notas sueltas

Notas Sueltas es un espacio de opinión sobre diversos problemas de carácter social, económico y político de interés general. Los comentarios pueden enviarse a: jdarredondo@gmail.com

sábado, 16 de mayo de 2026

EL SHOW INSTITUCIONAL

 “El show debe continuar” (frase de circo, maroma y teatro).

 

El azoro causado por la evidencia de que somos un país colonizado subrepticiamente por la CIA, abre espacio a ciertas preguntas que seguramente se considerarán obvias y, por tanto, ociosas en cualquier espacio donde la razón de estado vaya de la mano con la ignorancia institucionalizada de manera soberana y patriota.  

¿Cómo aceptar oficialmente que agentes extranjeros que viven en México (sea en forma temporal o definitiva) también ejerzan el oficio por el cual les pagan? La embajada del tío Sam los reconoció como parte de su elenco “diplomático” en México, pero el gobierno aclara que la cooperación no supone subordinación y que los extranjeros en suelo mexicano se sujetan a las leyes nacionales, independientemente de que las razones por las cuales están aquí sean las relacionadas con el espionaje, la desestabilización y el alboroto social y político en favor de su gobierno.

Saber que se ponen uniformes de policías locales, que participan en “operativos” supuestamente antidrogas, que hay gobiernos locales que abren sus fronteras y espacios territoriales como patio de juegos imperiales, que, incluso, pueden morir accidentalmente en acciones parecidas a los videojuegos, pues es una cosa que habrá de ser investigada porque oficialmente la CIA no hace de las suyas en México.

Aquí hay que hacer un alto y tomar aire, recordar el supuesto de la buena vecindad y la necesidad de estar bien con el vecino para recibir las bendiciones del progreso y las bienaventuranzas de una dependencia pacífica, sin mucho ruido arancelario, bajo el ala protectora del tratado comercial y el nearshoring, que permiten fortalecer el crecimiento de empresas extranjeras y relocalizadas que aprovechan nuestras ventajas geográficas y las bajas exigencias laborales y ambientales.

Como somos un país donde reina lo políticamente correcto, el ladrido del perro de enfrente se responde con alabanzas sobre el tono, lo disculpable de su patanería y las muchas cosas que tenemos en común (sobre todo desde 1836 y el período 1846 a1848).

A juzgar por nuestra historia compartida, la mejor respuesta al encabronamiento cívico es la ausencia de memoria, la ilusión de la igualdad, la credulidad respecto a la buena intención de quienes presumen de no tener amigos sino intereses. ¿Será por eso que es aceptable afirmar que nuestro trato es “de iguales” y que las relaciones son “respetuosas y apegadas al marco legal”?

En la misma línea está el hecho de que Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría y José López-Portillo, en su momento fueron colaboradores de la CIA, por lo que se puede decir que, desde atrás tiempo, las élites políticas de la postrevolución y el México de las instituciones han sido aficionadas al juego del tío Lolo, pero muy respetuosos de la Constitución.

En las postrimerías del siglo XX y las primeras décadas del presente, hemos visto cómo se defiende la Patria con invocaciones al pasado heroico, la solidez de las instituciones y el rumbo seguro de las transformaciones, donde ha habido hitos discursivos a la par que cambios estructurales que nos han colocado al día en las definiciones internacionales, como es el caso de la firma del TLCAN, el TLCAN Plus que incluyó cuestiones de seguridad, y en la época actual el T-MEC.

Las joyas estructurales del neoliberalismo brillan y marcan el derrotero económico nacional mientras, por supuesto, recordamos emocionados los viejos días de gloria cuando le pateamos el culo a los franceses, cayó el porfiriato, avanzó la revolución, creamos una nueva constitución ejemplar por su contenido social, que nos ha mantenido la mar de ocupados deformándola, neoliberalizándola, enwokeciéndola, y actualizándola según las corrientes dominantes que soplan de la anglosfera.

Aquí debo decir que da lo mismo que venga la ridícula señora Díaz Ayuso, que tengamos una espina imperialista clavada en la embajada de EUA, y que haya funcionarios al servicio del extranjero que faciliten la disposición de nuestras costas, minas y demás recursos naturales como ofrenda al norte global, mientras que la población local carece de agua, salud y oportunidades. La traición y los sentimientos apátridas se dan desde Miramón y Mejía, Victoriano Huerta hasta los empresarios ganones que asesoran y guían la economía, ahora oportunamente instalados bajo la capa de la Cuarta Transformación.

Las ratas tras las paredes, las cucarachas bajo el piso de la cocina, el moho que invade pasillos y estancias de la casa nacional, entre otras alimañas, gozan de cabal salud, protegidas por los nuevos administradores del espacio político arrebatado al “viejo régimen”. Y los buitres que vuelan sobre nuestro tejado ahora cubren labores de vigilancia, controlan el perímetro, las rutas de entrada y salida de armas y drogas, los sistemas de vigilancia territorial, urbana y financiera. El renovado Big Brother masca chicle y escupe de lado.

Hablamos de cooperación, soberanía, respeto, integración económica con Norteamérica, control biométrico, fracking “sustentable”, pagos electrónicos y bancarización de los trabajadores informales. Total, si no tenemos país, al menos tendremos tarjeta bancaria, documentos electrónicos a la disposición la CIA, DEA, el HS, ICE, Palantir, Black Rock, y el horizonte que dibujan la Agenda 2030, el Foro Económico Mundial y Open Society. No tendremos nada, pero seremos felices… 

Mientras tanto, los ratones, las cucarachas y otras alimañas rastreras seguirán parasitando las instituciones, permitiendo o apoyando el intervencionismo y, en su momento, gritando consignas y ondeando banderas cada vez más desgastadas, porque el show debe continuar. La Patria y sus instituciones legítimas bien pueden esperar.



miércoles, 6 de mayo de 2026

LA ENGAÑOSA BUENA VECINDAD

 “La corrupción es un asunto cultural” (frase peñanietista).

 

El “operativo” en el que agentes de la CIA terminaron sus vidas en plena sierra tarahumara fue, sin duda, una operación de falsa bandera, una finta ridícula donde lo único trágico fue la complicidad de la señora gobernadora panista de Chihuahua y la baja definitiva e involuntaria de dos oficiales mexicanos.

Lo anterior sería risible si no fuera porque dio lugar a mil y un manoseos del concepto soberanía y la consecuente falta de claridad respecto a la colaboración binacional en el combate al narcotráfico. La presencia de agentes de la CIA, dedicados en cuerpo y alma a la desestabilización nacional y al tráfico de drogas para fines geoestratégicos da para mucho en el escenario donde un estado fronterizo es gobernado (sic) por un partido de oposición.

Si el norte de México tiene a la cabeza a gobernadores deseosos de ofrecer su región glútea al imperialismo gringo representado por Mister Trump, entonces resultaría más que natural que sus territorios sirvieran como patio de maniobras a los nefastos agentes extranjeros, y sirvieran de facilitadores de una y muchas puestas en escena para uso y disfrute del ridículo patán naranja.

La vieja y nueva política antidrogas de EUA no está por combatir el tráfico de narcóticos sino como respuesta por vía de la oferta a su compulsiva demanda nacional. La normalidad gringa se ameniza con alcohol y muchas drogas, de suerte que la vida cotidiana en colegios, universidades y dependencias públicas no puede ser imaginada sin sustancias enervantes que compongan esa realidad tan fea y opresiva que hay que evadir, corregir o suprimir. El sistema los crea y ellos se autodestruyen.

El triste homúnculo con horario de 9 a 5 puede volar creyéndose Superman y ser el campeón de su propia historia; el renacuajo que es abusado y explotado por el gerente mamón y la esposa pegona se eleva sobre su inmundicia mediante la coca, el cristal y otras ayudas químicas que hacen de la trivialidad existencial una aventura heroica. La ruina moral y el vacío cotidiano convertido en estilo de vida tiene su punto de quiebre en cada dosis de evasivos inyectables, tomables o fumables.

Pero la vida que se fuma, se inyecta o se ingiere dibuja la ruta del desastre personal, familiar y nacional. Una sociedad de adictos, de narcodependientes sin más capacidad que parasitar a otros para seguir siendo Superman, Rambo o el nuevo pueblo elegido por Dios debe mentir para sobrevivir. Debe culpar a otros de sus miserias, de su patética adicción, de ser un fraude en la más amplia de las acepciones.

El espantajo naranja, ridículo pero letal que amenaza a Latinoamérica y al mundo, es como el matón del barrio, el gordo imbécil que hostiga a los más débiles en el patio de juegos del colegio, el abusón gandalla que destila prepotencia en el barrio, hasta que el hartazgo llega y la reacción ocurre.

Se debe tener claro que el narcotráfico es la respuesta económica a la narcodependencia, y que la cura inicia con la inhibición consciente del consumo mediante la intervención de especialistas médicos. Es, básicamente un problema de salud pública cuyo abordaje ha sido judicializado, mercantilizado y utilizado como mecanismo de presión y agresión política y militar. El combate al narcotráfico es el pretexto para la desestabilización, agresión e intervención de países soberanos por parte de EUA.

La operación antidrogas en Chihuahua es una farsa cuyo resultado es dar a conocer un supuesto narcolaboratorio sin nada que lo acredite como tal (una cantidad de recipientes abandonados en un predio solitario, sin evidencia de drogas o armas), salvo la imaginativa fantasía intervencionista que lo sustenta. Lo que es cierto y acreditable es la participación de un gobierno estatal en maniobras de desestabilización en línea con el vecino del norte. Traición evidente e imbecilidad supina.

EUA dejó de ser motor industrial para dedicarse a la piratería, la extorción y el trasiego de armas y drogas. Un estado delincuente y protector de delincuentes como el ente sionista genocida de Israel sólo puede generar inestabilidad, miseria y violencia.

Las nuevas exigencias de la política antidrogas de EUA son una guía para la intervención extraterritorial que el gobierno nacional debe rechazar. México debe revalorar cuando no suspender las negociaciones del T-MEC, dar pasos hacia la integración al BRICS, expulsar al embajador Roland Johnson y agencias de espionaje así como dejar de buscar la integración económica con América del Norte, como malamente lo hace el gobernador de Sonora respecto a Arizona.  

Algunas medidas “soberanas” de México, con fuerte olor gringo que debieran suspenderse,  son la implantación de registros biométricos y la supresión paulatina del dinero en efectivo en las transacciones cotidianas y los candados bancarios para “prevenir el lavado” ligados a la disposición de los recursos de los clientes, amén de otras medidas intrusivas de control fiscal, la instalación de centros de datos que suponen alto consumo de agua y electricidad, la implantación de mecanismos de control biométrico y la digitalización del gobierno, que son verdaderos regalos a la mafia tecnológica sionista de Silicon Valley, además de ser la presunción de culpabilidad de todos los ciudadanos mexicanos, y fuente de información sensible.  

El gobierno no debiera conformarse con emitir “enérgicas protestas” ante cada despropósito gringo, sin acompañarlas con acciones concretas verdaderamente nacionalistas, sin embargo, a cada agresión corresponde una disculpa.   

De optar por la pasividad ante las exigencias de Trump, auténtico representante del tecnofascismo anglosionista, el discurso soberanista será una broma neoliberal más y un reforzamiento a nuestra subordinación a las políticas extractivistas y punitivas del norte. Si no buscamos la soberanía en los hechos más elementales como son los de la autosuficiencia alimentaria, energética y productiva, seguiremos profundizando la dependencia y el atraso, y la palabra soberanía será simplemente un recurso retórico, un adorno discursivo sin sentido.



martes, 21 de abril de 2026

LA HUELGA DEL STEUS

 Nuevamente la Universidad de Sonora se encuentra luchando contra sí misma, debatiéndose en su seno los supuestos de la democracia y la legalidad que reconocen derechos y obligaciones de sus servidores frente a los obstáculos que impone el poder estatal y el presupuesto.

El poder estatal en cuanto que recita el mandamiento sexenal de la paz laboral, la calma que se impone por razones de imagen y prestigio personal de quien gobierna. El presupuesto en cuanto que cada derecho reconocido supone la asignación de los recursos correspondientes, de acuerdo al catálogo de puestos, las categorías laborales y las prestaciones que se conceden en los contratos colectivos de trabajo.

En esta ocasión nos encontramos con la novedad de que un juez puede añadir requisitos más allá de lo dispuesto en la legislación vigente, tras haber dado entrada al emplazamiento sindical y, en seguida, declarar que el expediente se archiva y el emplazamiento no existe.

La medida del juez no sólo es caprichosa sino absurda. Primero le dan entrada al documento y después pretenden nulificar el derecho de los trabajadores bajo el supuesto de una irregularidad o falta de precisión respecto al espacio, es decir, qué campus de la UNISON estarían cerrados durante la huelga.

El juez de la ocurrencia parece ignorar que la UNISON es la institución empleadora de los trabajadores sindicalistas que emplazan a huelga, que es una sola institución que tiene campus en el norte, centro y sur del estado, que tiene una organización académica y administrativa formalizada en su ley orgánica y que goza de autonomía y plena capacidad para darse sus propios reglamentos, estructura y mecanismos de relación entre sus diversos integrantes.

La exigencia de precisar a cuántos campus se refiere el emplazamiento es una auténtica tontería y un pretexto ridículo para obstaculizar el ejercicio de un derecho.

En medio de este desorden, resulta preocupante que la propia representante legal de la institución universitaria, la señora rectora, actúe como si diera por buena la arbitraría decisión del juez laboral y llama a reconsiderar la oferta que de manera extemporánea se les hizo a los trabajadores del STEUS, actualmente en lucha.

Los huelguistas han recibido la solidaridad del sindicato académico STAUS y la simpatía de quienes siendo en algún momento parte de la institución universitaria recuerdan los tiempos en los que se respetaban los derechos laborales y se procuraba mantener un sentido de pertenencia y orgullo en la planta laboral.

Tiempos difíciles para el sindicalismo, momentos oscuros y amenazantes para quienes defienden sus derechos laborales y luchan por la mejora de sus condiciones de vida.

Lo bueno es que ya no estamos en el marco del neoliberalismo; lo bueno y esperanzador es que la justicia laboral y el bienestar social son un compromiso público exigible, desde que las condiciones políticas nacionales cambiaron… ¿o acaso fue una broma urdida por los prianistas que se disfrazaron de Morena y nos están viendo la cara de tontejos? Esperemos que las echadas sean menos que las ponedoras. La lucha sigue. Viva la huelga. 


        

martes, 7 de abril de 2026

EL MUNDO GIRA A TRUMPADAS

 “Porque el cine se ve mejor en el cine” (vieja consigna comercial).

 

Acabo de ver una película gringa donde un monstruo extraterrestre se dedica a la caza de desprevenidos ciudadanos para tragarlos con todo y zapatos, hasta que las fuerzas de la ley y el orden terminan con la amenaza con una buena dosis de explosivos.

No hace mucho vi otras donde lo mismo daba evitar que la luna se dividiera en pedazos afectando la Tierra, que el núcleo de nuestro planeta presentara una peligrosa inestabilidad que podría terminar en tragedia global, o que una falla geológica amenazaba con devorar países enteros si se la dejaba avanzar. La solución fue la misma: gruesa andanada de misiles, cargas de profundidad o la colocación estratégica de explosivos que lo mismo sirven para despanzurrar que para unir.

En el anchuroso panorama fílmico, no puede faltar una buena explosión con incendio en cada accidente automovilístico, de aviación, marino o aéreo; o en redes subterráneas que desembocan en alcantarillas cuyas tapaderas se convierten en proyectil urbano. Así, los incendios, las explosiones y la destrucción de edificios, aviones, barcos y automóviles son materia recurrente en la filmografía del tío Sam.

Tampoco falta (y aparece con total puntualidad) el vómito irrefrenable cuando alguien se topa con un cadáver, sufre una amenaza, revive un recuerdo, una frustración, un disgusto… El vómito escénico es parte obligada en el drama, la aventura y la comedia.

En las series de televisión o en la producción cinematográfica, la industria gringa se empeña en transmitir valores, actitudes y propósitos con carácter de norma universal de comportamiento. Las emociones, las expresiones verbales, las ideas del mundo y la vida fluyen y se plasman en celuloide, en gigabits, en forma verbal, escrita o mímica, en dos o tres dimensiones para consumo y atención de la periferia.

El problema surge cuando ese mundo fantasioso que imita sesgadamente la vida se convierte en norma de relación con el vecino: décadas de llenar las salas de cine con apologías del heroísmo gringo y señalamientos acusatorios contra el horror del comunismo, el terrorismo de ocasión, el islam, la negritud, los latinos, la amenaza china, norcoreana, rusa, iraní, entre muchos otros “monstruos” ansiosos por socavar los cimientos de la civilización occidental y los valores de libertad y democracia (lo que esto quiera significar).

Es fácil imaginar que, ante el avance comercial de China o Rusia, los democráticos y progresistas empresarios y funcionarios gringos corrieron a sus respectivos cuartos de baño para descargar unas buenas vomitonas, y que en reuniones del más alto nivel se entregaron a la tarea de   implementar bombazos selectivos tendientes a restablecer el orden “basado en reglas”, a costa de romper el orden establecido y el equilibrio de un mundo que parece reacio a su control.

En un contexto donde la puerilidad armada se cree con el derecho a decidir el destino de los demás en función de su deseo, es obligatorio que las amenazas, las agresiones y las más crudas expresiones de la patanería se conviertan en política exterior, en norma de relación con los otros, con los extraños y peligrosos que rosan sospechosamente las fronteras físicas o virtuales del Imperio… por eso es asunto de “seguridad nacional” lo que ocurra o pueda ocurrir incluso a más de 10 mil kilómetros de su frontera.

También es asunto suyo arruinar su economía para echar mano de los recursos de otros pueblos. Por eso es una compulsión fatal el sembrar de bases militares el planeta, mantener embajadas y consulados como nidos de espías y saboteadores, fomentar la inestabilidad internacional, los golpes de estado, los cambios de régimen, los tratados comerciales con alcances políticos y administrativos, los ejercicios militares conjuntos y las inversiones que permitan poner los pies en la tierra y los recursos extranjeros.

Décadas de estupidez e insolencia empaquetadas como producto de exportación requieren de cadenas logísticas tan eficientes como serviles, así que se crean patios traseros a nombre de la cooperación y la coordinación, normalizando los impulsos coloniales y las estructuras de dominación-subordinación que los gobiernos de la periferia acatan, pero niegan a nombre de la “soberanía” y los “intereses comunes”.

En este patético caso, los gobiernos subordinados sufren de gastritis, diarreas o reflujo gastroesofágico cuando tratan de explicar que el insulto, la ninguneada y el piquete obsceno a su intimidad es parte de la “tradicional buena relación” que tienen con el matón del barrio. La etapa del vómito llega cuando se ponen frente al espejo y aún conservan restos de dignidad y vergüenza.

Los casos de Venezuela, Cuba o México, en diverso grado registran las inmensas posibilidades de la náusea. Los de Gaza e Irán (como antes Irak, Afganistán, Libia, y los mecanismos de subordinación mercenaria de las monarquías petroleras árabes), bien merecen un grito de indignación y advertencia, como finalmente se manifiesta multitudinariamente en el seno mismo del Imperio.

En el caos global, la presencia e influencia de Estados Unidos e Israel es toda una invitación al desmadre civilizatorio, donde parecen salir del pasado mitológico Moloch, Baal y su corte de demonios.

El absurdo cinematográfico apocalíptico tiene como escenario real el Medio Oriente, Latinoamérica, África, la moral pública y privada, la familia y los gobiernos que o son cómplices o figuran como actores secundarios en el elenco del fin de los tiempos.

Y si, parece que el mundo gira a Trumpadas, a espasmos musculares, a movimientos del intestino de un monstruo extraterrestre que devora pueblos por inercia, por una gula viciosa y mortal. Pero no falta mucho para la vomitona y la explosión.



 

lunes, 23 de marzo de 2026

DESDE LAS ALTURAS

 “En los negocios no existen los amigos: no hay más que clientes (Alejandro Dumas).

 

Al parecer, tenemos una economía que depende de factores externos, de decisiones que vienen desde las alturas, sea FMI, Banco Mundial, fondos financieros internacionales como BlackRock o corporaciones globales como Microsoft, Apple, Pfizer, Bayer-Monsanto, sin olvidar al T-MEC, el Comando Norte de EUA, la DEA, la CIA, la OMS y los infinitos amarres de la dependencia estructural y coyuntural que se aceptan con total soberanía.

Nacemos, crecemos y morimos con la creencia de que la Independencia de México es una condición existencial histórica, política y jurídica que marca los límites del contacto e influencia externa en nuestros asuntos, sean de índole material, espiritual o conductual.

Pretendemos ignorar con todas las fuerzas la realidad que se construye a través de tratados, acuerdos y transferencias de modelos administrativos y académicos, culturales y políticos, sanitarios, tecnológicos y científicos que se asumen sin pizca de análisis crítico. Sin que respondan a una necesidad real del entorno en el que se van a aplicar, sin un análisis previo de su contenido y de sus efectos contextuales.

Nos “modernizamos” a costa de la propia piel, de la identidad, de la pertenencia y sus valores culturales. Imitamos compulsivamente los usos y costumbres de fuera, los consideramos más elevados, de mejor calidad, de absoluta necesidad y pertinencia porque son del Norte Global, porque no hay periferia sin centro, porque nuestra vida responde a la ley de gravedad y las cosas caen de arriba a abajo, del norte al sur cartográfico, de los blancos a los morenos, de los adelantados a los atrasados.

Las alturas, en el contexto nacional, van del gobierno federal al estatal, del estatal al municipal, en un orden jerárquico que va de lo mayor a lo menor en cuanto a su peso, a su importancia y trascendencia. Aquí la teoría del federalismo mexicano vale tanto como papel mojado y resurge ese centralismo que las luchas revolucionarias desde la independencia hasta la gesta de 1910-17 no pudieron vencer y menos relevar.

La preminencia de la metrópoli sobre la colonia, del núcleo político sobre la periferia dependiente y sumisa se refuerza en cada hito tecnológico, financiero y comercial que viene del norte. Quizá por eso fracasó el modelo de sustitución de importaciones y llagamos al modelo maquilador, dejamos la idea de la autosuficiencia alimentaria, el fortalecimiento del mercado interno ligado a la capacidad productiva nacional, para dar paso a la liquidación de los activos productivos nacionales, con la idea de que era mejor comprar que vender, consumir que producir, y echarse en brazos de la dependencia vía TLCAN y ahora el T-MEC.

La década de los 70 termina con una severa crisis del patrón de acumulación de capital y la necesidad de recuperar la tasa de ganancia ofrece una medida de reconfiguración que resulta en el modelo económico que conocemos como “neoliberalismo”, cuyo contenido económico y político trae a la escena la unipolaridad mundial y sus contradicciones.

Los años 80 son el marco temporal de nuevo comercio internacional y local donde predomina el interés privado sobre el social, sin tapujos, sin misericordia y sin escrúpulos, aunque conservando, en general, el lenguaje ambiguo y protocolario usual en las relaciones internacionales. La forma se distancia cada vez más de su contenido.

La llegada de Donald Trump inaugura oficialmente la ruptura con la razón y el lenguaje sólo tiene sentido cuando está al servicio de la estupidez dogmática del anglosionismo. Ahora pasamos de la hipocresía al cinismo y el hilo argumental pasa sin eufemismos al terreno del supremacismo, el racismo y la exclusión, a la amenaza cuando no la agresión que marca el fin de la diplomacia y el derecho internacional.

En el plano interno, la nación se debate entre la realidad de un modelo económico que vino de arriba abajo, como por gravedad, y la idea de la soberanía nacional: la nación soberana, libre e independiente frente al espejismo de la “modernidad” funcional a los intereses del capital extranjero y la hegemonía del norte.

Aquí negamos al neoliberalismo, pero se mantiene el T-MEC y se impulsa la integración económica antes que enderezar el rumbo hacia la soberanía energética, monetaria, industrial y comercial.

Le negamos petróleo a Cuba pero mandamos ayuda en especie (como sobada tras el golpe) que no contravenga la prohibición del imperio; impulsamos la digitalización del gobierno, el control biométrico, los pagos exclusivamente electrónicos en gasolineras y casetas de peaje; se abre legalmente la inversión privada en campos que son competencia del gobierno privatizando el desarrollo nacional, y abrimos espacios de intervención extranjera en puertos y áreas económicas estratégicas (por ejemplo Proyecto Sahuaro, o Amigo GNL), en un ejercicio extraño y pernicioso que contradice en cada paso el supuesto de la soberanía y la oferta de renovación nacional.

En un mundo donde la guerra es el vicio irrefrenable, las apariencias actúan como el maquillaje teatral de las arrugas y cicatrices del imperio, el lenguaje sirve para sofocar disidencias, ocultar rupturas, salidas de control de la inteligencia y arranques morales comprometedores. Es el mundo de Epstein, el Mossad, la CIA, el mesianismo talmúdico incubado en las sinagogas y drenado hacia Washington, Bruselas, o alguna capital latinoamericana.

En este contexto, la guerra viene en oleadas, del centro a la periferia, de las metrópolis a las colonias que, en aras de la colaboración, la complementariedad y la pérdida creciente de autonomía, se niegan a dejar “solito” al hegemón que las desfigura, enajena y abusa.

Por favor, no hablemos de soberanía. En todo caso, sintamos nostalgia del futuro, de lo que pudo haber sido y no fue.



domingo, 22 de marzo de 2026

LA CULPA ES DE LOS OTROS

 “El que mata y tortura sólo conoce una sombra en su victoria: no puede sentirse inocente. Necesita, pues, crear culpabilidad en la víctima” (Albert Camus).

 

En todo error, fracaso, pérdida, desliz, tropezón o simple regada de tepache siempre hay un culpable. El problema surge cuando hay que deslindar responsabilidades, o sea, asignar culpas y anticipar castigos, sanciones o varapalos.

Ahí tiene usted la bronca con Palestina, donde Israel reclama espacios que jamás ha tenido pero que, tras una lectura bíblica comodona y autocomplaciente, decide que la propiedad inmobiliaria perpetua y completa les corresponde por promesa divina.

Lo insólito es que pretende justificar la invasión en oleadas (auspiciada por los barones Rotschild y animada por teóricos del sionismo como Theodor Herzl) de una tierra milenaria donde el mito religioso se mezcla con los pulsos geopolíticos a tono con las expectativas del capital, con alegatos carentes de fundamento.

Lo cierto es que el occidente colectivo, tan orgulloso de las razones científicas y tecnológicas, babea de emoción cuando se les convoca a ser partícipes de la venida del Mesías, la construcción del tercer templo y el fin de los tiempos, lo que demuestra que el mesianismo judaico rebasa por la derecha al razonamiento científico.

En este contexto, ¿qué mejor que convertir un conflicto regional en uno global?, ¿o despanzurrar naciones enteras en aras del desmadre global que avance en la destrucción total de lo actualmente conocido, reescribir la historia y reformatear la vida y nuestro destino?

Al parecer, la nueva edición del mundo proyectada por los sabios talmúdicos calenturientos de geopolítica y delirios farisaicos pasa por la siempre dispuesta atención de Estados Unidos, donde el mito mesiánico se mezcla con el también mandato divino de la excepcionalidad y el “destino manifiesto”.

Aquí, la aberración tiene carácter de revelación divina y mandato celestial. En este caso, la razón, el sentido común, el derecho internacional y las ventajas de una vida saludable y pacífica, carecen de sentido frente a la chatarra ideológica y política del supremacismo.

Cuando el absurdo se convierte en norma de observancia obligatoria, la mente busca el equilibrio frente a las nuevas circunstancias: todos los días se mata gente en Palestina, todos los días se pisotea a la humanidad con ataques “preventivos” o motivados por la sola sospecha de narcotráfico, todos los días se habla de combatir al crimen y luchar por la democracia y las libertades, todos los días se acusa a tal o cual nación de albergar delincuentes y ser un estado fallido. Se nos recomienda “resiliencia”, o sea, hacer como que no pasa nada mientras el anglosionismo nos pica el trasero.

Pero, el que juzga y actúa contra quienes acusa resulta ser el mayor productor y vendedor de armas, en más vicioso consumidor de drogas, el más activo negociante y promotor de estupefacientes, el más perverso desestabilizador político y el más activo impulsor de golpes de estado en el mundo.

Con este escenario, la paz y la estabilidad mundial quedan como una simple utopía, un buen deseo que reconforta el optimismo y permite resistir a los embates de la estupidez armada e informatizada, mientras hablamos de aguante y tolerancia civilizada, porque sigue apostándose al diálogo, a la diplomacia, a los buenos modos frente a los malos tratos. El mundo prefiere dejarse ultrajar antes que enfrentar y romperle el hocico al agresor.

Otra salida es la de la resistencia activa, la organización entre ciudadanos en la misma nación afectada y el buen entendimiento entre vecinos. Una nación que resiste puede ser ejemplo para las otras, debe inspirar la unión, la colaboración y la coordinación de esfuerzos, por el simple impuso de supervivencia y por la legítima defensa.

México, Iberoamérica y el Caribe, por lo pronto y desde luego el Sur global deben enfrentar la grosera agresión anglosionista, sin mamadas, hablando y actuando claro.

En otro asunto, pero relacionado con las tomaduras de pelo y el abuso contra los ciudadanos, tenemos algunos proyectos ridículos en ciernes. Por ejemplo, la planta de licuefacción de gas en Guaymas, al servicio de los gringos, la planta de amoniaco en Ohuira, al servicio de Alemania; la construcción de presas en el cauce del río Sonora, al servicio de las mineras; los tandeos disfrazados en Hermosillo, donde, al parecer, se “esfumó” el dinero para las reparaciones de la red de agua potable y la salida “inteligente” es mandar chorritos intermitentes en vez del caudal normal de agua, al menos para el llenado de los tinacos y otros depósitos domiciliarios.

Sin embargo, las autoridades sonríen frente a la cámara, aplauden las expectativas de un nuevo T-MEC al gusto de Trump, la colaboración soberana (sic) que permite aproximaciones vergonzosas por parte de soldados y agentes extranjeros en suelo y cielo nacional, las inversiones en renglones estratégicos que debieran cuidarse y reservarse, y como no podía faltar, las autoridades locales que promueven obras e inversiones con un cierto olor a corrupción y cinismo.

Mientras tanto, sigamos gozando de la capacidad de distinguir el grano de la paja, y busquemos actuar en consecuencia. Queda claro que, en el reparto de culpas, el perpetrador es quien debe pagar, y que nada justifica el genocidio, el autoritarismo y abuso del poder, el engaño, la corrupción y la ineptitud gubernamental, tanto en el Imperio de Epstein como en su periferia. El pueblo no es culpable, salvo quien se convierte en cómplice del abuso.



sábado, 7 de marzo de 2026

MONTONEROS, FALSOS Y COBARDES.

 “Hechos, no palabras” (frase latina).

 

Occidente se ha convertido en una turba infame, en un montón de imbéciles al servicio de quien creen su amigo y protector frente a las amenazas de la razón y la dignidad. Las viejas potencias coloniales que otrora hicieron de las suyas en América, Asia y África, ahora recurren a una infame cháchara que supura ambigüedad, cobardía y franca estupidez puesta al servicio de justificaciones que no se las cree ni su abuela.

El reciente ataque a la República Islámica de Irán con el pretexto de que está desarrollando armamento nuclear que EUA y el mundo “no puede permitir”, recuerda la mentira de que el Irak de Sadam Husein poseía “armas de destrucción masiva”, y que era una verdadera amenaza a la “paz mundial” que debía de ser destruida… y los gringos fueron y lo hicieron.

Antes como ahora, los intereses de EUA y satélites europeos gira en torno al petróleo, tierras raras y geoestrategia. La máscara humanitaria y pacifista, cae por su propio peso. Ya nada sostiene la mentira de la democracia y el progreso llevada hasta el límite por EUA y su manada europea.

Asoma con descaro la fea cara del imperialismo a través de las palabras y las acciones del gobierno del degenerado Trump, así como sus lacayos en Francia, Alemania y, en general los países arracimados en la OTAN. Primero con Gaza y ahora con Irán, la historia de la infamia se escribe con sangre mártir, con seres humanos masacrados en ofrenda a los muy absurdos y puñeteros delirios de Israel y EUA sobre el dominio de la región y el mundo “por mandato divino”.

Es casi imposible imaginar la existencia de un dios viciosamente agresivo y vengativo que hace promesas sectarias y excluyentes a un pueblo, a una sola tribu, cuyas raíces de pierden en las arenas del mito y las más calenturientas fantasías mesiánicas, a costa de la paz y el patrimonio de los demás.

Es absurdo convertir en derecho un mito religioso que, gracias al interés político y territorial de Inglaterra se convirtió en expectativa nacional. El sionismo obra el milagro de convertir la fe en nacionalidad, sin importar origen racial, historia y razón. Aquí, hablar de pueblo no tiene nada que ver con la historia o la genética sino con una política expansionista y el control estratégico de una región del medio oriente.

Curiosamente, los verdaderos semitas como los palestinos son víctimas de la expansión sionista. Los palestinos, libaneses, iraquíes, sirios, jordanos, yemeníes son semitas de origen, no así los habitantes del ente sionista llamado Israel, que nada tiene que ver con los escenarios bíblicos porque su origen obedece a migraciones europeas y orientales.

Aquí, lo que no escapa a cualquier inteligencia razonablemente sana es el hecho de que tanto los sionistas israelitas como sus satélites gringos trabajan por acelerar “el fin de los tiempos” para propiciar la venida del Mesías y el cumplimiento de las promesas al “pueblo” de Israel (hágame usted el recabrón favor).

EUA e Israel “trabajan” por la destrucción total como requisito del nuevo amanecer bíblico, por eso la absoluta irracionalidad de una guerra que solamente subraya la capacidad mundial de convertir en mierda su propio destino.

Lo que ahora es imperativo es dejar de tragarse la historia de la defensa de Israel contra sus víctimas y vecinos, el absurdo de llamar antisemitas a quienes se oponen y denuncian la barbarie anglosionista y la ridícula y criminal complicidad de EUA en el genocidio que se perpetra a ojos vistas.

México y Latinoamérica deben decir basta a la manipulación informativa y la pasividad política que tolera ultrajes y complicidades imperiales. Europa y el resto del mundo deben reaccionar en legítima defensa.

Lamentablemente, los gobiernos europeos y algunos latinoamericanos están cediendo soberanía y sus objetivos nacionales se subordinan al proyecto de dominación anglosionista, en pos del objetivo de construir el aberrante “gran Israel”, así como, por otra parte, cumplir con el “destino manifiesto” de EUA mediante la coacción, la amenaza y la agresión, como es el caso de Venezuela o Cuba.

El poder de la estupidez armada puede ser abrumador, pero el deber de las víctimas actuales o futuras es defender lo propio y denunciar con todas las letras el atraco mundial que se está llevando a cabo, y unir fuerzas contra el agresor antes que callar en un obsceno acto de complicidad.

La llamada guerra contra los cárteles de la droga por parte del principal consumidor y negociante de enervantes, debe entenderse como lo que es: un mecanismo de chantaje, intervención y dominación política con fines imperialistas cuyo trasfondo es el control regional de petróleo, metales, agua, comercio y otros recursos estratégicos.

En un mundo al revés, debemos conservar la capacidad crítica y llamar a las cosas por su nombre. Defendamos sin dudas ni temores la razón y la justicia, confiados en que la verdad siempre triunfa. No seamos cómplices activos o pasivos del imperialismo trumpiano en su órbita de montoneros, falsos y cobardes. Luchemos porque la dignidad se haga costumbre


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