“Cuando despertó el dinosaurio todavía estaba allí” (Augusto Monterroso).
Ya
ve usted que por cada golpe mediático, político y económico que recibe el país se
responde enarbolando la bandera de la soberanía, exaltación emocional que,
junto con el patriotismo, actúa en el exorcismo de los males que vienen de
fuera, contra “masiosare, el extraño enemigo” que nos pela los dientes y a
quien goleamos metafóricamente en discursos y reyertas de cantina.
Sabemos que tenemos un país soberano e independiente, tras los acontecimientos de la independencia nacional y la firma del documento correspondiente, algo así como un acta de nacimiento o un certificado de nacionalidad que, aún hoy, resulta indiscernible emocionalmente para los herederos políticos de Miramón y Mejía.
Nos hemos batido en pugnas internas, en luchas entre liberales y conservadores, entre derechas e izquierdas, entre progresistas y reaccionarios, entre hombres y mujeres, entre la curiosa mezcla de identidades que abona a la confusión y a la ausencia de definiciones en un país que requiere de ellas.
Los impulsos mediáticos y políticos que vienen del norte global rearman fetiches y repintan blasones despintados por el tiempo, la orina de gato y otros signos de pertenencia, que se actualizan en la medida en que las antiguas fachadas se deterioran ante los ojos de la moda, las tendencias o la simple y babosa imitación de lo nuevo y externo.
Sucede que pronto el discurso soberanista y patriótico queda, como la caca, flotando en el excusado de las eyecciones políticas producto de ser un país muy comprometido con las variadas formas que impone el imperio. A un nuevo tirón de la palanca, el cambio estructural y el arcoíris coyuntural hace posible que los progresismos se renueven en forma de otros más progresistas, humanistas y a tono con los aires globales. Somos globalistas pero muy nacionalistas, en una serie de maromas verbales que, a cada paso, se alejan del significado preciso de los conceptos.
Actualmente el discurso políticamente dominante es de “izquierda”, y hoy resuenan las voces progresistas en un coro que acalla, o pretende hacerlo, las razones y los hechos que acompañan a la crítica y la autocritica nacional. La voluntad popular de cambio cuenta con un comité administrador que determina el tono, los temas y los acentos mediáticos; los recursos verbales y la idea de inclusión que debe observarse so pena de ser democrática y progresistamente excluido.
La nueva imaginería popular es patriotera, soberanista en la epidermis, emocional y acrítica. Se pude decir que la fe cubre todos los aspectos que antes eran cosa de la razón, el análisis y el compromiso con la verdad. ¿Será que estamos tan jodidos que sólo el eufemismo, la complicidad y la claudicación nos pueden compensar la pérdida de rumbo y valores?
Por
otra parte, la derecha aceda arracimada en el Prian, MC y otros prostíbulos
electorales controlados por las barras y las estrellas (incluyendo la de
David), no hace otra cosa más que demostrar su abyecta naturaleza apátrida y
culera. No hay oposición con propuesta, aunque sí con respuesta condicionada a
la traición y al engaño.
En este contexto de circo, maroma y teatro, el rumbo del progreso económico está atado a la servidumbre logística y operativa del capital trasnacional y los intereses extractivistas del norte global. Por eso se insiste en seguir atados a Norteamérica, hacerle el fuchi a Oriente, adecuar el espacio nacional al tránsito estratégico del capital gringo y pasarse por el arco del triunfo las disposiciones de protección ambiental donde corresponda: Plantas de licuefacción de gas, plantas productoras de metano, de amoniaco y lo que se acumule.
Vaya, ni siquiera la solidaridad con Cuba fue como antes: en vez de petróleo se enviaron algunos artículos de subsistencia, aunque el discurso fue humanitario. Secuestran al presidente legalmente electo en Venezuela y… los mariachis callaron. Despanzurran a los palestinos y queda claro que Gaza es un campo de exterminio y… "cuán lamentable… nosotros estamos por la paz". Avanza el sionismo en México, la CIA actúa como en su casa y … "somos un país soberano que se le respeta".




