Conspiración en Pémex

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jueves, 6 de abril de 2017

¿Diálogo unilateral?

                                                           “Cada cual es artífice de su propia fortuna” (Salustio).

Parece que las palabras adquieren un nuevo significado cuando las emplean los sordos, los ciegos y los mentecatos irredentos, socialmente hablando. Cualquiera sabe que “diálogo” significa un intercambio bilateral de planteamientos, propuestas, soluciones o, simplemente, inconformidades y mentadas de madre envueltas en eufemismos y expresiones políticamente correctas. La problemática vista de frente, sin ruido ni intermediarios oficiosos, permite medir la fuerza de los argumentos mediante la capacidad de convencer al otro, pero la validez del discurso tiene que responder a una situación que ambas partes identifiquen como cierta, problemática e importante. Si una de las partes entiende como irrelevante lo que se plantea, el diálogo puede no ser significativo, y el interés común pasa a ser particular. En este punto, el ninguneo, la actitud despectiva y la exclusión pueden tomar por asalto la “mesa de negociaciones” y la intención de diálogo pasa a ser monólogo. Los chicharrones de alguien son los que truenan para ser escuchados por los demás.

Actualmente, la Administración de la Unison está empeñada en ejemplificar el no-diálogo a través de la unilateralidad de sus decisiones y de su compulsiva inclinación por ignorar al sindicalismo y desestimar sus reclamos y propuestas de solución. Incluso, se cuestiona la competencia del sindicato académico en cuestiones que tienen que ver, estrictamente, con su materia de trabajo. Si alguien tiene relación directa con las decisiones académicas y su forma de implementación sin duda son los profesores, pero la administración niega la participación de éstos en la planeación, reformas normativas y operación de planes y programas. En este caso, la administración arguye que los profesores carecen de competencia o personalidad legal para intervenir de alguna manera.

Al parecer, estamos ante el caso de que, artificialmente, se separa al trabajador del proceso de trabajo, ya que se le niega el control del mismo y de sus resultados. Entonces, ¿cómo responsabilizar al docente de su desempeño, en términos del aprendizaje de sus alumnos, mediante las evaluaciones en la calificación de su trayectoria laboral? En este caso, ¿qué validez tendrían los puntajes para el otorgamiento de los estímulos a la carrera docente? ¿El trabajador académico puede ser evaluado por acciones y procesos ajenos a su responsabilidad o injerencia?

La situación sugiere que existe unilateralidad que no sólo excluye, sino que desestima la pertinencia de la opinión de quienes por contrato hacen posible el proceso de enseñanza-aprendizaje. La administración y los llamados órganos colegiados monopolizan las decisiones que operan los profesores, sin embargo, los docentes son contratados precisamente para eso; sin embargo, la materia de trabajo reconocida y normada por la legislación y reglamentación universitaria y el contrato colectivo de trabajo (CCT) del STAUS, ponen en el centro del proceso al personal académico. La excelencia y la acreditación de los programas depende, hoy por hoy, del esfuerzo de los académicos.

Sin embargo, el criterio de la administración universitaria es que el sindicato no tiene porqué proponer y señalar cuestiones relacionadas con la matrícula, la ampliación de la oferta, los planes y programas de estudios, entre otros aspectos. En otras palabras, en materia académica, los docentes nada tienen que decir, proponer u observar, solamente cubrir cursos, cumplir horarios y llenar formatos.

Pero si este caso es preocupante, con más razón lo es la absoluta opacidad con que se manejan los recursos económicos asignados a las funciones sustantivas de la institución. Ha trascendido que existen plazas académicas que se han desviado para engrosar la nómina de confianza y que partidas existentes, como la de vivienda, ni se conocen y menos se aplican en beneficio de los trabajadores, sino que se canalizan para fines no identificados, lo que supone un caso de discrecionalidad en el manejo de las finanzas institucionales. Este tipo de situaciones han sido la materia de reclamos recurrentes del sindicato y que la administración se ha negado aclarar. El estado de las finanzas institucionales es, para los sindicatos, un misterio por resolver.

Como sabemos, la administración ha modificado unilateralmente el Estatuto de Personal Académico, el Reglamento de Becas, las convocatorias para los concursos para el ingreso temporal o definitivo del personal, entre otros asuntos que son, por su contenido, claras violaciones al CCT y evidentes causales de huelga, en caso de no haber un cambio de actitud por parte de los representantes de la autoridad.

El reiterado desprecio hacia la parte laboral, el ocultamiento total o parcial de información crucial en esta etapa de prehuelga, la desinformación que la administración se complace en difundir a través de entrevistas y comunicados a la opinión pública, permiten suponer que no hay voluntad real de diálogo, y que la simulación y la opacidad son los instrumentos elegidos por la autoridad para su relación con la contraparte sindical.

Es claro que en esta coyuntura está en juego la integridad y la credibilidad de la organización sindical, habida cuenta que la defensa del contrato colectivo de trabajo debiera ser el punto de unión de todas las corrientes y sectores del personal, tanto académico como manual y administrativo. Sin embargo, se observa una tendencia hacia la desactivación de medidas que puedan afectar a la administración, como son los paros parciales o totales de actividades, debido al temor de algunos trabajadores de ser objeto de descuentos por faltas. La pregunta obligada es la siguiente: Si no están dispuestos a afrontar un eventual descuento de un día, ¿serán capaces de aguantar una huelga?


La urgencia actual es lograr la unidad de propósitos y acciones y, sobre todo, la conciencia de ser trabajadores en lucha por los más obvios e indiscutibles derechos contractuales, sin los cuales no tendría caso el sostener un membrete vacío de contenido con el nombre y el logotipo de la organización sindical. Se estaría en manos de la voluntad omnímoda y autoritaria de una administración cada vez más carente de respeto por la legalidad y dispuesta a desconocer las conquistas históricas de los trabajadores universitarios de Sonora. El momento de la acción es hoy, el mañana será sólo el producto de lo que hagamos o dejemos de hacer. La moneda está en el aire.       

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