notas sueltas

Notas Sueltas es un espacio de opinión sobre diversos problemas de carácter social, económico y político de interés general. Los comentarios pueden enviarse a: jdarredondo@gmail.com

lunes, 23 de marzo de 2026

DESDE LAS ALTURAS

 “En los negocios no existen los amigos: no hay más que clientes (Alejandro Dumas).

 

Al parecer, tenemos una economía que depende de factores externos, de decisiones que vienen desde las alturas, sea FMI, Banco Mundial, fondos financieros internacionales como BlackRock o corporaciones globales como Microsoft, Apple, Pfizer, Bayer-Monsanto, sin olvidar al T-MEC, el Comando Norte de EUA, la DEA, la CIA, la OMS y los infinitos amarres de la dependencia estructural y coyuntural que se aceptan con total soberanía.

Nacemos, crecemos y morimos con la creencia de que la Independencia de México es una condición existencial histórica, política y jurídica que marca los límites del contacto e influencia externa en nuestros asuntos, sean de índole material, espiritual o conductual.

Pretendemos ignorar con todas las fuerzas la realidad que se construye a través de tratados, acuerdos y transferencias de modelos administrativos y académicos, culturales y políticos, sanitarios, tecnológicos y científicos que se asumen sin pizca de análisis crítico. Sin que respondan a una necesidad real del entorno en el que se van a aplicar, sin un análisis previo de su contenido y de sus efectos contextuales.

Nos “modernizamos” a costa de la propia piel, de la identidad, de la pertenencia y sus valores culturales. Imitamos compulsivamente los usos y costumbres de fuera, los consideramos más elevados, de mejor calidad, de absoluta necesidad y pertinencia porque son del Norte Global, porque no hay periferia sin centro, porque nuestra vida responde a la ley de gravedad y las cosas caen de arriba a abajo, del norte al sur cartográfico, de los blancos a los morenos, de los adelantados a los atrasados.

Las alturas, en el contexto nacional, van del gobierno federal al estatal, del estatal al municipal, en un orden jerárquico que va de lo mayor a lo menor en cuanto a su peso, a su importancia y trascendencia. Aquí la teoría del federalismo mexicano vale tanto como papel mojado y resurge ese centralismo que las luchas revolucionarias desde la independencia hasta la gesta de 1910-17 no pudieron vencer y menos relevar.

La preminencia de la metrópoli sobre la colonia, del núcleo político sobre la periferia dependiente y sumisa se refuerza en cada hito tecnológico, financiero y comercial que viene del norte. Quizá por eso fracasó el modelo de sustitución de importaciones y llagamos al modelo maquilador, dejamos la idea de la autosuficiencia alimentaria, el fortalecimiento del mercado interno ligado a la capacidad productiva nacional, para dar paso a la liquidación de los activos productivos nacionales, con la idea de que era mejor comprar que vender, consumir que producir, y echarse en brazos de la dependencia vía TLCAN y ahora el T-MEC.

La década de los 70 termina con una severa crisis del patrón de acumulación de capital y la necesidad de recuperar la tasa de ganancia ofrece una medida de reconfiguración que resulta en el modelo económico que conocemos como “neoliberalismo”, cuyo contenido económico y político trae a la escena la unipolaridad mundial y sus contradicciones.

Los años 80 son el marco temporal de nuevo comercio internacional y local donde predomina el interés privado sobre el social, sin tapujos, sin misericordia y sin escrúpulos, aunque conservando, en general, el lenguaje ambiguo y protocolario usual en las relaciones internacionales. La forma se distancia cada vez más de su contenido.

La llegada de Donald Trump inaugura oficialmente la ruptura con la razón y el lenguaje sólo tiene sentido cuando está al servicio de la estupidez dogmática del anglosionismo. Ahora pasamos de la hipocresía al cinismo y el hilo argumental pasa sin eufemismos al terreno del supremacismo, el racismo y la exclusión, a la amenaza cuando no la agresión que marca el fin de la diplomacia y el derecho internacional.

En el plano interno, la nación se debate entre la realidad de un modelo económico que vino de arriba abajo, como por gravedad, y la idea de la soberanía nacional: la nación soberana, libre e independiente frente al espejismo de la “modernidad” funcional a los intereses del capital extranjero y la hegemonía del norte.

Aquí negamos al neoliberalismo, pero se mantiene el T-MEC y se impulsa la integración económica antes que enderezar el rumbo hacia la soberanía energética, monetaria, industrial y comercial.

Le negamos petróleo a Cuba pero mandamos ayuda en especie (como sobada tras el golpe) que no contravenga la prohibición del imperio; impulsamos la digitalización del gobierno, el control biométrico, los pagos exclusivamente electrónicos en gasolineras y casetas de peaje; se abre legalmente la inversión privada en campos que son competencia del gobierno privatizando el desarrollo nacional, y abrimos espacios de intervención extranjera en puertos y áreas económicas estratégicas (por ejemplo Proyecto Sahuaro, o Amigo GNL), en un ejercicio extraño y pernicioso que contradice en cada paso el supuesto de la soberanía y la oferta de renovación nacional.

En un mundo donde la guerra es el vicio irrefrenable, las apariencias actúan como el maquillaje teatral de las arrugas y cicatrices del imperio, el lenguaje sirve para sofocar disidencias, ocultar rupturas, salidas de control de la inteligencia y arranques morales comprometedores. Es el mundo de Epstein, el Mossad, la CIA, el mesianismo talmúdico incubado en las sinagogas y drenado hacia Washington, Bruselas, o alguna capital latinoamericana.

En este contexto, la guerra viene en oleadas, del centro a la periferia, de las metrópolis a las colonias que, en aras de la colaboración, la complementariedad y la pérdida creciente de autonomía, se niegan a dejar “solito” al hegemón que las desfigura, enajena y abusa.

Por favor, no hablemos de soberanía. En todo caso, sintamos nostalgia del futuro, de lo que pudo haber sido y no fue.



domingo, 22 de marzo de 2026

LA CULPA ES DE LOS OTROS

 “El que mata y tortura sólo conoce una sombra en su victoria: no puede sentirse inocente. Necesita, pues, crear culpabilidad en la víctima” (Albert Camus).

 

En todo error, fracaso, pérdida, desliz, tropezón o simple regada de tepache siempre hay un culpable. El problema surge cuando hay que deslindar responsabilidades, o sea, asignar culpas y anticipar castigos, sanciones o varapalos.

Ahí tiene usted la bronca con Palestina, donde Israel reclama espacios que jamás ha tenido pero que, tras una lectura bíblica comodona y autocomplaciente, decide que la propiedad inmobiliaria perpetua y completa les corresponde por promesa divina.

Lo insólito es que pretende justificar la invasión en oleadas (auspiciada por los barones Rotschild y animada por teóricos del sionismo como Theodor Herzl) de una tierra milenaria donde el mito religioso se mezcla con los pulsos geopolíticos a tono con las expectativas del capital, con alegatos carentes de fundamento.

Lo cierto es que el occidente colectivo, tan orgulloso de las razones científicas y tecnológicas, babea de emoción cuando se les convoca a ser partícipes de la venida del Mesías, la construcción del tercer templo y el fin de los tiempos, lo que demuestra que el mesianismo judaico rebasa por la derecha al razonamiento científico.

En este contexto, ¿qué mejor que convertir un conflicto regional en uno global?, ¿o despanzurrar naciones enteras en aras del desmadre global que avance en la destrucción total de lo actualmente conocido, reescribir la historia y reformatear la vida y nuestro destino?

Al parecer, la nueva edición del mundo proyectada por los sabios talmúdicos calenturientos de geopolítica y delirios farisaicos pasa por la siempre dispuesta atención de Estados Unidos, donde el mito mesiánico se mezcla con el también mandato divino de la excepcionalidad y el “destino manifiesto”.

Aquí, la aberración tiene carácter de revelación divina y mandato celestial. En este caso, la razón, el sentido común, el derecho internacional y las ventajas de una vida saludable y pacífica, carecen de sentido frente a la chatarra ideológica y política del supremacismo.

Cuando el absurdo se convierte en norma de observancia obligatoria, la mente busca el equilibrio frente a las nuevas circunstancias: todos los días se mata gente en Palestina, todos los días se pisotea a la humanidad con ataques “preventivos” o motivados por la sola sospecha de narcotráfico, todos los días se habla de combatir al crimen y luchar por la democracia y las libertades, todos los días se acusa a tal o cual nación de albergar delincuentes y ser un estado fallido. Se nos recomienda “resiliencia”, o sea, hacer como que no pasa nada mientras el anglosionismo nos pica el trasero.

Pero, el que juzga y actúa contra quienes acusa resulta ser el mayor productor y vendedor de armas, en más vicioso consumidor de drogas, el más activo negociante y promotor de estupefacientes, el más perverso desestabilizador político y el más activo impulsor de golpes de estado en el mundo.

Con este escenario, la paz y la estabilidad mundial quedan como una simple utopía, un buen deseo que reconforta el optimismo y permite resistir a los embates de la estupidez armada e informatizada, mientras hablamos de aguante y tolerancia civilizada, porque sigue apostándose al diálogo, a la diplomacia, a los buenos modos frente a los malos tratos. El mundo prefiere dejarse ultrajar antes que enfrentar y romperle el hocico al agresor.

Otra salida es la de la resistencia activa, la organización entre ciudadanos en la misma nación afectada y el buen entendimiento entre vecinos. Una nación que resiste puede ser ejemplo para las otras, debe inspirar la unión, la colaboración y la coordinación de esfuerzos, por el simple impuso de supervivencia y por la legítima defensa.

México, Iberoamérica y el Caribe, por lo pronto y desde luego el Sur global deben enfrentar la grosera agresión anglosionista, sin mamadas, hablando y actuando claro.

En otro asunto, pero relacionado con las tomaduras de pelo y el abuso contra los ciudadanos, tenemos algunos proyectos ridículos en ciernes. Por ejemplo, la planta de licuefacción de gas en Guaymas, al servicio de los gringos, la planta de amoniaco en Ohuira, al servicio de Alemania; la construcción de presas en el cauce del río Sonora, al servicio de las mineras; los tandeos disfrazados en Hermosillo, donde, al parecer, se “esfumó” el dinero para las reparaciones de la red de agua potable y la salida “inteligente” es mandar chorritos intermitentes en vez del caudal normal de agua, al menos para el llenado de los tinacos y otros depósitos domiciliarios.

Sin embargo, las autoridades sonríen frente a la cámara, aplauden las expectativas de un nuevo T-MEC al gusto de Trump, la colaboración soberana (sic) que permite aproximaciones vergonzosas por parte de soldados y agentes extranjeros en suelo y cielo nacional, las inversiones en renglones estratégicos que debieran cuidarse y reservarse, y como no podía faltar, las autoridades locales que promueven obras e inversiones con un cierto olor a corrupción y cinismo.

Mientras tanto, sigamos gozando de la capacidad de distinguir el grano de la paja, y busquemos actuar en consecuencia. Queda claro que, en el reparto de culpas, el perpetrador es quien debe pagar, y que nada justifica el genocidio, el autoritarismo y abuso del poder, el engaño, la corrupción y la ineptitud gubernamental, tanto en el Imperio de Epstein como en su periferia. El pueblo no es culpable, salvo quien se convierte en cómplice del abuso.



sábado, 7 de marzo de 2026

MONTONEROS, FALSOS Y COBARDES.

 “Hechos, no palabras” (frase latina).

 

Occidente se ha convertido en una turba infame, en un montón de imbéciles al servicio de quien creen su amigo y protector frente a las amenazas de la razón y la dignidad. Las viejas potencias coloniales que otrora hicieron de las suyas en América, Asia y África, ahora recurren a una infame cháchara que supura ambigüedad, cobardía y franca estupidez puesta al servicio de justificaciones que no se las cree ni su abuela.

El reciente ataque a la República Islámica de Irán con el pretexto de que está desarrollando armamento nuclear que EUA y el mundo “no puede permitir”, recuerda la mentira de que el Irak de Sadam Husein poseía “armas de destrucción masiva”, y que era una verdadera amenaza a la “paz mundial” que debía de ser destruida… y los gringos fueron y lo hicieron.

Antes como ahora, los intereses de EUA y satélites europeos gira en torno al petróleo, tierras raras y geoestrategia. La máscara humanitaria y pacifista, cae por su propio peso. Ya nada sostiene la mentira de la democracia y el progreso llevada hasta el límite por EUA y su manada europea.

Asoma con descaro la fea cara del imperialismo a través de las palabras y las acciones del gobierno del degenerado Trump, así como sus lacayos en Francia, Alemania y, en general los países arracimados en la OTAN. Primero con Gaza y ahora con Irán, la historia de la infamia se escribe con sangre mártir, con seres humanos masacrados en ofrenda a los muy absurdos y puñeteros delirios de Israel y EUA sobre el dominio de la región y el mundo “por mandato divino”.

Es casi imposible imaginar la existencia de un dios viciosamente agresivo y vengativo que hace promesas sectarias y excluyentes a un pueblo, a una sola tribu, cuyas raíces de pierden en las arenas del mito y las más calenturientas fantasías mesiánicas, a costa de la paz y el patrimonio de los demás.

Es absurdo convertir en derecho un mito religioso que, gracias al interés político y territorial de Inglaterra se convirtió en expectativa nacional. El sionismo obra el milagro de convertir la fe en nacionalidad, sin importar origen racial, historia y razón. Aquí, hablar de pueblo no tiene nada que ver con la historia o la genética sino con una política expansionista y el control estratégico de una región del medio oriente.

Curiosamente, los verdaderos semitas como los palestinos son víctimas de la expansión sionista. Los palestinos, libaneses, iraquíes, sirios, jordanos, yemeníes son semitas de origen, no así los habitantes del ente sionista llamado Israel, que nada tiene que ver con los escenarios bíblicos porque su origen obedece a migraciones europeas y orientales.

Aquí, lo que no escapa a cualquier inteligencia razonablemente sana es el hecho de que tanto los sionistas israelitas como sus satélites gringos trabajan por acelerar “el fin de los tiempos” para propiciar la venida del Mesías y el cumplimiento de las promesas al “pueblo” de Israel (hágame usted el recabrón favor).

EUA e Israel “trabajan” por la destrucción total como requisito del nuevo amanecer bíblico, por eso la absoluta irracionalidad de una guerra que solamente subraya la capacidad mundial de convertir en mierda su propio destino.

Lo que ahora es imperativo es dejar de tragarse la historia de la defensa de Israel contra sus víctimas y vecinos, el absurdo de llamar antisemitas a quienes se oponen y denuncian la barbarie anglosionista y la ridícula y criminal complicidad de EUA en el genocidio que se perpetra a ojos vistas.

México y Latinoamérica deben decir basta a la manipulación informativa y la pasividad política que tolera ultrajes y complicidades imperiales. Europa y el resto del mundo deben reaccionar en legítima defensa.

Lamentablemente, los gobiernos europeos y algunos latinoamericanos están cediendo soberanía y sus objetivos nacionales se subordinan al proyecto de dominación anglosionista, en pos del objetivo de construir el aberrante “gran Israel”, así como, por otra parte, cumplir con el “destino manifiesto” de EUA mediante la coacción, la amenaza y la agresión, como es el caso de Venezuela o Cuba.

El poder de la estupidez armada puede ser abrumador, pero el deber de las víctimas actuales o futuras es defender lo propio y denunciar con todas las letras el atraco mundial que se está llevando a cabo, y unir fuerzas contra el agresor antes que callar en un obsceno acto de complicidad.

La llamada guerra contra los cárteles de la droga por parte del principal consumidor y negociante de enervantes, debe entenderse como lo que es: un mecanismo de chantaje, intervención y dominación política con fines imperialistas cuyo trasfondo es el control regional de petróleo, metales, agua, comercio y otros recursos estratégicos.

En un mundo al revés, debemos conservar la capacidad crítica y llamar a las cosas por su nombre. Defendamos sin dudas ni temores la razón y la justicia, confiados en que la verdad siempre triunfa. No seamos cómplices activos o pasivos del imperialismo trumpiano en su órbita de montoneros, falsos y cobardes. Luchemos porque la dignidad se haga costumbre


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sábado, 28 de febrero de 2026

MUNDO COBARDE

 “En cada farsa hay un farsante”.

 

Estamos en un mundo donde la industria armamentística y su comercio elevan su capacidad de penetración hasta en el ámbito de la diversión y el entretenimiento.

Los videojuegos, las películas y series de televisión, las plataformas digitales dedicadas a revelarnos de qué va el éxito en la vida no serían nada sin el ingrediente de la violencia que les da sabor y capacidad adictiva.

Nada más interesante que ver cómo se destripa a un enemigo, cómo es posible matarlo y rematarlo no una sino dos, tres o más veces gracias a repetir la escena a ritmo normal y en cámara lenta hasta que la sensación de aniquilamiento se vuelve clara, nítida y gratificante.

La sangre que chorrea, gotea y pringa los pisos, muebles y techos debe ser tan fiel y contundente que la sensación de náusea por hartazgo sea toda una justificación al vómito cinematográfico.  

Nada más persuasivo que la reacción ante un cadáver, donde la vomitona se vuelve acto de cortesía ante el regalo de la muerte. Los gringos y satélites conductuales ilustran esa forma de correspondencia en cada una de sus películas y series. ¿Cómo resistirse a la imitación que consagra la adoración supurante a la estupidez?

¿Cómo hacer más caso a la realidad frente al atractivo mediático de Hollywood? ¿Cómo ignorar la razón y el heroísmo mediático de los gringos blancos, anglosajones  y protestantes frente a los asiáticos, los latinos o los negros?   

Es claro que la realidad corre por un carril paralelo en la carretera de las emociones y las acciones cuando se trata de los espectáculos. Nada mejor que una película para condicionar nuestra percepción de la realidad en la forma y ritmo que alguien ajeno decide, en el marco de los trabajos de ingeniería social.

Así, frases, acciones y reacciones van de la mano en el arsenal de recursos mediáticos para sembrar en la conciencia de la periferia cuál debe ser nuestra idea de mundo, de nación, de familia, de ser y existir.

La muerte se celebra como un acto de justicia cuando el enemigo es designado por Mr. Trump (o antecesores o sucesores). En esta lógica, tenemos enemigos antes desconocidos como tales, pero por las artes de la información escénica ahora alcanzamos a ver su fea naturaleza, como es el ya tradicional caso de los rusos, los chinos, los cubanos, los venezolanos, y cualquier otro que se atraviese en el camino de la justicia, la democracia y las libertades de Estados Unidos, en pos de las riquezas ajenas.

Tenemos que un país es el árbitro autoproclamado de la justicia, capaz de administrar la democracia como un negocio vital para el mundo, de acuerdo a la rentabilidad que proporciona una franquicia exclusiva dada por Dios mismo, según el argumento que comparten los EUA e Israel.

El excepcionalísimo gringo es fácilmente comparable con el de Israel. Comparten la idea de ser portadores exclusivos de una misión divina. Israel sostiene que su derecho parte del Génesis bíblico y su expansión genocida es sólo el cumplimiento de la supuesta voluntad de Yahvé comunicada a Abraham. Confunden la promesa con el cumplimiento de la misma.

Por parte de los gringos, sacan eso de la doctrina Monroe y confunden la voluntad de defensa contra el colonialismo europeo con la posesión del continente americano, porque una cosa es oponerse a la avanzada colonialista europea y otra es tomar su lugar en el dominio continental.

El sojuzgamiento militar y la coacción económica, más las labores mediáticas de manipular la voluntad política de los pueblos sólo habla de imperialismo. Nada que ver con el discurso de las libertades y la democracia sino justamente lo contrario.

Sin embargo, el mundo hace como que no ve y pasa de largo ante las sebosas amenazas de Mr. Trump, en un nuevo capítulo de sadomasoquismo convertido en modelo de relaciones internacionales.

Tanto Israel como EUA dicen que no atacan, se defienden. No masacran, liberan. No destruyen, redimen. Así, en un mundo dominado por la estupidez y la cobardía colectiva, el rebaño humano se alimenta de discursos, promesas, buenos propósitos de paz, mientras caga cadáveres, principios y valores. La cobardía se vuelve diarrea discursiva, y un gran negocio militar, económico y político premia la necrofilia del vencedor.

Los gringos de las películas pueden seguir vomitando al ver un cadáver, al sufrir un susto, al decepcionarse, y pueden seguir cultivando una realidad ajena y distante a los pueblos que dominan; los sionistas pueden seguir soñando con el “gran Israel” que reta la historia, que nada tiene que ver con “el regreso” a la supuesta tierra ancestral, que es producto de una farsa montada por el sionismo anglosajón y su enorme poder de manipulación política y mediática.

En ambos casos, el abuso expansionista y los avances imperiales carecen de justificación real, pero se alimentan de la industria masiva del engaño y la corrupción. Hora de despertar y llamar a las cosas por su nombre.



sábado, 21 de febrero de 2026

¿SEGUIMOS O CAMBIAMOS?

 “Cambiar para no cambiar” (el gatopardo).

 

Formalmente existe un orden internacional donde cada país tiene derecho a su existencia jurídica, geográfica, demográfica, política y cultural. Lo anterior parece perogrullada, pero la obviedad cobra sentido y pertinencia si comparamos los aspectos firmales con la realidad pura y dura de los tiempos que corren.

Estamos en un mundo donde los supuestos políticos consagrados por la historia de las relaciones internacionales saltan por los aires soplados por el viento huracanado del expansionismo neocolonial de Estados Unidos, país sin nombre que considera que llamarse como un continente lo faculta para dar otro sentido al hemisferio, cambiar la realidad continental al nivel de parcelas de recursos que funcionan como mercadillo dominical para satisfacer antojos de un gobierno embarazado de soberbia y patanería.

Incluso hay injerencia en la cultura, el cine y la forma de hablar sobre la realidad circundante, producto de la influencia de la economía dominante. Con esto también se comprueba que bajo cualquier capa ideológica y política se oculta un sistema económico, una base estructural que determina el todo social donde se retuercen las tripas del poder y se evacuan las miserias de lo local frente a lo global.

Sabemos que las partes continentales constituyen un todo interactuante, aunque, en vivo y a todo color, la parte dominante puede determinar el carácter del todo, habida cuenta su mayor capacidad financiera, mediática, política, militar y corruptora.  

Dictadura o democracia, libertad o sumisión, respeto o abuso, civilización o barbarie, son algunas de las opciones de la existencia política de las partes, en una primera y muy gruesa aproximación, bastante lineal pero descriptiva de sus sistemas de vida.

En la realidad planetaria, la dimensión biológica, social, cultural, económica y política habla de heterogeneidad, no de homogeneidad y, sin embargo, el polo dominante en turno promueve y exige la uniformidad antes que el reconocimiento de la diferencia.

El aceptar la uniformidad impuesta distorsiona el rumbo del crecimiento y desarrollo de los países, los convierte en variables dependientes de factores ajenos a la naturaleza, idiosincrasia, recursos y expectativas de la nación afectada en beneficio del polo hegemónico. En estas condiciones no se puede hablar de libertad, democracia o soberanía salvo que sea como burla, broma pesada, recurso demagógico o farsa mediática.

Aquí vale recordar que cada crisis estructural genera una respuesta de carácter psicosocial, porque la base económica sustenta y determina la superestructura ideológica y política de la sociedad. Si tenemos una economía dependiente no podemos esperar que nuestra educación, cultura, política e interpretación de la realidad histórica y social sea distinta e independiente al carácter e interés estructural.

En este contexto, si el país carece de una estructura económica propia que garantice el crecimiento y desarrollo, es absurdo pretender que se puede tener una política económica, administrativa, educativa y cultural propia, por lo que el carácter de “traspatio” no es una expresión despectiva sino una descripción precisa de lo que se es.

Será por eso que México acepta participar como fauna de acompañamiento en los ejercicios del ejército del vecino, recibe instructores militares gringos, acata instrucciones sobre el manejo de la frontera; captura y envía connacionales “al otro lado” y se somete a su política de “seguridad nacional”, ostensiblemente extraterritorial, así como imponer aranceles a quienes compiten con el norte y aceptar las instrucciones de con quién México puede asociarse y comerciar.

Es interesante observar la relación del jaloneo sobre agua, minerales, tierras raras, concesiones, inversiones, disposición del territorio y el mar patrimonial nacional y las expectativas expansionistas del vecino. También lo es el carácter de las amenazas, chantajes y aparentes exabruptos, así como el uso cada vez más frecuente de la palabra “soberanía” en el discurso gubernamental que acompaña a cada entrega o concesión.

Suena a chiste cuando se hace referencia el mercado internacional. Se habla de las exportaciones, sin mencionar que la marca, la tecnología y la inversión son extranjeras y que simplemente se aprovechan de las ventajas de la cercanía mexicana con el mercado gringo. Por ejemplo, presumimos de exportar autos y demás, sin que haya la honesta confesión de que básicamente solamente aportamos la fuerza de trabajo y el espacio logístico para la producción en el nivel de maquila.

El país no parece tener interés real de caminar por su cuenta, sobre todo a partir del TLC salinista y neoliberal, y así seguirá siendo mientras solo estemos poniendo parches declarativos a los huecos estructurales de nuestra economía. Quizá por eso el ejercicio recurrente de nuestros políticos es el de bajarse patriótica y soberanamente los pantalones ante cualquier reclamo del exterior, en aras de la colaboración y la buena vecindad.

En conclusión, seguiremos gastando saliva en explicaciones ridículas mientras no fortalezcamos la estructura productiva nacional, base esencial de nuestra independencia política, ideológica, educativa, cultural e identitaria, porque, si la base económica está jodida, necesariamente también lo está la superestructura ideológica y política nacional. ¿Seguimos así, o le cambiamos?



viernes, 13 de febrero de 2026

ATRACO MUNDIAL

 “Hasta que la dignidad de haga costumbre” (Propósito político nacional).

 

A veces creo que el mundo es víctima del síndrome de Estocolmo, porque le sigue el rollo a su opresor, al cabrón energúmeno que tunde a tal o cual país como si fuera saco de boxeo o pera loca, pero que decide hacer cómplice a su victima mediante acuerdos, tratados y cualquier otro instrumento de dominación agazapado bajo el disfraz de la seguridad o del libre comercio.

El miedo es la sensación común entre quienes justifican su blandura y condición timorata de víctimas a destajo, aunque ciertamente algunos prefieren llamarla precaución, prudencia, madurez, cabeza fría y otras joyas de la negación y autocomplacencia política.

El miedo inducido, aceptado, adquirido, es como un vicio que pretende suplir la responsabilidad sobre el pellejo propio, a costa de depender explicativamente de la opinión ajena e, incluso, acatar los objetivos de “defensa” de EUA a costa de las prioridades militares nacionales (https://goo.su/8Frp0te).

Las palabras “socio”, “amigo” y “vecino” suplen con eficiente desparpajo otras que caracterizan mejor el ultraje a las víctimas geopolíticamente circunstanciales, en tanto que los actos de sodomía y humillación entre dominantes y dominados se visten de “cooperación” y “colaboración”, mientras se prodigan sonrisas frente a los medios informativos.

La herida emocional se reabre cada tanto porque sería fatal para el sistema que se diera un proceso de cicatrización que deviniera en curación y ruptura de la dependencia, así que se lanza una batería de medidas preventivas en forma de aranceles, reclamos y chantajes que tienen como telón de fondo enjambres de drones y algún portaviones cargado de misiles y mierda uniformada.

Tan funciona el aparato disuasorio que, ante alguna alternativa viable de emancipación, las propias autoridades se afanan en construir la explicación de la pasividad políticamente correcta (por ejemplo, ante la posible alianza comercial y estratégica con Asia, mejor nos quedamos como estamos porque ni nodo de dejar “solito” a Estados Unidos en su competencia con China), consagrando la alienación como argumento político.

Así pues, ni con las patadas que Mr. Trump asesta en el culo hispanoamericano, nos animamos a avanzar en la necesaria defensa del trasero regional. Muy al contrario, hay naciones que sirven de cárcel a los inmigrantes del sur mediante una cuota compensatoria y una palmada en el lomo, mientras que otras sirven de asiento de bases militares y policía auxiliar regional. En este contexto, lo cierto es que el abuso se mantiene con la complicidad de todos.

Pero en Europa el sadomasoquismo no hace malos quesos, considerando cuán gastados tienen los pantalones de tanto estar de rodillas los mandatarios arracimados en la OTAN (burdel militar que sirve de asiento al miedo regional y a la política de asalto y extorción de EUA), aunque cabe esperar alguna suerte de cambio, al menos declarativo, a partir de revelaciones como la de Emmanuel Macron, presidente de Francia: “la estrategia de doblegarse ante Estados Unidos no da resultados” (https://shre.ink/A6pc).

El caso es que la soberanía se convierte en una expresión hueca, chiste mamón, recurso demagógico y tapadera para vergüenzas políticas cuando no de traiciones solapadas, cuando vemos que del dicho al hecho sigue habiendo mucho trecho.

El marco de referencia es amplio y profundo, porque va desde expresiones memoriosas de empañadas hazañas y viejas derrotas como las ocurridas en el México de 1848, a los tiempos de los presidentes que resultaron agentes de la CIA (actuando en su momento con la clave Litempo); o los aplaudidores de la buena nueva neoliberal inaugurada con el TLC y continuada con el T-MEC, que pone de relieve cuán parecido es un tratado a la declaración firmada de subordinación y soberanía subrogada, limitada por las leyes que la hegemonía impone al mercado y donde la libertad nacional se convierte en utopía.

El pretexto para bajarse los calzones puede ser el gusano barrenador, los tomates, los aguacates, la vaquita marina, la protección al ambiente, la lucha contra el narco, el agua y la inevitabilidad de una frontera compartida que, por razones de “seguridad nacional”, nos lleva a medidas más estrictas de control aduanal y la “necesidad” de compartir datos biométricos de connacionales, así como servir de comparsa en los ejercicios militares conjuntos.

Y qué decir de la apertura de áreas estratégicas (minería, petróleo, agroquímicos, salud, electricidad entre otras) al inversionista extranjero, y además comprometernos con el norte a garantizar su disponibilidad de minerales como cobre, cobalto, litio, tungsteno y el etcétera que resulte. Aquí vale mencionar planes internacionales recientes como el llamado “Pax Silica” (https://goo.su/yEuC ), liderado por EUA con acento en el desarrollo de la Inteligencia Artificial, y la exigencia de ponerse flojito y cooperando.

¿Será que la cesión del espacio económico nacional es una facultad soberana cuya finalidad es garantizar la superioridad estratégica de EUA, a quien no debemos dejar “solito” frente a los actos asiáticos de libre comercio? Es decir, ¿estamos con el culo al aire porque así lo decidimos soberanamente?, ¿debemos negociar con EUA el ejercicio de nuestra soberanía, por ejemplo, en los envíos de petróleo a Cuba, en el comercio mundial, el destino de nuestros minerales, del agua, los cambios constitucionales o en el ingreso a los BRICS?

Para concluir, creo que la 4T debe ser congruente consigo misma, con su oferta de regeneración nacional, honrar sus compromisos con el pueblo de México, con la solidaridad latinoamericana, haciendo frente al abuso y patanería del norte y entendiendo la ruptura geopolítica mundial en la que estamos y, como consecuencia, la necesidad de replantear nuestra relación y alianzas internacionales. Espero que así sea… por el bien de todos. Empecemos por dejar de apoyar el atraco mundial perpetrado por el Norte.


jueves, 5 de febrero de 2026

SOBERANÍA RASURADA

 “Hechos, no palabras” (frase latina).

 

En su visita a Sonora, la jefa del Ejecutivo Federal anunció con sonrisas de determinación soberana la modernización (otros dirían la puesta al día y la vanguardia) del puerto de Guaymas, mediante las obras que le darán mayor capacidad logística para la recepción y envío de mercancías a los mercados internacionales.

Aquí destaca la inversión milmillonaria para la construcción de una planta de licuefacción de gas que haría lo mismo que la del cuestionado proyecto en Puerto Libertad: licuar gas texano y enviarlo a Asia. Aquí la novedad es que se importaría el gas por vía de las tuberías transfronterizas que desembocarán en el tramo Naco - Hermosillo.

Llama la atención de que las objeciones ambientales válidas y sostenibles para el Mar de Cortés en el caso de Puerto Libertad no se mencionen para Guaymas, y todo quede en una agilización de trámites que la doctora Sheinbaum prometió realizar.

El caso es que Sonora sigue siendo una de las entidades más vendidas al capital extranjero, gracias a la diligencia del señor gobernador Durazo y el (obviamente soberano) acoplamiento federal con los intereses geoestratégicos del vecino del Norte.

Desde luego que el progreso de Guaymas es un asunto muy serio y de alta sensibilidad, más si se recuerda que el puerto tiene bastante tiempo en la mira de los gringos. Baste recordar que durante el tiempo del gobernador Beltrones, Arizona babeaba de codicia al considerarlo (a Guaymas, no a Beltrones), como su puerto de salida al Pacífico.

Según se ve, las expectativas expansionistas del capital gringo se verán más que satisfechas al poder transportar gas texano a las costas sonorenses y de ahí al mercado asiático, en el marco de la guerra de hidrocarburos que Mr. Trump libra contra Rusia.

Considerando los costos de transporte, los texanos consideran que es mayor la distancia de la costa atlántica al mercado asiático que cruzando por México hasta el Pacífico, pasando por Sonora y, de paso, sentando un precedente geopolítico fácilmente reclamable como área de interés estratégico del vecino del norte.

De acuerdo a lo anterior, el codiciado Mar de Cortés pasa a formar parte de los objetivos de inspección y vigilancia militar, a partir de la necesaria protección del capital gringo invertido en el proyecto y su posterior operación.

La utilización productiva del traspatio mexicano (petróleo, puertos, Litio, oro, plata, tierras raras y otros minerales estratégicos) será una realidad no sólo económica sino política, gracias a la obsequiosa colaboración del gobierno estatal y la decidida, pero soberana, alineación del gobierno federal con los planes transnacionales de Mr. Trump.

La coincidencia con EUA en las alineaciones nacionales se ve documentada en otra decisión soberana referida a los envíos de petróleo a Cuba, donde el gobierno mexicano los ha suspendido a cambio de ayuditas humanitarias de ocasión, mientras el asunto se negocia con quien controla el golfo de México y el Caribe.

Considerando lo anterior, nos encontramos en una coyuntura histórica en la que las palabras no coinciden con las acciones y las acciones van a contrapelo de la tradición política y diplomática mexicana.

En este caso, habría que pensar en la conveniencia de revalorar y resignificar el concepto de soberanía nacional, en atención a la congruencia declarativa frente a la incongruencia ejecutiva.

Por fortuna, en los tiempos del relativismo y la dilución de la frontera entre realidad y ficción, entre compromiso y apariencia, se vale presentar una cara patriótica y nacionalista mientras se busca algún lubricante anal que permita conciliar la colaboración bilateral con la subordinación unilateral.

 Otro ejemplo para recordar es la petición de Kristi Noem (secretaria de Seguridad Nacional de EUA) al inicio del actual gobierno, de compartir datos biométricos, que serían necesarios para identificar amenazas fronterizas, así como personas desaparecidas y víctimas de secuestro, aunque las Madres Buscadoras hayan declarado que tal medida sirve para maldita la cosa.

Sin embargo, se aprueba soberanamente la “CURP biométrica” y los datos ponto estarán salvando vidas (sic), para satisfacción de las exigencias imperiales y tranquilidad de nuestro gobierno, empeñado en ser un socio seguro y confiable en la lucha de EUA contra el comercio multilateral.    

Resulta que en política las relaciones sadomasoquistas están de moda, lo que recuerda el caso Epstein y su cauda de abusos y encubrimientos desde el poder.

Así que, si “decidimos” ceder soberanía a cambio de evitar aranceles, entonces la prostitución y el lenocinio resultan ser un emprendimiento comercial como cualquiera y, desde luego, algo que encaja a la perfección con el sistema económico y la exaltación del individualismo sobre el interés colectivo…. Y la dignidad nacional.

Pero, mientras avanza la cadena de presiones y cesiones, agradezcamos a Mr. Trump por mostrarnos la verdadera cara del libre comercio, los tratados comerciales y la buena vecindad, sin olvidar el ridículo de la política y el discurso nacional cuando se hacen de los dientes para afuera y carecen de asidero con la realidad. Por otra parte, no sería la primera vez que alguien vendiera su primogenitura por un plato de lentejas, desacreditando el proyecto transformador por el que votamos.