hermosillo debe ser pensado para permitir la recarga y reutilización del agua, no para que a las primeras se vaya al caño, pero para ello se necesita un gobierno del cual carecemos: uno con sentido social y con compromiso con su ciudad y municipio. Quizá dentro de tres años tengamos la oportunidad de elegir libremente a uno con estas características.

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