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domingo, 17 de mayo de 2020

La nueva epidemia informativa



"Mientras más increíble es una calumnia, más memoria tienen los tontos para recordarla" (Casimir Delavigne).

En los últimos meses vemos que ha arreciado el embate de mercenarios y gatilleros informativos, deseosos de sacar provecho de una situación donde lo que menos se desea es el aumento de muertos e infectados con secuelas importantes; sin embargo, algunos diarios nacionales e internacionales parecen empeñados en buscar la nota roja donde lo que verdaderamente debiera importar es el dato clínico, la recomendación confiable y el conocimiento de que hay gentes especializadas que hacen lo que pueden y más para que usted y yo estemos protegidos, en la medida en que se observen ciertas reglas de comportamiento social emergentes y transitorias.

De repente salen de las alcantarillas del viejo sistema ligado a los intereses de la clase patronal parasitaria los opinantes estelares, los iluminados que destapan conjuras y fallas horribles en el manejo de la epidemia y los datos sobre la misma, señalando con dedo flamígero y semblante adusto y en medio de espumarajos que AMLO debe caer, por ser el responsable de una catástrofe sanitaria que se hubiera evitado; por ejemplo, perdonando a los deudores fiscales empedernidos, financiando además sus empresas, endeudando al país mediante la aceptación de préstamos que ofrece el Fondo Monetario Internacional y otros organismos carroñeros de las finanzas internacionales.

Así pues, mientras unos se parten el lomo trabajando en y por las instituciones de salud, otros se dedican a buscar la paja en el ojo ajeno y esparcir rumores, noticias falsas, intrigas pedestres y flagrantes mentiras acerca de la situación que vive actualmente nuestro país, mientras que algunos mandatarios estatales ocultan o sabotean la entrega de materiales esenciales para la batalla clínica que se libra en hospitales.

La plaga de expertos instantáneos, de epidemiólogos, infectólogos y virólogos, entre otros “ologos” del ramo, formados en las aulas del YouTube, las salas de redacción de la prensa mercenaria tanto nacional como extranjera, los establos de trolls o las granjas de bots, alcanza nuevas marcas de virulencia cada día, frente a las conferencias informativas de las instancias responsables del combate al SARS-CoV-2, causante de la enfermedad; virulencia que destaca no sólo por su ausencia de credibilidad y sus virtudes de manipulación y deformación de la opinión pública, sino por la enfermiza exhibición carroñera de sus propias profundidades de hediondez y corrupción.

Ya resulta un espectáculo doloroso por lo ridículo el que se presenta cada día en las conferencias informativas encabezadas por el doctor Hugo López-Gatell, donde espantajos periodísticos hacen gala de una ignorancia sebosa cuando no de un patológico afán de joder, propio de un modelo informativo prostibulario.

La desinformación sectaria en tiempos del coronavirus no beneficia a nadie, ni siquiera al inframundo del empresariado parasitario y evasor de impuestos; tampoco a los politicastros acostumbrados a vivir del sistema y fingir ser oposición sin dejar de ser funcional a cualquier modelo basado en la mentira, la corrupción y el agandalle, como lo fue la ola de partidos satélites en la etapa neoliberal y que ahora se reinventa mediante el registro de nuevas “opciones” derivadas del PAN o similares, como es el caso de la parodia llamada “México Libre” del vomitivo dipsómano Calderón.

Y qué decir de parásitos presupuestales como el vacuo Fox, o los protagónicos de temporada como los Quadri, Lozano, Sicilia, Ferriz de Con, Martín Bringas, entre otros espantajos ganones empantanados en su propia inmoralidad. Aquí es imposible no señalar a la pandilla de gobernadores del PRIAN, empecinados en descarrilar mediante la epidemia lo que no lograron en las casillas electorales de 2018.

En la parte instrumental de esta guerra mediática apenas disimulada de grupúsculos político-empresariales contra el gobierno legítimo de México, resulta notable la vulgaridad y mendacidad de los ataques de mercenarios de las redes sociales, sea contra el doctor López Gatell, contra las medidas tomadas para hacer frente a la epidemia, contra la información que se presenta, contra el modelo de vigilancia epidemiológica, contra la reconversión hospitalaria, contra las previsiones en materia de personal y equipo de salud y contra la propia presencia y acciones de quienes hacen frente al problema sanitario en el que nos encontramos.

En este contexto, la enfermedad Covid-19 reveló otras enfermedades nacionales subyacentes, como son la pobreza política de una oposición francamente pedorra, la mezquindad de ciertos empresarios acostumbrados a no pagar impuestos ni asumir sus propias quiebras; así como periodistas adictos al chayote, las prebendas, el picaporte a los recintos donde la corrupción quiere seguir siendo gobierno; como también la falsedad de los prestigios profesionales y académicos de ciertos emisarios del neoliberalismo talqueado que se incuba en instituciones como el ITAM, entre otras que demuestran la veracidad de que “no hay ciencia sin conciencia”.

Todos ellos constituyen un coro de plañideras que, en su agitación, chorrean su maquillaje de honestidad y credibilidad para descubrir, a los ojos de todo el que quiera ver, el rostro de un sistema corrupto y corruptor, de una fealdad que se empeña en quebrar tanto espejos como ventanas, porque vive agazapada en las cloacas del sistema que tiene los días contados, pero que se resiste a morir.

Así pues, la pestilencia política busca sobrepasar en importancia a la enfermedad del coronavirus, se monta en ella y supone que navegará en una ola que garantizará su ascenso, olvidando que, como cualquier otra, va a caer para estallarse contra la solidez e integridad de nuestro pueblo, para terminar diluyéndose en la Nueva Normalidad que plantea el gobierno federal, y donde a partir del 1 de junio tendrán un papel central los Ejecutivos estatales. Algunos ya lo están entendiendo, pero otros seguirán en la ruta de su propia necedad. En su salud y credibilidad política lo hallarán.


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