Notas Sueltas es un espacio de opinión sobre diversos problemas de carácter social, económico y político de interés general. Los comentarios pueden enviarse a: jdarredondo@gmail.com

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miércoles, 12 de noviembre de 2025

WALDO´S

 “Si cree que no le va a pasar a usted, busque a la persona que le pasó” (frase sobre seguridad).

 

Las empresas de Hermosillo buscan la rentabilidad, la utilidad y ganancia, no el beneficio social y el desarrollo de la comunidad. El dolor por la pérdida de vidas humanas es claramente colateral al progreso de la empresa, es decir, el aumento de los recursos en cuenta corriente siempre va a estar por encima de cualquier otra consideración, si no en el discurso socialmente correcto, sí en la realidad del negocio.

La empresa Waldo´s publicó recientemente un comunicado donde da cuenta de las medidas que está tomando para evitar sucesos como el del pasado 1 de noviembre. Bien por ellos, pero el foco sigue estando puesto en la falta de infraestructura comercial adecuada y segura.

La realidad es que el comercio del centro funciona con infraestructura del siglo pasado y opera como si fuera un conjunto de trampas mortales para consumidores y mirones precarios y optimistas, demostrando que lo barato cuesta caro.

Si bien es cierto que las empresas tienen una parte importante en el reparto de responsabilidades, no se le pueden pedir perlas al olmo, habida cuenta que la empresa privada, cualquiera que ésta sea, tiene objetivos económicos y no es, ni será, una hermanita de la caridad.

El gobierno municipal en primer lugar y luego el estatal tienen bastante que ver con las condiciones en las que los consumidores intercambian sus devaluados pesos por chatarra plastificada, ilusiones comestibles o promesas untables.

La magia del acto de compra responde al deseo de posesión más que a la satisfacción de necesidades vitales, de suerte que el comercio se constituye en el centro de la precariedad tanto nutricional como de vestuario. Así, azúcares, grasas y sal van a la bolsa del mandado tanto como las prendas de vestir que todo mundo usa en el colmo de la originalidad por formato.

La estandarización del aspecto tiene que ver con la de la idea de mundo, valores y derechos, como si la flauta de Hamelin sonara desde las cuevas urbanas que llamamos tiendas, como si las medidas de prevención y actuación en caso de accidente fueran tan audibles como pedo de muerto en medio de la música ambiental de los establecimientos, acabando con la individualidad y las buenas maneras y reduciendo las neuronas a simples manchas proyectadas en la bóveda craneana.

La tragedia de Waldo´s es tema para alguna película oportunista donde el achicharramiento colectivo será el pretexto para las lágrimas de cocodrilo de un empresariado que saliva al descubrir un nuevo nicho de mercado, en el contexto de la precariedad salarial y emocional que nos invade junto con las nuevas series de televisión woke.

Por otra parte, el gobierno que todo lo vigila y que todo lo sabe, que impulsa grandes inversiones en infraestructura hidráulica que, en el caso de los pueblos ribereños del río Sonora nadie pidió, salvo los alucinados aplaudidores del régimen neoliberal, que, vestido de pueblo sin rubor y sin despiste, se niega a poner orden en el desbarajuste urbano, en la densa maraña de intereses donde la tierra, el agua y la vida se miden en la balanza de la oferta y la demanda.


Los organismos que inspeccionan y vigilan el comercio, la seguridad pública, la protección civil son a la carabina de Ambrosio lo que las promesas de mejoramiento urbano al gobierno municipal. Juegan el juego de la seducción mediática, y practican tiro de saliva en la diana de la credibilidad pública.

El incendio de Waldo´s da en el blanco de una definición sin máscaras del estado de indefensión ciudadano, que, en otro caso, equivale al emprendimiento de obras públicas sin sentido y sin consenso. Es el Estado el que hace y deshace, el que afirma y el que niega, en que nos necesita y el que nos desprecia.

Así pues, en el neoliberalismo con maquillaje, tenemos la vida colgada de una ilusión de futuro, en la delgada tela de la confianza pública, con remiendos de partido político, de la seguridad precaria de ciudades donde la infraestructura urbana sólo se renueva cuando sirve al interés privado, y pone al consumidor en la cola de las prioridades, y un incendio se cura con declaraciones lacrimales y promesas de buen comportamiento.

Las víctimas, una vez más, representan la ingenua precariedad de los ingresos modestos, el sudor y las lágrimas de un proletariado aún sin cabeza, la esperanza del cambio, la certeza de una lucha que sigue con rumbo al futuro, que aún no sabe a conquista sino a promesa.



lunes, 7 de julio de 2025

MUERTE EN LA INFANCIA

 “A menudo el sepulcro encierra, sin saberlo, dos corazones en el mismo ataúd” (Alphonse de Lamartine).

 

Una madre de 28 años y sus hijas, dos gemelas de 11 y una pequeña de 9 fueron asesinadas a balazos según reporte del día 6 de este mes.

Duele la ciudad, el estado y el país. Duele la oposición amoral y carroñera, la prensa necrófila y tremendista y duele, con mayor razón, el gobierno en sus tres órdenes de competencia.

Duelen las lamentaciones de libreto, acartonadas en su indiferente formalidad, duele el oportunismo que levanta banderas de hedor ideológico o político que logran espacios en la marquesina de las plañideras de ocasión.

Duelen los muertos de cada día, los ultrajes a la inteligencia y la emotividad de la ciudadanía que se cuece en cada hervor que manda el clima, la indolencia gubernamental, la trivialización de la tragedia ajena y la exhibición pertinaz del discurso mediático con efectos de imagen y dividendos políticos.

Duele la muerte en la infancia, la que cancela sueños y pulveriza esperanzas, que frustra posibilidades ya de por sí menguadas por nuestra realidad neoliberal formalmente superada pero viva y actuante.

Duele el crimen nuestro de cada día, las lamentaciones que resuelven la declaración esperada, la opinión pedida, la cara que se pone frente el sangriento hecho que hoy se documenta y acumula a otros similares, que no distinguen sexo, edad o posición social.

Duele la muerte silenciosa que se descubre casi por casualidad al día siguiente, como un hallazgo macabro que establece tanto los límites de la libertad y la tranquilidad como de la cotidianidad anónima en la que transcurre la masa ciudadana, hasta que el crimen marca la diferencia.

Duele la violencia contra el hombre, la mujer, los menores, los adolescentes que cambiaron la escuela por el sicariato, las drogas o la simple negación de una vida y un futuro pensado como posible.

Duele que sólo veamos la existencia ajena cuando desaparece, y que mucha gente anónima sólo tenga significado en el impacto momentáneo del escándalo para desvanecerse mientras se pasa de página o mensaje.

Duele que no llamemos las cosas y los hechos por su nombre, rehuyendo en los vericuetos del eufemismo la realidad oprobiosa del asesinato, la muerte, el abuso, el secuestro, el robo sangriento, la amenaza consumada con golpes, cuchilladas o balazos.

Duele que nos escondamos de la realidad y que la escondamos con el maquillaje mediático, como avestruces que ocultamos la cabeza en el trasero de la sociedad a la que pertenecemos sin apego ni compromiso.

Duele el enanismo mental, la hipocresía refinada y pulida de tanto practicarla, la disonancia entre el decir y el hacer, entre la justicia y la ley, entre la identidad y los intereses, entre el egoísmo cobarde y la manifestación pública de duelo.  

Duele la muerte en la infancia, como duele y repugna la banalidad que se formaliza en el discurso, las promesas y las afirmaciones de avance en materia de seguridad, garantías de bienestar, de desarrollo familiar, de certidumbre en salud, educación, vivienda y empleo.

Duelen los muertos a quienes sólo queda enterrar a sus muertos, como duele el silencio de una sociedad que dejó de estar viva y actuante, gracias al imán de la corrupción, la mentira y la complicidad. Duele que sólo critiquemos a un sistema que reciclamos en los hechos.

Duele la muerte de un semejante, pero más duele la imagen de un cuerpo pequeño y delicado, roto y abandonado en una curva del camino. Duele.



lunes, 20 de enero de 2025

LA SUCESIÓN EN EL STAUS

 

Las huestes académicas sindicales universitarias se aprestan a votar democrática y libremente por el candidato único que habrá de sustituir a Cuauhtémoc González Valdés en la Secretaría General del STAUS.

El acto tiene relevancia especial habida cuenta la reciente renuncia tras la espera burocrática de la anuencia federal para el cambio de directiva sindical y la menos reciente eliminación del derecho de los jubilados a votar en cualquier tipo de asamblea o proceso interno.

Sobre esto último, vale recordar que en la elección de Cuauhtémoc González la delegación de Pensionados y Jubilados votó a favor de otra planilla, de donde se pudiera desprender que la venganza del zorrillo tuvo su versión sindical en los derechos democráticos de una de las delegaciones más numerosas que conforman el sindicato STAUS.

Así, como perro sin dientes, se quedan los fundadores del sindicato de académicos viendo como suben y bajan las consignas, los pronunciamientos de democracia, respeto e inclusión en un sindicalismo que, en su momento, fue la respuesta organizada de los trabajadores en defensa de sus derechos frente al ninguneo de la administración.

Es innegable que las luchas sindicales reportaron logros de importancia esencial para el bienestar de los agremiados, que el sindicato fue refugio de disidencias y expectativas transformadoras para la propia universidad, de cara a las nuevas exigencias sociales y laborales de una sociedad en movimiento.

Sin embargo, las aguas que se estancan pronto tienden a corromperse, se pudren y empiezan a contaminar el ambiente.

La inmovilidad sindical se manifiesta en la tendencia a intervenir en asuntos que nada tienen que ver con la defensa de los derechos laborales, para pasar a tratar de intervenir en cuestiones normativas, administrativas y de gobierno institucional. En esta tesitura se impulsó la reforma a la ley orgánica y en este sentido se presenta la renuncia al cargo de secretario general, con el propósito de que el doctor González pueda ser candidato a la rectoría de la UNISON.

El registro único del maestro Cuauhtémoc Nieblas culminará con el proceso electoral donde, salvo error u omisión, saldrá electo como secretario general sustituto con vigencia hasta octubre de este año. Victoria pírrica de una democracia congelada, que atiende más a la forma que al contenido.

Logro curricular en las luchas por el documento, la constancia y el membrete. Triunfo de la democracia formal convertida en caricatura de sí misma y oprobio para quienes operan la farsa, mientras ven como ojos rencorosos a los que rechazan el gato por liebre, y ponen el dedo en la llaga sindical que no sana con saliva o enjuagues charrificantes.

Tenemos una curiosa versión de las puertas giratorias. Así como se da entre el gobierno y la iniciativa privada, entre la administración de justicia y el crimen organizado, también se puede dar entre el sindicalismo y la administración institucional, demostrando que la ausencia de principios y valores da a las ambiciones de poder y canonjías la fuerza necesaria para convertirse en norma.

Mientras que, en la vida política y social, la imaginación toma por asalto a la realidad y convierte a la verdad en algo relativo y negociable, los sindicatos se transforman en plataforma electoral, en base de apoyo para escalar posiciones que niegan la lucha sindical, contradicen la solidaridad gremial y abandonan casi con orgullo la defensa de los derechos de los trabajadores.

Así pues, los sindicalistas académicos universitarios votarán por un secretario general sustituto, por otra cara en la galería de quienes fueron dirigentes, ya no por años sino por unos cuantos meses. Así de corta es la tarea, así de pequeño el tramo por recorrer. Tan estrecho como el horizonte de un sindicalismo que se negó a ser.  

   

      

sábado, 21 de diciembre de 2024

PELIGRO DE ATAQUES DE RISA

 “La historia nos ha enseñado que el hombre y las naciones se comportan sabiamente cuando han agotado todas las alternativas” (Abba Evan).

 

Todos sabemos o percibimos que estamos en un mundo peligroso. Las noticias de una posible hecatombe nuclear a nombre, claro, de la libertad y la democracia, nos ponen los pelos de punta y añaden un toque de adrenalina a nuestra rutina cotidiana.

La lucha desaforada por los mercados y el control de el petróleo, los minerales estratégicos y otros insumos importantes para la industria trascienden el campo diplomático para ingresar al de la confrontación armada.

Los principales países petroleros o consumidores de hidrocarburos pugnan mediáticamente por la sustitución de su principal insumo en aras de bajar el contenido de dióxido de carbono en la atmósfera, mientras se niegan a firmar el Protocolo de Kioto y otros acuerdos que pondrían en peligro su industria.

Los países que encabezan la lista de fabricantes y mercaderes de armas pronuncian discursos a favor de la paz en la ONU, el G7 y otros foros internacionales mientras hacen planes estratégicos donde interviene la OTAN, los medios informativos y los voceros gubernamentales para orientar a la opinión pública sobre el nuevo significado de “terrorismo”, “defensa”, “soberanía”, “seguridad nacional” y, por no dejar, “derechos humanos”.

Los impulsores de las llamadas energías limpias en su discurso dejan de lado varias cosas importantes como, por ejemplo, que nada se puede mover sin la presencia de los hidrocarburos, esenciales en la producción de energía, en la fabricación y funcionamiento de maquinaria, equipos, ropa, medicinas y muebles, entre muchos otros usos.

Somos una especie que recicla y aprovecha materias creadas por la transformación de muchas otras a lo largo de millones de años, de las que dan cuenta la geología, la química, la biología, entre otras disciplinas que hurgan en la materia y sus formas, pero parece que aún no nos enteramos de qué es lo que hace posible la vida en el planeta.

Tenemos una muy vaga idea acerca de la importancia del carbono y, desde luego, del dióxido de carbono para la existencia de la vida en el planeta, y nos agarramos fuertemente de la idea simplista de que el estado del clima es producto de la acción humana, sin más factores que considerar.

Vivimos pegados al monitor de la televisión, a la pantalla de la computadora, del teléfono y la tableta inteligente como ventanas al mundo y sus realidades, dejando de lado al cerebro, la memoria, la experiencia y la capacidad de discernir nuestro contexto y aquello que lo influye y conforma. Creemos que la democracia viene de fuera y dejamos de ser independientes.

Creamos y reforzamos membretes, formas de organización que terminan despegándose de su objetivo para convertirse en entidades con vida propia, independientes de quienes las integran, y adoptamos nuevos conceptos y tratamientos sociales sin más sentido que el de la autocomplacencia.  

La transformación de lo social en individual y lo público en privado se ve incluso en los sindicatos, grandes o pequeños. Tras cada membrete no es raro encontrar un interés mezquino, individualista y excluyente que se disfraza de colectivo y democrático.

Así pues, las banderas sociales y sus expresiones políticas terminan siendo la cara de estructuras clientelares, patrimonialistas y corruptas, porque, entre otras cosas, desaparece la libertad de expresión que se califica como un peligro para la permanencia o existencia del organismo. La crítica y la autocrítica se toman como expresiones de odio que sólo sirven para socavar los cimientos de la organización.

La disidencia, por tanto, ya no es expresión de la salud democrática del grupo, sino el afán destructivo de minorías celosas del bienestar logrado por las dirigencias. Así pues, el concepto democracia sólo se aplica cuando se trata de la acción del grupo dominante, con lo que tenemos la centralización de los conceptos y la privatización de su sentido.

Para ejemplificar este salto, imaginemos que para lograr la democracia es necesario que el sindicalismo asuma las funciones patronales; por ejemplo, impulsando a un dirigente sindical universitario a la rectoría de la institución que lo tiene contratado.

En otro escenario, pudiera aparecer como impulsor de la soberanía alimentaria un empresario de la rama de productos transgénicos; o como cabeza del sector salud, un empleado de las transnacionales farmacéuticas.

O pretender ser nacionalistas cuando trabajamos en dar concesiones que permitan la injerencia del extranjero en el territorio y la vida económica nacional; o levantar la bandera de la soberanía cuando se participa en ejercicios y acciones militares organizadas y dirigidas por un gobierno extranjero, o suponer que integrarse con el norte fortalece la independencia y el desarrollo nacional.

O creer que mejoramos la educación al incorporar la ideología de género desestimando las bases biológicas de nuestra diversidad. O que impulsamos la inclusión generando mecanismos de marginación legal selectiva por razones de género.

Si normalizamos la incongruencia, es improbable que podamos mejorar las condiciones de vida que tenemos, aunque seguramente provocaríamos un ataque de risa a quienes representan el sistema que formalmente decidimos combatir.


 

jueves, 4 de julio de 2024

PARTIDO EMBARAZADO

 

“La mayoría de las personas son otras: sus pensamientos, las opiniones de otros; su vida, una imitación; sus pasiones, una cita” (Oscar Wilde).

 

Sigue levantando polvo la diputación plurinominal de Sergio Mayer, el ex zangolotino de Garibaldi, ahora stripper y actor (sic), que, tras lanzar críticas ácidas contra Morena, ahora se dispone a defender los colores de su formación política de hospedaje temporal.  

Se presume que fue el dedo de las alturas quien escribió su nombre en la lista de los ángeles y arcángeles que defenderán el color guinda en el seno del Poder Legislativo y que, según algunos, sin el personaje mediático con olor a nostalgia, el Plan C se estancaría en las alcantarillas del debate bizantino.

No sé si porque Sergio Mayer tiene una bolita que le sube y le baja, puede convertir la generosa concesión plurinominal en triunfo legislativo. O si su sola presencia es un buen sustituto de la voluntad de 36 millones de votantes que dijeron “SÍ” a la Reforma Judicial. No lo sé.

Tampoco sé si el singular dibujante Rafael Barajas, Fisgón, tiende a caricaturizar la posibilidad política de convertir una calabaza legislativa en carroza real, ignorando el hecho de que, de todos modos, pudiera estar tirada por ratones.

Las dudas e interrogantes son muchas. Lo cierto es que la presencia del exgaribaldi resulta ser tan penosa como pudiera ser el mismo sistema de plurinominales, en un contexto en el que el pueblo puede quitar y poner con su voto a sus representantes.

Ahora, si se trata de demostrar apertura y pluralidad más allá o, por encima de la voluntad popular, a modo de acuerdos políticos, lo que resulta es una especie de lienzo de retazos, una colección “incluyente” de propios y ajenos que, mañana o pasado, van a manifestar su verdadera posición sobre los problemas y soluciones nacionales, como ya lo hizo Mayer al unirse a la marcha rosa y criticar algunas de las decisiones morenistas desde Morena, por no mencionar (entre otros) el caso de Lilly Téllez en toda su dimensión kafkiana.

Así, en el marco de la inclusión y la pluralidad, ¿a qué hora prevalecen los principios y valores del partido Morena y el movimiento de la 4 T? ¿Cuándo se generan las condiciones para que la ideología de la transformación (si la hubiera) luzca y genere una conciencia colectiva en favor de sus causas y proyectos? ¿En qué momento se trabaja por diseñar un nuevo régimen capaz de enfrentar y vencer al neoliberalismo y la unipolaridad con el abal del voto popular?

Mezclar en una misma canasta tamales de chile, elote, mole, frijol y piña puede ser muy inclusivo, pero no por eso afortunado y funcional. Aquí surge la pregunta definitoria obligada: ¿somos o no somos?

Como quiera que se vea, un partido sin ideología política definida está sujeto a las contingencias de la vida cotidiana, porque sin tener un asidero firme que oriente sus decisiones y su acción, va a la deriva. Será, en todo caso, un partido dominado por el pragmatismo que, a la larga, tenderá a caer en serias contradicciones. La definición política y programática siempre es de agradecerse.

Si usted recuerda, en el caso de Sonora, por ser “incluyentes y plurales” a lo último no se supo si el partido anfitrión era una barca política de Noé o el movimiento transformador del caiga quien caiga:

Se incorporaron estelarmente algunos personajes que habían pasado por el PRI, PAN, o PRD, en medio de trapecismos coyunturales de acceso a senadurías, diputaciones y presidencias municipales. Quien hacía poco defendía rabiosamente al gobierno del PAN, de repente salta a una candidatura por Morena. Quien navegaba en el PRI para después hacerlo en el PAN, da muestras de versatilidad al abanderar electoralmente a Morena, demostrando que el travestismo político es un ejercicio redituable, amnesia de por medio.

Si en su momento fue una estrategia válida en el ánimo de unir fuerzas y aprovechar el capital político de tal o cual sujeto, lo que esto quiera significar, y se recogieron y restauraron los desperdicios ajenos, hoy quizá sea necesario pensar en la validez y consistencia del proyecto y la congruencia entre los dichos y los hechos, pero, sobre todo, la responsabilidad de acatar el mandato del pueblo expresado en el voto del 2018 y refrendado el pasado 2 de junio.

El caso de Sergio el bailador da cuenta de una práctica política que es, esencialmente, pragmática e irresponsable. Así no se puede hablar cabalmente de un partido y movimiento que busca la consolidación de una ideología transformadora, sino de una organización que sufre una parasitosis potencialmente letal, en términos de su definición identitaria.

Algo así como un embarazo no deseado, pero que se da en un contexto donde las manos sudadas y las miradas melosas de los encuentros de conveniencia son superadas por la penetración de los vicios y perversiones que se pretendía conjurar.

Si el embarazo político de Morena llega a generar sospechas de una crisis de identidad, entonces pudiera ser recomendable el aborto, para la preservación de la vida y viabilidad del proyecto nacional. Aunque se enoje don Rafael Barajas, el Fisgón.

Como dice la conseja popular: vale más una vez colorado que mil descolorido.

 


domingo, 30 de junio de 2024

¿Y DÓNDE ESTÁ EL DEBATE?

  

                                 “En toda farsa hay un farsante”.

 

La moda política de los debates entre los personajes que aspiran a un puesto de elección popular, produce efectos similares a los de los programas televisivos que consisten en encueramientos emocionales frente a las cámaras, para que el público presente se ría, enoje, critique o apoye las miserias de los exhibidos.

Las trayectorias, proyectos, propósitos o planes de los contendientes, en esta versión mediática de los pastelazos y las zancadillas de la comedia de carpa, difícilmente pueden darse a conocer cuando el formato apunta hacia la crudeza del insulto, la réplica y los trapos al sol lanzados al aire mediático.

Biden y Trump, la pareja cómica de la temporada, protagoniza el sainete preelectoral largamente esperado por los analistas políticos internacionales, medios corporativos, redes sociales y mirones ocasionales en busca de emociones a distancia: puyas, caras graciosas, miradas maliciosas, sonrisas plastificadas, respuestas que se quedan en intención y pastelazos simbólicos, pintan con realismo la farsa de un sistema que simula democracia y no se anima a poner frente a frente a los candidatos y sus electores en un proceso directo y transparente.

Sin embargo, “Estados Unidos” da lecciones al mundo de legalidad, democracia y libertades ciudadanas mientras alienta conflictos y sostiene 800 bases militares alrededor del planeta. El chiste, trágico chiste, se cuenta solo.

Mientras tanto, en México, la transición política va de un gobierno que impulsó cambios a otro que despierta las expectativas de que continuará honrando la voluntad popular. Algunos recientes nombramientos parecen ofrecer una idea ambigua de la continuidad.

Quienes pensamos que es imperativo recuperar el espacio económico nacional en beneficio de los ciudadanos, bajo el supuesto de que, por el bien de todos, primero los pobres, nos encontramos con el detalle de que algunos perfiles no necesariamente se ajustan a las expectativas de un desarrollo independiente y debidamente contextuado.

Afirmar que el futuro titular de Economía es una buena opción “porque tiene muy buena relación con Estados Unidos “, da al traste con el pensamiento soberanista y nacionalista, tan importante de cara a las exigencias del T-MEC vigente.

Poner el desarrollo científico en manos de una académica cuyo mérito es el encanto mediático y las buenas relaciones políticas con la vieja camarilla meritocrática de la “ciencia mexicana”, tampoco garantiza que la investigación prosperará en beneficio del país, más allá de la producción de “papers”, informes y artículos para consumo de los grillos y los pescaditos de plata, e incentivos monetarios para los autores.

También sería problema si se atara la salud mexicana a los designios de organismos internacionales como la OMS, ligada al esperpéntico conglomerado de la industria químico-farmacéutica, cuya actuación deja más dudas y críticas que resultados contra la enfermedad. Se espera que la política de salud sea soberana, independiente y esencialmente basada en el interés nacional, no en el de las transnacionales.

Más allá del currículo y las medallas académicas de los postulantes, lo fundamental es el compromiso patriótico y nacionalista que deberán asumir, que constituirá la diferencia entre el pasado neoliberal y la posibilidad de cambio. Aquí debieran buscarse las pistas en la trayectoria de los personajes propuestos, sus opiniones e intereses manifiestos. Presumir o señalar como mérito el estar ligados a los intereses del vecino del norte no es garantía para México, sino todo lo contrario. 

Por otra parte, habrá que ver si las figuras en las bancadas morenistas son consistentes con el proyecto nacional que apoyaron los votantes, y si dejan de lado las diferencias por razones de personalidad, egos y aspiraciones individuales futuristas.

En Sonora se dan cambios que parecen corresponder al estilo del gatopardo (cambiar para no cambiar), en una cadena de reciclajes que insinúan la carencia de un equipo donde la experiencia y consolidación política, de cara a los intereses geoestratégicos extranjeros, sea clara y defienda en la frontera norte y las costas la soberanía nacional.

La moneda está en el aire y la esperada búsqueda de posiciones en el nuevo gobierno federal recuerda la carrera de las ratas cuando se fugan del barco que parece naufragar. De llegar a darse esa situación, ¿quién y de qué manera apagará la luz y cerrará la puerta sexenal en Sonora? Por otra parte, ¿hasta dónde llega la responsabilidad política de quienes llegaron de la derecha para abordar un barco presumiblemente de izquierda?

Pero, además, ¿qué se puede esperar de un pueblo que, en la capital sonorense, votó a favor de una coalición política claramente contraria a los trabajadores y amiga de las opciones privadas a cargo del erario?

¿Nadie recordó la lucha de los trabajadores jubilados y pensionados del Ayuntamiento, por el reconocimiento de derechos adquiridos que habían sido borrados de un plumazo cuando llegó Antonio Astiazarán a la alcaldía? ¿Y sus intentos de privatizar la seguridad social y el derecho a la vivienda? ¿Y la renta de patrullas eléctricas en vez de fortalecer el parque vehicular municipal? Sin embargo, para que haya cambio debe haber opciones.

Queda claro que estamos en una etapa donde el discurso político obedece a una necesidad emocional más que responder a las exigencias reales y concretas de la población. El caso es que no hay transformación sin pueblo, ni gobierno sin apoyo popular. Entonces luchemos por la congruencia, porque el debate de lo nacional sea crítico, autocrítico y permanente en las fuerzas que impulsan la transformación. Luchemos. 

 


viernes, 24 de mayo de 2024

CON TODO RESPETO...

“Un vaso medio vacío de vino es también uno medio lleno, pero una mentira a medias, de ningún modo es una media verdad” (Jean Cocteau).


“Con todo respeto”. Esta es la frase tiene el poder de decir lo que a uno le venga en gana y cubrirse de la impunidad que da la advertencia emitida: usted podrá pensar o sentir lo que quiera o pueda, pero aquí mi chicharrón declarativo es el que truena.

Avanzar con la frase “con todo respeto” es ponerse el huarache social antes de espinarse o, si se quiere, sobar la cabeza del que será blanco de un coscorrón. Es como decir “a un lado que ahí va el golpe” en el diálogo cotidiano, que nos cubre con un manto de prudencia, de inmunidad y de satisfacción.

De prudencia, porque estamos denotando que sabemos que lo que sigue puede sacar roncha y, al tiempo que hacemos el juego, simulamos sacar las manos del asunto; de inmunidad, porque nos sentimos protegidos por esa manifestación de consideración hacia el otro sin necesariamente sentirla; y de satisfacción, porque anticipamos el logro de salirnos con la nuestra en un contexto en el que las palabras suplen a los hechos. La palabra es acción anticipada o memoria de lo actuado.

Cuando decimos “con todo respeto” hacemos funcionar un mecanismo que protege nuestra integridad, imagen y relaciones sociales, y que se proyecta como el levantamiento de la bandera de paz que disfraza el intercambio de balazos. Aquí no pasa nada, aunque pase, porque finalmente la verdad debe decirse.

Pero, resulta que la verdad requiere de algún lubricante para poder penetrar en donde debe, porque así, en seco, no sólo roza la piel sino que la raspa y lesiona, marcando a su objetivo con la descalificación o con el resultado de poner cara a cara al sujeto con su propia falibilidad, lo que ocasiona pena.

Las diferencias de opinión, los desacuerdos y las claudicaciones son parte del proceso de las libertades política y sociales, toda vez que la uniformidad sólo se da en el mundo de lo mecánico, de la obra humana objetivada que resulta de un modelo. Si en la industria es admisible, en lo social es totalmente indeseable.

Así pues, el error de la derecha mexicana, o internacional, viene siendo su propensión a la uniformidad, a la rigidez y a la exclusión de otras visiones y voces. Aquí el dogma de un mundo feliz y plano, sin rugosidades, diferencias o matices es el objetivo deseado y buscado por la acción política. Es lo que vemos en las marchas, las consignas, los reclamos y las acciones de carácter judicial o mediático que emprenden.

Que nos vamos a volver Cuba, o Venezuela; que nos están llevando al comunismo, que nos van a quitar la casa y el carro, que nos van a quitar los ahorros y recursos de que hoy disponemos.

O que van a cerrar los templos, porque son ateos y satánicos, que tienen pacto con el diablo y sus huestes infernales. Que estamos en una dictadura, con un gobierno autoritario enemigo de las libertades, que reprime las manifestaciones y la palabra de los opositores.

Sin embargo, los gritos y sombrerazos de los marchistas se han podido oír por todos lados, sin que alguien intentara coartar su derecho a vociferar consignas contra el gobierno o publicar desplegados o notas calumniosos y chorreantes de odio. Aquí, a diferencia de otras ocasiones, en las marchas de la oposición las campanas de las iglesias, como los mariachis, callaron.

Incluso, hubo una petición de la doctora Beatriz Gutiérrez Müller, esposa de AMLO, para que se quitara el video (el segundo revelado) que muestra el espectáculo grotesco del hijo de la dama de las gelatinas, encaramado en la prepotencia etílica, publicado por el conocido youtubero “Callo de Hacha”. Así, en vez de dejar correr el agua, la señora, madre agredida en su familia, se solidariza con la madre gelatinosa afectada por las acciones de un hijo malportado en plena campaña presidencial.

Eso de poner la otra mejilla para que se la ponchen en medio de un debate nacional es algo, digamos, que marca distancia entre el deseo natural de “el que la hace la paga” con las palabras y los hechos “políticamente correctos” de perdonar y apoyar.

Le confieso que prefiero una lucha donde se hable con claridad y no se pretendan ignorar ni justificar los errores y contradicciones de la oposición, antes que tratar de componerles la plana, de ser empáticos, muy buena onda, y “muy cristianos”.

En esta lucha política tenemos sólo dos sopas: una compuesta por retazos de pasado que huelen a podrido porque lo están, lo que incluye una muy conocida y obscena relación con la Casa Blanca y sus aspiraciones golpistas, y otra que busca un mejor futuro por vía de un proyecto transformador: Lo que se debate es la soberanía frente a la subordinación.

La insidia local más la de las “agencias de inteligencia” encargadas de la desestabilización internacional y vecinal, y la prensa (del tipo del Washington Post y el Financial Times, por ejemplo) que actúa como su caja de resonancia, se estrellarán contra la ciudadanía mexicana informada que ejerce sus derechos políticos y decide por México.

Honremos el deber moral y político de llamar a las cosas por su nombre, sin adornos, pero con justicia.  Así pues, con todo respeto, ¡que se pudran!

En otro asunto: con todo respeto, pero ¿había necesidad de que probaran el volumen de los aparatos de sonido instalados en Oaxaca y Pino Suárez, para los eventos nocturnos de las Fiestas del Pitic, a las 4:30 de la mañana del jueves 23? ¿Serán imbéciles? ¿Imbéciles profundos? Sospecho que sí. Por lo pronto, ni un solo voto al Prian.

 

    

lunes, 20 de mayo de 2024

MAREA ROSA... QUÉ COSA.

“El lenguaje político está diseñado para hacer que las mentiras suenen veraces y el homicidio respetable” (George Orwell).

 

Le di seguimiento a la marcha y los discursos del domingo en el zócalo capitalino con interés casi entomológico. Una plaza parcialmente rosa deslavado y con lunares, colmó la mitad del espacio y el aire respirable con toques de Dolce & Gabbana, Carolina Herrera, Dior, así como los varoniles Giorgio Armani, Versace, Acqua Di Gio, ente otros aromas que hablan de distinción y altura de miras del empresariado neoporfiriano.

Desde luego que la democracia respiraba otros aromas como Palmolive, Lirio, Zest y Escudo, en apretada concurrencia matraquista que portaba banderas albicelestes, tricolores y amarillas, como evidencia de que el personal del servicio doméstico también sirve de apoyo visual al conjunto de gentiles damas y distinguidos caballeros que apoyan a la señora de las gelatinas, el chicle y el huipil. Aquí quedo claro que pueden marchar juntos, pero no revueltos.

La plaza de la Constitución sigue siendo el ombligo del mundo político nacional en ocasiones estelares y su concurrencia lo demuestra: aquí, como en La fiesta, de Serrat, el noble y el villano, el prohombre y el gusano marchan y se dan la mano sin importarles la facha, aunque pasando el momento de la foto y el objeto del viaje al zócalo, vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas.

En medio de la masa rosácea sobre la plaza llaman la atención los puntos fluorescentes que corresponden a Claudio X. González, Marko Cortez, Alejandro Moreno y Jesús Zambrano, entre otras luminarias de la necropolítica que busca pasar por ciudadana.

Llega el momento estelar y se oye la voz de Xóchitl, en un discurso confeccionado por retazos sueltos, ideas dispersas, inconexas, efectistas, algo así como una muestra de impresionismo discursivo que se basta a sí mismo, sin compromiso con propuestas, propósitos y pasos concretos. Todo un homenaje a la ocurrencia, a la oquedad política que juega a tener un lugar en la construcción de otra realidad.

El público rosa corea lo que parecen ser consignas, lemas de campaña, expresiones breves y contundentes que no necesitan estar asociadas con un objetivo más allá de lo emocional, quedando como testimonial de una presencia.

Lo que sí debe reconocerse es el logro de un consumo de tiempo y espacio sin más propósito que posar para la historia, para el momento en que se filma la oposición con sus mejores galas, de cara al supremo acto mediático del debate presidencial.

La marcha y el mitin placero llevó, desde luego, una consigna clara: “nuestra democracia no se toca”, lo que recuerda los no-se-toca de la educación, el INE, la SCJN, los fideicomisos, entre otras llamativas consignas prohibitorias, generalmente acompañadas de varios kilos de recursos legales promovidos para evitar cualquier posibilidad de cambiar el statu quo y seguir como si el tiempo y las circunstancias nacionales no cambiaran.

El tan anunciado debate fue, así en breve, un muestrario de recursos entre pueriles y porriles de la candidata de las gelatinas, de algunas puntualizaciones e ideas por parte del candidato de MC y propuestas precisas y bien contextuadas por parte de la candidata de Morena-PT-PVE.

Me parece que nadie esperaba más, aunque muchos seguramente esperaban menos. El fracaso por anemia conceptual, pobreza intelectual, ideológica y política, se une a la memoria colectiva nacional donde, así como lo tienen claro los maestros de la CNTE, los enemigos del pueblo siguen siendo los mismos que apoyaron el Pacto por México, e impulsaron la reforma educativa, la energética, la de competencia económica, telecomunicaciones, hacendaria, financiera, y laboral. Reformas estructurales que reafirmaron nuestra dependencia con el exterior.

Así pues, mientras los empleados de tal o cual empresario o el personal doméstico vean condicionado su empleo a la asistencia matraquera y porrista a marchas y mítines, no se puede hablar planamente de democracia, de respeto a la diferencia de pensamiento, al empleo y, definitivamente, a la dignidad del trabajador.

Quienes dicen que estamos en una dictadura, que el gobernante es satánico, comunista y que van a expropiar la casa y el patrimonio de los ciudadanos si siguen en el poder, seguramente debieran sacar la cabeza del trasero y ver dónde están parados, de qué libertades gozan, que derechos tienen y puede ejercer con libertad.

Una dictadura no permitiría que los ciudadanos marcharan lanzando consignas en su contra, publicando difamaciones y calumnias, desacreditando la obra del gobierno y propagando falsedades con total ligereza e impunidad. Seguramente la democracia no progresa con este tipo de acciones bajunas y tóxicas. Seguramente la desestabilización empieza con la acción de traidores, de apátridas y vendidos a los intereses del capital transnacional y los deseos expansionistas del norte global.

La oposición dice que el 2 de junio se juega el destino del país, que se elige entre dictadura y democracia. Según se ha visto, la intolerancia, la violencia y las malas jugadas están del lado de los aliados de Claudio X, de los markos, chuchos y alitos, del clero encaramado en la época de la guerra fría, de los conservadores, de los explotadores de siempre y de los idiotas útiles al sistema que los oprime.

Y sí. Usted vote por quien quiera, porque en una democracia la mayoría decide el rumbo nacional, como quedó demostrado en 2018. Mientras tanto, la oposición puede decir misa.         

 

viernes, 15 de marzo de 2024

¿Y QUÉ PASÓ AQUÍ?

 “La manipulación mediática hace más daño que la bomba atómica, porque destruye los cerebros” (Noam Chomsky).

 

Comprender la situación actual puede ser una de las imposibilidades prácticas que enfrenta cualquier ciudadano medianamente informado, habida cuenta que la adicción al Facebook, X y la prensa “seria” pueden causar una fea enfermedad progresiva y mortal para las células cerebrales sin dejar de lado el hígado y el aparato digestivo.

Y es que la mente se empieza a formatear de manera antagónica con cualquier noción de supervivencia, al tragarse la densa sopa que los medios de comunicación sirven cada día en forma de “notas informativas” que echan por tierra cualquier idea de decencia, dignidad y sentido de la realidad y, lo más dramático, de identidad nacional.

Que un extranjero, sea hombre, mujer o quimera, nos venga a decir cómo debe ser la democracia y el proceso electoral, incluso por quién debemos votar, ya es el colmo y no por la simple presencia extranjera sino porque los patrocinadores de la visita y promotores visibles del discurso son ciudadanos mexicanos.

Puede ser una representante de la aristocracia española, el embajador del Tío Sam, un político, una personalidad intelectual o mediática europea o sudamericana quien se ponga a hablar acerca de lo que debe ser el rumbo de México, lo cual es el jodido colmo del abuso y la falta de respeto.

También lo es que, desde el gobierno gringo, español, francés o de cualquier otra nacionalidad, alguien se ponga a pontificar acerca de los milagros de adoptar su forma de entender la democracia, las inversiones, las finanzas o criticar la forma de torear chiles, de matar pulgas o de forrar curules o escaños mexicanos.

Pero, lo que más huele a cloaca es que las autoridades judiciales altas, medianas o bajas, se empeñan en servir de tapete a la impunidad de delincuentes de cuello blanco, gris o del color que sea, bailando un zapateado encima de la Constitución y las leyes que de ella emanan.

Así tenemos el otorgamiento de garantías a un violador de menores, a un delincuente fiscal, a un defraudador financiero, a un vivales que sangra el patrimonio nacional o que, tras la cobertura de alguna ONG o grupo de la “sociedad civil”, chupa dinero nacional o extranjero y sirve de medio de desestabilización política nacional.


Lo singular del asunto político-electoral actual es que se visibilizan mecanismos de redirección de los organismos autónomos en aras de cumplir una agenda contraria al interés nacional, operada y representada por personajes seducidos por el dólar, uncidos a la idea de “democracia” que promueve el departamento de Estado y las agencias de inteligencia que traman golpes de estado y defienden a capa y espada el “derecho” al aprovechamiento de los recursos ajenos, así como la colonización ideológica de las fuerzas autóctonas.

Como si fuera un laboratorio de ingeniería social, el país vive la intensidad de los gritos y sombrerazos en forma de marchas, plantones y portazos, aderezados con actos vandálicos y de violencia a nombre supuestamente de la paz, las libertades y, desde luego, la democracia, cuya andadura es magnificada por los medios corporativos de información.

Así que no faltan expresiones a voz en cuello que denuncian la represión, la dictadura y la ausencia de garantías para hablar, escribir o actuar mientras marchan, publican infundios y atacan libremente al gobierno en diversas formas, incluyendo el acordar medidas que nulifiquen judicialmente las reformas propuestas por el Poder Ejecutivo para el cumplimiento del proyecto por el que la mayoría votó en 2018.

Mientras, la prensa estira la liga de la libertad de expresión y de información y pinta de rojo el panorama nacional, acreditando los hechos violentos como factor determinante de inestabilidad y riesgo electoral en un contexto en el que todos van, vienen, viajan, escriben, hacen negocios y disfrutan de garantías plenas para su ejercicio profesional.

Pero tampoco falta el expresidente que, estando embarrado de sangre y corrupción, se da baños de pureza y convicción democrática y republicana mientras come de la mano de la monarquía española y la esperpéntica aristocracia y oligarquía franquista, criticando al gobierno del país que dejó. El olor a la podredumbre de aquí o del otro lado del Atlántico es, de cualquier manera, inconfundible.

Flota en el aire la pregunta de cómo un mexicano puede servir de instrumento para las maniobras desestabilizadoras de un poder extranjero, y cómo se protege a delincuentes desde el Poder Judicial y se permite la acción de mercenarios que “calientan la plaza” con el propósito de nulificar el proceso, o desacreditar el previsible resultado electoral, mientras se regodean con el supuesto avance en encuestas de una oposición que simplemente no levanta ni expectativas de triunfo ni garantía de progreso… aunque los prianistas y su candidata digan falazmente lo contrario.

Decir que López Obrador es comunista, dictador, represor, antidemocrático, incluso satánico y ateo, y que nos está convirtiendo en Cuba o Venezuela, es un hilo argumental tan delgado que no resiste el mínimo jalón de la realidad, a juzgar por los quejosos que hacen, dicen y gesticulan con total soltura e impunidad aún en actos de flagrante vandalismo y abuso de las libertades.

La mentira, el insulto y la agresión no califican como materiales de construcción de una nueva sociedad incluyente y democrática, por lo que ya va siendo tiempo de enterrar el cadáver putrefacto del neoliberalismo de guarache y la subordinación nopalera a poderes e intereses extranjeros. Ya basta.


 

sábado, 4 de noviembre de 2023

DIA DE MUERTOS

 “La muerte termina una vida, no una relación” (Morrie Schwartz).

 

El día de Muertos es un día especial, sin duda. Un día que la tradición destina para recordar a los que se han adelantado, a los idos para siempre, a los parientes y amigos, compañeros, vecinos, a las personas conocidas lejanas o cercanas, a los que nos mueven el tapete de la existencia con la certeza de que, así como los ves, te verán.

Día en que la mercadotecnia barata centra sus baterías como ejercicio preparatorio de festividades mayores, tocando la fibra de la nostalgia a los clientes cautivos de siempre, a los que llenan el cochinito de las empresas como si fueran los remanentes del ejercicio fiscal del Poder Judicial no devueltos a Hacienda y convertidos en fideicomisos.

La vida de los mexicanos es un albur, una moneda en el aire que difícilmente cae de canto, en una neutralidad o equilibrio tan precario como improbable, porque lo mismo muere atropellado por un auto en fuga como por un camión de transporte público cuyo chofer parpadeó más de lo prudente.

La muerte azota las costas guerrerenses, como el crimen organizado lo hace con la frontera y los núcleos urbanos, pasando por la sierra y los caminos que van al norte. Aquí vemos que hay de huracanes a huracanes, pues lo mismo mata o damnifica una banda criminal que quema incienso al dios del libre comercio que un empresario que mira para otro lado cuando su negocio minero acaba lentamente con la vida de muchos y deja su huella en la tierra y el agua de un río.

Día de Muertos en el que recordamos a nuestros desaparecidos, a veces sin pensar en los del vecino, en los que están en Gaza, en África, en el Oriente medio y próximo, en el sur de nuestro continente, en cualquier zona donde haya petróleo, tierras raras, diamantes, esmeraldas y otros minerales vistosos en el escaparate de la joyería internacional y su mercado de vanidades o de insumos y productos industriales.

Nuestros muertos tienen, por razones de proximidad, mayores garantías de memoria y emoción que aquellos que son sólo referencias noticiosas, titulares con barniz humanitario que se resbalan de la mente y sensibilidad de los lectores que repasan las noticias con la distracción propia del caso, mientras arreglan su vida cotidiana de alguna manera en las antesalas, en la sobremesa, en los momentos de ocio sin salida ni propósito claro.

Los muertos pueden ser víctimas del tiempo, de una enfermedad, o un conductor deshumanizado, inmoral y estúpido en su cobardía, o pueden ser objetivo seguro para algún dron de factura occidental; o por obra de fuego cruzado, o por una droga colada en el antro de moda, o por el exceso de fuerza a la hora de repeler una agresión o someter a un delincuente, o un arranque violento, o un accidente en el entorno familiar.

La muerte y su conmemoración tiene nombre y apellido en su construcción mental. Pasa por los recuerdos cercanos o lejanos y se corporeiza, tiene voz, volumen e intensidad, adquiere movimiento y camina a nuestro lado, como hace años, o meses, o días.

Es la madre, el padre, el pariente cercano que vive de nuevo en la evocación del día, es el amigo, el compañero de escuela, el camarada de aventuras juveniles, la compañía entrañable en la casa, en el barrio, en la cotidianidad que nos toca la puerta de la memoria para que vivamos de nuevo lo perdido.

Y ahí está el compadre, el amigo de infancia, el compañero de la primaria, el cómplice de tropelías de la secundaria o preparatoria, el condiscípulo de la carrera, el colega en el trabajo, y así, recorremos el circuito de los caídos, que se estrecha en la contemplación de los más cercanos, de quienes nos mueven la conciencia y la nostalgia, triste, pero también agradecida y gozosa.

Recuerdo entre otros entrañables personajes que vertebraron mi vida, a mis familiares, a mis maestros, a mis amigos y compañeros de estudios y trabajo, a aquellas personas que, sin conocerlas personalmente, aportaron y aportan ejemplos luminosos de dignidad, resistencia ante la injusticia, oposición militante ante la grosera manipulación de los valores humanos, la verdad y la justicia.

Hoy tenemos muertes que se perpetran en el altar de la codicia, de la estupidez expansionista en Oriente próximo y medio, en África, en nuestra América colmada de bienes terrenales codiciados por los mismos de siempre, de bienes culturales que se manosean y deforman en aras de una obscena y criminal pretensión de uniformidad continental y mundial, en una unipolaridad absurda y antinatural “basada en reglas”, en una imposición intolerable. 

Día de Muertos, día de celebrar la memoria y de refrendar nuestros deberes con la libertad, la verdad y la vida. La lucha sigue.



viernes, 29 de septiembre de 2023

LOS MALOS HÁBITOS

“No quiero vivir en una ciudad cuya única ventaja cultural es poder girar a la derecha con el semáforo en rojo” (Woody Allen).

 

Muchas costumbres deplorables alcanzan alturas de consagración mediante su repetición frecuente, así sin más, como si hubiéramos nacido dispuestos orgánicamente a tropezar socialmente con la misma piedra, darse de boca en el pavimento y seguir tan campantes cultivando esa miopía selectiva que envilece el ambiente, sin trauma ni culpa. Pero entremos al apartado de los ejemplos.

Apenas asoma el cliente la nariz y cruza la puerta, el ambiente tranquilo y acogedor del café o restaurante cambia. Una verdadera carga de caballería en forma de sonidos que pasan por musicales lo ataca por todos lados, reduciéndolo a una masa temblorosa con taquicardia, náuseas y deseos de salir huyendo.

A pregunta expresa, el empleado explica que el patrón les exige que enciendan los motores musicales a la primera aproximación del posible cliente, no se sabe si para correrlo o para ambientarlo.

Se le solicita al trabajador que baje un poco el volumen del sonido quien, con aire confuso, acata y complace la petición. Así, tras eventuales elevaciones y descensos de decibeles, se desarrolla el servicio. El cliente resulta ser una oreja cautiva de los arrebatos melódicos del empleado o de la escasa consideración y tacto del propietario.

Sucede que en un local en el que predomina el sonido impuesto, la voluntad del cliente queda nulificada y cualquier conversación resulta en un concurso de gritos y gesticulaciones. La comunicación se pierde mientras que el ambiente del establecimiento crece en incomodidad.

Y qué decir de los lugares donde el empleado o el encargado despliega su vida social sin recato, tomando como rehenes a los eventuales concurrentes mediante el uso de su teléfono “inteligente”, en el que desarrolla una charla con el altavoz abierto, con las sobadas frases chabacanas y las risas altisonantes que en mucho contribuyen a la vulgaridad del diálogo.

O cuando en un local pequeño con dos o tres mesas y la barra donde se encuentra algún mostrador, exhibidores y equipo de cómputo, al encargado se le ocurre usar una de las mesas como escritorio. Aquí, el cliente resulta ser un estorbo para el feliz viaje gerencial donde el espacio está disponible de acuerdo con el humor de quien lo administra.

En la calle, los equipos de sonido proyectan una indescifrable y caótica cacofonía a las afueras de los negocios establecidos en el área. Diferentes capacidades, volúmenes, formatos, mezclados en una amenaza para el cliente potencial que ve alterados sus nervios al estar luchando su cerebro contra cada retazo sónico que golpea sus neuronas con la contundencia de un grito estentóreo: ¡no te entretengas viendo la mercancía!, ¡no pienses!, ¡no compares!, ¡no seas un consumidor informado! La contaminación por sonido es tan real y riesgosa como cualquiera otra. Pero en el ambiente de los cajeros automáticos también se cuecen habas.

Peor asunto cuando usted requiere los servicios de un albañil porque, como primera acción, el susodicho pone a funcionar su radio, grabadora o lo que sirva, para abrir un boquete a la normalidad de su hogar, generarle broncas con el vecino y hacer polvo sus expectativas de paz y tranquilidad.  

En otro escenario, usted espera con paciencia de camello filósofo su turno en el cajero, observa que el cliente ha concluido su operación y, sin embargo, sigue ahí. Cuenta varias veces el dinero recibido, imprime el comprobante, pero termina reintroduce su tarjeta, digita de nuevo la contraseña, solicita saldo y tras larga pausa se dispone a imprimir. Los minutos corren instalados en una burbuja de autismo bancario.

Peor asunto cuando usted espera su turno en la ventanilla bancaria y la amable y eficiente cajera atiende a un cliente frecuente, anecdótico, simpático, dicharachero, de confianza, pues. La buena vibra alcanza niveles de chacoteo informal, de buenaondismo familiar, mientras usted y muchos más esperan maldiciendo tanta cordialidad en horario de oficina.

 Sale del banco y mira a derecha e izquierda, avanza hacia la esquina y observa que hay área de cruce peatonal, pero un carro impide su utilización. El automovilista decidió que era una buena idea posar su unidad sobre el área peatonal y que se chinchen los de a pie. Si usted rodea la parte frontal del vehículo estará en tierra de nadie, y el atropellamiento es una posibilidad real.

La ciudad, sucia y tumultuosa, después de todo es asiento de valores, cultura y tradiciones. Parece que el ser víctima de la ignorancia, la estupidez y la mala educación es parte del paquete de situaciones que muchos consideran el precio que hay que pagar por vivir en una ciudad con amplias posibilidades de crecimiento. Pues muy bien, pero qué tal si acompañamos el crecimiento con desarrollo.

 

     


domingo, 24 de septiembre de 2023

ALGUNAS CUESTIONES URBANAS

 “Cuando los recuerdos se desvanecen, ¿puede uno volver a casa realmente?” (Floyd Skloot).

 

Ya se aprecian ligeros cambios en la temperatura de nuestra querida ciudad capital de Sonora, el agua no quema desde temprano y da un cierto margen de maniobra para bañistas y otros usuarios; el aire es más respirable y los casos de golpe de calor y deshidratación empiezan a entrar en temporada baja.

El clima influye en la forma en que vemos la vida, cómo nos sentimos y expresamos, porque no es lo mismo una mala racha con baja temperatura que lo mismo chorreando sudor y con la ropa pegada al espinazo.


En nuestras arideces se forja tanto la memoria colectiva como el cáncer de piel, la utilidad de la melanina como el bloqueador solar, pero, a pesar de ello, la conciencia del valor del agua parece habitar un mundo paralelo al que somos impermeables, tanto como las áreas pavimentadas que sustituyen a las arboladas, en un criterio que nada tiene que ver con la realidad en la que vivimos y morimos.

Aquí se destruyen áreas verdes y se desvían cauces de ríos por razones de “desarrollo inmobiliario”, se usa y abusa del agua “para atraer inversiones que crearán empleos”, volteando para otro lado ante los avisos de riesgo y estrés hídrico como si las mejores fuentes de empleo fueran las que requieren cantidades masivas de agua, pasando por encima del derecho humano al líquido.

Se promueven inversiones mineras, cerveceras, refresqueras, industriales de diverso tipo, incluyendo los puestos de lavado de autos, donde los chorros a presión generan charcos que fluyen a la calle y las alcantarillas.  

Se publicitan fraccionamientos y desarrollos verticales u horizontales con lago artificial y agua inagotable, para que usted pueda abrir el grifo y dejar correr el líquido mientras decide qué hacer, imaginando que es gringo en pleno ejercicio de su derecho al desperdicio, tal como muestran las películas y series de televisión.

Considerando lo anterior, ¿qué tanto sabemos y entendemos de nuestro entorno? ¿Qué tan preparados estamos para sobrevivir a la serie de fenómenos que los periódicos y revistas acreditan al calentamiento global? ¿Las energías limpias lo son en realidad? ¿En serio la humanidad puede mover su industria sin combustibles fósiles? Pregunta radical: ¿Habría árboles y demás vegetación sin CO2?

En otro asunto, se observa con más frecuencia el uso del teléfono celular reputado como inteligente como si fuera un radio, es decir, activando el altavoz. La ventaja es que funciona lejos de la cara del usuario, pero la desventaja es que cualquiera puede enterarse de la conversación, y hacerse una idea de cuán trivial, hueco, vulgar e intrascendente puede ser un diálogo, además del mal gusto de interrumpir otras conversaciones vecinas.

Lo cierto es que la tecnología se convierte en medio de expresión de la enanez intelectual de quien la usa, de la ridícula exposición de sus miserias, y sirve para magnificar y dejar expuesta la sórdida propensión al ridículo que alienta el dispositivo electrónico cuya capacidad rebasa por mucho no sólo el pudor y la discreción, sino la autoestima del feliz poseedor.

Pero, hablando de cosas esperanzadoras en la capital de Sonora, parece que el Mercado Municipal No. 1, corazón comercial tradicional de Hermosillo, será sometido a una rehabilitación largamente postergada, la cual durará algunos meses, quizá un año.

Es de esperar que el arranque de las obras sea pronto y que no quede como un buen deseo, generador de frustraciones y encabronamientos.

Lo anterior recuerda la supuesta rehabilitación de la Escuela Leona Vicario, que solamente se desocupó y dejó para que la gente se olvidara de ella. Me parece que el abandono de este plantel educativo de larga memoria regional es una mentada de madre a los habitantes de la ciudad y, sobre todo, a las familias afectadas.

El edificio de la escuela debe volver a su uso original, sin chapuzas inmobiliarias de tufo “modernista”, respetando tanto su historia como su derecho a seguir siendo la escuela de muchos ciudadanos con derecho a recordar y celebrar sus raíces formativas.

¿Qué se estará pensado el gobierno del Estado, la secretaría correspondiente, y la ciudad de Hermosillo? Echar tierra sobre la memoria de muchos ciudadanos no es lo que se espera del actual gobierno, tampoco se espera que, de repente, la Leona Vicario se nos devuelva en forma de museo, de plaza comercial privada, de restaurante o estacionamiento público.

El rescate de edificios venerables no significa su muerte y transformación en simples fachadas. Son historia viva, parte palpitante de nuestro pasado y destino. En otras palabras, no son ni deben ser objeto de manoseos especulativos o mecanismos de lucimiento personal. Se espera que haya respeto y seriedad. Pero el tiempo corre…

Por último, en serio, ¿tiene sentido que la oposición prianista-claudioequisista siga haciendo el ridículo en donde quiera que esté?