notas sueltas

Notas Sueltas es un espacio de opinión sobre diversos problemas de carácter social, económico y político de interés general. Los comentarios pueden enviarse a: jdarredondo@gmail.com

domingo, 20 de septiembre de 2026

¿VAMOS O VENIMOS?

 “Las personas no son ridículas sino cuando quieren parecer o ser lo que no son” (Giacomo Leopardi).

 

La chica tenía una piel blanca, sana y acariciable. Se diría hermosa. Su anatomía atrapaba las miradas más esquivas y distraídas, como si fuera un enorme atrapasueños hecho por algún chamán con inclinaciones artísticas.

Una piel que por sí misma merecería mención honorífica… si no fuera por el pequeño detalle que cambia la valoración estética por decepción instantánea. ¿Hay necesidad de arruinar la belleza en aras de vulgarizar la imagen? ¿El tatuaje embellece la piel y mejora su apariencia? Digo que no, pero la moda presiona en sentido contrario y trata de dar la impresión de singularidad y carácter a algo que no lo tiene.

Así, vemos desfilar por la calle a chicas y otros bípedos andantes con letreros de comida china, amenazas de muerte, maldiciones terribles y chistes coloridos en forma de garabatos “orientales” en la piel, en busca de originalidad expresiva: da lo mismo que se imiten los lugares comunes de las galletas de la suerte, maldiciones antiguas inventadas, ofertas de zurcidos y pega de botones, gatos, perros, figuras mitológicas, simples caricaturas humanas, o garabatos quiméricos que pretenden dar significado a la nada.

La chica se alejó posando para la historia, esparciendo vacuidad y mal gusto, pero con la frente en alto, tal como lo hacen quienes creen en la apariencia como valor superior frente a la realidad del ser. El esnobismo sigue siendo una cobertura socorrida por la ignorancia, la ausencia de gusto y personalidad propia.

Sin darle más vueltas al asunto, me entero que Groenlandia acepta pasar a formar parte de los territorios oficialmente bajo la vigilancia de EUA, como quien dice el dueño extranjero de la llave que cierra la puerta de Groenlandia, a ciencia y paciencia del gobierno de Dinamarca y el propio territorio afectado. Nadie entra si no lo autoriza una potencia depredadora y militarista con ánimo de policía continental… aunque el anuncio no sea necesariamente de mucha novedad.

Pienso en la frase coloquial mexicana de que “al que se agacha se lo pican”, independientemente de que los deseos del agachado no hayan sido precisamente esos, pero de que pasa, pasa.

La cadena de agachadas gubernamentales para efectos de piquete en salva sea la parte, abarcan una gran gama de posibilidades dentro, fuera y en torno a las buenas prácticas diplomáticas. Tenemos, por ejemplo, los acuerdos de cooperación militar (entrenamiento de tropas, combate antidrogas) y, desde luego, los tratados leoninos que, so pretexto del comercio, influyen en las leyes que se tienen que ajustar a la apertura, la injerencia en asuntos internos en materia de minería, agua y moneda; las exigencias sobre comerciar o no con otros países considerados por la potencia hegemónica como malas influencias, enemigos y bestias peludas de ideas extrañas, peligrosas y despreciables que instigan a la libertad, la democracia, la soberanía y el multilateralismo, por decir algo.

Considerar que la cooperación y la colaboración en temas que pasan por ser comunes, aunque el espacio vital de México no sea el mismo que el del vecino del norte (por historia, cultura y derecho internacional, pero que el tratado o acuerdo trilateral o bilateral los incluye como si fuera lo mejor y más natural entre economías totalmente asimétricas y supuestamente soberanas), será absurdo y contra natura, pero el “acuerdo” borra la lógica, el sentido común y hasta el sentido de la vergüenza y la distancia.

Una piel llena de garabatos infames o dibujos fuera de lugar considerando que la piel no es un lienzo pictórico en una galería de arte, pasa por ser expresión natural de la personalidad ecléctica e influenciable del sujeto emborronado con trazos de carácter e intención hechos en serie que, para efectos de originalidad y escala comparativa, no tiene ni tendrá la misma calidad simbólica que la piel del país, del lienzo nacional bordado en historia, territorio y cultura, porque el individuo puede ser manipulable, porque la nación es (debe ser) una, pura, impoluta y diamantina.             

Si la apariencia es prerrogativa del individuo, sea hombre, mujer o quimera, la piel nacional está expuesta en el discurso que nos representa, en la estética forjada en la historia, la cultura y los valores, por lo que mancharla no resulta ser un problema de la coyuntura sino una afrenta a la nacionalidad, a la soberanía, a la credibilidad del discurso de la transformación en el sentido de rescatar nuestro espacio económico y político, malbaratado por la pesadilla neoliberal de la que aún no acabamos de despertar.

Somos colectivamente lo que somos, lo que representamos, los depositarios de la soberanía nacional portadores de los valores que colectiva e históricamente defendemos y practicamos como pueblo. En ese sentido, las manchas y trazos coloreados del imperialismo deben ser rechazados categóricamente, como lo hacen valientemente los habitantes de Ohuira y Topolobampo, Puerto Libertad, Puerto Peñasco, Guaymas, la isla Tiburón, la Huasteca Potosina y el Noreste del país; los defensores del Golfo de California, el mar territorial, el ambiente y los recursos naturales.

Cualquier acuerdo o tratado con la lógica del dólar o la bota militar debe ser analizado a la luz de nuestra historia, cultura y valores, no a través de la cordialidad prefabricada de las llamadas telefónicas o las visitas de emisarios que vienen para imponer y no para conceder y reconocer nuestra soberanía e independencia.

Si Dinamarca y Groenlandia se agacharon, que el piquete pactado con aroma de dólares y misiles sea sólo para ellos, no para el sur que representamos, defendemos y con el que nos identificamos. La defensa de la integridad no debe estar sólo en los discursos sino en las acciones afirmativas en favor de lo propio, de lo nunca negociable. La piel impoluta de la patria no admite tatuajes ni manchas transculturales extranjeras, así que, en el actual contexto, ¿vamos o venimos?



 

domingo, 13 de septiembre de 2026

EL DEBER ES LO PRIMERO

 “Es la economía, estúpido” (James Carville, estratega electoral de Bill Clinton).

 

La expresión “el deber es lo primero” sugiere un compromiso moral, ético y legal (depende del contexto) que privilegia el compromiso, incluso sobre la necesidad de defender el interés propio. Este posicionamiento recuerda a los Kamikaze de la II Guerra Mundial, donde abnegados soldados japoneses hacían la magia de convertir un avión militar en proyectil que lo mismo despanzurraba al enemigo que al propio combatiente.

Para algunos el deber es un imperativo categórico, una exigencia que va más allá de la razón o conveniencia y que, de manera lineal, obliga su cumplimiento.

No sé si el asunto Fobaproa-Ipab vaya en esta misma dirección, o si el oscuro, retorcido y joditivo pacto de sangre con la banca (que hace rato dejó de ser mexicana) sea de ineludible y forzoso cumplimiento, aún a costa de hacer hoyos al presupuesto de egresos de la federación.

Hasta la fecha sólo se han rasgado las vestiduras las altas autoridades de Hacienda, pródigas en explicaciones numéricas de la debacle presupuestal nacional, sin plantear una salida para terminar con el escabroso asunto del suicidio financiero que se repite cada ejercicio fiscal.

El caso es que la carga sobre los lomos de la hacienda pública adquiere tintes dramáticos cuando se habla de solvencia económica de cara a los crecientes compromisos del sector público y la economía nacional.  

A veces uno se pregunta (chupándose el dedo imaginario que muchos tenemos) por qué no se incrementa el gasto público en favor del aparato productivo, el empleo y el ingreso, para toparnos con una especie de camisa de fuerza que pasa por el TLC, T-MEC, la política monetaria, las tasas de interés, el origen del ingreso y el destino del gasto, entre otros aspectos significativos de un modelo económico claramente depredador.

 Aquí llama la atención el origen del capital invertido en los nuevos proyectos nacionales, la distribución espacial de los mismos y el destino del producto generado, con fuerte olor a inversión extranjera privada directa y a expansionismo a costa del espacio económico nacional, lo que repercute en la soberanía y en la capacidad de tomar decisiones en los términos de la Constitución y leyes que de ella emanan.

 Tal camisa de fuerza económica-financiera estrangula o limita las iniciativas soberanas, afecta el dominio de la nación sobre sus recursos naturales, sobre sus tierras, aguas y espacio aéreo. Controla, en fin, su destino y propósito.

Actualmente hablar de desarrollo, progreso y bienestar está estrechamente ligado a los intereses expansionistas del extranjero, sean gringos o europeos, aunque con distinguibles rasgos sionistas. Como si el pastel de Iberoamérica sólo pudiera cortarse con el cuchillo de Washington, y comerse con la dentadura del sionismo internacional que lo mismo ingiere tierras raras, metales estratégicos, agua y paisaje, o voluntades políticas.

Da la impresión de estar frente a una especie de nudo gordiano, que requiere de una espada nacionalista para cortarlo y cruzar el río del destino nacional. Aquí cabe decir que no se espera una decisión pronta, firme y soberana por parte de quienes deciden la cosa pública, acojonados por la segura regañina de Mr. Trump y las acusaciones tronantes de Marco Rubio que ve comunistas y conspiraciones de izquierda radical en la sopa continental.


El asunto de la deuda del Fobaproa-Ipab (y se le apuramos, los acuerdos comerciales leoninos y asimétricos con Estados Unidos) escapa a las consideraciones bancarias e institucionales para caer en el campo del saqueo histórico más descarado e inadmisible;  pero, el deber de pagar seguramente nos hace un traspatio muy cumplidor y sin duda un lugar donde el saqueo se admite porque “genera empleos”, da buena imagen internacional, es ejemplo de cooperación y carta de recomendación para el inversionista internacional en pos de tierras, aguas y recursos estratégicos ajenos, además de basurero tóxico “de confianza” que se justifica con explicaciones técnicas del tipo “atole con el dedo”.

Así las cosas, el gobierno mexicano, de seguir apechugando este despropósito monumental, será como un kamikaze financiero que enfila su nave contra los supuestos de libertad, soberanía e independencia nacional. Estrellado, pero eso sí, muy cumplidor de su “deber” de pagar lo impagable y honrar el saqueo empresarial y bancario en aras de seguir siendo un ejemplo de cooperación y colaboración internacional y destino seguro para las inversiones… porque, además de prometer empleos, muestra lo buenísima onda que somos.  



miércoles, 2 de septiembre de 2026

PROYECTO BINACIONAL

 “Del dicho al hecho hay mucho trecho” (conseja popular).

 

 Nuevamente sale a la luz el megaproyecto de una planta desaladora en Sonora para beneficio de Arizona. Al igual que otros proyectos estelares en suelo mexicano, el área de interés es el Golfo de California, sus costas y aguas (https://shre.ink/GSQ7)

(https://shre.ink/GSQ8).  

Proyectos que se pierden en divagaciones de especialistas, expertos, académicos con aspiraciones mediáticas y monetarias y funcionarios sexenalmente vigentes, cuyo fin es evadir el problema nuclear de la relación México-EUA en cuestiones comerciales y políticas: la soberanía.

En cada proyecto que se presenta al escrutinio público la discusión se centra en la viabilidad técnica, en los costos y tiempos de realización, en los impactos ambientales, en el monto de la inversión, la rentabilidad, en los beneficios para los habitantes de la región, entre otros asuntos.

Las ruedas de prensa sirven para hacer ver que el asunto se está estudiando desde el punto de vista científico, técnico, financiero, pero para nada se consideran los aspectos que atañen a la política, a nuestra soberanía y el dominio de la nación sobre su territorio y recursos.

Surgen comités técnicos locales, estatales y federales que alimentan el tema con datos, cifras, proyecciones, cálculos sustentados en la magia de la computadora, las corridas financieras, los modelos y paradigmas tecnocráticos que hacen lucir capaces y confiables a los técnicos de la burocracia en turno y a los académicos que visten sabiduría enlatada para la ocasión.

Pero nadie habla del interés nacional, la defensa de los recursos, del espacio vital nacional, de tierras y aguas que son patrimonio de México y los mexicanos.

La razón científica, el alegato técnico y financiero aparentan valer mucho más que principios y valores, respeto por la Carta Magna, y la obligación del gobierno (federal, estatal, municipal) de cumplir y hacer cumplir la ley suprema y las leyes que de ella emanen.

En este marco están los proyectos de instalar una planta desaladora en Puerto Peñasco, al servicio de Arizona; plantas de licuefacción de gas en Puerto Libertad y Guaymas, al servicio de Texas y la competencia energética de EUA contra Asia; planta productora de Amoniaco en Topolobampo, para beneficio de EUA y socios inversionistas, donde encontramos que en el Golfo de California se tienen proyectos potencialmente peligrosos para el ambiente y la vida comunal.

Pero, más allá del peligro ambiental y social, se tiene una clara intromisión extranjera (gringa) en aguas y costas del noroeste de México, que de ser realidad convertirían al Golfo de california en patio de maniobras estratégicas del Comando Norte y tiburones corporativos gringos. ¿Y la soberanía nacional? El plan regional que se configura huele a apropiación territorial que seguramente será para fortalecer la “seguridad nacional” del norte.

Es de desear que el gobierno deje de apoyar iniciativas, elaborar proyectos, estudios de factibilidad llenos de argumentaciones técnicas, financieras, de cooperación y buena vecindad, para enfrentar el verdadero problema de la relación bilateral cuando una parte presiona y otra cede y trata de encubrir la cesión con argumentos o explicaciones cuantitativas, siendo que se trata de un problema y una solución eminentemente política.

El número de proyectos de corte extractivista que tenemos en curso, incluyendo los petroleros/gaseros de fractura hidráulica (fracking) que amenazan la Huasteca potosina y el noreste mexicano, los desarrollos turísticos depredadores que amenazan a la isla Tiburón frente a costas sonorenses (curiosamente también en aguas del Golfo de California), son razón suficiente y necesaria para ver con alarma el rumbo económico y empresarial que parece impulsar o permitir el gobierno federal.

Queda claro que la soberanía nacional no se defiende solamente con discursos y asambleas fervorosamente nacionalistas y soberanistas, sino con acciones afirmativas en defensa y salvaguarda de tierras, mares y espacio aéreo nacional, en los términos del artículo 27 constitucional.

No es necesario argumentar técnicamente la negativa a un proyecto cuando se trata de defender el interés nacional frente a los intereses del capital extranjero. México es una nación soberana con territorio, población y gobierno propios.

No suena ni técnica ni científicamente lógico que por una parte hablemos de soberanía mientras que en los hechos abramos la puerta al interés extranjero en perjuicio de nuestro patrimonio y porvenir. Decir NO puede ser poco diplomático, pero es honesto y ha salvado algunas virginidades. Que haya congruencia.



 

domingo, 23 de agosto de 2026

BATALLA CULTURAL

 “Somos o no somos” (pregunta existencial).

 

Bueno, como se supone que estamos en guerra (contra el narcotráfico, contra el terrorismo, contra el cambio climático, contra la influencia de Cuba, contra la desinformación y a favor de las audiencias, contra la discriminación y el abuso, contra la naturaleza ociosa y a favor de proyectos productivos trasnacionales, contra el auge económico de China y a favor del monopolio “americano” del comercio, la democracia y el control de la economía del hemisferio, pero siempre con la cobertura de la seguridad “nacional” y la democracia), hay que añadir la lucha por la “narrativa” plana, acrítica, sin matices y con olor a la santidad del American Way of Life, el Destino Manifiesto y la Doctrina Monroe.

En este marco pavloviano se desarrolla el proyecto nacional de dependencia y complementariedad que auspicia, defiende y aplaude la propia Secretaría de Economía, SEMARNAT y demás dependencias (ahora se les puede llamar agencias) que impulsan física, mediática y legalmente los mecanismos burocráticos necesarios para que las empresas menos acreditadas desde el punto de vista ambiental, tomen como patio de recreo el territorio mexicano.

¿Pruebas? Pues ahí tiene el caso de las gaseras que pujan por instalarse en costas y aguas del golfo de California, pegadas como rémoras a Sonora, Sinaloa y la propia Baja california. Aquí habría que agregar los campos de fracking en el Noreste, proyecto acariciado por los texanos y sus cipayos del sur de la frontera.

Por si faltara algo a la desnacionalización del espacio económico nacional, se añade el proyecto ya aprobado y celebrado por Marcelo Ebrard consistente en instalar una planta manufacturera de un biofungicida basado en ARN de interferencia, a cargo de la empresa BioLight Biosciences de capital gringo, con inversión de $100 MDD pero que podrá contar con apoyos financieros de nuestro gobierno.

Otro caso donde los mexicanos les decimos a los inversionistas extranjeros (gringos) productores de agroquímicos y mamotretos genéticamente modificados que le pasen a lo barrido, independientemente que lo nocivo de las acciones de Bayer-Monsanto en perjuicio del ambiente y la vida (https://shre.ink/GKyX). Recibimos veneno y las ganancias van hacia el norte.

Se reporta que la aprobación fue casi inmediata y que los riesgos de este tipo de materiales son incalculables, además del peligro real de futuros reclamos económicos por parte de los gringos, tal como ocurre con otros productos transgénicos de Monsanto, que contaminan cultivos vecinos porque el aire se encarga de dispersarlos y luego pueden reclamar regalías o pagos por su uso.

Así las cosas, llama la atención la entusiasta permisibilidad de nuestro gobierno para que México sea el asiento de la primera planta productora de porquerías genéticas en Latinoamérica y el mundo. ¿Seremos los primeros en celebrar una mayor dependencia agrícola nacional, la destrucción de especies útiles y el aumento de la contaminación ambiental? ¿La sana intención de prohibir la entrada de productos genéticamente modificados y generadores de dependencia agrícola quedó en declaraciones heroicas, aplausos ingenuos nacionales y risas sofocadas del inversionista extranjero? ¿El temor de “decepcionar” a Mr. Trump pesa más que cualquier norma de precaución y seguridad sanitaria? ¿El ejercicio de la soberanía depende de factores externos y claramente adversos?

Al discurso de la soberanía nacional se contraponen consideraciones irrefutables desde la óptica de la dependencia, la conveniencia política y la realidad nacional. La narrativa construida sobre los despojos de los valores nacionales, el derecho internacional y la diplomacia resulta ser una cómoda pista de baile para el interés comercial, la codicia y la piratería más descarada. América, después de todo puede ser un continente geopolíticamente reducido a traspatio de un país con armas, dinero y carencia de escrúpulos.

A cambio de la destrucción del patrimonio y las identidades nacionales, tenemos la lucha contra China, Rusia, Cuba y el eje del mal al completo, narrada por Washington y reproducida por sus satélites. Según el guion dominante, el comunismo y las ideas de izquierda representan el mal que debemos combatir, unidos, coordinados por quienes saben cómo hacerlo, los Estados Unidos.

La narrativa que orienta a Occidente aparenta reivindicar los valores de la libertad, la democracia y, por supuesto, el libre comercio, mientras opera los elementos de contradicción que hacen de “América grande de nuevo” y miserable al resto del continente.  El parasitismo del norte es claro.

Estamos en una batalla cultural que supura mezquindad y falsedad a partes iguales, pero que tenemos que tragar en aras de la buena vecindad, la colaboración internacional y lo “políticamente correcto”.

El día en que llamemos por su nombre al genocidio, pongamos al descubierto los intentos de desestabilidad política y el agandalle económico y señalemos colectivamente a los culpables, entonces empezaremos a ganar la batalla entre la razón y el absurdo.

Por lo pronto, debemos dejar de ser el basurero del norte y dejar de autorizar proyectos extractivistas y destructores del ambiente, físico y social. No necesitamos plantas productoras de veneno, inversiones foráneas que son como manzanas envenenadas para la nación. Ya basta de neoliberalismo encubierto, porque sólo la verdad nos hará libres.



miércoles, 19 de agosto de 2026

EL FUTURO EN UNA VISA

 “Ser o no ser, esa es la cuestión” (Hamlet, W. Shakespeare).

 

Bueno, la verdad es que no lo podía creer. ¿Cómo es posible que un adulto supuestamente consciente de su identidad nacional y comprometido con el destino de la nación se ponga a pegar de gritos por el simple y banal hecho de que los gringos decidieron cancelarle la visa?

No sé ni puedo imaginar la magnitud de su adhesión emocional con Disneylandia, los casinos de Las Vegas, las clínicas especializadas en liposucciones, estiramientos faciales o masajes eróticos, o su cercanía con fondos de inversión, corredores de bolsa, o las infinitas opciones de hacer compras inmobiliarias, de ropa, calzado y novedades electrónicas. No lo sé, pero sospecho que por algo parecía haber clamado a gritos por Vaselina.

Recuerdo la vez que acudí a las oficinas del consulado gringo cargado de papeles y paciencia a tramitar la visa, para después pasar por un interrogatorio en inglés que opté por contestar en español, porque estamos en México y los extranjeros debieran expresarse en nuestro idioma, independientemente de que haya quién defienda que el espacio de la embajada o consulado es de la nación que lo instala.

Salí con el documento con 10 años de vigencia, lo mostré a la gente que me había estado insistiendo en que lo obtuviera, llegué a mi casa y lo tiré en un cajón destinado a objetos como llaves, bolígrafos, lápices y tarjetas de presentación personales y comerciales acumuladas por simple desidia. Jamás la usé porque lo que necesito está aquí.

Desde luego que me solidarizo con un nacional mexicano que ve perdido un derecho concedido por una potencia extranjera. Debe ser feo ser viajero internacional y, de repente, bajarse del avión por los fruncimientos políticos de Mr. Trump.

Se acusó a las autoridades gringas de injerencismo, aunque queda claro que conceder o retirar una visa es asunto de otra soberanía y nada tiene que ver con la nuestra. Después de todo, el permiso para entrar en territorio gringo es de la competencia exclusiva de los propios gringos y ellos saben si abren la puerta o la cierran.

Los gritos destemplados en defensa de la patria mancillada por quítame estas visas debiera enfocarse en el uso que se está haciendo del territorio nacional, sobre todo en zonas cuyo cuidado debiera ser prioridad por su ubicación, características y precariedad ambiental e hidrológica, donde tenemos proyectos gaseros, de amoniaco, petroleros, mineros o industriales con alto costo para su entorno natural y social, pero que atraen inversiones extranjeras privadas y alimentan una pueril idea de progreso.

Vemos con paciencia de camello filósofo la proliferación de proyectos cuyo común denominador es la presencia de capital extranjero, la expulsión de población nativa, el agotamiento o destrucción del entorno natural y fuente de alimentación de comunidades pesqueras y agrícolas, la marcha sistemática del asfalto en lugares donde había manglares, fauna y vegetación variopinta. Vemos la cara deforme del progreso medido en inversión extranjera sin efectos visibles en la industria nacional, el empleo bien remunerado y el ahorro familiar.

En este contexto, resulta muy difícil hablar de bienestar ciudadano cuando las variables fundamentales del progreso dependen de factores externos.

Me parece que los reclamos de los habitantes de Ohuira-Topolobampo, la Huasteca Potosina, el Noreste y las costas del golfo de California, entre otros, tienen razón, y que más que defender la tenencia de una visa, deberíamos defender la conservación del territorio, sus recursos naturales, la identidad y modo de vida de sus poblaciones nativas, cosa que hasta ahora no ha ocurrido, sino todo lo contrario.

En ciertos momentos da la impresión de que SEMARNAT, CONAGUA y Economía trabajan para alguna potencia extranjera que alienta claudicaciones y chapuzas a cambio de visas y palmadas en la espalda.

Parece que, en un futuro dominado por las transnacionales energéticas y electrónicas, la población nacional deberá tener a la mano su visa para poder transitar en el otrora territorio nacional. La cesión de soberanía difícilmente aplica como decisión soberana. Despertemos. Digamos NO a los proyectos extractivistas extranjeros y sí a la industria nacional.



miércoles, 12 de agosto de 2026

LA FORTALEZA DEL PESO

 ¿En serio, vamos bien? Sí, pero ¿adónde?  (pregunta existencial).


En la conferencia de prensa de miércoles 12 de agosto de 2026 llamada “mañanera”, hubo expresiones de beneplácito por el desempeño de la economía y en particular del peso mexicano, divisa nacional que representa algo más que un signo monetario en los afectos y sentimientos patrios de los mexicanos.

La doctora Sheinbaum, titular del Poder Ejecutivo, lo tomó como una buena noticia que, desde luego, debemos celebrar, y en el resumen de la conferencia de prensa se publicó lo siguiente: “Increíble: el peso mexicano se mantiene fuerte. Sheinbaum celebró la fortaleza del peso frente al dólar en 17.3 pesos. Una buena noticia para la economía mexicana, que refleja la estabilidad y confianza que mantiene el peso frente al dólar”.

Si nos quedamos en la paridad sin llegar a analizar el hecho, pudiéramos aplaudir lo bien que va la economía nacional en medio de las turbulentas aguas internacionales plagadas de malas noticias y amenazas por obra y gracia de míster Trump, las declaraciones de Peter Hegseth y la acción genocida de Netanyahu, al timón de la máquina de destrucción llamada Israel.

Sin faltar los riesgos de una subida de precios en el petróleo por el conflicto en Asia Occidental, el cierre del estrecho de Ormuz, la veleidosa actitud del mundo árabe gozando de relaciones convenencieras con Estados Unidos e Israel, la cada vez más evidente inutilidad de la ONU y el cada vez más ominoso avance del sionismo en América Latina, que convierten el planeta en que vivimos en una especie de trampa mortal para el ciudadano que actúa como carne de cañón o como el jamón del sándwich.

También hay que agregar el viraje de muchos países de nuestro hemisferio hacia las posiciones de EUA merced a su subordinación con olor a dólares, coacción militar y una ideología groseramente pragmática que permiten aceptar que los males continentales obligan al combate a las drogas y a las ideas de izquierda, ambas cosas envueltas por la parafernalia mediática del terrorismo.  

México se encuentra nadando en el líquido amniótico de la dependencia con fines de sobrevivencia en forma cada vez más acotada.

En la “mañanera” se informa y forma opinión en favor del rumbo que sigue el país en relación básicamente con EUA, nuestro eje de referencia económico y político según se documenta en los dichos y los hechos nacionales.

El júbilo por la estabilidad cambiaria peso-dólar tiene sentido si nos quedamos en el cómodo umbral de la autocomplacencia, la fascinación del número y la necesidad de sentir que recuperamos algo de lo perdido en la etapa neoliberal; sin embargo, son pertinentes algunas consideraciones.

Me parece que la calidad de “increíble” es inexacta en el marco de relaciones económicas en que se da. La verdad es que es absolutamente creíble si vemos las vicisitudes del dólar frente a los conflictos internacionales en los que EUA está inmerso, más los importantes avances de la economía china, por ejemplo, y el gasto y los resultados de sus aventuras militares de ultramar. Es decir, el dólar acusa una debilidad relativa.

Tampoco resulta increíble si consideramos las altas tasas de interés que actúan como un imán para la inversión extranjera, lo que aumenta sus flujos y permiten que la economía pueda funcionar sin que la industria mexicana se fortalezca, dejando espacio para los emprendimientos extranjeros que generan empleo precario y, en no pocos casos, un bajo aporte fiscal.

Menos increíble resulta si consideramos el monto de las remesas que envían los connacionales al otro lado de la frontera, trabajadores fuera del país por falta de empleo y oportunidades. Los montos de las remesas dan cuenta de la expulsión de población en beneficio de otra economía distinta a la nuestra.

Los flujos de inversión más las remesas sustituyen o compensan la ausencia de un esfuerzo productivo nacional, sin embargo, se presume de la fortaleza de “nuestras” exportaciones sin subrayar el hecho de que se trata de empresas de capital extranjero que producen para mercados externos con las ventajas arancelarias y de costos que proporciona hacerlo desde México.

Como se ve, no resulta para nada “increíble” que la paridad cambiaria del peso frente al dólar sea estable, considerando, además, que refleja el grado de dependencia de una economía respecto a otra. La calidad de traspatio salta a la vista mientras nos regocíjanos por la paridad sin mencionar que tenemos altas tasas de interés, flujos crecientes de inversión extranjera privada, dólar barato y remesas por causa de expulsión de población económicamente activa, además de una política de austeridad que inhibe el gasto productivo, el empleo y el ingreso.

Tener estabilidad peso-dólar en medio de las convulsiones internacionales debiera, al menos, despertar la sospecha del estado real de nuestra soberanía y el dominio de la nación sobre sus recursos naturales.

Por otra parte, me parece que debemos hacer un serio cuestionamiento sobre la necesidad de estar atados a un acuerdo comercial que obra como un mecanismo de control no sólo económico sino político donde la parte más perjudicada somos nosotros, en términos de crecimiento y desarrollo. Queda claro que es peligroso para las sardinas nadar con tiburones. Las asimetrías económicas y productivas saltan a la vista y es un error tratar de normalizarlas.  

En este contexto, la paridad peso-dólar nos deja con una sensación amarga y encabronante donde lo único “increíble” es que a nadie le preocupe. Pero, claro, no somos piñata de nadie.



domingo, 9 de agosto de 2026

LA REFORESTACIÓN SOMOS TODOS

“La tierra no pertenece al hombre, el hombre pertenece a la tierra” (Jefe Seattle).


Todo apunta a que el proyecto de una planta productora de amoniaco en la Bahía de Ohuira va que va. Se alega que va muy avanzado el proyecto y que contribuirá a nuestra soberanía en materia de fertilizantes (que las empresas trasnacionales necesitan). Suena muy bien pero el lugar es un sitio Ramsar, es decir, protegido por acuerdos internacionales en favor de humedales, manglares y demás áreas donde se genera vida marina, la salud costera y ambiental.

Otro asunto relacionado con la expectativa de garantizar la soberanía nacional es el del fracking, ahora maquillado con el concepto de “explotación no convencional” que es lo mismo pero más barato, considerando los costos que sólo son menores cuando se dejan de lado factores como la población nativa, la contaminación ambiental y, muy importante, los huecos que se hacen al territorio y la soberanía nacional, ya que de un tipo de dependencia se pasa a otro, o más bien se alcanza un horizonte de dependencia “completo y copeteado” (Fox dixit).

Tal situación ha despertado agrias y dilatadas discusiones, matices conceptuales, llamados al análisis con fuerte olor a claudicación de principios y promesas, en aras de no pisar callos trasnacionales de obligada confrontación. Resulta que es más fácil dar golpes de mesa, imponer criterios y llevar adelante proyectos en casa que enfrentar intereses empresariales extranjeros.

La idea de extraer gas por medios “no convencionales” en beneficio de la soberanía, o pedazos de ella, difícilmente se sostiene considerando el origen de la inversión, la tecnología y el destino de la producción, ligada a espacios llamados polos de desarrollo que, quitando capas de maquillaje, simplemente significan nuevos espacios de instalación de maquiladoras al servicio del capital extranjero, a cambio de una vaga idea de progreso y empleo.

Es decir, se abaratan costos en energía para empresas que exportarán sus productos bajo condiciones más ventajosas que si lo hicieran en su propio territorio, ya que no contaminan ni deterioran sus tierras, aire o agua, y muchos menos afectan a sus poblaciones nativas.

Por otra parte, mientras se favorece el interés extractivista extranjero, el gobierno federal lanza este domingo 9 de agosto una campaña nacional de reforestación con la que “reafirma su compromiso con la restauración de los ecosistemas, la conservación de los suelos y el combate al cambio climático en todo el país”, honrando el compromiso contraído por Claudia Sheinbaum en la Cumbre del G20 celebrada en Brasil en noviembre de 2024 (https://shre.ink/GP5d).  

Seguramente nadie estará en contra de reforestar y trabajar por la salud ambiental para revertir la muchas veces disfrazada tarea de acabar con recursos naturales como selvas, bosques, rocas, arenas y playas, pero si se trata de revertir la depredación neoliberal es necesario dejar las ambigüedades y contradicciones: o se protege el ambiente o no se protege, con o sin inversión extranjera privada en forma de espejitos y cuentas de colores, promesas y paneles de expertos.

La soberanía nacional empieza por conocer, valorar y proteger los recursos propios y explotarlos en la medida en que la seguridad nacional, los recursos financieros, tecnológicos y ambientales lo permitan, poniendo en primer lugar la salud, la cultura y costumbres de los pueblos nativos y el desarrollo armónico de las comunidades.

Ahora la necesidad apremiante es aumentar nuestras propias capacidades para generar las condiciones de un desarrollo independiente integral e incluyente, asunto en el que deberían estar empeñadas las comunidades científicas y académicas, en vez de orbitar como polillas con doctorado en torno a la llama del poder sexenal de ocasión. Hemos perdido mucho tiempo, pero hay que empezar este largo y tortuoso camino.

El modelo extractivista y las expectativas del capitalismo fósil deben dejar de ser la guía del gobierno de la transformación. Si el estado mexicano no aumenta el gasto productivo, fortalece el mercado interno, impulsa una política industrial enfocada a la sustitución de importaciones, nunca va a generar empleo, ingreso y ahorro, y estará atado a una política que nulifica el esfuerzo productivo nacional en favor de las estructuras bancarias dominadas por el extranjero. Aquí tenemos que romper amarras y cambiar la retórica de la soberanía por la acción soberanista. Los hechos impactan más en la economía que las palabras.

En consecuencia, decimos no al fracking en el Noreste de México, no a la planta en Ohuira, a los proyectos extractivistas en la Huasteca Potosina y los proyectos gaseros en las costas de la península y el golfo de California, y estamos a favor de la búsqueda de alternativas propias en beneficio del pueblo. No podemos seguir creando zonas de castigo ni ser el traspatio del imperio.

El respeto a la naturaleza y a las comunidades es un imperativo categórico no sujeto a la manipulación retórica ni a la simulación. Por lo pronto, que se pudra en imperialismo gringo y buitres que lo acompañan… y como en una ocasión dijo la doctora Sheinbaum: “México no es piñata de nadie”.