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viernes, 3 de julio de 2020

Sonora y las nuevas indisposiciones



“Nada en el mundo es más peligroso que la ignorancia sincera y la estupidez concienzuda” (Martin Luther King).

Inicia el mes de julio y de nueva cuenta tenemos novedades acerca de las limitaciones y obligaciones que ha tenido a bien recetarnos el gobierno local mediante acuerdos del Consejo Estatal de Salud (CES).

Como usted sabe, se declara obligatorio el uso del cubrebocas al salir de casa, y se promueve el cierre parcial o filtrado de la frontera con el Tío Sam; también se pretende hacer modificaciones a la Ley de Tránsito para lograr reducir la movilidad en el estado mediante un programa parecido al “hoy no circula” de la Ciudad de México y que, en caso de epidemia, los municipios puedan implementar medidas similares, todo ello con tal de bajar el número de contagios y sus a veces fatales consecuencias.

A estas alturas seguramente usted ya ha leído y releído los acuerdos del CES, así que no voy a aburrirlo con repeticiones; si embargo, cabe hacer algunas observaciones.

Por ejemplo, la decisión del cierre de la frontera corresponde al gobierno federal porque los estados que integran la federación no están facultados para ello. Dicha medida fue descartada muy al inicio de la epidemia por el propio presidente de la república y ha sido señalada como indeseable por la Secretaría de Salud, en el contexto de las medidas de prevención establecidas.

La suspensión parcial o total de la movilidad en territorio nacional corresponde únicamente al titular del poder ejecutivo y sólo en caso de emergencia nacional, debiendo ser ratificada por el Congreso de la Unión.

El gobierno del Estado no puede conceder facultades de las que carece a los municipios, y obviamente la Ley de Transito de ninguna manera puede estar por encima de un  ordenamiento superior como es la Constitución.


Es verdad sabida que los retenes y filtros son inconstitucionales, es decir ilegales por completo, así que la propensión a violar la ley y caer en la ilegalidad como forma de contener el avance de la epidemia es por lo menos absurda y en buena medida ridícula.

Por lo que toca a los famosos cubrebocas o mascarillas, se ha repetido hasta el cansancio por parte de la OMS-OPS y las autoridades sanitarias federales que sólo son recomendables en caso de presentar síntomas asociados a la enfermedad, estar en lugares donde no sea posible guardar la sana distancia, o estar al cuidado de una persona enferma. En cualquier otra circunstancia es inútil y hasta factor de contagio si se usa inadecuadamente. 

Sin embargo, las autoridades locales han decidido convertir en una obligación el uso masivo de cubrebocas, lo que suena a ocurrencia o promoción de ventas de dicho accesorio, cuando no una medida simplemente mediática que quiere dar la impresión de que se está haciendo algo.

Lo anterior trae a la memoria la reciente imposición del cubrebocas en Nuevo León, donde el troglodita que lo gobierna (sic) ha tenido a bien amenazar a la ciudadanía con multas en caso de incumplimiento.

Así mismo, imposible no recordar los atropellos sufridos por los ciudadanos de Jalisco por la misma razón, cuestión que ha costado lesiones y hasta una vida a manos de los guardianes de la ley y el orden que hacen cumplir cualquier tipo de aberración que emana del trasero del gobernante en turno.

Los niveles de improvisación y de torpeza evidenciados por nuestras autoridades locales es verdaderamente pavoroso, más atemorizante que la propia epidemia, ya que no los guía ni puede realmente guiarlos el interés por preservar la salud de los ciudadanos, sino simple y llanamente el de montarse en la epidemia para hacer campaña preelectoral, negocios y posicionar su imagen y la de sus allegados.

A estas alturas, la lista de tonterías y atropellos perpetrados es suficiente como para que los ciudadanos tengan claro que la clave para evitar contagios es la que presentaron desde el principio las autoridades de salud federal, donde la palabra clave fue “voluntario”: aislamiento y restricción domiciliaria voluntarios. Aquí, en cambio salta y resalta la palabra “obligatorio”.

No hay duda que el prianismo no da para más y que Sonora pudiera estar mejor si se prestara atención a las recomendaciones de la OMS y la Secretaría de Salud federal, sin ocurrencias, sin politiquería, con respeto a la legalidad y a los derechos humanos. Lo bueno es que ya casi se van.

       

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