notas sueltas

Notas Sueltas es un espacio de opinión sobre diversos problemas de carácter social, económico y político de interés general. Los comentarios pueden enviarse a: jdarredondo@gmail.com

viernes, 31 de julio de 2026

EL DESCARRILAMIENTO

 “Hechos, no palabras” (frase latina).

 

Jorge Larrea, el bien fondeado empresario de las minas y el transporte, acaba de añadir una raya más a su piel de tigre tras el accidente ferroviario donde se derramaron 59 mil litros de hidrosulfuro de sodio en Naco, Sonora, sustancia tóxica que se suma a los 40 mil metros cúbicos de sulfato de cobre acidulado vertidos por Buenavista del Cobre hacia los ríos Sonora y Bacanuchi en 2014.

Como queda claro, al rollizo empresario se le da bien eso de verter sustancias tóxicas en tierras, aguas y ambiente sonorense, sin que el temor de la acción legal pase de una “inspección” o un acuerdo federal y estatal cuyo cumplimiento se escribe y se firma en el agua puerca de las complicidades y complacencias público-privadas.

Después de todo, el país necesita recibir inversiones que generen empleos y que derramen tanto contaminación ambiental como empleos exiguos y pretextos escenográficos para las fotos de la integración norte-sur.

En este marco, hablar de sanciones y de retirar la concesión minera por daños a personas, animales o cosas es un tema que se evita, porque puede preocupar a los inversionistas extranjeros interesados en burlar las leyes y procedimientos que en sus países estarían obligados a cumplir por respeto a la calidad del ambiente y la vida de sus conciudadanos. Cabe recordar que la laxitud genera confianza, atrae recursos y asociaciones estratégicas.

El hecho de que hayan pasado 12 años desde el derrame tóxico que cambió la vida de ocho pueblos del río de Sonora sin consecuencias legales resarcitorias, demuestra que el poder de los gobiernos (activos o residualmente neoliberales) sirve para detener o retrasar procedimientos, redactar informes y publicar historias donde el “ya merito”, se combina con el “no es para tanto” y el anuncio de “un acuerdo”, en un acomodo de piezas que casi hace aparecer a las víctimas como los culpables del desastre económico y ambiental perpetrado.

Así pues, la justicia puede relativizarse (en aras de la buena relación del capital nacional y extranjero) con las trasnacionales habilidosas en el uso y abuso del traspatio, en este caso fronterizo y prometedor de mil y una aventuras extractivas y de ocupación territorial estratégica.

Tenemos un territorio enorme cargado de promesas mineras y costeras cuya situación geográfica da pie a la acción intervencionista, al abrir los puertos y costas a la inversión en gaseras, fertilizantes y la operación del patio de maniobras logísticas y energéticas, así como puestos de avanzada maquiladora y comercial y, sobre todo, áreas de laxitud normativa, modorra institucional y una idea bastante difusa de la soberanía nacional, además de la facilidad de pasarse por el forro el contenido del artículo 27 constitucional y la legislación relativa a la seguridad nacional.

Las autoridades se han dedicado a “vender” Sonora, como si fuera un pedazo de pastel que sólo los paladares extranjeros pueden disfrutar a cabalidad y digerirlo de manera profesional. Si hablamos de iniciativa privada, es claro que no nos referimos al empresariado local y regional, sino a las trasnacionales que reclutan y dan de comer al cipayo nacional que finge ser emprendedor y capitán de industria.

Lo que resulta curioso y revelador es que, desde los tiempos del Salinato, la dimensión política de territorio se ha ido diluyendo hasta quedar reducida a una expresión empresarial o, si le apuramos, geopolítica en el contexto de la expansión de tal o cual hegemonía, en este caso anglosajona y sionista.

Pero cabría considerar que “no tiene tanto la culpa el indio sino el que lo hace compadre”, en el sentido de que, en una relación vertical-descendente, el polo del capital está por encima del que corresponde al simple operador local (político o empresarial) en un sistema global de dominación y subordinación. Aquí cabe decir que las gallinas de arriba cagan a las de abajo.

También es claro que los empleados del sistema lo van a defender porque les da sentido y justificación, y porque el dinero en cuenta corriente tiene más peso moral que las estrofas del Himno Nacional.

En este contexto, el apoyo a proyectos extractivistas y nocivos para el ambiente (Puerto Libertad, Guaymas, Topolobampo, la Huasteca Potosina…) sólo revela el grado de dependencia y subordinación de las autoridades a intereses cuyo impacto acaba con la biodiversidad y las actividades productivas primarias de la población ribereña y costera, a cambio de migajas de empleo e ingreso. De iniciativa y producción nacional, nadita de nada, aunque al nombre de cada iniciativa se le ponga “México”.

Finalmente, el descarrilamiento del tren de Larrea y su probable inocuidad legal, además del derrame del 2014, recuerda (entre otros) el accidente de Pasta de Conchos, y subraya cómo el gobierno se ha empeñado en componer la plana del depredador, a pesar de las muchas y reiteradas faltas de ortografía que contiene y la repulsión que su recuerdo produce.

La carrera por aumentar las inversiones extranjeras no debiera ser más importante que la de fortalecer el aparato productivo, la capacidad de sustituir importaciones, fortalecer el mercado interno, el empleo y el ahorro nacional.

De la fortaleza del aparato productivo y la diversificación del mercado depende la solidez de las instituciones, la moneda y la credibilidad del discurso sobre la soberanía. Sin embargo, celebramos los “avances del T-MEC” y nos resistimos a dejar de ser lo que somos: el traspatio maquilador y logístico del imperio.  



sábado, 25 de julio de 2026

LA CUMBRE ENANISTA

 “Contra el imperialismo, donde quiera que esté” (Ernesto “Che” Guevara).

 

Se siente cono broma estudiantil que Marco Rubio haya pontificado ante representantes de 60 países que la mayor, extraordinaria, inusual y definitiva amenaza contra la prosperidad, la paz, las libertades y la democracia es ¡la extrema izquierda!, el feo y contaminante comunismo, que trae pobreza, sometimiento y diarrea a la humanidad que lo sufre, como es el caso de China, Cuba, Norcorea, y un etcétera reducido pero selecto que sirve para ilustrar el punto.

Quizá para conjurar la fea amenaza del virus rojo se impuso hace más de medio siglo el bloqueo a Cuba, señalada como la fuente de todo mal para Estados Unidos, excluyendo los cigarros habanos, el ron y la posición geográfica estratégica en el mar Caribe y las Antillas.

Los gringos, en voz del cubano-estadounidense Narco (perdón… Marco) Rubio, convoca a una santa cruzada hemisférica y esférica (mundial, pues) contra ese flagelo ideológico y político que quizá algo tiene que ver con la situación de convulsión política que padece “América”, incluyendo los 105.8 millones de adultos desempleados con que cuenta su país (https://shre.ink/jrw8) tras procesos de desindustrialización que pretendían abaratar costos y ampliar su influencia geopolítica en su periferia mediante la instalación de maquiladoras de distinto calado.

Trump y su mantra de Make America Great Again (MAGA) repetido a niveles de mala educación, busca enemigos que alimenten y justifiquen la defensa heroica de la “seguridad nacional”, entendida como cualquier cosa que pudiera remotamente demostrar que su economía es una farsa y que existen otras formas de hacer lo correcto. El enemigo cercano y conocido es Cuba, que osó patearles el trasero a los enemigos de su revolución e independencia.

La cumbre antiterrorista convocada por Rubio llama a la unidad a costa de la razón, las libertades y el derecho internacional, partiendo de que quien no esté dispuesto a bajarse los pantalones y ponerse en posición cooperativa es, fatalmente, un enemigo de “Occidente”.

No detallaré el contenido del documento resultante, pestífero y repugnante por mérito propio que usted puede consultar en  https://www.state.gov/wp-content/uploads/2026/07/Cuba-Report-PDF-Spanish.pdf y que revela la paranoia, la ignorancia y la imbecilidad de que puede ser capaz un país gobernado por una casta de parásitos armados con alta capacidad corruptiva.

Los gringos, desde el siglo XIX han hecho gala de su tendencia expansiva, sea comprado territorios, coaccionando a sus vecinos, tomando por asalto, masacrando y dando por hecho su representación única, exclusiva y excepcional de todo lo bueno y decente que puede haber en el mundo. Han sido y son un cáncer que pudre a Occidente y contamina al mundo.

Lo único raro, extraordinario y excepcional ha sido la adicción que ha generado en los pueblos y gobiernos del mundo su discurso y actitud beligerante, frente a la posición de resistencia nacionalista y soberana de algunos. Causa asombro ver cómo, de una u otra manera, hay gobiernos o grupos políticos que prefieren traicionar a su propio país en beneficio del avance de las ideas e intereses de los extranjeros, particularmente gringos, aunque cabe mencionar los venenosos avances del sionismo, sea bajo la capa de la religión como es el caso de los protestantes evangélicos, o los simples y repugnantes mercachifles adoradores del dinero y el reconocimiento extranjero.

Los 60 países representados en la cumbre enanista de Washington contra la izquierda y el “terrorismo” caen en la poco honorable lista de los lacayos de la derecha descalzonada y en favor del parasitismo gringo. No merecen ni siquiera una mentada de madre en ayunas, pero sí un señalamiento a su profunda abyección proimperialista, fascista y culera. La traición a la Patria no merece aplauso sino una rotunda condena nacional y hemisférica… por lo menos.

En este marco conflictivo internacional, la lucha por la dignidad nacional y el derecho de vivir con libertad y democracia es tarea, deber y destino de todos frente al imperio. La unión hace la fuerza.




viernes, 17 de julio de 2026

¡GUERRA, GUERRA!

 “El hombre es el lobo del hombre” (Thomas Hobbes, El Leviatán).

 

Los países que ya usan pantalones largos y saben que los coscorrones tienen una calidad disuasoria, seguramente ven la andanada sistemática y masiva de golpes como un exceso en la conservación de la paz y la sana distancia entre individuos o grupos con intereses contrapuestos, con rencillas irreconciliables sin la cesión de territorio, mercados o influencia.

La guerra es, dijo el clásico de las barras y las estrellas, un medio para la paz, y el destripadero resultante la prueba de que la población sigue teniendo el saldo que disminuye en cada embate pacificador.

Así las cosas, Corea, Vietnam, luego Irak, Afganistán, Libia, Siria, y últimamente Palestina y Gaza, son las bolsas poblacionales que, para el Occidente colectivo, deben disminuir hasta quedar en limites aceptables para Israel y sus patrocinadores americanos y europeos.

La población cercada en fronteras disputadas a modo de corral de matadero es, casi siempre, la imagen que las buenas conciencias occidentales alimentadas espiritualmente por Hollywood tienden a evadir y, en todo caso, matizar cuando no ignorar.

Las muertes palestinas o africanas de cada día son la nota discordante que arruina el desayuno o el paseo dominical de la burguesía industrial del ramo armamentista, la innovación tecnológica al servicio de la muerte y el control demográfico de un mundo neomathusiano. La fea estridencia de los que señalan y acusan, condenan y luchan contra el genocidio, arruinan el ánimo empresarial y la imagen del negocio que, como se sabe, genera empleos, sueldos, intereses y posibilidades de ahorro e inversión.

Las consignas del populacho enemigo de la libre empresa, seguramente animados por ideas de la extrema izquierda radical, molesta pero no amilana a las huestes patrióticas del empresariado armamentista, que sabe bien que el mundo requiere de más volumen de producción para poner el alto a los terroristas enemigos de la expansión sionista y “americana” que ve por la paz en Asia Occidental, África, Latinoamérica y el mundo.

La sinuosa lucha por la democracia y el libre comercio exige sacrificios, pero también da satisfacciones. Después de todo, ¿qué sería del mundo sin los Estados Unidos e Israel?

Resulta difícil imaginar un mundo sin bases militares “americanas” en cada continente, embajadas y consulados injerencistas y manipuladores en cada país, redes de espías y agentes de seguridad e “inteligencia” cubriendo el mapa de las naciones vecinas y lejanas en aras de la democracia y las libertades, gestionando la paz condicionada a la parálisis política y social de la vida de pueblos libres y soberanos que exigen respeto a su ser y existir.

Resulta azaroso imaginar un mundo ajeno a los apetitos coloniales de países que babean por el oro, la plata, el litio, el petróleo, la biodiversidad del resto del mundo, y que respetan el derecho internacional, la libre decisión de los pueblos, sus sistemas de vida y creencias, su identidad y proyecto de desarrollo.

Cierto que cuando Estados Unidos ve el peligro de un exceso de soberanía, de independencia económica o política, de disposición soberana de recursos naturales, inmediatamente acude a sus recursos estratégicos de manipulación narrativa donde se revela una conspiración de izquierda radical, una operación narcoterrorista, una amenaza inusual y extraordinaria contra la seguridad nacional… y viene el coscorrón hipersónico, la andanada de misiles, el bloqueo marítimo, aéreo, financiero y energético.

El cerco militar, político y mediático se acompaña de amenazas y sanciones que paralizan la solidaridad de los vecinos, apabullan la lógica, el sentido común, la idea de justicia y los límites de la diplomacia. Las buenas maneras y la cortesía quedan reducidas a aceptación cobarde de condiciones injustas y denigrantes. La humillación queda al descubierto y crece cada día.

La guerra da dinero y prestigio, medallas al heroísmo del invasor, sea atracador naval, fronterizo, aéreo, o capitalista que al amparo de la democracia y las libertades coarta lo que dice defender, destruye pertenencias, costumbres, añoranzas identitarias, sueños y vidas. La guerra es el coscorrón macrosocial del gran negocio de la muerte.

En la Patagonia la presencia de soldados israelíes “de vacaciones” es cada vez más ominosa. Lo mismo pasa en el sureste mexicano. Genocidas tomándose un tiempo de relajación… y prospección. El gobierno, mientras da la bienvenida a inversiones de empresas contaminantes y ecocidas (Puerto Libertad, Guaymas, Ohuira, la Huasteca potosina, entre otras), acusa desconocimiento del hecho “turístico”, que, en todo caso, sería bronca de la secretaría del ramo y nada que ver con la soberanía nacional. La amenaza sionista es cosa de conspiranoicos… hasta que sucede lo que en otras partes es evidente.

Estados Unidos e Israel han convertido a regiones enteras en verdaderas picadoras de carne humana, ante la mirada entre horrorizada y evasiva del resto del mundo, sin que sus declaraciones públicas pasen de ser bien intencionadas, aunque inútiles y en ocasiones panfletarias, con una tolerancia abrumadoramente cómplice, indiferente, cobarde y ajena a lo más elemental del ser humano. La sociedad muere cuando muere su conciencia.         

Estados Unidos crea sociedades genocidas por coacción o por convicción, y la humanidad padece de náuseas frente al espejo. Algo se está muriendo y debe terminar, ya.



 

domingo, 12 de julio de 2026

LA SOMBRA DEL AGUA

 “Agua que no has de beber, déjala correr” (Conseja popular).

 

No deja de ser llamativo el sentido que tienen los nuevos y no tan nuevos proyectos del neoliberalismo extractivista, enfocado a la soberanía, el empleo y el ingreso de tal o cual comunidad o región.

Se fracciona el territorio en forma de parcelas productivas donde el elemento que le da sabor al caldo es el agua. Se sazona, además, con promesas laborales temporales y definitivas, ingreso seguro e infraestructura que hace habitable el espacio ganado por la trasnacional “que cree en México” e invierte en el territorio.

Ya sea mediante una concesión minera, industrial o de servicios, el capital se hace presente y, gracias a los medios oficiales y oficiosos, empieza su labor de convencimiento, amedrentamiento, condicionamiento y disuasión y, como quien dice, coloniza culturalmente a los habitantes en un encandilamiento que dura hasta que topa con la disposición de recursos vitales que la población nativa no extraña hasta que hacen falta.

Los recientes proyectos de licuefacción de gas, de amoniaco, de obras de infraestructura hidráulica en ríos de curso temporal, chocan con la realidad del entorno, donde la obra que habrá de garantizar “la soberanía” en materia de fertilizantes, de gas, de agua almacenada para consumo urbano, de petróleo y gas por fractura hidráulica, chocan contra la evidencia de los estudios y la experiencia ecológica y productiva, las tradiciones y cultura regional y, en última instancia, el interés nacional.

Resulta que no puede ni debe haber una iniciativa “soberana” que afecte el interés nacional, aunque se enfatice la solución de tal o cual carencia pasada o presente; aunque el verdadero interés tras el problema que se dice va a resolver se oculte bajo muchas capas de maquillaje declarativo; y aunque las presiones del norte global sean tan insistentes y poderosas que la visión patriótica se matice y recomponga a la luz de la conveniencia, el temor y el pragmatismo.

Últimamente vemos iniciativas soberanas que afectan o amenazan directamente el ambiente, los lugares reservados por su calidad de ser únicos en su dimensión ecológica, por ser lugares donde prospera la biodiversidad marina, como es el Golfo de California, que sostiene actividades productivas (pesqueras, turísticas y de investigación) en Sonora y Sinaloa.

El llamado acuario del mundo, famoso por su gran biodiversidad, se encuentra en la mira de la inversión extranjera directa privada, como si no tuviera cesiones y concesiones por parte de los gobiernos locales y el federal en favor del capital extranjero.


En la lógica depredadora y extractivista desfilan Puerto Peñasco, Puerto Libertad, Guaymas, Topolobampo, Ohuira, cada uno con su significado propio, con sus recursos turísticos, pesqueros, ambientales y estratégicos; con su carga cultural y sus valores tradicionales, que a nombre de la soberanía se ceden al extranjero para hacer lo que mejor sabe hacer: extraer todo beneficio posible a cambio de unos cuantos empleos y un y cúmulo enorme de contaminación y degradación ambiental.

México y su costa del Pacífico, sus lugares Ramsar, sus reservas de vida y prosperidad parecen ser monedas de cambio de la llamada soberanía, siendo que son áreas de sacrificio para la vida y futuro.

Tan rara y extravagante acepción de soberanía llama la atención como una forma paradójica de expresar la sumisión a los impulsos expansionistas de la clase capitalista transnacional, fanática de la novedad tecnológica que sustituye lo natural por lo sintético, lo tecnológicamente viable en manos extranjeras a cambio de sofocar el desarrollo nacional basado en nuestras propias capacidades.

Si tenemos una economía dependiente de factores externos, no resulta una buena solución profundizar la dependencia a cambio de una palmada en el hombro del hegemón del norte, y sacrificar recursos naturales que implicarían pérdidas incalculables en territorio y capacidad de decisión.   

Queda claro que la soberanía no se defiende con asambleas, afiches, memes y pronunciamientos de retórica patriotera, sino con acciones cotidianas que apunten hacia el fortalecimiento del aparato productivo y el mercado interno nacional, emprender la compleja tarea de generar las condiciones para la sustitución de importaciones, impulsar en lo posible la inversión y producción interna en lugar de atraer inversión extranjera directa privada y fortalecer la presencia del capital  financiero, en beneficio del sector bancario trasnacional.

Queda claro que una mayor inversión productiva vale más que reducir el gasto público y contraer la demanda de bienes, servicios y empleo. También queda claro que la soberanía nacional no puede fortalecerse si aumenta la dependencia de factores externos, sea capital, tecnología o modelos productivos y administrativos que al final se traducen en relaciones políticas de dominación-subordinación que definen el colonialismo de nuestros días.  

Me parece que el esfuerzo nacional debe enfocarse a revertir la lógica de la dependencia so pretexto de la complementariedad en un contexto de relaciones vertical-descendente, o dicho de otra manera, recordar que las gallinas de arriba pringan a las de abajo. De nosotros depende decidir en qué lugar debemos estar.

También creo que la mejor forma de apoyar un proyecto nacional es ejerciendo libre y responsablemente la crítica y la autocrítica respecto a las decisiones de un gobierno que, en este caso, elegimos de manera libre e informada. Sigo pensando que Morena es la opción, sólo que de nosotros el pueblo depende que funcione según las expectativas del proyecto de cambio y regeneración nacional por el que votamos.




jueves, 9 de julio de 2026

EL OGRO IMPERIAL

 “Las apariencias engañan” (dicho popular).

 

En la lucha por los pronombres y los adjetivos, se nos olvidan fácilmente los sustantivos, los nombres que distinguen en la narrativa los hechos, los lugares y los actores del drama (o comedia) que vivimos o sufrimos en nuestra actualidad.

 La vida cotidiana resulta ser algo que zurcimos con recuerdos de lo inmediato, con ideas y premoniciones, con imaginación y chispazos de realidad.

La idea de que los gringos son los defensores de la democracia, la libertad y el comercio como fuente de poder personal y nacional supone un tipo de realidad estereotipada que ya casi nadie da por cierta, que presenta grietas y fisuras que deslucen la imagen que el cine, la televisión y ahora las redes sociales y las plataformas de noticias y entretenimiento se empeñan en vendernos como la nueva actualidad, como la verdad que revela, define y codifica la conducta socialmente aceptada e indiscutible.

Tras cada sujeto angloparlante hay una historia económica, militar y cultural que permanece oculta a plena luz del día, pero que no se capta o analiza racionalmente gracias al velo narrativo construido por los medios de readaptación cultural que el sistema provee al pueblo y gobierno que parasita. La idea de colonización por medios culturales resulta muy natural, como todo lo que se construye gracias a la pérdida de memoria e identidad. El hecho de parasitar a un pueblo ajeno y montarse en su historia y expectativas va de la mano con el nuevo imperialismo, sin balas, pero con la capacidad de destruir narrativamente cualquier oposición.

No hace mucho, el fervor anticomunista rindió pleitesía a la nueva defensa de la civilización occidental contra el virus rojo del comunismo oponiéndole la OTAN, la expansión militar y de inteligencia gringa, defensora de los valores de Occidente. El comunismo como enemigo de principios y valores de las sociedades hechas a la imagen y semejanza de Estados Unidos, fue condenado por muchos. La guerra fría terminó calentando los ánimos globales y la unipolaridad emergió como la nueva realidad defensiva posible, frente las acechanzas de la soberanía de los pueblos, y los reinventados rostros del terrorismo y la sedición.  

Aquí, la mejor defensa es el ataque, antes que la contraparte ataque o piense en hacerlo. Ya ve usted que Venezuela ha sido el blanco de mil y una trapacerías, como lo es Cuba. Tras el secuestro del presidente Maduro y la cesión petrolera, viene el terremoto con olor a geoingeniería y manipulación telúrica, para dar paso a la generosidad gringa e israelí que invaden Venezuela en el supuesto de cumplir labores humanitarias.

Estados Unidos e Israel responden a la tragedia antes de que la nación afectada les pida ayuda. Soldados de uno y otro país se instalan en modo humanitario para medir, sopesar y planear la ruta a seguir en el plan de “reconstrucción” de Venezuela. El terremoto no es sólo material sino político y expansionista, porque le levanta una tarjeta roja a la realidad.

La película del heroísmo enlatado en Hollywood que se despliega sobre Latinoamérica y el Caribe, aprovecha y rentabiliza las tragedias que el norte global provoca.

La narrativa anglosionista se fortalece mediante la construcción de una nueva faceta humanitaria como vehículo de penetración geopolítica, de justificación imperialista, de generosidad impulsada por el interés de dominio y subordinación, de relanzamiento de las fobias anticomunistas y antiterroristas construidas por encargo que privilegian la seguridad antes que la libertad. El Escudo de América frente a la historia y la realidad.

Aquí, mientras se pronuncian discursos sobre la libertad y la colaboración, se impone la condición de conjurar cualquier atisbo de pensamiento independiente, de soberanía y dominio de la nación sobre su territorio, bienes y destino. La contradicción es tan evidente que casi no se nota. Tan chocante que muchos gobiernos prefieren voltear a otro lado, al pasado heroico de las independencias nacionales, de la construcción de Patria y la consecuente celebración de su historia y valores.

Se escribe una nueva página del drama económico, político y moral de América Latina, con sus venas más abiertas que nunca, con su memoria insomne, con su destino secuestrado y su vuelta al pasado colonial sin virreinatos ni monarquías, sin héroes de la independencia, sin pólvora que defienda lo propio y entrañable, y que tiende al olvido selectivo, a las visiones falsarias de una nueva narrativa que suena soberana, que supone independencia, que aparenta libertades y propósitos nacionales.

Resulta que el ogro globalista vigila el rebaño, pastorea en el espacio económico nacional las nuevas vertientes productivas, ampara las soluciones financieristas para dejar atrás las soluciones productivas que huelan a autosuficiencia y soberanía.

La historia nacional, así tratada, confunde sur con norte, dependencia con independencia, progreso con estancamiento maquilador, y la visión de futuro se torna inexplicable sin las cadenas que nos sujetan al siempre renovado imperialismo.

México, Cuba, Venezuela y los países que son gobernados por las derechas cipayas deben despertar y ver lo que en realidad es importante y liberador, y ver que cada paso que se da en dirección a la industrialización y al fortalecimiento del campo, es un paso en favor de la nación y su proyecto fundacional. El ogro anglosionista no debe prosperar por nuestra cómoda complacencia, por la narrativa pusilánime y traidora de la cooperación, la coordinación de esfuerzos con el autor de la debacle nacional, por la llamada que decreta la tarjeta roja a nuestras iniciativas más soberanas. Reclamamos al gobierno que haya seriedad, más acción y menos mendacidad discursiva, y al pueblo memoria y acción afirmativa. 



viernes, 3 de julio de 2026

LOS ASEGUNES DEL TRATADO

 “Cierto que quiso querer, pero no pudo poder” (Alfredo Zitarrosa, Doña Soledad).

 

Cierto que no cualquier plazo es fatal cuando de elasticidades se trata. La liga puede estirarse hasta que la resistencia diga basta, o que el sentido común y la sabiduría del agente estirador recomiende suspender la operación.

Al mismo tiempo que la tierra de Trump estira las condiciones del aguante nacional (e internacional) por vía del matoneo mascachicle económico, político y militar, México se adecua, adapta y estira con el fin de que la cosa siga como está, considerando que los jalones a la soberanía nacional pasaron de ser retóricos a esquemas de depredación global y regional cuya suficiencia se sustenta en el poder real o virtual del agresor y la debilidad real o virtual del agredido.

La grosería se toma como una característica singular del pedófilo del norte a la que hay que soportar con silencio obsequioso y no exento de lameculismo diplomático. A las exigencias de bajarse los calzones y aceptar resignadamente la obscena disposición imperial al robo y el agandalle como un acto de buena voluntad entre vecinos porque, finalmente, ¿qué haríamos sin ellos?

Salinas y Bush-TLC
El tratado de libre comercio (sic) de América del Norte, primero como TLCAN y ahora como T-MEC resulta ser una imposición derivada de un modelo de relación vertical-descendente que privilegia la asimetría productiva, la evidente subordinación política y la ausencia de iniciativas propias, nacionalistas y transformadoras en aras de la paz y la integración de México a “Norteamérica”, bloque comercial (y político) contra Oriente.

Los saldos, décadas después, no coinciden con los argumentos de venta de la primera época, aquella que elevó la expectativa de crecimiento por encima de las posibilidades reales de desarrollo nacional, pero que nos convirtió en “socios” de la potencia imperial del hemisferio. Aquí la palabra “socio” recuerda un poco al tratamiento que se da a los choferes de aplicación, a los vendedores de pasillo en las grandes cadenas comerciales trasnacionales y a los vendedores casa por casa de artículos sujetos a comisión.

Las sociedades con asimetrías productivas, tecnológicas y financieras no crean socios sino empleados encandilados por el prestigio de la marca, acojonados por el temor a la reacción del patrón ante fallas del sistema, una clase política cipaya y un gobierno local achaparrado por el discurso de la resiliencia soberanista como fatalidad geopolítica estructural.

En todo caso, configuran un sistema de complementariedad parecido al del feudalismo, donde los siervos engordaban al señor, pero recibían eventualmente el beneficio de su protección, o al de las haciendas porfirianas donde los peones acasillados trabajaban a cambio del abasto de subsistencias vía tienda de raya, pero sujetos al arbitrio del amo que bien podía ejercer, entre otros, el derecho de pernada.

México (se entiende que la referencia es al gobierno) se resiste, niega y reniega de un posible acuerdo con China, en el supuesto de que pegados a la carreta del T-MEC, hoy conducida por Mr. Trump, estaremos en puerto seguro como parte de un bloque comercial, político y militar poderoso e imbatible, dejando de lado el atraso relativo de EUA en materia tecnológica, financiera e incluso militar.

La tan elogiada y protegida integración económica con el norte, en estas condiciones, suena más a un caso de síndrome de Estocolmo que a una decisión motivada por el interés nacional. Más si implícitamente estamos renunciando a una vía de desarrollo que partiría de fortalecer al aparato productivo nacional, la búsqueda de mercados y asociaciones más promisorios y un adecuado mecanismo de distribución y redistribución del ingreso nacional. Lo anterior supone poner el esfuerzo gubernamental y privado en la recuperación del espacio económico y político nacional de acuerdo al interés del pueblo, lo que recuerda las promesas y expectativas de Morena en el plano electoral.

A estas alturas del partido de Latinoamérica contra el ogro trumpiano, la definición de México debe ser de diversificación de mercados en materia de importaciones y exportaciones, romper la inercia neoliberal de pegarse y depender de la ubre estadounidense, destetarse y emprender un camino independiente, sabedores de que el rompimiento es tan necesario y esperanzador como una nueva edición de la independencia nacional, pero sin fantasías ni disculpas. La nación merece un nuevo nacimiento, y dar sentido a las palabras “independencia”, “libertad” y “soberanía”.   

 Me parece que debemos reconocer que existen cadenas neoliberales que romper, y que el gobierno de la república sigue pateando el bote de las reivindicaciones nacionales en beneficio del sistema que decimos combatir (ahí tiene usted, entre otras, la permanencia en el tratado comercial, la vigencia del pago en UMA, la privatización de la seguridad social en el rubro pensionario, las subrogaciones, las concesiones), así que, como dijo el clásico: “los muertos que vos matáis gozan de cabal salud”.

La experiencia del modelo de sustitución de importaciones y los procesos de industrialización y modernización del campo deben retomarse con mirada crítica, y tomar lo mejor de nuestra historia económica reciente. Hay mucho por hacer y no tenemos mucho tiempo como para perderlo, en el marco de la reconfiguración geoeconómica y geopolítica mundial. Al mal paso darle prisa.



domingo, 21 de junio de 2026

HABLANDO DE SOBERANÍA.

 “Cuando despertó el dinosaurio todavía estaba allí” (Augusto Monterroso).

 

Ya ve usted que por cada golpe mediático, político y económico que recibe el país se responde enarbolando la bandera de la soberanía, exaltación emocional que, junto con el patriotismo, actúa en el exorcismo de los males que vienen de fuera, contra “masiosare, el extraño enemigo” que nos pela los dientes y a quien goleamos metafóricamente en discursos y reyertas de cantina.

Sabemos que tenemos un país soberano e independiente, tras los acontecimientos de la independencia nacional y la firma del documento correspondiente, algo así como un acta de nacimiento o un certificado de nacionalidad que, aún hoy, resulta indiscernible emocionalmente para los herederos políticos de Miramón y Mejía.

Nos hemos batido en pugnas internas, en luchas entre liberales y conservadores, entre derechas e izquierdas, entre progresistas y reaccionarios, entre hombres y mujeres, entre la curiosa mezcla de identidades que abona a la confusión y a la ausencia de definiciones en un país que requiere de ellas.

Los impulsos mediáticos y políticos que vienen del norte global rearman fetiches y repintan blasones despintados por el tiempo, la orina de gato y otros signos de pertenencia, que se actualizan en la medida en que las antiguas fachadas se deterioran ante los ojos de la moda, las tendencias o la simple y babosa imitación de lo nuevo y externo.

Sucede que pronto el discurso soberanista y patriótico queda, como la caca, flotando en el excusado de las eyecciones políticas producto de ser un país muy comprometido con las variadas formas que impone el imperio. A un nuevo tirón de la palanca, el cambio estructural y el arcoíris coyuntural hace posible que los progresismos se renueven en forma de otros más progresistas, humanistas y a tono con los aires globales. Somos globalistas pero muy nacionalistas, en una serie de maromas verbales que, a cada paso, se alejan del significado preciso de los conceptos.

Actualmente el discurso políticamente dominante es de “izquierda”, y hoy resuenan las voces progresistas en un coro que acalla, o pretende hacerlo, las razones y los hechos que acompañan a la crítica y la autocritica nacional. La voluntad popular de cambio cuenta con un comité administrador que determina el tono, los temas y los acentos mediáticos, los recursos verbales y la idea de inclusión que debe observarse so pena de ser democrática y progresistamente excluido.

La nueva imaginería popular es patriotera, soberanista en la epidermis, emocional y acrítica. Se pude decir que la fe cubre todos los aspectos que antes eran cosa de la razón, el análisis y el compromiso con la verdad. ¿Será que estamos tan jodidos que sólo el eufemismo, la complicidad y la claudicación nos pueden compensar la pérdida de rumbo y valores?

Por otra parte, la derecha aceda arracimada en el Prian, MC y otros prostíbulos electorales controlados por las barras y las estrellas (incluyendo la de David), no hace otra cosa más que demostrar su abyecta naturaleza apátrida y culera. No hay oposición con propuesta, aunque sí con respuesta condicionada a la traición y al engaño.

En este contexto de circo, maroma y teatro, el rumbo del progreso económico está atado a la servidumbre logística y operativa del capital trasnacional y los intereses extractivistas del norte global. Por eso se insiste en seguir atados a Norteamérica, hacerle el fuchi a Oriente, adecuar el espacio nacional al tránsito estratégico del capital gringo y pasarse por el arco del triunfo las disposiciones de protección ambiental donde corresponda: Plantas de licuefacción de gas, plantas productoras de metano, de amoniaco y lo que se acumule.

Vaya, ni siquiera la solidaridad con Cuba fue como antes: en vez de petróleo se enviaron algunos artículos de subsistencia, aunque el discurso fue humanitario. Secuestran al presidente legalmente electo en Venezuela y… los mariachis callaron. Despanzurran a los palestinos y queda claro que Gaza es un campo de exterminio y… "cuán lamentable… nosotros estamos por la paz". Avanza el sionismo en México, la CIA actúa como en su casa y … "somos un país soberano que se le respeta".

 Estamos de acuerdo en que México no es piñata de nadie, pero resulta chocante de que sea el patio de recreo de las transnacionales, las agencias de inteligencia gringas y el patio de maniobras del imperialismo con pecas en las nalgas.

 

Ahora, ¿qué tan soberano puede ser un país que depende de las importaciones de gas, de las exportaciones agrícolas y automotrices, del capital extranjero en la industria, el comercio y la banca? Un país sin industria nacional da en qué pensar… pero no en soberanía e independencia.

 ¿Por qué no revertir el proceso de dependencia y emprender la ruta de la industrialización de manera independiente? Un golpe de timón es atemorizante y las consecuencias seguro que serán de consideración, pero estaremos luchando por recuperar la Patria.

 Si no se toca el T-MEC, el sistema de Afores, la aplicación de las UMA, la precarización de la educación y la salud pública, no podemos hablar con honestidad del combate al neoliberalismo, por más que a la inacción, la pasividad y al engaño se les adorne discursivamente de progreso, bienestar y soberanía.

 El problema no es la 4T, sino la poca capacidad para cumplir las promesas de su oferta política, la diferencia entre el decir y el actuar, la poca definición sobre temas cruciales como son la multipolaridad, el libre comercio, la lucha contra el anglosionismo genocida y la necesidad de un cambio radical de sistema económico, en beneficio de la clase trabajadora mundial, son claras.  Ojalá que la 4T sea, finalmente, un paso hacia una sociedad más justa e incluyente, pero el tiempo pasa… y las promesas siguen en el aire.