“El mundo es un lugar peligroso, no a causa de los que hacen el mal sino por aquellos que no hacen nada por evitarlo” (Albert Einstein).
Parece que la solución a los problemas no consiste tanto en atacar sus causas profundas como en echar generosas cantidades de saliva sobre las heridas que causan la queja social. La saliva, o la narrativa que se construye en torno a tal o cual situación, permite el despegue de la realidad y el aterrizaje en un plano donde las variables se mueven al compás de la lengua que las emite y determina.
Ahí tiene usted el drama social, económico y de salud que resulta de un pavoroso e inédito derrame de sustancias tóxicas mineras en el río Sonora y Bacanuchi. La indiscutible negligencia extractivista de Grupo México resiste los cambios de gobierno y camina hacia el logro de nuevas concesiones mediante el dominio de la narrativa construida exprofeso.
El gobierno se dedica a reciclar parodias de remediación, de resarcimiento de los daños a la salud y la economía de los pobladores de las comunidades ribereñas afectadas, y se dan a la tarea de dar por buenas las promesas de la empresa ecocida y toman parte de la responsabilidad de enderezar lo que enchuecó la codicia y mendacidad minera. ¿Si comparten responsabilidades, comparten propósitos?
Además del terrible crimen ambiental, se suma a la cadena de infortunios del río Sonora el empeño de construir tres presas que taponarán el flujo del escaso caudal que a veces discurre hacia las comunidades de la región y más al sur. El gobierno impulsa la desertificación al mismo tiempo que procura surtir de agua a la industria extractiva, sin dejar de lado la mentira de una suspensión que se ve desmentida por la presencia de maquinaria, equipo y extrañas perforaciones que plantea un oscuro panorama para los pobladores, donde es claro que las obras “suspendidas” siguen a nivel hormiga su lucha por taponar el flujo del agua.
Por el lado del golfo de California, se pretende instalar plantas de licuefacción de gas, en Puerto Libertad y Guaymas, a fin de que los gringos exporten desde Sonora el gas que se extrae en Texas mediante el método de fractura hidráulica, o fracking, que ha dejado del asco a tierras, agua y aire con serios costos en la salud de los habitantes en las áreas rurales cercanas a los campos de explotación petrolera y gasera.
Para colmo se contempla la posibilidad de dar reversa a la prohibición del método de explotación de fractura hidráulica en México, según ha manifestado la titular del Ejecutivo federal, provocando una reacción adversa en académicos de áreas como economía, ecología, geología, recursos hídricos y los grupos ambientalistas que toman en serio su actividad, y la simpatía de tiburones empresariales de la energía que cotizan (entre otras) en la bolsa de Nueva York y Londres.
A
la mala explotación de los recursos hídricos se añade la idea de instalar
centros de datos, lo que supone una mayor demanda de agua para fines ajenos y
lejanos a las necesidades de vida humana y animal, que les importa muy poco a
los emprendedores de Silicon Valley metidos a colonizadores de nuevos
territorios y comprometidos con una futura sociedad de robots.
Imposible dejar de lado el proyecto "avanzado" de la planta de amoniaco en la bahía de Ohuira, que afectaría Topolobampo y, en general, el municipio de Ahome, Sinaloa.
Se trata de un proyecto relacionado con la producción de gases y residuos que darían la extremaunción a la actividad pesquera, ambiental, turística y comercial de la región, y que destruiría los recursos biológicos de manera irreversible, además de ser violatoria a la protección internacional que tienen los sitios Ramsar (humedales, manglares, lagunas y arrecifes de coral).
Al parecer, la nueva andanada neoliberal tiene querencia en el golfo de California, considerado como el acuario del planeta. Lugar codiciado por los gringos por sus características geográficas, biológicas, ambientales, y estratégicas.
La salida por el golfo ahorra tiempo y costos a las exportaciones de energéticos, ahora que se las están viendo duras con el conflicto en Asia occidental y, por supuesto, la guerra entre Rusia y la OTAN-EUA.
El golfo de California es la joya de la corona exportadora imperialista y parte integrante de los recursos geográficos de que dispone México, por ser la península de baja california parte integrante de nuestro territorio y el mar de Cortés o Bermejo es un mar interior mexicano. Si hablamos de defender la soberanía debemos empezar por proteger y valorar la importancia de nuestros recursos geográficos, biológicos y ambientales.
Hay proyectos extractivistas en marcha y eso no debe permitirse por razones de estricta supervivencia regional y nacional. La instauración de una narrativa plagada de parches progresistas, pero esencialmente colonialista, extractivista e imperial no debe pasar, porque nuestro territorio, la vida, el agua y el ambiente ¡no se tocan!





