Notas Sueltas es un espacio de opinión sobre diversos problemas de carácter social, económico y político de interés general. Los comentarios pueden enviarse a: jdarredondo@gmail.com

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jueves, 28 de noviembre de 2024

LAS MISERIAS DE LA COMUNICACIÓN

 “La habilidad es a la astucia lo que la destreza es a la estafa” (Nicolas Chamfort).

 

Ya ve usted que nadie puede escapar a la seducción de la comunicación en tiempos en que los medios electrónicos y las maravillas digitales caben en la palma de la mano.

Difícilmente hay alguien que se resista a consultar sus redes sociales (sic) con la frecuencia que sea tan necesaria… o innecesaria, en el curso de día laboral o de descanso.

El día y la noche tienen una tesitura similar cuando de conectarse se trata y navegar por la anchurosa autopista de la información, paraíso de la infodemia y la construcción de paraísos digitales que transforman la vida y sus milagros en una serie de fenómenos pringados de avisos comerciales, sugerencias de contenido y toda la basura conceptual, emocional y conductual que usted pueda aguantar, en un consumo diario que inadvertidamente lo deforma, reformatea y lanza a la carrera de opinantes “bien informados” donde la meta es un “like”, manita arriba y todos los repostes posibles porque compartir es lo de hoy.

De primera intención, parece que el usuario tiene una disposición morbosa a hacer pasarela mediática a escala liliputiense, decirle al mundo que existe, lanzar opiniones, afirmaciones, rumores y denuncias lubricadas con el sebo de la autocomplacencia.

La frase de “publico, luego existo”, adquiere significado y propósito en la vida cotidiana de muchos, donde pertenecer a una comunidad digital en forma de chat, grupo o afiliación por “amistad” o contacto en “X”, Mega o similares da estatus legal en el mundo de las relaciones sin contacto físico, sin trato directo, sin idea de la calidad del interlocutor.

Tenemos “amigos” que pueden sumar legiones, sin embargo, no sabemos ni de colores, olores o sabores en la asepsia de una comunicación mediada por un monitor y un teclado.

La humanidad y la vida corren por carreteras separadas de la autopista digital y la comunicación se reduce a lugares comunes en las interacciones personales, en el intercambio de vacuidades cordiales, de formalismos huecos, de memes, emoticones y frases hechas.

Si bien es cierto que las redes sociales sirven para darnos la ilusión de la comunicación y ponernos al día de las novedades familiares, amistosas o noticiosas, también lo es que constituyen un campo fértil para los defraudadores, delincuentes cibernéticos, acosadores, odiadores por encargo, propagandistas de diversa ralea, troles, “bots”, sin olvidar a los hackers y sus maquinaciones perniciosas.

Las redes sociales son el nuevo campo de batalla que enfrenta a la ingenua confianza del usuario con la malicia y perversión del delincuente, del ganón disfrazado que roba o asume identidades, que se apropia de cuentas en aplicaciones comunicacionales como WhatsApp, entre otros.

 A usted le pueden llamar por teléfono para pedirle un código que supuestamente le enviaron por WhatsApp, para efecto de entregarle un paquete de una empresa comercial. Lo que el delincuente busca es que usted abra su aplicación para así penetrar y apoderarse de su cuenta.

Lo que sigue es que usted pierde el control de su aplicación, sus contactos reciben solicitudes de dinero en forma de transferencia a una cuenta. Si la víctima atiende el pedido queriendo hacerle el favor porque supone que es usted quien le envía el mensaje, se consuma el fraude y la víctima puede despedirse de su dinero, y usted, eventualmente, de su confianza.

En este caso, usted debe comunicar a las autoridades el fraude, reportar el número del que le hablaron, de ser posible, la cuenta bancaria señalada como destino de la transferencia, dar aviso a sus contactos y, a la brevedad, tratar de recuperar la cuenta, contactando a su proveedor digital e instalar, en su caso, la seguridad en dos pasos de WhatsApp. De ser necesario, cambiar su número de cuenta.

Así pues, las maravillas comunicacionales producto de la revolución digital, pueden arrojar frutos amargos y envenenados por la codicia y mala leche de ciertos usuarios.

Las miserias de la comunicación en redes donde se hace presente el abuso, la violencia y la mala voluntad, se crean y transforman en el mismo escenario donde se dan los saludos, felicitaciones, memes, videos y avisos que nos cuentan qué desayunó el contacto, sus padecimientos y visitas al médico, los ejercicios que hace, los años que cumple, los fallecimientos y nacimientos, la vida y milagros de gente que se comunica y confía.

Estar siempre alerta en cada llamada de números desconocidos y, en su caso, la denuncia de los abusos perpetrados. Son medidas necesarias que están en manos de los usuarios. Hagamos de los medios un espacio digno y seguro.

 

viernes, 22 de diciembre de 2023

ESTAS NAVIDADES...

“No camines delante de mí, puede que no te siga. No camines detrás de mí, puede que no sea un guía. Sólo camina a mi lado y sé mi amigo” (Albert Camus).

 

En Belén, ciudad palestina enclavada en los montes de Judea, en el centro de Cisjordania, estas navidades se recordarán en medio del estruendo de los bombardeos que orquesta Israel contra la población palestina, como una roja y desangelada sinfonía de odio, crueldad y un baño de sangre inocente.

Los villancicos podrán sonar alegres en los oídos de los gobiernos occidentales, de los pueblos cercados por la prensa que sólo mira para un lado e ignora el resto del panorama informativo mundial. Sonarán como un remedo de alegría conmemorativa ligada a Jesús, al contexto festivo de la redención, y de los excesos persecutorios de la Roma imperial y del sadismo cómplice de los gobiernos lacayos del imperio.

Cisjordania y Gaza, Palestina toda, se inmola en el altar de la estupidez ante los ojos del mundo cristiano y la displicencia sebosa de los administradores internacionales de la verdad, la paz y la justicia, de los dueños de la democracia, las libertades y sus dogmas políticos.

Estas navidades señalan la ruta perdida de la humanidad y el punto en el que el horror y la vergüenza dejaron de ser un atributo de la sensibilidad humana, para transformarse en la cínica parodia que habla de paz cuando patrocina, alienta y dirige la guerra e insiste en el derecho de un pueblo a masacrar a otro.

Es casi imposible referirse a Estados Unidos sin experimentar un agrio sabor de boca, sin sentir que las palabras son insuficientes para describir tan enorme cúmulo de hipocresía y demencia criminal acumulada en el discurso que vertebra las acciones y propósitos de un gobierno que, históricamente, ha sido tan engañoso y traidor como autocomplaciente.

Queda claro que la OTAN puede calificarse sin temor a equivocación como una organización delictuosa, brazo armado de los intereses de Washington; que la ONU y la Unión Europea son simples figuras decorativas cuando no cómplices de las maniobras de dominación geopolítica de los vecinos del norte; que la cultura del desperdicio y el abuso viene del norte, que el mundo se seguirá disolviendo en ácido de la unipolaridad mientras no se le ponga un alto.

Estas navidades recuerdan la diferencia entre el discurso de libertad, paz y armonía y la realidad que se construye en los conciliábulos del poder económico, en las altas esferas internacionales donde se dictan las reglas de comportamiento políticamente correcto y, en lo social, lo que se debe entender por inclusión, diversidad, tolerancia y respeto entre los pueblos y las personas.

Las ideas y costumbres, la cultura y la identidad pasan por el filtro de occidente, se maquillan, parchan, recortan y reformatean de acuerdo a un modelo seguramente estandarizado por la maquinaria que produce, distribuye y supervisa la moral de éste y otros traspatios. Es claro que la identidad y la cultura nacional estorban la labor educativa de las transnacionales, en su búsqueda de conciencias flojitas y cooperando.

En aras de fortalecer la autoestima y la noción de humanidad, echemos mano de nuestras tradiciones, de la forma y el contenido de los villancicos, del encanto esperanzador de las posadas, de las delicias de la gastronomía hecha en casa, de la idea que tenemos heredada de nosotros mismos como pueblo latinoamericano.

En estas navidades recuperemos lo que nos queda de infancia, de la ilusión de vivir en un mundo donde se construye la paz por nuestras propias manos, sin manoseos extranjeros, sin la viciosa comodidad de asumir como propio lo importado, con el orgullo de ser mexicanos capaces de sembrar un futuro que podremos cosechar fraternalmente.

Veamos y evaluemos el presente con la conciencia de que con trabajo y buena voluntad podemos construir un mundo mejor y que, al oponernos a la violencia y la inestabilidad política y social que irradia el norte global, nos definimos como contrarios al imperialismo y a favor de un mundo multipolar, respetuoso de la diversidad de identidades y culturas, incluyente y solidario.

En estas navidades, recordemos y apoyemos a Palestina, solidaricémonos con su dolor; asimismo, abracemos a la familia, saludemos cordialmente a nuestros amigos y vecinos y recuperemos el sentido de la humanidad y la fraternidad, con hechos, sin palabras vacías, sin máscaras, sin recurrir a las patrañas que distribuye la prensa occidental, Hollywood o las series de televisión con los estereotipos de temporada. Seamos nosotros, sin más pretensiones que la autenticidad. ¡Felices fiestas!


sábado, 17 de septiembre de 2022

La importancia de las normas

 

“Al margen de la ley, nada; por encima de la ley, nadie” (AMLO).

 

Según la enciclopedia en línea Concepto, “las normas jurídicas son los mandatos, reglas o prescripciones emanadas de una autoridad legal o judicial. Asignan deberes, confieren derechos o imponen sanciones a los individuos que viven en una sociedad, otorgándoles un marco común por el cual juzgar sus acciones, o sea, por el cual ejercer la justicia.”

La misma fuente nos dice que las normas tienen tres características. Son heterónomas, porque es la comunidad quien las impone al individuo; son coercibles, porque es el estado quien vigila su cumplimiento, y son bilaterales, porque involucran a dos partes, el individuo sujeto a la norma y la autoridad que vigila su cumplimiento.

Habiendo normas se inhiben las conductas arbitrarias y caprichosas, permitiendo el desarrollo del todo de manera armónica y discernible, donde los individuos puedan desarrollar sus capacidades en un ambiente que los proteja y estimule su desarrollo sin lesionar a otros.

La idea anterior se rescata con precisión y contundencia en la frase “Al margen de la ley, nada: por encima de la ley, nadie”.

En este sentido, pensar que las normas o reglas afectan el “libre desarrollo de la personalidad” es tan absurdo como tratar de volver a los tiempos idílicos de la comunidad primitiva, cuyas diferencias, prioridades y valores estaban basadas únicamente en el sexo, la fortaleza física y ciertas habilidades benéficas para la sobrevivencia del grupo.

Seguramente los defensores del “libre desarrollo de la personalidad”, siendo congruentes, verían con buenos ojos que alguien ajeno llegara a su casa y les birlara lo que se le antojara; o que, en plena calle alguien se pusiera a aliviar los intestinos sin importar lo desagradable de la exhibición, o que las futuras generaciones fueran depredadoras o autodestructivas, sin respeto ni empatía por los demás.

La explicación de “tuve ganas” o “necesitaba hacerlo” no encaja en los supuestos de una conducta que atienda la importancia de respetar el derecho ajeno porque, simplemente, ignora ese derecho en aras de cumplimentar el deseo personal.

Es importante subrayar la diferencia entre el hedonismo y el “libre desarrollo de la personalidad”, habida cuenta que, para lograr tal desarrollo, el individuo debe aprender a conducirse socialmente, valorar el código moral y ético de la sociedad donde vive, entender y aceptar la importancia de las reglas en la formación de su personalidad.

Actualmente, el “libre desarrollo de la personalidad” sirve de argumento estelar para dar legitimidad y legalidad al capricho, a la simple percepción personal, echando por tierra aquello que se le oponga, es decir, las normas, reglas o disposiciones que emanen de la autoridad, sea gubernamental, escolar o familiar; como si en ausencia de reglas la gente fuera más libre y menos responsable de sus actos. Lamentablemente, en la sociedad humana eso no es posible.

Pretender que una sociedad moderna, producto y a su vez creadora de instituciones, carezca de reglas de comportamiento, sin una guía que oriente la conducta personal en el entorno social es, por lo menos, absurdo porque priva de autoridad a las instituciones y traslada el poder de decisión al individuo.

Pero, ni siquiera en los tiempos idílicos del Jardín del Edén, sus habitantes pudieron violar la regla sin castigo. La sociedad y la sociabilidad contemporánea nacen de reglas de conducta, de pactos sociales, de la ubicación del individuo en un contexto histórico y cultural determinado que, si bien es cierto que es cambiante, en ningún caso es errático o anárquico. En sentido estricto, la sociedad no cambia ni por capricho ni por azar.

En conclusión, el argumento del “libre desarrollo de la personalidad” que no toma en cuenta los elementos sociales y culturales que la conforman, queda en una caricatura conductual del progresismo infantil que niega sin entender las leyes del desarrollo social.

Ignorar el papel socializador y formativo de las normas o reglas sociales no pasa de ser una patética manifestación del esnobismo más vulgar que, por su contenido, no tiene nada que ver con ninguna posición política que sea creíble como de izquierda.

De hecho, las posiciones de la pequeña burguesía posibilista y del activismo aldeano y voluntarista coinciden bastante bien con la agenda “transformadora” del neoliberalismo globalista. Un canto de sirenas más en la larga trayectoria del sistema que enajena y mediatiza a la sociedad.

En otros asuntos, seguimos esperando justicia para los jubilados del Ayuntamiento de Hermosillo, y recuperación de las instalaciones de la escuela Leona Vicario por parte de sus alumnos.

Celebramos que no hubo pirotecnia en la ceremonia del grito, en beneficio de la paz y seguridad de los habitantes humanos, caninos y felinos.

Para concluir, le recomiendo la película “El gran reinicio” cuya liga va a continuación:  https://odysee.com/@thebigreset:1/20220831_TBR_ESP:1  Da para pensar y juzgar de manera libre e informada sobre la actualidad mundial. Usted dirá.

 

 

domingo, 6 de diciembre de 2020

¿Y podremos decir salud?

 

“La mejor y más eficiente farmacia está dentro de tu propio sistema” (Robert C. Peale).

Curiosos tiempos que vivimos, llenos de esperanzadoras noticias y terribles advertencias por parte de la autoridad competente. En el nivel estatal se recomienda prudente lejanía con familiares y amigos, poniendo en la mente de todos la famosa “regla de tres” que el Secretario de Salud Clausen promueve como un mantra salvador de contagios y desenlaces fatales.

Nada tienen de objetables las recomendaciones, desde luego, y el amor al pellejo propio sugiere su puntual acatamiento: guardar la sana distancia, lavarse las manos con frecuencia y usar el famoso cubrebocas (en espacios cerrados y con poca ventilación), a lo que se añade un consejo final: no salga a la calle nomás porque se le ocurre.


A lo anterior se puede sumar la expectativa de una vacuna, que actúa como un chorro de esperanza, una bocanada de ilusión, un levantón en la curva del ánimo que, finalmente, contribuye a elevar las defensas del organismo porque, frente a las comorbilidades que son endémicas gracias al progreso, la mala alimentación y la capacidad adquisitiva, un buen ánimo actúa como escudo protector y pone a trabajar al sistema inmunológico.

Las cifras de perjudicados por causa del Covid-19 ponen a pensar seriamente sobre la fragilidad de nuestras instituciones, y sobre cómo puede cambiar nuestra existencia un microbicho invisible a los ojos pero que puede tomar como transporte colectivo alguna gotita de saliva, o como Uber un minúsculo fragmento de secreción arrojada por estornudo o tos.

Ya son muchos los contagiados confirmados, pero la cifra se eleva si sumamos los sospechosos, las muertes sin diagnóstico médico y, desde luego, aquellos que nuestra imaginación agrega por la facilidad que se tiene en construir escenarios catastróficos donde la cifra de los recuperados de la enfermedad se barre debajo de la alfombra estadística que manejan los grandes medios informativos nacionales porque ¿qué clase de noticia epidémica sería si no tenemos un aumento “récord” en contagios y casos fatales?


Pero hablando de cosas que tenemos cerca de lo que entendemos por vida cotidiana, salta a la vista que seguimos empeñados en seguir las inercias que la cultura, la idiosincrasia, el mercado y el flujo de efectivo que viene en forma de aguinaldos en la temporada de fiestas decembrinas, nos esforzamos en tener como cada año posadas, cena navideña y reunión de fin de año, vaciar algunas bebidas de moderado o alto contenido alcohólico, entre otros eventos tradicionales donde la expresión recurrente es “salud”.

Mientras pensamos en las bondades de la temporada ignoramos de momento el escenario epidemiológico que un día sí y otro también nos pintan las autoridades locales y federales: dejemos las fiestas y reuniones para después, evitemos los contagios, seamos prudentes, seamos conscientes.

También evadimos cómodamente el hecho de que en nuestro país tenemos una población de alrededor de 127 millones de habitantes y solamente contamos con 700 mil personas (médicos o personal de enfermería) que se dedican a cuidar nuestra salud, gracias al abandono de este ahora visible sector durante cuatro décadas.

En estos tiempos de emergencia sanitaria nos damos cuenta de que la salud ha sido lo de menos en materia de política pública, que lejos de fortalecer al sector se optó por privatizar la atención médica, y se abandonó la producción de medicamentos, la formación de personal especializado, la construcción y equipamiento de clínicas y hospitales y, sobre todo, la cultura de prevención de enfermedades y se ignoró el conocimiento de la medicina tradicional y alternativa que se tiene en el país.


Cambiamos los alimentos de la cocina tradicional mexicana por la comida rápida anglosajona, con el consecuente resultado en sobrepeso, obesidad, diabetes, enfermedades coronarias y la obvia disminución de la capacidad de respuesta de nuestro organismo a la enfermedad, con lo que se entiende mejor el resultado del abandono de los fines del Estado en aras de fortalecer el Mercado.

Así pues, mientras muchos de nosotros nos empeñamos en seguir la tradición decembrina y decir ¡salud!, el personal de salud lucha por contener y revertir los efectos de la desidia, la desinformación, la inercia social que va de la mano con el virus Sars-CoV-2 en estos tiempos de epidemia. Son tiempos de informarse, de protegerse y de guardar la sana distancia, por el bien y la salud de todos.

 


 

 

    

domingo, 22 de enero de 2012

Lovecraft

"El pensamiento humano es el espectáculo más entretenido y el más desalentador de la Tierra."
H.P. Lovecraft
(1890-1937)

            

martes, 27 de diciembre de 2011

La posición no importa


 

Según estudios recientes: Hacerlo de pie fortalece la columna;

boca abajo estimula la circulación de la sangre;

boca arriba es más placentero;

hacerlo solo es rico, pero egoísta;

en grupo puede ser divertido;

en el baño es muy digestivo;

en el auto puede ser peligroso….

Hacerlo con frecuencia

desarrolla la imaginación;

entre dos, enriquece el conocimiento;

de rodillas, resulta doloroso…

En fin, sobre la mesa o sobre el escritorio,

antes de comer o de sobremesa,

sobre la cama o en la hamaca,

desnudos o vestidos,

sobre el césped o en la alfombra,

con música o en silencio,

entre sábanas o en el baño

hacerlo, siempre es un acto de amor y de enriquecimiento.

No importa la edad, ni la raza, ni el credo, ni el sexo, ni la posición económica…

… Leer es un placer!!!

domingo, 27 de noviembre de 2011

Fundación de la Escritura


Cuando Irak aún no era Irak, nacieron allí las primeras palabras escritas. Parecen huellas de pájaros. Manos maestras las dibujaron, con cañitas afiladas, en la arcilla.

El fuego, que había conocido la arcilla, las guardó. El fuego, que aniquila y salva, mata y da vida; como los dioses, como nosotros.

Gracias al fuego, las tablillas de barro nos siguen contando, ahora, lo que había sido contado hace miles de años en esa tierra entre dos ríos.

En nuestro tiempo, George W. Bush, quizá convencido de que la escritura había sido inventada en Texas, lanzó con alegre impunidad una guerra de exterminio contra Irak.

Hubo miles y miles de víctimas, y no sólo gente de carne y hueso. También mucha memoria fue asesinada.

Numerosas tablillas de barro, historia viva, fueron robadas o destrozadas por los bombardeos.

Una de las tablillas decía:


Somos polvo y nada.
Todo cuanto hacemos no es más que viento.


Espejos - Eduardo Galeano

miércoles, 20 de mayo de 2009

Benedetti


Mario Benedetti (Paso de los Toros, Tacuarembó, Uruguay, 14/09/1920-Montevideo, Uruguay, 17/05/2009), escritor, poeta y ensayista, murió el domingo pasado, dejando una extensa obra y el recuerdo de ser un buen hombre, socialmente comprometido, amante de la libertad y la justicia.

Descanse en paz.

lunes, 13 de abril de 2009

Corín Tellado


María del Socorro Tellado López, defensora hasta el último momento de la lengua y cultura asturiana, murió a pocos días de cumplir 82 años. Nacida en Viavélez, localidad del municipio de El Franco, en el Principado de Asturias, España, dejó este mundo el pasado día 11, quedando para constancia de su creatividad y enorme capacidad de trabajo 4,000 novelas románticas que se tradujeron a varios idiomas y fueron leídas por multitudes de fieles seguidores en todo el mundo. La célebre novelista descansa en Gijón, donde había establecido su residencia. Descanse en paz Corín Tellado, mujer que hizo época.