Conspiración en Pémex

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domingo, 12 de mayo de 2013

Ecos del 10 de mayo

Como cada año, el comercio organizado se aprestó a hincharse de dinero con el afecto que no se compra pero que si se convierte en argumento de venta para un sinfín de artículos que van desde flores, artículos electrodomésticos y dispositivos electrónicos, hasta terrenos campestres y residenciales. La mercadotecnia afinó sus tiros al corazón del consumidor, valiéndose de alusiones maternas que solamente en estas fechas parecen estar libres de albures y llenos de buenas intenciones comerciales.

En los cruceros menudearon los vendedores de flores y las esquinas fueron tomadas como almacén transitorio de su oferta vegetal, llenando de aromas más o menos naturales el ambiente de fiesta por las expectativas de borracheras conmemorativas del milagro de la maternidad. Hijos, nietos y demás consanguíneos cuentan con la licencia socialmente avalada para dar rienda suelta a la hilacha presupuestal que nos acerca a los bares, restaurantes, antros o simplemente al expendio más cercano al hogar. Al parecer, el amor materno se aceita con alcohólicos efluvios en estas arideces culturales que conforman nuestro entorno.

Si la madre es el pretexto para derramar afecto, el comercio obra el milagro de materializarlo, de darle precio y código de barras, de colocarlo en anaqueles y exhibirlo con llamativos colores y frases edulcoradas que llaman al coma diabético cuando no al colapso de las neuronas que ceden ante los embates de la más babeante cursilería. El resto del año deben buscarse otros reclamos y festividades, otros argumentos para demostrar el poder de la firma del consumidor, la solvencia de su quincena y las virtudes de los abonos chiquitos. En esta trama, el comercio demuestra que lo que nos sobra de madre le falta al salario de ese poder remunerador que la leyenda oficial atribuye a la económica mexicana.

En Sonora, por ejemplo, no falta el cateto que diga que la economía del estado ya bien, volteando hacia el lado del gobernador en turno cuando debiera hacerlo hacia las calles pobladas de indigentes, las plazas colmadas de menesterosos que disputan los espacios a los perros callejeros, en una difícil competencia por sobrevivir a una economía “ejemplar”, que logra sus mejores golpes a fuerza de complacencias y venalidades oficiales y la infaltable codicia e irracionalidad privada. La mitología neoliberal supone atributos mágicos a la acción privada y más si ésta se confunde con la pública, porque se da el caso de que, desde el poder público, se mercantilice la acción gubernamental en aras del bienestar de quien lo ejerce.

Así tenemos escuelas que se caen a pedazos, que no tienen agua, drenaje funcional y problemas de pago en el fluido eléctrico; pizarrones de la edad del gis, profesores mal pagados, que soportan el peso de una responsabilidad que no viene acompañada de los recursos para cumplirla; trámites engorrosos para cualquier cosa y una burocracia que se siente benefactora de la humanidad por el solo hecho de atrincherarse tras un mostrador, ventanilla o un escritorio y atender de mala manera al sufrido ciudadano que llega a ponerse enfrente. Sin embargo, el gobierno declara que Sonora es una maravilla en cuestiones de educación y la reforma padresista va que vuela para ser ejemplo nacional y más allá.

La aparente sintonía entre el gobierno federal y el local pudiera, en otro contexto, suscitar ciertas dudas si no fuera por una razón bastante elemental: su base ideológica es la misma; es decir, son tan neoliberales uno como el otro, de suerte que la diferencia de colores partidistas es irrelevante ante la solidez monolítica de sus objetivos, de ahí que decir que “la economía de Sonora va bien, muy bien”, no suene fuera de lugar en los absurdos y torcidos términos de los supuestos neoliberales que disponen  de la herramienta de la privatización y el lucro privado para logar dislocar la realidad y transformar la pulverización de lo público en una mina de oro privada, local o transnacionalizada.

La enajenación del espacio público supone la renuncia a ciertas facultades y responsabilidades que están determinadas por las leyes bajo el supuesto del bien común. Desde luego que el gobierno puede modificar el texto legal, pero lo que no cambia con acuerdos y corruptelas es la ilegitimidad de las normas al servicio de unos cuantos.

El 10 de mayo fue motivo de salutaciones con diversos acentos en cuanto a afecto o afinidad, que fueron de parientes y amigos hacia la madre, pero también por parte de ciudadanos que, agraviados, dieron en convertir la fiesta materna en una sonora y masiva mentada de madre al titular del Ejecutivo federal, vía redes sociales. “La voz del pueblo es la voz de Dios”, o ¿es cosa de unos cuantos resentidos electorales? Si esto fuera así, tendríamos que un alto porcentaje de la población voto por otra opción, lo cual nos sugiere preguntar ¿cómo llegó Peña a Los Pinos? La respuesta es de Perogrullo.


Si los clavos que unen al ciudadano a su cruz no fueran suficientes, se agrega la burla: “en cuatro meses se verán los resultados de la campaña contra el hambre”, en el escenario onírico de Hermosillo y Etchojoa, con lo que la celebración del día de las madres tiene connotaciones lúdicas cuando se esgrime la felicitación materna como herramienta de rechazo, protesta y reclamo. La mentada de madre es, sin duda, un arma de civilidad masiva. 

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