notas sueltas

Notas Sueltas es un espacio de opinión sobre diversos problemas de carácter social, económico y político de interés general. Los comentarios pueden enviarse a: jdarredondo@gmail.com

miércoles, 12 de agosto de 2026

LA FORTALEZA DEL PESO

 ¿En serio, vamos bien? Sí, pero ¿adónde?  (pregunta existencial).


En la conferencia de prensa de miércoles 12 de agosto de 2026 llamada “mañanera”, hubo expresiones de beneplácito por el desempeño de la economía y en particular del peso mexicano, divisa nacional que representa algo más que un signo monetario en los afectos y sentimientos patrios de los mexicanos.

La doctora Sheinbaum, titular del Poder Ejecutivo, lo tomó como una buena noticia que, desde luego, debemos celebrar, y en el resumen de la conferencia de prensa se publicó lo siguiente: “Increíble: el peso mexicano se mantiene fuerte. Sheinbaum celebró la fortaleza del peso frente al dólar en 17.3 pesos. Una buena noticia para la economía mexicana, que refleja la estabilidad y confianza que mantiene el peso frente al dólar”.

Si nos quedamos en la paridad sin llegar a analizar el hecho, pudiéramos aplaudir lo bien que va la economía nacional en medio de las turbulentas aguas internacionales plagadas de malas noticias y amenazas por obra y gracia de míster Trump, las declaraciones de Peter Hegseth y la acción genocida de Netanyahu, al timón de la máquina de destrucción llamada Israel.

Sin faltar los riesgos de una subida de precios en el petróleo por el conflicto en Asia Occidental, el cierre del estrecho de Ormuz, la veleidosa actitud del mundo árabe gozando de relaciones convenencieras con Estados Unidos e Israel, la cada vez más evidente inutilidad de la ONU y el cada vez más ominoso avance del sionismo en América Latina, que convierten el planeta en que vivimos en una especie de trampa mortal para el ciudadano que actúa como carne de cañón o como el jamón del sándwich.

También hay que agregar el viraje de muchos países de nuestro hemisferio hacia las posiciones de EUA merced a su subordinación con olor a dólares, coacción militar y una ideología groseramente pragmática que permiten aceptar que los males continentales obligan al combate a las drogas y a las ideas de izquierda, ambas cosas envueltas por la parafernalia mediática del terrorismo.  

México se encuentra nadando en el líquido amniótico de la dependencia con fines de sobrevivencia en forma cada vez más acotada.

En la “mañanera” se informa y forma opinión en favor del rumbo que sigue el país en relación básicamente con EUA, nuestro eje de referencia económico y político según se documenta en los dichos y los hechos nacionales.

El júbilo por la estabilidad cambiaria peso-dólar tiene sentido si nos quedamos en el cómodo umbral de la autocomplacencia, la fascinación del número y la necesidad de sentir que recuperamos algo de lo perdido en la etapa neoliberal; sin embargo, son pertinentes algunas consideraciones.

Me parece que la calidad de “increíble” es inexacta en el marco de relaciones económicas en que se da. La verdad es que es absolutamente creíble si vemos las vicisitudes del dólar frente a los conflictos internacionales en los que EUA está inmerso, más los importantes avances de la economía china, por ejemplo, y el gasto y los resultados de sus aventuras militares de ultramar. Es decir, el dólar acusa una debilidad relativa.

Tampoco resulta increíble si consideramos las altas tasas de interés que actúan como un imán para la inversión extranjera, lo que aumenta sus flujos y permiten que la economía pueda funcionar sin que la industria mexicana se fortalezca, dejando espacio para los emprendimientos extranjeros que generan empleo precario y, en no pocos casos, un bajo aporte fiscal.

Menos increíble resulta si consideramos el monto de las remesas que envían los connacionales al otro lado de la frontera, trabajadores fuera del país por falta de empleo y oportunidades. Los montos de las remesas dan cuenta de la expulsión de población en beneficio de otra economía distinta a la nuestra.

Los flujos de inversión más las remesas sustituyen o compensan la ausencia de un esfuerzo productivo nacional, sin embargo, se presume de la fortaleza de “nuestras” exportaciones sin subrayar el hecho de que se trata de empresas de capital extranjero que producen para mercados externos con las ventajas arancelarias y de costos que proporciona hacerlo desde México.

Como se ve, no resulta para nada “increíble” que la paridad cambiaria del peso frente al dólar sea estable, considerando, además, que refleja el grado de dependencia de una economía respecto a otra. La calidad de traspatio salta a la vista mientras nos regocíjanos por la paridad sin mencionar que tenemos altas tasas de interés, flujos crecientes de inversión extranjera privada, dólar barato y remesas por causa de expulsión de población económicamente activa, además de una política de austeridad que inhibe el gasto productivo, el empleo y el ingreso.

Tener estabilidad peso-dólar en medio de las convulsiones internacionales debiera, al menos, despertar la sospecha del estado real de nuestra soberanía y el dominio de la nación sobre sus recursos naturales.

Por otra parte, me parece que debemos hacer un serio cuestionamiento sobre la necesidad de estar atados a un acuerdo comercial que obra como un mecanismo de control no sólo económico sino político donde la parte más perjudicada somos nosotros, en términos de crecimiento y desarrollo. Queda claro que es peligroso para las sardinas nadar con tiburones. Las asimetrías económicas y productivas saltan a la vista y es un error tratar de normalizarlas.  

En este contexto, la paridad peso-dólar nos deja con una sensación amarga y encabronante donde lo único “increíble” es que a nadie le preocupe. Pero, claro, no somos piñata de nadie.



domingo, 9 de agosto de 2026

LA REFORESTACIÓN SOMOS TODOS

“La tierra no pertenece al hombre, el hombre pertenece a la tierra” (Jefe Seattle).


Todo apunta a que el proyecto de una planta productora de amoniaco en la Bahía de Ohuira va que va. Se alega que va muy avanzado el proyecto y que contribuirá a nuestra soberanía en materia de fertilizantes (que las empresas trasnacionales necesitan). Suena muy bien pero el lugar es un sitio Ramsar, es decir, protegido por acuerdos internacionales en favor de humedales, manglares y demás áreas donde se genera vida marina, la salud costera y ambiental.

Otro asunto relacionado con la expectativa de garantizar la soberanía nacional es el del fracking, ahora maquillado con el concepto de “explotación no convencional” que es lo mismo pero más barato, considerando los costos que sólo son menores cuando se dejan de lado factores como la población nativa, la contaminación ambiental y, muy importante, los huecos que se hacen al territorio y la soberanía nacional, ya que de un tipo de dependencia se pasa a otro, o más bien se alcanza un horizonte de dependencia “completo y copeteado” (Fox dixit).

Tal situación ha despertado agrias y dilatadas discusiones, matices conceptuales, llamados al análisis con fuerte olor a claudicación de principios y promesas, en aras de no pisar callos trasnacionales de obligada confrontación. Resulta que es más fácil dar golpes de mesa, imponer criterios y llevar adelante proyectos en casa que enfrentar intereses empresariales extranjeros.

La idea de extraer gas por medios “no convencionales” en beneficio de la soberanía, o pedazos de ella, difícilmente se sostiene considerando el origen de la inversión, la tecnología y el destino de la producción, ligada a espacios llamados polos de desarrollo que, quitando capas de maquillaje, simplemente significan nuevos espacios de instalación de maquiladoras al servicio del capital extranjero, a cambio de una vaga idea de progreso y empleo.

Es decir, se abaratan costos en energía para empresas que exportarán sus productos bajo condiciones más ventajosas que si lo hicieran en su propio territorio, ya que no contaminan ni deterioran sus tierras, aire o agua, y muchos menos afectan a sus poblaciones nativas.

Por otra parte, mientras se favorece el interés extractivista extranjero, el gobierno federal lanza este domingo 9 de agosto una campaña nacional de reforestación con la que “reafirma su compromiso con la restauración de los ecosistemas, la conservación de los suelos y el combate al cambio climático en todo el país”, honrando el compromiso contraído por Claudia Sheinbaum en la Cumbre del G20 celebrada en Brasil en noviembre de 2024 (https://shre.ink/GP5d).  

Seguramente nadie estará en contra de reforestar y trabajar por la salud ambiental para revertir la muchas veces disfrazada tarea de acabar con recursos naturales como selvas, bosques, rocas, arenas y playas, pero si se trata de revertir la depredación neoliberal es necesario dejar las ambigüedades y contradicciones: o se protege el ambiente o no se protege, con o sin inversión extranjera privada en forma de espejitos y cuentas de colores, promesas y paneles de expertos.

La soberanía nacional empieza por conocer, valorar y proteger los recursos propios y explotarlos en la medida en que la seguridad nacional, los recursos financieros, tecnológicos y ambientales lo permitan, poniendo en primer lugar la salud, la cultura y costumbres de los pueblos nativos y el desarrollo armónico de las comunidades.

Ahora la necesidad apremiante es aumentar nuestras propias capacidades para generar las condiciones de un desarrollo independiente integral e incluyente, asunto en el que deberían estar empeñadas las comunidades científicas y académicas, en vez de orbitar como polillas con doctorado en torno a la llama del poder sexenal de ocasión. Hemos perdido mucho tiempo, pero hay que empezar este largo y tortuoso camino.

El modelo extractivista y las expectativas del capitalismo fósil deben dejar de ser la guía del gobierno de la transformación. Si el estado mexicano no aumenta el gasto productivo, fortalece el mercado interno, impulsa una política industrial enfocada a la sustitución de importaciones, nunca va a generar empleo, ingreso y ahorro, y estará atado a una política que nulifica el esfuerzo productivo nacional en favor de las estructuras bancarias dominadas por el extranjero. Aquí tenemos que romper amarras y cambiar la retórica de la soberanía por la acción soberanista. Los hechos impactan más en la economía que las palabras.

En consecuencia, decimos no al fracking en el Noreste de México, no a la planta en Ohuira, a los proyectos extractivistas en la Huasteca Potosina y los proyectos gaseros en las costas de la península y el golfo de California, y estamos a favor de la búsqueda de alternativas propias en beneficio del pueblo. No podemos seguir creando zonas de castigo ni ser el traspatio del imperio.

El respeto a la naturaleza y a las comunidades es un imperativo categórico no sujeto a la manipulación retórica ni a la simulación. Por lo pronto, que se pudra en imperialismo gringo y buitres que lo acompañan… y como en una ocasión dijo la doctora Sheinbaum: “México no es piñata de nadie”.   



  

jueves, 6 de agosto de 2026

EL ARTE DE ODIAR

 “El odio es la venganza del cobarde” (George Bernard Shaw).

 

Como es costumbre, el ingenioso Mr. Trump deja volar su imaginación y atrapa al vuelo la idea de que el sur es malo, feo, pobre, moreno y delincuente, en modalidad terrorista.

Desde luego que los encargados de hacer operativas las evacuaciones emocionales del magnate presidente del corporativo sionista que gobierna el país vecino, o sea los miembros de su gabinete y aparato de intervención extraterritorial, de inmediato pusieron a andar la maquinaria de repartición de culpas y administración de drogas llamada DEA.

Además de aventar acusaciones sin rastro probatorio y alentar sospechas, inquinas y culpas hacia el público elector de noviembre sobre los males de una vecindad perniciosa, se ofrece el estímulo monetario de algunos millones de devaluados dólares con el ánimo de propiciar denuncias, acciones punitivas, traiciones y avanzadas ganonas hacia el sur.

Ya tenemos algunos antecedentes de operaciones de secuestro y extracción de algunos personajes, donde la política se confunde con la persecución criminal extraterritorial, demostrando que para el afán justiciero acuñado en Hollywood no hay fronteras ni leyes nacionales o internacionales que respetar.

Tampoco hay acuerdos de cooperación ni compromisos firmados y debidamente fotografiados en los medios oficiales y de información que emanen de una voluntad que acate las reglas establecidas para el caso.

En las recientes declaraciones del titular de la DEA, queda claro que la droga es la palanca trumpista de la intervención extraterritorial por cielo, mar y tierra, y México con todo y su oferta de “cooperación y no subordinación” carece de elementos más allá del discurso con qué detener lo que se les está dando la regalada gana hacer a los feligreses de Trump. Ahora recordamos a Luis XIV con su declaración de que “el Estado soy yo”.

Para los que consideraban obsoleto y trasnochado el término “imperialismo”, declarado obsoleto por sociólogos y politólogos de avanzada, las oleadas de realidad ahora golpean con más fuerza. El imperialismo y las luchas contra su ideología son el pan nuestro de cada día, y la lucha soberanista debe considerar todas sus opciones.

Desde luego que no se trata de defender al narcotraficante, al lavador de dinero, al sicario, al que usa los huecos de la ley e impone su voluntad criminal por la fuerza de amenazas y agresiones. No se trata de justificar ni defender el crimen organizado, sino de entender que no hay causa sin efecto, ni efecto sin causa, y que sigue vigente el concepto de soberanía nacional.

Los gringos se manifiestan horrorizados y se declaran en “shock” por las muertes por sobredosis que ocurren en cada calle de cada ciudad, así como el horror de la inseguridad que acompaña la venta, compra y consumo de sustancias estupidizantes y desinhibitorias que hacen el día de millones de consumidores del otro lado de la frontera, donde no es raro ver calles enteras de gringos zombificados por cualquier variedad de opiáceos, drogas sintéticas y recientemente fentanilo, terminando en muerte por sobredosis.

La muy arraigada tradición de huir del dolor físico, mental, emocional, mediante cápsulas, comprimidos, polvos, gases o líquidos es una realidad clara, visible e innegable en EUA. Dicha rutina terapéutica que termina siendo enajenante y destructiva fue, según está documentado, inducida por la codicia de la propia industria farmacéutica con la complicidad del área de salud pública correspondiente, y luego como parte del apoyo emocional que el gobierno consideró necesario para sus soldados en sus muy frecuentes guerras y operaciones militares a lo ancho del mundo, fabricando masivamente adictos.

Las drogas han sido una herramienta estratégica en la política exterior gringa, siempre ligada a intereses de la industria militar, energética y financiera, además de ser facilitador de acciones políticas que requieren de justificaciones rápidas, adaptables y difícilmente comprobables desde un punto de vista formal.

En este entramado de razones o pretextos, brilla con luz propia la cobarde paranoia del vecino, reducido a invertebrado moral, por su ausencia de apego a la verdad, la alergia a la autocrítica, la escasa capacidad de afrontar sus frustraciones y recomponer el rumbo.


Resulta un juego de ingenuidades tratar de arreglar una relación signada por el abuso y la ausencia de respeto. Los gringos prefieren buscar culpables antes que reconocer que son una sociedad enferma por su propio interés expansionista, por su ausencia de valores personales y familiares, por su falta de integridad y nulo compromiso con la verdad.

Así como venden armas, organizan redes de lavado de dinero, crean estructuras de dominación basadas en la corrupción, las complicidades y el miedo. La droga es una herramienta del imperio, y resulta fácil mantener redes de distribución al mismo tiempo que instancias burocráticas que supuestamente las combaten.

El control de la narrativa, la recategorización de conductas y delitos, el argumento de la seguridad nacional, crean un frente operativo contra la soberanía e independencia de los países que cuentan con recursos estratégicos susceptibles de ser aprovechados y comercializados por el imperio. La cleptocracia sin más propósito que la apropiación del patrimonio ajeno es la base del recientemente inaugurado tecno feudalismo.

En consecuencia, el discurso que invade mentes y conciencias es el del odio, es el de la claudicación de lo humano, es asumir la apariencia y las manifestaciones de fuerza como el credo político vigente, sin conciencia y sin culpa, porque están defendiendo los valores fracturados que se expresan en Make American Great Again. El odio sistematizado y tecnificado puede ser operativamente útil y, al final, una forma perversa de arte.



 

sábado, 1 de agosto de 2026

LA FALLA DEL SERVICIO DEL AGUA

 “El agua es vida” (frase de sospechosa actualidad).

 

Se sabe que en una ciudad el buen servicio de agua potable es de una importancia vital, y que debe tener cobertura completa y continua, además de surtir un producto sujeto a las normas de higiene e inocuidad, es decir, debe ser inodoro, incoloro e insípido, además de libre de patógenos.


Las características del agua potable son generalmente ignoradas por el gran público consumidor, hasta que una diarrea cuata interrumpe la suave tersura de nuestra indolencia, o que un evento como algún derrame masivo de sustancias tóxicas de origen minero pudiera poner en riesgo la de por sí precaria salud del ciudadano que vive con el Jesús en la boca por cuestiones de empleo, ingreso, costo de la vida y su propia vulnerabilidad inmunológica.

El agua cataliza las filias y las fobias cuando se politiza, es decir, cuando surge como reclamo ciudadano a contracorriente del “no pasa nada” de las autoridades legalmente facultadas para recibir reclamos, mentadas de madre y periodicazos a propósito de su incompetencia.


La ausencia de agua corriente en las tuberías genera molestias que pudieran hipotéticamente llegar a convertirse en manifestaciones de ciudadanos furiosos armados de piedras y garrotes y dispuestos a tomar por asalto las oficinas e instalaciones de servicio fallido. Confieso que la imagen pasa fugazmente por mi mente, lo que me proporciona una relativa vuelta a mi equilibrio emocional.

Se que lo anterior no es posible gracias al grado de domesticación adquirido por quienes votamos por los administradores municipales, estatales o federales, y ejercemos nuestro derecho a la muy civilizada pasividad fortalecida por la idea de la resiliencia y la mediación. Los gritos y somberazos más bien encajan mediáticamente en el perfil de la oposición, siempre a la caza de fallos y corruptelas de ocasión.

Nosotros, los civilizados y cumplidos ciudadanos de esta noble ciudad quedamos, como siempre, a la espera del servicio que primero se interrumpió por “la corriente de agua turbia que ingresaba a la planta potabilizadora y el riesgo de daños en el equipo”, y que después supimos que fue por una “falla eléctrica que afectó el funcionamiento” de la (misma) planta potabilizadora. El caso es que tras varios días sin agua tenemos dos versiones distintas y un solo problema verdadero.

En cualquier caso, las labores domésticas como barrer, trapear, lavar los platos y demás enseres y artículos domésticos, el lavado de ropa, así como el aseo corporal, quedan formalmente suspendidos por razones de ausencia de un líquido administrado por un sistema público municipal que no ha cumplido con su obligación, aunque queda el recurso de comprar agua embotellada en la medida en que el presupuesto lo permita.  

Las razones de la suspensión del servicio pueden ser varias, lo que genera un fuerte sentimiento de molestia e indefensión. Algo así como valorar a la baja al ciudadano y la fiabilidad del gobierno que libre y democráticamente elegimos (aunque muchas veces por no haber alguna otra opción más o menos votable).

La ausencia de agua potable en la red, por razones de turbiedad o por falla eléctrica tiene el mismo resultado: incumplimiento de una obligación constitucional en los términos del artículo 115 constitucional, con la consecuente molestia ciudadana.

Por otra parte, no falta quién especule acerca de la suspensión del servicio, relacionándola con la perversidad de cierta minera que pudiera haber aprovechado la lluvia para desahogar algo del contenido tóxico que tiene en sus represos, o quizá algunas posibles filtraciones de la sustancia derramada por un ferrocarril de Grupo México por el rumbo de Naco. Desde luego que no suscribimos ninguno de estos supuestos, pero entre turbiedades operativas cualquiera trata de encontrar explicaciones medianamente creíbles, o como simple desahogo emocional. Mientras tanto… deshidratémonos.



viernes, 31 de julio de 2026

EL DESCARRILAMIENTO

 “Hechos, no palabras” (frase latina).

 

Jorge Larrea, el bien fondeado empresario de las minas y el transporte, acaba de añadir una raya más a su piel de tigre tras el accidente ferroviario donde se derramaron 59 mil litros de hidrosulfuro de sodio en Naco, Sonora, sustancia tóxica que se suma a los 40 mil metros cúbicos de sulfato de cobre acidulado vertidos por Buenavista del Cobre hacia los ríos Sonora y Bacanuchi en 2014.

Como queda claro, al rollizo empresario se le da bien eso de verter sustancias tóxicas en tierras, aguas y ambiente sonorense, sin que el temor de la acción legal pase de una “inspección” o un acuerdo federal y estatal cuyo cumplimiento se escribe y se firma en el agua puerca de las complicidades y complacencias público-privadas.

Después de todo, el país necesita recibir inversiones que generen empleos y que derramen tanto contaminación ambiental como empleos exiguos y pretextos escenográficos para las fotos de la integración norte-sur.

En este marco, hablar de sanciones y de retirar la concesión minera por daños a personas, animales o cosas es un tema que se evita, porque puede preocupar a los inversionistas extranjeros interesados en burlar las leyes y procedimientos que en sus países estarían obligados a cumplir por respeto a la calidad del ambiente y la vida de sus conciudadanos. Cabe recordar que la laxitud genera confianza, atrae recursos y asociaciones estratégicas.

El hecho de que hayan pasado 12 años desde el derrame tóxico que cambió la vida de ocho pueblos del río de Sonora sin consecuencias legales resarcitorias, demuestra que el poder de los gobiernos (activos o residualmente neoliberales) sirve para detener o retrasar procedimientos, redactar informes y publicar historias donde el “ya merito”, se combina con el “no es para tanto” y el anuncio de “un acuerdo”, en un acomodo de piezas que casi hace aparecer a las víctimas como los culpables del desastre económico y ambiental perpetrado.

Así pues, la justicia puede relativizarse (en aras de la buena relación del capital nacional y extranjero) con las trasnacionales habilidosas en el uso y abuso del traspatio, en este caso fronterizo y prometedor de mil y una aventuras extractivas y de ocupación territorial estratégica.

Tenemos un territorio enorme cargado de promesas mineras y costeras cuya situación geográfica da pie a la acción intervencionista, al abrir los puertos y costas a la inversión en gaseras, fertilizantes y la operación del patio de maniobras logísticas y energéticas, así como puestos de avanzada maquiladora y comercial y, sobre todo, áreas de laxitud normativa, modorra institucional y una idea bastante difusa de la soberanía nacional, además de la facilidad de pasarse por el forro el contenido del artículo 27 constitucional y la legislación relativa a la seguridad nacional.

Las autoridades se han dedicado a “vender” Sonora, como si fuera un pedazo de pastel que sólo los paladares extranjeros pueden disfrutar a cabalidad y digerirlo de manera profesional. Si hablamos de iniciativa privada, es claro que no nos referimos al empresariado local y regional, sino a las trasnacionales que reclutan y dan de comer al cipayo nacional que finge ser emprendedor y capitán de industria.

Lo que resulta curioso y revelador es que, desde los tiempos del Salinato, la dimensión política de territorio se ha ido diluyendo hasta quedar reducida a una expresión empresarial o, si le apuramos, geopolítica en el contexto de la expansión de tal o cual hegemonía, en este caso anglosajona y sionista.

Pero cabría considerar que “no tiene tanto la culpa el indio sino el que lo hace compadre”, en el sentido de que, en una relación vertical-descendente, el polo del capital está por encima del que corresponde al simple operador local (político o empresarial) en un sistema global de dominación y subordinación. Aquí cabe decir que las gallinas de arriba cagan a las de abajo.

También es claro que los empleados del sistema lo van a defender porque les da sentido y justificación, y porque el dinero en cuenta corriente tiene más peso moral que las estrofas del Himno Nacional.

En este contexto, el apoyo a proyectos extractivistas y nocivos para el ambiente (Puerto Libertad, Guaymas, Topolobampo, la Huasteca Potosina…) sólo revela el grado de dependencia y subordinación de las autoridades a intereses cuyo impacto acaba con la biodiversidad y las actividades productivas primarias de la población ribereña y costera, a cambio de migajas de empleo e ingreso. De iniciativa y producción nacional, nadita de nada, aunque al nombre de cada iniciativa se le ponga “México”.

Finalmente, el descarrilamiento del tren de Larrea y su probable inocuidad legal, además del derrame del 2014, recuerda (entre otros) el accidente de Pasta de Conchos, y subraya cómo el gobierno se ha empeñado en componer la plana del depredador, a pesar de las muchas y reiteradas faltas de ortografía que contiene y la repulsión que su recuerdo produce.

La carrera por aumentar las inversiones extranjeras no debiera ser más importante que la de fortalecer el aparato productivo, la capacidad de sustituir importaciones, fortalecer el mercado interno, el empleo y el ahorro nacional.

De la fortaleza del aparato productivo y la diversificación del mercado depende la solidez de las instituciones, la moneda y la credibilidad del discurso sobre la soberanía. Sin embargo, celebramos los “avances del T-MEC” y nos resistimos a dejar de ser lo que somos: el traspatio maquilador y logístico del imperio.  



sábado, 25 de julio de 2026

LA CUMBRE ENANISTA

 “Contra el imperialismo, donde quiera que esté” (Ernesto “Che” Guevara).

 

Se siente cono broma estudiantil que Marco Rubio haya pontificado ante representantes de 60 países que la mayor, extraordinaria, inusual y definitiva amenaza contra la prosperidad, la paz, las libertades y la democracia es ¡la extrema izquierda!, el feo y contaminante comunismo, que trae pobreza, sometimiento y diarrea a la humanidad que lo sufre, como es el caso de China, Cuba, Norcorea, y un etcétera reducido pero selecto que sirve para ilustrar el punto.

Quizá para conjurar la fea amenaza del virus rojo se impuso hace más de medio siglo el bloqueo a Cuba, señalada como la fuente de todo mal para Estados Unidos, excluyendo los cigarros habanos, el ron y la posición geográfica estratégica en el mar Caribe y las Antillas.

Los gringos, en voz del cubano-estadounidense Narco (perdón… Marco) Rubio, convoca a una santa cruzada hemisférica y esférica (mundial, pues) contra ese flagelo ideológico y político que quizá algo tiene que ver con la situación de convulsión política que padece “América”, incluyendo los 105.8 millones de adultos desempleados con que cuenta su país (https://shre.ink/jrw8) tras procesos de desindustrialización que pretendían abaratar costos y ampliar su influencia geopolítica en su periferia mediante la instalación de maquiladoras de distinto calado.

Trump y su mantra de Make America Great Again (MAGA) repetido a niveles de mala educación, busca enemigos que alimenten y justifiquen la defensa heroica de la “seguridad nacional”, entendida como cualquier cosa que pudiera remotamente demostrar que su economía es una farsa y que existen otras formas de hacer lo correcto. El enemigo cercano y conocido es Cuba, que osó patearles el trasero a los enemigos de su revolución e independencia.

La cumbre antiterrorista convocada por Rubio llama a la unidad a costa de la razón, las libertades y el derecho internacional, partiendo de que quien no esté dispuesto a bajarse los pantalones y ponerse en posición cooperativa es, fatalmente, un enemigo de “Occidente”.

No detallaré el contenido del documento resultante, pestífero y repugnante por mérito propio que usted puede consultar en  https://www.state.gov/wp-content/uploads/2026/07/Cuba-Report-PDF-Spanish.pdf y que revela la paranoia, la ignorancia y la imbecilidad de que puede ser capaz un país gobernado por una casta de parásitos armados con alta capacidad corruptiva.

Los gringos, desde el siglo XIX han hecho gala de su tendencia expansiva, sea comprado territorios, coaccionando a sus vecinos, tomando por asalto, masacrando y dando por hecho su representación única, exclusiva y excepcional de todo lo bueno y decente que puede haber en el mundo. Han sido y son un cáncer que pudre a Occidente y contamina al mundo.

Lo único raro, extraordinario y excepcional ha sido la adicción que ha generado en los pueblos y gobiernos del mundo su discurso y actitud beligerante, frente a la posición de resistencia nacionalista y soberana de algunos. Causa asombro ver cómo, de una u otra manera, hay gobiernos o grupos políticos que prefieren traicionar a su propio país en beneficio del avance de las ideas e intereses de los extranjeros, particularmente gringos, aunque cabe mencionar los venenosos avances del sionismo, sea bajo la capa de la religión como es el caso de los protestantes evangélicos, o los simples y repugnantes mercachifles adoradores del dinero y el reconocimiento extranjero.

Los 60 países representados en la cumbre enanista de Washington contra la izquierda y el “terrorismo” caen en la poco honorable lista de los lacayos de la derecha descalzonada y en favor del parasitismo gringo. No merecen ni siquiera una mentada de madre en ayunas, pero sí un señalamiento a su profunda abyección proimperialista, fascista y culera. La traición a la Patria no merece aplauso sino una rotunda condena nacional y hemisférica… por lo menos.

En este marco conflictivo internacional, la lucha por la dignidad nacional y el derecho de vivir con libertad y democracia es tarea, deber y destino de todos frente al imperio. La unión hace la fuerza.




viernes, 17 de julio de 2026

¡GUERRA, GUERRA!

 “El hombre es el lobo del hombre” (Thomas Hobbes, El Leviatán).

 

Los países que ya usan pantalones largos y saben que los coscorrones tienen una calidad disuasoria, seguramente ven la andanada sistemática y masiva de golpes como un exceso en la conservación de la paz y la sana distancia entre individuos o grupos con intereses contrapuestos, con rencillas irreconciliables sin la cesión de territorio, mercados o influencia.

La guerra es, dijo el clásico de las barras y las estrellas, un medio para la paz, y el destripadero resultante la prueba de que la población sigue teniendo el saldo que disminuye en cada embate pacificador.

Así las cosas, Corea, Vietnam, luego Irak, Afganistán, Libia, Siria, y últimamente Palestina y Gaza, son las bolsas poblacionales que, para el Occidente colectivo, deben disminuir hasta quedar en limites aceptables para Israel y sus patrocinadores americanos y europeos.

La población cercada en fronteras disputadas a modo de corral de matadero es, casi siempre, la imagen que las buenas conciencias occidentales alimentadas espiritualmente por Hollywood tienden a evadir y, en todo caso, matizar cuando no ignorar.

Las muertes palestinas o africanas de cada día son la nota discordante que arruina el desayuno o el paseo dominical de la burguesía industrial del ramo armamentista, la innovación tecnológica al servicio de la muerte y el control demográfico de un mundo neomathusiano. La fea estridencia de los que señalan y acusan, condenan y luchan contra el genocidio, arruinan el ánimo empresarial y la imagen del negocio que, como se sabe, genera empleos, sueldos, intereses y posibilidades de ahorro e inversión.

Las consignas del populacho enemigo de la libre empresa, seguramente animados por ideas de la extrema izquierda radical, molesta pero no amilana a las huestes patrióticas del empresariado armamentista, que sabe bien que el mundo requiere de más volumen de producción para poner el alto a los terroristas enemigos de la expansión sionista y “americana” que ve por la paz en Asia Occidental, África, Latinoamérica y el mundo.

La sinuosa lucha por la democracia y el libre comercio exige sacrificios, pero también da satisfacciones. Después de todo, ¿qué sería del mundo sin los Estados Unidos e Israel?

Resulta difícil imaginar un mundo sin bases militares “americanas” en cada continente, embajadas y consulados injerencistas y manipuladores en cada país, redes de espías y agentes de seguridad e “inteligencia” cubriendo el mapa de las naciones vecinas y lejanas en aras de la democracia y las libertades, gestionando la paz condicionada a la parálisis política y social de la vida de pueblos libres y soberanos que exigen respeto a su ser y existir.

Resulta azaroso imaginar un mundo ajeno a los apetitos coloniales de países que babean por el oro, la plata, el litio, el petróleo, la biodiversidad del resto del mundo, y que respetan el derecho internacional, la libre decisión de los pueblos, sus sistemas de vida y creencias, su identidad y proyecto de desarrollo.

Cierto que cuando Estados Unidos ve el peligro de un exceso de soberanía, de independencia económica o política, de disposición soberana de recursos naturales, inmediatamente acude a sus recursos estratégicos de manipulación narrativa donde se revela una conspiración de izquierda radical, una operación narcoterrorista, una amenaza inusual y extraordinaria contra la seguridad nacional… y viene el coscorrón hipersónico, la andanada de misiles, el bloqueo marítimo, aéreo, financiero y energético.

El cerco militar, político y mediático se acompaña de amenazas y sanciones que paralizan la solidaridad de los vecinos, apabullan la lógica, el sentido común, la idea de justicia y los límites de la diplomacia. Las buenas maneras y la cortesía quedan reducidas a aceptación cobarde de condiciones injustas y denigrantes. La humillación queda al descubierto y crece cada día.

La guerra da dinero y prestigio, medallas al heroísmo del invasor, sea atracador naval, fronterizo, aéreo, o capitalista que al amparo de la democracia y las libertades coarta lo que dice defender, destruye pertenencias, costumbres, añoranzas identitarias, sueños y vidas. La guerra es el coscorrón macrosocial del gran negocio de la muerte.

En la Patagonia la presencia de soldados israelíes “de vacaciones” es cada vez más ominosa. Lo mismo pasa en el sureste mexicano. Genocidas tomándose un tiempo de relajación… y prospección. El gobierno, mientras da la bienvenida a inversiones de empresas contaminantes y ecocidas (Puerto Libertad, Guaymas, Ohuira, la Huasteca potosina, entre otras), acusa desconocimiento del hecho “turístico”, que, en todo caso, sería bronca de la secretaría del ramo y nada que ver con la soberanía nacional. La amenaza sionista es cosa de conspiranoicos… hasta que sucede lo que en otras partes es evidente.

Estados Unidos e Israel han convertido a regiones enteras en verdaderas picadoras de carne humana, ante la mirada entre horrorizada y evasiva del resto del mundo, sin que sus declaraciones públicas pasen de ser bien intencionadas, aunque inútiles y en ocasiones panfletarias, con una tolerancia abrumadoramente cómplice, indiferente, cobarde y ajena a lo más elemental del ser humano. La sociedad muere cuando muere su conciencia.         

Estados Unidos crea sociedades genocidas por coacción o por convicción, y la humanidad padece de náuseas frente al espejo. Algo se está muriendo y debe terminar, ya.